Disclaimer: Ningún personaje de Saint Seiya me pertenece.
Nota: Esta trama se procede en una posibilidad de ver a los Santos Dorados vivos, por lo menos posibilidad de existir como pasó en SOG. Espero les divierta. Además quiero aclarar algo, este fic NO es YAOI, respeto los gustos ajenos pero yo no escribo esos géneros.
Agradezco enteramente aquellos que han leído y dejado un comentario, eso sube el ánimo de seguir relatando. También para aquellos que le dieron favorito a este humilde escrito… ¡Y GRACIAS TOTALES! ¡LOS AMO!
Un saludo y abrazo a todos.
Razones
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"Toro con suerte"
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El único sonido que se podía apreciar en el silencioso templo era el de un cubierto. Una fina cuchara de plata que golpeaba con la porcelana de la taza de té. Ese bullicio se podía determinar como el efecto de una persona sumamente nerviosa o, en el peor de los casos, aterrada.
El dueño del templo sudó frio, su rostro era una perfecta combinación del sonrojo y la vergüenza aun cuando se dijo así mismo que las cosas no podían ser terribles, que si se sentaba a meditar tal vez lograría ver el lado bueno a todo ello. Empero, a él no le molestó en ninguna medida las órdenes de su Santidad más le causó cierta pena por el simple hecho de su penosamente vida en la que se hallaba.
¿Quién iría a desear formalizar su vida con alguien como él? No era una persona mala, ni siquiera un sin vergüenza mujeriego. Tal vez su único pecado era el ser demasiado fiel y noble, un hombre el cual amaba los niños y que la sola idea de tenerlos le inundaban completamente en un ensueño de verse así mismo no con un heredero, sino con muchos pequeños, bueno, tal vez en un máximo de seis hermosas bendiciones.
Aldebarán de Tauro volvió a golpear la tacita a tal punto que su visitante imaginaba que el pobre objeto se destrozaría por la gran fuerza del toro. Él solo se mantuvo callado, con el abrupto sonrojo en toda su cobriza piel de buen brasileño; los largos cabellos lila oscuro le caían jocosamente hacia adelante puesto que su posición expresaba simplemente incomodidad. No por su mala suerte, sino por comentar algo que podría herir la amistad que entabló con una hermosa joven, una dama que sí lo apreciaba y no huía de su presencia.
Aldebarán poseía un buen carisma pero su defecto era su propia autoestima; al ver a muchos de sus camaradas se sintió como el protagonista del cuento Patito Feo. No era atractivo como Afrodita de Piscis o los gemelos de Géminis, ni osado como Milo de Escorpio o Death Mask de Cáncer, mucho menos tan sabio como Aioros de Sagitario o Camus de Acuario, ni algún rasgo característico de los otros caballeros restantes.
Realmente, su vida amorosa era un fiasco.
— ¿Deseas un poco más de té? —preguntó apenado a la mujer de cabellos anaranjado.
—Por supuesto—alegremente respondió ella empujando su taza ligeramente—, el té que preparas es muy delicioso.
El guardián del tercer templo cogió nerviosamente la tetera de porcelana, casi se insultó a si mismo por no controlar sus propias emociones pero también entendió que era inevitable. Ni siquiera recordó cuando fue la última vez que se encontró –únicamente a solas– con una fémina, tal vez con alguna amazona en el Coliseo cuando era un niño aprendiz.
— ¿Y cómo lo tomaron tus compañeros? —cuestionó ella para romper el insípido silencio.
—Como verás, la mayoría aprecia y valora bastante su libertad—Aldebarán le alcanzó la taza con el aromático líquido oscuro—. El simple hecho de cumplir las órdenes de su Ilustrísima va en contra de sus principios e ideologías.
—Veo que eso es un problema—sonrió tiernamente dando un sorbo a su bebida—, ¿por esa razón el señor Mu me interrogó?
— ¿Eh? ¿Mu te ha hecho preguntas? —notablemente incómodo, el gran toro dejó de beber para mirar a la joven lo cual a ella le extrañó—. Mi compañero es un poco callado por lo que me sorprende lo que me dices.
—Es verdad, es un hombre muy reservado—jugueteó con el lazo de su vestido—; a juzgar por su apariencia, es el tipo de caballero que muchas de mis amigas les gustaría desposar.
—Supongo que sí.
Y allí iba de nuevo, el golpe hacia su autoestima y ego como varón estaban fragmentándose. ¡Todas las chicas siempre debían recalcar algo especial de sus camaradas! Aunque especialmente todas fijaban la vista en el físico que éstos podían mostrar, su aspecto atractivo era tal vez una carnada para capturar a la más incauta, claro que, dependiendo los gustos, las cosas podían variar.+
—Pero yo creo que las apariencias son un rasgos mínimo si alguien en realidad desea formalizar una relación—titubeó un poco apenada, bebió un trago más—; además lo físico se deteriora más el sentimiento perdura.
—Lo afirmas como si lo hubieses vivido.
—A decir verdad he crecido con señoras de edad avanzada y por ello me han inculcado muchas cosas—suspiró pausadamente—. Ojalá algún día me toque esa suerte.
