Capitulo IV
No tenían a un maestro de las artes culinarias en su pequeño grupo, nadie disfrutaba de la cena que preparo Karin, pero luego de casi un año estaban acostumbrándose.
Juugo como siempre se mantenía callado, practicando su invisibilidad. Zetsu y Sai tampoco contribuían a las conversaciones, Kakashi leía su libro Icha icha. El gordo devoro la comida y ahora intentaba pasar desapercibido mientras sacaba papas fritas del almacén.
Suigetsu y Karin se insultaban, en una de esas el tenedor rozo al peliplata, que se salvó de milagro, ya era costumbre enfrentar a la muerte cada vez que discutía con la zanahoria, era curioso pues a su parecer, ella era más peligrosa que los mordedores de afuera.
Yamanaka admiraba su perfección en el espejo de la sala. Lee trataba de crear una buena atmosfera, iniciando alguna conversación, como de costumbre parecía que hablaba solo. Shikamaru leía por milésima vez el manual de reparación, más aburrido que nadie, para su desgracia solo tenían 34 libros en la casa.
El Uchiha se sentó, nadie le pregunto a donde fue, nadie le dirigía la palabra. Sabían que el comería y se encerraría en su habitación el resto del día. Quizás más tarde Karin lo visitaría, si él estaba de humor, pero no se quedaría más de dos horas.
Estaba cómodo en su soledad, a la mayoría le daba miedo la energía que irradiaba, las miradas asesinas y no tenían claro si alguna vez lo vieron reír.
Termino la cena, ya en su cuarto se quedó profundamente dormido. Más tarde, Karin fue con él, su mirada picara lo decía todo.
Sasukito… - Karin acariciaba el torso desnudo de Sasuke con las yemas de los dedos –Sasukito… - Ronroneo.
Largo – Siseo. Se tapó con las sabanas, dándole la espalda.
La pelirroja retrocedió ofendida – Hace mucho que… No estamos juntos… No me miras, no me preguntas como estoy, no estás aquí. Es como si no te importara que los demás intenten algo conmigo… No dijiste nada cuando Zetsu me coqueteo.
No es asunto mío - ¿Tan difícil era solo dejarlo en paz?
¿Qué? – No podía creerlo - ¿Qué no es asunto tuyo? – Sus lágrimas empezaron a brotar – Soy tu novia… ¡Llevamos un año de novios! ¡Teníamos planes de casarnos!
La poca paciencia del Uchiha llego al límite con esa mujer, se levantó de golpe quedando frente a una ahora intimidada Karin.
Tú lo dijiste – No sabía qué clase de historia se creó esa mujer en su cabecita, tan alejada de la realidad – "Teníamos"
Yo… - Ahora si lloraba incapaz de responder.
Teníamos un matrimonio arreglado – Odio a su padre por tomar esa decisión.
Aquella vez tuvo que acatar las órdenes. Su madre y su hermano quisieron apoyarlo, intentando hacer entrar en razón a Fugaku. Sin embargo nada se pudo hacer, asumió su parte del trato, comprometido a atar su vida con una mujer que no toleraba.
El no entendía porque su padre estaba tan ensimismado. La tipa no tenía tanto dinero, sabía que Mei, la madre de Karin, era la mejor amiga de Fugaku desde la infancia, también una persona muy cercana a su madre. La señora estaba enferma de cáncer, parecía tan feliz por su compromiso.
A él no le importaba en lo más mínimo, algo siempre le desagrado de esa vieja. Pero sus padres incluso adelantaron la fecha de la boda. Aun así, Mei falleció inesperadamente dos semanas antes. El matrimonio por supuesto no se canceló. Su destino estaba sellado. Fugaku, Itachi y Mikoto regresarían para el entierro y para la boda.
O eso pensó.
Todo se fue a la mierda tan rápido, se libró de ese compromiso, aunque no se detuvo a pensar en ello. Su familia estaba lejos, solo pensaba en como estarían. El dolor, la impotencia de no poder hacer nada lo cambiaron. No tenía a quien culpar, la furia solo se mantenía ahí dentro, acumulándose.
¿De quién debía vengarse? ¿Quién o quiénes eran culpables de su miseria?
Sasuke sabía que era cruel con Karin, nunca le tomo aprecio. Sin embargo, en el pasado no la habría tratado así, ahora todo cambio. La rabia y el dolor lo dominaban. Encerrándolo en un mundo donde solo existía el.
Ya no le importaban cosas como la caballerosidad.
