DRACO AND HARRYS' ESCORT SERVICE

ENLACE AL FIC ORIGINAL: h-t-t-p-s-:-/-/-w-w-w-.-f-a-n-f-i-c-ti-o-n.n-et/s-/3448404/1/Draco-and-Harrys-Escort-Service

AUTOR: Cheryl Dyson.

TRADUCCIÓN: Meliza

BETA: Bellatrix_2009

DISCLAIMER: Harry Potter y todos sus personajes pertenecen a JK Rowling. No se ha ganado dinero ni se ha violado ningún copyright con este trabajo, la trama pertenece única y exclusivamente a Cheryl Dyson, sólo la traducción es de nuestro grupo.

RESUMEN: Secuela de Draco Escort Service. Descubren que estar juntos no es tan fácil como esperaban.


CAPITULO 6


Draco regresó otra vez a la tienda, maldiciéndose por ser un tonto en seis clases de idiomas. Él había ido detrás de Potter como un idiota celoso, con la esperanza de que dejara de... ¿qué? Se detuvo ante la tienda de apariencia inocua y se pasó una mano por su cabello platino. Draco tenía que dejarlo ir y dejar de desear algo que nunca podría ser. Si Potter decidió que quería a Cho Chang, no había nada que pudiera hacer al respecto.

Se agachó y entró en la tienda, que era un precioso apartamento de dos dormitorios en el interior. Luna levantó la vista del sofá en el que se encontraba recostada.

— ¿Qué está mal? — le preguntó. Draco frunció el ceño.

— ¿Qué quieres decir?

— Te ves molesto.

Draco se congeló. Maldita sea, realmente estaba perdiendo la cabeza si sus emociones eran tan fáciles de leer.

— Nada. Voy a salir a cazar. Potter debería estar de vuelta pronto. Tal vez. — Se las arregló para controlar la amargura en su voz. O eso esperó.

Salió de la tienda y entró en el bosque, buscando algo que matar.

Harry había encendido una fogata fuera de la tienda y la oscuridad ya era completa antes de que Malfoy regresara con un par de perdices. Draco apenas asintió con la cabeza hacia Harry antes de meterse dentro de la tienda a preparar la cena. Potter tenía prohibido participar en la preparación de alimentos después de que Malfoy probó su comida. Draco cocinaba como un maldito chef gourmet, otro de sus múltiples talentos. Cho se quedó afuera con Harry, a pesar de que él no estaba de humor para tener compañía, pero mantuvo la conversación en la seguridad del Quidditch. Cho tenía varias historias acerca de los tornados Tutshill logrando que Harry se riera después de un tiempo.

Luna salió para anunciarles que la cena estaba lista. Cuando entró en la casa para comer, Harry descubrió que Draco ya se había retirado a dormir. Harry estaba perturbado, preguntándose por qué Malfoy estaba molesto y por cuánto tiempo planeaba seguir de mal humor. Él y las chicas comieron y limpiaron todo. Cho y Luna se dirigieron al dormitorio de invitados y Harry fue para encontrar a Draco dormido o fingiendo dormir en la suite principal.

Debatió sobre despertar a Malfoy por un breve momento, pero sabía que las consecuencias serían desagradables. Draco le podría gruñir dándole una mirada helada de rabia, o simplemente lo hechizaría hasta la inconsciencia, o algo peor. Harry no estaba dispuesto a arriesgarse con cualquiera de las alternativas, así que suspiró, se desnudó y se metió en su cama donde se quedó despierto durante varias desesperantes horas, escuchando el sonido de la respiración de Malfoy.

Draco se levantó temprano después de pasar la mayor parte de la noche sin dormir. Se vistió sin hacer ruido y se detuvo antes de salir. Harry estaba tendido en su cama con las sábanas retorcidas sin orden sobre sus piernas. Su espalda desnuda subía y bajaba en un patrón constante. Malfoy suspiró y salió. Él cocinó un desayuno rápido y comió solo, con la esperanza de escapar antes de que los otros se despertaran, pero Harry lo atrapó en la puerta de la cocina. Potter estaba despeinado y sin camisa y Draco casi tuvo que apretar los puños para no tocarlo.

Los ojos verdes de Harry brillaron.

— ¿Cuánto tiempo me vas a evitar? — preguntó.

Hasta que me pidas perdón y me prometas que te quedarás conmigo para siempre, Draco pensó con ironía, pero lo que dijo fue:

— No sé de qué me estás hablando.

Harry alargó la mano y Draco, quien nunca se había echado atrás ante un desafío en su vida, considerando su huida, pero el asunto se salía de sus manos.

