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VACACIONES SIN CONTRATIEMPOS

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Disclaimer: ni la historia, ni los personajes me pertenecen. Esto es una adaptación.

Summary: Con esa tendencia a no librarse de los constantes contratiempos y su forma de ser caótica, Isabella no es la mujer más adecuada para el señor Edward Cullen, el joven de porte serio que siempre se rige por la lógica y por la razón. ¿O quizá sí? (ÉPOCA) ADAPTACIÓN.


HOLAAA MIS AMORES!

Ya se que no quieren saber de mi porque soy una irresponsable de M$#%& , la verdad es que no he podido actualizar porque me esta yendo pésimo en la universidad y ya estoy en exámenes finales. No puedo descuidar mis estudios y se que muchas/os de ustedes me entenderán.

Intentare actualizar lo mas pronto posible, pero no les prometo nada.

Tengo unas cuantas adaptaciones que quiero compartir con ustedes, pero aun no las termino y la verdad es que no me gusta compartir una nueva historia si no tengo adapta por lo menos la mitad de ella. Muy pronto les estaré informando de ellas ya que estoy pensando en ponerlos a elegir a ustedes cual sera la próxima adaptación que compartiré.

Díganme que le parece la idea ¿si?


Capítulo 7

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La conversación con su padre había dejado a Isabella más confundida y abatida que antes. El señor Swan había bromeado sobre el romanticismo, y había dicho que el amor era únicamente una eventualidad al alcance de los jóvenes, pero luego había declarado de nuevo que lo que quería para ella era un buen partido.

Isabella podía aún escuchar el eco de los consejos de la señora Platt resonando en su cabeza: «Una mujer rica y con suficiente sentido común puede permitirse ignorar a aquellos que sólo desean estar con ella por su fortuna».

¿Era el señor Cullen uno de esos individuos de los que la intentaba prevenir la señora Platt?

Aplastó la almohada por enésima vez, intentando acomodarse, y se preguntó qué era lo que le causaba más dolor: si pensar en el señor Cullen, o intentar no pensar en el señor Cullen.

Se decidió por la segunda alternativa, propinó unas pataditas a la colcha para deshacerse de ella, y se sentó en la cama sintiendo un terrible sentimiento de frustración.

«¡Muy bien! ¡Puesto que intentar no pensar en él me quita el sueño, recurriré a la táctica contraria!»

Aspiró profundamente y se dispuso a permitir que la imagen de él acaparase toda su mente mientras analizaba determinados detalles concernientes a su comportamiento: lo serio y firme que Edward Cullen se había mostrado esa noche, comparado con los demás, y en cambio, lo divertido y relajado que se había mostrado cuando la encontró sola, inmersa en todo su esplendor lodoso. Parecían dos hombres absolutamente distintos, pero en lugar de sentirse molesta ante esa realidad, Isabella sintió un extraño orgullo por la habilidad que había demostrado para arrancarle una carcajada a ese hombre tan taciturno.

«Por lo menos tengo ese talento. Y a él no parecía importarle mi actitud, tan impropia de una señorita... ni el lío que provoqué con mi incidente.»

Se incorporó de la cama y empezó a buscar el batín y las zapatillas.

«¿Qué es lo que me atrae tanto de ese hombre?» Emplazó los dedos helados en la frente y aguardó la respuesta inevitable: «Se ríe en el momento oportuno, y jamás a mi costa. Me defiende, incluso cuando estoy anegada de barro hasta la coronilla. Y cuando me toca... sólo deseo que no deje de hacerlo».

«¡Maldita sea! ¿Y todavía no me entran ganas de dormir?»

Ella sonrió ante su fallido experimento.

«Pues no, todavía no. Entonces, lo único que se me ocurre es volver a la biblioteca, dejar reposar a lady Peabody en su estante, y esperar a que él esté allí dentro. Necesito verlo.»

Al fin, la razón ganó la partida. Abandonó su cuarto, pero en lugar de recurrir al apoyo moral que le aportaba lady Peabody con sus fabulosas ideas para bellos adornos florales, llevaba unos cuantos regalos de Navidad debajo del brazo. Era muy tarde, pero no se molestó en encender una vela.

La sala de música contigua al saloncito verde ya estaba decorada para la fiesta, e incluso bajo la tenue luz de la luna, ofrecía un ambiente cálido y acogedor. Unas bonitas guirnaldas navideñas adornaban la repisa de la chimenea y algunos muebles de la estancia, y no costaba nada imaginar el aspecto que tendría la sala dentro de unas pocas horas, con todas las velas encendidas y el brillo destellante de las copas de cristal. No había nada como la elegancia festiva de una celebración en Navidad.

