Capítulo V

Kariiin – La chillona voz llego a los oídos de la pelirroja – Ohh Kariin.

¿Qué quieres? – Salió malhumorada de su alcoba.

Le mostro su amplia sonrisa - Recordarte que hoy – Alzo su dedo y la señalo – Te toca cocinar la cena, es todo.

Oye – La actitud de la rubia era sospechosa, ese derroche de alegría no era usual. Además había estado cantando baladas toda la mañana.

¿Si? – Ino no solía conversar con Karin, y eso que era la única mujer junto con ella del grupo.

¿Se puede saber que te hace tan feliz? Estuve escuchando tu "melodiosa" voz todo el día – Tenia un presentimiento, uno muy malo.

Oh bueno eso – Se dio la vuelta – No se pregunta, querida zanahoria.

Ignoro su insulto - ¿Sera que… Estuviste con alguien anoche? – La rubia volteo su cuello como un búho.

No me digas que escucharon

¿Escuchaste algo? - ¡Rayos! Hizo demasiado ruido.

No, solo adivinaba - ¿Era con Sasuke? La tipa siempre le hacía ojitos, pero el otro la ignoraba, como a todos… Como a ella misma.

La rubia siguió caminando, casi saltando, demasiado alegre para disgusto de Karin.

Y mientras una se hundía sola en sus inseguridades y celos, la otra solo rememoraba lo sucedido, algo que sabía recordaría por mucho tiempo.

Al ver que Sasuke y Karin ya no se hablaban, o mejor dicho, que ella ya no andaba como perrito faldero tras él. Supuso que habían terminado esa extraña relación de dar, dar, dar y no recibir.

¡Oh, pobre mujer!

Ino sabía reconocer una buena oportunidad cuando la veía. Se enamoró de ese hombre con apariencia de dios griego desde que lo vio, además le debía la vida, por primera vez se obsesiono, observándolo cada día, intentando saber que escondía alguien tan misterioso.

Un tiempo después de vivir con él y los otros, noto que tenía algo así como una pareja. En su vida no conoció a nadie más arrastrada que la pelirroja, le resultaba desagradable y por lo visto también a Sasuke ¡Que estúpida! A nadie le gustan las fáciles, tarde o temprano la mandaría a volar definitivamente. En realidad bastaba con la indiferencia que le tenía a su "novia" como ella se autoproclamaba, para espantar a cualquiera.

Pero debía reconocer que la zanahoria tenía voluntad, vaya que se aferraba a lo que quería, sin importar el rechazo, parecía más que feliz con lograr seducirlo algunas veces.

Patética.

Ella no se rebajaría así jamás, tenía demasiado orgullo, no se arrastraría ni por el Uchiha, pero eso no significaba que no intentara nada. La noche anterior lo busco dispuesta a dar el primer paso.

No estaba en su cuarto, ni en ningún lugar de la casa, tampoco en el patio trasero, luego de un rato por fin lo vio en su auto. Se acercó más, el sostenía algo como un papel al que miraba fijamente. Ya estaba a unos pasos cuando él se percató de su presencia y guardo lo que miraba en la guantera. A Ino no le importaba curiosear, fue con un solo objetivo.

Segura de si, pues cuando quería nadie se le resistía.

Hey Sasuke-Kun – Abrió un poco la ventana, mirándola serio - ¿Cómo te fue? ¿Encontraste algo? – Esa mañana todos habían salido a buscar materiales de construcción.

No – Salió del auto y pasó de ella.

Espera Sasuke-Kun – Se detuvo sin voltear la cabeza – Pensé que tal vez… Podríamos hablar un poco esta noche, no nos conocemos muy bien después de todo – Quiso tomarlo del brazo, continuaría con las líneas que había ensayado tanto – Me he estado sintiendo un poco mal del estómago, quisiera que me examines por favor – El tono sensual con el que hablaba, decía todo sobre sus intenciones.

Más tarde esa noche Shikamaru acababa de llegar con Lee. El último estaba notoriamente satisfecho, habían encontrado una casa improvisada de adobe. Podrían utilizar el material sacando pieza por pieza, nadie vivía ahí de todas formas.

Todos ya habían cenado, Shikamaru saboreo hambriento cada bocado, era evidente que cocino Ino, la única que a su parecer hacia la comida decente.

Subió las escaleras, quiso entrar a su cuarto y dormir dos días, si le dejaban. De repente escucho algo en el cuarto de la rubia, no sabría decir si eran sollozos. Abrió la puerta preocupado.

