Casamentera

Una historia en el universo de Dragon Ball

Escrito por Iluvendure

El universo y los Canon Characters no me pertenecen, son propiedad de Akira Toriyama, Shueisha y Toei Animation. Dragon Ball © 1984 Akira Toriyama


La Casamentera (Final)

La Princesa Serpiente ya no podía más. Dejándose arrastrar por su silenciosa desesperación, sus dos piernas cedieron y quedo arrodillada en el suelo.

Bills no es que no se sintiera culpable por eso. Todo lo contrario.

En realidad, una parte de él no estaba muy contento consigo mismo, y sabía que no era buena idea obrar de semejante manera para ganar el afecto femenino. Pero su orgullo era más grande.

Si ella recuperaba su alma, tarde o temprano se marcharía y trataría de ocultarse de él, y como otras hembras anteriores a las que "la máxima fuerza exterminadora de la creación " quiso cortejar, ella desecharía cualquier prepuesta amorosa (o amenaza de muerte). Bills sentían que no podía cambiar de idea después del semejante lío que él mismo había montado…

¿Y quién sabe? No había necesitad de que él fuera el propietario del alma de Jadōshin para siempre. Tras unos cuantos años de noviazgo, las cosas podrían cambiar entre ellos y, si ella entraba en razón, Bills demostraría generosidad devolviéndosela… A lo mejor.

Si bien, lo peor era no saber las verdaderas intenciones de la anciana hechicera. Eso lo estaba volviendo loco por dentro y, a pesar de intuir una trampa, tenía que seguir y ver que ocurría.

El gato que llevaba dentro se lo pedía.

— No sé si sabes que podría transformarte en ceniza en un abrir y cerrar de ojos… — dijo austero, enseñando los colmillos.

La bola flotante se alejó hasta una juiciosa distancia del dios pero, cuando habló, Uranai Baba sonó razonable y conciliadora:

— No creo que usted desee matarme. No le sirve de nada. Aunque ahora yo muriera, el alma de la Princesa Serpiente seguiría siendo mía: Lo que es mío, sigue siendo mío... Existen conjuros para ello — susurró ella con un ronco murmullo—. Me gusta vivir, si bien, ya le dije que he estado demasiado en contacto con la Muerte como para no temer. Tengo mis contactos, y he sabido montarme un buen lugar de retiro y descanso para la Otra Vida. Como ve, soy una señora previsora, Segador de Galaxias.

— Demasiado previsora, diría yo. Tal vez te maté cuando esto termine...

— Yo sé que puede hacerlo, y lo acepto. Pero no lo haga ahora, por favor. No soy su enemiga.

El dios miró silencioso a su ordenanza, ligeramente impresionado por los nervios de acero que Baba demostraba.

— Eso está por ver. Vamos a lo nuestro — replicó, llanamente—. ¿Qué quieres por el alma de la Princesa Serpiente?

— ¿Le soy sincera? Pues no tengo ni idea. Haga una propuesta.

— ¿Cómo? — la perplejidad de Bills iba en aumento —. ¿Has venido aquí hacer negocios con almas sin saber que pedir a cambio? Por cierto..., Si tenías el alma de la Guardiana del Camino de los Muertos: ¿Por qué querías vender la tuya propia?

La vieja palideció como la tiza y encogió sus flácidos hombros. No estaba preparada para la pregunta:

— Bueno, es que yo no sabía que usted iba a preferir el alma de ella. Por eso, ofrecí la mía…

Él la fulminaba con la mirada, estudiando su expresión en busca de veracidad:

— Eso suena a falacia de la gorda…Diría que tú querías que yo me encaprichase con ella y me la has servido en bandeja. ¿Por qué no lo propusiste la primera vez que nos vimos?

— Oh, míreme, soy una simplona mortal — Baba comentó vacilante y divertida a la vez, viéndose minúscula, más de lo que era en realidad—. Usted quiere a esta linda mujercilla, y no a mí. ¿Hay negocio o no? Mis conocimientos de la creación son magnos, pero no lo suficiente para saber que cosas el Dios de la Destrucción puede ofrecerme: Sea locuaz y sincero. No trate de venderme la moto.

— ¿Vender la Moto? ¿De qué puñetas hablas, vieja? — preguntó Bills, pensando que hoy era el día elegido por todos para tomarle el pelo —. ¿Quién de nosotros tiene que vender?

— Es una expresión de la Tierra, Señor Bills —le interrumpió Wiss solicito, verificando el kohl de sus parpados con un espejito de bolsillo.

— Al cuerno con la Tierra — rugió el otro —. Si no fuera por la excelente comida, ese lugar sería historia.

— Yo sé lo que necesitamos — La vocecilla estridente de Ackman volvía hacer de las suyas—. Mi socia y yo queremos dos Wii U con sus respectivos…

Baba concedió al diablillo su expresión más aterradora de "estás colmando mi paciencia" a la vez que decía:

— Muérete, niño…

El Segador de Galaxias se sintió perdido en ese momento. Aunque exprimiera los sesos con todas sus fuerzas, no se le ocurría nada para ofrecer. Lo más fácil era destruir algo para ella, pero intuía que eso no daría resultados. Mientras, la Anciana reflejaba la impaciencia en su cara arrugada. Por dentro, ella bullía como un hervidero de avispas cociéndose al sol.

— «Venga, botarate caprichoso de pelo lila» — se decía a si misma —. «meta la pata y diga esas malditas palabras. Es lo único que necesito oír para que acabemos de una vez»

— Que aburrimiento — se hizo la decepcionada —. No oigo ninguna propuesta por su parte. Estoy empezando a pensar que no ha sido buena idea… Talvez, debería cambiar de táctica. ¿Por qué no sumamos a la Princesa Serpiente a la venta? Ahora creo que ha sido un error excluirla. Al menos, ella si está realmente interesada, no como usted…

El marchitamiento de Jadōshin desapareció y se manifestó en ella el ansia por ganar la partida a cualquier coste. Después de todo, esa era su alma.

— ¿Qué? ¡No puedes hacer eso! — Bills se quejó.

— Si que puedo, me encanta tener más de un comprador… — indicó Baba, a la vez que sonreía a la diosa—. ¿Qué tiene usted?

— Puedo ofrecer los placeres del infierno más oscuros que puedas imaginarte... —con su preciosa voz, risueña cual caudaloso río, la Princesa Serpiente utilizó toda su femínea carisma—. Los manjares de los dioses, la ambrosia que vuelve joven… Queridísima Baba, ¿no te gustaría ser linda de nuevo?

—No, con un poco de botox de vez en cuando me conformo — arrugando el entrecejo, la vieja negó sin muchos aspavientos—. Y estos huesos ya no están para experimentar las juergas demoníacas.

La bella alzó el tono indignada:

— ¿Me comparas la ambrosia con el botox?

— Como se nota que usted no ha visitado una clínica privada de la Tierra, princesa. Las cosas han cambiado mucho. Tenemos incluso presoterapia.

— No seas burra, vieja —Bills no quiso usar lindas palabras para ganarse a la humana. Su dentada sonrisa iluminaba la expresión de lince de su cara —. Si quieres manjares supraterrenales, Wiss te los cocina en un santiamén: Él es un magnifico chef.

— Ay, Señor Bills, no me ponga en un pedestal... — alegó el asistente con falsa modestia afeminada, sin refrenar el deleite de verse valorado.

— No puedo — contestó Baba, inconmovible—. Estoy a dieta médica desde que el azúcar me subió…

— ¿Quieres que algo deje de existir? Dilo — El dios rodeó los hombros de la anciana a la vez que la hablaba —. Dejara de Existir. Un satélite, un planeta, una galaxia, una nebulosa. Un demonio, un hechicero, Una deidad. Solamente, Dilo.

— Tengo enemigos, gran Señor de la Fatalidad…

— Entonces, di el nombre de todos ellos: Y su sangre y sus descendientes dejaran de existir en el Universo durante un millón de generaciones.

La adivina fue refrenando el contacto de los brazos de Bills, y le miró desdeñosamente:

— ¿Y para que me sirve a mí guardar tanto rencor?

— ¿Quieres que todos los hombres y mujeres de tu planeta sientan deseo por ti? — inquirió al momento la dama turquesa, lamiéndose la encía superior con la bífida y lujuriosa lengua —. ¿O qué toda la humanidad quiera convertirte en su única soberana?

— Ni hablar. A mi edad, esas cosas se vuelven un incordio.

— Bah, eso es porque no has amado a un inmortal — expuso el felino —. Yo te daré eso. Obligare a un dios a pedirte una cita… Aunque, siendo tan arcaica, ni siquiera el Kaiohshin de hace quince generaciones estará entusiasmado…

— ¡ES la PEOR propuesta que me han hecho jamás! — Chilló Baba, que no encontraba atrayente tener una cena romántica con el más antiguo de los shin-jin —. ¡Dejen ambos las chuchearías y ofrezcan algo impresionante, o me voy!

— Quieres poder y dinero. No necesito mi espejo para verlo — usando los dones seductores del mal, la princesa rebuscó una sombra sutil en el centro de Urania Baba, y creyó haber dado en el clavo con ella —: En vida, yo te haré tan rica que un único planeta no podrá contener todo tu oro. Gente de cada punto galáctico conocerá tu nombre y vendrán a pedir tu consejo a cualquier precio. Y cuando mueras, seguirás siendo el espíritu más adinerado y pudiente del Otro Mundo. Te doy mi palabra, de diosa y demonio.

El Dios de la Destrucción también había visto esa misma sombra usando dones similares, pero quiso ir un poco más allá. No soportaba perder, pero no era ese el problema: él había visto el reflejo de su más secreto deseo.

