Disclaimer: El Capitán América no me pertenece, mi capacidad de creación es mucho más limitado.
Siento mucho haber tardado tanto, no sé qué ha pasado con mi tiempo en estos días. Eso sí, espero que la espera merezca la pena. Que lo disfruten.
IV
Bucky sólo podía dar las gracias a Steve por ser tan inocente y no ser capaz de plantearse la realidad en la que vivía. Así era más fácil arrastrarle a dobles citas que terminarían en decepción. Era fácil manipularle y alimentar su obsesión de encontrar a la chica adecuada. Aquello era lo correcto, se repetía día tras día. Si tenía que ser manipulador por Steve, lo sería. Estaba dispuesto a ser malo por él. No era una excusa, pero era su razón.
De todos modos, desde que descubriese su propio secreto no había estado haciendo las cosas más correctas. El amor había venido con el deseo sexual y, algunas noches, cuando escuchaba los suaves ronquidos de Steve, no podía evitar meter la mano dentro de su pantalón para masturbarse pensando en su mejor amigo. Se tocaba con lentitud, como si fuese Steve quien lo hacía, porque Bucky sabía que así es cómo Steve le tocaría; con lentitud y delicadeza. Cuando lo hacía así, como si tuviese todo el tiempo del mundo, le daba tiempo a la culpa y al miedo, y no llegaba a correrse. Se encogía sobre sí mismo con una sensación de suciedad que soportaba hasta la mañana siguiente que iba corriendo a la ducha.
Otras noches, las que menos, Bucky se tocaba desesperado, sin pensar demasiado en lo que hacía. Esas noches iba corriendo al baño para correrse y no dejar ninguna prueba en el colchón ni las sábanas. A la mañana siguiente no podía mirar a Steve y se preguntaba cómo había sido capaz de hacer aquello, cómo le había hecho eso a Steve en su mente.
Esas noches solía ahogar el llanto contra la almohada y rezaba por Steve mientras se condenaba a sí mismo por exponerse de aquella manera ante él. Lloraba porque el amor no debería sentirse así, tan angustiante. Lloraba porque tenía miedo incluso de su sombra. Lloraba porque se sentía avergonzado de sí mismo. Lloraba porque él quería ser bueno para Steve.
Algunas mañanas Steve le miraba a los ojos y le preguntaba qué le pasaba. Bucky se encogía de hombros y le decía que no sabía a qué se refería. Y mentía, una y otra vez mentía porque no veía otra forma de salir de todo aquello y proteger a Steve.
La mayoría de las veces quería terminar con todo, pero sabía que no podía. No podía por Steve. ¿Quién evitaría que se metiese en más peleas de las que su cuerpo podía soportar? ¿Quién le cuidaría cuando estuviese enfermo?
Los días que empezaban entre lágrimas podían empeorar cuando escuchaba a sus compañeros de trabajo comentar el triste futuro de Matt. ¡Cómo le insultaban entre risas! Y Bucky aguantaba como podía intentando que nadie notase el casi imperceptible temblor de su cuerpo.
Un día que el taller tuvo que cerrar temprano por un problema de electricidad Bucky se encontró con su vecino Peter que cargaba con unas cajas. Si alguien podría entender su situación era Peter. Se acercó y se ofreció a ayudarle, Peter rechazó su ayuda al principio, pero al escuchar a Bucky se lo pensó.
- Insisto –dijo con voz temblorosa.
Su vecino debió de intuir algo porque entonces asintió y le pasó una caja. Bucky le conocía desde que era pequeño, siempre le había visto solo por el barrio y, cuando había crecido, había escuchado una serie de rumores que habían acabado siendo ciertos. Bucky sabía lo que era y las preferencias que tenía, pero siempre le había dado igual. Peter había sido siempre amable y un buen cristiano, a Bucky le daba igual lo que dijesen las monjas y los curas. Él era la única persona a la que podía acudir en ese instante.
Al llegar a casa, Peter le ofreció una bebida.
- Cerveza –pidió Bucky.
- ¿No eres un poco joven?
