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Advertencias del capítulo: (Lenguaje Obsceno)
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Diclaimer: Naruto y sus personajes NO me pertenece
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Nota: Esta historia es completa y absolutamente MIA, y no es permitido tomarla sin mi autorización.
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El misterio de la felicidad
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*Capitulo 3*
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"Acercamientos"
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-Sasuke.- le llamo Sakura.
El Uchiha estaba recostado en el sillón frente a ella, en una postura relajada y con los brazos caídos a los lados. Su cabeza se movía de enfrente hacia atrás, mientras el intentaba despejar el sueño que le atacaba en ese momento. El sonido de la voz de Sakura le devolvió a la realidad.
Parpadeando continuamente, Sasuke se incorporó.
-Mmm.- expreso intentando recordar lo que ella había dicho. Un bostezo brotó de su ser, pero lo reprimió a duras penas.
-¿Qué pasa? ¿Tienes sueño?- le preguntó ella con suavidad, aún sabiendo la respuesta.
-Tsk.- refunfuñó Sasuke irritado.
-¿Has dormido bien?
-No mucho.
-¿Por qué? ¿Tienes pesadillas?
-Algo así.- le contestó escuetamente. Sasuke no pensaba decirle que no había dormido desde aquel horrible día, un mes y medio atrás. Que por más que lo intentaba las pesadillas le despertaban mojado de sudor y gritando.
-¿Por qué no me cuentas?- Sakura le miró con dulzura, esperando al igual que siempre, a que el chico se abriera a ella. Llevaban varias semanas con aquel proceder, pero Sasuke hasta el momento se había mostrado cerrado. Ya no era tan serio, ni apático con ella, pero siempre había algo que le impedía acercarse más de lo necesario.
-Prefirió no hacerlo.
-Sabes que cuentas conmigo en todo ¿Cierto?… Y no hablo como tu psicóloga.- le aclaró. El Uchiha asintió vagamente, pensando que ella se lo habia dicho tantas veces, que realmente empezaba a creerle. Sakura estaba absolutamente decidida a ayudarle, pero Sasuke sabía que ella no podría hacer nada para aminorar el dolor que llevaba dentro.
Con un suspiro, el moreno decidió cambiar de tema.
-Mejor continúa ¿si?- le dijo intentando que reanudara su conversación anterior. Sakura sonrió internamente, sabiendo de antemano, que el chico en cualquier momento se desviaría del tema inicial.
-Está bien.- Sakura se acomodo en el sofá.
Desde que había llegado, media hora atrás; Sasuke le había aclarado que no se encontraba de ánimos para hablar, por lo que Sakura había decidido no forzarlo. Como ya se encontraba dentro del apartamento, acomodados en la sala, el chico le había solicitado, que en lugar de hablar de él, lo hicieran de ella.
Sakura nunca había hecho algo así con sus pacientes, aunque claramente, ellos no sobrepasaban los doce años. Una de las reglas del hospital, era que jamás debía involucrar su vida personal con la profesional, Sakura sabía que aquello era poco ético, sin embargo, debía admitir que le había emocionado la curiosidad que el Uchiha mostraba, pues eso implicaba que él realmente la tomaba en cuenta como persona, no solo como la psicóloga con la que por obligación debía tratar.
De cualquier manera, había roto tantas reglas, que una más no le afectaría en lo absoluto.
-¿Que quieres escuchar?- le preguntó. Sasuke se recostó nuevamente en el sillón, dejando caer la cabeza contra la acolchonada cabecera, mientras su mirada se perdía en el cielo raso.
-Cualquier cosa.- musito con suavidad. Sasuke jamás lo admitiría pero escuchar a Sakura hablar, le relajaba de una manera sin igual. Su voz dulce y suave se sentía como un bálsamo en su interior. Por escasos segundos, Sasuke se permitía olvidar.
-Vivía con mi madre en Fukuoka, en un pequeño apartamento.- empezó a relatar-.Mamá era enfermera, creo que es por eso que me interesaba tanto la medicina.
