Difíciles despedidas

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Cuando el castaño salió de casa, media hora antes de la acordada con el arcobaleno de la tormenta, definitivamente no esperó encontrarse con este en la puerta.

—Buenos días —saludó alegremente, pese a su sorpresa.

—No sabía que te despertaras tan temprano —dijo en respuesta, con cierto tono de preocupación—. ¿Lo sueles hacer?

—Lo cierto es que suelo despertarme mucho más tarde —bueno, no era una mentira del todo. Se despertaría unos quince minutos después de la hora en la que se había levantado aquel día, y de hecho el anterior se despertó antes.

Además, desde que aprendiera a levantarse sin necesidad de que alguien lo hiciera e ir a su colegio solo, sus padres consideraron que era lo suficientemente mayor para prepararse y marcharse sin su atención, pese a que seguía teniendo cinco años.

En principio tenía algo de miedo a ir sin nadie acompañándole, pero asumió que le habían encargado un trabajo de mayores y no quería decepcionar a sus progenitores.

Así pues, reunió su escasa valía y fue completamente solo a clases.

Llegó de una pieza al menos, con algunos raspones debido a alguna que otra caída, además de que se había perdido por completo en un punto, llegando media hora después del horario de entrada, y eso gracias a la ayuda de un amable policía que se había encontrado.

Al segundo día tuvo el cuidado de no perderse, le habían reprendido el llegar tarde y no quería volver a ser regañado.

Se hubiera sentido orgulloso de sí mismo por entrar en su hora de no ser porque fue objetivo de las burlas de sus compañeros, quienes al verlo llegar sin nadie, le decían que sus padres no le querían y por ello le enviaban completamente solo, adjuntando que así estaría toda su vida.

No estaba por decirle eso a Fon, parecía algo preocupado y no quería darle más motivos para ello. No quería que le tuvieran lástima o algo así, ni mucho menos.

Se consideraba algo afortunado. Cierto era que no tenía mucha felicidad en su rutina, pero había aprendido a vivir con ello. Al menos tenía ropa, comida y agua, algo que sabía que algunos niños como él no tenían, y por ello se alegraba de las pequeñas cosas.

Por eso esbozaba su mejor sonrisa mientras mentía a medias. No era que le gustara, ni mucho menos, pero no quería preocupar al arcobaleno innecesariamente.

—¿Seguro? —cuestionó inseguro Fon, recibiendo un asentimiento por parte del castaño.

Cerró los ojos un instante y cedió, empezando ambos a caminar hacia el parque.

El pequeño tenía ganas de aprender el idioma, y había demostrado gran inteligencia. Solo en sus viajes había podido aprenderse alguna que otra palabra de tanto escucharla, aunque fuera un saludo solamente.

Tsuna había visto que era muy divertido el aprender con el arcobaleno, y quizá comprendía más que con sus profesores.

Sin embargo, toda su diversión se cortó cuando, en un cruce, su intuición se volvió loca, gritándole que se escondiera.

No dudó en tomar a la pequeña tormenta y ocultarse con él detrás de un contenedor. Tras unos minutos, asomó su pequeña cabeza para ver cómo el mismo chico que el día anterior se había topado cruzaba la calle, visiblemente malhumorado.

—¿Por qué te escondes de él? —preguntó Fon, asomándose también.

Solo respondió cuando su agresor salió de su campo de visión.

—Ayer… discutimos —buscó la palabra más suave—. Y… no es bueno que me encuentre.

—¿Discutir? Ese chico te duplica la edad —le miró con fijeza, y el castaño enfrentó inseguro su análisis visual.

—Sí… bueno… —dijo dubitativo.

—¿Se mete contigo? —preguntó directamente, incrédulo.

—A veces… —sonrió nerviosamente.

—La verdad —pidió con cierto tono serio, haciendo que Tsuna se estremeciera ligeramente. Sin embargo, tan solo abrió la boca cuando fue interrumpido—. Sí o no.

