Disclaimer: Ningún personaje de Saint Seiya me pertenece.

Nota: Esta trama se procede en una posibilidad de ver a los Santos Dorados vivos, por lo menos posibilidad de existir como pasó en SOG. Espero les divierta. Además quiero aclarar algo, este fic NO es YAOI, respeto los gustos ajenos pero yo no escribo esos géneros.

Agradezco enteramente aquellos que han leído y dejado un comentario, eso sube el ánimo de seguir relatando. También para aquellos que le dieron favorito a este humilde escrito… ¡Y GRACIAS TOTALES! ¡LOS AMO! ¡FELIZ 2017 ¡ESTE ES EL FINAL DE ESTA CORTO!

Un saludo y abrazo a todos.


Razones


[13]

"Un largo camino"

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La primera luz de la mañana atisbó por los ventanales de la gran cámara, aquella sala donde el frio recorría por las grandes columnas fortificadas causando cierta sensación de escalofríos. La alfombra rojiza estuvo tendida sobre el suelo de mármol esperando alguna señal sobre los visitantes, si es que tuvieran ánimos de dar el primer paso para romper el incómodo silencio, pero nadie, ni siquiera Libra, deseó interrumpir el pesado suspiro que el Patriarca emitía.

El adulto mayor yacía completamente absorto en los relatos que los caballeros presentaron. Vaya cobardes que resultaron ser esos hombres, nadie deseó abrir la boca para anunciar su respuesta o razón justificaba en contra de la idea malévola de Shion.

De su parte, el lemuriano de cabellos verde claro no le plació husmear por la mente de sus jóvenes caballeros, estaba claro que quizás todos compartían la misma idea. Sin embargo, por un momento se le cruzó el endemoniado plan de colgar de cabeza a algunos de ellos; con lentitud leyó los papeles, no en forma ordenada según remarcaba sus constelaciones, porque no deseaba encontrarse con alguna atrocidad en grados superiores.

Meticulosamente abrió un sobre. Él hubiera preferido que cada caballero tuviera el valor de confesar la razón de su disconformidad pero irónicamente, al parecer, ellos llegaron a un acuerdo entre todos sin excepción alguna. Por un momento se detuvo y atesoró esas expresiones. ¡Vaya deleite que deseó fotografiar!

Shion meneó la cabeza, no se reiría. Oh no, no por ahora.

Sin embargo, esa exquisitez de contemplar el momento se desvaneció al leer alguno de los relatos de sus caballeros. Por Athena, estuvo con esa rutina desde un inicio pero ninguno, hasta ese momento, le tocó los detalles tan irrelevantes como el que poseía en mano.

— ¿Alguno de ustedes necesita agregar una idea a todo esto? —inquieto y casi molesto preguntó el lemuriano, abatió suavemente los sobres abiertos.

Pero lamentablemente nadie se atrevió a murmurar, ni siquiera Kanon tuvo idea de qué decir en su defensa. Bueno, no es que hubiese cometido algún crimen, únicamente colocó un negocio que el Patriarca no podría rechazar, aunque ciertamente dudó si eso era lo adecuado. Ah, pero solo fue una simple plan para ver si el tema de paternidad funcionaba en su vida porque ni en broma deseaba regalar su semilla a cualquier mujer.

No por ahora por supuesto.

—Bien, con su silencio puedo resumir lo que han decidido—retomó la palabra. Verdaderamente estaba cansado de seguir sentado y contemplar cómicamente esos gestos horrorizados—. Sé que están aquí para mi última decisión pero tengo el placer de avisarles que por razones correspondientes a la propia Athena, la respuesta se les dará en una semana.

— ¿Y nos mantendrá con esa angustia de saber su decisión? —replicó Milo manteniendo la compostura.

—No nos parece correcto que a estas alturas no los haga difícil su Santidad—agregó Kanon casi indispuesto a proseguir a sacar sus ideas al "intemperie" —; quiero decir, usted sabe que su idea de hacernos procrear a la siguiente generación nos ha traído ciertos problemas y un abrupto pesar.

