Hola a todos ^^ He vuelto con otro capítulo, un martes más. Un capítulo lleno de Dramione, espero que lo disfrutéis mucho.

Besos en los morros,

Lyrien


Pasado, 24 abril 2003

Hermione se acercó a Draco preocupada. El chico tenía una herida en la cabeza que sangraba profusamente y unas ojeras marcaban su rostro ceniciento. La adrenalina le impidió quedarse quieta, así que con un hechizo y los ojos llenos de lágrimas cerró la herida de Malfoy, lo puso sobre su regazo y le dio palmadas en las mejillas. Comprobó aliviada que tenía pulso, pero seguía sin reaccionar, por lo que su llanto se incrementó, se sentía frustrada.

Millicent la miraba con los ojos vacíos de forma acusadora y terrible y Hermione no podía soportarlo más. Con un movimiento de varita, una montaña de polvo sustituyó al cadáver y un fuerte viento lo esparció por todas partes, haciendo desaparecer de la faz de la tierra los rastros de su crimen. Volvió a fijar la vista en el chico y tuvo ganas de chillar.

-Vamos, Malfoy, despierta de una vez. MALFOY, NO NOS PODEMOS QUEDAR AQUÍ. - resopló y se apartó las lagrimas de los ojos – ENERVATE, estúpido hurón.

El rubio parpadeó varias veces, confuso y desorientado. Lo primero que vio fue el rostro de la morena muy cerca de él, con lágrimas surcando sus mejillas y cara de preocupación. Se quedó mirando aquellas facciones y pensó que eran bonitas, que quizás le gustaban un poco, que la misión iba a darle un dolor de cabeza peor que el que tenía en ese momento.

-Granger, ¿preocupada? - sonrió de medio lado y se incorporó con cierta dificultad, mareándose al instante. Su sonrisa socarrona se borró cuando tuvo que apartarse para vomitar. -¡Joder! Puta Millicent – masculló, cabreado.

-Malfoy, ¿estás bien? - se acercó rápidamente a limpiarle el vómito y comprobó la temperatura de su frente con los labios, como una madre preocupada. - Estás ardiendo.

-Estoy de maravilla, como si me hubieran pisoteado 20 trolls y hubieran decidido arrancarme los huesos uno por uno. - le dedicó una sonrisa sin maldad y miró a su alrededor - ¿Dónde está la zorra que nos atacó?

Hermione titubeó, indecisa.

-La he matado. - miró a Malfoy fulminándolo con la mirada, advirtiéndole que no hiciera preguntas.

El rubio la miró con los ojos muy abiertos, sin creerse lo que acababa de escuchar. Se giró hacia ella, con la intención de darle las gracias, pero perdió el equilibrio y cayó en sus brazos. Hermione lo sostuvo como pudo y él cerró los ojos, descansando la cabeza sobre sus pechos y aspirando su dulce aroma, le gustaba estar allí.

-Malfoy, quita esa sonrisa de estúpido e incorpórate, ¿quieres? Pesas mucho – se quejó la morena, fastidiada

-Estoy enfermo, así que no quiero – replicó Malfoy, molestándola y restregando su mejilla contra sus pechos

-Ya estamos otra vez – bufó, cabreada – Soy una sangresucia, ¿recuerdas? Te encantaba gritármelo por el colegio, así que no me toques.

-Algunas cosas cambian – susurró Draco, mirándola momentáneamente a los ojos e incorporándose de nuevo.

Hermione lo miró, curiosa. Se había puesto serio de repente y pudo ver otra vez esa mirada de terrible cansancio que lo hacía parecer mucho mayor y que deformaba el rictus de insolencia que solía llevar pintado constantemente.

-Lo sé, Malfoy. Pero eso no te da derecho a tocarme sin mi permiso – le colocó una mano en la frente y frunció los labios, estaba bastante mal, no entendía cómo podía sostenerse de pie.

