Oscuridad

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La negrura empezaba a agobiarle, y Leon también parecía alarmado por lo que podría pasar, asi que se convirtió en una linterna a disposición del pequeño, quien se lo agradeció con una caricia junto a una cálida sonrisa.

Miró a su alrededor, iluminando el lugar. Parecía algo así como un sótano, lleno de cajas y objetos desperdigados.

Había algunos haces de luz débiles iluminando el suelo, y olía extraño, no sabía a ciencia cierta a qué, pero sentía que aquel aroma tan desagradable lo había olido anteriormente, pese a que no recordaba dónde. Por alguna razón aquel lugar le era familiar, pero el sentimiento no era acogedor. Más bien, le producía escalofríos.

De haber estado en un sitio tan oscuro antes, con aquel olor, lo reconocería… ¿verdad?

Escuchó que una puerta se abría. Asustado —no presentía nada bueno— le pidió a su amiguito que dejara de emitir luz y se escondió lo más rápido posible entre las varias cajas de cartón, con su respiración alterada y su corazón palpitando rápidamente. No sabía quién entraría a ese lugar, pero sentía que era mejor esconderse.

Leon volvió a su forma original y le acariciaba para intentar tranquilizarle, lo cual agradeció y pensó que era un alivio que el animalillo hubiera venido con él. De no haberlo hecho, con todo lo acontecido en aquellos días, no se habría visto capaz de quedarse quieto sin emitir algún ruido como lo hacía, reconfortado por la compañía del camaleón.

—Más vale que salga bien —esa voz… era la misma que la de su sueño. La reconocería en cualquier parte, aquel acento se había quedado registrado en su memoria de manera involuntaria, como si de una grabación se tratara. Estaba seguro de que podía reproducir aquellas palabras que soñó de memoria, con cada pausa que hizo en ese...

Un minuto. No estaba durmiendo, y aquella mujer estaba ahí, era real aunque no pudiese verla desde su posición.

Entonces... ¿Lo que vio no era un sueño...?

Las dudas empezaron a recubrir su mente de preguntas sin respuesta alguna. Sacudió la cabeza, intentando despejar aquellos pensaminetos al menos por el momento, y se centró en la situación en la que se encontraba.

Hubiera querido asomarse, pero las luces —o, más bien, la luz, pues constaba de una bombilla bastante iluminante en medio del techo—. habían sido encendidas y tenía altas posibilidades de que fuera descubierto. Y si eso ocurría, no presentía que algo bueno pasara.

—Hemos estado trabajando en ello durante tres años —esa voz era de un hombre, estaba seguro, y al oírle un dolor punzante se instaló en su cabeza. Reprimió un grito—. ¿Querrías ser positiva por una vez?

El eco de un resoplido se escuchó por la estancia, y pararon su paso ante algo que seguramente buscaban. Oyó cajas que se deslizaban por el suelo, y no pudo evitar asustarse aun más de lo que estaba. Abrazó a Leon con algo más de fuerza, acercándolo a su pecho.

¿Y si lo que querían encontraba cerca de su posición y le descubrían? ¿Qué ocurriría entonces?

Sabía que mejor era no pensarlo, pero el temblor era inevitable...

—No creo que sea tan difícil, pero podría haber problemas por el crío —rebatió—. Y lo necesitamos vivo, puede ser valioso.

—¿Tan poco confías en tus habilidades? —parecía casi una burla de no ser por el tono serio.

—Soy de las mejores ilusionistas que te podrás encontrar —dijo con cierta seriedad junto a una clara arrogancia. Hubo un silencio y los pasos se volvieron a oír, seguramente regresando a la salida, para el alivio del pequeño—. Pero una mente es algo frágil, y más si es la de un niño. Podría matarle si no me ando con cuidado, y perderíamos un valioso...

Las voces se iban haciendo cada vez más lejanas, y en ese momento la puerta se volvió a cerrar junto con al apagamiento de luces. En cuanto escuchó que se fueron, pudo volver a respirar tranquilo.

—Ahora tenemos que salir de aquí... —le dijo a Leon, apartándolo para mirarle. Este parpadeó en respuesta, que el pequeñín supuso afirmativa.

Alumbrado nuevamente por el camaleón, alcanzó el pomo de la puerta y salió al exterior.

No era un sótano como había pensado en primera instancia, sino más bien una especie de cabaña cerrada herméticamente. Seguramente se cerraría con candado , pues había escuchado el sonido de las llaves, pero se les debía haber pasado de colocar al irse, enfrascados en su conversación.

Ahora debía intentar guiarse por ese lugar lleno de barro y árboles que se alzaban como gigantes ante sus ojos. Se fijaron en las pisadas frescas que había, y pese a no tener del todo claro de que fuera seguro para él seguirlas, no tenía otra opción.