— Buenos días — dijo Cho Chang agradablemente, arreglando su largo cabello hacia atrás en una cola de caballo mientras se acercaba. Se veía hermosa como un melocotón maduro. La mano de Harry se alejó y Draco escapó de la tienda como si lo persiguieran las hordas del infierno.

Harry lo miró irse con creciente molestia.

— Es casi tan agradable como un hombre lobo rabioso, ¿no? — le preguntó.

— Sí, en su mayor parte — dijo Harry, tratando de no recordar las decenas de veces que Malfoy había sido exactamente lo contrario. Cuando este trabajo terminara, Potter pensaba atar a Draco y torturarlo hasta conseguir algunas respuestas directas. La sola idea de hacerlo hizo que Harry se sintiera un poco mareado, así que se apresuró a buscar un plato y lo llenó con salchichas, patatas, huevos y tostadas. Luna se unió a ellos y comieron rápidamente antes de que Malfoy decidiera desmantelar la tienda de campaña que los rodeaba.

Como era de esperarse, Draco estaba completamente preparado y esperando con impaciencia el momento en que terminaran. El agradable clima ya se había vuelto una ligera llovizna que los saludó al salir al exterior.

Cuando Luna vio a Draco, ella alegremente le echó los brazos al cuello y le plantó un beso en la boca. Malfoy y Potter compartieron una mirada de sorpresa ante su gesto y en las cejas de Harry se dibujó el desagrado que sintió.

— ¡Buenos días, Draco! — dijo Luna alegremente. — Gracias por el desayuno, eres un cocinero fabuloso. — Ella se acurrucó contra él un momento. — Estás caliente también. Y hueles bien. ¿Puedo ir contigo hoy?

La urgencia de hechizar a Luna era fuerte, pero Cho habló antes de que Harry pudiera reaccionar.

— ¡Luna! ¡No seas ridícula!

Luna la miró sin soltar a Draco.

— ¿Qué es lo ridículo acerca de eso?

Draco levantó una ceja ante Cho con un indicio de su emblemática sonrisa. Harry abrió la boca para hacer un comentario, pero la mano de Draco se levantó hasta la altura de la espalda baja de Luna y le dio una pequeña palmada. Las palabras de Harry escaparon en una llamarada de furia candente que lo tomó completamente por sorpresa. Luna lo miró con un curioso interés. Harry dio la vuelta y comenzó a desarmar la tienda de manera automática. Apenas podía ver lo que estaba haciendo y sus pensamientos eran un torbellino. Las palabras de Malfoy seguían sonando en su cabeza.

La carne es carne. La necesidad es necesidad.

Al parecer la diversión de Draco con Harry había llegado a su fin y Malfoy estaba listo para comenzar un nuevo juego. Potter repentinamente deseó que el elemental regresara y que lo encerrara en una tumba de piedra y tierra. Se sintió repentinamente maldito.

Malfoy había salvado su alma con un beso y se la había robado con los que siguieron.

Para alivio de Draco, Luna no insistió en viajar con él. Una vez que Potter comenzó a desmantelar la tienda, Luna le dio unas palmaditas en la mejilla, le soltó y fue a buscar su escoba. Draco miró a Harry con los ojos entrecerrados por un momento. Potter no parecía estar molesto en lo más mínimo porque Luna prácticamente lo maltrató. Draco se reprendió. ¿Qué demonios esperaba? ¿Una diatriba de celos? ¿Qué la jalara por el pelo? Algo aparte de una aceptación casual, en todo caso.

Cho Chang, sin embargo, le disparó una venenosa mirada, como si con sólo tocar a Luna hubiera manchado a su amiga. Malfoy no le hizo caso, lo que no fue difícil en absoluto. Montó en su escoba una vez que Potter terminó de empacar y se dio la vuelta para darle una mirada inexpresivamente verde.

Alcanzaron el obstáculo final para llegar a Hogwarts antes del mediodía. Una zona que les impedía viajar en escoba y en donde tendrían que caminar a través de un tramo desagradable de pantano habitado por duendes de Cornualles, dugbogs, y los insectos del pantano. Nada terriblemente peligroso, pero muy desagradable. Draco encontraba el lodo mucho más irritante que a sus habitantes.

Draco dejó que Harry les explicara la situación a Cho y Luna mientras él tranquilamente se desabrochaba las mangas y las enrollaba un poco. El día nublado y frio se había vuelto terriblemente caluroso y húmedo.

Varios duendecillos fritos y dugbogs muertos más tarde, se detuvieron para un breve descanso en la primera loma seca que encontraron. Las chicas se derrumbaron jadeantes por el esfuerzo de caminar con el agua hasta la pantorrilla y el pegajoso barro. Harry se apoyó en la escoba, con aspecto cansado. Draco se resistía a dejar de moverse. Quería llegar a Hogwarts y despedirse de sus compañeras lo antes posible.

