Capítulo 3: ¡Que comience el espectáculo!

Todo estaba listo, era el momento. El curso del plan y del espectáculo iban a dar comienzo y todos los preparativos estaban listos.

En primer lugar: los animales.

Tras el canto lanzó una oleada de aplausos que aumentó cuando salió a la arena el cebo humano.

En realidad los leones no tenían intención de comer carne humana pese al hambre que tenían, más bien estaban asustados al verse rodeados de tanta gente y de tanto ruido. De esto tenían que encargarse los entrenadores armados con látigos, de que se diera un buen espectáculo. Los asustados esclavos que salieron para servir de comida a los leones, se juntaron todos en el centro de la arena y se vieron rodeados por todas partes de estas bestias. La cacería terminó pronto. Los leones atacaron y convirtieron a un grupo de hombres en simples desechos humanos.

El público durante el proceso rió y se divirtió.

Tras la matanza de los leones, algunos operarios salieron a recoger lo poco que quedaba y a limpiar la sangre de la arena dejándolo todo listo para la siguiente parte del espectáculo. Mientras tanto el público comentaba sobre la matanza, sobre la visita del primer ministro y las princesas a partes iguales. Los cuerpos despedazados a penas recibieron atención. Los vendedores de comida empezaron a dar vueltas por las gradas ganándose el pan y los niños jugaban a tirarles piedras a los operarios hasta que se dio el segundo canto por parte de las trompetas.

Comenzaba el segundo espectáculo: la condena.

La condena a menudo recibía la misma atención que el desfile de animales pero aquel día el público no se encontraba con unas ejecuciones como las demás sino con una condena en la que participaban los criminales mas peligrosos capturados en los últimos doce ciclos.

Lo habitual era sacar condenados a muerte y ponerlos en fila dándole al primero una espada mal afilada con la que tendría que acabar con el que tenía detrás y lego la espada pasaba a manos del tercero de la fila quien atacaba al primero. Así sucesivamente hasta que quedaba uno, muerto a lanzazos o por los leones.

Aquel, era un día muy especial y el ritual habitual no se llevaría a cabo. Los organizadores tenían pensado algo mucho mejor. Caza.

Un centenar de empleados se repartió por las gradas dónde se encontraba la gente más adinerada y terminado el primer espectáculo empezaron a lanzar un anuncio. Cualquier persona, pagando 100.000 beris podía sumarse a la caza, el límite de participantes era de 10. En total eran 20 presos así que era algo caro y arriesgado pero la recompensa era tentadora: todos los bienes de aquellos cuya cabeza yaciera en tu saco y además la gloria de verte ovacionado y admirado por todo el coliseo.

Empezaron a saltar voces y como estaba previsto, eran demasiados los que querían participar así que sin darse cuenta los nobles más ricos iniciaron una puja y subieron los números. Acabaron pagando 600.000 beris aquellos que tuvieron la fortuna de ganar la puja De las gradas 9. Todos recordamos que el máximo de participantes era 10 ¿Y el décimo?

El primer ministro del rey solo había tenido que alzar una mano y sin ningún tipo de exigencia de pago había salido del palco para acabar en la arena. Todos sabían que Enel iba a ser el centro de atención y que iba a mostrar toda su inmensa fuerza así que los otros 9 comenzaron el torneo con mala cara ya que sabían que no iban a ser el centro de atención.

Mientras tanto, los técnicos se veían obligados a preparar la arena a toda velocidad. Evidentemente no iban a pelear en la común arena sino que se había construido una pequeña ciudad cuyos edificios serían o construidos en ese mismo instante por una parte o llevados por esclavos del norte por otra. La réplica era bastante buena y enloquecía a las masas.

Pasado un rato, al fin, se escuchó el estridente sonido de las trompetas. Los vítores llenaron el coliseo mientras los prisioneros hacían su aparición. Portaban una espada mal afilada y un pequeño escudo de madera, que probablemente se quebraría a la segunda estocada. Por otro lado, los cazadores podían llevar consigo tantas armas como desearan.

La ventaja de los cazadores eran las armas, la ventaja de las presas la superioridad numérica y ninguno de los dos grupos conocía el terreno. Había sido planeado de esta forma creando así un combate reñido. No tenía gracia si sabías de antemano quien iba a ganar, esperabas por lo menos que alguno de los presos se llevara a alguno de los adinerados por delante. En las gradas durante todo el proceso corrían las apuestas a favor del primer ministro, pues era apuesta segura.

