- A casa (ordenó más seco de lo normal Mycroft al conductor nada más entrar él y su asistente en el automóvil)
- A mi me puedes dejar cerca de la calle princesa que ya (empezó a decir Sherlock antes que su hermano lo cortara)
- Tu también vienes (como solía hacer Mycroft lo ordenó más que informar)
- ¿Yo? Mycroft tengo trabajo, el chico ya está aquí, así que mañana, bueno hoy más tarde te llamo (dijo Sherlock de forma condescendiente)
- "Ella" quiere verte a ti también (dijo mirando fijamente a Sherlock. Y Albert se percató que entre su padre y su tío hubo una especie de lucha dialéctica pero sin pronuncia ni una sola palabra. Finalmente Sherlock, resopló, se cruzó de brazos y se puso a mirar a través de la ventana sin mediar más palabra el resto de trayecto).
Mycroft, antes de salir del coche, le pidió al chofer que llevara a su asistente hasta su casa y después regresara. Agarró a Albert por el brazo con firmeza y lo metió dentro de casa lo más rápidamente posible. Al entrar en casa una mujer alta y pelirroja de unos 40 años estaba esperándoles sentada en los escalones de la escalera principal leyendo una revista del corazón.
- ¿Sidonie? (dijo Sherlock al verla, la mujer se levantó y fue a dar dos besos a Sherlock)
- Sherlock (dijo mirándolo recelosa), me encantaría decir que un placer (dijo clavando la mirada en el muchacho. Y de repente toda la osadía del muchacho se esfumó). Ve a la biblioteca, quiero hablar con tu padre y tu tío en privado (le dijo al muchacho con gesto de enfado. El muchacho bajó la cabeza y obedeció). ¿Es seguro hablar en tu despacho?
- El lugar más seguro de toda Inglaterra, probablemente de todo el mundo (le dijo Sherlock alargándole el brazo para que la mujer se enganchara y conducirla hasta le despacho. Mycroft le echó una última mirada letal a su hijo antes de seguir a Sherlock y a Sidonie al despacho).
- ¿De qué quieres hablar? (le dijo Mycroft en cuanto cerró la puerta del despacho y indicándoles con la mano que tomaran asiento)
- He recibido esta carta (dijo alargándole una carta a Mycroft) sin remitente, sin huellas, papel demasiado común para ser rastreado, escrita a mano, por lo que tampoco he podido rastrear la tinta de la impresora (Sherlock escuchaba atentamente mientras veía como Mycroft estudiaba concienzudamente la carta).
- ¡Por un instante pensé que hablaríais del chico! JAJAJA (dijo Sherlock riéndose de lo inocente que había sido. Pero entonces Mycroft le dio la carta para que la leyera y la risa cesó al instante) ¿Cuándo la recibiste? (preguntó Sherlock visiblemente preocupado)
- La primera hará cosa de un mes, en casa, en Ginebra. Ésta ayer mismo por la mañana, en el hotel donde me alojo cuando bajo a Londres (dijo agriamente).
- Deduzco que la primera la recibiste justo antes de que cambiaras a los chicos de escuela y los matricularas en la Saint George ¿no? (dijo Mycroft mientras servía tres copas de bourbon. Sidonie asintió con la cabeza) Me sorprendió que los enviaras aquí, pero no imaginaba que fuera porque pudieran estar en peligro. Debiste decírmelo en cuanto recibiste la primera (le amonestó severamente, olvidando que esa mujer no era uno de sus subalternos o su hermano menor).
- No soy precisamente una damisela en apuros, Mycroft (dijo algo molesta).
- ¿En apuros? Quizás. ¿Damisela? Ciertamente no (dijo Mycroft con intención de herir. Pero Sidonie ni se inmutó y miró a Sherlock)
- Sea lo que sea en lo que estés trabajando lo dejarás, ahora tienes una cliente nuevo (dijo mirándolo muy seria). Paga bien (dijo mirando a Mycroft para hacerle entender que la minuta se la pasaría a él para que la pagara. Mycroft gruñó)
- Me encargaré yo mismo (dijo Mycroft herido en el ego)
- No es ese tipo de caso, Miky (Sidonie usó intencionadamente el nombre cariñoso con el que la madre de Mycroft lo llamaba y que Mycroft tanto aborrecía). Pero por supuesto Sherlock agradecerá cualquier tipo de ayuda que tu "posición" pueda ofrecerle.