—Sí… —confesó algo apenado—. Pero es normal, la mayoría…

—No es normal —le cortó de nuevo—. ¿La mayoría? ¿Saben tus padres de eso?

—No lo sé… —respondió incómodo, apretando su conejo.

—¿No se lo has dicho?

—Yo… —lo cierto es que sí lo había hecho, haría cinco meses, pero nada había cambiado demasiado.

Estaba seguro de que ni siquiera le creyeron, y no insistió más en el tema. No servía de mucho, y además no quería que sus padres se molestaran por ello.

—Tsuna-kun —llamó Fon, sacándole de sus pensamientos—. Sí o no, dímelo.

—Sí… —dudó un momento, pero sabía que el arcobaleno era de confianza. Era su amigo.

—Y no ha servido de mucho, por lo que veo —el castaño agachó la cabeza, con pena.

—Estoy acostumbrado —le sonrió con cierta tristeza.

—No deberías estarlo —rebatió, y no pudo negar tal acusación—. No sabes defenderte, ¿verdad?

—Soy torpe y no muy listo… —se defendió vagamente, si es que a eso se le podía llamar defensa, claro.

—Eso no es cierto —Fon se entristecía al oír la propia opinión que el pequeño tenía de él mismo. Su autoestima era baja, por no decir nula—. ¿Quién te lo ha dicho?

—Nadie —en realidad, todos con los que convivía en su día a día. Pero Fon se veía triste, y era por su causa.

Tsuna no quería entristecerle más.

—No sé por qué no eres sincero —el castaño se sorprendió de su perspicacia—. Pero me hago una idea. Y te enseñaré como defenderte, Tsuna-kun.

—No es… —empezó, pero fue interrumpido nuevamente.

—Me parece que no te gusta la violencia, ¿verdad? —adivinó, y no había errado—. Tranquilo, sólo te enseñaré a defenderte en el caso de que te ataquen. No tienes por qué hacer daño a nadie a menos que sea necesario.

El chiquillo reflexionó la propuesta del pequeño azabache por unos momentos, para luego asentir.

—Está bien, pero no quiero herir a nadie… —reiteró.

—Sólo sino te atacan antes —aclaró.

—Pero a mi me duele cuando me golpean, ¿no sería igual a ellos si les hiciese lo mismo? —cuestionó—. No quiero que me hagan daño y por eso no quiero herir a nadie.

—¿Has herido a alguien antes? —Tsuna negó—. Y sin embargo, te golpean… ¿habitualmente? —el desvío de la mirada castaña le hizo saber que estaba acertado—. Decidido, te entrenaré para que puedas defenderte.

Empezó a caminar, diciéndole así que no quería reproche alguno. El pequeño le siguió, alcanzándole y volviendo a sus particulares clases de italiano de camino al parque.

Fon le había aclarado de que le enseñaría ambas cosas y habían quedado en verse cada mañana durante una hora y media. El arcobaleno le iría a ver a su casa y se quedarian en el parque hasta que pasase el tiempo establecido y fuera al laboratorio de Verde para que pudiera seguir sus travesías.

—Eres rápido, Tsuna-kun —dijo el pequeño azabache, viendo al agotado niño frente a él.

Había puesto a prueba las habilidades atléticas que el castaño tenía, y solo había sacado en claro que su velocidad era bastante buena.

A Tsuna no le sorprendía demasiado, pues debido a sus carreras para huir de sus agresores, su resistencia y rapidez eran bastante aceptables.

Lo serían más si no tuviera que caerse cada cinco minutos, tropezando con sus propios pies. Sus reflejos eran nulos.

—Continuaremos mañana —le ofreció una botella de agua, la cual el chiquillo bebió con felicidad.

Le entregó también el sombrero y el conejito que habían quedado bajo su custodia por petición del mismo castaño.

Se encaminaron a la cercana entrada del laboratorio del arcobaleno del rayo, charlando animadamente sobre qué se iría a encontrar esa vez en aquel viaje.

