Hermanito

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Verde, eso era lo que veía a su alrededor. Un color verde predominante en lo que parecía ser el jardín de una esplendorosa mansión que se divisaba algo lejos de su visión. Acompañando al paisaje, también podían distinguirse manchas amarillas y rojizas a una distancia considerable, suponía que eran flores o algo por el estilo, aunque eran tapadas por los varios arbustos que había alrededor.

Se levantó, sacudiéndose el césped de su ropa mientras miraba a su alrededor. No le habían dicho cuánto tiempo iba a quedarse en ese tiempo, asi que sería mejor que aprovechara el…

Sus pensamientos se vieron interrumpidos al escuchar un llanto proviniente de algún lugar cercano. Extrañado y curioso, siguió el sonido hasta hallar su fuente.

Escondido entre unos matorrales cercanos, un niño rubio, aparentemente un par de años mayor, sollozaba todo lo bajo que su tristeza le permitía, con su rostro enterrando entre las recogidas piernas y pareciendo no querer hacer ruido.

—¿Estás bien? —se agachó en frente suya con preocupación, llamando su atención.

—¿Japonés? ¿Quién eres? —pese a sus preguntas, el castaño le había entendido perfectamente.

—¿Puedes entenderme? —se sorprendió, pues el chico no parecía ser de su país.

Aunque su rostro le era familiar…

—Sí, sé japonés porque mamá… —pareció recordar algo triste, pues empezó a sollozar de nuevo—. Mamá…

El pequeño cielo no sabía qué hacer. La mayoría de veces era él quien lloraba, y por ello sabía la tristeza que se sentía cuando no era consolado. La había experimentado, y no quería que nadie sintiera lo mismo si en su mano estaba.

Asi pues, no lo pensó demasiado y abrazó al rubio como pudo, rodeándole torpemente todo lo que sus bracitos le permitían. El otro al inicio se sorprendió, pero inmediatamente se aferró al chiquitín y lloró en su abrazo.

El castaño no preguntó, no dijo nada. Solo se dedicó a darle palmaditas en su espalda, sin saber muy bien qué hacer. Nunca había consolado a nadie, asi que sentía confusión e inquietud por no saber si lo estaba haciendo bien.

Tras un rato, el niño pareció calmarse, pero no quiso despegarse de Tsuna hasta unos minutos después de que su llanto se detuviera. La calidez que le proporcionaba el cielito era una de las más reconfortantes que había sentido, y no quería separarse de él. De hecho, cuando lo hizo sintió un extraño frío.

—Lo siento, no debería haberte abrazado así —se disculpó el rubio, viendo apenado como había manchado la ropa del niño.

—No te preocupes, está bien —sonrió amablemente—. ¿Cómo te llamas? —tenía una ligera sospecha de quién era, pero quería asegurarse.

—Me llamo Dino —respondió, secándose los restos de lágrimas de su rostro—. ¿Cómo…?

—¡Dino-nii! ¡Sabía que eras tú! —exclamó, interrumpiendo al rubio para abrazarle con alegría.

—¿Nos conocemos? —preguntó intrigado una vez el castaño se separó.

Tsuna asintió con felicidad, y se dispuso a contarle su historia, acomodándose en la hierba, a sabiendas de que iba a ser una extensa charla. Dino le imitó, y el pequeño castaño le relató con alegría sus experiencias y de cómo le había conocido antes, bueno, a su versión futura.

—¡Dino-nii era increíble! ¡Era muy rápido cuando…! —exclamó feliz, pero se calló cuando vio los gestos de silencios que el rubio le hacía.

—No hagas ruido, no quiero que me encuentren —dijo, mirando hacia atrás para ver si no había alertado a nadie con ese grito.

—¿De quién te escondes? —cuestionó intrigado.

—De todos los que pasen por aquí —respondió, escondiendo su cabeza al ver una sombra acercarse.

—¿Por qué? —susurró, acercándose al niño para que le escuchara—. Si no quieres decírmelo, no pasa nada —aclaró al ver la tristeza en los ojos de Dino.