Y NO podía olvidarlo…

— ¡Qué disparate! — Replicó y lanzó el sedal —. Eso también lo puedo hacer yo, cualquier diosecillo podría concederte esa vulgaridad. No quieres que destruya, abuela, entonces yo te ofrezco lo contrario: Yo creare la Vida para ti.

— ¡Embustero! ¡Tú no puedes hacer eso! ¡Baba, no le escuches! — chilló Jadōshin enfurecida. Estaba tan exasperada por semejante desfachatez que se olvidó completamente de las formalidades —. Nadie puede crear la Vida sin el permiso especial del Más Alto Señor, y únicamente unos pocos shin-jin lo tienen. ¡Embustero! ¡Embustero! ¡Embustero!

Tanto el destructor como la princesa no estaban situados muy lejos el uno del otro, y ambos podían notar la corriente eléctrica que los envolvía y abrasaba, y que tanto querían negar. A pesar de la situación desagradable en la que estaban metidos, las chispas que saltaban no eran precisamente de odio...

— ¡No me llames eso! —Bills también relegó el protocolo y empezó a hablar de "tú". Prefería no constar el terror que le producía el Rey del Todo—. ¡Pediré permiso y él me lo concederá!

— No lo hará, no tienes la menor influencia sobre él. ¿Acaso te atreves a decirle que pretendes comprar mi alma divina?

— Bueno, yo… ¡¿Y tú que sabes?! —exclamó él de manera tajante y repelente, dejándose llevar por el acaloramiento momentáneo. Mientras la recorría con la mirada, la fragancia de la dama lo estaba sacando de sus casillas —. Estoy seguro que te pasas la mitad de la existencia encerrada en un palacete de marfil, comiendo bombones y viendo telenovelas, hasta que encuentras un infeliz que te consuela cada seiscientos años — luego, sonrió con sorna—. No sabes nada de la verdadera inmortalidad, princesita.

— No porque yo quiera, Animal. Además, eso es mejor que tu insípida e insulsa eternidad: Tú puedes ser libre e ir a dónde te plazca, pero no lo haces— casi sin respiración, ella afrontó las groserías. Sintiéndose muy tonta, porque su propia imaginación le daba ideas licenciosas sobre que tenía que hacer con él… —. Te regodeas en enterrarte en esta tumba a la que llamas reino ¡No sirves más que para destrozar, dormir y comer!

— ¿Qué yo sólo sirvo para…? ¿Me llamas ANIMAL? — el dios se quedo atónito —. ¡Mírate en tu estúpìdo espejo, a ver que ves!

— Si, te llamo Animal ¡Todos te temen y te odian!

— ¡Lo mismo que a ti!

La pelea debería de haber terminado en ese instante.

Hubo un mutismo contrariado entre ellos, que nació de la culpa y la afinidad herida. Acto seguido, contraatacaron más fieros que antes:

— ¡Eres feísimo!

— ¡Y tú no puedes conservar a ningún hombre a tu lado, lagartija, porque estás más hueca que un melón reseco!

— ¿Lagartija? ¿Cómo te atreves…?

Jadōshin no conseguía refrenar el temblor: Por menos, había matado, por mucho menos. Que irritante era que él fuese tan fuerte.

— Si soy tan odiosa e insufrible— añadió—. ¡¿Por qué no me dejas que desaparezca de tu vida?! ¡Yo estaría encantada!

— ¡Cállate de una vez, petarda! — Bills estalló por fin, y se iluminó su ki—. ¡¿Tengo que dibujar un croquis para que lo entiendas?!

— ¡¿QUÉ tengo que entender, GATO DE MIERDA?!

— ¡ QUÉ ESTOY TAN LOCO POR TI QUE VENDERÍA HASTA MI ALMA!

Wiss saltó, comprendiendo las intenciones de la bruja y el peligro de decir algo equivocado en el peor de los momentos:

— ¡Silencio, Señor Bills! Es una….

— ¡TRATO HECHO! —ladró una voz octogenaria.

La advertencia valió poco.

El hombre celeste vio como su patrón apretaba la boca con fuerza, igual que un niñato arrepentido por un taco, y lo que ocurrió después, fue demasiado rápido. Un autentico fogonazo. Creyó percibir la luz ensordecedora y divina, un "algo" tan poderoso que cegaba incluso a él (y eso que sus ojos vieron los últimos fuegos del Big Bang) y que brotaba del cuerpo del Dios de la Destrucción como una flor germinando de la hierba. "La blancura" se dirigió rauda hacía Baba y entró en el tarro, uniéndose con el ánima espectral de Jadōshin. La conjuradora ya no parecía débil ni pusilánime, sino fiera y omnipotente, y no paraba de aullar rimas extrañas en una lengua olvidada por los pueblos mortales.

Un sedal rojo apareció en el meñique de la Princesa Serpiente, muy parecido a una gran gota sangrante; mientras que otro, idéntico, empezó a desarrollarse en una de las almohadillas de las garras de Bills. Ambas líneas no pararon de crecer hasta anudarse. Entonces, la vieja lanzó el tarro contra el suelo, haciéndolo añicos, y las dos blancuras deslumbrantes fueron liberadas e inundaron el lugar. Wiss no pudo ver nada durante minutos, pero logró escuchar los gritos de dolor de los presentes, heridos por la luz.

… …

Al disminuir la claridad, Wiss comprobó el estado del mirador.

La beldad reptil estaba quieta y confusa, más sorprendida que asustada y con las dos culebras recorriendo sus brazos. El muchacho insoportable y su homúnculo se habían desmayado debajo de una mesa, y la bola de cristal permanecía tristemente quieta en el suelo. Su ocupante, tendida, no se movía ni un ápice, como un cadáver tras el último aliento. Entretanto, el mágico manto de las tinieblas permanecía inalterable, ennegreciendo y celando el reino del Devastador de Mundos igual que una noche sin luna.

Presto, se dirigió al encuentro de su señor que, tieso y con el lomo erizado, no dejaba de parpadear:

— ¿Y mi alma? — preguntó éste en un hilillo de voz.

— En su cuerpo, Señor Bills. Uranai Baba se la devolvió.

— ¿Estás seguro? Me notó muy raro.

— Pues claro que se nota raro — indicó el ordenanza, mientras afinaba la mirada y su aptitud se volvía paternalista—. Acaban de enlazarle un destino.

— ¿QUÉ ME HAN HECHO QUÉ?

— Digo que le han enlazado el destino con el de la Princesa Serpiente. Estará contento: Miré que se lo dije, pero nunca escucha...

— ¡Eso es imposible, soy una divinidad! — berreaba Bills incrédulo, mientras palpaba su pecho con desesperación en busca de la falla —. ¡No estoy atado a las reglas de almas mortales, estoy por encima de eso!

— Estuvo, querrá decir — le habló el otro, sin poder contener el sermón—. Ahora, ya me puede decir que va hacer usted con esto. Los dioses no tienen un sino prefijado en las relaciones: El hilo rojo del destino se pensó para los mortales, para que ellos conocieran a las personas que podrían cambiar su vida; en el amor la amistad o en el odio… Pero ahora, fíjese usted, por tonto lo que le ha pasado — y, sin abandonar el gesto tenso, sus añiles mellillas enrojecieron y apartó la mirada antes de volver hablar—. Igualito que un vulgar mortal. Que vergüenza, Señor Bills. Que vergüenzaaaa.

— ¡Wiss, haz algo! — maulló el dios más histérico un minino amaestrado, agarrándose a la solapa de la toga de su compañero como si fuera un salvavidas —. ¡Yo no puedo tener esto en mi cuerpo! ¿Qué van a decir de mí? Voy a ser el hazme reír en los doce panteones de cada universo. Rayos, si Champa se entera, me muero…

— Bueno, no perdamos el norte, usted ya sabe quién soy yo y lo que puedo cortar con la guadaña adecuada… — tras estas palabras, el semblante de Bills se relajó y sus ojos ambarinos chispearon ladinos al imaginarse que tendría suerte después de todo —. Primero — continúo Wiss —. Veamos el "por qué" y el "cómo": El asunto es más extraño de lo que imaginé.

— No es la primera vez que lo hago con una deidad, si eso le sirve de consuelo, gran Segador de Galaxias.

La áspera voz de Uranai Baba era un eco: No había muerto después de todo.

Los dos hombres la vieron moverse con la lentitud y la debilidad enfermiza de un insecto bajo la lluvia, incapaz de volver a sentarse en su trasporte sin ayuda.

— No hace muchos años la mismísima Annin, que custodia el horno celestial, me pidió que enlazara su destino con un mortal que amaba, para que ambos estuvieran juntos en el Más Allá sin la restricción del Juez Enma. Al menos, ella no se va a reír de usted… — siguió hablando, con gran dificultad, intentando aprisionar el poco aliento de vida que le quedaba —. El problema es que, para lanzar el conjuro, yo preciso ser la dueña de ambas almas a la vez, aunque sea por un mísero segundo. Necesitaba que usted dijera que vendía su alma, si bien, sé que no era en sentido literal…

Y rehusando el contacto visual, como si comprendiera la pobreza de su excusa, añadió:

— No es tan malo como parece: Los dioses o demonios normalmente no lo notan si no se menciona. Es peor no tener un alma.

Esa última frase fue el resorte para la furia de Bills, que se clavó ante ella:

— ¡¿Qué no lo notan?! ¡Maldita seas, tú y tus brujerías! ¿Has hecho esto para humillarme?

— Oiga, déjelo: he estado a punto de morirme — replicó la humana, demasiado cansada para experimentar miedo o querer defenderse. Sus ojos vidriosos estaban llenos de una apagada aceptación de expiación—. Tenga un poquito de consideración y no me grite en la cara, me duele la cabeza. Cálmese, por favor: ¿No le parece que usted también tiene cierta culpa por como se ha comportado?