-¿Porque escogiste ser psicóloga?- Sasuke volvió la mirada hacia ella, interesado por su respuesta. La chica estaba tensa y su expresión se había vuelto pensativa. Aquello capturó completamente su atención, Sasuke supo casi al instante que Sakura también había sufrido.
-Yo y mi madre éramos muy felices, siempre juntas, siempre riendo... Hasta que ella conoció a Kakuzu.- un suspiro tembloroso escapó de sus labios-. Él era paramédico y acababa de entrar al hospital en el que ella trabajaba. Era un hombre muy atractivo y educado, empezó a pretender a mamá y ella se enamoró. Un año después, Kakuzu se fue a vivir con nosotras.- Sakura se quedó en silencio, mientras los recuerdos volvían. Era la primera vez que se permitía recordar luego de varios años. El dolor seguía latente en su corazón.
-Al inicio todo estaba bien, pero luego de unos meses, empezaron las discusiones. Sus diferencias eran muchas, la convivencia mato el amor y dejo solo una fría comodidad. Los meses empezaron a transcurrir con lentitud, el ambiente empezó a ser insoportable y ellos se distanciaron, mientras las peleas se frecuentaban. En una ocasionen que la discusión paso a gritos, Kakuzu golpeó a mi madre frente a mí.- Sakura cerró los ojos ante el vivido recuerdo-. No solo se conformó con una bofetada que la tiro al suelo, sino que una vez allí, la pateo una y otra vez, hasta que mamá perdió el conocimiento. Yo no sabía qué hacer, estaba paralizada y lo único que me hizo reaccionar, fue verlo acercarse a mí. Quería ayudar a mama, pero sabía que si me quedaba, nada bueno sucedería, por lo que corrí fuera del apartamento.- se detuvó por unos segundos mientras se revisaba las uñas en un gesto nervioso-. Volví en la noche, mamá seguía en el suelo, estaba horriblemente lastimada y apenas podía moverse. Le ayude a llegar a la cama, le cuide las heridas y verifique que Kakuzu no pudiera entrar antes de acostarme con ella. Esa noche fue una auténtica tortura, entre el miedo constante de que ese maldito hombre volviera y el que mi madre enfermara severamente luego de la brutal paliza.
Sasuke se quedó en silencio, asombrado por lo que escuchaba. Dio una mirada hacia Sakura observandola fijamente. Era una mujer muy guapa y delicada, parecía frágil como una flor y era tan sofisticada y elegante, que en un inicio había pensado que era hija de algún personaje importante y de sociedad, y que por eso había terminado de doctora, a tan corta edad, en uno de los hospitales psiquiátricos, más famosos de Tokio. Su historia era sorprendente en un sentido puramente escalofriante.
-Tres días después, Kakuzu apareció y le pidió perdón a mi madre. Ella estaba mejor, había pedido permiso en el trabajo y yo le había dado todos los cuidados necesarios para que su recuperacion se acelerará. Cuando él llegó tuve miedo, no solo de que volviera a lastimarla, sino que esta vez no se detuviera... Mama le atendió y para mí horror le perdono... Al hombre que la había maltratado y golpeado, a ese bastardo que había abusado de su fuerza para reducirla. Yo estaba tan furiosa por su debilidad, que apenas podía creerlo. Sabía que algo tenia que estar mal con mi mama, porque no era posible que ella doblegase su orgullo y amor propio por una calaña como Kakuzu.
Sakura sonrió con tristeza. Era doloroso recordar cómo su madre había pasado de ser una mujer vivaz, alegre y amorosa, a una persona gris, triste y asustada.