—No pasa nada —volvió a mirarle al ver que la persona se alejara—. Quiero estar solo… Porque mamá… mamá se ha ido, y no va a volver.

—¿Por qué se ha ido? —preguntó curioso.

—No lo sé —negó con la cabeza—. Pero últimamente no ha salido de su habitación, y el doctor ha venido varias veces. Hoy… papá dijo que se había ido… y no regresaría nunca.

Las lágrimas empezaban a salir de sus ojos, y el castaño se puso a su lado para consolarle.

—Pienso que… es mi culpa… —dijo entre sollozos—. Porque… no sé hacer nada bien… y mamá siempre me ayuda…

—No creo que sea tu culpa, Dino-nii —consoló—. Creo que tu mamá no quería irse.

—¿Entonces… por qué se ha ido? —preguntó contrariado, mirándole confuso.

—No lo sé —respondió apenado. Su intuición le decía que la madre del rubio no quería irse, pero no llegaba a tanto como para saber las razones—. Pero seguro que no ha sido por tu culpa —sonrió cálidamente.

—¿De verdad…? —Tsuna asintió con vehemencia, y fue instantáneamente abrazado a modo de agradecimiento.

Cuando el castaño vio que estaba más calmado, se separaron y le sonrió con alegría intentando animarle.

—¿Te parece si jugamos a algo? —propuso contento, ante lo que el mayor le miró intrigado.

—¿Jugar…? ¿Quieres jugar conmigo? —preguntó, señalándose a sí mismo.

—Claro, ¿con quién más? —rió—. Podemos jugar al escondite, este lugar es muy grande. Y así nadie te encontrará.

—Es la primera vez que me ofrecen jugar… soy muy torpe, ¿sabes? —aclaró—. ¿Por qué quieres jugar conmigo?

—¿Es que no es obvio? —respondió curioso—. Somos amigos, y los amigos juegan juntos.

Ante sus palabras, el rubio le miró con una expresión clara de asombro en su rostro.

—Tienes razón —le devolvió la sonrisa, alegre—. Somos amigos.

Después de aquello, decidieron con piedra, papel, tijera quien contaba primero. Como Tsuna perdió, le tocó empezar a buscar.

—¡Y diez! —separó sus manitas de su rostro y miró a su alrededor, pensando en qué parte podría comenzar su búsqueda.

Caminó alrededor del jardín mientras observaba algún detalle que pudiera delatar la ubicación del rubio, cuando fue repentinamente agarrado por detrás, siendo levantado unos metros del suelo.

—¡Suelteme! —pidió, sacudiéndose como podía para desasirse del agarre, sin éxito.

El hombre que le sujetaba le dijo algo inentendible, mirándole sorprendido. Seguramente, se preguntaba cómo había llegado allí.

Entonces, alertado por los gritos del pequeño, Dino salió de su escondite y pareció discutir con el mayor, quien dudó unos instantes ante el rubio. Tsuna no perdió tiempo y se liberó ni bien tuvo oportunidad al aflojarse el agarre.

—¡Vamos! —exclamó Dino, tomándole de la mano y corriendo a través del jardín hacia una zona más boscosa, donde había árboles que podrían ocultarles.

Cuando dieron esquinazo al hombre que les siguió, llamando a gritos al rubio, descansaron en el refugio de unos arbustos. Tras recuperar el aliento, ambos rieron ante la experiencia.

—¡Ha sido increíble! ¡Parecía como las películas! —exclamó Dino emocionado, y Tsuna asintió vehementemente.

—¡Ha sido muy divertido, Dino-nii! —celebró el castaño.

—¡No me lo había pasado tan bien en mucho tiempo…! —su alegría se cortó al recordar algo—. Es cierto, no me has dicho tu nombre.

—¡Es verdad! —cayó en cuenta el menor—. ¡Me llamo Tsuna!

—Tsuna, bonito nombre —sonrió—. ¿Seguimos jugando? Seguro que por aquí nadie nos encuentra.