-Entonces... ¿Me das permiso para abrazarte? Pareces afectada por lo que ha pasado. Las primeras muertes son las peores y... No creo que pueda estar de pie mucho más tiempo sin un apoyo – confesó, avergonzado. - Todos ganamos.

La chica asintió, sin entender por qué le daba permiso. En aquellos momentos podía ver la vulnerabilidad del Maloy altanero y orgulloso, también veía la suya propia, su corazón roto en mil pedazos por haber matado a alguien, por haber tirado por la borda sus principios, por haberse dejado llevar por el infinito miedo que había sentido. Y Ron, él no la creía, no creía en su causa, la había dejado sola y sentía cómo toda la responsabilidad caía sobre sus hombros y sobre Malfoy, que parecía a punto de derrumbarse.

Dio un paso y lo abrazó con fuerza. Hundió la cabeza en su cuello mientras las manos del chico la abrazaban y la sostenían también a ella, como si fuera un soporte real de su vida. Malfoy y sus cartas, Malfoy y su descaro, Malfoy y su soledad, acompañando su propia soledad. Sollozó contra su hombro y Draco se sintió extrañamente espabilado, a pesar de las brumas de la fiebre y el mareo, sentía ganas de que parara, el sonido de aquel llanto le molestaba, no podía seguir escuchándolo.

-Granger, tranquila. Cierra los ojos.

Hermione obedeció y escuchó impactada cómo el rubio comenzaba a cantarle al oído una canción suave, con una voz ronca y desgarrada que la estremecía de pies a cabeza. Draco solo quería que ella dejara de llorar, que se transportara a un sitio mejor como hacía él cuando escuchaba música, era lo primero que se le había ocurrido. Ella se calmó poco a poco y se meció con él hacia los lados, bailando suavemente con su canción; él sonrió y le acarició el pelo lentamente, le gustaba aquel manojo de rizos hecho un desastre. Era extraño pensar que le agradaba estar en los brazos de aquella a la que iba a tener que dañar, parecía que los dos se sentían a gusto, pero él mentía. Sí, claro, claro que mentía. No le gustaban aquellos brazos cálidos, ese dulce olor que emanaba de ella, ni sus pechos, ni sus formas pegadas a él, ni el aliento que golpeaba su cuello cada vez más tranquilo. Pues no, no me gusta, no me gusta para nada, se convenció a sí mismo. La morena se sentía confusa, no entendía por qué le gustaba estar ahí, por qué la voz de su enemigo se tornaba amiga cuando realmente lo necesitaba.

Lo miró a los ojos, separándose levemente de él y le acarició las ojeras. Se sentía muy agradecida y una pregunta se había atascado en su corazón, una pregunta que desmoronaba su mundo perfecto. Draco miraba aquellos labios que había besado una vez a la fuerza, aquellos que ahora se abrían levemente a él y que no podía evitar querer mancillar de nuevo. Qué mierda me pasa, qué me ocurre, por qué Granger tiene esos labios, no se los merece. Estúpida sabelotodo, se cree que puede ir por ahí con la boca entreabierta, pidiendo a gritos un beso. Se deleitó con sus caricias y se acercó, pidiendo permiso para besarla. Hermione se perdió en sus ojos grises como el mercurio, se sentía hipnotizada y deseosa de acercar sus labios.

Draco acunó su rostro con una mano y se acercó peligrosamente a sus labios, pero en un resquicio de cordura, Hermione se apartó de él como pudo y negó varias veces con la cabeza, tratando de ordenar sus pensamientos y buscar aire.

-Malfoy, no estás pensando con claridad, ni yo tampoco. Yo no estoy bien, tú tienes mucha fiebre y no podemos seguir aquí, es peligroso. Sabes perfect...

Sus palabras se vieron interrumpidas por el acercamiento de Draco, insistente, que la miraba muy cerca, incrustando sus pupilas en su mente. Ella cerró los ojos, viéndose derrotada e incapaz de negarse y esperó el contacto de sus labios.