—Añadiendo que es un poco problemático prevernos dependiendo de su decisión—siguió Death Mask aunque en realidad deseaba la aprobación de Shion para ese encargo, aunque no tenía idea qué cosa podría decirle a Helena—, siendo sincero y al igual que mis compañeros…, necesitaríamos una respuesta.

El Patriarca suspiró. Ya no recordaba cuando fue la última vez que sus chicos se enfocaran sobre su persona. A la verdad ellos tenían ese derecho pero tampoco tenía idea de qué decirles. Por una parte se decía que era lo correcto, que conocieran un poco del mundo y aprendieran que la vida no solo se les limitaba a combatir y morir, sino que afuera existían aventuras y propósitos nuevos por seguir. Algo que él dejó pasar por muchos años.

Mas su contraparte le refutaba que estaba cometiendo un error en obligarles a decidir en temas que aún no se sentían preparados ni interesados, desde luego era injusto que aun en temas como lealtad y respeto se los forzaran, añadieran el hecho de usarlos como instrumentos de reserva para traer a los futuros sucesores.

—Si la señorita Athena decidió anunciar su dictamen es porque tiene sus razones—contestó como para dar concluido la plática—. Tal vez ella pueda ver lo que es correcto para ustedes, hasta quizás deshaga la idea de los sucesores de sangre.

Bueno, con eso pudo contrarrestar la inquietud de los caballeros. O por lo menos distraerlos por una semana.

—Ahora vayan a cumplir sus actividades. Tienen el día libre—ordenó, por lo menos con un descanso los recompensaría; sin embargo, el recuerdo de dos personas cruzó por su mente. Definitivamente necesitaba quitarse esa idea de la cabeza o los rumores que oyó durante la última semana—. Aioria de Leo y Aioros de Sagitario quédense.

Los caballeros mencionados no se movieron de su puesto, bajo la mirada de sus camaradas se sintieron un poco aterrados puesto que Shion no parecía para nada feliz de leer las cartas, al menos Leo intuía hacia donde iría a parar la conversación.

—Creo que no te mencioné—soltó el lemuriano al ver a Kanon de pie—, tienes que cuidar de esa niña. Según leí, tu argumento se basa en la protegida de tu hermano.

—Lo siento su Santidad pero desde hace días atrás he querido platicar con usted.

—Te haré llamar para responder a tus inquietudes—contestó, pero sabía de la testarudez del segundo guardián de Géminis por lo que solo se limitó alzar la mano—; ve a cumplir tu deber o consideraré en mencionarle a nuestra diosa lo mejor para ti.

Kanon engulló la saliva y no dudó en casi huir. Definitivamente no quería molestar al Patriarca con preguntas estúpidas, ya habría momento de molestarlo, tal vez después de la semana tortuosa para recibir el dictamen final.

—Él solo estaba preocupado por Saga—habló Aioros sintiendo compasión por el hermano gemelo de su amigo. Sabía que el ex dragón marino actuó mucho más colérico e incontrolable por el asunto del viaje inesperado del gemelo mayor—, usted sabe que de un momento a otro él se marchó. No sabemos exactamente la razón pero creímos que quizás la señorita Athena tenga conocimiento de ello.

—Él se encuentra de misión—fue lo único que contestó el lemuariano con respecto al asunto del primer guardián de Géminis—. La única razón del porque los he llamado es para enfocar en un tema lo bastante importante y que, muy a pesar del problema, se debe aclarar—sus ojos se enfocaron en Leo quien supo que lo habían pillado—. ¿Hay algo de lo que quieras comentarnos, Aioria?

El castaño menor miró de soslayo a su hermano mayor, luego en disimulo al Patriarca. Sabía que su acción de buena caridad saldría a la luz tarde o temprano, eso sin contar que los malos entendidos suscitarían por la pequeña inquilina que ahora mismo debía de estar en brazos de Marín del Águila.

—Se lo puedo explicar. Créame.

