.
.
VACACIONES SIN CONTRATIEMPOS
.
.
Disclaimer: ni la historia, ni los personajes me pertenecen. Esto es una adaptación.
Summary: Con esa tendencia a no librarse de los constantes contratiempos y su forma de ser caótica, Isabella no es la mujer más adecuada para el señor Edward Cullen, el joven de porte serio que siempre se rige por la lógica y por la razón. ¿O quizá sí? (ÉPOCA) ADAPTACIÓN.
HOLA BEBEEEEEEEES! Xd
Disculpen que las/os haya abandonado pero hace poco estaba en parciales y ya luego de ellos no tenia ganas de actualizar, pero ya volví y les tengo un regalo (redoble de tambores por favor) xD
UN MARATO00000N! \(*0*)/
Así es mis amores el día de hoy les estaré publicando algunos capítulos incluyendo este, estén pendientes!
MARATÓN CAPITULO 1/3
\(*0*)/
...
Capítulo 3
.
.
BPOV
.
El sueño parecía esquivarla, y finalmente Isabella abandonó la lucha. Se destapó retirando la colcha con las piernas y suspiró, decidida a hacer un buen uso de las tranquilas horas de oscuridad que todavía le quedaban por delante. Jamás había malgastado el tiempo ganado a un ataque de insomnio ocasional, aunque este ataque tuviera un motivo excepcional: su mente se negaba a dejar de revivir las sensaciones que había sentido mientras cabalgaba con el señor Cullen esa mañana. El ejercicio resultaba francamente exhaustivo.
Se cubrió con el batín, se calzó las zapatillas, y se dirigió a la ventana para admirar la bella escena invernal. La escarcha lo cubría todo con una sutil capa resplandeciente que aparecía y desaparecía mientras las nubes pasaban por delante de la luna.
«Hogar, dulce hogar», cómo lo había echado de menos durante esos meses; una larga ausencia que añadía cierto encanto a todos los detalles que recordaba de la casa y sus ocupantes. Ahora, el regreso le había resultado igual de dulce. Habían recuperado su equipaje esa misma tarde, y habían sacado el carruaje y los caballos de ese enclave sin demasiados problemas. Pero las noticias sobre el accidente y el estado de embriaguez de Gilbert habían llegado a oídos de su padre, y él la había llamado después de la cena para darle un fuerte abrazo y expresarle lo mucho que sentía lo ocurrido. Gracias a la insistencia de Isabella, su padre no había sido muy duro con el pobre Gilbert. En lugar de echarlo de patitas a la calle, había confinado al cochero a limpiar las cuadras durante un mes, y Isabella se sentía aliviada. Apoyó la cabeza contra el frío y húmedo cristal, deseando poder darle menos preocupaciones a su padre y más satisfacciones.
Se arrebujó en el batín, y decidió que no había nada más que hacer que olvidarse de ese día por completo. No necesitaba ninguna vela para llegar hasta la biblioteca.
Pensaba obsequiarse a sí misma con un magnífico regalo de bienvenida: apoltronarse en su sillón favorito y leer un buen libro. Seguramente eso la ayudaría a dejar de pensar en el problemático señor C...
— ¿Las jóvenes damas no suelen ir siempre acompañadas de una carabina con fauces de dragón?
Ella se quedó un momento paralizada en el umbral de la puerta de la biblioteca, cuando divisó al hombre problemático en cuestión, ocupando su sillón favorito, pero a pesar de ello no se demoró en contestar:
—No creo que a la señora Hale le haga gracia esa descripción. Lamentablemente, su hermana se ha puesto enferma y ha tenido que ir a su casa para ayudarla durante las vacaciones.
La pantera se levantó del sillón y se acercó al fuego que chisporroteaba en la chimenea.
— ¿Dejándola desprotegida?
Ella elevó la barbilla con porte desafiante.
—No estoy... desprotegida.
Él enarcó una ceja mientras examinaba la amplia estancia.
— ¿Ha traído a uno de esos cachorros con usted?
Ella sonrió.
—La verdad es que esos animalitos son infalibles. ¿Acaso cree que necesito protección?
Él cerró el libro que sostenía en las manos.
— ¿De los tipos como yo?
—Bueno... quiero decir... —balbució ella—, usted no es...
— ¿Peligroso? —remató él con una sonrisa burlona.
La interrogación le provocó a Isabella un delicioso escalofrío en la espalda. Él se había desprendido de su abrigo y del pañuelo que lucía en el cuello, y simplemente llevaba una camisa de lino blanco por encima de sus elegantes pantalones. Estaba de pie ante ella, con una elegancia decadente, y con el cuello a la vista. Isabella no podía apartar los ojos de ese nuevo trozo de piel expuesto por primera vez. Imaginó que podía ver su pulso desbordado de tensión en su cuello, siguiendo el mismo ritmo frenético que el que le marcaba su propio corazón.
