Disclaimer: como siempre, el capitán América no me pertenece, no tengo cabeza para hacer algo así.

Como de costumbre viene el capítulo con retraso y no ten excusa, por eso mismo esta noche o mañana a más tardar por la mañana estará el siguiente. Y lo siento mucho por tardar tanto.

XVI

Fue a ver al hombre del puente, Steve Rogers, una vez mientras estaba en el hospital. Estaba sedado, por lo que pudo entrar sin problemas. Le observó dormir sin comprender muy bien qué estaba haciendo. Pero quería estar allí.

Su pelo estaba bien cortado, pero despeinado. Su piel tenía un tono pálido que indicaba que aún se estaba recuperando, apenas quedaban rasguños de las heridas que le había infringido. Su labio tenía un corte. Pero llegó un momento en el que sólo pudo ver sus ojos cerrados, sus largas pestañas… vino a él una imagen del rostro del hombre, más huesuda, pero con las mismas pestañas y la misma expresión plácida mientras dormía. Se fijó en su pecho que subía y bajaba rítmicamente, tenía la extraña sensación de que era algo que había hecho a menudo, aunque no lo recordase. Observarle dormir y asegurarse de que respiraba con normalidad.

Se fue de allí al rato cuando escuchó demasiado trasiego de personal. Al irse se llevó la mano al pecho, se sentía extraño estar a su lado, pero era agradable, no como la opresión que sentía al dejarle atrás.

De nuevo en la calle se vio obligado a buscar agua, lo único que había ingerido que pudiese recordar. Sabía que necesitaba nutrirse, pero no sabía cómo hacerlo. Lo único que había intentado comer, un bocadillo, lo había vomitado tras dos bocados. Su estómago no lo había aceptado.

Era perfectamente consciente de que todo se estaba desmoronando a su alrededor, que tendría que ir hasta Steve o buscar a HYDRA, o todo iría a peor.

Volvió a visitar al hombre del puente dos veces más. Una de ellas volvía a estar sedado, por lo que pudo volver a entrar. No quedaba rastro alguno en su rostro de la pelea y volvía a tener un color saludable en sus mejillas. En aquella ocasión se atrevió a rozar su mano. El contacto duró un segundo, tenía miedo de poder despertarle.

Volvieron imágenes de su rostro, en aquella ocasión sonriendo mientras señalaba unas marcas en un mapa. Estaba contento. Entre aquel extraño recuerdo creyó que llegaban a él los ecos de una conversación sobre todo lo que se había conseguido hasta el momento.

La otra vez que fue, Steve Rogers no estaba dormido y tuvo que conformarse con verle desde la ventana. Fue rápido, pero le gustó. Estaba leyendo algo mientras escuchaba una música que no conocía. El hombre de las alas se había ido hacía un rato, por lo que estaba solo. Disfrutó mirándole y se alegró de que estuviese bien.

De nuevo en las calles, una noche empezó a sentirse mareado. Llevaba días sin nutrirse y sin dormir. No era consciente de que tenía que descansar, siempre que lo había hecho había sido porque le habían dado unas descargas o porque le habían metido en la criogenización.

Finalmente se acabó desmayando en mitad de ningún sitio y despertó con la respiración agitada, más confuso que nunca y sin comprender qué le había pasado exactamente.

Esa misma noche fue a casa de Steve Rogers.

Cuando Steve Rogers le abrió la puerta sólo pudo mirarle fijamente sin saber qué es lo que debía decir.

- Pasa –fue todo lo que le dijo.

Y él entró en su casa sin saber muy bien qué estaba haciendo. Steve Rogers le ofreció un café que no pudo beberse y agua, lo único que soportaba su estómago.

- ¿Qué haces aquí Bucky? –le preguntó.

- No lo sé… –le contestó con sinceridad-. No… tenía otro sitio al que ir…

Por sitio se refería a Steve Rogers, no a la casa en sí. Si no hubiese estado allí, le habría seguido buscando. Él no necesitaba un sitio, sino a Rogers. Eso era lo único que podía decir de todo lo que estaba viviendo por primera vez.

Steve asintió y le sonrió.

- Estoy contento de que hayas venido aquí Buck.

Aquel nombre se sentía familiar en sus labios, se sentía correcto escucharlo y le transmitía una calidez que jamás, o hasta el momento, había podido sentir, por lo que no tuvo la fuerza suficiente para decirle que él no era su amigo, sino un fantasma: el fantasma del Soldado de Invierno.

No necesitó más entonces, sentado en el sofá, junto a Steve Rogers, se durmió.

Por primera vez en mucho tiempo no tuvo miedo de lo que podría pasarle, con Steve Rogers, el hombre del puente, se sentía seguro.

Fin

Por ahora hasta aquí, pronto estará el siguiente. De nuevo muchas gracias por la paciencia y espero que no me maten por ser tan lenta el publicar.

Agradecimientos: Darkela, EloraP, Criff Summerland.