Su intuición estaba tranquila, por tanto no parecía que nada malo le fuera a suceder. Fon le había comentado que era una gran ventaja tener esa especie de sexto sentido, y que le ayudaría a desarrollarlo.

—Parece que os lleváis muy bien —dijo Verde al verles entrar juntos, sentado como siempre en la silla rotatoria frente a su ordenador—. Aunque sigues sin ser bienvenido —miró al maestro de artes marciales, quien sonrió.

—Me sigue sorprendiendo el que dejes a un niño pequeño entrar a tu preciado laboratorio, Verde. Estaba seguro que tenías sentimientos más allá de tus investigaciones, pero no me lo esperaba —el aludido chasqueó la lengua ante su contraataque.

A Tsuna le parecía especialmente gracioso que le denominaran como niño cuando era mayor que ellos, pero no hacía ningún comentario al respecto más que nada porque tenía la sensación de que ambos eran más adultos de lo que aparentaban. Pensaban y actuaban como tal, de hecho.

—Como sea —evadió el científico—. Supongo que estarás impaciente —dirigió su mirada al castaño, quien rió levemente, algo nervioso.

—Un poco —adoraba hacer esos viajes, y a esas alturas sabía que, aunque su intuición le dijera a gritos que sería peligroso, igualmente lo haría.

Ambos rieron ante las palabras del chiquillo, haciendo que este se sonrojara ligeramente.

Verde se incorporó de un salto y los tres se dirigieron hacia el espacio que el pequeño ya conocía casi de memoria.

Con una sonrisa alegre, no dudo en entrar en el recipiente transparente en cuanto se abrió, y los arcobalenos rieron otra vez ante su impaciencia.

—Has logrado algo que no te proponías con tus inventos —le dijo Fon a Verde, quien le escuchaba sin despegar su vista de la pantalla—. Le das alegría a un niño, muy noble por tu parte.

—No exageres, en principio no pensaba hacer que se divirtiera —confesó, e incluso él mismo se dolía por haber pensado en ello en su momento.

—Lo sé —no adjuntó nada más, y el científico terminó de codificar todo para que el castaño pudiera empezar un nuevo trayecto.

—Tienes hasta las once de la noche —le dijo al pequeño, quien asintió—. Son las nueve, asi que tienes tiempo de sobra.

El chiquillo podría rebatir eso diciendo que había tenido muy poco en su último viaje, pero no lo hizo. En su lugar, se despidió con la mano de ambos, antes de desaparecer del lugar.

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Cuando abrió los ojos, se vio en un lugar totalmente inesperado.

Arena, juegos, algunos niños… un parque. Pero no era desconocido, de hecho, podía jurar que era el mismo donde el laboratorio se escondía bajo tierra.

Empezaba a pensar que Verde se había equivocado en algo, cuando distinguió las diferencias entre el parque que él conocía y ese que se presentaba ante sus ojos.

—¡Cuidado! —miró en dirección a la advertencia, advirtiendo cómo un balón se acercaba a la velocidad de la luz hacia él.

Viéndose incapaz de esquivarlo, puso sus manos en posición de protección mientras cerraba los ojos, esperando el impacto.

Sin embargo, nunca llegó.

—¿Cómo…? —preguntó cuando abrió los ojos, totalmente asombrado ante lo que veía.

Como si de un truco de magia se tratase, o quizá como si el tiempo se hubiese detenido, la pelota estaba detenida frente a él. Literalmente, estaba flotando en el aire.

Extendió sus pequeños brazos, tomando el esférico con incredulidad. Al principio no pesaba, pero luego sintió la gravedad actuar de nuevo y se vio obligado a sujetarla con más fuerza.

Observó el objeto con mucha sorpresa en su mirada.

—¡Lo siento! —alzó la mirada para ver a un chico de unos siete años que se acercó a él, tomando el balón y volviendo con sus amigos. Parecían disputar un partido de entrenamiento.