El cielito asintió y contó de nuevo, poniendo sus manitas en sus ojos para contar hasta diez. El rubio no desaprovechó el tiempo y se escondió en un matorral cercano.

El castaño lo encontró gracias a que su cabello era distinguible entre los huecos que dejaban la separación de las hojas, y entonces le tocó a Dino contar.

Claro que el pequeño no sabía esconderse bien, y su estilo de peinado anti-gravedad impedía que se escondiera en algún arbusto, y no sabía escalar árboles. Entonces su única opción era tras un tronco, y aunque su cabello se camuflaba, su risa le delataba.

Así siguieron jugando un buen rato, cambiando de juego al tiempo. Sin embargo, no sabían que su diversión duraría poco…

En la época de Tsuna, los arcobalenos y animales veían con atención la pantalla del científico mientras este tecleaba, claro que se excluía del grupo a Skull, quien estaba inconsciente en una esquina. Sino hubiera sido porque tenía un cuerpo inmortal —además de que fueron piadosos porque al pequeño cielo no le gustaría que estuviera muerto— seguramente no la hubiera contado.

—Creo que ya está —anunció Verde—. Debería estar de vuelta en unos minutos.

—No me gusta ese "creo", kora —replicó Colonello—. Espero que sea así.

—Ha tocado muchas cosas, no puedo asegurarlo a la perfección.

Todos miraron el tubo donde debería reaparecer el castaño, ansiosos porque volviera y que estuviera sano y salvo.

De vuelta con ambos niños, Tsuna empezaba a ver como sus manitas iban desapareciendo con tristeza mientras Dino se alarmaba de la transparencia.

—No te preocupes, Dino-nii, quiere decir que voy a volver —explicó—. Me lo he pasado bien —sonrió.

—No te vayas —pidió, abrazándole con lágrimas ya contenidas en sus ojos—. Por favor, no te vayas…

—Nos volveremos a ver, Dino-nii —consoló el castaño—. Somos amigos, y los amigos se vuelven a ver.

—No, no somos amigos —negó el rubio—. Tu eres mi hermano, mi hermanito pequeño.

Ante eso, el cielito no pudo evitar echar a llorar tanto o más que el mayor, descargando toda la tristeza que le producía la despedida hasta que su cuerpo despareció completamente del lugar.

Sin embargo, para sorpresa de los arcobalenos y del propio Tsuna, no reapareció en el laboratorio de Verde.

Ahora la pregunta era, ¿dónde estaba?

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Salut lectores~.

Dije que la conti estaría prontito y aqui está.

Este cap se lo dedico a Ste-chan porque está mala y le prometí escribirlo para que se animara n.n

Respondiendo a vuestros reviews~.

Fiz-chan… TU DA IDEAS EH. QUE ESTO NO ES ETERNO YA NI NADA.

Mae mia… esta muchacha se ha motivado y ha apuntado todo. Es muy posible que se te cumpla eh.

Y bueno, a salvo esta… por el momento ¿?

Maka-chan, jajaja, me alegro que te gustase n.n. Espero que este tambien te haya gustado y GRACHE. Necesito dulce en mi vidaaaa *Q*

Mel-chan, no pasa nada, se que que me compensaras con ya sabes que 7u7. EXTRAÑABA TUS TARTITAS.

Yi-chan, no, tranquila no duermo. Estoy pensando en como redacto lo siguiente y sueño en como lo escribo asi que tranquila no estoy XDDD.

Reien -chan, entiendo el Sentimiento de no tener con quien fangirlear. Yo tarde mucho tiempo en conseguir a alguien. ¡Y acertaste! ¡Muy bien!

Espero te haya gustado =D

¡Grache a todos!

Bien, últimamente me da por los personajes peques eh XD. ¿Cual querríais que fuera el siguiente?

Bien~. ¿Merezco review? ¿Disparo? ¿Tartita?

¡Au revoir! Nos leeremos pronto~.