Lamento haber tardado tanto en subir el capitulo. Juro por la garrita que ya se va a poner interesante :3 ¡Gracias por seguir la historia!
Capitulo 6 "Morfina"
Despierto y me resigno a no tener a Peeta a mi lado. Pero casi de inmediato siento un calor extraño en mi cintura, dirijo mi mirada a la zona y ahí esta él.
El brazo. Su brazo rodeándome, una inmensa alegría me invade, desvío la mirada al reloj, marcan las 7 o sea que es relativamente tarde. Lucho contra el deseo de seguir dormida pescada de sus brazos y lo muevo suavemente para despertarlo.
Levanta la cabeza y me mira adormilado –Buenos días, mi amor– dice con una sonrisa y los ojos entrecerrados.
La verdad ya me he acostumbré a sus apodos cariñosos, pero sigo sin poder usarlos en él.
–Buenos días– digo devolviéndole la sonrisa.
Antes de que yo pudiera preguntar algo, él dice –Me tomé el día libre–.
Una sensación entre emoción e hiperactividad me envenena y lo único que puedo hacer es sonreírle aún más.
Miro como Peeta sirve el desayuno, me siento un poco inútil al no ayudarlo pero mis extremidades no responden. Acordamos ir al bosque después de desayunar. Sé que no cazaré nada junto a él, sigue siendo lo suficientemente ruidoso para las presas pero no importa.
Después de excavar más profundo en la alambrada y ayudarlo a arrastrarse debajo de ella, caminamos para recoger las fresas, según lo que yo entendí son para la mermelada del relleno.
Voy más lento de lo normal, como Peeta nunca entra al bosque su pierna se enreda entre las raíces de los árboles y lo hacen caer, después de la tercera vez, lo tomé de la mano.
Va soltando cada tontería, maldiciendo en contra de su pierna y de los árboles, del calor que hace y me pregunta cómo lo soporto.
–Ya falta poco, aguanta– le respondo con amabilidad.
–Definitivamente seré amo de casa– dice con resignación.
Me echo a reír y aprieto su mano para luego soltarla.
Nos detenemos frente al arbusto de fresas y ambos comenzamos a picotear para agarrar las que estén en su punto.
Cuando terminamos la tarea nos dirigimos al mismo lugar de siempre.
Nuestros dedos entrelazados al igual que nuestras miradas. Siento el viento en mi cuello sudado y me produce escalofríos.
Peeta toma mi mochila y la coloca bajo su cabeza, nos recostamos al mismo tiempo y yo enredo mi pierna en la de él mientras dibujo círculos en su pecho y me sumerjo en sus latidos.
El movimiento suave de las hojas y su sonido, el crujido de las ramas cuando las aves aterrizan en ellas, su aliento en mi cabeza y nuestras manos inhumanamente juntas. Me hace perder todo posible miedo, me llena de una tranquilidad especial. No tengo miedo a que alguien me lo arrebate porque estoy segura que lucharía por esto hasta que todo terminara.
Levanto la cabeza y Peeta me mira con esos ojos a los que soy adicta. Veo en ellos tantas ganas de querer, siento en los míos una desesperación por que así sea. Quiero amarlo tanto tan pronto como me sea posible.
Veo como en el fondo lleva una guerra con él mismo y no se por qué. Puedo notar como se debate entre una cosa u otra. Me sonríe y se inclina para besarme la frente. Un gesto que me envuelve en una corriente eléctrica, un frio que recorre mi cuerpo acompañado por el calor que por dentro me quema. Todo por aquel simple gesto, al sentir sus labios en mi frente y sus manos en la espalda siento una necesidad de besarlo y no despegarme nunca. Temo que en algún momento sus labios en los míos y sus caricias en mis brazos no sean suficientes para sentirlo completamente mio.
Me mira con devoción, podría considerarse un poco de suplica, luego me da una sonrisa cuecha con nerviosismo y me pide matrimonio.