—¿Estás bien, pequeño? —se giró ante la nueva voz, descubriendo a un chico pelirrojo de orbes rojizos, que le miraba con preocupación. Su mirada cambió a una sorprendida cuando vio su rostro—. No puede ser… ¿Tsuna-kun?

El pequeño castaño asintió, pero cada vez entendía menos. No sabía quién era ese chico que parecía aparentar unos diecisiete, ni por qué lo conocía. Pero no parecía ser malo, y le resultaba muy familiar…

—¿Cozart-nii? —ladeó la cabeza, sorprendido por el gran parecido. Era la versión algo más joven del pelirrojo que había conocido en su otro viaje.

—No, me llamo Enma —corrigió—. Pero si eres Tsuna-kun… ¿por qué eres tan pequeño? ¿Y no estabas en Italia? —cuestionó—. Si no recuerdo mal, pronto será la ceremonia de sucesión y por eso no has asistido a clases como los demás.

Se refería a su otra versión, la que la mayoría parecía reconocer. ¿De verdad era tan conocido? No era precisamente popular en su clase, al menos no en el buen sentido.

—Es una historia algo larga… —respondió.

—Tengo tiempo, no te preocupes —le sonrió.

Se sentaron en un banco cercano y el chiquillo empezó a explicarle con cierta emoción lo relativo a sus viajes en el espacio-tiempo, la razón por la que le había confundido con su ancestro y recordando que en su primera travesía le había visto algo más adulto en algún lugar de la mansión.

—Es una historia increíble, Tsuna-kun —se emocionó Enma cuando terminó de relatar.

El pequeño rió. Se había llevado muy bien con el pelirrojo, era muy gracioso y amable con él.

—Y dices que volverás por la noche, ¿verdad? —miró su reloj—. Son las nueve y media, queda mucho tiempo. ¿Te parece si te invito a un buen desayuno? —cuestionó al escuchar el gruñido del estómago del chiquillo.

—¡Sí! ¡Gracias! —exclamó agradecido, levantándose del banco con rapidez y ya tirando de la manga del mayor—. ¡Vamos, vamos!

—Está bien —rió el pelirrojo, obedeciendo al pequeño y encaminándose hacia lo que sería la comida del castaño.

Sin embargo, en la salida se les interpuso una joven de cabellos azabaches atados en una coleta alta con visible molestia hacia Enma, quien se estremeció ligeramente al verla.

—¡Con que aquí estabas! —se acercó al chico y le jaló la oreja con tal fuerza que hasta a Tsuna le dolió—. ¡Te he dicho que no te vayas sin avisar!

—¡Lo siento! ¡Lo siento! —se disculpaba a gritos—. ¡Por favor! ¡Duele!

—Espero que hayas aprendido la lección —finalmente le soltó, cruzándose de brazos y dejando la oreja más roja que el cabello del chico.

—Si no es uno es otro —murmuró, recordando los generosos entrenamientos por parte del tutor de su amigo castaño mientras se acariciaba su adolorido oído.

Estaba aliviado de que se había ido con Tsuna a Italia, pero parecía haber dejado a Adelheid como reemplazo.

—¿Y este crio? —sus fríos orbes miraron al chiquillo, quien se estremeció.

—Es Tsuna-kun, ha viajado del pasado —respondió Enma con una leve sonrisa al ver cómo el niño se escondía tras suya, ocultándose de la mirada de la azabache.

—Enma, eres un ingenuo —suspiró la joven—. ¿Tú sabes las probabilidades que hay de que un crio de unos cinco años viaje en el tiempo?

Ambos chicos se miraron, buscando una respuesta que no sonara demasiado ilógica a la pregunta.

—Bueno… —empezó el pelirrojo, mirando a su guardiana—. Lambo-kun puede…

Sonrió al ver que la chica no tenía manera de rebatir aquello. Era cierto, el pequeño rayo podía usar su Bazooka siempre que quisiera.

—Como sea —evadió—. ¿Qué piensas hacer con el niño?

—Cuidarlo —respondió como si fuera lo más normal del mundo.