-Cuando cumplí dieciocho me fui de la casa. Conseguí un trabajo de medio tiempo y a una compañera de habitación.- suspiro-. No aguantaba más la situación. Mama seguía con ese maldito hombre sin importar cuantas veces la insultaba o golpeaba... Sin importar que más de una vez hubiera tratado de agredirme e incluso intentará tocarme. Kakuzu la manipulaba y yo le detestaba.- susurró con rencor. Sasuke no pudo evitar sentir una desazón en el pecho al pensar en el infierno en el que ella había pasado. Era inevitable imaginar el maltrato que había sufrido y debía admitir que odiaba a Kakuzu solo por el hecho de intentar ponerle una mano encima. Sasuke tenía la firme creencia de que ningún hombre tenía el derecho de atacar a una mujer bajo ninguna circunstancia. Aquello solo era de cobardes.
-Me mantuve en contacto con mi madre a pesar de lo sucedido. Incluso llegué a verla unas pocas veces al mes, siempre a escondidas. Intentaba ayudarla en todo lo que podía, mandándole el dinero que lograba reunir y tratando de aconsejarla para dejar a ese bastardo.- su mirada verde se perdió en el piso de madera mientras los últimos recuerdos de su madre volvían a la vida-. Un día me llamaron del hospital en el que mamá trabajaba. Ella había recibido otra paliza de ese malnacido y al parecer estaba grave. Y-yo intente llegar lo antes posible, jamás pensé que en realidad fuera tan malo, pero cuando llegue había muerto. No siquiera tuve tiempo de despedirme de ella.- suspiro.
-Lo siento.- le dijo Sasuke seriamente.
-No importa.- respondió Sakura mostrándole una ligera sonrisa. Los recuerdos aún dolían intensamente, pero había aprendido a superarlos.
Sasuke la observó fijamente, con el ceño fruncido y una presión inusual en el pecho. La sonrisa de ella era luminosa, tranquila y dulce, tan contraría al dolor que solo segundos atrás él había visto.
Sakura era una mujer extraña, decidió.
-¿Que paso con Kakuzu?- le pregunto directamente.
-Sigue en la cárcel.- Sakura se encogió de hombro con indiferencia.
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Eran las seis de la tarde y Sakura aún se encontraba en el apartamento de Sasuke.
El chico se había quedó dormido casi una hora atrás, mientras Sakura le contaba algunas anécdotas de la universidad.
La pelirrosa había notado cuán cansado pasaba el moreno. Las ojeras bajo sus ojos y su extrema palidez, habían sido solo el primer indicio de su insomnio. Sakura tenía una idea de lo que sufría, pero el chico era testarudo y se negaba a hablar de lo sucedido, por lo que ella no podía tomar cartas en el asunto. No obstante, había decidido recetarle algunas pastillas para dormir.
Sakura se apresuró a terminar con la cena. Se había tomado la molestia de preparar los alimentos del chico al notar que ya sería la hora de comer. No sabía cómo Sasuke tomaría su atrevimiento, solo esperaba que no se molestara mucho.
En cuanto termino, la Haruno se dirigió a la sala una vez más. Sasuke aún seguía dormido, en la misma posición en la que le había dejado. Sakura se acercó a él con cuidado y le observó en su sueño. Era un chico realmente hermoso, más aún cuando sus rasgos no se endurecían por el dolor sufrido, ni cuando sus ojos no mostraban más que vacío. Sakura sabía que pensar de esa manera sobre su paciente, peor aún, varios años menor que ella, era poco ético, pero decidió dejarlo pasar, pensando que había sido solo en un momento de debilidad.
El rostro atractivo de Sasuke, estaba relajado. Sus pestañas le acariciaban los pómulos y su boca entreabierta, dejaba escapar el aire en un ligero silbido. Sakura también noto como sus cabellos oscuros, le caían sobre la frente, por lo que rápidamente lo corrigió, dejando que sus dedos acariciaran las hebras de seda y las acomodarán en una mejor posición para no obstruir la mirada de su rostro. Sakura se sobresaltó cuando notó su inocente acción. Nerviosa se levantó de un salto mirando con atención al chico, en cualquier momento esperaba a que él se despertara y le acusara de aprovechada, pero Sasuke estaba profundamente dormido y parecía no dispuesto de despertar.