- Soy muy capaz de ocuparme de la seguridad de mis hijos.
- No lo dudo (dijo Sidonie) Pero hace años que dejamos establecidos los términos de nuestro acuerdo.
- ¡Y vuestra seguridad es cosa mía! (alzó un poco la voz dejando que sus sentimientos tomaran el control de la conversación).
- Y por eso pagarás tu los honorarios de tu hermano (dijo sacando pecho también, Sidonie no era del tipo de mujeres que se dejaran apabullar por un macho alpha). Pero yo me encargo de decidir a quien le encargo la tarea de averiguar quien está detrás de esas amenazas. ¿A caso me vas a decir que hay alguien mejor que Sherlock para esa tarea? Mycroft puede que seas el hombre más inteligente que jamás conozca pero para esto se requiere alguien con más…(Sidonie buscaba un eufemismo para "cojones") libertad de acción (finalmente dijo. Mycroft respiró profundamente y se dejó caer en su butaca. Sidonie llevaba razón en eso, por mucho que le fastidiara tener que dársela).
- De acuerdo (consintió finalmente Mycroft) ¡Sherlock, ya la oíste deja lo que sea en que estés perdiendo tu tiempo y encuentra a quien está amenazando a nuestra familia!
- En marcha (dijo levantándose sonriente aquello si que era un estímulo y no las anfetaminas) ¿Me acompañarás? ¿Cómo en los viejos tiempos? (dijo Sherlock mirándola con un brillo especial en al mirada)
- Lo lamento, Sherry, ya hace tiempo que soy madre a tiempo completo. Además tengo entendido que ahora cuentas con un nuevo compañero ¿doctor, no?
- Sí (dijo orgulloso de John). Pero cuantos más seremos más (dijo alegremente Sherlock antes que su hermano le interrumpiera)
- ¿Sherlock! Esto no es una de vuestras estúpidas aventuras, estamos hablando de la seguridad de mi mujer y mis hijos.
- Exmujer (le corrigió Sherlock burlonamente)
- No recuerdo haberme divorciado nunca (le dijo Mycroft sosteniéndole la mirada y Sherlock se giró buscando la confirmación de Sidonie. Y el silencio de Sidonie lo respondió todo). No llevo esta alianza por que si, hermanito.
- No, si la sigues llevando es porque te es muy conveniente (aclaró Sidonie antes de levantarse. Mycroft la habría fulminado de tener el poder de rayos laser en los ojos). Estoy en casa de los tíos (dijo ya caminando hacia la puerta) dile a Albert que estoy muy decepcionada.
- ¡Espera! ¿No vas a hablar con tu hijo? (dijo Mycroft casi en pánico. Sidonie se giró lo miró y con una sonrisa prepotente le contestó)
- Querido, jamás se me ocurriría quitarte la autoridad en tu propia casa (dijo con toda la malicia del mundo). ¡Por el amor de dios, Mycroft! Solo es un muchacho de 16 ni se te pase por la cabeza hacerme creer que no eres capaz de hacerte cargo de él, mientras dure esto.
- ¡Soy más que capaz! Pero esto no es lo que acordamos (protestó Mycroft totalmente descolocado).
- Pues, querido, si tanto te inoportuna apresúrate a solucionarlo y así poner fin a toda esta situación tan inconveniente para ambos (Sidonie no se molestó lo más mínimo a disimilar su mal estar. Entonces miró a Sherlock a pesar de seguir hablando con Mycroft porque lo que iba a decir a continuación iba dirigido especialmente a él) ¡Y de forma definitiva! (dijo de forma algo criptica y con muy malas maneras salió con paso firme del despacho dejando a ambos Holmes con un palmo de narices).