¡Largo de aquí! – Se exalto, ahí estaba Ino, llorando.

¿Paso algo Yamanaka? – Al principio de toda esa epidemia, luego de unirse a ese grupo, la escuchaba llorar mucho, pero ya hace unos meses la notaba más tranquila.

No, y no me veas… Largo – Shikamaru decidió posponer su hora de dormir unos minutos más, le preocupaba. Se sentó a su lado en la cama.

¡Dije que te fueras! ¡Ya! – Rompió en llanto de nuevo, el Nara solo la miro unos minutos sin saber qué hacer, no era bueno tratando con asuntos así de problemáticos. Si conocía a las mujeres, Ino le contaría que pasaba si seguía esperando un rato más en silencio – Sasuke… Es un maldito.

Eso sí lo alarmo.

¿Te hizo algo? – Ella lo miro con esos ojos celestes, aquellos que le robaban el sueño desde hace mucho.

No… Yo… - Se dirigió a su puerta y la cerro, apoyo su espalda en la pared - ¿Yo no soy… Yo no soy deseable? – Era un golpe a su propio orgullo, el cual ya estaba desecho.

Así que el Uchiha la había rechazado, por un momento se preocupó.

Que problemática eres mujer – Las venitas en la frente de Ino se hicieron notorias - ¿No eras modelo antes de esto? ¿No fuiste Miss Kioto acaso? Apareciste en al menos tres propagandas.

Tú ¿Cómo lo sabes? – Se sonrojo.

¿Quién no lo sabría mujer? – Hablo de más.

Nadie más me reconoció – Sintió como su ánimo empezaba a cambiar, ya había olvidado su glamorosa vida pasada.

No cualquiera logra eso, si Uchiha no puede verlo es su problema – Ya la veía más contenta así que decidió ir a dormir, cuando Ino lo tomo del brazo - ¿Ahora qué? – Miro a los ojos de la chica, quedando hipnotizado – Sintió como lo sujetaba de la barbilla, ella se paraba de puntas acercando sus labios.

Él fue más rápido, la beso tan bruscamente que sus dientes chocaron, a Ino no le importo, nunca sintió tanta necesidad de alguien por ella.

Los siguientes minutos la ropa sobro y por poco no llegan a la cama.

Ino vio al hombre en quien siempre debió fijarse, aquel que la lleno de besos esa mañana. Al despertar lo busco con sus manos, encontrando su lugar vacío. Fue a buscarlo, Sai le informo que Shikamaru y Lee salieron temprano a traer los materiales que habían encontrado.

Charlo un buen rato con el arquitecto, vio los planos ya casi terminados, era entretenido hablar con él, a primera vista parecía tan tozudo con Sasuke, pero Sai si tenía corazón.

Estuvo cantando toda la mañana, sabía que su voz no era la más bonita pero no podía evitarlo, además a Karin parecía molestarle, eso le divertía.

Salió a tomar aire. El día anterior se había jurado pinchar las llantas del auto de Uchiha. Fue hacia el garaje y lo contemplo riéndose de ella misma. Ya no le importaba. Llevada por la curiosidad abrió la puerta del coche y se quedó mirando la guantera. Quería saber que tanto había estado mirando el hombre hielo.

La abrió, solo había una cosa.

La fotografía de una hermosa muchacha de cabellos rosados. Dedujo que era su novia muerta o algo por el estilo, tal vez por eso no le hacía caso a nadie. La guardo de nuevo sintiendo lastima por el Uchiha.

Fue a caminar por la colinita, vio a Sai haciendo mediciones, decidió ir por otro lado para no molestarlo. Siguió dando vueltas esperando que el tiempo transcurriera rápido, ya quería ver a Shikamaru.

Las horas pasaron, almorzaron, siguieron pasando hasta la hora de la cena. Para este punto Ino ya no podía ocultar su inquietud. Todos habían vuelto menos Shikamaru y Lee, les dijo que quería salir a buscarlos pero nadie tomo en serio su preocupación, mucho menos Sasuke, que estos días tenía un humor aún más insoportable.

Nadie creía que eso fuera posible, pero lo era, desde su primera búsqueda por materiales ya no había quien lo soporte, ni siquiera Suigetsu se atrevía a molestarle.

Ino tuvo que aguantar, siguió dando vueltas por toda la casa, desesperada. Empezaba a preocupar a los demás, al menos a Juugo y Sai.