Solo escucho mis latidos, tan rápidos como el tren y los suyos tan fuertes como un árbol cayéndose.
–Casémonos– suena una y otra y otra vez en mi cabeza simultáneamente.
El fino vello que cubre mis brazos comienza a erizarse, siento el corazón en la boca y lo único que atino a contestar es un –Si–.
Ninguno de los dos sonríe ni dice nada, ambos estamos en shock, luchando por respirar y convenciéndonos de que es real, nunca antes me di cuenta de cuan ensordecedor es el silencio. Siento una gota caer en mi mejilla, una lágrima y no sabría decir de quién es, pero al parecer es mía. Él toma mi rostro y dirige mis labios a los suyos. El característico silencio de la sordera, llego a pensar que estoy sorda. Quizá lo este. Pero después de este gesto, todo se intensifica por diez. Su aroma a pan recién horneado, el olor que impregna en nuestra cama. El sabor infinito a canela en sus labios. Mi tacto se descontrola, siento su piel cálida y húmeda por el sudor que desata el fuego que me consume.
Lo bueno nunca dura– pienso al despegar nuestros labios.
– ¿Serás mi esposa? – pregunta con un hilo de voz
– De nuevo– digo en broma
– Bueno, si – dice con una sonrisa – pero esta vez de verdad–.
Lo miro deseando que pueda ver todo mi amor a través de mis ojos – Si, lo seré–.
Él sonríe en silencio, yo me levanto y me recargo en mi codo – Tendrás que hornearme pan todo el día– digo.
Se incorpora como yo – Ese es uno de los beneficios, cocinaré para ti toda clase de delicias– responde.
El rubor cubre mis mejillas – Y yo – hago una pausa, no se me ocurre que decir– yo cazaré perro salvaje – termino dudosa. Es cierto que no soy buena en muchas cosas y cazar no sirve de mucho ahora que tengo dinero por montones.
Ambos reímos, me doy cuenta que en ningún momento rio excepto cuando estoy con Peeta o cuando Haymitch se pone a cantar ebrio recorriendo el Distrito.
Me pongo de pie y le ofrezco la mano, él la acepta y nos dirigimos a casa.
En el camino dice – Te compraré un anillo– mientras mira mi mano.
Arrugo la nariz, no me gusta la idea – Mejor otra cosa– respondo.
– ¿Por qué? Será uno bonito–
– Sería como una bandera–
– ¿No quieres que nadie se entere? – pregunta con la frente arrugada.
– No quiero que el Capitolio se entere, Plutarch…ya sabes– respondo rodando los ojos.
– Si – hace una pausa, puedo sentir un suspiro de decepción atascado en su pecho – ¿Quieres un collar? –
Las joyas son lindas, pero me a mi no me gustan a excepción de la perla que Peeta me obsequio. Sin embargo se cuan significativo seria para él que yo llevará un anillo de compromiso.
–No, mejor si quiero un anillo– respondo tratando de sonar casual.
–No enserio Kat, pídeme lo que quieras–
–Quiero un anillo y un beso–
Me sonríe y se inclina a darme lo que le pido. –Te prometo que te va a gustar– dice mientras me abraza por la cintura.
Puedo notar el entusiasmo en su voz y debo admitir que siento, ¿cuál es la palabra? Emoción.
Nos arrastramos por debajo de la alambrada, entre trompicones y carcajadas. Es como estar bajo el efecto de la morfina, pero multiplicado por diez y más duradero. Camino pescada de su brazo al dirigirnos a la Aldea.
– ¿Te tendré que presentar como mi esposo? – digo con la voz entrecortada por la risa.
– ¡Claro! Dirás "Este es Peeta Everdeen, mi esposo" –
Suelto una risotada – Peeta Everdeen, me gusta– respondo
Nos tambaleamos y reímos peor que Haymitch borracho. Al pasar la gente nos mira sorprendida y a mí no me podría importar menos.
