¡Hola amores! Aquí vengo con otro capítulo de la historia. Publicaré pronto el capítulo 6 porque este es algo corto y sin nada de Dramione, pero necesario para entender a Pansy y al malo maloso de la historia. Os advierto que es un poco fuerte para aquellos que no estén acostumbrados a leer violencia sexual. El fic se oscurece conforme pasan los capítulos y habrá más momentos aparte de este que contengan violencia e incluso un poco de gore. Quedáis avisados ^^
¡Disfrutad!
Besitos en los morros,
Lyrien
2 marzo 2004, presente, mansión Dacius
Miraba atentamente por la ventana, contemplando a los transeúntes que iban con prisas, arrastrando consigo sus propios problemas y unos cuerpos con los que no estaban a gusto. Encendió un cigarrillo, bastante alterada y dejó que el humo penetrara en sus pulmones; no le importaba contaminarse más, al fin y al cabo, ya estaba podrida
Ya sabes lo que tienes que hacer... Su voz no se le iba de la mente y el corazón se le encogía de miedo y de asco. Se arrebujó aún más en su bata, en un intento por retener el calor que no poseía, pero no era capaz. Solo frío...
No quería girarse, no podía enfrentar al ser que más repugnaba del universo, recostado en su cama a sus anchas y sabiéndose dueño de todo. Ya ni siquiera era capaz de llorar, dejaba que el dolor la lacerara por dentro y, poco a poco, destruyera su corazón. No me importa vivir o morir.
¡Qué suerte tienes, no te han obligado a vivir en la mansión como al resto! Esta vez la voz de Draco en su mente, le dibujó una amarga y dolorosa sonrisa. Draco, Granger, poneos a salvo, no dejéis que os encuentren, por favor, deseó con una fuerte energía.
Oyó un ruido a sus espaldas y supo que se acercaba. Un escalofrío le recorrió el cuerpo entero solo de pensar en su olor, su voz, sus manos mancillando su cuerpo; que ahora le pertenecía a él. Se sentía como una marioneta en manos de su verdugo, el verdugo que aniquilaba sus sentimientos y la convertía en un despojo humano. Se mordió el labio inferior con fuerza cuando él rodeó su cintura con los brazos y pegó su prominente erección a su trasero; una mano le tocó el pubis a través de la tela y ella soltó el cigarrillo sin darse cuenta.
-¿No te apetece repetir?-ella fue incapaz de responder, la voz de él no era amable ni tampoco estaba sugiriendo.- Oh, vamos, sé que te mueres por estar conmigo.
Le quitó la bata con rudeza y le dio la vuelta, acariciando el cuerpo de la chica al igual que el de una posesión de la que podía disponer siempre que quisiera. Eso es lo que soy. Su puta, su muñeca hinchable. Los sentimientos no importan.
Se dejó arrastrar por el chico hasta la cama, él no dejaba de morderla y manosearla, marcando su territorio. Como un puto animal...
-Te gusta, ¿eh?
No le respondió, jamás le respondía, aquel monólogo durante el sexo, violación, insistía su mente; solo lo empujaba a excitarse más. Es patético, se excita consigo mismo. Ella permanecía con la mirada perdida y el cuerpo flojo; sentía aquellos mordiscos y aquellas caricias como a kilómetros de distancia, nada estaba pasando, todo estaba bien. Era una mera espectadora en aquel aberrante acto, hacía muchos meses que no lloraba ni le suplicaba, moría cada día un poquito más.
La penetró con la misma violencia de siempre, abriéndose paso a la fuerza, dañándola; pero ya no conseguía arrancarle gritos de dolor. No puedo chillar de dolor, ¿no lo ves? Los muertos no lloran, ni sienten. Esa no soy yo, es solo mi cuerpo, que sufre sin medida.
Lo sentía moverse dentro de ella, cada vez más rápido y, de vez en cuando, la obligaba a besarlo; eso era lo que más la disgustaba, aquellos besos que no iban cargados ni de amor ni de pasión, solo eran una marca más de posesión. Eres mía, mía, no puedes escapar... Acabó dentro de ella, sin protección alguna y dejó caer su cuerpo sudoroso sobre el tembloroso de la chica. El moreno sonreía con la satisfacción pintada en el rostro.