Los diez cazadores entraron en la arena mientras los prisioneros terminaban de esconderse en la ciudad simulada. Desde las gradas, debido a la altura se tenía una perfecta visión de las afueras de los edificios en los cuales no había tejados, pues si los ocupantes luchaban en el último piso a falta de tejado se podría ver la pelea.

Pasó el tiempo. En la ciudad reinaba completo silencio. Se escuchó un grito.

Una nube de tensión se extendió por todas partes hasta que apareció el primer victorioso con la cabeza de uno de los condenados en la mano. Salió a la calle principal de la minúscula ciudad, exponiéndose a la vista de todas las gradas cuyos ocupantes estallaron en aplausos y vítores. Por desgracia, estaba el victorioso tan ocupado en quedar como un héroe que no se dio cuenta de que no solo estaba expuesto ante las gradas sino también ante sus enemigos. De la nada una espada mal afilada le entró por la espalda. La multitud contuvo la respiración y el "héroe" cayó muerto.

Así continuó el segundo espectáculo y mientras los caídos de uno y otro bando se acumulaban, el primer ministro miraba distraído el cielo sentado en una pequeña plaza. No recibió ni un solo ataque. ¿Quien sería tan necio? Quedaban en pie 10 de los 20 asesinos y todos los cazadores habían desaparecido de la arena o porque se habían retirado o porque habían muerto, con lo cual no quedaba mas opción que atacar a Enel.

Semejante estupidez la pagarían cara. El primer ministro permanecía clavado en el sitio cuando fue rodeado por los 10 asesinos, ni si quiera se inmutó, mas bien parecía estar muerto. Los 10 formaban un círculo que se iba cerrando en torno a él, dispuestos a atacar. Cuando uno de ellos dio la señal, todos a una lo atacaron hundiendo las espadas en su carne. El supuesto herido ni se inmutó. Pasados unos minutos y con los atacantes aún aferrados a las espadas, el primer ministro dio un bostezo y murmuró:

-¿Eso es todo?

Acto seguido, se escuchó un fuerte estruendo y una luz cegó al público el cual cuando logró abrir los ojos se encontró con el primer ministro en pié y los 10 asesinos muertos en el suelo con la piel oscurecida como el carbón. Como nunca antes lo había hecho, todo el público se levantó del asiento aplaudiendo, haciendo reverencias y con lágrimas en los ojos por poder haber tenido el honor de ver aquella maravilla. Si así se puede nombrar.

Mientras tanto ignorándolos a todos el primer ministro desapareció por la puerta que conducía a los sótanos del coliseo. Sin duda, aquella fue una salida triunfal.

Tras casi 20 minutos de aplausos el público sorprendido pudo ver como se llenaba la arena de agua. Comenzaba el tercer espectáculo.

Tercer y último espectáculo: los gladiadores, batalla marítima.

Se mostraron dos grandes buques que contenían a las 10 parejas de gladiadores que habían sido informados previamente de que por sorpresa para ellos se modificaba el itinerario habitual. Aunque seguían luchando contra su pareja la batalla sería algo especial esta vez. Una batalla marítima. No saldrían en orden como creían previsto sino que todos a la vez se embarcarían en dos grandes buques y tendrían que acabar con su pareja teniendo en cuenta a los demás gladiadores. Por si no fuera poco, el agua había sido infestada con cocodrilos del primer espectáculo.

¿Emocionante, no?

Así sucedió lo queramos o no. Se formó en el coliseo un silencio mas poderoso que cualquier grito mientras los gladiadores saludaban al palco real pronunciando su juramento. De pronto, sonaron las trompetas dando comienzo a la lucha. El publico animaba a sus gladiadores favoritos y aunque la lucha era confusa se podían apreciar pequeños detalles. Los barcos se hacían astillas bajo las estocadas fallidas de algunos gladiadores, 2 de ellos cayeron al agua y no volvieron a emerger, 3 murieron al derrumbarse uno de los mástiles y tras esto comenzó un incendio que acabó con 2 luchadores más. Los últimos 3 murieron en combate.

Al fin acabó la lucha y los 10 gladiadores ganadores se retiraron bajo aplausos dando fin al espectáculo.

Pero la fiesta duró poco. Empezó a extenderse un rumor entre la multitud y el palco real estaba siendo registrado de arriba a abajo, el primer ministro dejó de hablar de comisiones en una habitación lejana con los organizadores y la gente miraba hacia el lugar con interés hasta que se confirmó lo que muchos estaban sospechando.

Para el final del espectáculo, la princesa mas joven había desaparecido.

Continuará...

Gracias a los que habéis comentado n.n me impulsa a seguir escribiendo. Tambien a MarianitaUchiha y AliciaDíez33 por avisar del problema técnico.