Sakura se encamino hacia el sillón en donde estaban sus cosas, decidiendo que le dejaría descansar por unos minutos más. Le daba algo de pesar despertarle en esos momentos, notando sus ojeras y lo profundamente dormido que se encontraba, le pareció una maldad.
Sakura se sentó cogiendo su laptop e iniciando con el trabajo pendiente. Pensaba dejar que Sasuke descansará por media hora más y mientras tanto, ella se mantendría ocupada.
La Haruno se introdujo tan de lleno en el trabajo que no noto como el tiempo transcurría. Debía terminar de organizar todos sus casos para el día siguiente. Tsunade había planteado hacer una revisión general todos los sábados, a la espera de que los expedientes estuvieran perfectamente organizados. Sakura estaba casi completa, con excepción del caso de Sasuke y el de una niña que había empezado a tratar una semana atrás.
Suaves quejidos y murmullos le distrajeron. La pelirrosa levantó la mirada con curiosidad buscando identificar la provinencia de los sonidos. Sasuke se removía inquietamente en el sillón, estaba sudado y temblaba ligeramente. Sakura se apresuró a dejar su laptop de lado, antes de levantarse y encaminarse hacia el chico.
Mirándole más de cerca, Sakura pudo notar que su rostro sudado se contraía en muecas de malestar. Sus mejillas se encontraba coloridas y calientes.
-No… No Itachi … No, no te mu-eras, no, Itachi.- decía Sasuke frunciendo el ceño, Sakura se puso frente a él y se dispuso a tocarlo para así despertarlo, pero se detuvo en seco a recordar lo que había ocurrido la última vez. Lentamente, la pelirrosa alejo su mano y en cambio se inclinó un poco más hacia él, para llamarlo.
-¿Sasuke? Sasuke despierta.- masculló con voz firme. El chico se quejó y removió, pero sus ojos permanecieron cerrados.
-No, no… Por favor, no me dejes hermano.- mascullaba el moreno agitado. Sakura se empezó a preocupar y olvidando las precauciones, acercó una mano al rostro de Sasuke, para darle una suave palmada en la mejilla derecha.
-Despierta.- musitó lanzando la primera bofetada. Sin embargo se detuvó al sentir lo caliente de la piel del chico-. ¡Pero si estas hirviendo!- exclamó alarmada.
Sakura supo al instante, que intentar despertar al chico era un desperdicio. La pelirrosa se incorporo rápidamente, encaminándose a la cocina. Sus movimientos fueron apresurados mientras conseguía un recipiente hondo y una pequeña toalla, antes de sacar agua de la nevera y verterla en el bowl. Volvió a Sasuke con todo en manos.
Se agachó frente al chico y rápidamente preparo el paño, humedeciéndolo y doblándolo luego, para dejarlo caer en su frente.
Sakura pasó los siguientes quince minutos cambiando la toallita hasta que el frío se esfumó y la misma agua se tornó tibia. Tuvo que volver a la cocina por más agua helada y volvió a repetir el proceso hasta que la fiebre cedió un poco. Sasuke continuaba murmurando incoherencias y lanzando gemidos. La pelirrosa empezó a preocuparse cuando la situación no mejoró.
-Despierta Sasuke.- le pidió acariciandole con suavidad el rostro. El moreno respiró con profundidad relajándose por unos segundos, pero en cuanto Sakura dejo de tocarle, volvió a removerse inquieto y quejoso-. Vamos, por favor despierta.- Sakura sabía que teniéndolo allí no iba a lograr nada, por lo que su objetivo era que despertara. Necesitaba llevarle a su habitación, preferiblemente al aire acondicionado. Darle algun medicamento y acobijarle. Otra opción era darle un baño con agua fría pero pensaba dejarlo como última alternativa en el caso de que la fiebre no cediera.
-Sasuke, vamos Sasuke, despierta.- le llamo golpeándole otra vez la mejilla. En esa ocasión el moreno finalmente entreabrió los ojos, con la mirada desenfocada y notable dificultad. Se quedó observando a Sakura por varios segundos, intentando ordenar sus confusos pensamientos, mientras se relamía los labios resecos.
