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VACACIONES SIN CONTRATIEMPOS

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Disclaimer: ni la historia, ni los personajes me pertenecen. Esto es una adaptación.

Summary: Con esa tendencia a no librarse de los constantes contratiempos y su forma de ser caótica, Isabella no es la mujer más adecuada para el señor Edward Cullen, el joven de porte serio que siempre se rige por la lógica y por la razón. ¿O quizá sí? (ÉPOCA) ADAPTACIÓN.


Capítulo 6

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BPOV

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— ¿Victoria? —Isabella volvió a llamar a la puerta con suavidad. El baño caliente y la ropa limpia le habían calmado los nervios considerablemente. Ahora sólo deseaba pedir disculpas a Victoria antes de la cena; necesitaba una aliada, no una rival, y la única culpable de esa ridícula disputa había sido ella. Dejando de lado el tremendo efecto que el señor Cullen despertara en sus sentimientos, no tenía derecho a criticar a Victoria con tanta saña. Su prima había sido una confidente leal, siempre dispuesta a aconsejarla. Oh, cómo deseaba contarle la nefasta propuesta de la señora Clearwater a su padre, y cómo anhelaba escuchar unas reconfortantes palabras de afecto que la ayudaran a armarse del coraje necesario para salir de esa encrucijada.

Pero nadie contestó a la puerta.

—Perdone, señorita Swan, pero la señorita Hunter ya ha bajado al comedor —le comunicó una de las criadas al pasar por delante de ella en el vestíbulo, y Bella aceptó la derrota.

—Gracias, Betsy. Bajaré a reunirme con ella.

Betsy se inclinó en señal de cortesía y desapareció por el pasillo, Isabella enfiló hacia las escaleras que conducían a la planta principal. Quizá aún podría pillar a Victoria sola en algún momento y reparar parte del daño que había provocado. Ensayó un monólogo mientras caminada, pero perdió la línea de sus pensamientos justo cuando alcanzó la puerta de la sala contigua al comedor. Se quedó paralizada delante de la puerta entreabierta; la voz de la señora Clearwater era inconfundible.

—Para serle sincera, señora Delani, considero que no es conveniente que un hombre críe a su hija él solo. Sí, ya sé que el señor Swan ha hecho todo lo que ha podido, y que no le ha quedado más remedio que recurrir a institutrices ajenas a la familia, pero ¿de qué le ha servido?

—Oh, no sea tan trágica. Esa muchacha es...

La señora Clearwater la interrumpió. Sólo había permanecido callada unos instantes, el tiempo necesario para recuperar el aire en los pulmones.

— ¿Cómo puede comparar la labor de una desconocida con el apoyo y el amor materno? A la señorita Swan la han sobreprotegido, y me temo que también la han malcriado, como suele suceder con las hijas únicas. Es natural que el señor Swan haya actuado de ese modo, al carecer de los sabios consejos de una mujer, que le habría sugerido que no se mostrara tan benévolo con su hija.

— ¡Oh! —exclamó la señora Delani.

Desde la posición estratégica de Isabella al otro lado de la puerta, le pareció que la señora Delani había adoptado la acertada decisión de no contestar. Sabía que escuchar desde detrás de una puerta era un acto terrible, pero Isabella no conseguía dar la orden a sus pies para que se movieran.

—Por lo menos, ahora puedo ofrecerle al señor Swan mi ayuda ante el inminente debut de su hija. —Bajó la voz ligeramente, e Isabella se sonrojó al darse cuenta de que se estaba apoyando en la puerta para escuchar las siguientes palabras—. Es un momento crucial en la vida de una jovencita. Estaré encantada de ayudar a Char... al señor Swan a orientar a su hija por el camino que la ha de conducir hasta un matrimonio dichoso.

«No hay nada que hacer. Cuatro semanas en compañía de esta arpía, y estaré dispuesta a casarme con el primer hombre que me lo pida... ¡Sólo para escapar de ella!»

— ¡Señorita Swan! —El señor Delani la sobresaltó. Se le había acercado por la espalda sin que Isabella se hubiera dado cuenta—. ¿Todavía no están dentro los demás?

—Sí, es sólo que... me estaba preguntando si debería haber bajado con un chal.

—En el vestíbulo hay más corriente de aire que en la sala de estar y en el comedor, ¡se lo aseguro! Venga, querida, estoy seguro de que hace rato que nos esperan. Tengo fama de llegar siempre tarde, así que no le ocultaré que estoy encantado de haberla encontrado.

El señor Delani la guió a través del umbral de la puerta, directamente a la primera línea de fuego.