—¿Sabes cuánto trabajo da un niño? Lo dejaremos con… —no fue capaz de finalizar la frase.

El pequeño le miraba con sus orbes almendra con ilusión, miedo y pena, asomándose entre las piernas de la tierra.

Esa mirada derretía al mismo hielo.

Miró al pelirrojo en un intento de ignorar a Tsuna, viendo como este le dedicaba una expresión apenada.

Eso era un ataque doble, y era injusto.

—Está bien, nos lo quedaremos —suspiró—. Pero dejad de mirarme así.

El castaño, alegre, salió de su refugio y le tendió su conejito al pelirrojo, quien lo tomó con cierto asombro, y luego corrió para abrazar las piernas de la chica, ante la sorpresa de esta.

—¡Gracias! —agradeció mientras le sonreía ampliamente, arrancándole una pequeña sonrisa a la muchacha.

—Creo que es la primera vez que te veo sonreír así en años —se asombró Enma—. Tsuna-kun hace milagros.

Se estremeció la sentir su mirada helada nuevamente, borrando esa alegría de su rostro.

Sin embsrgo, tomó al chiquillo en brazos y se puso en marcha, alegando que debía empezar por darle algo de comer. Enma la siguió inmediatamente, alcanzándola y empezando a charlar los tres con el mini-Tsuna, que era como le habían apodado en broma.

—¿Estás segura de que quieres desayunar aquí? —cuestionó el pelirrojo, algo divertido.

—Me apetecería sushi matutino —replicó con su tono habitual, aunque con algo de picardía.

—¡Me gusta el sushi! —exclamó alegre Tsuna, sin entender muy bien el trasfondo de la conversación y siendo dejado en el suelo mientras Enma le devolvía su peluche.

Estaban frente a un restaurante de sushi, sí, pero no uno cualquiera. Era el mismo donde trabajaba el guardián de la lluvia, ayudando a su padre.

Los Simon sabían a la perfección que solo el castaño había ido con su tutor a Italia, quedándose los guardianes solos en Japón. Enma recordaba lo nervioso que estaba por ello, más por Namimori, dado que sus amigos podías destruirla entera.

Los adolescentes se preguntaban qué expresión pondría el beisbolista cuando viera a su querido cielo en versión niño.

—No se hable más —Adelheid, sin esperar más aprobaciones, deslizó la puerta.

—Bienvenidos a… —la voz que les recibió se cortó de inmediato al ver a los clientes.

Tsuna vio a un chico de pelo azabache y orbes café claros prácticamente saltar de detrás del mostrador. Le sonaba a dos personas, al espadachín y a Asari-nii, algo más joven.

Como no sabía el nombre del primero, se arriesgó por el segundo cuando el chico se agachó a su altura y le observó con fijeza.

—¿Tsuna? —preguntó.

—¿Asari-nii? —cuestionó dubitativo al mismo tiempo, sorprendiendo un poco más al joven.

—No, me llamo Takeshi —sonrió—. Pero… ¿es Tsuna? —miró a ambos Simon, quienes asintieron.

—Ha viajado desde el pasado —explicó brevemente el pelirrojo.

—¿Volverá en cinco minutos? —cuestionó.

—Volverá a las once pero hasta ese momento tendremos que quedarnoslo —Adelheid se hizo una idea en el camino.

El beisbolista se incorporó, sonriéndole ampliamente al chiquillo.

—Es muy gracioso verlo tan pequeño —rió.

Entonces, el estómago de Tsuna reclamó su desayuno prometido pero que no llegaba.

—Parece que tienes mucha hambre, Tsuna —comentó divertido el azabache—. Tranquilo, te prepararé una buena comida enseguida.

El pequeño lo agradeció infinitamente con una gran sonrisa, y los tres tomaron asiento en el restaurante.

Tal y como prometió el joven, su desayuno estuvo servido en cuestión de minutos en frente suya. El castaño devoró todo con suma alegría, ante las sorprendidas miradas de los tres.

