PERDÓN POR TARDARME TAAAAANTO EN ESCRIBIR. Se me atravesó un terrible bloqueo y al final utilice la técnica de Suzanne…escribe todo a la carrera y no especifiques nada :3
Capitulo 9 "La cura"
- ¡Jamás me dijiste que serían tantas personas! – le grito
– ¡Yo tampoco sabía! –
– ¡Jason! –
– ¿¡Qué!? –
Sus ojos arden en furia, de nuevo veo sus ganas de golpearme. Hay por lo menos 7 personas en mi casa, todos médicos. Van de arriba para abajo, instalando cables y aparatos, buscando entre sus maletines y tomando nota de cada bostezo que suelto. Tengo las uñas enterradas en la cama, con la mandíbula apretada para no maldecirlos cada vez que entran a mi habitación como si fuera su maldito hospital. La doctora cuyo nombre aun no se da las órdenes y dirige todo, como si se tratara del caso más extraño e interesante de su vida. Los hombres y mujeres cuchichean en cada esquina de mi habitación y me lanzan miradas curiosas. Jason esta sentado en la cama junto a mí, recargado en el respaldo y con las manos apretadas. Me abstengo de hablarle, me molesta que no haya detenido a la doctora cuando llego con toda esta gente.
– Ya Katniss, suéltalo, ¿Qué quieres que haga? – dice fastidiado
– ¡Quiero que se larguen de mi casa! – le susurro tratando de no gritarlo con las palabras atropelladas una por otra.
– ¿Los golpeo a todos o qué? –
– Si quieres, ¡pero que se larguen ya! – al final mis intentos por no gritar fracasan.
Las personas voltean a verme curiosos de nuevo. Como si fuera una rata de laboratorio.
– Ay, pero que bien jodes Katniss –
Me da igual lo que piensen de mí, esta es mi casa. No soporto la idea de que haya personas extrañas en mi casa, suficiente es con que la doctora ande por aquí. Me da pánico que abran la puerta que esta cruzando el pasillo, me da pánico y solo miro en esa dirección, preparándome para gritar o correr si es necesario para evitar que la abran. Jason se pone de pie y sale de la habitación dejándome a solas con las miradas incesantes de los doctores y los clics de sus plumas.
Alterno la mirada a cada uno de ellos, observándolos con desprecio, pareciera que se regocijan al estar mirándome. Es solo una quebradura de tobillo, solo eso, y lo exageran como si fuera una enfermedad desconocida y exótica. Seguramente todos son del Capitolio.
Me remolineo entre las sabanas, alternando las posiciones de mi pierna para evitar que el sudor se acumule demasiado. Tengo el pelo enmarañado y medio húmedo por el sudor y el baño de ayer.
Qué no daría yo por tener aquí conmigo mi arco y me carcaj de flechas.
Todos ellos y su actitud de médicos me irritan, me enoja cada cosa que hacen. Como la señora junto a la ventana acomoda sus lentes y comenta con el tipo de lado que a cada rato jala su corbata. Como el señor junto a mi buro golpea su bolígrafo contra la tabla donde escribe. Como otra señora aplasta y aplasta el botoncito de su pluma haciendo clic clic. Cada detalle, cada movimiento me molesta y aprieto con más fuerza la mandíbula. Peeta, ¿por qué no estas aquí conmigo? Ese sería un mejor regalo. Pienso mil veces en él en tan solo un momento, pero lo intento olvidar cuando llego al tema de decirle o no que me rompí el tobillo. De todos modos se va a enterar, esta pierna no se curará hasta dentro de unos meses. Pero, ¿Cómo decirle?
Peeta, te extraño…¡Ah! por cierto, me rompí un tobillo.
Moriré cuando se lo diga.
Suena idiota que después de unas horas que se fue, yo me haya roto un tobillo. De seguro Haymitch no me dejará en paz.
Si se lo digo querrá regresar de inmediato, volverá junto a mí y todo mi martirio habrá sido en vano. Si no se lo digo, cuando regrese me armará un escandalo, con todo su dramatismo de por medio, cosa que amo, pero después de todo ya tendré el anillo en mis manos.
No se lo diré.
Pero ¿en cuánto tiempo más me va a llamar? Me empieza a desesperar el silencio que solo se rompe con los murmullos de los doctores, los pasos de aquí para allá, me siento de nuevo una rata de laboratorio, todos me observan detenidamente. Esto es más bien un espectáculo no una consulta médica.
Los odio a todos, los odio.
Odio admitir que si la doctora no hubiera detenido la hemorragia ahora mismo no estuviera aquí, pero la odio aunque me haya salvado la vida.