—Es lo que deseo oír, de todos tus compañeros, tú eres el que más me ha llamado la atención—aunque en realidad sabía que el joven hombre no cometió rompió las reglas como uno en especial. Uno del cual sí merecía un escarmiento, hasta tal vez en un azote en el Coliseo frente a todos como lección para todos aquellos que osarían en romper una regla—. Bien Aioria, quiero oír tu historia.

Aioros negó. Ya no tenía tanta idea de las cosas que hacia su hermano mejor pero seguramente sería alguna locura inmadura y, como era de costumbre, él debía de ser testigo de los llamados de atención de su amado Aioria.

Sin embargo, no pudo quitarse de la mente del porque Saga se había ausentado. Tal vez tenía el conocimiento de que el Patriarca se volvería loco, y que, para no caer en el suceso de hace u nos años, prefirió marcharse a cumplir ¿una misión?

—"¿Acaso reconsideraste hacer caso a tu corazon?" —pensó Sagitario sin prestar atención lo que su hermano narraba.

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El tema del invierno surgió en debate o tal vez alguna broma de los dioses. La ventisca que azotó la ciudad provocó que muchas personas optaran por abrigarse antes de caer presas de algún resfrío, la calles seguían transitadas, los negocios aún mantenían sus puertas abiertas al público en general así como las instituciones educativas que no detuvieron sus labores pese a la posible tormenta que se desataría en la ciudad de Forks en el estado de Washington- Estados Unidos.

Muy a pesar de su muy conocido clima húmedo, el paisaje era hermoso, por supuesto, no se podía negar lo evidente. Todo era de color verde: los árboles, los troncos cubiertos de musgo, el dosel de ramas que colgaba de los mismos, el suelo cubierto de helechos. Incluso el aire que se filtraba entre las hojas tenía un matiz de verdor.

Era demasiado verde, un planeta alienígena. Muy diferente al lugar donde vivió desde que tenía memoria. Saga de Géminis dejó la taza de café sobre el plato, se mantuvo meditabundo durante una hora dentro de la cafetería, tal vez allí podía sentirse como en Rodorio salvo por los condenados niñatos que no hacían mejor cosa que arruinar su mañana. Ya de por sí tenía su vida realmente estropeado y ahora en esos momentos no sabía qué hacer exactamente.

Quizás volver a la muerte era su mejor opción.

El griego miró a través de los ventanales, sabía que esa idea retorcida no iba a funcionar puesto que ya tenía una responsabilidad en el Santuario, muy aparte de seguir en su trabajo como uno de los protectores de la casa de Géminis, donde se ofreció en hacerse cargo de la niña de cabellos plateados. Irónicamente no supo qué le pasó en esa ocasión, todo fue tan rápido que apenas se dio cuenta de que ella se acopló a su vida sin hacer demasiado esfuerzo.

—Quizás era un anuncio, una advertencia para evadir este problema—soltó la cucharita sin saber qué hacer aunque la inmensa ganas de huir de allí era la opción más inquietante—. Pero no, no puedo dejar todo esto así de simple.

—Claro que no.

La voz femenina erizó los vellos al hombre, sabía que esa persona estaba detrás y casi podía imaginar su expresión. No se inmutó a devolver el gesto, únicamente dio otro sorbo a su café.

—Aunque no sabes cómo deseo que te vayas a tu país y no vuelvas por aquí—siguió hablando la chica sin evitar quitarse los anteojos para limpiarlos—; no tengo idea quien te dijo de este asunto.

—Si ella se casara con otro o mintiera sobre el asunto…, el Patriarca lo sabría—y es que Saga tampoco deseaba que fuera verdad—. Estoy aquí para cumplir mi deber y asegurarme de que se encuentre bien.

—Lo está aunque…

Melissa caminó hacia el otro asiento para quedar frente a frente de Saga. Las miradas se cruzaron y ninguno deseó proseguir la conversación. La joven era alta, cuerpo delgado y rasgos de una deportista osada, su larga melena le llevaba hasta la espalda y la mantenía suelta aunque esos ojos oscuros hostigaban una extraña sensación de dulzura y acides.