—Es un invitado de mi padre, y mi padre no suele invitar a... hombres peligrosos.
—Entiendo. —Su mirada era inescrutable, y consiguió que Isabella se acalorase. — ¿Está completamente segura?
Ella tuvo que hacer un esfuerzo para no dar un paso atrás.
—Me parece que intenta aparentar ser más temible de lo que verdaderamente es, señor. Pero esta mañana se comportó como un verdadero caballero al rescatarme, y no como un villano. Además, me cuesta creer que una mente asesina decida ocultarse en una biblioteca en plena noche, para leer... —dio un paso hacia delante para obtener una mejor perspectiva del libro que él sostenía entre las manos— ¿a Jonathan Swift?
—A veces me divierten los escritores pesimistas como Swift —confesó tranquilamente, sin perder la compostura—. Me levantan el ánimo, por comparación.
— ¿No suele estar animado?
—Casi nunca, pero claro, los asesinos como yo tenemos que guardar las apariencias.
Isabella se echó a reír.
—Procuraré no olvidarlo.
—Bueno —dijo él, cruzándose de brazos y apoyando todo el peso de su cuerpo en la pierna derecha. Sus ojos la repasaron de arriba abajo con una evidente apreciación, haciendo que Isabella recordara de repente que no iba convenientemente vestida para un debate sobre literatura—. He de admitir que jamás se me había ocurrido que el hecho de reflexionar sobre mis gustos literarios pudiera ser tan... revelador.
— ¡Vaya! ¡Qué calamidad! —exclamó ella suavemente, mientras una ola de vergüenza invadía todo su ser. Con toda esa plática sobre el peligro, se había empezado a imaginar a ladrones y a asesinos, mientras que él se estaba refiriendo a la imprudencia de conversar con un individuo prácticamente desconocido, a solas, en mitad de la noche, y con pijama.
Él la miró solemnemente, pero sus oscuros ojos verdes se iluminaron divertidos al ver que ella se estaba poniendo visiblemente nerviosa.
Isabella empezó a juguetear con un botón de su batín.
—Yo... creo que será mejor que me vaya. Tampoco es que pensara quedarme; sólo pretendía coger uno de mis libros favoritos y regresar a mi habitación. —Se dirigió hacia una de las estanterías y tomó un volumen sin siquiera mirar el nombre. Lo estrechó contra su pecho y volvió a girarse hacia él—. Bueno, pues nada, buenas noches.
Él soltó su libro sobre el sillón y se le acercó; las llamas del fuego realzaban sus rasgos felinos. Isabella sintió simultáneamente un escalofrío de placer y una leve crispación de miedo. Era como si, de repente, cada uno de los nervios de su cuerpo se sintiera en armonía con él, sin importarle en absoluto que fuera tan tarde.
Se detuvo ante ella, isabella notó que le faltaba el aire. Seguramente no se atrevería a...
Él deslizó los dedos por la cubierta del libro, y se lo quitó de las manos con una pasmosa facilidad.
— ¿El manual de lady Peabody sobre cómo crear bellas composiciones florales?
—Yo no... Yo no podía dormir —intentó excusarse ella.
—Ah, pues entonces, seguro que esto solventará su problema. —Le ofreció nuevamente el manual—. Así que es uno de sus libros favoritos, ¿eh?
Isabellla le arrebató el pequeño volumen, lamentándose de no haber elegido un libro sobre el arte de propinar buenas patadas en la espinilla que seguramente contendría unas cuantas anécdotas divertidas. Elevó la cara y lo miró a los ojos, y otra fulminante ola de alarma la hizo estremecer. Él se hallaba muy cerca, pero de un modo extraño, no suficientemente cerca.
« ¡Vamos, vete! Dale las buenas noches y vete. Te estás comportando como una verdadera mema», se reprendió en silencio.
Sin embargo, en lugar de eso, se oyó a sí misma decir:
—Quería darle las gracias por... mantener su palabra. Podría haberlo contado antes, en el salón, cuando la señora Clearwater empezó a referir mis travesuras infantiles.
—Un caballero siempre mantiene su palabra. —Sus ojos se oscurecieron de un modo tan seductor que Isabella sintió otro sedoso escalofrío de placer en la espalda.
—Pues me siento afortunada, de estar ante un caballero —susurró.