Llegamos a la Aldea y Peeta de la nada se para en seco.
– ¿Qué ocurre? – pregunto
– ¿Quieres ir a darle las noticias a Haymitch? – pregunta sin abandonar la sonrisa.
¿Decirle a Haymitch? – me pregunto en mi cabeza – ¿Por qué no? – pienso. De todas maneras era de esperarse que pronto nos casáramos.
– Esta bien – digo casual – Pero tu le dices – agrego con todo de advertencia.
Él suelta una risita y nos encaminamos a la mansión Albernathy. Siento un nudo en el estómago al recordar como eran las cosas antes. Cómo pude haber pensado en no casarme, no puedo imaginarme un mundo sin él.
Entramos a la casa sin avisar – ¡Hey, Haymitch! – dice Peeta en un grito emocionado. Estaba sentado en un sillón con la cabeza tirante y saliva en su barbilla, al escucharlo pega un saltito sacando a relucir su cuchillo ya oxidado.
– Son ustedes – responde adormilado con un gesto en la mano. Acomoda de nuevo su cuchillo y se da la vuelta acurrucándose de nuevo.
Nos sentamos al sillón junto a él tirando al suelo botellas que Dios sabe de donde sacó. Son más pequeñas y en menor cantidad que las que tenía antes. Deben haber estado ocultas en la ropa de su armario ya que yo revise casi todos los lugares de esta casa.
– Haymitch tenemos buenas noticias – inicia Peeta.
Al ver que no responde y que probablemente se volvió a quedar dormido, se pone de pie y le da un manotazo ligero en el hombro. Haymitch se estremece y se acomoda rápidamente con sorpresa – ¿Qué? – pregunta tallándose los ojos.
– ¡Que tenemos buenas noticias! – responde Peeta nuevamente.
No me había dado cuenta de que a Haymitch se veía tan espantoso. La cara cubierta de tierra y sudor. La ropa andrajosa repleta de restos de comida y desprendía un olor a alcohol sofocante. Una oleada de culpabilidad me invadió. En estos últimos días solo me había enfocado en Peeta, a pesar de haberlo visitado ayer no había notado en que estado se encontraba. Siento un dolor en el pecho que me oprime, la característica de la culpa.
– ¿Estás embarazada? Lo sabía – dice dirigiéndose a mi.
– ¡No estoy embarazada, Haymitch! –
– ¿Peeta no es el padre? – dice inclinándose adelante.
– ¡Haymitch! – exclamo
– Estoy jugando, preciosa – agrega con tono burlón.
– Bueno, ¿ya puedo decirte? – dice Peeta en un suspiro.
– Suéltalo, guapo – responde.
Peeta hace una pausa dramática y lo suelta de golpe – Vamos a casarnos –.
La sangre se me enfría, al fin caigo en la cuenta de que voy a casarme. Con Peeta. Es un sentimiento jamás experimentado, una emoción y un nerviosismo ancestral. Se siente extrañamente familiar a pesar de que nunca lo haya sentido.
Los tres nos quedamos en silencio. Hasta que como siempre, Haymitch lo rompe – ¿Y? – dice.
– ¿Cómo de que "y"? – digo enfadada.
– ¿Sólo era eso? ¡Yo pensé que ya estaban casados! Con eso de que ya duermen juntos – dice y baja poco a poco la voz.
El rubor cubre de nuevo mis mejillas y estoy segura que las de Peeta también.
– No Haymitch, no estamos casados aún – agrego.
– Bueno, bueno, no te enojes – dice levantando los brazos y bajándolos de nuevo.
– Oficialmente eres el primero en enterarse – agrega Peeta.
Haymitch piensa un poco y con un dedo en los labios dice – Podré hacer dinero con la noticia –
Ambos al unísono gritamos – ¡No! –
– ¿Por qué? – pregunta con las cejas levantadas.