-Ha estado genial, ¿verdad?- la besó en la boca- Esta vez ni te has inmutado, eso es que ya te vas acostumbrando a mí – Se acercó a su oído y le mordió el lóbulo – Estás buenísima, siéntete privilegiada de tenerme; yo también estoy buenísimo.
Aguantó las náuseas que se le habían asentado en el estómago y quiso que se quitara de encima, el contacto con aquel cuerpo sudoroso perfectamente moldeado le daba unas tremendas ganas de chillar. Sin embargo, antes de que perdiera el control, el chico se apartó y comenzó a vestirse con cierta indiferencia; la chica aprovechó para coger su bata y ponérsela con precipitación.
-Me largo, he dejado a Blaise con las torturas y la última vez que fui casi mata a mis presos – la informó de corrido – Además, tengo a cierta pelirroja esperándome; vuelvo por la noche.
Le guiñó un ojo y se relamió, pensando en lo que le esperaba al llegar a la mansión.
En cuanto cerró la puerta, Pansy no pudo controlarse más y vomitó sobre la alfombra. Las lágrimas caían ahora imparables de sus ojos y se acurrucó en un rincón, abrazándose las rodillas. La mirada se le había oscurecido y apretó los dientes con rabia, su semblante pedía venganza.
Te odio, cabrón.
Un recuerdo surcó su mente y sintió rabia hacia sí misma, porque desde aquel día, todo había cambiado.
Pasado, Fiesta en casa de los Greengrass, 17 de mayo 2002
La banda tocaba con fuerza en el escenario y las parejas de bailarines movían sus esbeltos cuerpos al compás de la música, incansables y sonrientes como muñecos.
Una chica de pelo negro estaba sentaba en la barra, observando atentamente a su alrededor y bebiendo una copa de lo más fuerte que había.
-Esto es genial, ¿no te parece? ¡Qué fiesta! No sé por qué no querías venir.
Miró a Astoria con cierta indiferencia, no sabía por qué tenía que cargar con aquella niña estúpida. Si, ya, órdenes de Laertes, había que presentar a su querida sobrina en sociedad y mostrarla como un mono de feria para que se casara pronto y tuviera herederos dignos. Las cejas de Pansy se encontraban muy unidas en una permanente expresión de disgusto.
-Sí, súper interesante – comentó con ironía – Hacer de niñera es apasionante, Astoria. Deberías considerarlo como opción de futuro.
-No te quejes, hay gente de tu edad.
-Ya, los camareros y los elfos domésticos – bufó con sorna y encendió un cigarrillo con nerviosismo.
-¡Eh! Pansy, oye
-¿Qué quieres ahora? - preguntó, deseando que la dejara en paz.
-¿Conoces a aquel tipo? Creo que es el hijo de Laertes, ha estudiado en las mejores escuelas de Alemania y es guapísimo. - dijo Astoria, totalmente emocionada.
Pansy miró de mala gana hacia el lugar que le indicaba la cría y se quedó boquiabierta, no estaba exagerando en absoluto. El chico vestía una elegante túnica negra de gala y una capa a juego, que le daban un aire aristocrático; tenía unos profundos y duros ojos azules y su cabeza estaba adornada con hermosos rizos negros. Era de complexión atlética y sus músculos estaban bien marcados; además no podemos olvidarnos...
-¡Vaya culo tiene! ¿Lo has visto? Si pudiera, me lo tiraría ahora mismo, allí en las mesas de canapé. Tiraría todos los platos y lo lanzaría con fuerza, poniéndome sobre él y tocando su...
-Creo que me has dado suficientes detalles de tu asquerosa fantasía sexual- le dijo, volviendo a su bebida pero sin quitarle ojo al recién llegado.
-¿Sabes cómo se llama?
-No, ni me interesa.
-Ya, claro – se burló – Su nombre es Alan, Alan Dacius.