— ¿Consideración? ¿Me pides consideración después de lo que has hecho? Que desfachatez… —Bills arrastró las palabras con desprecio y escupió sobre el parquet antes de callarse.

Pero, a pesar de su aspereza, el dios sostuvo disimuladamente la bola de cristal con la punta del pie, hasta que la anciana logró acomodarse en ella y volver a flotar, igual que una pompa de jabón. En los recovecos de su felino espíritu, él admitía que admiraba a esa señora extravagante y retorcida con tanto arte para engañarle.

La bruja levitó hasta situarse muy cerca de su hermosa victima:

— Perdóneme, princesa — dijo, juntando ambas manos para hacer un frágil intento de reverencia. Su tono marcaba genuina sinceridad—. Usted más que nadie se merece mis disculpas. Tiene razón, le hice venir aquí. Si quieren pueden castigarme, tanto usted como el destructor. Pueden hacerlo, y estarán en su derecho de fulminarme. Mas, antes quisiera exponer mis razones — guardó silencio cuando sus ojos se cruzaron con el ambiguo iris rojo de la diosa, sin encontrar una respuesta en ellos. Por eso, siguió hablando—. Recuerden que, por un momento, he sido la dueña de ambas almas, pero las devolví. No era mi intención perjudicarles…

— Eso ha sido de lo más llamativo — interrumpió el apuesto hombre sin animosidad. El anillo de su cuello deslumbraba como la navaja de un bandolero oculto en el filo de las sombras —. Creí que usted pretendía tener control sobre el Señor Bills. Por menos, otros han conseguido la condenación eterna...

La vieja sujetó con firmeza su sombrero y su cara se tornó escarlata. Sentía como gradualmente recuperaba las fuerzas:

— Ejem, admito que me he estado tentada de no devolverlas. Muy tentada… Mas, sé que sólo soy una humana, y el precio a pagar sería demasiado caro para mí. Es mejor seguir siendo únicamente lo que soy… — y los resecos labios delinearon una sonrisa amable y cohibida—. ¿Es muy pueril que me sienta orgullosa por esto?

—No. En verdad, ha sido una muestra impresionante de fuerza de voluntad. ¿No piensa lo mismo, Señor Bills?

— Bah — le bufó el Devastador de Mundos, mientras se hurgaba el hocico sentado entre los cojines del mirador. Luego, se deshizo de un moco en el forrado—. Como se nota que no han jugado con tu destino, Wiss.

— Tengo mi alma — Jadōshin se hizo oír de improviso. Sonó igual que una ostra en mitad del desierto, discreta y a la deriva —. Me pesa en el cuerpo como una losa de metal, y duele mucho…

— Ha sido demasiado tiempo sin ella, querida. Cuesta acostumbrase… — replicó Baba, sin apartar la mirada de ella. Era la primera humana que contemplaba la verdadera esencia completa de la diosa demoníaca, alguien que nunca podría ser ni una cosa ni la otra. Era normal que la anciana quisiera regodearse del momento y de su propia astucia...

— No recordaba que fuera tan hermoso tener un alma. Me siento tan increíble y tan "autentica"… — la diosa hablaba desde su ensoñación personal, hasta que su mente reconectó y procesó todos los acontecimientos ocurridos —. Pero, tengo ganas de constreñirte hasta la muerte, vieja desalmada: Me has hecho creer que venderías mi alma a este tipo, y ahora resulta que me la has devuelto. ¡Si bien, estoy vinculada con él y yo no quiero! ¿Te parece bonito?

— Si, visto así, es una faena. — dijo la aludida, rascándose la mejilla con la punta de la uña. Se veía indulgente y un poquito pesarosa, mas continuó sonriendo—. Estoy jugando un papel de casamentera en un tablero peligroso: Desde hace eones, hay una jugadora que ha hecho trampas con el destino de universo, antes de que el mismo Infierno apareciera, y creo que ya va siendo hora que una servidora también mueva las fichas siguiendo mis propias reglas, pero usando sus mismas tretas... Jamás podré equipararme a ella en sortilegios, pero creo que puedo cambiar un poco la balanza a favor de la gente que lo necesitará llegado el momento. Usted, princesa, está en medio de esto, no obstante, fue ella quién le metió en el juego. Ahora, esa mujer tendrá que pagar las consecuencias…— Baba enmudeció por un instante, mientras contemplaba a Bills e hizo una mueca de desespero —. A lo mejor no es tan malo como parece, a los hombres hay que conocerlos y darles una oportunidad antes de amaestrarlos...

— No entiendo nada de lo que dices — le replicó Jadōshin—. Sólo me importa una cosa: Tú me habías prometido a mi Barry Kahn.

— Por supuesto que no lo hice: Yo prometí el Amor Verdadero, recuérdelo.

Bills sintió que su pecho se incendiaba y agudizó ambos oídos:

— No hables de eso delante de este crápula, es embarazoso — la bella, más roja que una manzana, estaba turbada por la franqueza de la anciana pero contestó segura—. Eres una tramposa y una mentirosa. Por lo demás, da igual lo que digas: yo siento que mi amor verdadero es Barry.

— Bobadas. No lo conoce de nada, princesa. Y sin un alma, para equilibrar el corazón, no se puede sentir nada auténtico.

— Será posible, ¿yo no tengo derecho de elegir por mi misma?

— ¡No cuando se tiene tan poco juicio para los hombres! ¡Un poco de ayuda no le vendrá mal, señorita frescales!— chilló Baba, levantando tanto la voz que la Princesa Serpiente dio un brinco hacía atrás, demasiado pasmada para contradecirla—. No es el fin de la galaxia… — la vieja añadió después, con más benevolencia (y sentido común) —. Yo meramente he forzado un poquito de más la situación para que ustedes se reencontraran, hablaran de verdad, avivaran el interés que sintieron la primera vez que se vieron, y… Ejem, bueno… e imponerles con el hilo rojo la posibilidad de que se vuelvan amantes... ¿Qué problema tienen con eso? No les estoy pidiendo que se unan para toda la Eternidad.

— Oye, ¿quién es esa mujer tramposa de la que hablas? — interrumpió el hosco Dios de la Destrucción, usando una falsa calculadora calma no carente de curiosidad.

De vez en cuando, sus pupilas rasgadas buscaban a Jadōshin y, cuando las miradas se cruzaban, ambos mostraban fingida indiferencia por el otro.

— Es Serupina, la primera reina de Makai — dijo la bruja quedamente, adoptando un aire de solemnidad.

Los dos hombres sobrenaturales intercambiaron un atisbo de entendimiento, y Baba casi intuyó un ramalazo sutil de inquietud entre ellos. Aunque, eso pudo haberlo imaginado.

— Hace mucho tiempo que nadie la ve— Bills volvió a su impasible sonoridad —. Nunca fue una guerrera, ¿por qué tenerle miedo?

— Porque es peligrosa e inteligente, y través de la palabra manipula la realidad. Y va a volver. Soy adivina, lo he visto — le habló Baba, igual de seca que él —. Volverá y tendrá a todo el universo mortal en su punto de mira, para exprimirlo hasta que no quede nada. Todos los artistas marciales son unos botarates como el tonto de mi hermano, no comprenden el poder de una bruja: ustedes piensan que nosotras únicamente jugamos a las Casitas con calderos y escobas. Cuando, si queremos, podemos hacer creer a un infeliz que el mar es el cielo usando un chasquido…. En otro tiempo, esto sería totalmente distinto.

Guardó silencio un largo rato, reservada y pensativa. Las gotas sudorosas en su ajada frente centelleaban sobre su piel:

— Soy una hechicera y ella es la gran madre de nuestro aquelarre. Es nuestra santa patrona…

— Si bien, está dispuesta a luchar contra ella —. fue la observación del asistente con rostro inescrutable.

— Por supuesto. Soy vieja (no lo parezco, pero lo soy) — afirmó Baba sin ningún tapujo, vibrando bajo el negro abrigo como un polluelo libre del cascarón—. Y un poco de sabiduría tengo ahora. He comprendido que hice cosas que no debí hacer siendo una muchacha. Creía que la ambición era la única cosa importante. Y la enseñanza de Serupina representaba todo eso: doblegar el mundo con la magia. En mi juventud, si ella hubiese vuelto, yo la habría seguido sin rechistar. Habría dado por ella todos mis esfuerzos, creyéndome más lista que nadie. Me abría atrevido incluso a conseguir el alma del Dios de la Destrucción para dársela…

Al escuchar esto, una sombra amenazante endureció el perfil de Bills. La adivina y el dios felino mantuvieron una lucha visual e interna, que duró hasta que la anciana se inclinó sumisa.

— No sabe, Gran Bills, la suerte que ha tenido hoy — ella quiso continuar —. Siendo joven, yo no habría soltado su alma. Me la habría quedado sin ningún remordimiento. Pero se la he devuelto, ¿entiende? Porque he aprendido que existen otras fuerzas en la creación más notorias que el poder y la ambición, como la esperanza y la compasión.

Wiss levantó una de sus acicaladas cejas. Acababa de vislumbrar el kit del embrollo:

— Oh, usted quiere enemistar al Señor Bills con la reina de Makai utilizando a la Princesa Serpiente.

Uranai Baba se quedó minándolo y le regaló un guiño irónico.

— Exacto, noble Wiss, usted es rápido de miras — dijo —. Serupina es la bruja primigenia, pero hasta ella tiene miedo de la fuerza máxima de la destrucción. No está mal que por una vez, alguien le baje los humos a esa asquerosa.

— ¡Ya basta!

Acalorada como una vela encendida, Jadōshin miraba a todos los presentes con ojos hostiles. Su pelo de fuego parecía una madeja de pelusa embarullada y, aún así, se veía tan bonita y perfecta como para que un hombre quisiera arrancarse el corazón por ella.