-Tienes razón, Granger - le dijo repentinamente, separándose de ella y alejándose un paso.- Tengo que irme y tú también deberías irte.

-Malfoy, esper...

Volvió a dejarla con la palabra en la boca, dejándola sola en el callejón. Se había desaparecido medio enfermo, Hermione estaba enfadada y preocupada, pensando en Malfoy hecho trocitos. Imbécil, engreído, presumido, hurón botador, idiota... Los ojos se le llenaban de lágrimas conforme pensaba insultos y se desapareció de allí, con el corazón encogido y una promesa en los labios.

24 abril 2003, mansión Dacius

-¿Draco? ¿Qué te ha pasado? ¡Estás lleno de sangre y hueles fatal! - la molesta voz de Astoria le llenó los oídos.

-Sí, Draco, vaya pinta tienes – la apoyó Daphne

-Me crucé con una leona – respondió, tan campante, yendo directo a su habitación para descansar.

Sonrió para sus adentros y cerró los ojos, lo más agradable que poseía en esos momentos eran sus pensamientos. Será una pena... eres muy bella.

24 abril 2003, piso de Hermione, Harry, Ron y Ginny

Cerró la puerta de casa y se apoyó en ella, dejando caer su cuerpo lentamente. ¿Qué me pasa? ¿Por qué él? No debería fiarme de ese idiota. ¿Qué pasa si me hace daño? No sé por qué ha pasado esto, por qué he querido acercarme a él de esta forma. Negó con la cabeza y cerró los ojos, confundida. Los restos de sangre se veían en su pelo y su ropa, había sido una de las tardes más confusas de su vida. ¿Por qué tenía que atraerla de aquella manera?

-¡Hermione! ¿Qué te ha pasado? ¿Estás bien?

Ron la miraba desde el pasillo, sin atreverse a acercarse, pero con una evidente cara de preocupación. La chica se incorporó, interrumpiendo de mala gana sus cavilaciones y se acercó a él.

-Ronald... te he echado de menos – le dijo con una voz sensual, sin responder a su pregunta. La mentirá le sonó cruel, pero no se detuvo, necesitaba borrar a Malfoy de sus pensamientos – Hemos de recuperar el tiempo perdido.

Se abalanzó sobre él y lo besó con deseo, desabrochando su camisa y sus pantalones por el camino.

Le parecía imposible esperar hasta llegar a la cama. Hacía una semana que Ron no la tocaba de esa manera y mucho tiempo más que no la veía desatada de deseo, por lo que se dejó inundar por ella y no pensó en nada más. Ya le preguntaría después qué le había pasado, con saber que estaba bien se conformaba.

El sexo fue agresivo, primitivo, instintivo; nada comparado con las caricias que se solían prodigar. Hermione no recordaba nunca haberse sentido de esa manera; necesitaba descargarse a mordiscos y arañazos, invitando al chico a que entrara en ella más, todo lo que pudiera, llenándola y haciéndola llegar al éxtasis más absoluto. No sabía el por qué de sus reacciones pero se dejaba llevar, su cuerpo hablaba por ella.

Los gemidos de la chica no tenían nada que envidiarle a los de Ginny y su cuerpo vibraba con la violencia y la intensidad del acto.

Ron cayó sobre ella sudando y se abrazó a su cuerpo. Poco después, el chico estaba roncando y Hermione le acariciaba el pelo distraídamente, sus pensamientos estaban muy lejos de allí. Pensaba en él; lo hacía con Ron pero lo deseaba a él dentro de mí. Lo siento, lo siento Ron. ¿Por qué...? Soy una asesina, una adúltera, una mentirosa, soy lo peor.

Se mordió el labio inferior y dejó que unas cálidas lágrimas brotaran de sus ojos.

Todo lo que veo en mi mente es el gris de tus ojos...