— ¡Ah! ¡Aquí llega mi chica favorita! —La señora Clearwater se levantó para propinarle su típico abrazo efusivo—. Me han dicho que esta tarde ha hecho un enorme esfuerzo por recuperar a mi Jacob. Muchas gracias.

—Oh, no hay de qué. Finalmente lo atraparon en el jardín, ¿no es así?

— ¿Se imagina? Todo ese infernal trajín, y finalmente fue nuestra tímida señora Delani la que consiguió apresarlo. ¡Y lo único que hizo fue quedarse sentada y bien quieta, sin mover ni un solo dedo! —exclamó la señora Clearwater, felizmente asombrada, y luego regresó al sofá que ocupaba. —La verdad es que... conté con la valiosa ayuda de la cocinera —confesó la señora Delani, visiblemente sofocada—. Sólo fue necesario ofrecerle los restos de la cena del día anterior, envueltos en una servilleta.

—Bueno, por lo menos consiguió capturarlo sin tener que aprender a nadar — añadió Victoria al entrar en la estancia. Sonrió afablemente y continuó con su plática—: Señora Delani, ha demostrado usted ser una mujer muy resuelta e inteligente, al pensar en ofrecerle un delicioso cebo al perrito.

—Sí, muy inteligente —repitió Isabella con el tono más dulce que pudo, al ser consciente de que no dispondría de ninguna oportunidad para disculparse ante su prima. Sin lugar a dudas, ésa iba a ser una velada de lo más incómoda; se lo había ganado a pulso con su comportamiento indebido unas horas antes.

—Nuestros perros siempre tienen hambre, así que me limité a probar suerte — explicó la señora Delani.

—Bueno, pero es que nuestros perros son mucho más grandes —aclaró el señor Delani, mostrándose encantado de que se hablara de un tema que le resultara familiar—. Siempre están dispuestos a cazar, aunque son lo suficientemente disciplinados como para que los podamos tener dentro de casa.

Afortunadamente, la conversación se desvió momentáneamente de la indirecta que había lanzado Victoria sobre el incidente de Isabella, y los congregados continuaron hablando sobre perros y sobre las preferencias que demostraban tener esos animales.

Isabella intentó llamar la atención de su prima, pero no lo consiguió. Después, cuando su padre hizo su aparición en la sala acompañado de un elegante señor Cullen, un criado anunció que la cena estaba servida y todos los allí presentes se dirigieron al comedor.

Isabella hizo todo lo que pudo por ignorar el otro extremo más animado de la mesa. Le resultaba difícil adivinar si los encantos de Victoria estaban surtiendo efecto, pero por lo que parecía, no faltaba la algarabía femenina alrededor del señor Cullen, puesto que la señora Clearwater había aunado sus fuerzas a las de Victoria. A Isabella aún le costaba más concentrarse en el discurso del señor Delani sobre las mejoras que estaba implementando en su nuevo molino cuando se dio cuenta de que, nuevamente, el tema de los charcos de barro había salido a colación.

— ¿Qué era esa alusión a aprender a nadar que mencionó antes? —le preguntó la señora Clearwater a Victoria.

—Isabella se cayó en un charco lleno de barro, ¡pobrecita! —Reveló Victoria—. Ha tenido mucha suerte de no pillar una pulmonía.

—Bueno, tampoco es que quedara completamente empapada —contraatacó el señor Cullen, con una severa expresión de desagrado.

—El señor Cullen es muy gentil. Su extrema educación no le permite confesar que Isabella estaba cubierta de barro desde la cabeza a los pies. —suspiró Victoria— Seguramente habrá echado a perder su abrigo, señor Cullen. (N/A: maldita victoria ¡NO LA SOPORTO! -.-*)

— ¡Qué desgracia! —La señora Clearwater estalló en una risotada.

—Cuando los vi, perdí un poco los nervios —admitió Victoria, con unos ojitos de gatita cariñosa—. Le debo una disculpa, señor Cullen, pero es que al ver a mi querida prima en ese estado tan deplorable, sentí vergüenza ajena. Espero no haberme excedido con mis comentarios, señor.

— ¿Y cómo no iba usted a estar alterada? —añadió la señora Clearwater rápidamente—. ¡Menuda escena! ¡Estoy segura de que incluso ha sido más impactante que la vez que la señorita Swan intentó pintar a sus gatitos! —En el otro extremo de la mesa, el señor Swan carraspeó y la señora Clearwater le propinó una sonrisa contrita—. Bueno, quizá será mejor que dejemos esas historias para otro momento...

Victoria se mostró irremisiblemente animada, y se inclinó hacia el señor Cullen.

— ¿Le ha contado ya la señora Clearwater nuestros planes para la fiesta de Nochebuena, señor?

Él sacudió la cabeza.

—No.