— Dices barbaridades. — chilló —. ¡Yo jamás voy a traicionar a mi Reina! Serupina me ayudó y me aceptó como un verdadero demonio en el camino del mal, cuando todos los dioses preferían que viviera enclaustrada en un castillo. Te matare antes de que vuelvas…

— Si usted cree eso, es entonces una tonta — La bruja no se cortó ni un ápice a la hora de dar su opinión, con ese aire de abuela marisabidilla —. Le engañó con uno de sus hechizos. Nunca hizo nada por usted, simplemente se apodero de su alma para controlarla, y poder matarla si era necesario. Porque ella usa a todos como juguetes.

— No, no puede ser. Yo sé que ella era mi amiga y los demonios me acogieron…

— Usted ha estado sola siempre, antes y después — Baba fue más tajante que una púa, sabiendo que únicamente el dolor lograría hacer que la otra mujer razonase —. Debería usar por una vez el alma y el corazón al mismo tiempo, haber lo que le dicen… Le quitó aquello que le hacía única y, con el paso de los milenios, podría haberle dado poder sobre ella. Usted ha estado medio hecha, dejándose guiar sólo por el capricho; mientras estando completa, a lo mejor el cantar podría haber sido diferente…

La diosa no supo que decir. Algo en su interior renovado estaba empezando a despertar, y las mentiras en las que quiso creer ciegamente se desquebrajaban para dar forma a un contundente muro de verdades. Ya no se sentía unida a Makai, volvía ser una Divinidad Neutral, dentro de esa partida de ajedrez simbólica entre las grandes potencias cósmicas. Por ello, igual que una vidriera cortada y farfullando para si misma, apoyó el peso de su cuerpo sobre un pilar maestro del mirador:

— Me odiaba… Me odiaba…

— Lo siento mucho, querida, esa es la única verdad — Baba sonó más suave, contemplando las lágrimas de ácido que sus modos habían provocado —. Mírelo por el lado bueno, ha recuperado el alma…

— ¿Fue por Darbura? — preguntó la Princesa Serpiente.

— Creo que en parte. También, porque tenía miedo de usted.

— ¿Miedo? Yo nunca le toque ni un pelo.

La humana soltó un intenso resoplido:

— Bueno, nacer en una determinada familia puede provocar el odio de otros por una cuestión simple de jerarquía… — hizo una dudosa mueca antes de seguir —. Veamos, ¿Cómo decirlo? Si no están presentes Darbura y Serupina ¿Quién reinaría en Makai? ¿Quién tendría el titulo de Gran Rey Diablo y Reina del Mundo sin mundo?

— Otra vez esa gansada de los reyes demoníacos… — graznó el irritado Bills. Prefería volver a temas más interesante y mundanos, como eso de que ahora la Princesa y él podrían ser amantes por el simple hecho de estar atados…

— No estoy segura — la diosa titubeaba a la hora de responder: Hasta el mejor de los demonios encontraba liosa la larga jerarquía maléfica —. Supongo que sería la hermana de Darbura, la alquimista y maestra de la ciencia.

— Es demasiado joven y ahora los chicos son su única prioridad. — añadió la vieja —. Dime otro nombre.

— Pues Shura, el senescal regente de las puertas del diablo.

— Renegó de los placeres y se hizo monje.

— Entonces, Lucifer: El medio vampiro de la Mano del Diablo y el asistente de cámara de los soberanos de Makai.

— Le hicieron polvo, ni un hueso quedó. ¿Luego?

Jadōshin empezaba a impacientarse. No advertía que quería la bruja manifestar.

— ¿Garlick y su hijo? — preguntó chasqueando la bifurcada lengua.

— ¿Alguien se tomaba a esos dos en serio? — Baba se volvía cada vez más irritante y exigente —. Otro nombre, vamos.

— Hocus, la sombra de Darbura y el gran devorador.

La vieja asintió y dijo:

—Vale, diana. Ese es el actual rey.

—Y es un racano… —fue la interrupción de Ackman. Él y Gordon estaban recuperándose de la conmoción y, a pesar de la ausencia, tenían una muy ligera impresión de lo sucedido. A él no le importaba ser o no invitado a la conversación—. El tío come almas a dos carrillos, pero no suelta la plata. Si lo sabré yo.

Pero Baba únicamente tenía oídos para la divina sierpe y formuló una nueva pregunta:

— Sin Hocus ¿Quién gobernaría?

— ¿Las siete fulanas del Apocalipsis? — se rindió la otra, queriendo que todo acabara pronto.

— Se casaron hace mucho tiempo y dejaron el burdel.

— Pues sin ellas, mi padre presidiría: el perverso Señor de los pecados carnales.

— ¿Eso cree? ¿Y si su progenitor no está?

Entonces, Jadōshin lo vio claro, como un farolillo que se cuela entre las tinieblas. Sus labios trazaron una encantadora mueca de incredulidad en forma de redonda y delimitada o.

— La siguiente… Sería yo — dijo muy bajo, casi sin llegar a creerlo—. Yo tendría que reinar en Makai.

Baba premió el esfuerzo con la más socarrona de sus sonrisas:

— Ahí está, querida. Es una buena razón para el rencor de Serupina: Usted podría ostentar su título.

En menos de un segundo, la bella mudó de forma, viéndose ahora como una fea quimera escamosa con ligeras reminiscencias femeninas, las cuales acentuaban más lo espantoso de su aspecto. Furiosa, empezó a arrancar a mordiscos el suelo del mirador (para la gran consternación de Wiss que, de nuevo, veía peligrar su obra maestra interiorista):

— ¡SERÁ GUARRA! — La cosa aullaba tanto que el tejado vibró. Tenía una bocanada de lava rebosando en el gaznate —. ¡Me engañó, me engañó como quiso!

— Venga, venga, deje de escupir llamaradas igual que una adolescente malcriada. Se le pone una cara muy fea cuando lo hace…Y me asusta — le llegó la voz de Uranai Baba, en un intento por calmarla—. ¿No ve que soy su amiga? Llegado el momento, yo quiero que usted reine en Makai y no esa desalmada. Y sepa que yo siempre elijo al caballo ganador.

— ¿De verás?

La princesa revirtió a su perfil sublime y contempló a la adivina con ojos entornados. Una ambición personal, que no existía previamente, puede brotar en más sutil de los instantes…

— Claro que sí — remarcó Baba de manera un tanto bellaca, pero también afectuosa—. ¿No lo ve? Usted es un camino nuevo por recorrer: Nació como un punto de unión entre ambas razas, y por eso, Serupina os odia. No seréis la más lista y tardará miles de centurias humanas, si bien, usted aprenderá a gobernar. Con un alma elevada y un sombrío corazón.

— No puedo.

Jadōshin hizo un gesto de resignación y ligero pesar.

— Aunque tengo sangre de demonio — dijo —. Soy una diosa. Y los dioses no gobiernan en Makai. No me aceptarán.

— Bah, la letra minúscula siempre está presente en cualquier ley — la humana no daba muestras de piedad, como correspondía a una temible negociadora que sabe ganarse a su presa—. ¿Cuánto ha durado esta guerra? Va siendo hora de que se firme una tregua entre el bien y el mal.

Una tupida niebla de aroma dulzón se materializó y, tras disiparse, los daños en el suelo habían desparecido. Wiss permanecía completamente quieto, apoyando su vara contra el suelo, como detenido en mitad del tiempo:

— Eso usted no lo puede decidir — dijo a la pitonisa.

— ¡Paparruchas! Yo mejor que nadie, Gran Wiss — Baba se puso de pie sobre su bola para estar a misma altura del agraciado hombre. Luego, sus ojos volvieron a clavarse en la joven—. Mire, princesa, no le ofrezco únicamente recuperar el alma. Le estoy ofreciendo un consorte a su medida.

— Ay, es de lo más vulgar y bruto... —objetó la otra con cierta falsa amargura, sin perder de vista al Dios de la Destrucción.

— ¿El bruto soy yo? — éste sarcástico, se jactó por lo bajo —. Yo no soy quién se acaba de merendar el parquet…

— Anda, no se haga la remilgada conmigo: Estoy segura que se le humedecen las enaguas cada vez que le mira — maliciosamente escandalosa, Baba intervino. Su replica provocó que Jadōshin escondiera el rostro sonrojado detrás de la boa —. No existe el caballero perfecto, en ninguna de las infinitas galaxias. Hay que trabajar, limar asperezas; porque el amor verdadero es una prueba constante que nunca termina… Mire, yo veo la química entre dos tortolitos en cuanto la tengo delante, se lo aseguro ¿Por qué no le da una oportunidad? Ambos tienen cosas en común. También, si esto sale bien, usted será una mujer respetada: él es uno de los hombres más poderosos que existen en nuestro universo… Ejem — e hizo una pausa, como si estudiase los rasgos de Wiss, antes de objetar —. Bueno… uno de los más poderosos y con preferencia por el género opuesto. Mi madre siempre me decía que no debía confiar en un chico con las cejas mejor perfiladas que las mías…

El asistente, dándose por aludido, acarició su cabello e impugnó:

— Me gusta estar arreglado. Y mis preferencias son mías…

La adivina se quedo fija examinando las facciones de la mujer reptil, pensando la frase adecuada:

— ¿No le gustó cuando él admitió lo que sentía por usted hace un momento? — preguntó al final.

— Ey ¿Qué mascullas? — el dios parecía muy incomodado—. ¡Yo no he admitido nada!

No obstante, enmudeció cuando oyó ceder a la dama, balbuceando suave como arrullo de paloma:

— Si, me gustó oírlo

Los globos oculares de Bills se convirtieron en dos círculos perfectos. A veces, era sabio dejar a las abuelas hablar.