-Sakura.- susurro apenas, con voz ronca y áspera.
-Ven… Ayúdame ¿sí?- le pidió ella mientras se levantaba. Sakura le agarro de un brazo y lo halo intentando incorporarlo-. Tengo que llevarte a tu habitación.- musitó mientras le obligaba a ponerse de pie. Sasuke estaba demasiado aturdido para ser de gran ayuda, por lo que le costó levantarlo. Sakura sentía como todo el peso casi muerto, estaba apoyado en su cuerpo.
Obligándose a mantener el equilibrio, la pelirrosa pasó una mano por la cintura del chico, mientras le obligaba a poner el brazo cercano, alrededor de sus hombros.
-No… yo puedo solo.- se quejó él en cuanto tomó consciencia de la situación.
-Tú sabes que no.- le reprendió Sakura. El chico se quejó entre dientes llevándose una mano a su aturdida cabeza. Juntos empezaron a avanzar hacía las habitaciones.
-Me duele la cabeza.- murmuro Sasuke cuando iban por el pasillo.
-Luego te daré una pastilla ¿sí?… Ahora dime cuál es tu cuarto.- le ofreció Sakura mientras se detenían frente a las todas las habitación. Eran cinco puertas en total y Sakura solo reconocía la primera a la derecha, ya que había sido la que le habia ayudado a pintar.
-Esta.- señaló el moreno, levantando el dedo hacia la segunda puerta a la izquierda-. Esta es la habitación que Itachi me acondiciono… Era la que usaba cuando pasaba los días con él.- murmuro con nostalgia. Sakura sonrió sabiendo que el moreno compartia aquella información con ella, únicamente porque estaba casi delirando. Su fiebre aún era muy alta.
En cuanto se adentraron a la habitación, Sakura se encargó de dejarlo bien acomodado en la cama antes de volver por el recipiente con agua y el paño húmedo.
Volvió a hacer el mismo proceso de varios minutos atrás, cambiando el paño varías veces hasta que el agua se calentó.
-Aun tienes temperatura.- murmuro ella luego de comprobarle. La fiebre había bajado, pero no cedido. Sakura empezaba a considerar darle un baño de agua fría, pero pensaba primero desgastar todas las posibilidades, ya que aquello sería invadir la privacidad del chico-. En algun lado de este apartamento tienen que haber pastillas.- se dijo poniéndose de pie. Se vio interrumpida cuando una fuerte mano rodeó su muñeca.
-No te vayas.- le pidió Sasuke con suavidad. Tenía el rostro sonrosado y parecía tener dificultad para abrir completamente los ojos.
-Solo buscare algunas pastillas.- le dijo Sakura con una sonrisa. Sasuke la miró unos segundos antes de ceder y soltarle. Sakura no perdió tiempo, dando media vuelta y acercándose al baño.
Necesitaba buscar un botiquín y esperaba que estuviera equipado. Lamentablemente no había nada dentro. Lo mismo ocurrió cuando se tomó la libertad de entrar a las otras habitación. Sakura se detuvó frente a la última estancia, rogando por que en esta si hubiera lo que andaba buscando.
El apartamento constaba de cuatro habitaciones y un baño principal. Hasta el momento, el cuarto de Sasuke había sido el único habitable, por lo que Sakura se sorprendió al observar que aquella habitación también estaba amueblada. La pelirrosa se apresuró a encender la luz, recorriendo con la mirada la estancia.
Una enorme cama de sabanas azules fue lo primero que noto. Estaba justo en el centro de la habitación y abarcaba gran parte del lugar. Las paredes estaba pintadas de un azul oscuro. Una mesita negra estaba a un lado de la cama con una lámpara de lava, un retrato y un teléfono. Un armario estaba en la esquina derecha y un par de metros antes, un estante estaba colgado con varios libros en él. Bajo el estante habia unoqmesa de estudio con diversos materiales y una laptop abierta en el centro. Al otro lado de la habitación había un mueble de madera, con un televisor de plasma y un parlante de bluetooth.
