Promesa

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Cuando volvió a su tiempo, nunca pensó encontrarse tal escena.

Verde parecía perder en una pelea contra Reborn, Colonello y Lal discutían abiertamente y Fon no sabía qué hacer para tranquilizar a los cuatro, pero al menos lo intentaba. Por lo tanto, se acercó a este por detrás con cautela.

—¿Qué ha pasado, Fon-nii? —el arcobaleno de la tormenta giró al oír la voz del pequeño preguntándole.

—¡Tsuna-kun! Qué bien que hayas regresado —se alegró, y ante sus palabras todos detuvieron sus peleas y le miraron.

—¡Hola! —sonrió con inocencia, saludando con alegría—. ¿Por qué os peleáis? —cuestionó.

—No te preocupes por eso, simplemente es que Verde molesta mucho —respondió Reborn.

—¡Si eres tú el irritante! —acusó el rayo.

—¿Y vosotros? —miró a los dos militares, que echaban chispas por los ojos.

—Colonello tiene un agujero negro por cerebro —Lal se encogió de hombros.

—¡Eso no es cierto, kora! —exclamó el aludido.

Oyeron la risa del pequeño castaño ante la situación, y sonrieron inevitablemente.

—Eres increíble, Tsuna-kun —alabó Fon—. Los has calmado en cinco segundos, yo llevo una hora intentándolo.

—Pero si no he hecho nada —ladeó la cabeza, intrigado—. Solo he preguntado.

Era cierto, pero ninguno podía seguir molesto teniendo ese inocente rostro delante. El castaño parecía calmar el ambiente con su simple presencia y era imposible no contagiarse de la alegría que irradiaba.

—Veo que has hecho más amigos —comentó Verde al ver el peluche que cargaba.

El rostro del menor se iluminó, y empezó a contarles lo que había sucedido en su último viaje. Sin embargo, fue interrumpido prontamente por su estómago, que le exigía su comida.

—Se nota que tienes hambre, kora —dijo Colonello, divertido—. Seguro que se ha oído en medio mundo.

—¿E-eso es verdad? —se avergonzó Tsuna, sonrojándose como un tomate.

—Idiota —el rubio fue golpeado por su entrenadora, siendo enviado hacia el castaño en un descuido de Lal. Sin embargo, este lo pudo atrapar antes de que chocaran.

—¿Estás bien, Colonello-nii? —se preocupó, ignorando las miradas atónitas de todos los arcobalenos.

—Sí… kora —parpadeó sin salir de su asombro.

—Me alegro —sonrió ampliamente el pequeño—. ¿Pero por qué me miráis asi? ¿He hecho algo malo? —cuestionó al ver que ñas expresiones de sorpresa no se iban de los presentes.

—Fon, habías dicho que has entrenado un poco al pequeño, pero esto… —expresó Lal al cabo de unos minutos—. Ha podido atrapar a Colonello como si nada.

—Eso no se lo he enseñado yo —negó la tormenta.

—Creo que ya sé por qué es —habló Verde.

Entonces comentó a los demás sus descubrimientos acerca del poder sellado del niño, el cual se divertía jugando con los animales —ya no era solo Falcon y Leon, sino también Licht y Coco—, ignorando que la conversación iba sobre él.

—¿Llamas del cielo? ¿No son de las más raras, kora? —cuestionó Colonello, y los demás asintieron.

—Hay una mínima posibilidad de nacer con esas llamas, creo que no hace falta aclarar lo fuertes que son —dijo el científico.

—No veo a Tsuna-kun como un luchador —comentó Lal, mirando al dulce castaño reírse con las mascotas.

—También está ese sello —recordó Reborn—. ¿Hay alguna manera para romperlo, Verde?

—La verdad es que a veces veo pequeñas fisuras, como si lo rompiese poco a poco él mismo —respondió, ajustándose las gafas—. Aunque no sé cómo lo hace. De hecho, estoy seguro de que no lo sabe ni él.

—Ni lo pienses, Reborn —cortó Fon al ver la sonrisa del hitman—. No permitiré que lo sometas a tus entrenamientos, tiene cinco años.