Isabella avistó algunos regalos sobre la mesita rinconera, y añadió los suyos a la pila. Para Victoria había comprado unas cintas de pasamanería de importación y un delicado peine, pero ahora no estaba segura de sí era el regalo más apropiado. Sólo esperaba que su prima lo aceptara como una señal de admiración, y no como otra indirecta sobre su vanidad.

La estancia se iluminó con el brillo de una vela cuando el señor Cullen entró por la puerta ubicada en el otro extremo de la sala.

—Tengo la impresión de que me sigue, ¿me equivoco? —la acusó él.

Isabella se sintió presa de una enorme emoción al verlo de nuevo.

—Yo... también podría acusarlo de lo mismo, señor.

Edward sacudió la cabeza y se apoyó en el marco de la puerta.

—No, esta vez no.

Ella se cruzó de brazos.

—Yo estaba aquí primero, así que diría que todas las sospechas recaen sobre usted.

—No podía dormir, y me pareció oír ruido en la planta baja. Si sospechaba o esperaba que fuera usted, bueno, eso es algo que no pienso confesar. —Edward sonreía mientras depositaba la vela sobre la mesa, y al ver la cara totalmente iluminada de él, Isabella notó que le empezaba a faltar el aire para respirar.

En las sesiones especiales que la señora Platt ofrecía a sus pupilas por las tardes, a la hora del té, la instructora no dejaba de repetirles el peligro de admirar sólo una cara bonita. La señora Platt les había asegurado que, a menudo, un monstruo se escondía debajo de la superficie. Contemplando ahora a Edward, Isabella se preguntó qué se ocultaría debajo de esa fachada hipnótica. Si pudiera quitarle la máscara, ¿qué clase de monstruo encontraría? Le costaba mucho imaginárselo con escamas. Inclinó la cabeza hacia un lado para recapacitar sobre ese problema, pero se dio cuenta de que la idea de Edward sacándose la máscara, desnudándose, empezaba a parecerle seductora.

Isabella irguió la espalda instantáneamente, sorprendida de que su mente pudiera ser tan pérfida después de la noche que había pasado, inculcándose a sí misma disciplina. En lugar de un inocente debate interno filosófico sobre la naturaleza de los hombres, la imagen de Edward desabrochándose los botones de su camisa le aceleró el pulso y consiguió que se olvidara por completo del tema que ocupaba su conversación.

—¿Señorita Swan? —la llamó él con gentileza, acercándose un poco más.

—Mmmmm... ¿Sí? —Sus mejillas se encendieron de vergüenza—. Lo siento, me he distraído un momento.

—Pues daría cualquier cosa por averiguar qué estaba pensando en estos momentos.

—No... no creo que deba decírselo.

—Bueno, si es lo que usted desea... entonces, dejaremos que reserve sus secretos. —Hablaba con un tono marcadamente formal, pero acto seguido sonrió. Sólo el señor Cullen podía charlar con ella en mitad de la noche como si estuvieran en una reunión sobre cuestiones legales, un aspecto de su carácter que a ella le parecía absolutamente encantador.

—¿Y en qué estaba pensando usted? —le preguntó ella antes de que pudiera morderse la lengua; la curiosidad era superior a sus fuerzas.

—Estaba pensando que tengo una increíble habilidad para sorprenderla en pijama en los lugares más inesperados. —Alargó la mano para apresarla, haciendo con suavidad el cinturón de su batín.

—¡Oh! —Ella se sonrojó, incapaz de hallar las palabras adecuadas para protestar.

—Pero también estaba pensando que debo de ser uno de los hombres más egoístas que conozco. —Sus dedos se hundieron en el satín verde, y la atrajo un poco más hacia él.

—¿De ve... de veras? —tartamudeó ella, al tiempo que notaba el corazón a punto de estallar en su pecho. No podía ofrecer resistencia alguna; era como si los dos hubieran penetrado en un sueño.

—Debería haberla ayudado a regresar rápidamente a su casa para que se cambiara de ropa mucho antes de que llegara Victoria. Pero en lugar de eso, la retuve allí, con el traje mojado y anegada de barro... para mi propia indulgencia. —Sus dedos no soltaron el cinturón, pero dejaron de ejercer fuerza para permitir que ella se mantuviera a una distancia considerable de él.

—¿Su indulgencia?

—Estaba disfrutando mucho de su compañía, y no deseaba que se marchara. Jamás parece importarme su atuendo o su apariencia... siento un deseo egoísta de estar con usted a solas.

—Oh. —Isabella se mordió el labio inferior—. Bueno, eso se puede considerar... egoísta, supongo.

—¿Me perdona? —Edward empezó a sonreír.

