DRACO AND HARRYS' ESCORT SERVICE

ENLACE AL FIC ORIGINAL: s/3448404/1/Dra...-Escort-Service

AUTOR: Cheryl Dyson.

TRADUCCIÓN: Meliza

BETA: Emmi Mad

REVISIÓN FINAL: Bellatrix_2009

DISCLAIMER: Harry Potter y todos sus personajes pertenecen a JK Rowling. No se ha ganado dinero ni se ha violado ningún copyright con este trabajo, la trama pertenece única y exclusivamente a Cheryl Dyson, sólo la traducción es de nuestro grupo.

RESUMEN: Secuela de Draco Escort Service. Descubren que estar juntos no es tan fácil como esperaban.


CAPITULO 5


Procedieron con cautela, volando bajo y lento. Malfoy tomó la delantera y las dos mujeres volaban juntas detrás de él. Harry cerraba la marcha. Todos ellos mantenían sus varitas fuera y Harry estaba contento al saber que si surgía algún problema ni Luna, ni Cho, se pondrían a gritar y se esconderían ante el peligro.

El ataque se produjo sin previo aviso. En un segundo Draco estaba volando con cautela, y al siguiente se había ido. Harry parpadeó y maniobró su escoba pasando a Cho en un destello de movimiento.

— ¿Dónde se fue? — Harry gritó. Antes de que Cho pudiera responder, la tierra se alzó y golpeó a Harry en el cielo con tal fuerza que él sintió cómo sus huesos se fracturaban. Dio vueltas con una sensación de vértigo, pero se las arregló para mantener una mano sobre su escoba. Empezó a caer de nuevo hacia tierra y se forzó a estabilizarse a pesar del dolor.

Pasó la escoba por debajo de él en una maniobra de balanceo y examinó el terreno para buscar a Cho y Luna, pero antes de que pudiera identificarlas, ambas estaban volando a su lado.

— ¡Harry! — Cho gritó. — ¿Están todos bien?

— ¿Qué fue eso? — gritó, buscando frenéticamente tanto en la tierra como en el cielo para detectar cualquier signo de Draco.

— No lo sé… la tierra se alzó y te golpeó. Luna y yo volamos tras de ti.

El suelo se alzó… ¿qué diablos podría ser? ¿Y dónde estaba Malfoy?

— ¡Quédense aquí!

Regresó rápidamente al lugar en donde Draco había desaparecido y repentinamente inmensas rocas comenzaron a abalanzarse fuertemente contra él como si fuera una tormenta de meteoros. Eludió a la mayoría, pero una de ellas le rozó la cadera, en el mismo lugar en donde se había golpeado en la escalera la noche anterior y otra se estrelló contra su pecho, estuvo a punto de derribarlo antes de que lograra recuperarse y logró evadir otra que iba vertiginosamente hacia su cabeza.

Él comenzó a lanzar hechizos a la tierra, ¿cómo podría el suelo estar atacándolos? Aunque no estaba seguro de lo que debía usar. Nada parecía tener ningún efecto.

Mientras se acercaba, la tierra se alzó en una gran masa sólida con un crujido chirriante del choque entre las rocas.

De repente, algo hizo clic para Harry. Un elemental de tierra. ¿Dónde diablos estaba Draco? Malfoy era el que sabía cómo luchar contra todas estas criaturas… ¡Oh Dios! Él estaba bajo tierra. Tenía que ser, o ya hubiera estado aquí. Harry supo de repente que el reloj estaba corriendo.

Se devanaba los sesos tratando de recordar todo lo que sabía acerca de los elementales. Por lo general, tenían que ser convocados, obviamente, una tarea que Voldemort o algún Mortífago había logrado. Probablemente éste había sido liberado por la muerte del invocador, por lo que desvanecerlo podría ser complicado.

Harry no tenía tiempo para finezas. Ejecutó una vuelta de barril y evitó por poco un trozo de roca lo suficientemente grande como para pulverizarlo. Harry, sintiendo los inicios del pánico, se lanzó directamente hacia la criatura.

Dirigió una ráfaga concentrada de fuerza que derribó al elemental, pero Harry sabía que no tardaría mucho en reformarse. Tenía que sacarlo de su elemento. Un movimiento llamó su atención y se dio cuenta de que Cho y Luna volaban a su lado. Brevemente se preguntó si había alguna mujer con vida que alguna vez escuchara a un hombre.

— ¡Cho, cuando regrese, necesito que las dos lo leviten tan alto como puedan! — gritó. Ella asintió con la cabeza.

Los tres se posicionaron justo por encima del suelo, alertas a cualquier movimiento. La tierra repentinamente explotó debajo de ellos y el hechizo de Cho arrancó un gran trozo de roca y tierra en el aire. Luna la ayudó, pero Harry podía ver que hacían un gran esfuerzo.

La criatura comenzó a lanzar piedras contra ellos otra vez, pero Harry concentró toda su energía y envió una ráfaga de fuerza al elemental. Éste explotó.