—¿Piensas que sería cruel con un crío? —a juzgar por las expresiones de los arcobalenos, la respuesta era más que clara.

—No me fío de ti ni un pelo —dijo el rayo, cruzándose de brazos.

—Eres tan espartano como Lal, kora —argumentó el soldado, llevándose un golpe en la cabeza por parte de la aludida.

—Eres un idi… ¿qué sucede? —se interrumpió la militar, mirando extrañada a los animales, que se habían acercado a ellos con alteración.

Entonces vieron la razón del miedo de las mascotas. El pequeño castaño estaba en el suelo, en posición fetal, abrazándose su estómago mientras sollozaba en bajo.

Corrieron hasta su posición notablemente inquietos por el estado del dulce niño, quien levantó su mirada chocolate para verles con una expresión de dolor.

—Me duele… me duele mucho… —dijo entre lágrimas.

—¿Qué has comido, Tsuna-kun? —la personalidad calmada de Fon parecía desvanecerse cuando el chiquitín estaba triste o en peligro, más aún si se encontraba herido.

—Nada… solo el caramelo que Verde-nii me dio… —todos miraron con instinto asesino al científico, quien se extrañó ante la declaración del castaño.

—¿Eres alérgico a algo? —preguntó tratando de obviar los dos rifles y la pistola que le apuntaban.

—No… —hizo una mueca de dolor, estrujándose su estómago con más fuerza.

—Entonces no es posible que haya sido eso, no tenía ningún componente extraño —alegó, sin embargo los militares y el asesino no bajaron sus armas.

—Es posible que haya bebido algo —la tormenta miró al pequeño—. ¿Lo has hecho?

—Bueno… acabo de tomarme el zumo de uva que Verde-nii tenía… ahí —respondió con dificultad, señalando una mesa cercana donde se divisaban varios productos de diferentes colores—. Olía… a uva… y sabía bien…

—¡No es posible! —el científico abrió los ojos como platos.

—¿Qué se supone que ha tomado Tsuna-kun, Verde? —exigió saber Fon.

—En principio era un zumo de uva, pero le eché sin querer un prototipo de un veneno que necesito para un experimento —respondió—. Es insaboro, es normal que no lo haya notado, pero si no conseguimos deshacer pronto su efecto…

—¿Qué le pasará? —preguntó Reborn, tan inquieto como los otros cuatro ante el silencio del científico.

—Pues… derretirá todos sus órganos —incluso a Verde, quien era famoso por su amor a sus investigaciones por sobre todas las cosas, le costaba asimilar que el pequeño podría llegar a fallecer.

—¡¿Cómo demonios se te ocurre dejar algo así al alcance, imbécil?! —exclamó Lal alterada—. ¡Espero que tengas un antídoto!

El silencio del rayo fue la respuesta inaudible que menos querían escuchar. Ni siquiera se quejó o rebatió la acusación de la fémina.

—Reborn-nii… —el castaño agarró el brazo del arcobaleno, quien era el más cercano a él—. Duele… duele mucho… ¿por qué duele tanto…?

El llanto de Tsuna se intensificó, demostrando así que no soportaba ya el dolor que lo aquejaba. El hitman no se vio capaz de responder, tan solo escondió su mirada bajo su sombrero.

—Haz algo, Verde —ordenó Reborn—. Porque si este niño muere, tú le sigues.

No iba de broma, y lo sabían. De hecho, incluso Fon se reservaba como podía las ganas de enseñarle sus técnicas de artes marciales de la manera más… explícita.

—Eso es fácil decirlo, pero… —se sacudió el cabello, nervioso—. ¡Claro! Si no recuerdo mal…

Corrió tan rápido como el elemento que portaban sus llamas hacia una mesa llena de líquidos extraños. Reborn y Fon le siguieron para ver si podían ayudarle en algo.

Lal y Colonello fueron quienes se quedaron con el pequeño, tratando de consolarle y diciéndole que pronto se terminaría el dolor que le aquejaba cada vez más fuertemente.

De una manera u otra, todo se acabaría.

Aplicaron sus llamas de la lluvia sobre el cuerpo del castaño, tranquilizándole y haciendo que durmiera como el angelito que era. Le dieron su peluche para que lo abrazara en el lugar del rubio y Leon se convirtió en una almohada donde la cabeza del niño pudo reposar.