– ¿Cómo que por qué? – hago una pausa – Imagina si todo Panem se entera, habría cámaras por todos lados, no habría ni un segundo de paz –
Haymitch me mira escéptico y agrego – No te dejarían estar solo con tus preciosas botellas – pero el aún se mantiene firme y entonces digo lo que realmente me preocupa – Volverían los trágicos amantes del Distrito 12 –.
El silencio nos envuelve, puedo ver una chispa de comprensión en los ojos de Haymitch – Igual se van a enterar, preciosa, siempre lo hacen – dice.
– Pero sería tarde –
– No va a ser algo espectacular, planeamos casarnos aquí en la Aldea, invitar a Johanna, Annie y su hijo, algo simple…incluso a Effie – agrega Peeta como si esperara ver la reacción de Haymitch.
Este hace le lanza una mirada indescifrable, al menos para mi, pero Peeta sonríe.
– Bueno, me quedaré callado y quizá si se portan bien les ayudaré con la boda – dice con lo que se podría describir como emoción en la voz.
– ¿Podrías venir al Capitolio conmigo? –
– ¿Al Capitolio? – pregunto atónita
– Si quieres – responde Haymitch
– ¿Para qué al Capitolio? – insisto preocupada
– Genial – agrega Peeta
– Mellark ¿para qué al Capitolio? – digo con voz autoritaria
Ambos me miran como si interrumpiera una buena conversación – Para tu anillo, amor – responde
– No dijiste que saldrías del Distrito –
– Aquí en el 12 no hay muchas cosas muy bonitas, en el 1 ya no fabrican grandes cantidades de joyas y las pocas que hay están en el Capitolio – dice muy tranquilo.
Jamás menciono que saldría del Distrito, pero pensándolo con detenimiento al decir que me compraría un anillo implicaba que tendría que ir al Capitolio, pero la simple idea me llena de un terror horrible, siento como me sudan las manos, como si estuviera a punto de hacer algo importante, la simple idea de que el vuelva al Capitolio me revuelve el estómago y siento una punzada en el pecho. El pensamiento de tenerlo lejos de mí, de no sentir sus brazos por las noches, aunque sea por tres días a lo sumo, las simples palabras "Peeta" y "Capitolio" en la misma oración me producen escalofríos y una necesidad de tenerlo cerca, el mayor tiempo posible.
No me atrevo a decir nada, tal vez por que no sé que decir o por que no me salen las palabras.
– No te preocupes, Katniss, solo iré a buscar el anillo y regresaré antes de que puedas decir "pastel" – me dice y sujeta mi rostro entre sus manos.
Nos quedamos así por unos segundos, luego me da un beso en la cabeza y se despega.
– Vamos, preciosa, no exageres – dice Haymitch fastidiado.
Lo miro tratando de que todo mi enojo se transmita en mi mirada. El solo esboza una sonrisa de superioridad y se pone de pie.
– Como que empieza a hacer hambre ¿no? – dice mientras se estira y se frota el estómago.
No lo había notado, pero tiene razón, deben de ser la de la tarde ya.
– ¿Quieren ir al Quemador? – pregunta Peeta
– Me parece bien –
– Bueno –
Nos sentamos en una mesa en la esquina, lejos de todas esas miradas. Sae nos sirvió un gran cuenco de sopa con carne de ardilla y verduras con pan tostado.
Comemos en silencio y a prisa, como si no lo fueran a quitar en algún momento.
– ¿Cuándo nos vamos? – pregunta Haymitch interrumpiendo su ataque a la sopa.
Peeta me mira a mi y luego lo mira a él – ¿Pasado mañana? – dice dudoso
– Me parece bien – responde Haymitch
– ¿Pasado mañana? Es muy pronto – intervengo
– Solo serán unos días, lo que tarde el tren en llegar y volver – responde
Sería mejor que no me comprara nada, pero sé que le emociona la idea de ponerme un anillo en el dedo. Suelto un suspiro y le digo que si.