Él sacudió la cabeza lentamente; la luz del fuego iluminaba su sonrisa embaucadora, una sonrisa que logró inmovilizarla mientras él se le aproximaba aún más.
— ¿Es ésa la impresión que le doy?
—Bueno, usted... —De repente, Isabella no podía recordar por qué creía que él era todo un caballero, ni mucho menos por qué estrechaba el libro de lady Peabody con tanta fuerza contra el pecho, como si fuera un escudo—.Sí, lo es.
—Ah —asintió él con la cabeza. — Si usted lo dice, entonces supongo que será verdad. —Levantó la mano lentamente y acarició la larga trenza que reposaba sobre el hombro de Isabella. — Sin embargo, me parece que he rehusado con demasiada facilidad a la oportunidad de jactarme de haberla rescatado. Seguramente su padre se sentiría encantado de...
— ¡No se atreverá!
—Bueno —dijo él, encogiéndose de hombros, un simple gesto que desvió la atención de Isabella de su enorme mano, que seguía acariciando su trenza. — Desde el momento en que acepté engañar a su padre, no he dejado de sentirme culpable; es un hombre por el que siento un enorme respeto y del que espero ganarme la confianza para que lleguemos a hacer algún día negocios juntos. Mi reputación está ahora en entredicho, y me hallo a su entera merced. No creo que sea justo que me haya pedido ese enorme favor sin...
— ¿Sin? —ella contuvo la respiración.
—Sin darme nada a cambio —soltó él, con una voz profunda y suave, como una caricia.
— ¿Quiere dinero? —exclamó ella, perpleja.
Edward arqueó las cejas con incredulidad, y sus dedos cesaron de jugar con la trenza de Isabella.
—Señorita Swan, tiene usted una imaginación muy traicionera.
— ¿Qué clase de pago sugiere, entonces? —lo apremió ella.
—Yo estaba pensando en un beso.
Por un momento, Isabella podría haber jurado que el espacio de separación entre ellos había disminuido, que súbitamente todo el aire en la biblioteca se había cargado eléctricamente. La sensación la envolvió con tanta celeridad que se maravilló de que, sin siquiera tocarla, él pudiera evocarle un calor tan parecido al que uno sentía cuando le subía la fiebre.
Los labios de Edward rozaron los de ella por un momento fugaz, un roce sedoso lleno de promesas; pero antes de que Isabella pudiera saborear el tierno impacto del beso, él la estrechó entre sus brazos, desplegando las gigantescas manos en su espalda, y las primeras impresiones se desvanecieron en un dulce mareo mientras la boca de él se posaba implacable sobre sus labios. Ella abrió la boca ante el torrente de pasión desenfrenada, y el descubrimiento de la lengua de él y las sensaciones que despertaron en su interior lograron que perdiera el mundo de vista. Él le mordisqueó el labio inferior, y Isabella notó cómo se derretía ante ese lujurioso placer tan delicioso. Jamás se había sentido presa de una pasión tan licenciosa, que la llevaba a desear tocarlo y probarlo. Soltó un gemido, que no se parecía al suspiro que lanzaría una dama. Era un pequeño gemido de necesidad, que se le había escapado sin querer, mientras se arqueaba contra él, anhelando más.
Sin previo aviso, él concluyó el beso de una forma gentil, y a Isabella se le cortó la respiración cuando él retrocedió un paso y aflojó los brazos alrededor de su talle.
—Señorita Swan...
— ¿Sí?
Ella se mantuvo rígida; le costaba un enorme esfuerzo centrarse en su cara. De repente, sus bellas facciones se contrajeron en una mueca de consternación al pensar en la descarada reacción que había tenido ante ese beso embriagador.
«Oh, no. Estoy segura de que, como mínimo, una dama habría protestado ante tal desfachatez. ¿Lo habré defraudado, al no actuar de ese modo?» Él la soltó y se inclinó hacia delante para recoger del suelo el libro que Isabella había soltado, y ella sintió que la preciosa intimidad del momento se escurría de sus dedos.
—Esté tranquila. Guardaré fielmente su secreto. —Edward le ofreció el delgado volumen y acto seguido hizo una leve reverencia, concluyendo de ese modo tan efectivo el mágico momento.
—Espero que disfrute de la excelente compañía de lady Peabody.
Ella asintió, todavía medio mareada, y salió de la sala disparada como una flecha.
En lugar de sentirse aliviada, estaba confusa por el abrupto final de ese beso y por el sentimiento de una absoluta decepción.