Sasuke – Lo saco de sus pensamientos – Yo aún deseo casarme Sasuke-Kun, para mí nunca nada fue obligatorio. Tú y yo tenemos… Digo, sin ti yo no podría sobrevivir, lo único que deseo es verte sonreír por mí, solo una vez… Pasari… - Sasuke no la dejo terminar, estaba saliendo de la habitación - ¿No sientes nada? ¡No te importa herirme tanto!
El pelinegro se marchó, ella se quedó maldiciéndolo, odiándose por amarlo tanto. Al discutir había mandado todo al demonio.
Sasuke durmió en su auto, llovía bastante. Los demás aprovecharon y sacaron los baldes, abrieron los dos tanques, era casi un milagro pues no había llovido en meses y el suministro de agua se agotaba.
Cuando amaneció, el pelinegro aun tenía sueño, también algo de sed.
Busco la mochila que se había llevado el día anterior, saco otra botella.
Curioso por saber si solo había botellas de agua, saco todo.
Encontró una cajetilla de cigarrillos, más ningún encendedor. Una cámara y una pequeña caja plana. Abrió la cerradura. Ahí estaban varias fotos que examino más por aburrimiento que por interés. En algunas estaba el rubio con varias personas, una con un viejo de largos cabellos canosos, otras de la bebé que vio un día antes y…
Sintió como casi se le paraba el corazón.
Cabellos rosados… La forma y rasgos de ese rostro… Esos inconfundibles ojos jade…
¿Sakura? ¿Era posible? ¿La mujer de la foto era Sakura? Aquella que desapareció sin dejar rastro hace tantos años ¿Verla nuevamente de esta manera?
Siguió observando la foto sin terminar de creérselo.
Vio las otras fotos, en muchas aparecía ella, el rubio y la bebé.
Esto significaba que ella y el tarado…
Reconoció el fondo de las fotos, la sala y el cuarto de esa casa. En algunas se veían partes de la comunidad que había visitado el día anterior.
¿Estaba tan cerca de ella? ¿Dónde estaba Sakura en ese momento?
Una pequeña urgencia de volver cuanto antes a ese pueblito lo invadió.
Recobro la compostura. Quizás esto lo habría emocionado en el pasado, quizás.
Ahora no importaba. Encontrarse con una conocida en tales circunstancias era una enorme coincidencia, pero al fin y al cabo ¿Qué más da?
Fue a desayunar y centro sus pensamientos en asuntos importantes.
Karin no estaba en la mesa, no lo noto.
Sai – Lo llamo, el susodicho acababa de sentarse.
¿Si Sasuke? – Era raro que le hablara.
Construyamos un muro – Ahora todos prestaban atención – Esas cosas están cada vez más cerca, un horda podría llegar pronto.
¿Viste muchos cuando saliste Sasuke-Kun? – A veces a Ino se le olvidaba el peligro que corrían.
Es cierto, no tenemos nada con que defendernos aparte de unas armas viejas, si nos atacan estaremos muertos – Kakashi aparentaba ser despreocupado, pero había estado atento al avance de los caminantes a su territorio. Pensó en buscar más armas pero un muro no era mala idea.
Zetsu también estaba preocupado por la situación, pero se había centrado solo en cosechar.
Todos empezaron a opinar, como si nunca antes hubiesen pensado en la realidad de que un día todo podría venirse abajo. Estuvieron cómodos demasiado tiempo, solo salían a limpiar la zona algunos días de la semana, no encontraban ninguna cantidad con la que no pudieran lidiar. Aun conservaban las esperanzas de que un día todo volviera a ser como antes.
¡Yo creo que estamos seguros! – El cejotas recibió miradas incrédulas – Pero trabajar en equipo para la construcción de un muro nos unirá como grupo ¡Trabajo al amanecer! ¡Dejar que arda la juventud hasta el ocaso! – El tipo nació para porrista.
Nadie le hizo caso y continuaron discutiendo sobre cómo y cuándo. Sasuke se mantenía en silencio esperando que hable Sai.
Necesitaremos bloques de concreto, adobe, ladrillos, paneles, piedras y también podemos disponer de los bambús que hay a los alrededores – Sai termino su desayuno y se dirigió a la habitación contigua – Empezare los planos, por favor busquen las cosas que mencione y lo que no esté disponible veremos cómo reemplazarlo.