— Voy a reconocer el terreno un momento — dijo, y caminó hacia adelante, usando su varita como un machete para cortar las ramas que estorbaban su camino. No había dado ni veinte pasos antes de que una mano en su brazo lo detuviera. Se dio la vuelta y no se sorprendió al encontrarse con los tormentosos ojos de Harry. Draco trató de apartarse, pero Potter apretó el agarre. Draco retrocedió un paso. En lugar de tierra firme, su pie cayó en un agujero y Malfoy perdió el equilibrio con una inhalación brusca. Su espalda se estrelló contra el tronco de un árbol y el movimiento sacudió con fuerza a Harry por el fuerte agarre que mantenía en el brazo de Draco. Sus torsos se golpearon y Draco dejó caer su escoba para asegurarse que Harry no los lanzara directamente en el pantano.

El rostro sorprendido de Potter suspendido sobre el suyo era una oportunidad que Draco no se atrevía a desperdiciar. Sin dudarlo, tomó los labios de Harry en un beso ardiente y posesivo.

En el instante en que los labios de Draco tocaron los de Harry, él estuvo perdido. Había seguido a Malfoy con la intención de forzar un enfrentamiento. No esperaba caer de cabeza sobre él, a pesar de que no debería estar sorprendido por la respuesta de Draco. No estaba en absoluto sorprendido por su propia claudicación, se aferró a Malfoy como una tabla de salvación, y lo devoró a él como él mismo estaba siendo consumido.

Harry no podía pensar, lo único que podía hacer era sentir, saborear y tocar. Sus manos tiraron fuertemente de la camisa de Draco y un gemido escapó de su garganta cuando la boca de Malfoy dejo su boca para grabar un camino ardiente por el costado de su cuello.

Draco se detuvo en el cuello abierto de la camisa de Harry el tiempo suficiente para arrancar un solo botón. Sobresaltado, Harry comenzó a reírse. Malfoy se enderezó y lo besó de nuevo. Harry sintió el botón en la lengua de Draco y lo tomó con la suya, todavía riendo.

Se congeló cuando una voz acercándose los interrumpió.

— ¿Harry?

Era Cho. Malfoy rompió el beso y miró a Harry con ojos de llama plateada por un momento.

— Realmente odio a esa mujer — dijo Draco. Un instante después, había recogido su escoba y se había ido. Harry se quedó mirando la maleza por donde Malfoy había desaparecido y se levantó con desconcierto para tomar el botón de su boca. Él sonrió y se lo guardó en el bolsillo en lugar de volver a pegarlo.

Harry se sintió extrañamente complacido. Es verdad que no había tenido exactamente el enfrentamiento previsto, pero por lo menos era obvio que Malfoy todavía lo quería.

— ¿Harry? ¿Qué estás haciendo?— Cho le preguntó cuándo apareció. — ¿Nos vamos ya?

— Yo... necesitaba hablar con Malfoy por un minuto. — Harry hizo ademán de volver con Luna, pero Cho lo detuvo con una mano en el pecho. Él la miró con curiosidad y esperó.

— Harry. Yo quería que supieras... en la escuela yo era algo así como una idiota — dijo.

Potter se preguntó por qué lo estaba sacando a colación. Francamente, no tenía ningún deseo de recordar los días en que ella había actuado como una manguera humana.

— Realmente me gustaba Cedric — continuó. — Pero, no me di cuenta hasta mucho más tarde... que tú me gustabas más.

Su mano se deslizó sobre su pecho hasta descansar en su hombro y se inclinó más cerca.

— Me gustas más ahora, Harry — murmuró ella con voz entrecortada y levantó sus labios para darle un beso. Fue una suerte que ella tuviera los ojos cerrados o probablemente se habría sorprendido al ver que los ojos de Harry se ampliaron por la sorpresa. Sus suaves labios se presionaron suavemente contra él y Harry no pudo evitar compararlo con el beso posesivo de Draco, abrasador, el beso exigente de momentos antes.

Cho se presionó más fuerte y abrió los labios un poco, como si buscara una respuesta, pero Harry se sentía completamente rígido. Ni siquiera podía levantar los brazos para abrazarla.

Ella se separó y lo miró con una perplejidad herida.

— Tú no me quieres, ¿verdad? — le preguntó.

— No es tu culpa — susurró.

Ella se dio la vuelta y huyó, mientras que Harry se quedó donde estaba, sintiéndose avergonzado y confundido. Él esperaba que ella no pasara el resto del viaje sollozando.