Los animales se quedaron junto a Tsuna, velando por su sueño. Se acurrucaron lo más cerca posible de él, pareciendo sentir el dolor del pequeño como si fuera el propio.

—Se ha quedado dormido, pero se ve que aún le duele, kora —dijo el soldado, reuniéndose con los demás.

—Más te vale que te des prisa, Verde —habló Lal—. No parece que tengamos mucho tiempo, y si Reborn te mata, yo lo haré de nuevo.

—No hace falta que me lo repitas, ya lo sé —dijo estresado mientras tomaba un recipiente con un líquido amarronado que le pasaba Fon, vertiendo su contenido en otro y removiéndolo.

—Y después te mataré yo, kora —añadió Colonello.

—Y por último lo haré yo —culminó Fon—. Por tu propio bien, mejor haz el antídoto rápido.

—¿Os queréis callar de una vez? —dijo irritado el posible cadáver, para luego echar un suspiro—. Jamás pensé decir esto pero… —los arcobalenos le miraron con atención—. Reborn, necesito tu ayuda.

—¿Qué tengo que hacer? —quizá en otras circunstancias se hubiera burlado hasta la saciedad, pero ese era un caso especial.

—Tienes que poner tus llamas del sol en esta mezcla, con su poder de activación podrá neutralizar el efecto del veneno y reparará los daños que el organismo haya sufrido —explicó, pero Reborn no esperó a que terminara, haciendo lo que le había dicho en cuanto entendió la idea fundamental.

—¿Cuánto tiempo tengo que hacerlo? —cuestionó sin siquiera mirar al científico, centrado en su tarea.

—Todo lo que puedas resistir —respondió—. Mientras más, mejor.

El arcobaleno no necesitó más y se dedicó a la labor, vertiendo sus llamas con la mayor rapidez que podía. Se sentía fatigado, pero no podía detenerse. Después de todo, ese pequeño estaba en peligro y eso era lo único que podría salvarle.

Solo cuando no pudo mantenerse en pie detuvo el proceso, hincándose en una rodilla. Hubiera seguido de no ser porque Fon retiró el recipiente, viendo que iba a exigirse demasiado.

Inmediatamente, Verde pidió a Colonello que pusiera un poco de sus llamas tranquilizadoras para que el castaño siguiera durmiendo mientras sus órganos se regeneraban. Este accedió inmediatamente, y fue ayudado por su entrenadora.

—Ahora hay que hacer que se lo tome —informó el rayo, acercándose al castaño. Fue imitado por los otros arcobalenos.

Los animales, al verles acercarse, se alejaron con cierto recelo del niño, a excepción de Leon, quien había optado por convertirse en un colchón. No parecían querer dejarle desprotegido, pero confiaban en sus respectivos dueños.

—¿Será necesario despertarlo? —preguntó Lal, recibiendo la afirmación de Verde.

—Si le hicieramos tomarlo por la fuerza, es posible que no lo ingiera bien y tendríamos un problema —respondió.

—Está bien —Fon sacudió levemente al pequeño castaño, quien se aquejaba aún en sueños, sollozando suavemente.

Vio con tristeza que tenía elevada temperatura mientras abría sus orbes chocolate con pereza y dolor.

—¿Fon-nii…? —cuestionó adormilado pero con cierto de alegría, distinguiendo el rostro de la tormenta. Trató de incorporarse, pero tan solo llegó a sentarse encima del Leon-colchón, soltando su peluche de atún para abrazarse de nuevo el estomágo—. Me duele más…

Su llanto aumentó, y los arcobalenos se entristecieron al verle de esa manera.

—Tómate esto —Verde le tendió el líquido que curaría al castaño, el cual lo miró con extrañeza mientras lo tomaba entre sus pequeñas manos.

—¿Qué es, Verde-nii..? —cuestionó, mirando el vaso en el cual el científico había vertido la mezcla.

—Si te lo bebes, te pondrás bien, kora —le intentó sonreír el soldado.

Sin preguntar nada más, Tsuna probó un sorbo de aquel extraño megunje, apartándolo al sentir el mal sabor.