Era un cuarto muy bonito. Sakura no pudo evitar sentirse curiosa mientras se acercaba a la mesita de noche. Cogió entre sus manos el retrato, observando la fotografía con atención. En ella estaba un chico veinteañero de cabellos largos y ojeras bajo los ojos, era muy parecido a Sasuke e igual de guapo. A su lado estaba el Uchiha menor, de unos quince años. Feliz, reprimiendo una sonrisa a duras penas, muy guapo y tan diferente. Sakura no pudo evitar pensar en lo distinto que era antes.
Con una sonrisa triste, Sakura dejo el retrato nuevamente en la mesita y se encaminó hacia el baño. Dentro había un botiquin, Sakura solo esperaba que no estuviera vacío como los anteriores.
Por suerte dentro había todo tipos de pastillas y medicamentos. Sakura había supuesto desde un inicio que aquella habitacion era del hermano mayor de Sasuke, la pelirrosa lo confirmó en el momento en que noto cuán equipado estaba.
Tomó lo necesario y salió de la habitación rápidamente, fue a la cocina por un vaso de agua y se apresuró a volver al chico.
Sasuke seguia en la misma posición en la que le había dejado. Estaba un poco más sudoroso del rostro, pero cuando Sakura le tocó, noto que por suerte la fiebre no había aumentado. La Haruno se sentó a un lado del moreno y dejo todo lo que había llevado consigo sobre la mesita.
A continuación le limpio a Sasuke la frente y le tomó la temperatura usando el termómetro que había conseguido. La fiebre no era tan grave como había creido, estaba a treinta y ocho grados por lo que Sakura esperaba que con el medicamento y sus cuidados, mejorará rápido.
-Sasuke.- le llamo acariciándole la mejilla derecha. El chico abrió los ojos lentamente, cansado y mareado.
-Mmm.- murmuro. Sakura la pasó una mano por detrás de la cabeza y le obligó a inclinarse hacia enfrente, sosteniéndole en una posición recta.
-Abre la boca.- le pidió. El moreno lo hizo sin rechistar y Sakura se apresuró a ponerle las pastillas en la lengua y a darle un buen sorbo de agua. Luego le acomodó nuevamente en la cama.
Transcurrió más de media hora cambiándole el paño de agua para que la fiebre disminuyera. Sakura estaba acomodada a un lado de Sasuke, en el suelo. Sus pies estaban descalzos, se había quitado la camisa formal y en ese momento andaba una blusa elástica y se había tenido que subir un poco la falda para que no le restringiera la movilidad de sus piernas. Sasuke estaba mucho mejor que antes. Los medicamentos le habían ayudado al igual que sus atenciones. Su piel ya había vuelto a una temperatura normal y sus mejillas apenas estaban sonrosadas, además de que ya había parado de quejarse entre sueños.
Sakura no había dudado un segundo en quedarse para velar por su salud, pero una mirada a su reloj de mano, le hizo darse cuenta de que ya había pasado hacia varios minutos el horario correcto de visitas. Pasaban de las nueve de la noche y ella no podía permanecer más tiempo allí.
-Debo irme.- se dijo a sí misma. No quería dejarle a su suerte, pero quedarse tampoco era una opción. Por suerte el chico estaba mejor, pero Sakura realmente temía que la fiebre volviera mientras estuviera solo. Desafortunadamente, los riesgos eran muchos por lo que se levantó del suelo, dispuesta a recoger sus cosas y dejar el apartamento.
-No te va-yas Sakura.- de pronto la mano del chico le detuvó antes de avanzar hacia la salida. Sakura volvió hacia él, observando sus ojos semiabiertos. El agarre de su muñeca era débil y Sasuke parecía estar enfrentando una dura batalla contra el cansancio en ese momento.
-Es tarde.- le dijo Sakura indecisa. La resolución de irse se volvía cada vez más frágil.
