Disclaimer: Ningún personaje de Saint Seiya me pertenece.

Nota: Esta trama se procede en una posibilidad de ver a los Santos Dorados vivos, por lo menos posibilidad de existir como pasó en SOG. Espero les divierta. Además quiero aclarar algo, este fic NO es YAOI, respeto los gustos ajenos pero yo no escribo esos géneros.

Agradezco enteramente aquellos que han leído y dejado un comentario, eso sube el ánimo de seguir relatando. También para aquellos que le dieron favorito a este humilde escrito.

Un saludo y abrazo a todos.


Razones


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"Dudas y Temores"

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La calamidad no puede acoplarse en describir en una o dos palabras. Los desastres tampoco se puede subestimar en una sola explicación, pero existía cosas de otra dimensión que podían ser mucho peor o tal vez en un grado sumamente mayúsculo que a cualquiera dejaría con un temor en la conciencia.

A paso lento, con un documento en mano, él se quedó quieto a esperar hallar una respuesta. La comodidad de sus muebles resultaron ser bastante reconfortante a tal punto que sería capaz de planear una estrategia totalmente efectiva, o por lo menos que diera resultado ante tan mala suerte.

Los libros –por todo lo que aprendió y oyó– poseían el secreto y respuestas de los temas tan simples como las cosas tan maravillosas que existía en el mundo; sin embargo, su situación no se podía subestimar o creer que los eventos, por más mínimas que fueran, se debían de dar una patada para olvidar lo sucedido.

Sus delgados dedos revisaron lo que parecía ser un viejo diario. Uno de aquellos tomos que únicamente se almacenaba en la biblioteca de Acuario y que, por varias generaciones, guardó celosamente los textos donde se describía las reseñas y aventuras de los caballeros anteriores a él, así como también de las otras constelaciones de las distintas casas del Zodiaco. Mas todo lo que en su mente albergaba quedó a un lado para buscar específicamente un solo tema.

Ese asunto que podía salvarle la vida.

—Santos Dorados. Año 1850—el guardia de Acuario susurró al leer la portada del tomo que pasó tiempo escondido en los estándares más selectos de la biblioteca—; absolutamente no hay referencias fuera de combate.

Tiró otro libro más sobre la mesa que, después de muchas horas de exhaustiva investigación, se acumulaban hasta formar una pequeña torro Eiffel; estaba irrevocablemente seguro que en uno de esos textos leyó algo similar a su problema, desde que llegó a Acuario se tomó toda la paciencia del universo en leer cada papel y/u hoja que existiera en esa gran y resguardada habitación.

—Milo no pudo tomarlo, en efecto no le agrada las antiguas escrituras—puso una escalera sobre el estante para subir y volver a rebuscar—. De todos modos, puedo explicar mis razones para retirarme de esta misión.

Frunció el ceño un poco enfadado, bueno, intentaba controlar sus emociones porque de alguna manera se sintió herido y casi burlado por tener que solventar ese trabajo. ¿Es que acaso el Patriarca Shion no estuvo satisfecho con las lecciones que impartió a dos niños?

Camus de Acuario no consideraba justo que se le tomara en cuenta porque, muy pese a su deber como caballero, amablemente tomó como discípulos a dos pequeños y que, gracias a la ayuda de Athena y la consideración de Poseidón, ambos eran grandes jóvenes que mantenían a cargo funciones importantes. Isaac como una marina de élite en las tropas del dios de los mares, y Hyoga como el caballero de la diosa de la sabiduría a la que cuidaba con fervor junto a los otros camaradas de bronce además de ser el legítimo sucesor de la armadura de Acuario.

—Definitivamente quiere una batalla entre dos aspirantes para obtener una armadura.

Musitó tras revolver sus pensamientos para llegar a ese punto. Estaba bastante claro que el onceavo signo zodiacal tomó como el siguiente caballero a Hyoga. Sus ojos jade se fijaron en el grabado de un pequeño libro, mas dudó en tocarlo.

Camus pestañeó, su expresión aún seguía manteniendo la infinita seriedad del caso y que eventualmente no poseía intenciones de cambiarlo. El frio en el salón continuó descendiendo al ser la habitación más expuesta al glacial de Acuario por los motivos de mantener intactos libros demasiado antiguos. Aquel legado que para él también era un asunto de suma importancia.

—Santos Dorados. Siglo XVIII.

Estiró la mano, apenas los nombres y signos de cada empastado se visualizaban hasta encontrar con el que más deseaba, aunque no pudo evitar tomar un libro más. Se bajó, usó un poco de su cosmos para exponer al frio total cada fragmento de esas hojas antes de abrirlo, y se sentó sobre su reconfortarle sofá.