Quizás esa era la razón del porque a uno de los más orgullosos de lo caballeros dispuso toda su atención en la Melissa.

— ¿Qué piensas hacer? —preguntó un poco molesta. No iba a perder la compostura pero ese hombre desató su ira desde que se enteró del incidente que cometió.

— Hablar primeramente con ella.

— ¿Y qué le dirás?

—Esto no te incumbe—soltó tajantemente, detestaba su manera de meterse en asuntos que no le concernían—. Déjame verla.

—Su padre me la encomendó—contraatacó sin dejar de golpear con las uñas sobre la mesa—, por si lo has olvidado, es el más allegado a la señorita Saori. ¿Tienes idea si mi maestro se entera de lo que has hecho con ella? Por un demonio, es una chiquilla, podría ser tu hija.

Oh no, Saga no se encontraba en posición de oír los quejidos de la jovencita como si fuera la misma diosa Athena, no tenía derecho de destruirlo moralmente, ya de por sí tuvo que oír las palabras de Aioros cuando le confesó la verdad.

—Apenas se enteró. Está asustada, y la comprendo de cierto modo—ella era lo bastante perspicaz como para darse cuenta que sus palabras no eran de mucha ayuda para Saga—. No me importa cuánto te afecte, de hecho, los hombres pueden sentirse un poco aliviados de no cargar con esa responsabilidad— apoyó las manos sobre la mesa y suspiró—; lo que tengas en mente espero sea lo suficientemente conveniente para los dos.

Saga no contestó, ya poseía inconvenientes como para pensar en un método eficaz sin que nadie saliera herido. Sin embargo, no ocultó el temor de lo que había cometido, tampoco imaginó que una simple noche de copas con sus amigos lo llevaría a pasar el límite de lo tolerancia y la muerte.

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Saga y Melissa no hablaron absolutamente de ningún tema, solo optaron por distraerse en sus propios pensamientos sin tener que dirigirse la mirada. La joven condujo la camioneta hasta su domicilio, la tormenta se desató apenas llegaron a la casa donde las dos chicas rentaron a unos ancianos aunque sus planes jamás señalaron en terminar en el único lugar donde alguien como Saga de Géminis podría buscar. Pero fallaron. Melissa subestimó en demasía el poder de los caballeros dorados además de la gracia del propio Patriarca.

— Sé considerado ¿de acuerdo? — Aconsejó la joven mujer tras abrir la puerta de su hogar y vio que las llaves de su amiga yacían colgada de la pared, señal de que se hallaba en casa—. Todo esto es nuevo para ella, con todo este cambio la ha vuelto más alejada de los demás.

— No pienso asesinar si eso piensas.

— Tal vez no a ella, pero sí a la tercera persona involucrada en todo esto.

Sin miedo a nada, ella soltó su temor dejando a Saga con esa idea. Definitivamente nunca se le pasó por la mente realizar tal cosa, ni siquiera obligarla ni inducirle a una acción tan repulsiva; se consideraba hombre, no un caballero pero sí un tipo que sabía asumir sus responsabilidades por eso no dudó en dejar todo sus asuntos en Grecia para constatar lo que Shion descubrió.

O más bien la sentencia que le iba a dar por quebrantar una regla importante en el Santuario.

—Quédate aquí. Iré por ella.

Melissa lo invitó sentarse en uno de los sofás de la humilde casa, tal vez ese pequeño tiempo le sería propio para el Géminis. El hombre guardó compostura, no sabía que iba a decir pero lo que fuera que su mente le proporcionara debía de ser lo bastante tolerable para tratarla sin asustarla o perjudicarla.

Los minutos corrieron. Los nervios no se frenaron sino que aumentaron de mal en peor. Saga estaba seguro de que si ella no lo recibía…, tal vez forzaría a buscarla para aclarar el problema. Llevó las manos hacia sus largos cabellos azulados, la desesperación no era propia en él pero siempre existía excepciones superiores para cometer acciones indebidas.