—Sabe mal —declaró, mirando al de cabello verde.

—Lo sé, no le he echado azúcar, pero debes bebértelo si quieres ponerte bien —replicó.

El niño asintió y tomó el contenido lentamente, sin quejarse más. Cuando terminó, devolvió el vaso al rayo y emitió un bostezo.

—Tengo sueño… —se refregó los ojos.

—Tranquilo, duerme —Tsuna negó con la cabeza, rechazando la propuesta de Fon y sorprendiendo a los demás.

—No quiero dormir… si me duermo, os iréis, como en mi sueño… —sus orbes se cerraban solos, pero el pequeño se negaba a ceder.

—¿Qué soñabas? —preguntó Reborn, siendo el único que pudo articular palabra después de la declaración del niño.

—No era bonito… todos os ibáis, desaparecíais… y estaba muy solo…

—Entonces duerme tranquilo, si alguien se va de aquí, será con los pies por delante —dijo el hitman con una sonrisa—. Cuando despiertes, estaremos aquí y te llevaremos a comer algo, ¿de acuerdo?

—¿Lo prometes…? —el castaño sonrió cálidamente ante la afirmación del arcobaleno.

Eso pareció calmar al pequeño, quien finalmente cedió ante el cansancio repentino que tenía y dejaba que los brazos de Morfeo le acogieran, sin dejar de esbozar aquella hermosa sonrisa.

Reborn le acercó el peluche al cielito, el cual no dudó en abrazarlo con fuerza mientras se hacía un ovillo con él.

Después, el asesino desenfundó su arma —la cual tenía en el caso de que Leon no pudiera transformarse—, y miró desafiante a sus cuatro acompañantes.

—Ya lo habéis oído —habló—. Quien salga de este laboratorio antes de que despierte, muere.

Los arcobalenos sonrieron, omitiendo la amenaza del sol mientras veían como las mascotas prácticamente les empujaban para acercarse al niño, como si les dijeran que era su turno de custodiar al castaño.

Solo esperaban que aquel remedio funcionase.

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Cuando el castaño volvió a abrir los ojos, lo primero que sintió fue hambre. Un hambre tan atroz que podría comerse el mundo entero.

Lo siguiente que notó fue que estaba rodeado de animales y encima de un colchón verde, abrazando a su peluche de atún.

Se sentó con pereza, parpadeando para reconocer el lugar con más claridad. Pronto distinguió que se trataba del laboratorio de Verde.

¿Qué había…?

Sus pensamientos se vieron interrumpidos al sentir como Licht se subía en sus brazos, como si le estuviera dando la bienvenida.

—¡Tsuna-kun, al fin despiertas! —escuchó una voz por detrás suya, y distinguió a Lal de reojo.

—Buenos días, Lal-nee —sonrió, bostezando mientras giraba para verla mejor.

Como si su voz hubiera sido un llamado, a la primera palabra los cuatro restantes ya estaban al lado de la militar. Sonaría algo infantil por parte de los bebés del arcoiris, pero fue tal la emoción que incluso Reborn y Verde se vieron arrastrados por las lluvias y la tormenta, abrazando los cinco al pequeño cielito que los acogió con sorpresa y felicidad.

Entonces Tsuna recordó su petición y lo prometido por Reborn le había hecho antes de caer dormido hacia… ¿cuánto?

Decidió obviar momentáneamente la pregunta, dedicándose a corresponder el abrazo grupal con alegría. Estuvieron así un buen rato, hasta que al castaño se le agotaron tanto los bracitos que ya no pudo seguir abrazando a sus "hermanitos", sobretodo al hitman, a modo de agradecimiento.

Había cumplido su promesa.

—Pensábamos que no despertarías —habló aliviado Fon.

—Llevas tres días dormido, kora —se notaba que se habían pasado un poco con las llamas de la lluvia.

—Eso explica por qué tengo tanta hambre —su estómago sonó, de acuerdo con él.

Los arcobalenos rieron, avergonzando al castaño. Poco tiempo después le llevaron a cenar —ya de desayuno no podían hablar, pues era casi el atardecer— a un restaurante italiano. El chiquitín devoró toda la pasta que le ponían delante, ante las miradas divertidas de los demás.