-Quédate conmigo.- le pidió él en un susurro. Sakura dudó instantáneamente. Sabía que había una determinada línea que ella tenía prohibida cruzar y de hacerlo ponía en riesgo todo aquello por lo que tanto había luchado.
-Sasuke, no creo que…
-Quédate, quédate a mi lado… Solo esta noche.- la interrumpió. Sakura no pudo negarse a lo inevitable. Indecisa, tomó asiento a un lado de él.
-¿Te sientes mejor?- le preguntó apoyando la palma de la mano en su frente, para tomarle la temperatura. El chico asintió antes de incorporarse con dificultad y moverse para darle espacio suficiente para acostarse a su lado.
-No Sasuke… no…
-Shhh.- él la acalló poniéndose de lado-. Acuéstate.- le dijo en una especie de orden. Sakura respiró temblorosamente, sabiendo que no debía hacerlo, pero sin poder negarse. Con un suspiro, se acostó en el espacio libre ubicándose en la misma posición en la que estaba Sasuke, de frente a él.
Sakura recorrió con la mirada el rostro niveo del chico, notando la suavidad de su piel y el contraste perfecto que hacia con sus oscuros cabellos. Sus ojos estaban cerrados por lo que se permitió mirarlo sin discreción. Tenía pestañas gruesas y abundantes y le acariciaban la parte superior de los pómulos. Su nariz era recta y bonita, y sus labios eran delgados y perfectamente delineados. Era demasiado guapo, casi rozando lo hermoso.
Sakura sintió como el rostro se le ponía caliente, cuando el chico de pronto abrió los ojos, notando su clara fascinación. La pelirrosa se negó a apartar la mirada, a pesar de que él le había descubierto infraganti.
El tiempo empezó a transcurrir lentamente. El silencio se extendió y sus corazones empezaron a latir a un mismo son, tan sincronizados como si fueran uno solo.
Sakura observó como los ojos de Sasuke se cerraban suavemente. El cansancio le había vencido y pronto el chico se quedó dormido. La Haruno sabía que aquella era la perfecta oportunidad de librarse de su compromiso y salir de allí, pero de pronto se encontró pensando que se permitiría descansar por unos minutos antes de partir.
El tiempo se extendió mientras las excusas crecían en número. La paz y la tranquilidad le permitieron relajarse de tal manera, que Sakura no se dio cuenta en qué momento se permitió caer en los brazos de Morfeo.
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Sakura se removió incomoda por la luz que le pegaba en el rostro, haciendo que la claridad iluminara sus parpadeos, sacándola del delicioso descanso que estaba teniendo.
Gruñendo entre dientes, la pelirrosa puso una mano frente a sus ojos, para obstruir el paso de la luz. Un bostezo escapó de sus labios, mientras lentamente el letargo se esfumaba dando paso a un despertar activo.
Sakura empezó a removerse, intentando voltear hacia su lado izquierdo para tener una mirada de su reloj despertador, sobre la mesita a un lado de la cama. Dos cosas fueron evidentes cuando logró moverse y abrir los ojos. Una mano le rodeaba la cintura y un cuerpo se apegaba a su espalda, además de que su reloj no estaba donde debía y que de hecho, ella no se encontraba en su habitación.
Sakura respiró profundamente intentando detener el ataque de pánico. Cerró los ojos tratando de recordar dónde estaba y quien dormía pegado a ella. Los sucesos volvieron a su mente con parsimonia. Sakura recordó perfectamente su consulta el día anterior, el cansancio de Sasuke, su fiebre y los cuidados que ella le había brindado. También recordó que el chico le había pedido quedarse y que ella no había tenido el corazón para negarse.
Sakura volteó sobre su mismo cuerpo hasta quedar de frente al moreno. Sasuke aún dormía y se veía tan relajado que despertarlo era la última opción, además Sakura esperaba irse sin que él notará que ella había dormido allí. Con suerte el chico no recordaría nada de lo sucedido la noche anterior.
