Disclaimer: como siempre, el capitán América no me pertenece, no tengo cabeza para hacer algo así.
Bueno, aquí está el siguiente, sin hacerlo demorar demasiado por una vez… Esta parte en la que estoy entrando me está costando, pero espero que quede realista y se disfrute.
XVIII
En la torre de Stark recibió ayuda. Steve no se separó de él los primeros días, hablaba con él sobre lo que harían. Le presentó a Pepper y a Tony Stark, le comentó que comería una dieta especial y junto con Sam le explicaron que tendría unas sesiones. Exceptuando a ellos cuatro, no vería a nadie más por el momento.
- No me fío de nadie –le había dicho Steve al resto.
Cuando pensaba en ellos, ya no era a través de sus características sino sólo con sus nombres. Sam Wilson, Tony Stark y Pepper Potts.
- SHIELD se ha visto comprometido y no me fío de nadie, ni tan siquiera de Fury.
- Veo que has aprendido la lección –comentó Stark.
- No sé qué le harían a Bucky.
A veces todos le miraban, podía notar el dolor en los ojos de Stark y Pepper, ellos sabían lo que había hecho, pero jamás comentaron nada.
Stark quiso encargarse de revisar su brazo y sólo una vez quiso llevarle al laboratorio, la primera, pero cambió de idea al ver como todo su cuerpo se quedaba rígido y Steve le pedía que si podían ir a otro sitio.
Rogers siempre estaba a su lado y él lo agradecía, estar a su lado le hacía sentirse mejor, menos perdido. Él no dormía a penas, era algo que evitaba después de la primera vez que se despertó tras un horrible sueño lleno de sangre.
Lo peor eran las noches en las que conseguía dormir, eran noches en las que su cuerpo ya no podía aguantar ni un minuto más y él se quedaba dormido en cualquier sitio: la cama, una silla, el sofá… no importaba. Era entonces cuando soñaba, siempre con sus asesinatos.
Una noche soñó que disparaba a la mujer pelirroja, Natasha, para acabar con un hombre, otra soñó con los padres de Stark, también soñó con investigadores y políticos… Siempre despertaba gritando sus nombres e implorando perdón, y siempre se encontraba con los brazos de Steve que le arropaban mientras le susurraba palabras de consuelo. Él se aferraba a Steve porque no sabía qué otra cosa hacer, no decía nada porque sabía que Steve no quería escuchar lo único que él quería decir. A veces murmuraba la palabra 'asesino' contra su pecho sin descanso hasta que Steve le obligaba a mirarle a los ojos y le decía que él jamás sería un asesino, sin importar la sangre de sus manos.
Él aceptaba sus palabras por el momento, porque empezaba a intuir que llegaría un día en el que tendría que dejar de huir de sí mismo y enfrentarse a la realidad de su pasado. Pero por el momento no tenía fuerzas para contradecir a Steve.
Una noche soñó con Alexander Pierce y le suplicaba que le dijese algo, que no le dejase con los investigadores. Odiaba a esos hombres con pajarita que le hacían daño sin razón, le quería a él, que le explicase las cosas.
Al día siguiente, al ir con Sam, este le pidió que hablasen sobre Alexander Pierce para entender su relación con él.
- Pierce era amable conmigo, hablaba conmigo. No se limitaba a darme órdenes, sino que se molestaba por que entendiese qué estaba haciendo por el mundo.
Para él eso era amabilidad, Pierce hablaba y él escuchaba, era demandante y a veces abusivo, pero era lo mejor que había allí. El resto se limitaba a tratarle como a un objeto, para Pierce él era un fantasma, algo que algún día fue alguien y respetaba eso. Le sonreía y le exigía la perfección en lo que hacía porque confiaba en él. Y eso le gustaba. Se sentía un poco más humano y creía que lo que hacía era por una buena causa.
Por supuesto ahora comprendía que eso no era suficiente como para decir que Alexander Pierce le trataba bien, pero no le importaba porque él lo sentía así. Pierce no le había sonreído como Zola, de esa manera que le hacía estremecer, él había tenido una sonrisa agradable y pacífica que siempre le había conseguido relajar.
- Pierce sabía manejarme, tranquilizarme.
A veces había sido él quien había ordenado que le electrocutasen, pero él siempre había comprendido que era por el bien de la misión y la suya propia. Pierce alguna vez se lo había explicado y él había asentido. Alexander Pierce había sido constante en su vida y había sido lo que él consideraba que era ser amable. Y siempre que había despertado él había estado a su lado, cambiado, pero era la única persona siempre constante en esa habitación.
Steve tuvo que irse a mitad de la sesión incapaz de escuchar nada más. Lo único que dijo es que eso no era amabilidad.
- La gente que es buena contigo no te da descargas eléctricas Bucky, ni te trata como un arma.
Él le miró irse y luego fijó sus ojos en Sam.
- Es lo mejor que tenía.
Estuvo un rato más con Sam que le hizo más preguntas que él contestó. Cada vez se le daba mejor hablar y le resultaba agradable poder compartir cosas, aunque fuesen los horrores de su vida.
Al salir de allí se encontró con los brazos de Steve que no le dejaron ir en todo lo que quedaba de día.
- ¿Podrás perdonarme algún día? –le preguntó con voz angustiada.
Él le miró sin saber qué decir, para él no había nada que perdonar. Steve Rogers era su salvación. Estando con él todo se sentía mejor y, aunque no recordase su pasado, a él llegaban sensaciones de una vida pasada en la que estar con Steve era algo preciado. Eran sensaciones ligadas a la vida de Bucky Barnes, el Bucky de Steve, y él estaba contento con tener eso cuando estaba con Steve.
Fin
Ufff… Aquí va otro más. No sé qué estoy haciendo, o si va bien, pero ya es tarde para parar. Espero no tardar demasiado en publicar el siguiente, con suerte antes de que termine la semana, o el lunes de la que viene.
Hasta el próximo!
Agradecimientos: Darkela, EloraP, why a name.