La obligaron a dormir, aunque ella no pego el ojo en toda la noche, cuando llego el amanecer se levantó cansada de no hacer nada. Cuando los demás despertaron y vieron que Ino se había ido, decidieron por fin ir a buscarlos, seguro encontrarían a la Rubia en el camino.

Ahora todos sabían que algo andaba mal. Sasuke, Sai, Suigetsu, Kakashi y Juugo fueron en el auto del primero hacia la carretera, Karin se quedó a esperar si volvían, Zetsu y Chuji fueron a pie por los alrededores.

Aunque la mayoría esperaba encontrar solo cadáveres, algunos se mantenían optimistas, olvidando el riesgo que conlleva salir a un territorio que ya no era seguro.

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Cuando era niño, su padre instalo un columpio en la rama del árbol en el patio de la casa.

Era su mejor amigo, el mejor padre del mundo, palabras que Naruto tomaba muy en serio. Minato lo comprendía más que ninguna otra persona, el pequeño era muy dependiente de él. Su madre había fallecido cuando aún no tenía la capacidad de recordar.

Por eso aquel tiempo en el que Minato fue reclutado como soldado fue tan difícil para Naruto. Reprimía el llanto todo el tiempo. Su padre tuvo que marcharse, la guerra estaba incontenible, se quedó a cargo de su padrino Jiraya. Era un escritor que viaja mucho, sin embargo dejo todos sus asuntos para cuidar de su ahijado.

Minato le dijo que fuera fuerte, le prometió que volvería y todo sería como antes. El rubio era optimista, siempre lo fue, contando los días de lo que sabía serian meses.

Pasaba las tardes sentado en el columpio, la mayoría del tiempo melancólico, aunque nunca lo demostraba frente a nadie.

En su mente siempre estuvo la idea de que su padre aparecería por esa puerta un día, el mismo la abría muchas veces esperando que Minato estuviera en el umbral.

Hoy es el día del padre – Todos prestaban atención a Iruka – Sé que tienen listas sus tarjetas, esta tarde tendremos un festejo para los padres así que no olviden llevar la invitación, pueden recogerlas en la biblioteca a la salida.

La mayoría tenía lista la tarjeta del día del padre que Iruka les dio como tarea, para sorpresa de todos, Naruto, conocido como el más holgazán, puso más empeño que nadie.

Su tarjeta estaba hecha de cartón prensando y retazos de tela, la portada era una camisa medio abierta mostrando un traje de súper héroe dentro, adentro tenía un hermoso dibujo, casi un autorretrato de él y su padre. Un dibujo que le tomo días, todo el trabajo le tomo un par de semanas, ya que se fijaba en cada detalle, lo hizo lo más perfecto que pudo, busco los materiales perfectos, porque era lo que merecía Minato, sabía que estaría orgulloso de él, quería ver su expresión de orgullo más que nada.

Naruto siempre jugaba solo en los recreos, pero últimamente lo único que hacía era sentarse en la banca hasta que sonara el timbre.

¿Puedo sentarme? – Iruka lo acompañaba cuando podía.

Claro Iruka-sensei – Le dio un plato de ramen, antes el rubio habría saltado de felicidad, pero ahora solo sonrió y le agradeció.

Sé que le entregaras esa tarjeta a tu papá muy pronto Naruto – El confiaba en eso – Es la mejor tarjeta de la clase, deberías esforzarte así en todas tus tareas.

Muchas gracias sensei – Sostenía la tarjeta, estaba muy orgulloso de ella y ya moría por verla en manos de su padre.

Al salir del colegio, los brabucones de la escuela que siempre evitaba, le tendieron una emboscada.

¿Qué quieren? – Trato de aparentar valentía.

Nada pobretón – Los tres fornidos niños lo rodearon - ¿Qué podrías darnos tú? ¿Esa ropa que le robaste a un vagabundo?

Ya empezaron con sus burlas, se reían mientras él se mantenía callado, cada que intentaba irse le tapaban el paso.

Uno de ellos le quito la mochila.

Veamos que basura traes – Abrió el cierre.

¡No! – Jugaron al típico pase, como si de vóley se tratara, lo insultaban entre carcajadas - ¡Dénmelo por favor!

El líder del grupo metió la mano en la mochila explorándola, saco la tarjeta.

¿Qué es esto? – La reviso ante los ojos horrorizados del rubio – Mira que cursi resultaste – La lanzo a su compañero.

¿Es una tarjeta del día del padre? Pero tu pobre padre no está aquí ¿O sí? – Esa fue la gota que rebaso el vaso, Naruto se lanzó a puñetazos contra él.