—Tsuna-kun es muy rápido comiendo —comentó Enma—. Si que debía tener hambre.

Ninguno le contradijo.

—Una cosa, ¿ese sombrero no es muy parecido al del pequeñín? —observó Takeshi.

—Es de Reborn-nii —sonrió el pequeño.

Los mayores se miraron entre ellos, con cierta incredulidad. Incluso Adelheid sabía que Reborn era de todo menos cariñoso con el castaño.

—¿Reborn-nii? —repitió Enma, como si no hubiera entendido bien la palabra.

El niño le había comentado supreficialmente que había conocido a varias personas en sus travesías. Además, Tsuna llevaba más tiempo soportando los espartanos entrenamientos del ex-arcobaleno, y se quejaba menos que él, quien llevaba una considerable diferencia de tiempo. Pero el hitman no era precisamente suave.

Takeshi, que había probado eso de primera mano al ser entrenado por él una temporada, sabía que sus métodos de enseñanza estaban lejos de ser agradables.

¿Desde cuándo podía Reborn, que inspiraba temor y era más sádico que cualquiera, ser apreciado por un pequeño de cinco años?

El chiquillo nunca entendería por qué se sorprendían tanto cuando mencionaba el nombre del hitman, al igual que tampoco era nada del otro mundo al historia de cuando estuvo con él y la pareja militar.

También comentó acerca de sus otros viajes, y las risas no faltaron. Estuvieron charlando unas buenas horas, interrumpidos a veces por las peticiones del padre de Takeshi para que este le echara una mano.

—Dominarás el mundo, Tsuna-kun —rió Enma cuando acabó de contar sus relatos.

Había tenido en su mano al mayor hitman del mundo, a dos de los mejores militares, al mejor escuadrón de asesinato independiente, a la familia Millefiore, e incluso a los primeros Vongola, por no incluir a su propio ancestro. Además de que había viajado junto a sus futuros guardianes, aunque él no lo supiera.

Y tan solo había conseguido ganarse a toda esa gente tan temible con una simple sonrisa y siendo él mismo. Incluso Adelheid no había podido resistirlo.

Sin embargo, de todo era adorablemente inconsciente. Por ello, ante su afirmación, ladeó la cabeza en señal de confusión.

—Tienes razón —apoyó el azabache con su sonrisa habitual.

Antes de que Tsuna pudiera preguntar a qué se refería, la puerta se abrió, dejando ver a un par de clientes peculiares.

—¡Chicos! —llamó Takeshi, atrayendo la atención de los recién llegados—. ¡Venid!

Al distinguir una cabellera castaña anti-gravitatoria, ambis se dirigieron con rapidez hacia la lluvia.

—¿Décimo? —el castaño vio frente a él a un joven de cabello plateado y orbes verdes que se asemejaba a G-nii y al hombre de su primer viaje.

—¿Sawada, al extremo? —cuestionó un albino, el cual le recordó a Knuckles-nii y al de su otra travesía.

—¿G-nii? ¿Knuckles-nii? —arriesgó, recibiendo una negación por parte de ambos.

—Explica esto, friki del béisbol y la espada —demandó el de cabellos plata, secundado por su compañero.

Cuando aclararon lo que había ocurrido respecto a su cielo y su edad, ambos se encariñaron rápidamente con el chiquillo, y este con ellos, por supuesto.

Decidieron salir a dar una vuelta para que el pequeño no se aburriera, decidiendo ir camino al parque.

Sin embargo, en el camino se encontraron con más personas de manera inesperada.

Primero llegaron los ilusionistas de la niebla, quienes pasaban allí en búsqueda de comida y para matar el rato cuando se toparon con el grupo y el pequeño cielo.

Chrome se encariñó con su "mini-boss" y decidió acompañarlo mientras estuviera con ellos, y Mukuro la acompañó. Sin embargo, debía admitir que el mini-Tsunayoshi era bastante tierno, y te hacía querer cuidarlo como si de tu vida se tratase.