— ¡No lo dejen caer!— gritó y continuó enviando hechizo tras hechizo contra él, convirtiendo los trozos más pequeños en polvo. Luna se había percatado de su propósito y lo ayudó, creó un fuerte viento que dispersó el polvo en todas direcciones.

Cuando la criatura se disipó por completo, Harry se dio vuelta y se apresuró a regresar al lugar en donde Draco había desaparecido, estaba rogando por llegar a tiempo. Sin desmontar, él sabía que su pierna estaba fracturada, recogió cada pedacito de su energía y extrajo un gran trozo de tierra. Lo levitó y mantuvo por encima del suelo. Este empezó a caer en pedazos y él apresuró el proceso sacudiéndolo como un colador gigante.

Para su inmenso alivio, la cabeza rubio platino de Draco no tardó en aparecer. Harry redirigió el hechizo hacia Malfoy y sacó a la inmóvil figura, permitiendo que el suelo y las piedras cayeran de nuevo a la tierra. Colocó suavemente a Draco en el suelo y luego se bajó rápidamente de su escoba, haciendo una mueca cuando se dio cuenta de que, a pesar de todo, su pie izquierdo no estaba fracturado, pero definitivamente estaba lesionado. Él colocó todo su peso sobre la pierna derecha, pero el movimiento solo desvió el hueso roto y envió una explosión de agonía a través de su cuerpo.

Harry ignoró el dolor y se lanzó al lado de Draco. Agarró con ambas manos el cuello de Malfoy, rogando por encontrar pulso… encontró uno, pero era débil y errático. Si Malfoy estaba respirando, Harry no podía detectarlo.

Puso una mano bajo el cuello de Draco e inclinó su cabeza hacia atrás antes de poner su boca sobre la de Malfoy - ¿Cuántas veces había hecho eso? - con desesperación. Sopló el aire en los pulmones de Draco. Tres veces, luego cuatro. Entonces cinco.

Draco tosió. Una alegría salvaje se apoderó de Harry y Malfoy dio un último suspiro que parecía más un beso. La mano de Draco se levantó débilmente para tocar el cabello de Potter suavemente.

Harry se retiró aliviado para ver los ojos grises abiertos.

— El bastardo rompió mis gafas de sol — dijo Draco con voz ronca.

— Te compraré otro par — prometió Harry con una sonrisa de alivio.

— ¿Qué estabas haciendo? — Cho preguntó. Ella y Luna estaban cerca, viendo su broma.

— Respiraba por él — contestó Harry. — Es un remedio Muggle para salvar la vida de alguien. Funciona muy bien en víctimas de ahogamiento, aunque los muggles no suelen ahogarse en la tierra.

— ¿Dónde está mi varita?

Harry realizó un Accio desde su lugar y se la entregó a Malfoy, quien inmediatamente se sentó y se puso a restaurar su apariencia. Harry sonrió con tristeza y volvió a examinar cuidadosamente sus heridas.

— ¡Harry, tú pierna esta fracturada! — Cho exclamó.

— Eso explicaría el dolor cegador — dijo Harry secamente. Draco detuvo su acicalamiento y lo miró con preocupación. Había suciedad y ramitas en el pelo platino de Malfoy, una ofensa capital. Harry cerró los ojos por un momento ya que su breve movimiento provocó una oleada de náuseas y la oscuridad amenazó con envolverlo. Sintió el brazo de Draco bajo sus hombros inclinándolo hacia atrás.

— Puedo curarme a mí mismo — murmuró Harry.

— No, si te desmayas en primer lugar — espetó Draco.

— Fastidioso.

— Imbécil.

— Lo haré — dijo Cho. Harry sintió que la pierna de sus pantalones vaqueros se abría. — Sujétalo… tengo que poner el hueso en su lugar.

Harry se preparó cuando los familiares y reconfortantes brazos de Malfoy le envolvieron. Agarró el brazo de Draco con una mano y apoyó la cabeza en el pecho de Malfoy.

Cho recolocó el hueso y eso se llevó hasta el último gramo de fuerza de voluntad de Harry para no gritar. Vagamente oyó la voz de Draco murmurándole con dulzura, aunque no podía distinguir las palabras.

Un instante después, su pierna estaba envuelta en el calor y el dolor hormigueante del hueso y la carne tejiéndose entre sí. Dejó escapar un suspiro de alivio cuando terminó. Las manos de Draco Malfoy cayeron y él se levantó.

— Bueno, ¿no fue divertido? — le preguntó con ligereza. — ¿Elemental?

Harry asintió y se inclinó hacia adelante para reparar sus vaqueros. La tela rota se tejió junta, aunque no bonitamente.

— Voy a quedarme sin un centavo si tengo que seguir comprando ropa — comentó y miró a Draco con diversión. Los ojos plateados brillaban cálidamente mientras Malfoy lanzaba un hechizo que regresó su brillante cabellera a la perfección.

— No me puedes culpar a mí esta vez — dijo. Harry sonrió y se puso de pie. Su pie izquierdo apenas podía soportar su peso, pero ya se ocuparía de eso más tarde. Estaba demasiado cansado, por el momento.