—"El amor de Athena nos llena de vida, nos da fuerzas para seguir y, cada decisión suya siempre una razón de ser" —Camus murmuró al leer la primera hoja, claramente la exquisita caligrafía de Degel de Acuario era manifestación del porque las futuras generaciones lo consideraba el caballero más culto y sabio de su tiempo—. Degel.

El guardián de Acuario inhaló, los cabellos largos aguamarina cayeron sobre su rostro después de leer un fragmento en la parte inferior de la segunda hoja. También a Degel se le resaltó por su devoción y fidelidad a su diosa, algo que tal vez muchos acuarianos no mantuvieron en buenos términos.

—Si esto es una tradición impuesta por el anterior Patriarca entonces debe estar en los decálogos de Degel—con parsimonia hojeó con súbita concentración. No podía imponer fuerza o las desgastadas hojas se romperían—; antes de Shion fue Hakurei y Sage. Lemurianos—se detuvo en el título de una hoja que peculiarmente poseía un grabado en la esquina del trozo de papel— "Para aquel sucesor que lea esto tiene que saber que la misericordia de Athena nos da oportunidades de subsistir, caminos a explotar y cambios que debemos considerar. Porque fue después de la ganar la guerra con Hades por qué nuestra señora nos dejó la misión más difícil que cualquiera de mis camaradas hubiera deseado…"

Camus repasó la lectura, tenía que buscar alguna explicación o motivo para excusarse de ese trabajo, pero tampoco deseaba presentarse con un documento desconsiderado y falto de justificaciones convincentes para que Shion lo releve del asunto, aunque estaba más que convencido que la diosa Athena también iría a leerlo; porque yacía sumamente convencido que no iría a cambiar de opinión, que el tema de poseer un sucesor de sangre estaba fuera de sus límites. Porque era un caballero, alguien que encomendó su vida a servir a una causa justa, en darle enseñanza a discípulos, pero no poseía el sentido apropiado de tener un heredero que compartiera un lao sanguíneo.

—Involucra muchas responsabilidades—Camus echó la cabeza hacia atrás para sentir la textura de su sillón—. Problemas mayoritarios y…—cerró los ojos para evitar que fragmentos de su pasado volviera a herirlo—. No está en discusión, pero no pretendo obedecer esta vez.

La realidad habitaba en la herida que aún mantenía de niño. El sentir y ver una familia, el hecho de decir a una dama "madre" o quizás "padre", pero ese derecho se lo arrebataron desde muy pequeño y, inevitablemente, no logró esos sueños que cualquier infante deseó. Mas la llegada de Isaac y Hyoga a su vida fue un cambio agradable, esos gustos que uno puede sentirse –en la poca convicción de la palabra– orgulloso por poseer a retoños que te ven como un ídolo y/o modelo a seguir.

Empero, no podía ocultar ese bichito –no, aquí no involucraba a Milo–que uno comienza a sentir por la razón de saber qué se sentiría tener y ver a un niño con que no solo compartía el poder del universo en el interior sino ese algo más llamado sangre y lazo.

—Tal vez lograría comprender a Surt y su devoción hacia el hijo que su esposa le dará—pronunció pensativo con el diario de Degel sobre su regazo—; mi antecesor también se enorgulleció por su hija, aunque no la ofreció como amazona—tomó el texto para leer las últimas partes de Degel de Acuario antes de que concluyera su cargo como guardián de la onceava casa—. El deber más importante sería el encontrar una esposa, una dama que por lo menos comparta algo de mis gustos.

Hojeó el diario con la fe de buscar las memorias del hombre del Siglo XVIII acerca de la esposa que escogió, pero lo único que decía al final de una página fue: "La doncella que tuvo el don de Athena para escribir las historias más gratas que nunca antes he leído y que, seguramente, tiene todo lo necesario para redactar una aventura que me permitió participar a lado de mi amada heredera"

—El hombre más sabio acató la orden de nuestra diosa—musitó tras cerrar el diario—, tal vez tuvo las razones necesarias para hacerlo—dejó los textos sobre la mesita y se masajeó la sien— ¿Verdaderamente será correcto poseer un heredero de sangre?

La trivialidad de las preguntas comenzó a formarse en su mente. Las posibilidades, lo bueno y lo malo que podía ocurrir si aceptaría el trabajo y que –era bastante claro esa parte– sus camaradas iban a otorgar razones convincentes de negarse a cumplirlo.

Camus soltó un largo y profundo suspiro. Buscó un bolígrafo y un papel, en esas situaciones era preferible mejor hablar con Surt, por lo menos alguno de los gemelos no iba a tener problema de llevarlo –mediante la Otra Dimensión– hacia Asgard.

—Es el único capaz de aclarar mis dudas. No puedo decidir si es correcto tener un heredero de sangre.