- Ya me he emborrachado más veces de las que puedo contar con las manos –replicó con una sonrisa confiada.
Peter asintió y le pasó una mientras él se abría la suya. Sólo habían dado un par de sorbos cuando Peter le preguntó qué es lo que quería. Bucky dejó la cerveza sobre la mesa y le miró fijamente. No se sentía preparado para esa conversación aún. Le habría gustado haberse terminado esa cerveza antes, sentir un poco más de alcohol por su sistema. Se mordió el labio inferior. No sabía cómo empezar.
Bucky no sabía qué es lo que debería decir exactamente, si hablarle sobre cuándo había empezado todo, hablarle de Molly y sus acusaciones, o decirle que era cómo él simplemente. Habría estado bien haber bebido más antes, quizás el alcohol le habría envalentonado para decir en voz alta todo aquello de lo que huía todos los días. Bucky jamás había dicho nada de aquello a nadie, ni a sí mismo, cuando las palabras empezaban a tomar forma en su cabeza entraba en pánico y se esforzaba en pensar en otra cosa. Por supuesto era bien consciente de lo que pasaba, de lo que sentía, pero no permitía que ese sentimiento tomase forma, hasta el momento había podido sobrevivir enterrándolo en lo más hondo de su ser.
No sabía qué decir, sin embargo, cuando abrió los labios las palabras salieron sin control.
- Estoy enamorado de Steve –dijo en un sollozo agónico.
Después de tanto tiempo lo había dicho. Antes de ser consciente de lo que hacía, se abrazó a Peter y empezó a llorar. Desde que toda aquella pesadilla había comenzado Bucky se había sentido solo. Siempre había estado Steve, pero en aquella ocasión no había podido contar con su apoyo porque él era parte del problema y quería mantenerlo al margen por su bien.
Abrazado a Peter, que le había correspondido el gesto, fue consciente de la soledad en la que había estado viviendo. Un poco de compañía se sentía bien, alguien en quien poder confiar se sentía bien.
Le habló entonces del miedo, de lo que sentía cada vez que iba al lado de Steve hablando tranquilamente y colocaba su brazo alrededor de su hombro entre risas, el miedo que sentía cuando era consciente de que quizás, quizás, fuese un toque excesivo entre dos amigos. Le habló también de lo terrible que se sentía la posibilidad de ser correspondido, del Infierno que eso podría suponer porque si Steve le decía que le quería, Bucky sabía que sería débil y le aceptaría. Le habló de la agonía en la que se ahogaba en las noches cuando soñaba con Steve en situaciones que distaban mucho de ser amistosas. Le habló de todo lo que sentía entre lágrimas y Peter le escuchó.
- ¿Cuándo se va el miedo? –preguntó desesperado.
Bucky odiaba el miedo. Bucky no podría soportar vivir así toda su vida, lleno de miedo y aterrorizado por hacer algo indebido.
- No quiero seguir teniendo tanto miedo –sollozó aferrándose a la camiseta de su vecino.
Peter le acarició la cabeza sintiendo pena por el muchacho, la misma pena que sentía por sí mismo todas las noches cuando sólo podía dar las gracias por haber aguantado un día más.
- El miedo nunca se va –le dijo al cabo de unos segundos-, nunca desaparece.
Bucky alzó su mirada azul para encontrarse con los ojos negros de Peter llenos de consternación y sinceridad.
- Simplemente te acostumbras a él.
Al escucharle Bucky escondió su rostro en su pecho y siguió llorando durante varios minutos más. Si Peter quería preguntarle algo sobre Steve, se aguantó las ganas. Bucky era un chico listo y estaba seguro de que sabría cómo manejarse, ya había llegado hasta ahí, ya había pasado lo peor, ya había pasado la negación. Se acostumbraría a vivir con eso, como lo había hecho él.
Fin
Esperaba haberlo subido antes, pero en verano siempre hay menos tiempo, no sé por qué las horas se me escapan y al final del día no sé qué he hecho con mi vida. A ver si el siguiente no tarda tanto.
Agradecimientos: Yaikaya, Draconiforss.