— ¿Qué sintió usted al saberlo, princesa? — indagó de nuevo Baba.

— Como una picadura dulce de aguijón en mi interior. Si bien ¿Qué más da? Nunca es verdadero. No puedo sentir nada.

— Fue verdadero cuando era niña, pero lo ha olvidado — dijo la bruja —. Puede serlo de nuevo: Faltaba algo que hoy recuperó.

— Él no me gusta — la mujer se plantó en sus treces, retorciendo entre sus dedos la seda del pañuelo —, no tiene consideración, es un grosero. Es engreído… ¡No sé ni por dónde empezar!

— Ni que usted fuera un dechado de virtudes: Para que negarlo, usted no tiene fama de ser una santa señorita que digamos— indicó Baba sin florituras—. Pero eso no importa — añadió, después de repensar —. Cada uno es cómo es. Mientras la maldad y el dolor no formen parte de una relación, hay que aprender amar todas las cosas en una persona, porque también los defectos nos hacen ser quienes somos y pueden ser suavizados.

— Parece que sabes mucho de esto, anciana, tienes respuestas para todo — le objetó Jadōshin, y sonrió de seguido. Fue la primera sonrisa que nacía de su adquirida ánima; por ello, fue hermosa y etérea, similar al amanecer y digna de una diosa.

— Al contrario, sé muy poco — rebatió avivadamente Baba, aún recuperándose de la sonrisa extraordinaria—. Las brujas no somos la alegría de la huerta, ni nos invitan al baile. La ambición es una prioridad para nosotras. Si bien, yo recuerdo y pienso en las decisiones que tome de joven, y puedo respetar lo no valoré entonces.

La Princesa Serpiente no contestó. Permanecía inmóvil, todavía apretando el pañuelo roído. Al ver esto, el talante de Baba se endureció y perdió la paciencia:

— Déjese de tonterías — dictó —. Use su espejo de los sueños con él. Salga de dudas de una vez, so tonta.

— ¡Ni hablar! a mí nadie me mira en el interior sin permiso.

Bills brincó espantado. Por nada del mundo quería exponer al mundo lo que ansiaba en su corazón. Pero la propietaria de esos ojos de rubí supo frenarlo a tiempo, retenerlo un único minuto con su encanto recóndito, y así, ella logró ver el reflejo de él en la superficie. Bills quiso explotar de vergüenza en ese mismo instante (y llevarse a todos con él)

El cristal mostraba a una pareja de enamorados dialogando de todo y de nada, muy empalagosos el uno con el otro: La hermosa princesa, sentada en la hierba, y el Devastador de Mundos descansando la cabeza en su regazo, igual que un minino aletargado. Él jugaba con los tirabuzones de su amada como si fueran los hilos de un ovillo.

Esa misma mañana, antes de hablar con Jadōshin, la imagen habría sido totalmente diferente. Pero hacía ya horas que Bills estaba cazado por la dama. Fulminado por una saeta, en el mismo segundo que creyó que ella lo amaba (cuando en verdad, ella hablaba de un actor terrícola). Únicamente, al aceptar que estaba enchochado tras ver su propio reflejo, él había intentado actuar como un depredador para ella. Ser el macho, cambiar las tornas y retenerla a su lado.

Conquistarla, aunque él fuese la presa.

No sabía hacerlo de otra forma.

Que humillación más horrible. Casi podía oír las carcajadas...

Mas eso no ocurrió. Si antes fue amanecer, ahora la expresión de ella era un mediodía refulgente en todo su esplendor.

Es muy curioso como puede reaccionar una persona al conocer los verdaderos sentimientos de alguien al que quería depreciar… Como las murallas más fuertes pueden desplomarse a semejanza de un castillo de naipes.

Jadōshin giró su espejo para poder reflejarse en éste y enseñó a Bills lo que ahora ella anhelaba tener: Barry Kahn se esfumó en un halo de polvo, pues nunca había sido importante para ella, y el Destructor ocupó su lugar en el centro de esa fantasía ridícula de novela barata.

La boca repleta de dientes de Bills se ensanchó de oreja a oreja, tanto como un croissant o medialuna, y le entraron ganas de volar por los aires nebulosas enteras, para dejar constancia de ello grabándolo en fuego sobre el universo: Acababa de descubrir que tenía novia.

—Tienes toda la razón, gentil hechicera —la princesa dio su veredicto; usando un abanico rojo de antifaz y captando toda la atención con un batir de soñolientas pestañas—. Estoy muy contenta con mi nuevo pretendiente.

La vieja rezongó marrullera en voz alta:

— Ja, ¿soy o no soy la mejor de las casamenteras?

… …

Alguien tenía una objeción.

— No, no está bien lo que usted trata de hacer, Uranai Baba. Ha manipulado los poderes cósmicos en su beneficio.

Fue Wiss quien platicó; magno, andrógino y reservado como la primera vez que apareció en el universo: Sus palabras fueron tan sentenciosas que captaron toda atención.

— ¡Los dioses y los demonios siempre están alterando el destino humano! — le chilló la anciana, tras reponerse de la impresión que ese sujeto le producía ahora: De nuevo, no había en su belleza nada humano o reconocible —. ¿Qué hay de malo que una pobre brujita como yo lo haga si es por una noble causa? Nadie tiene que saberlo, solamente nosotros.

— No es por una noble causa: Usted trata de favorecer a la Tierra y al plano mortal — proclamó él, sin emoción, si no fuera por un fino rastro de piedad en el extremo del parpado—. Los seres mortales tienen una visión pequeña de una totalidad muchísimo más grande. Alterando el destino del Devastador de Mundos y de la Guardiana del Camino de la Serpiente, e imponiendo a ella como la soberana de Makai; usted puede creer estar ayudando a su gente, cuando en realidad, usted crearía otra desgracia diferente. Con igualmente terribles secuelas para el futuro… Así que, voy a cortar el hilo.

— ¿No lo entiende todavía?

Wiss la miró y afirmó con cabeza:

— Lo entiendo — dijo sin levantar la voz—. Pero el Señor Bills y yo no podemos tomar partido en semejante guerra: Somos neutrales. Estamos por encima del bien y del mal.

Su largo báculo, finalizado en lo que parecía un planeta negro rodeado por un anillo, empezó a radiar una fosforescencia sobrenatural. Dicho anillo era ahora más amplio y menos delicado. El hombre balanceaba la empuñadura de arriba abajo, indagando en el aire.

— ¡Serupina ya hizo esto mucho antes que yo!— Baba se negó a rendirse. Su vista ajada seguía cada uno de los movimientos del ordenanza, sabiendo que esto podía significar el final de todo—. Ella alteró el destino para que jamás Jadōshin pudiera desafiarla, cuando estaba predestinada hacerlo. Le robó su alma para que no lograse nunca enamorarse, o ser amada completamente por un hombre poderoso ¿Eso es justo?

El alto asistente encontró lo que buscaba. Un algo que permanecía invisible para el ojo de un mortal, más etéreo que la brisa, pero latente para aquél que sabe buscar. Se retorcía igual que un bicho, y era rojo intenso, increíblemente rojo. Lo cazó como quién cerca una lombriz de tierra, pisándolo suavemente con la punta del zapato sin llegar a aplastarlo. Luego vino su respuesta:

— No, no lo es. Pero Serupina es un demonio y usted es humana. Las leyes de la creación le dieron a ella ese don, no a usted. Ahora, apártense, por favor. No quiero herir a nadie. He perdido un poco de práctica a lo largo de los últimos millones de años...

— No, se lo pido de rodillas, noble Wiss — la bruja se echó al suelo hasta besar la superficie, patética y demacrada—. No sabe lo mucho que esto podrá significar para la salvación de la humanidad. Yo sólo pretendo reparar algo que debió pasar.

Él no parecía escuchar:

— El cordón es fuerte. Si bien, hay una hendidura legal por dónde podré cortar…

Unas lágrimas, simples y saladas, transitaron los carrillos viscosos de la bruja. Nunca sollozaba, mas toda su determinación la abandonó en lo que dura un suspiro. ¿Cómo fue tan mema? ¿Por qué quiso creer que podría salirse con la suya? Nadie engaña un dios, ellos siempre encuentran la forma de ganar.

Había fracasado.

En su clarividencia, la peor de las visiones futuras se fue volviendo la única realidad tangible que los habitantes terrestres tendrían… Ser pasto eterno de las huestes de Makai.

No obstante, una voz salió en su defensa. Similar a un gruñido en la maleza:

— Wiss, cuando quieres, eres de lo menos romántico que existe.

— Oír para creer — comentó el aludido tras detener la magia que su báculo producía, pues la saturnal esfera se apagó como una bengala. De seguido, se plantó junto al otro —. Usted si que me desconcierta, Señor Bills. ¿No quiere que corte el hilo del destino?

— Mantén las manos quietas —respondió el felino con aspereza y el ánimo alicaído—, ella ganó, ¿no lo ves?

— ¿Me está sugiriendo lo que creo?

— Ha sido más lista, usó la predicción y logró encauzar los acontecimientos — Bills habló calmado. Su tono penetrante nacía de muy dentro, de un lugar que existía pero que rara vez él mostraba—. Para nosotros, esto no es más que otro pequeño inconveniente en nuestra larga inmortalidad. Para ella, ha sido la batalla definitiva de su tenue vida: Desde el día que comprendió cual sería su destino, cada cosa que ha experimentado y aprendido la han llevado a terminar aquí —y, usando un deje de respeto, afirmó—. Me ha vencido. Merece su recompensa.

El hombre apuesto enarcó una ceja:

— Hace un momento me dijo que se moriría si Champa se enteraba.