—Las reglas son demasiado confusas para mí. —Ella se encogió de hombros, y sin poderse contener, le devolvió la sonrisa.— Yo soy la que, al intentar atrapar a ese pequeño bandido, me caí en el barro. Ya le dije que parece que tenga un imán para atraer problemas.

—Jamás volveré a dudar de ello.

Un silencio confortable se estableció entre los dos. Isabella se sorprendió a sí misma estudiando abiertamente el rostro de él e intentando descifrar al hombre que se escondía detrás de esos ojos oscuros. Al final admitió que la señora Platt podía tener razón, pero si realmente estaba en peligro, ¿por qué no lo notaba? ¿Por qué se sentía más animada cuando él estaba cerca? ¿Por qué su cuerpo reaccionaba con una energía inusitada que no podía describir ni dominar?

—¿Señor Edward?

—¿Sí?

—¿Le importa si le hago una pregunta?

Él asintió con porte solemne.

—Adelante.

—Verá, estaba pensando que apenas sé nada de usted.

—¿Y qué desea saber?

Ella dudó unos instantes antes de proseguir:

—¿Es usted un caza fortunas?

Edward parecía haberse atragantado, ya que empezó a toser y abrió desmesuradamente los ojos. Finalmente, consiguió recomponerse sin soltar el cinturón del batín satinado.

—¡Vaya cosas que se le ocurre preguntar!

—Tiene razón. No debería...

—¿Qué es exactamente lo que sabe sobre los caza fortunas, señorita Swan?

Toda la sabiduría aprendida en la escuela le pareció de repente frágil y hueca.

—Es tarde, y estoy cansada... así que le pido que me perdone. Lo que quería preguntarle es... por qué se muestra tan afable conmigo.

En lugar de sentirse insultado, Edward parecía sorprendido.

—¿Está insinuando que cualquier hombre que se muestre atento con usted es un caza fortunas?

—Supongo que dicho así parece ridículo —admitió ella—. Pero me han repetido mil veces que una joven heredera ha de ir siempre con los ojos bien abiertos.

—Su lógica no se sustenta, señorita Swan. —Él se acercó un paso más, y se dedicó a trazar una línea con un dedo que recorría su mandíbula—. Es usted bella y agradable como para atraer a cualquier hombre que desee. Debería tener más confianza en sus poderes femeninos. Si no, cuando tenga a todos los solteros de Londres postrados a sus pies, ¿qué pensará? ¿O acusará únicamente a su fortuna, para explicar el motivo de las innumerables propuestas de matrimonio que recibirá?

—Me adula...

—No —la atajó él con desenvoltura—. Nunca exagero, y hasta que la conocí, jamás me habría imaginado enzarzado en una discusión sobre los méritos de los caza fortunas.

—Siento mi torpeza; no debería haberlo cuestionado.

—Señorita Swan, está en todo su derecho a emitir las preguntas que le parezcan más convenientes, es más, yo todavía le debo algunas respuestas. —La acercó más a él, y con una enorme delicadeza repasó con los dedos la piel desnuda de su cuello. — En este momento, no me siento precisamente como un caballero porque la retengo entre mis brazos y sólo tengo ganas de besar cada centímetro de su piel.

—¡Vaya! —susurró ella, anhelando que él fuera capaz de proclamar que era un granuja y que sucumbiera a sus deseos.. . y a los de ella. — ¿Cada... centímetro?

Él asintió, con una expresión enigmática mientras se pegaba más a ella, respirando húmedamente sobre su frente. Isabella sintió cómo se le erizaba el vello en la nuca en señal de antelación a esas caricias embriagadoras. Edward bajó la cabeza, y quedó sólo a unos dos centímetros de ella; la tortura era prácticamente intolerable.

—Tiene... tiene una pasmosa habilidad para confundirme, señor. —Isabella tragó saliva, intentando no sucumbir al impulso de arrebatarle el cinturón, desabrochárselo ella misma y dejar caer el batín a sus pies.

La expresión de Edward se tornó más solemne mientras retrocedía unos pasos, soltando finalmente el cinturón y rompiendo deliberadamente el sortilegio sobre ella.

—Mi hermano tiene un título nobiliario, señorita Swan. Como segundo hijo de un aristócrata, mi padre espera que me case con una mujer que me aporte una sustanciosa dote. Pero hasta ahora me he negado a jugar mi papel. Así que ya ve, he humillado a mi familia, eligiendo dedicarme a los negocios en lugar de contraer un matrimonio de conveniencia. He logrado forjarme un nombre en el sector del comercio sólo con mis manos, y he dado la espalda a lo que otros hombres considerarían el camino más fácil.

—Oh —dijo ella, cruzando los brazos por encima del pecho para taparse el pijama.

