Disclaimer: Ningún personaje de Saint Seiya me pertenece.

Nota: Esta trama se procede en una posibilidad de ver a los Santos Dorados vivos, por lo menos posibilidad de existir como pasó en SOG. Espero les divierta. Además quiero aclarar algo, este fic NO es YAOI, respeto los gustos ajenos pero yo no escribo esos géneros.

Agradezco enteramente aquellos que han leído y dejado un comentario, eso sube el ánimo de seguir relatando. También para aquellos que le dieron favorito a este humilde escrito.

Un saludo y abrazo a todos.


Razones


[5]

"Madurar gustos"

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No estaba nervioso bajo ningún motivo.

No sentía presión en nada de lo que imaginó.

Pero para su muy desdichada suerte le era imposible calmar sus nervios en plena noche; la demanda del Patriarca era poderosamente inquietante, no temía asumir tal orden pues entre todos los caballeros de la élite sabía cómo calmar una situación de ese calibre, más su angustia llegó cuando tuvo que pensar en la persona ideal para ayudarlo con ese trabajo.

Bien. Aioros de Sagitario amaba a los niños porque los consideraba como las criaturas más encantadoras e interesantes del mundo, y eso todos lo sabían ya que desde muy jovencito ayudó a las vestales en el cuidado de los futuros caballeros cuando estos aun eran unos retoños, por lo que la posibilidad de perder la paciencia estaba ajena a su personalidad.

De acuerdo, una cosa era ayudar a alguien en cuidar niños y otra muy distinta era el estar presente en la formación de la criatura dentro del vientre materno, y es que Aioros jamás convivio con alguna mujer gestante, ni siquiera con su madre cuando le dio la noticia de que Aioria venía en camino ya que su entrenamiento lo alejó –sin desearlo voluntariamente– del calor familiar para seguir su destino, uno del cual deseaba fervientemente para proteger a su madre y a su pequeño hermano.

Sin embargo, Sagitario supo que el recordar temas más profundos solo iba a herir sus sentimientos, porque claro estaba que existían cosas que forzosamente estaban muy bien escondidas dentro de su corazón y, si Aioria estuviera presente, quizás lo involucraría hablar asuntos que nunca aclararon con relación a su madre.

Ah, que agonía.

Qué tertulia pensar tantas cosas a causa de un simple tema.

—Necesito concentrarme—musitó tras dejar de limpiar la caja donde su armadura reposaba—, ¿será buena idea aceptar la orden de su Ilustrísima?

De cierto modo lo era si lo veía del lado bueno.

—Un heredero no estaría nada mal.

De hecho le agradaba la fantasía que surcaba por mente. Viéndose así mismo con su armadura brillando a causa de los rayos de sol, su imponente figura frente a la entrada de Sagitario no cesó la presencia de un pequeño niño, porque claro estaba en su pensar que si iba a tener un heredero debía de ser varón solo para asegurarse en transmitirle sus conocimientos. No era machista, menos aún en despreciar la fuerza de una mujer, pero no se imaginaba soportar que –si al tener una niña– su consentida asumiera un cargo bastante cruel.

Las amazonas eran feroces pero tristemente debían de sujetarse a muchos protocolos. Y Aioros sabía que de tener una mujercita, le heredaría su personalidad aventurera y eso, para una guerrera, resultaba ser un sueño simple. O al menos que Athena la tomase como una saintia, pero tampoco el hermano mayor de Leo sentía seguridad a que una niña que compartiera su sangre se sujetara a tales órdenes.

¡Ah, sí que todo el plan que se emitía en su cabeza le estaba mareando!

¡Ni siquiera conseguía a una compañera digna para darle su semilla!

Lanzó el trapo sobre el suelo, se levantó y estiró los músculos. Realmente le estaba provocando una jaqueca todo ese asunto y que, no estaba dispuesto en afirmar su obediencia si no poseía la clara idea de pensar en una mujer.

—Eso sin contar que las mujeres de Rodorio se han dejado corromper por el estilo de vida de otros países—suspiró rendido sobre la alfombra de la sala privada de Sagitario—; ¿Dónde conseguiré a una doncella?

Se frotó los ojos, no era una misión fácil ya que no se veía a sí mismo en buscar a cualquier amante para pedirle un hijo, menos en obligar a una mujer en pasar la noche con él. Porque Aioros de Sagitario apreciaba los sentimientos de otras personas y que, el hecho de pensar en una familia, involucraba en llevar las cosas pausadamente.

Bien. Ya tenía la idea clara de aceptar un niño, solo le faltaba buscar primeramente la dama que aceptara su compañía.

—Ya ni recuerdo cuando fue la última vez que cortejé a una mujer.

La resignación lo llevó a sentirse bastante mal. Antes de morir solo logró intercambiar palabras con una chiquilla de su edad, pero luego no pasó a cosas mayores. Y ahora después de muchos años en estar muerto a la edad de la pubertad, su diosa le dio el regalo de mantener su figura como la que debió ser de no haber fallecido.

—Creo que debo pasar tiempo con Kanon o Saga y así saber un poco más de las mujeres—más Athena olvidó cambiar un simple detalle en Sagitario, algo que quizás le ocasionó graves problemas—, así no tendría que estar fijándome en niñas.