El Uchiha pensó que quizás no tuvo tan mala suerte con esa gente. El tipo era eficiente. Todos terminaron de comer y salieron a buscar los materiales. El pelinegro sabía dónde podía encontrar lo que necesitaban. Condujo su coche a toda velocidad hacia la comunidad en la que estaría Sakura.
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¿Cómo había acabado ahí?
Un dolor punzante en la cabeza no le dejaba recordar bien lo sucedido.
Afuera estaba lloviendo, había algunas rendijas en el techo y las gotas de agua se escurrían dentro la habitación.
Cloc.
Cloc.
Cloc.
Estaba demasiado adolorida para levantarse, algunas mujeres sollozaban, la de su izquierda temblaba mientras dormitaba.
Estaban al menos siete mujeres en la misma mugre habitación.
Examino su nuca con los dedos, sintió un líquido denso. Era su sangre. Sakura no veía casi nada por la oscuridad. Alguien abrió la rechinante puerta de golpe, cegándola unos momentos.
¡No! ¡Por favor no! – Entre abrió los ojos, vio como arrastraban a una chica por los cabellos - ¡No de nuevo! ¡Por favor no! ¡Se lo rue..! - un sonoro golpe en la mejilla de la suplicante chica la hizo callar.
Era un hombre negro de contextura gruesa, con el cabello alborotado y una barba larga.
Por unos segundos observo a la pelirosa, poniéndole los pelos de punta, después saco a la chica que había empezado a llorar y suplicar de nuevo, cerró la puerta dejando a las demás nuevamente a oscuras.
Las imágenes pasaron por su cabeza.
Esa mañana fue por provisiones al poblado cercano, encontró el ramen de Naruto y lo que necesitaban, después de cargar las cosas a la camioneta estaba lista para irse.
Un hombre viejo apareció por detrás con un revolver, el gatillo estaba rozando sus cabellos.
Se quedó quieta, más hombres aparecieron rodeándola, no pensaba entablar una conversación con ellos, ni preguntar que querían. Sabía que si se quedaba ahí no tendría un buen final.
Intento correr pero uno de ellos, el más gordo, la derribo de una patada – Aun le dolía la espalda – Intento levantarse cuando sintió un golpe fuerte en la cabeza.
Lo siguiente que recuerda es que la tenían amordazada en la parte trasera de una vagoneta, logro ver una construcción abandonada por la ventana. Luego cayo inconsciente de nuevo.
Suponía que se encontraba ahí.
La chica de su derecha, una mujer con coletas, empezó a llorar desconsoladamente.
La puerta volvió a abrirse, el mismo sujeto de antes. Se dirigía a pasos agigantados a la pelirosa.
Se le helo la sangre. La tomo de los cabellos y la arrastro fuera del cuarto. Ella no tenía fuerzas para resistirse. Algunas mujeres la vieron asustadas pero ninguna dijo nada.
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La pelirosa no había aparecido en toda la noche, pero él no podía salir a buscarla y dejar a la bebé sola.
Moría de preocupación e impotencia al no poder hacer nada. No sabía cómo estaba Sakura-Chan, ni donde, tenía un mal presentimiento.
Le dio algo de sed y busco su mochila, juraba que estaba en la sala. Busco en cada rincón pero no encontró nada.
Luego recordó que eso no era lo único que le faltaba, se había quedado sin balas, su escopeta era inservible sin eso.
Hace rato escuchaba las gotas de lluvia y recordó que tenía que llenar los baldes, agarro dos y salió, las puso en el patio mientras disfrutaba el sentir como las gotitas de agua lo acariciaban. Escucho gruñidos a lo lejos, se apresuró a entrar, saco a toda prisa cinco baldes más, apago todas las luces y fue al cuarto de Sarada.
Esto pasaba algunas veces, Sakura y el apagaban todo, se quedaban en silencio hasta que esas cosas se marcharan. Solo se arriesgaban a matarlos si era de día. Naruto se preguntó si esos disparos que lanzo esa tarde sin pensar para salvar al imbécil, había atraído a más.
Cuando estas cosas pasaban, Sakura no dormía mientras veía por el rabillo de la ventana si venían más o que sucedía.
Naruto no lo hizo.
Le dio su biberón a Sarada, quien siempre parecía saber cuándo tenía que mantener silencio ¡Como amaba a su pequeña! Durmieron. Pero esa madrugada los gruñidos que estaban por doquier lo despertaron.
Fue a mirar por la ventana, su peor miedo se hizo realidad. Decenas de muertos vivientes, en todas las direcciones. Nunca vio a tantos reunidos en un solo lugar. Tapo la ventana y se sentó en el suelo. Estaba en shock.