« ¿Decepcionada? ¿De que él me acabe de demostrar que es todo un caballero? ¿Cómo es posible? ¿Qué opinaría la señora Platt? Algo severo acerca de no perder el mundo de vista ni un sólo momento, y de actuar con el debido decoro, seguro. ¡Santo cielo! Pero si estaba ahí, en pijama, charlando con él... y dejando que él me...»
No le cabía la menor duda de que el señor Cullen se había sentido defraudado ante su reacción. Se encerró precipitadamente en su habitación, y pensó que debería estar agradecida de que la única testigo de su locura más reciente fuera lady Peabody y sus bellas composiciones florales.
.
EPOV
.
Edward la observó mientras ella se marchaba, y necesitó unos instantes para recuperar la compostura.
« ¡Maldita sea!»
Regresó junto al fuego y empezó a pasearse delante del sillón sintiendo una enorme frustración. Había ido a la biblioteca para alejarse del fantasma de Isabella Swan, que no lo dejaba dormir, y lo que había pasado era que había sucumbido al encantamiento de la sedosa piel de esa hechicera. Isabella había llegado ante él como una visión envuelta en encajes de color marfil y lacitos verdes, y toda su sobria filosofía se había desmoronado como un castillo de naipes.
El pequeño reloj barroco sobre la repisa de la chimenea marcaba las doce y media, y Edward detuvo su marcha finalmente. Su intención no había sido tocarla, ni mucho menos iniciar un juego sensual de chantajes. Pero no había tenido la sensación de que eso fuera un juego. Por primera vez en su vida, su lógica infalible no se había entrometido en su camino para recordarle las peligrosas consecuencias.
La inexperiencia de ella había quedado dulcemente en evidencia, pero ver su inocencia y su reacción inesperada cuando él la tocó tampoco le provocó ni una gota de aversión. Sin embargo, ella era la hija de su anfitrión. Él era un huésped bajo su techo. Sería un terrible acto de villanía aprovecharse de la invitación de Swan para seducir a su hija. Además, sólo faltaban unas pocas semanas para el debut de la señorita Swan en sociedad, y la muchacha poseía una fortuna con la que cualquier soltero sin compromiso, que se hallara en la franja entre los dieciocho y los ochenta años, soñaría. Una voz seca en su interior le recordó que ella era exactamente la clase de condecoración que su propia familia esperaba que él consiguiera.
Ahora, todos sus votos de integridad personal y proclamaciones contra ese tipo de matrimonios le sabían a ceniza en la boca. Si un caballero jamás faltaba a su palabra, entonces, se había metido en un buen lío.
CUÉNTENME MIS AMORES!
¿Que les pareció el cap de hoy? ¿Valió la pena tanta espera? ¿y que me dicen del beso? DIOSSS
¿Que piensan del maratón, les gusta la idea?
Por favor dejenmelo dicho en sus reviews, ustedes saben que me encanta leerlos y lo mejor de todo es que son gratis xD
LES MANDO UN BESOTE Y NOS ESTAREMOS LEYENDO EN EL PRÓXIMO CAP :*
Roxy Sanchez: La señora clearwater no es mala simplemente le gusta ser el centro de atención y encuentra demasiado divertidos los infortunios de isabella como para no compartirlos. Que bueno que te haya gustado mi recomendación y si quieres mas solo tienes que decirme, en lo personal a mi me gustan humor/ romance, de hecho es todo lo que leo xD y una que otra con drama.
Gabs Frape: Espero que si ;) besos para ti.
vanex: de nada, espero que te haya gustado!
Gracias a todas/os las/os que siguieron y marcaron como favorito tanto a mi como a esta adaptación, muchas gracias por el apoyo:
cielo carlie cullen, SweetRosemary76, CammiB, Maybgnz, AdriiRomero14, mican, Rucky, Dark Side of Everyone, Semivampiro, Meiko23, PanquesitosConLeche92, tulgarita, nikyta, elizabeth1485, gabylmutis, Lunita Black27, BaniBlack, AnnaLau2, Ine L.B, Delvis Daiana, bbluelilas, ADEC, monze urie, beky09, Gabs Frape, aday, scarlett003, Aliapr-peke, Autumntales, .56, crazzyRR, snowcullen, Dess Cullen, bbluelilas, zeron97, DBMR1, Miss Rose Atomic Frozen, Little Whitiee, , ang3lpop, MiaCarLu, Karen CullenPattz, danielaMc1, IngridMMP, Eni-Cullen-Masen.
Mil gracias por sus reviews a :
vanex
Gabs Frape
PanquesitosConLeche92
Maribelho
Lunita Black27
KarenCullenPattz
crucitaegr
DBMR1
bbluelilas
Roxy Sanchez
Tahirizhita grey pattz
y a los anónimos también ;)