Le repartieron golpes hasta hacerle sangrar, pero el solo pensaba en el regalo de su padre. Lo dejaron tirado con la nariz sangrando, y lanzaron la tarjeta al basurero no sin antes partirla a la mitad.

El pequeño Naruto se levantó sacudiéndose el polvo y esculco el basurero hasta que finalmente saco ambas mitades. Se lavó la sangre en el baño del colegio.

Llego cojeando a su casa.

Cuando vio una camioneta que claramente pertenecía a la armada en su patio. Se corazón de detuvo por un momento, corrió adentro. Su padre por fin había llegado.

En la sala estaba Jiraya y un hombre uniformado. Ambos lo miraron serios. Jiraya tenía las ojeras muy marcadas ¿Estuvo llorando?

Sintiendo que le faltaba el aire pregunto qué pasaba, mientras un vacío se alojaba poco a poco en su interior.

Siéntate por favor Naruto – Esa mirada lo decía todo, pero se negó a aceptarlo.

¡Díganme que paso! – En cualquier momento caería de rodillas, no sentía que pudiera mantenerse de pie más tiempo.

Esa noche Naruto lloro más que nunca, abrazado a su tarjeta. Sintiendo su mundo desmoronarse, paso horas sin dormir arreglando el regalo, tratando de no empañarlo con sus lágrimas, como si pudiera entregarlo.

Sé que le entregaras esa tarjeta a tu papá muy pronto.

Mintió.

Volveré pronto hijo.

Mintió.

Tu padre cayo en batalla, murió como un héroe, salvo a muchos soldados, trajo honor a tu familia.

Termino de arreglar la tarjeta para el funeral a ataúd cerrado.

Tiempo después, cuando la depresión pudo ser más camuflada por el pequeño, Jiraya le conto, a insistencia de Naruto, toda la verdad.

Su padre se había lanzado sobre una mina para evitar que murieran sus camaradas. Se sacrificó en todo el sentido de la palabra.

Al terminar la guerra el gobierno le dio a Naruto la medalla de máximo valor en honor a su padre. Al heroísmo. El rubio la llevaría cada día de su vida en el cuello.

En esa ceremonia conoció a las familias de los soldados que su padre había salvado.

Eso le trajo paz, pero el vacío que dejo Minato le dolería toda su vida. Algunos días más que otros, la herida se abriría lastimándolo como la primera vez.

Hoy era uno de esos días.

Caminaba solo por el bosque, ya casi llegando a la carretera. Cuando se cruzaba con un caminante acababa con el sin variar su expresión.

Un par de días atrás enterró a Sarada cerca de la cabaña que le había devuelto las esperanzas.

Ahora las había perdido de nuevo.

¿Cuánto sufrimiento más tendría que pasar? Se conocía, pronto volvería a sonreír y ser el mismo de siempre, para que de nuevo le suceda cosa tras cosa, no sabía cuál era su límite. Si alguna vez no se recuperaría, si decidiría quitarse la vida.

Ni siquiera pensaba en Sakura.

Hace un tiempo ellos decidieron crear un plan de emergencia, si se separaban por algún motivo se volverían a encontrar en el lago que estaba a al menos cuarenta kilómetros de distancia. Ahora se dirigía ahí, sin pensar en si la encontrara o no. Solo era algo automático.

Estos días tuvo suerte al no encontrarse con un grupo grande, un hecho en el que no reparaba.

Solo caminaba evitando pensar en lo ocurrido, en lo que podría pasar y básicamente con la mente en blanco. Comía por instinto lo que encontraba, cualquier cosa.

Alguna sucia manzana podrida, un par de desafortunadas marmotas, paquetes de galletas mohosas. Bebía agua turbia y estancada.

Eso sí tenía consecuencias, su estómago le dolía todo el tiempo.

Luciendo así, con esos ojos sin vida, con ese andar tan lento, cubierto de sangre. No era tan diferente a los caminantes.

Quizás pronto formaría parte de alguna horda oficialmente. O quizás se encontraría con cierto imbécil en el camino.

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Por fin pude ver sus reviews, gracias chicas. Pronto habrá mas SasuSaku, ya que finalmente este es un fanfic de mi amada pareja, pero no puedo forzar las cosas. Así que aguanten un poquito mas con estos capítulos, todo lo que pasa es importante. Sobre todo la desaparición de esos dos, desencadenara un montón de cosas.

En fin, espero que les haya gustado, y cualquier sugerencia o cosa, estoy atenta a la caja de comentarios.

Hasta pronto.