—Yo digo muchas cosas, Wiss. Pero sabes de sobra que sé reconocer la derrota—le expuso su patrón. Ambos posaron la vista en la enclenque adivina y ella dejó de llorar —. Seamos sinceros: ni tú ni yo queremos que Serupina, Darbura u otro demonio, se pasee por el plano mortal y haga alguna barbaridad irreparable. Conoces de sobra la clase de pasta de la están hechos. Además, en el fondo, este vejestorio te cae muy bien; supo reconocerte más allá de ser mi maestro y criado. ¿Cuándo fue la última vez que un mortal te nombró por tu título? Está al tanto de quién eres.

— Ah, cierto, eso fue precioso —Wiss soltó una risotada musical y elocuente, y su expresión volvió a la normalidad —. Me emocione tanto como un chiquillo de cien centurias. Es una humanita fascinante y me sabría muy mal romperle ahora el corazón. Se ha esforzado tanto… ¿Entonces qué?

El dios estaba ruborizado de la punta de las orejas hasta el cuello. Notaba sobre el vello el cálido afecto de la Princesa Serpiente, que no apartaba la vista de él, y la sensación era una extraña argamasa de triunfo y derrota. Al final, éste fue el dictamen:

— Dejemos todo como está por una temporada y veamos que ocurre.

— Espero, Señor Bills, que no lo esté haciendo porque se siente desesperado por "mojar el pincel"

— ¡Por supuesto que no! ¡Y que coste que yo no estoy desesperado!

— Si usted quiere creer eso… — por el gesto que hizo, el ordenanza no parecía nada convencido —. La Princesa Serpiente es de nuevo neutral y no se infringe ninguna ley, pero por ahora, es mejor que los demonios y dioses lo desconozcan…— tras este pensamiento en voz alta, añadió de seguido—. A lo mejor… Puede ser de lo más afortunado que usted tenga una relación formal y duradera: Haber si así, madura de una vez…

El Dios de la Destrucción refunfuñó entre dientes:

— ¿Tienes que criticarme cada cinco minutos?

— Sabe que me gusta sentirme realizado — le aseguró Wiss sin retintín —. No obstante la humana merece un castigo. Lo que ha hecho tendrá efectos que ni nosotros mismo podremos prever. Siempre hay consecuencias.

— Cierto, pero no con la muerte. Ya se nos ocurrirá algo: Para ir empezando, no estaría mal que nos invitara a comer.

— Gracias, Señor de la Fatalidad: Se lo agradezco mucho. Y no se preocupe, yo les invitaré al mejor restaurante en éste o en el siguiente plano astral — señaló Uranai Baba, de nuevo moviéndose sobre su transparente esfera. A pesar de no ser hermosa, su faz reflejaba una tibieza y luminosidad que trasmitían sincera admiración y ilusión renovada —. Soy su leal servidora.

Y lo dijo de verdad.

— Ya, promesas vacías, adivina: Y no te jactes de tu victoria que es de mal gusto — maulló Bills despectivo, instigándola con el dedo a situarse a su lado y ella, sin el menor miedo, lo hizo—. En vez de eso, deberías decirme cómo diantre lograremos mantener el asunto en secreto. Los adeptos de Serupina no se pondrán a lanzar confeti precisamente.

— Deje de quejarse como un chiquillo. No es nada visible si no se menciona, se lo aseguro. Si los dos son listos, por ahora nadie en el séptimo universo tiene que saber….

Una especie de "clip" se oyó de improviso y Baba olvidó lo que estaba diciendo. Los dos hombres y las dos mujeres giraron la cabeza al unísono.

— Yo conozco una cosa que si es visible: UN VIDEO — fue el chillido del diabólico Ackman, agudo e insufrible.

Estaba allí tieso, disfrutando enormemente con la nueva villanía que tenía en el cerebelo y acompañado de su criatura artificial, la cual volaba a ras de suelo.

— Mientras ustedes hablaban como idiotas, yo hice un montón —dijo —. ¡Y pienso mandarlos por whatsapp a todos mis contactos si no empiezan a cumplirse mis exigencias! ¡¿Queda Claro?!

Y levantó el smartphone en alto, igual que fuera algo más peligroso que una granada explosiva. Los otros cuatro presentes se volvieron instintivamente los unos hacia los otros. Nadie se atrevió a decir ni mu.

— Bravo, señorito Ackman, bravo — lo alabó Gordon, imitando el mismo centelleo infame que se delineaba en la cara que su amo —. Usted si que es sagaz.

— ¿Verdad que si?, a diablo malvado nadie me gana— contestó el joven, satisfecho por lo que él juzgaba como astuta argucia —. Mira el temor sudoroso de sus frentes, no saben ni que decir.

— Señorito, discúlpeme, pero yo diría que no están nada preocupados…— se vio obligado a admitir el homúnculo, removiéndose contrariado. Las inexpresivas caras en las supuestas victimas del chantaje le estaban poniendo nervioso.

— Es miedo interno, Gordon. Es un miedo interno y brutal. Primera demanda: ¡Quiero la Wii U y la quiero ahora!

Bills dio un profundo gemido, deseando que ese año de locos terminase pronto:

— Wiss, ¿tú piensas que habla en serio?

— Eso parece.

El dios se desvaneció delante de Ackman. Enseguida reapareció, situándose detrás de él, y agarró el teléfono para acto seguido arrojarlo al vuelo en dirección a su asistente. Éste lo atrapó sin dificultad y, después de unos cuantos tecleos, las pruebas desaparecieron.

— Toma, bobito — dijo Wiss, devolviendo el smartphone al demonio, cuya inteligencia seguía procesando los rápidos movimientos que ni por asomo había logrado ver —. Creo que debes escribir ahora mismo a tu familia y decirles adiós. Después de esto, me temo que tendrás que desaparecer del mapa. Haber que se me ocurre…. Por casualidad, ¿no le apetecerá merendar, Princesa Serpiente?

— No, tengo una idea mejor.

La mujer colocó el espejo de los sueños delante de Ackman y de Gordon. Lo rotó levemente para que la disipada luz incidiera sobre él. Esos reflejos refulgentes, iguales que lúbricos reptiles buceando en un estanque, atraparon la atención de ambos y sus débiles sentidos quedaron hipnotizados.

— Los dos recordaran sólo lo que yo quiera que recuerden, ¿comprendieron?

— Ooookey… — afirmaron, tañendo como una única persona.

Después de guardar el pulido objeto, ella dio una fuerte palmada.

— ¿Qué ha pasado? Ah sí, estoy en la Castillo del Dios de la Destrucción… —intentaba hilar Ackman, recién liberado del trance. Enseguida se giró hacía su compañero con los brazos en jarra—. Gordon, menuda mierda… ¿Recuerdas que narices hemos venido hacer aquí, en el último culo del universo? Ahora mismo, deberíamos estar pensando el modo de conseguir mi consola, en vez de perder el tiempo.

— Viniste para hacerme un favor — le respondió la Princesa Serpiente.

— ¿Un favor? ¿Qué favor? — el inmaduro joven parecía intimidado. Miró el sugerente escote de la mujer y se hecho hacía atrás, sintiéndose sucio —. ¿No habrá sido algo sexual?

El Segador de Galaxias hizo un ademán de querer darle un coscorrón (aunque, un golpetazo de sus zarpas podía significar una conmoción celebrar) Pero la bella lo refrenó con una seña sosegada y siguió conversando con el crío:

— No, nada de eso. Me has ayudado a encontrar este reino, y has sido un valiente y maravilloso escolta. Deberían escribir baladas en tu nombre.

— ¿Hice eso?— Ackman dudada. Algo en su interior le decía que eso no correspondía con su forma de ser. Un revoltijo de imágenes bailoteaba en su memoria—. Bueno, lo que usted diga — se rindió —. Págueme y dígame por dónde salgo, que me quiero ir a mi casa.

— No, no, faltaría más — sutilmente galante, Bills tomó la mano de Jadōshin al verla abrir el monedero. Ambos casi sonrieron por el tímido contacto que duró un segundo —. Querida Baba, extiende un cheque a tu nombre ¿Quieres?

La hechicera cuchicheó en el oído del dios con el genio encendido:

— "¿Me está obligando a pagar ahora?"

— "Por supuesto, será el primero de los favores que nos debes, sin olvidar el restaurante" — alegó él en voz baja —. "Además, mi firma puede levantar sospechas y todavía no queremos que ciertas cosas se sepan ¿o si?"

Ella obedeció y sacó el talonario. Tanto el homúnculo como su amo no ocultaron su felicidad por los generosos ceros.

— Mis mascotas te indicaran como abandonar la pirámide invertida y la forma de regresar a Makai, si quieres... Pero si yo fuera tú, muchacho, no haría eso — Jadōshin volvió a hablar. Las dos culebras infernales comenzaron levitar alrededor del Ackman y Gordon, dispuestas a obedecer la orden de su dueña—. Creo que te gusta mucho el dinero. La mejor forma de conseguirlo es con un buen trabajo.

Siendo minuciosamente contemplada por los ojos desconfiados del demonio, rebuscó dentro del bolso de mano, y sacó un diminuto rectángulo blanco de cartón. Los dos hombres se inclinaron para mirar por encima de su hombro y rieron maliciosos al leer lo que estaba escrito en el dorso.

Baba se quedó helada. Acababa de reconocer el rectangulito en cuestión…

— La señora de esta morada es muy adinerada y contrata a personas sobrenaturales — explicó la diosa sierpe —. Ve a verla inmediatamente y, aunque no esté en casa, insiste mucho para que sus siervos te abran la puerta. Recuerda, nunca aceptes un no por respuesta y tendrás la partida ganada.

— Ey, muchísimas gracias ¡Esto es genial!—Ackman no salía de su asombro ante tanta consideración—. ¿Has visto, Gordon? ¡Nuestra suerte cambia!