– ¿Y la panadería? –
– Se la encargaré a Jimmy – responde – y a ti.
– ¿A mí? – le digo sorprendida por su extraña petición.
– Si, ¿por qué no? –
– ¿Por qué? ¡No se nada! –
Él simplemente suelta una risita – Puedes ir para quitarte el aburrimiento – dice dando un gran bocado al pan.
– O puedes limpiar mi casa, preciosa– añade Haymitch
– Paso – le digo dándole una sonrisa fingida.
Él me sonríe y continuamos comiendo tranquilamente.
Regresamos a la Aldea de los Vencedores, Haymitch trata de despedirnos pero me reúso a dejarlo solo, necesito limpiar mi conciencia. Nos dirigimos a su casa, Peeta dijo que nos alcanzaría después de ir por no sé que a su casa.
– ¿Qué necesitas? – me pregunta con fastidio
– Haymitch, estás hecho un asco, ven – digo y lo jalo del brazo hacia la planta alta.
Él me sigue a regañadientes.
Después de pelear y debatirnos sobre bañarse o no, lo amenazo con meterlo a la ducha yo misma. Debí haber sonado muy convincente ya que me obedeció.
Sigo teniendo un problema con la desnudez pero haría todo lo posible para que Haymitch se viera decente.
Le preparo su ropa y la dejo en la cama, me acerco a la puerta del baño y le grito – ¡Te dejé ropa limpia en la cama! – hago una pausa – ¡No mueras ahogado! – agrego.
Escucho su risa y responde – ¡Si muero, no será ahogado, tenlo por seguro! –.
Después de unos 30 minutos de esperar viendo televisión en la sala, Haymitch baja las escaleras con fatiga.
– Ya – dice al aire.
– Que decente te vez – le digo en broma
Él me mira con un "Por favor" atorado en la mirada.
– Bueno, mi tarea ya esta hecha – digo y me pongo de pie.
– Espera – dice y se sienta.
– ¿Qué? –
– Dime una cosa –
– ¿Qué? – insisto
Él mira el sillón como esperando que me siente. Lo hago. Guardo silencio para que él hable.
– ¿Por qué te vas a casar con él? –
– No entiendo – respondo desconcertada.
– ¿Lo quieres lo suficiente? – pregunta él con un tono muy serio.
No entiendo del todo el por qué me dice esto, pero creo que tengo una idea
– Haymitch deja de decir esas cosas –
– ¿Cuánto lo quieres? –
– ¡Haymitch!... – hago una pausa, atónita – no sabes nada, tú…solo…– no me salen las palabras – olvídalo…solo por favor…olvidado – termino.
Salgo de la casa a tropezones, no sé por qué me preguntó eso, ¿a qué quería llegar? Sacudo la cabeza y me dirijo a mi casa con paso firme.
Peeta me mira con devoción, puedo distinguir sus facciones gracias a la tenue luz de luna que atraviesa la ventana.
– ¿Te imaginas, hermosa? Juntos, caminando hacia el altar – dice y acaricia mi
cabello.
– Lo se – digo sonriendo – me emociona –
– A mi igual –
Nos miramos sin parpadear, respirando nuestro mismo oxigeno.
– Es como un sueño – dice
– Nunca he tenido ningún sueño– admito
– Yo tengo uno –
– ¿Cuál? – pregunto
Él me mira y con una dulce sonrisa responde – Tú –.
Wwwuuuuuu, yaa! Yo sé que me había tardado mucho en subir un cap. ¡Perdón! ¡Perdón! Yaa juro que se va a poner interesante desde aquí :D
Quiero preguntarles algo: ¿Creen que Katniss le pondría a su hija Primrose? Tengo pensado un nombre, ya lo visualicé, ¿ustedes que creen?.
Por fa tómense un tiempito para comentar qué les pareció el cap y contestar mi pregunta. ¡Gracias por seguir la historia! ;)