— Dispersamos al elemental, pero va a estar de vuelta— dijo Harry. Malfoy asintió.

— Nos ocuparemos de manera permanente de él cuando volvamos, ahora que sabemos lo que es. Por ahora, sigamos adelante.

Volaron sin más incidentes hasta el anochecer, cuando Draco aterrizó en un sitio para acampar muy familiar. Harry sacó la tienda de campaña que utilizaban cuando viajaban con clientes. Malfoy la comenzó a armar mientras Harry se alejó para recoger leña. Un fuego no era necesario, pero por lo general lo encendían con el fin de parecerse a los típicos campistas muggles. Cho decidió acompañar a Harry. Normalmente, él se habría alegrado por la compañía, pero en ese momento prefería la soledad. Harry no había dormido bien, entre el regreso a media noche de Malfoy y el posterior agradable tormento de dormir a su lado.

— Estás cojeando — comentó Cho.

— Sólo tengo una contusión en el pie — dijo, y llamó a una ramita con un Accio para añadirla a la creciente pila que levitaba cerca. También tenía un moretón gigantesco en el pecho y uno más pequeño en la cadera, pero eran más molestos que dolorosos.

— Deja que te sane — sugirió.

— No es nada.

— Si no fuera nada, no estarías cojeando. Ahora siéntate y déjame verlo.

Harry la miró con el ceño fruncido.

— Te has vuelto muy mandona.

— Y tú sigues siendo tan terco como siempre.

Años de tratar con Hermione le habían enseñado a Harry que no debía discutir con las mujeres cuando tenían ese brillo especial en sus ojos, así que suspiró profundamente y se sentó en una roca cercana.

Cho cuidadosamente le quitó la bota negra, tarea que no fue fácil teniendo en cuenta que su pie se había inflamado apretando el calcetín contra la piel. Sus dedos sondearon la lesión de color púrpura y Harry observó, con una molestia clínica, que no sentía absolutamente nada ante su toque. Le resultaba extraño que una hermosa mujer estuviera arrodillada a sus pies y su único deseo era que ella se diera prisa con sus cuidados. ¿Se había vuelto completamente loco?

Harry se preguntó cómo se sentiría si Malfoy realizara la misma tarea, él imaginó los dedos largos y pálidos deslizándose sobre sus heridas y su reacción fue inmediata e inquietante. Harry se sonrojó dolorosamente reconociendo su innegable obsesión por Draco.

El Slytherin en cuestión eligió ese momento para aparecer cerca. Sus cejas pálidas se levantaron bruscamente cuando vio la posición de Cho y el sonrojo de Harry. La expresión de Draco se volvió glacial y Harry gimió.

— Perdón por interrumpir — Malfoy arrastró las palabras que no sonaron a disculpa.

— Sólo estoy curando el pie de Harry — dijo Cho bruscamente.

— ¿Qué pasa con su pie?— Draco exigió.

— Creo que puede estar fracturado. Está muy inflamado.

Los ojos de Draco se emparejaron con los de Harry.

— Demasiado noble para mencionarlo, ¿verdad, Potter? — Preguntó Draco. Su tono era perfectamente uniforme, pero Harry lo conocía lo suficientemente bien como para captar los niveles de las emociones detrás de sus palabras. Malfoy estaba furioso. — Prosigue, entonces.

Draco giró sobre un talón y se alejó. Harry se le quedó mirando con asombro.

— ¿Prosigue?— Cho habló bruscamente. — ¡Es un hijo de puta! ¿Cómo puedes estar trabajando con él?

— No es tan malo — dijo Harry en voz baja con un repentino destello en su memoria.

Una calurosa noche de verano tres o cuatro semanas antes, estaban regresando de un trabajo y acamparon bajo un brillante cielo estrellado. Ambos estaban demasiado cansados como para conversar, incluso demasiado cansados como para moverse, y simplemente habían permanecido en la hierba uno al lado del otro, tocándose solo por los hombros y con los ojos clavados en el brillante panorama de las constelaciones.

Harry señaló a un rastro brillante de estrellas en el cielo.

— Ahí estás, Draco, ¿qué se siente tener tu propia constelación?

— Apropiado.

Harry rió y Draco dijo:

— Tenemos que encontrar una para ti.

— Creo que ya todas han sido nombradas. Y la constelación Harry no suena muy romántico.

Draco señaló.

— Allí. Aquella eres tú, Leo, el león de Gryffindor.

Harry estaba extrañamente complacido. Draco se levantó un poco y colocó un dulce beso en los labios de Harry.

— Buenas noches, Potter.

— Buenas noches, Malfoy.

Harry suspiró y salió de ese recuerdo. Apenas se había dado cuenta que Cho había curado su pie, pero ahora podía mover sus dedos.

— Él no me gusta mucho — comentó Cho.

— A él no le gusta nadie tampoco. ¿Dónde aprendiste a hacer curaciones?

— La guerra.

Harry asintió y se colocó el calcetín y la bota otra vez.

— Tenemos que volver.

— Sí, no haría nada para perturbar al Lord Malfoy.