Con los gustos y deseos de un crio de catorce años era notable que posaba los ojos en chiquillas de esa edad, y claramente no estaba bien visto que un hombre de veintiocho años enamorara a una adolescente de apenas quince años.

—Por más que deseo cumplir mi misión, no es posible si aún no me adapto a las cosas nuevas de este tiempo.

Definitivamente estaba muriéndose lentamente en su mente, el dolor de cabeza lo acosaba por pensar demasiado en ese día y que mañana tendría que presentarse al Patriarca con o sin un sobre de carta donde albergaba su respuesta para esa orden.

Así que con el dolor y deseo esfumado, Aioros se incorporó para buscar un papel y pluma, tal vez explicaría su anhelo de cumplir la orden pero al no establecer los tiempos y madurar sus gustos entonces sería un caso perdido.

—Ah, aquí estabas.

La voz dócil de una fémina asustó ligeramente al varón. Ella había estado de pie todo ese momento, quizás curiosa a las reacciones de él pues oyó rumores del comportamiento extraño de Aioros más le restó importancia a esos murmuros insanos que rondaban en el Santuario.

— ¿Qué haces aquí, Seika? —cuestionó el castaño con un ligero titubeo en su voz, tal vez aún le estaba costando acostumbrarse a la presencia de la hermana mayor de Seiya, pues la joven mujer vivía en Rodorio dedicando su vida a la medicina. Razón del porque Shion pedía su presencia en el Santuario

—Uno de los niños aspirantes se ha enfermado, por eso su Santidad mandó a llamarme—contestó y sonrió con ternura. Sus ropas eran sencillas, un vestido crema que le llegaba cinco centímetros arriba de la rodilla y encima un abrigo negro—; parece ser que algunos les cuesta adaptarse al clima griego.

—Es verdad, no me acordé de esos muchachos.

—El joven Mu me comentó que pasas mucho tiempo en este lugar—se acercó con temor al hombre—; si estas enfermo puedes contar con mi ayuda, después de todo en eso me especializo.

—Me siento bien—titubeó casi dudando si era correcto hablar con ella ya que las pocas veces que intercambiaron palabras fueron en presencia de algún otro caballero—, solo que tengo un problema bastante preocupante y no tengo idea de lo que puedo hacer.

—Oh, ya veo—musitó, juntó sus manos para darse calor pues la noche en Grecia era bastante helada—. Creo que deberías descansar, tal vez mañana con mejor tranquilidad puedas pensar solución a tu problema.

Pero Aioros no tenía un mañana, apenas solo horas para decidir su situación más el problema principal lo estaba agobiando tremendamente. Empero, su visión cambió un poco al ver a la delgada mujer que esperaba –con la expresión preocupada en el rostro- que le dijera algo, cualquier cosa para romper el silencio.

—Seika, ¿podría preguntarte algo?

—Cualquier cosa.

—Entonces…, esperando que no sea una ofensa—titubeó avergonzado, no sabía si era propio platicar esos asuntos además de que Kanon le advirtió sobre las mujeres: Ellas siempre podían crear tantos problemas y posibilidades en una sola frase. Sin embargo, —. En realidad necesito buscar una mujer.

Seika abrió los ojos de golpe de golpe ante la revelación, de acuerdo, no esperó que alguien de la altura madures del hombre le confesara tal cosa.

—Ah, bueno, supongo que es por una razón muy especial ¿no es así? —Ella no era tonta pero necesitaba atestiguar los rumores que oyó antes de bajar de la Cámara del Patriarca—. Y todos tus compañeros están con el mismo asunto.

— ¿Cómo sabes eso?

—Es que cuando ingresé al despacho del Patriarca vi al señor Kanon y al joven Milo discutiendo sobre un asunto de los herederos de sangre.

—Bueno, algo de eso se trata.

—Creo que no puedo pedir detalles—se encogió de hombres, sabía que las órdenes y misiones de los caballeros dorados eran concernientes a ellos. Aioros asintió—. De acuerdo, te ayudaré pero será un poco difícil.

— ¡Estupendo! —Alzó la voz jocosamente, se acercó a la mujer y la tomó de las manos—. Siempre he creído que la opinión de una dama es mejor que la de un compañero.

—Tampoco soy una profesional en concejos para relaciones más daré todo de mí.

— ¿Cuándo empezamos?

—Hoy mismo de ser posible, necesito saber teóricamente más de las mujeres.

Seika asintió un poco ruborizada con la cercanía del varón ya que aún le impresionó el comportamiento de éste. Por su parte, Aioros jaló a la chica para sentarla en el cómodo sillón y ofrecerle un poco de té.

No estaba dispuesto a dejarse vencer por un simple problema de sexos, si necesitaba cumplir su misión entonces no había razón para impedirlo. Y con una invitación a tomar té en Sagitario, ambos iban a pasar una noche en vela y quizás –sin que ambos se dieran cuenta- conocerse un poco más.

Después de todo, uno nunca sabía que el destino puede darnos muchos giros de la vida. Y Aioros pronto sabría lo que significaría llevar a paso una familia.