Llamaban bastante la atención a decir verdad, no siempre se veía por la calle a seis niños acompañados de mascotas que parecían sacadas del zoológico paseando por Italia como si nada, sin contar que el castaño era más llamativo debido a sus rasgos orientales.

Y, para añadir leña al fuego, los arcobalenos desprendían un aura asesina palpable a kilómetros de distancia, por lo cual los transeúntes se pasaban de acera en cuanto los veían pasar.

¿Razones de los instintos homicidas de los bebés más fuertes de la mafia? Fácil.

El cielito les había terminado de contar su último viaje, ya que fue interrumpido la primera vez. Se anotó mentalmente no relatar nada en lugares públicos a sus hermanitos, en vista de la situación.

—¿Cómo los rebanamos, Reborn? —cuestionó Lal con una sonrisa que no era precisamente… amable.

—Dejádmelo a mí, tendrán más agujeros que un colador —Leon se transformó en pistola incluso antes de que Reborn lo ordenase.

—Yo les mato desde aquí mismo, solo necesito un lugar alto, kora —añadió Colonello.

—Sería mejor torturarles lentamente —argumentó Fon con una sonrisa que prometía dolor.

—Estoy de acuerdo contigo por una vez, Fon —apoyó Verde, igual de sonriente.

Tsuna, ignorante de los planes de asesinato, se columpiaba felizmente en un parque que, ante su llegada, pareció vaciarse de inmediato, dejando disponibles todos los juegos en los que quisiera montarse.

Como ya oscurecía, decidieron volver al laboratorio de Verde por la misma petición del castaño, y nada se le podía negar a aquellos ilusionados orbes chocolate.

Sin embargo, había un problema. Todos estaban con sueño y todo lo que querían ers dormir, con la clara excepción del pequeño, quien estaba más activo que nunca.

Entonces le pidió a Verde que le enviara nuevamente de viaje, viendo que estaban cansados y no podían jugar con él. En principio los arcobalenos se negaron, dado que era tarde y podría ser muy riesgoso para el bienestar del pequeño castaño —y mucho habían pasado ya en aquellos tres días—.

Sin embargo, como bien había sido dicho, no había nada que se le pudiese negar ante los orbes tan dulces como el chocolate que poseía el chiquitín, y tras varias promesas y juramentos de que estaría bien, que no le pasaría nada malo y que reduciría el tiempo de estancia a ocho horas, pudo al fin convecer a los protectores arcobalenos de viajar.

Luego le tocó despistar a los animales, quienes se empeñaban en ir con él. Naturalmente no entraban, y por tanto no podían acompañarle. Sin embargo, este era un punto que no parecían entender, y no se despegaron del castaño hasta que este hizo lo mismo que con sus hermanitos.

Parecía que ni las mascotas podían negarle nada a Tsuna, aunque expresaban pena mientras el niño les acariciaba como despedida.

Con todo eso, su viaje se retrasó una hora —media para convencer a los arcobaleno, y lo restante con el tema animal—, y sonriente despidió a todos con su manita, antes de desaparecer completamente.

La intuición del pequeño le dijo que sería una travesía interesante.

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Salut lectores~.

Os traigo un cap con una sorpresa incluida que ya vereis XD

Respondiendo~.

Mareborn-chan dando tartita. Debes tener fiebre o algo ¿demasiados examenes?

Bueno, yo no te la rechazo XD. Me alegro que te guste n.n

Yi-chan, ala, pues muy bien, tu da ideas di que si XD. No eres la primera en pedirme algo asi, creo que la sorpresa te gustará

Fiz-chan. Alguien que te de el premio nobel. ERES LA UNICA QUE LO HA PREGUNTADO.

Respondiendote, sería un pequeño pasado ;D

Maka Hanato, vaya, pues grache por seguir mi historia n.n. Tsu-kun aspirante a proximo gobernante mundial XDDDD.

¿Puedo decirte Maka-chan?

L-chan, lo pensare n.n

Bien~. ¿Merezco review? ¿Disparo? ¿Tartita?

¡Au revoir! Nos leeremos pronto~.