Aldebarán se encogió de hombros. No podía hablar, las palabras se le quedaron atoradas en las cuerdas vocales y…, era imposible no confesarle sus razones verdaderas.
— ¿Has pensado que justificación le darás al Patriarca Shion? —movió el líquido con una cucharita. Él negó tímidamente—; luces muy pálido y me imagino que esta situación te incomoda en demasía ¿no es así?
—Lo siento mucho, es una situación que yo di por perdida—confesó. Tauro no era muy bueno con los sentimientos, con decir su verdad y confesar su miedo—. No he visto en mi futuro que un sujeto como yo pudiera tener esa oportunidad, porque claramente sí me gusta la idea más en mis condiciones no lograría llevar a cabo mi deseo.
Miró a la joven, esperaba que ella no se asustara o pensara mal. Su corazón dio un vuelco cuando los ojos de Europa se posaron en él. Los nervios recorrieron cada parte de su ser. ¿Cómo podría confesarle sus sentimientos? Porque él si se había enamorado fervientemente de esa joven dama y, penosamente, era la primera vez que una fémina hechizaba sus ojos.
Suspiró. No había opción para él en permitirse añorar ese sueño que –intuyendo perfectamente- sus camaradas rechazaban. ¡Ah! Cuanto daría por tener ese bello rostro de alguno de los Santos de Oro.
—Lo único desagradable de ti es que generalizas tu situación—ahora ella parecía usar ese tono que muchas chicas murmuraban cuando él iba a misión—. Aldebarán, no todas las chicas son como tú crees. Por Athena sé que una persona siempre está destinada a otra, ya sea aquí o al otro lado del mundo.
—Voy a envejecer cuando halle a esa persona.
—Tal vez pueda estar muy cerca de ti y tú ni siquiera te has tomado el tiempo de averiguarlo.
—¿Y cómo se supone que logre saberlo?
Europa llevó sus manos hacia los labios carnosos y rojizos, ese toro sí que un completo despistado. Ahora sí comprendía lo que doña Solano le comentó acerca de la intuición masculina.
—No deberías de darle una razón a su Santidad para justificar tu declinación a esa misión. —prosiguió al ver que Tauro no tenía intenciones de retomar la plática.
— ¿Qué dices? ¿Cómo voy a infringir tan solo esa opción?
—Porque yo me ofreceré en ayudarte ¿de acuerdo?
La joven mujer era bastante directa con su pensar, eso lo aprendió del propio Aldebarán cuando se conocieron hace unos años atrás. En aquella ocasión no tuvo como agradecer su heroica hazaña, su único regalo fue entregarle una flor lila. Ese símbolo de la inocencia y el amor que ella intentó declararse al santo, pero en esa ocasión era muy pequeña para atreverse.
Por otra parte, el gran toro casi quiebra su taza. Sus ojos quedaron en blanco al oír lo que esa jovencita le propuso. ¿Acaso era tan inocente que no sabía cómo una mujer podía concebir un hijo? La cara de Aldebarán se convirtió en un verdadero ejemplo del tomate.
¡Ahora no entendía si era un sueño!
—Europa…tú…
—En ese tiempo era muy joven, además estabas con tus compañeros—interrumpió con un liego sonrojo en las mejillas—. Pero mi deseo siempre ha sido formar una familia, amar a un esposo y que me ame de igual manera, ver a mis hijos crecer, compartir aventuras y pasar una vida con él.
— ¿Y tú crees que…?
—Si Aldebarán—asintió tímidamente—; yo no soy como la mayoría de mujeres que solo aman el físico de un hombre, sino que para mí lo más atractivo es el sentimiento. Ese corazón que únicamente latirá por y para mí.
—Siempre pensé en ti pero…, no quise ilusionarme que una mujer como tú siquiera me viera de una manera distinta al de un amigo.
Europa no pudo contener las risas, llevó sus manos hacia su estómago. Aldebarán solo irradio vergüenza y no se pudo negar a contagiarse con esa hermosa melodía de su acompañarte.
—Relájate gran toro—recogió un mechón de su cabello—, olvídate de tu razón y piensa en cómo me propondrás ser tu pareja.
— ¿Y cómo…cómo puedo pedirte que seas mi novia?
La joven solo se puso de pie, lentamente se acercó al hombre musculo y sujetó su mano con delicadeza. El brillo en los ojos de ambos era una conexión muy intensa.
—Lo que salga de tu corazón mi querido Tauro, yo lo apreciaré porque es tu esfuerzo—no pudo evitar acercarse al rostro del hombre y regalarle un tímido beso en la mejilla—. Solo te pido que me cuides porque yo sí cuidaré de ti.
—Europa…
La joven solo sonrió dejándose abrazar por el gran hombre, quien no pudo evitar contener las lágrimas traicioneras. Ella siempre estuvo allí desde que se conocieron y él volvió a la vida, porque ella era muy fiel a su palabra cuando le prometió visitarlo todos los días. Ahora entendía su razón, y él tan ingenuo imaginó que su querida Europa estaba interesada en el primer guardián de Aries.
A veces uno no puede ver que la verdadera personada adecuada estaba más cerca de lo que se aparentaba.
Como aviso especial quiero aclarar algo: He publicado un OneShot para los Fans del ShainaxMilo-Juego de Cobra y Escorpio