Y en ese transcurso de caminar de un lado a otro, Saga ignoró que estaba siendo observado por la protagonista de su tortura. Los ojos de color tofi escrutaron la figura masculina, y Géminis lo notó cuando oyó el golpe provocado por la caída de un objeto pesado.

Él detuvo su andar y se enfocó en la muchacha, por un momento sintió mucha tristeza y culpa por todo lo sucedido más porque la chica lo observaba con esos ojos tímidos, asustadizos y confusos.

—Buenas tardes señor Saga—saludó totalmente dudosa de lo que decía, por lo menos quería que toda esa pesadilla culminara—, yo…

— ¿Estás bien? —fue lo único que se ocurrió preguntar, ni siquiera tuvo valor de acercarse. Ella solo asintió—. Seguramente te preguntas porque estoy aquí, ya debes de saberlo.

—Quisiera que no.

—No se puede ocultar lo evidente—intentó sonar un poco más calmado, pero el solo verla le recordó las cosas que hizo—. Tampoco tengo idea de qué hacer, tú sabes mi posición y ciertamente ese problema solo me señala como el culpable, porque lo soy.

—No. No se culpe de algo que yo también accedí—tímidamente se sentó, no quiso mirarlo a los ojos—; quisiera que se olvidara de todo esto. Creo que estaré mejor de esta manera además yo no sería capaz de molestarlo—se encogió de hombros—. Sé que nunca fui de su agrado, le he traído problemas y el hecho de que esa noche usted y yo…—se sonrojó—. No. No soy ese tipo de personas que destruiría una relación.

Saga intentó replicar, pero su voz no salió de su cavidad bucal. Sabia a quién se refería y que, milagrosamente, no se atrevió a decirle el problema en que estaba. Genial. Todo ese drama parecía sacado de alguna novela dramática.

—La señorita Katya es una mujer digna, yo creo que debería de enfocarse en ella—sonrió apenada, la mirada oscura e inexpresiva del hombre ocasionaba que su corazón latiera desenfrenadamente—. Estaremos bien, no le negaré su derecho.

Saga frunció el ceño. Le molestaba la poca madurez que la chiquilla demostraba y que, ciegamente, actuaba como si el embarazo fuese un juego de niños, porque él intentó negarse a sí mismo lo que Shion le anunció acerca del cambio abrupto que la constelación de Géminis sufrió.

Es que jamás imaginó que unos tragos lo llevaron a parar en un punto en que ni sabía si era lo que de verdad merecía. Estaban hablando de un hijo no planificado, un niño que compartía su sangre o quizás una niña que heredaría algo de él.

—Las cosas no son simples—habló el hombre sin despegar la vista del plano vientre de la chica—, no es fácil huir o decidir lo que nos conviene. Hablamos de un niño que no merece tener padres separados.

—Tampoco crecer en un hogar donde ambos estén obligados a convivir.

—No te obligaría a nada, dejaría que decidieras lo mejor para ti—suspiró, quería entrar en razón con ella—; pero también estoy pensando en lo mejor para mi hijo.

—Usted tiene una relación con la señorita Katya—replicó con el fin de hacerle entrar en razón y concluir con esa tortura de saber que tendría culpa, y que la hermosa mujer rubia la odiaría eternamente—; por favor, no lo haga más difícil. No le diré nada a nadie que nos acostamos, negaré todo y pensaré que decir cuando se me note.

— ¿Crees que tu vientre se cubrirá simplemente con tus manos? —irónicamente cuestionó. Odiaba la rebeldía de esa chiquilla—. Lena, tu padre hará preguntas y tampoco sería justo para ti que él piense que alguien se atrevió a lastimarte—ella negó, se puso de pie abruptamente—; no voy cambiaré de opinión. Me ocuparé de las necesidades del niño, trataré de permanecer a tu lado, de ser posible tendrás que venir conmigo al Santuario.