—No estoy interesado en promocionarme ante los ojos de su padre a través de usted —continuó Edward, al tiempo que la frustración se hacía más evidente en su tono. — No estoy interesado en incrementar mis riquezas a partir de un matrimonio.

—Entiendo.

Él sacudió la cabeza. Sus ojos se mostraban oscuros e inescrutables bajo la luz de la vela.

—Y tampoco creo que eso sea lo que usted quiere. Porque, según lo que le han enseñado en esa escuela, supongo que respondo exactamente a la clase de hombres que debería evitar. Aunque no sea un caza fortunas, tampoco soy el caballero que usted se merece.

Antes de que Isabella pudiera pensar en algún comentario acertado para rebatir su discurso, él retrocedió un paso más entre las sombras.

—Tengo muchas ganas de oírla cantar en la fiesta, mañana por la noche, señorita Swan.

Se inclinó cortésmente antes de abandonar la estancia.

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EPOV

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Edward apretó los dientes mientras recorría el oscuro pasillo en dirección al ala que ocupaban las habitaciones. Le había contado la verdad, pero sólo parte de ella. Por el bien de Isabella, se dijo a sí mismo, aunque no encontró alivio en ese pensamiento.

Hacía días que ignoraba completamente las reglas de conducta, perdido en los ojos chocolate de ella, buscando cualquier oportunidad para tocarla. Esa noche nada habría sido distinto, y las visiones de inducirla a tumbarse en el suelo debajo de él, con el batín satinado a sus pies, consiguieron que su cuerpo se tensara con un doloroso deseo. Pero en lugar de eso, ella sólo le había preguntado una cuestión muy sencilla, y la lascivia había dado paso a algo completamente distinto.

Edward tenía suficiente dinero, pero reconocía que no era el mejor candidato para pedir la mano de Isabella. Nadie creería que su interés por ella no estaba vinculado a los bolsillos repletos de dinero de su padre. Seguramente, su propia familia sería la primera en aplaudir su maniobra magistral.

¿Pero cuál era la verdad que se ocultaba detrás de todo ese tinglado?

«¿Es usted un caza fortunas?», le había preguntado ella.

«Bueno, en cierto modo sí. Sí, porque quiero arruinar tu honra, y probarte, y hacerte mía, cueste lo que cueste. ¡Al cuerno con el resto!»


UUUUUY! TAL PARECE QUE EDWARD YA TOMO UNA DECISIÓN

¿QUE CREEN QUE PASARA AHORA?

..*. YA ESTAMOS EN LA RECTA FINAL.*..

¿QUE LES PARECIÓ EL CAP? recuerden decirmelo en un Review ¿si? por favor, ya saben que amo leerlas/os y saber de ustedes.

LES MANDO UN BESOTE


pattisoN: Si,la historia es de ella y estoy adaptando algunas mas de sus historias que quiero compartir con ustedes, se supone que actualizo una vez a la semana pero como pudiste leer al inicio estoy hecha un lio y no había podido actualizar hasta ahora.


Gracias a todas/os las/os que siguieron y marcaron como favorito tanto a mi como a esta adaptación, muchas gracias por el apoyo:

Ash-Friki de Briel Morgan, allie cullen masen, Allison Solange Flores Mertz, Ridy-Klaroline, alemale1415, Oveje98, Labios Rojos, isabella pia cullen, Roxy Cullen Masen, lapteagalaxy, Sanveronica, calvialexa, liduvina, Lucy Arya Whitlock Tonks, Alondrixs, covaric, jovipattinson, Fatavill, Heart on winter, Cherryland, cielo carlie cullen, SweetRosemary76, CammiB, Maybgnz, AdriiRomero14, mican, Rucky, Dark Side of Everyone, Semivampiro, Meiko23, PanquesitosConLeche92, tulgarita, nikyta, elizabeth1485, gabylmutis, Lunita Black27, BaniBlack, AnnaLau2, Ine L.B, Delvis Daiana, bbluelilas, ADEC, monze urie, beky09, Gabs Frape, aday, scarlett003, Aliapr-peke, Autumntales, .56, crazzyRR, snowcullen, Dess Cullen, bbluelilas, zeron97, DBMR1, Miss Rose Atomic Frozen, Little Whitiee, , ang3lpop, MiaCarLu, Karen CullenPattz, danielaMc1, IngridMMP, Eni-Cullen-Masen.

Mil gracias por sus reviews a :

pattisoN

Ine L.B

Little Whitiee

Suiza19

mican

vanex

Gabs Frape

PanquesitosConLeche92

Maribelho

Lunita Black27

KarenCullenPattz

crucitaegr

DBMR1

bbluelilas

Roxy Sanchez

Tahirizhita grey pattz

y a los anónimos también ;)