La criaturita aplaudía excitadísima:

— Oh, si, señorito. No nos entretengamos, la dama acaba de decirnos que vayamos cuanto antes y esta dirección se encuentra a años luz de aquí.

— No hay que preocuparse: Mi ordenanza usará un conjuro de viaje para ti, niño. Los cruces cósmicos son complicados de atravesar — se expresó Bills, subrayando su aparente amabilidad de forma poco sutil —, y no queremos que te pierdas en uno.

— Muy cierto — ratificó Wiss, prolongando el juego —. Será un gran placer para mí ayudar a un muchacho tan "adorable". ¿Quieres entonces ir al Reino del Mal?

—No, no. Yo quiero ir aquí— dictaminó Ackman al momento, moviendo el cartoncito reciamente en la cara del hombre celeste.

Éste invocó un orificio dimensional con al cúspide de su cayado. En un único paso, las culebras, el diablillo artificial y su dueño desaparecieron en su interior, sin decir ni un mísero adiós. De seguido, la puerta se cerró igual que una cremallera.

El frío horror seguía grabado en el semblante de la anciana:

— Esa era… esa era...

— Si, Uranai Baba — la princesa reblandecía, retocándose los primorosos labios pintados —. Le di tu tarjeta de visita.

— ¿QUUUUÉ? ¿Por qué ha hecho eso? ¡Ese crío repulsivo me hará la vida imposible a partir de ahora!

— Toda acción contra una divinidad merece un escarmiento.

— ¿Escarmiento? Una porra… — Baba, austera, intentaba comunicarse con su fantasmal paje a través de la bola de cristal (queriendo prevenirlo de la inminente llegada) No tuvo éxito por culpa de la cobertura y, al final, decretó —. Lo que pasa es que los dioses sois una panda de rencorosos.

— Uhm, creo que empiezo a simpatizar con su nueva novia, Señor Bills — indicó Wiss a su patrón, bastante complacido por la jugarreta retorcida.

Pero el Dios de la Destrucción no podía contestar; estaba hondamente inverso en el abrazo apasionado y licencioso de la Princesa Serpiente, que sin preguntar y sin cortedad, se había lanzado a por él. Aunque la primera reacción de Bills fue colocarse en posición defensiva, de nada le habría servido: Esta damisela podía demoler naciones enteras con el tórrido y exuberante aliento de un beso. Así que, como hombre inteligente, se dejo llevar y ambos terminaron hundidos en los cojines del mirador.

— Nací para besarte — susurró ella, dejándole respirar entre arrumaco y arrumaco—. Estamos hechos el uno para el otro ¿No lo crees, mi queridísimo Bills? No habrá jamás pareja más enardecida que nosotros, en ninguno de los doce universos: Nuestro amor será una promesa firme, a semejanza de las estrellas, y nuestra pasión será avivada por el secretismo de nuestra unión. Siempre he deseado un amor prohibido que debe ser ocultado. Oh, háblame, dulce Bills. Embrújame con tu elocuencia.

— Be… ebe…ehnenhan...ehwh… — Bills intentó responder, pero una gutural mezcolanza de caracteres fue lo único que su cerebro, apabullado por el amor, podía conformar.

— Bueno, te falta práctica, vida mía — reconoció la bella enamorada y, con otro beso de tornillo, sumergió su larga lengua por la faringe del dios, sorbiendo los labios como si quisiera tragarlo entero.

Había que reconocer que no besaba como una virgen, y lo que provocaba en su cuerpo, incendiándolo de la más vil de las maneras, tenía muy poco de divino…Pero al diablo con ello: Para él, éste era el mejor beso que había recibido en toda su apabullante eternidad. Y quería muchos más como ese. Jamás le importaría lo que los demás pensaran de ello.

— Que triste es que pronto tendré que partir, ahora que hemos descubierto el significado de la pasión… — dijo Jadōshin en éxtasis. Estaba disfrutando que, tras recuperarse de la primera impresión, Bills había perdido la timidez y no paraba de lamerle el antebrazo igual que si fuera un polo de menta.

— ¿Cómo que te vas? — él paró en seco y le miró ceñudo.

La incertidumbre de verse engañado y luego abandonado apareció. Si bien, la inmensa ternura de la mujer, pecaminosa y eterna cual melocotón infernal, era una promesa genuina y ahogaba cualquier tipo de duda:

— Ay, tontorroncito mío — le atrajo hacia ella, pellizcándole en el hocico—. Yo debo custodiar el Camino del Otro Mundo. Tengo que volver cuanto antes o los dioses y los demonios sospecharan de nosotros. No podré visitarte tanto como quisiera, pero tú si... No esperemos ni un mísero año: Mañana mismo, colocaré el manto de las tinieblas y nadie podrá verte llamar a las puertas de mi morada. Oh, querido, dime que vendrás. No me hagas languidecer por tus mimos. Quiero bailar tango contigo sobre la aurora del infierno…

— Es una encantadora idea — el hombre celeste intervino con el pensamiento benévolo de ayudar —. El Señor Bills es un excelente bailarín, ha ganado incluso premios…

Pero la pareja simplemente se hizo la sorda ante cualquier bagatela: Estaban enfrascados en la ardua tarea de meterse mano a todos los niveles inhumanos.

— ¡Tienes que jurarlo! ¡Ni se te ocurra echarte una siesta de cincuenta años! — farfullaba una.

— ¡Lo juró, pero tú no pares de hacer eso con la lengua! —musitaba otro.

— Aunque, también podría ser muy romántico amarnos en la distancia…

— Ey, tampoco hay que pasarse…

— Uhmm cierto. Ven a verme, sólo tú puedes hacerme cabalgar hasta los confines de la locura.

— Tranquila, traeré condones…

— Pues yo no pienso ir a comprarlos. Oh, espero que la princesa no me lo vuelva más tonto de lo que ya es… — observó Wiss para si mismo, un poco ofendido por la situación de verse ignorado. No estaba muy acostumbrado a ese sentimiento—. Venga conmigo, estimada señora — susurró posando una mano amigable sobre Baba—. Es mejor que los dejemos a su aire un rato. Además, ha llegado la hora de que usted vuelva a su planeta.

El alto hombre y la menguada anciana siguieron el camino empedrado que enlazaba con el castillo, y pronto las sombras frías de los muros incidieron sobre ellos. En el interior, en esos descomunales pasillos helados, los farolillos triangulares fatuos seguían proporcionando la única viveza en el ambiente.

— Tal vez, con un poco de suerte, usted logre llegar a su casa antes que ese botarate diabólico. Pero no puedo prometérselo— habló Wiss, mientras creaba un nuevo portal, parecido a una vibrante burbuja luminosa. Después, se quedó taciturno un buen rato contemplando su creación—. Señora Baba, quiero pedirle algo — dijo posteriormente—. ¿Me haría el favor de responderme a unas cuantas dudas?

— ¿Qué quiere saber?

— ¿Por qué no respondió a la pregunta del Señor Bills? ¿Por qué no comerció desde el principio con el alma de Jadōshin?

— Ah, bueno, eso fue un desliz por mi parte, quise tentar a la suerte: Soy pitonisa, mas no soy capaz de verlo todo— le confesó la bruja, sin dejar de sonreír y enseñar la encía desnuda. Sus ojos mustios tenían la sinceridad benévola y transparente de las personas mayores, las cuales han hecho la paz con sus propios fracasos —. Yo estaba al tanto de que existió entre La Princesa Serpiente y el Devastador de Mundos una atracción física en el pasado. Lo descubrí gracias a leyendas antiguas, y algún que otro amiguillo cotilla en el Mas Allá. También sabía que él nunca aceptaría el hecho de estar enamorado de la señorita, a no ser que se mirase en el Espejo de los Sueños. A su vez, sabía que ella caería en el mismo saco si descubría que él tenía sentimientos por ella. Yo necesitaba estar presente para enlazar sus almas, pero como dije, requería que ambas me pertenecieran en el momento del conjuro. Si yo hubiese sacado la idea de vender el alma de la diosa desde el principio; ellos no habrían hablado, los sentimientos no se habrían desarrollado, y nunca habrían usado el Espejo de los Sueños el uno con el otro. Y él nunca habría mencionado que vendía su alma.

—En realidad, no lo dijo, usted simplemente sacó el contexto que le vino en gana— Wiss indicó sin malquerencia, restituyéndole la sonrisa: el Señor Bills tenía razón, le agradaba esa humana —. ¿Y por qué precisamente hoy?

La vieja miraba el portal con ligero nerviosismo. Siempre prefería viajar con uno de sus propios hechizos, y recelaba de la magia de los dioses y los demonios por motivos legítimos. Pero algo le decía que debía confiar en el ordenanza.

— Elegí este día porque el noble Bills tendría insomnio, estaría alicaído y achispado. No pensaría del todo bien. Así, yo lograría meterle la idea de comprar un alma a cualquier precio— respondió a la pregunta, embutiendo bien el sombrero en su cabeza, por miedo a perderlo en el viaje dimensional. Amaba ese sombrero tan negro y raro como su persona —. Pero, esto no ha sido una jugada inteligente por mi parte: Creí que la mejor forma para estar presente en los acontecimientos y ser parte del sequito del Destructor, a la vez que le daba la idea de comprar un alma; era ofrecer la mía propia. Un error, porque lo que la bola de cristal no me enseñó fue que yo no necesitaba ninguna argucia: El crío con sus almas de cucaracha para vender era el detonante de esa idea. Y ahora, comprendo porque él quedó oculto a mi visión.

— El niño era el castigo por trajinar con el destino de los dioses y sus almas.

— Eso parece, pero para mi gusto: Un castigo sin gracia.

— ¿Esto lo ha hecho por alguien en particular?