— ¡No quiero! —Crispó los puños, esta vez no ocultó la mirada de Saga—. No hay más humillación para mí en tener que irme allá, a ese lugar donde no podría adaptarme. Usted cree que es fácil, pero no señor Saga. ¿Cómo puedo vivir siendo la amante de un caballero? Usted no entiende los sentimientos de los demás, por eso es tan frio, tan serio, no le interesa nadie más que su propio bienestar.

Pero en realidad, lo que a ella comenzó a incomodarle fue el hecho de que Saga solo la veía como una molestia que debía de subsanar por el buen camino. Jamás fue su intención enredarse con el hombre que más miedo tenía y a la vez le caía muy mal; Lena tuvo que convivir por un tiempo en el Santuario a causa de los trabajos de su padre, aunque permanecía recluida a no salir de los límites que el Patriarca le impuso.

Hasta que decidió husmear un poco más del mundo…, y que ahora debía de ingerir su honor por la complicada situación en la que se hallaba. Sí. Dos copas demás por parte de Saga y un gesto amable por parte de Lena fue la mezcla incontrolable para que dos amantes se entregaran al placer sin prevenir las consecuencias del sexo.

Saga suspiró al sentir mucho más culpable, se acercó a ella inevitablemente acosado por su conciencia. Deliberadamente obligó que la inocencia en Lena disminuyera y que en unos meses iría a experimentar un cambio abrupto, no solo en lo físico sino también lo psicológico.

—Será igual dejarte con esto. No podría estar con ella sabiendo que llevas mi semilla—sin pensarlo, tomó de los hombros a la castaña y poco a poco la llevó al sofá para que se sentara…a su lado—; entre los dos existe una tensión y es lo bastante sofocante.

—Decida lo que es mejor para usted—inconscientemente llevó una mano hacia su vientre—, pero no me obligue a cambiar la vida que estoy acostumbrada. Amo lo que soy y mi libertad es lo que más deseo.

—Supongo que con el tiempo pensaremos qué podemos hacer —no la miró pero tuvo el valor de sujetar la pequeña mano—. Trataré de pasar un tiempo en esta lluviosa ciudad, seguro que a Sarah le gustaría salir un poco de los territorios de Athena.

—No se sienta obligado aunque me gustaría volver a ver a su pequeña protegida.

—Ustedes son razones para tener en claro del porque volví a la vida—cerró los ojos y suspiró, un leve sonrojo se asomó por sus mejillas al sentir el pequeño cuerpo de Lena buscando refugio—. Veremos que nos depara el futuro.

Ninguno de los dos hizo mayor gesto que el estar cerca del uno y del otro, si bien no tenían una relación romántica…, ambos compartían una responsabilidad, algo que tal vez los llevaría a conocerse mucho más.

Y detrás de la pared, apoyada cerca al umbral, Melissa sonrió un poco apenada pues sabía que el camino en que esos dos estaban metiéndose les costaría demasiado empezando por quitarse de encima a la orgullosa saintia de Corona Boreal. Ella cogió su móvil y se dignó a escribir con la esperanza de Aioros de Sagitario por fin aprendiera a utilizar un aparato tecnológico, de paso en avisarle que tal vez el templo de Géminis se quedaría únicamente al cuidado de Kanon.

Por lo menos, uno de los caballeros dorados más fuertes de la orden de Athena tenía la razón justificable para evadir la orden del Patriarca, ¿o era quizás el primer voluntario que cruzó los límites de la vida solitaria hacia una vida con responsabilidades?

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¿FIN?


PREGUNTA: ¿DE VERDAD DESEAN UN FANFIC DE ESTA HISTORIA? ME AGRADARÍA LEER SUS RESPUESTAS

Hasta aquí fue todo. Gracias por seguir. Quiero avisar que estaré subiendo nuevos fics en un foro que se abrió en conjunto con unos amigos. Si eres fan de Saint Seiya y muchas cosas más puedes visitar el FORO PHOENIX (enlace en mi perfil)