Al menos tenía la compañía de Leon, quien le daba cierta seguridad. De haber estado solo, seguramente hubiera echado a llorar en el mismo instante en el que aparecieron aquellas personas. Si no lo hizo, fue porque entendía que debía ser valiente y que el animalillo le ayudaría en caso de emergencia.

Claro que ese camino parecía digno de una película de acción que se desarrollaba en la selva. Tsuna estaba seguro de haber visto algo así en los dibujos del Libro de la selva —uno de sus favoritos, y el primero que logró leer entero—, y ciertamente deseó tener la habilidad del protagonista para manejarse en aquel terreno.

Se caía a cada rato, y su piel blanquecina era más oscura que su cabello castaño, empapado de barro hasta las orejas. El camaleón no estaba mucho mejor que él, pero era el más optimista, acariciando y animando al cielito. No veía la salida a ese lugar, y estuvo por desanimarse varias veces. Añadido a eso, tenía un hambre que no era ni medio normal.

—Lo sé, lo sé —sonrió al animalillo desde el suelo, al volverse a caer debido a lo resbaloso que era. Los ojos de Leon le miraban con preocupación frente a él, y ante esa mirada se levantó de nuevo.

Estaría cansado y hambriento, pero se daba cuenta de que si se quedaba ahí, no iba a cambiar mucho la situación. Es más, era posible de que alguien conocido —y bueno— apareciera si no se rendía.

Con esa esperanza se volvía a incorporar cuando caía, tratando de no pensar demasiado en la posibilidad de que se encontrara con esas personas sin rostro que había escuchado anteriormente, que no le inspiraba confianza alguna pero cuyas huellas estaba siguiendo.

Caminaría asi durante un tiempo indefinido, interminable, la iluminación cambiando mediante más andaba, pues el sol iba moviéndose sin esperar a nada ni nadie.

¿Cuántas horas pasaría en aquel lugar? Hacia tiempo que había visto que las pisadas se convertían en huellas de neumáticos, lo que en cierto modo le aliviaba al saber que no se encontraría con ellos pero le inquietaba el hecho de que hubieran usado un vehículo para salir.

Si había necesidad de usarlo, significaba que la vuelta tenía bastante distancia. Y así lo comprobó cuando al fin vio algo urbano, algo alejado, que consistía en una carretera al parecer muy poco concurrida. Y por si no fuera poco, ya había anochecido.

—¿Qué hacemos ahora? —le preguntó a Leon—. Creo que no puedo hacer más que caminar...

Sin esperar a que el niño se lo pidiera, el animalillo se convirtió en una linterna nuevamente.

Pero Tsuna estaba ciertamente cansado, sediento y hambriento. Además de que la ropa le pesaba debido al barro que llevaba encima, y sus movimientos eran más torpes al cabecear prácticamente todo el rato. No tenía ganas de dar ni un paso más.

Al fin llegó a pisar la calzada, poniendo uno de sus zapatos encima de esta como si fuera la primera vez, y lentamente fue posando el otro, agradeciendo tener algo firme bajo sus pies. Sin embargo, debido al agotamiento, no se percató de un vehículo que iba de bajada.

Medio adormilado como estaba, apenas y escuchó el pitido. Giró su cabeza al percibirlo, y entrecerró sus orbes al ser deslumbrado por un par de luces que se aproximaban a su posición con rapidez.

Para cuando comprendió la situación, ya era demasiado tarde para hacer algo. Gritó asustado, cerró los ojos con fuerza y puso sus manos en posición defensiva. Todo en un segundo.

Escuchó el chirrido del freno, el pitido continuado del claxon del automóvil, la exclamación del conductor, una caída...

Y todo fue, de nuevo, oscuridad.

Pero esta vez, estaba solo.

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Salut lectores~.

NO ME MATEIS . SOY JOVEN.

—respondo y huyo—

Fiz-chan, emm... Bueno, solo no me mates mucho...

Aqui es dificil teorizar con los feels eh XD.

Mel-chan, lo que gusta es la intriga eh 7u7. Aqui esta la conti n.n

Mika-chan, jajaja, tranquilidaaad, aqui esta la conti XD. Y tu que crees?

Namie, bueno, tendré en cuenta tu idea para mas adelante —hay un cuaderno, no te preocupes por eso—.

¿Puedo llamarte Mie-chan?

Yi-chan, jajaja, lo iras descubriendo 7u7 TARTITAAAAAS.

Maka-chan, no te preocupes, se lo que es tener exámenes y deberes por doquier D=. Comenta cuando puedas n.n

Bien~ ¿Merezco review? ¿Disparo? ¿Tartita?

Au revoir, nos leeremos pronto~.