Uranai Baba no parecía querer responder, o no sabía cómo debía hacerlo:

— Cuando yo era joven, odiaba a un hombre llamado Mutaito — habló adustamente, tras rebuscar en sus memorias—. Era el maestro de mi hermano, un artista marcial de gran renombre. Yo no lograba comprender su forma de ser y deseé su muerte muchas veces: Mi deseo se cumplió, pero no como yo esperaba; él dio su vida para salvar a la humanidad de un horrible mal. Y eso, sin que yo lo supiera entonces, me tocó. Empecé a cambiar. Muchos años después, mi hermano entrenó a un niño extraordinario, que se volvió adulto y salvó nuestro mundo de mil formas diferentes, sin importarle el precio a pagar. Yo he hecho todo esto para ayudarle cuando llegue el momento.

— ¿Cree que ese hombre podrá derrotar a la Reina de Makai?

— No exactamente, porque es un guerrero y Serupina es una bruja. Ella ataca desde el anonimato, nunca cara a cara. Pero, por otro lado, yo siento que él puede derrotarla con su sola presencia en el universo: Como ella, que manipula la realidad con la palabra, él tiene un extraño poder. Puede cambiar a las personas, convierte a los enemigos en aliados y trae esperanza a sus compañeros. Serupina lo querrá muerto, porque es todo lo contrario de lo que ella representa.

El violeta irrompible en los ojos de Wiss se enturbió:

— Creo que sé quién es esa persona —afirmó —. El Saiyajin que se enfrentó al Señor Bills...

— Si, el mismo— la vieja tomó de nuevo la palabra, conteniendo una viva emoción dentro de su cuerpecito mustio—. Un hombre tan sorprendente que, aunque fue derrotado, logró que el mismo Dios de la Destrucción frenase su garra y casi considerase la idea de la amistad. ¿Me comprende ahora? ¿Ve por qué tengo esperanza? Como héroe, él no sabe nada de las artes oscuras de la magia, pero yo sí. Y voy hacer todo lo que este en mi mano para equilibrar la balanza, y para que pueda vencer a Serupina cuando la lucha sea inevitable.

— Ahora entiendo mejor la situación — el ordenanza asintió posando la mirada en la cerrazón de la sala—. Simplemente, espero que éste no sea un precio demasiado alto para usted. Ha jugado con un fuego que los humanos no pueden soportar — y, con una veraz preocupación que daba profundidad a su voz, impuso —. Tenga cuidado: Los demonios tienen orejas largas.

— Eso ya lo sé: Pero es mi decisión.

— Si le sirve un poco de consuelo— volvió a dialogar él, tintineando como un cascabel de gato—. De forma parecía a ese hombre del que habla, yo creo que usted es una mujer extraordinaria. Y valiente. El Señor Bills no os desea ningún mal: cuando necesite consejo, venga a vernos.

La bruja abrió la boca asombrada. De seguido, agachó la cabeza y su expresión quedó velada tras el laceo cabello.

—Vaya, eso es algo que no me esperaba escuchar, muchísimas gracias— se la oyó decir—. Si bien se equivoca, he sido muy mala y todavía lo soy. A veces.

— Nadie es perfecto. Mire al Señor Bills.

— Si le soy sincera, me alegro de que él exista en este universo. Es alguien a tener en cuenta: Aunque ha sido forjado para la destrucción, me ha parecido que él valora las cosas sencillas de la vida.

—Muy cierto, señora, tiene toda la razón. Pero chitón, no se lo diga a él. Ya se lo tiene muy creído— a pesar de la mofa, el deje del asistente era templado y respetuoso cuando mencionó a su patrón. Claramente, existía una lealtad fuerte forjada entre los dos—. Por cierto: Dentro de diez milenios, tanto si usted sigue viva como si su fantasma habita las murallas de Enma Daioh, quiero que se sienta invitada a asistir a la boda que ya mismo pienso planificar. No lo olvide, será una fiesta legendaria. Y la Casamentera tiene que ser un invitado honorífico junto con los novios.

— ¿Una boda, Saturnal Hacedor? — ella curvó las desnudas cejas hacia abajo— ¿No va un poco deprisa?

—Supongo que sí. Mas, no puedo evitarlo— Wiss carcajeó más rutilante que un diamante imperecedero, coquetuelo hasta la saciedad—. Disfruto tanto planificando eventos, y son tan escasos por estos lares… Ay, no me llame de esa forma, señora, que me sonrojo.

— Para mí será un gran placer asistir a la ceremonia, si algún día se celebra… Se que suena muy tonto decirlo ahora: Pero me gustaría mucho que, como en los viejos tiempos, usted viniera a buscarme el día de mi muerte.

— No sabe lo que dice... Ahora está todo automatizado, y los ogros son muy eficientes en su trabajo. No se me echa de menos.

— Bueno, algunos todavía recordamos.

Con estos términos extraños de despedida, Uranai Baba se evaporó en el fluorescente azul del conjuro, saliendo disparada hacía el infinito igual de veloz que una estrella fugaz. Tras verla marchar, la exquisita figura de Wiss se giró y volvió sobre sus pasos en busca del Dios de la Destrucción.

Mientras, el Misterio permanece en el Misterio, y no se hacen preguntas: Después de todo, la vida de los inmortales no se diferencia tanto de los pormenores mundanos. Simplemente, es un poco más llamativa...

Allí, como en la Tierra, también se pesca a un hombre con el mismo tipo de anzuelo.

…FIN…


NOTA DE LA AUTORA— Finalmente, la historia término tras mucho tiempo, estuve a punto de no terminarla porque creo que no es algo apetecible para los lectores. A pesar de todo, estoy orgullosa de la historia, es lo que quería contar y quise hacer algo hermoso y divertido, muy divertido. Posiblemente, mi canto de cisne aquí, en fanfictionet.

La narración, a medida que Dragon Ball Super fue aportando más datos de los dioses, quedó obsoleta y, aunque yo podría invertir tiempo en cambiarla y adaptar el texto, no lo haré. El cuento pierde mucho si cambiara toda la mitología que describo aquí. No es lo que Toriyama querría hacer, pero espero que aún así, el esfuerzo merezca la pena.

Yo tengo que decir que reí como loca cada vez que escribía alguna de las barbaridades que Bills soltaba, o escribiendo el sarcasmo delicioso de Wiss, con tanto arte para contestarle. Posiblemente, aunque he intentado mantener el IC, muchas cosas que he escrito no han dado en la diana: he escrito por intuición, porque son unos personajes nuevos que todavía no han sido desarrollados completamente, y bien podría ser que el Dios de la Destrucción es un autentico galán, y no un desastroso amante como yo lo describo. También por intuición, yo le he dado una sabiduría sutil que sólo aparece en determinados momentos, porque pienso que bajo esa fachada de impresentable y egoísta ser, hay alguien notable que sabe valorar la vida. Eso es lo que yo sentí cuando finalmente perdona a Goku y no destruye la Tierra.

Durante toda la historia, ha sido fuertemente insinuado que tipo de criatura que es Wiss en realidad: Esto también ha quedado completamente obsoleto por Dragon Ball Super. Pero la idea sigue pareciéndome hermosa, y decidí no cambiar mi camino a seguir. En este final, ha quedado patente quién es él para Baba, y posiblemente muchos pueden pensar que es una mala idea. Son gustos personales, solamente puedo decir que para mí, tiene sentido porque siempre está junto al dios que representa la destrucción, y aporta mucho para un futuro desarrollo del personaje.

Mucha información de la Princesa Serpiente es inventada, como ya dice, pero espero que mi visión siga siendo fiel a esa encantadora monstruosidad deseosa de amor y carne humana. Como personaje en esta historia, ella ha crecido mucho y abre muchas posibilidades para que, en un futuro muy lejano, ella sea candidata a gobernar Makai. Barry Kahn era un actor cuya fotografía Majin Boo utilizó para copiar sus rasgos y lograr un beso femenino (sin buenos resultados). Como mencione en el primer capitulo, Ackman y Gordon son los protagonistas del manga de Akira Toriyama "Go go Ackman".

Serupina es también invención, y ella es la villana principal de "madre no hay más que una", así que, esta historia que acontece unos meses después de la "batalla de los dioses", es una precuela de esa historia. Y aporta muchos datos muy relevantes para comprender que está ocurriendo en "madre no hay más que una". Aunque los Hijos de Doom parecen una secta simplona de humanos bobos, hay cosas más terribles que están a punto de saltar. Personas como Baba (gracias a sus dones para hablar con los muertos y conocer el futuro) han intuido esta trampa secreta y han decidido intervenir.

Serupina es una abreviatura de Puroserupīna, la forma tan rara que tienen los japoneses de pronunciar Proserpina, la diosa esposa de Hades que reina en el Infierno. El pobre Darbura tiene por esposa una señora muy malvada XD

La idea de que Uranai Baba odiaba a Mutaito no es realmente mía: Esplandian ya insinuaba esto en muchos de sus cuentos, donde ellos son unos rivales similares a Son Goku y Vegeta. Sus cuentos son siempre hermosos y aportan mucho interés por utilizar personajes olvidados.

Este capitulo final, lo dedico a Kumikoson4, que siempre me ha seguido con una fidelidad extrema, y aún recuerda los capítulos y los personajes originales de "madre no hay más que una". Eso es muy hermoso. Saber que alguien valoró tanto esa historia como para recordar los personajes y situaciones que en ella aparecían. "Madre no hay más que una" era una historia extraña y nunca logró un publico amplio, únicamente fieles y pequeños seguidores. Ame escribir sus capítulos, mezcla de drama, horror y de pronto comedia en el peor momento posible. La pobre Kumikoson4 tiene todavía esperanzas que yo continué narrando. Pobrecita, pero me alegra saber que ella piensa que esa historia merece ser contada.


Dragon ball © 1984 Akira Toriyama

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