Más tarde, aparecieron el resto de la familia Simon, buscando a su tierra y hielo. Claramente, al ver al pequeño se sorprendieron, pero el chiquillo quiso que el grupo aumentara y era imposible negarse a una petición suya cuando miraba con esos orbes almendras tan luros y esa sonrisa tan radiante.

Adelheid lo sabía de primera mano.

Al llegar al parque, tras hacer una parada para comer —entre los relatos y las interrupciones en su camino se había hecho de tarde—, se encontraron con un Fuuta de doce años que había llevado a sus pequeños "hermanitos" a jugar.

Se sobra está decir que Lambo e I-pin se llevaron estupendamente bien con Tsuna encogido, y ambos jugaron a lo grande en el recinto, junto a todos los demás que les habían acompañado.

En esos momentos, de hecho se encontraban jugando a pasarse la pelota, cuando al castaño se le escapó, teniendo que ir a por ella a un pequeño bosque que se hallaba cerca.

—Pelota, pelota… —murmuraba mientras revisaba el suelo, buscando el esférico.

Acabó chocando contra un árbol, cayendo hacia atrás al suelo.

—¡Itee! ¡Duele! —se quejó, sobándose la cabeza.

Miró hacia arriba y se dio cuenta de dos cosas.

Una, no se había chocado contra un árbol.

Dos, era un chico de cabello negro y fríos orbes que daba mucho miedo, le recordaba a Alaude-nii demasiado, además que tenía la sensación de haberlo visto antes.

—Lo… siento… —se disculpó torpemente.

—¿Omnívoro? —arqueó una ceja, centrando su fija mirada en él.

El castaño negó con la cabeza, y quiso correr lejos de allí cuando vio que el azabache sostenía el balón.

—¿Me… podría devolver el balón…? —pidió, y para sua alegría no puso pegas y se lo dio—. ¡Muchas gracias! —agradeció con una amplia sonrisa.

No parecía ser tan malo, había veces que, cuando le obligaban a jugar al fútbol en el colegio, hacían que fuera a recoger los balones a las zonas donde estaban los mayores.

Estos no eran tan amables con él, ni mucho menos.

Se dispuso a irse cuando vio a un pequeño pajarillo en la cabeza del mayor, y quiso tocarlo.

—¿Puedo tocarlo? —cuestionó emocionado, señalando el animalillo.

Pareció pensárselo unos instantes, pero en cuanto amplió su sonrisa, hizo que el ave bajara a sus manos.

El castaño lo acarició, y el polluelo se dejó hacer. No huía ni se asustaba.

Tras jugar con él, se lo devolvió al azabache y, ya sin miedo alguno, le pidió que jugara con todos a la pelota.

En principio se negó, pero puso su mejor expresión de pena y acabó cediendo.

Así, llegó con el temible Hibari Kyoya, conocido por su odio a las multitudes, para jugar a pasarse la pelota con un extenso grupo.

Claro, las burlas de cierta piña no faltaron, y la nube no tenía demasiada paciencia. Asi pues, casi se enzarzan en una pelea de no ser por la intervención del castaño, quien pidió con lágrimas en los ojos que no pelearan, porque quería que todos fueran buenos amigos.

Ante las tiernas palabras de Tsuna y su expresión que partía el corazón a cualquiera, decidieron aparcarlo por el momento.

La sonrisa que esbozó el chiquillo cuando vio que había detenido la disputa, era más que hermosa y enternecedora.

Sin embargo, todo llegaba a su fin y, tal como pasó en su anterior viaje, su tiempo se culminó sin que se lo esperara, mientras contaban cuentos en medio del parque, con una linterna que Lambo había sacado para dar más ambiente.

—Está desapareciendo —se percató Kyoya, señalando con el ceño fruncido al castaño que abrazaba su peluche con temor debido a la historia.

Fue entonces cuando se percató que su tiempo era limitado y que debía volver a su anterior vida…

—Significa que me tengo que ir… —se incorporó y miró a todos con pena.