Sakura se escabulló con cuidado de sus brazos, cuál serpiente, arrastrándose por la cama hasta terminar hincada en el piso frío de madera. Sasuke continuaba aún dormido por lo que la pelirrosa se apresuró a levantarse y coger sus zapatos en mano. Se puso de pie e inspeccionó con la mirada su alrededor, esperando no dejar ningún cabo suelto, luego salió de la habitación intentando hacer el menor ruido posible.
Afuera, la pelirrosa recogió todas sus pertenencias y dejo el apartamento en un santiamén. Sakura se encaminó por el pasillo poniéndose los zapatos y acomodándose la camisa. Esperaba que aún fuera temprano, no quería que ningún inquilino le viera salir del apartamento del chico pues podían crearse idea que no era y de paso, meterla en un embrollo sin igual.
Sakura se adentró al ascensor en cuanto este se abrió, agradeciendo internamente que estuviera vacío y presionó el botón que le llevaría al vestíbulo.
Se arreglo la falda y el cabello, antes de dar una mirada a su reloj de mano para comprobar la hora. Una maldición escapó de sus labios. Era las siete y cuarenta, y su turno iniciaba a las ocho. Sakura sabía de antemano que ese día iba a ser muy difícil.
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Sasuke abrió los ojos en el momento en el que escucho como la puerta de su apartamento se cerraba. Se dejó caer sobre su espalda y su mirada se fijo en el techo blanco de su habitación mientras los recuerdos volvían.
El moreno se había despertado solo pocos minutos antes de que Sakura lo hiciera. Al inicio se había sentido aturdido. No recordaba nada de la noche anterior y rápidamente noto que había algo inusual en el ambiente. Pocos segundos después, Sasuke supo identificar lo que era. Un peso estaba instalado en su pecho y, un suave y cálido cuerpo se encontraba pegado a su costado derecho.
Sasuke frunció el ceño, aún sin abrir los ojos, preguntándose internamente si había llamado a una de sus compañeras, la noche anterior, para descargarse y se había dormido sin echarla de su apartamento.
Reclamándose por su estupidez, el moreno abrió los ojos y observó para su sorpresa, una única cabellera rosa. Un rostro de porcelana se cernía muy cerca del suyo y un dulce aroma floral inundaba sus fosas nasales.
La confusión dio paso a la incredulidad. Sasuke apenas podía creer lo que veía y le tomó más de unos segundos, recordar cómo Sakura habia terminado en su cama.
Las imágenes, aunque borrosas, le hicieron rememorar que él había sido quien le había solicitado a la mujer, permanecer a su lado. Sasuke recordaba haber tenía su consulta con ella, haber conocido una parte de su historia y luego haberse sentido sumamente agotado y débil, el resto eran solo flashbackes de él mismo siendo llevado a su habitación, de Sakura cuidándole y luego, de él pidiéndose permanecer a su lado.
Sasuke se dio cuenta de que algo extraño sucedía. Habían pasado un mes y medio desde el asesinato de su familia y él no había podido dormir desde entonces. Las pesadillas eran continuas y cada vez peores, pero Sasuke no había sufrido ninguna de ellas mientras Sakura había dormido a su lado.
-Fue el cansancio.- se excusó sin convicción.
Pero no había sido eso lo que le había hecho observarla en su sueño y no despertarla cuando debió haberlo hecho.
-Esto se me está saliendo de las manos.- se dijo con frustración.
Aquella mujer se había metido en su vida de pronto y Sasuke había presentido desde un inicio que nada sería igual, pero jamás había esperado que las cosas transcurrieran de aquella manera.
La dulzura y ternura de Sakura lo desarmaba en ocasiones y le hacía sentir extraño por dentro, pero había sabido manejarlo hasta el momento, sin embargo, algo había cambiado en la esencia de su relación desde la pasada noche y Sasuke lo sabía.
-Esto no me puede estar pasando a mí.- maldijo molesto.
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FIN DE CAPITULO
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