Era el fin.
Vio como Sarada lo miraba, se negó a rendirse. Intento mantener la calma. Escucho como golpeaban la puerta principal y las ventanas. Debía actuar rápido, muy rápido.
Pero ¿Qué hay de Sakura?
Tenía fe en que ella regresaría, tal vez tuvo un percance pero volvería. Empezó a dar vueltas sin saber qué hacer.
Pa-pá – Hablo Sarada
Naruto la miro impresionado unos momentos… Su primera palabra. Tenía que hallar una solución. Tenía que sacarla sin que esas cosas se percaten de su presencia. Deseo no haber sacado los cadáveres que quedaron ayer, pudo cubrirse con esos restos y sacar a Sarada.
Tomo una decisión pronto, arranco una hoja de su cuaderno, garabateo unas palabras y la dejo en la cuna de Sarada.
"Tuve que llevarme a Sarada, búscanos en donde ya sabes, cuídate mucho Sakura-Chan. Nos veremos pronto"
Cogió un bolsón de tela, cargo todo lo que pudo, pensando principalmente en la bebé.
Levanto a la pequeña y la cargo hasta el sótano, había una ventanilla ahí, por donde podían salir sin ser vistos.
Rogaba que pudieran ingresar al bosque sin mayores problemas. Al parecer no había nada en el jardín trasero, la saco primero y luego él se deslizo fuera.
Corrió hacia el bosque, pero una de esas cosas se le atravesó. Solo tenía el destornillador que el pelinegro había dejado el día anterior. Aparecieron dos más de frente, gruñendo molestos y hambrientos.
Dejo a la bebé en el suelo y los enfrento sin titubear. Acabo con el primero pero el segundo junto al tercero lo derribaron, intentaban morderlo.
Incrusto el destornillador en la cabeza de uno, y con el cadáver aplasto al otro inmovilizándolo. Le clavo su única arma, cuando intento sacarla no pudo, se atascó.
Sarada empezó a chillar, un zombie estaba muy cerca de ella.
Naruto corrió a alzarla pero el cadáver la sostuvo de la piernita. El rubio lo empujo de una patada, cuando volteo se horrorizo. Una horda lo tenía en la mira.
Todos corrían hacia el con su único afán de devorarlo.
Huyo con Sarada en brazos olvidando que existe el cansancio.
Del bosque se desvió a la carretera, pensó que su suerte empezaba a cambiar cuando vio un auto abandonado.
Pero por algo estaba abandonado.
No arrancaba, los últimos años él había trabajado en un taller de mecánica, quizás podría repararlo, ahora necesitaban refugio. Volvió a adentrarse al bosque y camino por horas.
Finalmente cuando anochecía, cuando había perdido las esperanzas, cuando la ausencia de la pelirosa le pesaba más que nunca. Vio una pequeña cabaña.
Parecía antigua, no tenía buen aspecto, pero era lo que el necesitaba para recobrar las fuerzas.
Entro y como esperaba, no había nada de utilidad. Solo una cama que era todo lo que pedía. Saco el biberón de Sarada de su bolsón y para su pesar, la pequeña no tenía hambre.
Bebió un poco a regañadientes. Naruto comió un par de galletas y probó la leche del biberón.
Estaba fría.
Dejo a la bebé en la cama, busco la cocina. Encontró una olla, la limpio, por fortuna la garrafa estaba llena. Calentó la leche repitiéndose a sí mismo que todo estaría bien. Se encontrarían con Sakura pronto, por suerte previeron este tipo de situación, sabia donde ella los encontraría. Recargaría energías y partiría al día siguiente.
Se sentía inexplicablemente optimista. Estaba en su naturaleza, no perdía las esperanzas, luchaba hasta el final.
Pero Sakura se encontraba más lejos de lo que imaginaba, sufriendo su propio infierno.
Si él hubiera prestado más atención habría notado el rasguño en la piernita de Sarada.
Sabría que todo estaba mal, que todo se pondría peor.
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Bueno, quiero agradecer a todas las que comentaron, me animan bastante. En especial tu Bonnibelle. Gracias por los buenos deseos chicas, aunque estoy algo deprimida no puedo dejar este fanfic, ni abandonarlo meses como otras ¡Es tan molesto cuando hacen eso! Jajaja
En fin, espero que les haya gustado, si fue así regálenme un review, su opinión es lo más importante.
Hasta pronto.