— ¡Pero si aún no he tenido la oportunidad de hacerlo! —La señora Clearwater hablaba mientras saboreaba la cena—. El señor Cullen tiene una innata habilidad de escabullirse como un pez.

—Oh, estoy segura de que lo único que le sucede al señor Cullen es que está muy ocupado con cuestiones laborales. No debería burlarse de él, señora Clearwater. Probablemente tiene cosas más importantes que hacer que interesarse por nuestros planes. —Victoria rozó el brazo de Edward con su mano mientras se disponía a asir la copa—. Pero mañana por la noche, finalmente conseguiremos que nos preste la debida atención.

Él arqueó una ceja con suspicacia.

— ¿Y cómo piensa conseguirlo?

—Isabella y yo amenizaremos la velada con una canción. Un villancico, ¡y puedo asegurarle que no será capaz de apartar los ojos de ella! —Victoria soltó una risita llena de picardía—. Será una noche memorable.

Edward desvió la vista y la clavó en Isabella, que lo miraba visiblemente angustiada.

La última esperanza que tenía de escapar de esa ridícula actuación musical se desvanecía mientras el resto de los convidados añadían algún que otro comentario a la propuesta.

— ¡Oh! ¡Me parece una idea magnífica! —exclamó la señora Delani.

—Siempre lo harán mejor estas dos bellas señoritas que yo —bromeó el señor Delani—. Cuando canto, desafino más que un perro aullando a la luna.

Todos se echaron a reír, salvo una o dos excepciones. Isabella sabía por qué a ella no le había hecho gracia el comentario, pero no alcanzaba a comprender por qué el señor Cullen no se había reído ante la ocurrencia.

La cena tocó a su fin, y los congregados se dispersaron para encerrarse en sus habitaciones o hacer lo que más les apeteciera. Isabella acompañó a su padre; la rutina del señor Swan dictaba tomar una copita de oporto y fumarse un puro después de la cena en su acogedor despacho. Al llegar a la puerta, ella dudó sobre cómo abordar un nuevo y delicado tema que la preocupaba.

—Papá... Veo que estás muy a gusto con la señora Clearwater, ¿no es cierto?

La cara del señor Swan adoptó repentinamente un tono encarnado, y rápidamente bajó los ojos. Isabella estaba segura de que sabía la respuesta.

—Se ha portado como una excelente amiga durante todos estos años, y no puedo negar que admiro su vivacidad y su elocuencia.

—Entonces me alegro por ti.

Él sacudió la cabeza.

—Tus pensamientos son más transparentes que una copa de cristal, mi cielo. No puedes imaginarme con otra mujer, después de cómo quise a tu madre, ¿verdad?

—No... bueno, quizá sí. Siempre me has dicho que nadie puede reemplazarla, y aunque no me parezca mal que vuelvas a casarte, la señora Clearwater no es precisamente... la clase de persona con la que te imagino feliz.

Él se echó a reír.

—Hablas como una mamá preocupada por su hijito que está a punto de abandonar el nido. Mira, Isabella, ya no soy un joven sin experiencia. Prefiero dejar la pasión a los de tu generación. Mi felicidad no exige las mismas cotas maravillosas que exigía antaño.

— ¿Estás seguro? —Ella se inclinó hacia delante, más preocupada ahora, porque él acababa de admitir que sus sentimientos estaban tan refrenados—. Quizá, cuando vayamos a Londres, serás tú el que encuentre a la pareja perfecta.

— ¡Ah! —Él le apresó una mano entre las suyas—. Me parece que eres una romántica empedernida.

— ¡Qué va! —Ella sonrió—. No creo que a ti te gustara tener una hija romántica.

—Mi cielo, te estás volviendo demasiado seria. —Le estrujó los dedos cariñosamente—. Lo que quiero para ti... es un buen partido. Ella asintió, y bajó la vista para analizar detenidamente su mano apresada entre las de su padre.

— ¿Y qué es lo que quieres para ti, papá?

—No me precipitaré a la hora de tomar una decisión, te lo aseguro. Si me vuelvo a casar, será por unas buenas razones, ¿me entiendes?

—Muy bien, papá. —Lo besó cariñosamente en la mejilla, y lo dejó en compañía de su copa de oporto.


Victoria cada vez más me cae peor!

¿QUE LES PARECIÓ EL CAP? recuerden decirmelo en un Review ¿si? por favor, ya saben que amo leerlas/os y saber de ustedes.

LES MANDO UN BESOTE


Gracias a todas/os las/os que siguieron y marcaron como favorito tanto a mi como a esta adaptación, muchas gracias por el apoyo:

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Mil gracias por sus reviews a :

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y a los anónimos también ;)