No quería volver. Estaba muy a gusto ahí, con todos ellos, en un lugar donde era más que aceptado.

Todos le querían. Le apreciaban.

Y posiblemente no volvería a verlos.

—Nos veremos en un futuro, Tsuna-kun —Enma sonrió, o hizo el intento de sonreír, sin poder evitar unas cuantas lágrimas.

—Tiene razón, Tsuna, nos veremos —Takeshi ni siquiera podía esbozar su habitual sonrisa.

Los demás les siguieron, despidiéndose con lágrimas en los ojos del pequeño castaño. Sabían que le iban a extrañar, e incluso Tsuna podía jurar haber visto un deje de tristeza en los rostros de Mukuro, Kyoya y Adelheid, los únicos que no lloraban ni decían nada, se limitaban a observar.

No era una despedida, ni siete. Era como despedirse de unas veinte personas que le habían cuidado, jugado con él, querido por cómo era.

Eran unas díficiles despedidas, más sabiendo que no había probabilidad de volverse a ver.

Los orbes castaños del niño se empañaron y se convirtieron en lágrimas. Enma, haciendo uso de sus llamas de la tierra, alzó al pequeño y todos —excepto los tres— aprovecharon para abrazarlo.

Como si así pudieran impedir su marcha.

Pero eso no funcionaba así.

Porque por mucho que se aferraran a él, que Hibird le acariciara, que le miraran con lástima, no iba a dejar de desaparecer.

Porque su tiempo se había agotado y tenía que volver a su época.

Una época que detestaba que fuera su lugar.

Una época a la que no quería regresar.

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Salut lectores~. Es larguito, estoy de buen humor porque...

CHANCHANCHAN

TENGO UN ANILLO VONGOLA.

El de mi Kyoya ;w;

Bien, respondiendo a la pregunta que me han hecho, lo digo para todos.

Este fic es un Universo Alternativo, creo que lo dije XD. Por tanto, puedo meter aqui todas las locas ideas que tenga, pero la pregunta es si se crea o se está creando otra línea paralela.

Si lo queréis ver de esa manera, supongo que la respuesta es sí. Mi teoría acerca de este tema es que, las decisiones que tomamos en cada momento crea una linea diferente y por eso hay tantas y tantas. Algo parecido sucederia aqui, con los encuentros y viajes, asi que sí, es otra línea paralela pero desde un principio ya era un UA XD.

Y respondiendo a vuestros comentarios:

Kurai-chan. MANTEN A RAYA TU IMAGINACIOOOOOON XDDDDDD.

Yo no descarto ni afirmo nada porque después me pica y me da por hacer ahí la locura sabes XD. Pero como explique arriba, pues eso espero que resuelva tu duda y de todas XD.

Fiz-chan, pues ala, el dos por uno XDDDDDD. Ahí lo tienes, que has insistido eeeh XD.

Y bueno, lamento los rompekokoros, no es inrencionado (o quiza si) XD Okno.

Fan-Tsunachan xD, a veces es dificil poner las respuestas y muchas veces me desanimo pero mis lectores se merecen lo mjor por leer esto y pues eso XD. Me alegro que te guste n.n y bueno, siento lo de tus feels XD.

Y bueno, nada es imposible pa mi pero XDDDD.

Pd: ¿puedo decirte… Fan-chan? XD

Shiho-chan sea pues. Como dije, mis lectores lo merecen por leerme aunque a veces uf, cuesta responder a todooo.

Yi-chan, SSSSHHHHHHHH. STOP IDEAS. XD. Aquí tienes el siguiente, y bueno se te ha cumplido mas o menos XD.

Sil-chan, es muy probable.

Se me ha ocurrido una idea todo loca que es posible que haga XD. ES MUY LOCA. MUY LUNATICA COMO YO VALE.

¿Qué creeis que será?

Bien~. ¿Merezco review? ¿Disparo? ¿Tartita?

¡Au revoir! Nos leeremos pronto~.