Regresa Jason, con pasos agigantados y las manos en puños apretados, rojo de la rabia, dispuesto a soltar un puñetazo a cualquiera que se atraviese. Algo esta mal.
– Salgan todos – anuncia con la voz forzada.
Lo miran pero hacen caso omiso de la indicación cosa que enfurece más a Jason que les grita – ¿Están sordos o son idiotas? ¡Que salgan de aquí! –
La doctora aparece en el marco de la puerta y les hace una señal a sus compañeros para que salgan y después la siguen escaleras abajo. Todo en un silencio sepulcral.
Intercambio una mirada con Jason, confundida por lo que acaba de pasar, no le digo nada, espero a que él hable.
– Esa…doctora idiota – suelta Jason de la nada – como me gustaría romperle la boca – dice haciendo énfasis en la palabra "romperle"
– ¿Qué paso? –
– Esa doctorsita de mierda es una hija de…–
– Jason, ya entendí – interrumpo
– Le dije que los sacara a todos y me dice "Es que es mi equipo, los necesito a todos" ¡Eso nadie se lo cree! Luego le dije que solo iba a permitir que estuvieran 2 personas aparte de ella y que los demás se largaran y ¿sabes lo que dijo esa…–
– Jason, ya entendí – vuelvo a interrumpir
– Dijo "Esta bien, pero si no me dejas hacer mi trabajo como doctora no esperes que ella termine completamente bien" –
Mi odio se incremento aun más. Es completamente estúpido decir que entre 3 personas no se pueda curar un hueso roto. Una sola persona puede hacerlo ¿Acaso son tan incompetentes? Los demás doctores o ayudantes, lo que sean, están allí simplemente por que quieren ver como vive el Sinsajo, si esta sumida en el alcoholismo o la drogadicción, si vive con alguien o que hace durante todo el día. Creo que por fin terminé de entender.
Para los demás, siempre seré tan solo una atracción.
– Y ¿Qué va a pasar? – le pregunto resignada
– Pues va a correrlos, solo se quedaran algunos –
– Bueno, algo es algo – digo tratando de convencerme a mí misma.
– Si, pero esa doctora se quiere pasar de lista –
Por más que me enfade, no puedo hacer nada en contra de ella, me va a curar la herida y solo por eso no le voy a partir la cara.
– Ya no busques más pelea Jason, solo provocarás que se quede más tiempo –
– Esta bien, pero si no te cura a la perfección que no te extrañe verla con un ojo morado –
Jason. Siempre tan violento e impulsivo, su carácter es completamente diferente a los demás, quizá sea un poco más relajado y despreocupado que yo o que otras personas que conozco pero siempre ha sido tan violento, quizá sea por eso que siempre vive lleno de moretones.
No le respondo nada, no sirve de nada vociferar contra la doctora, después de todo se va a quedar aquí para cumplir el trabajo que yo no pude hacer.
En eso, entra la persona causante de toda mi irá a pesar de que ni su nombre sé, seguida por dos muchachos menores que la doctora, un hombre y una mujer. El silencio cubre la sala. Jason se pone a ver por la ventana recargado en el marco como si hubiera una gran vista.
Los muchachos se ponen a sacar muchísimas cosas de sus maletines, y doctora prepara una jeringa con un líquido claro.
– Ya esta todo, doctora – avisa el muchacho de pelo marrón, con dejos de luces amarillentas en su cabello alborotado.
– Bien – responde – Katniss, te voy a inyectar esto para que te quedes dormida –
Tan pronto como termina la frase Jason volteo bruscamente, lo miro y en sus ojos hay furia y sorpresa.
– No – atino a decir
– Es tan solo un sedante, vamos a cocerte la herida y después a enyesarla –
– No debe ser tan doloroso como lo de ayer –
– No, no lo es, pero de preferencia deberías usarlo – contesta
– No lo usaré – repito
– Úsalo Katniss, de nada sirve que estés aquí sufriendo – dice Jason
Lo miro sorprendida por su comentario. ¿Por qué quiere que lo use? Me da pánico la idea de quedarme dormida, que abran la habitación de Prim, que Peeta llame y le digan que me rompí el tobillo, quiero que se vayan ya para que pueda estar tranquila en mi casa.
Quiero asegurarme que tan pronto como terminen de enyesarme el pie, se larguen, yo misma quiero asegurarme de eso y lo haré aunque tenga que aguantarme el dolor.
– He sentido más dolor que el de unas simples puntadas –
– Es que no son solo puntadas – exclama la doctora con un dejo de desesperación en su voz – voy a volver a mover tu hueso –
Un pánico me inunda y ahoga, volver a pasar por el dolor que sufrí anoche. Para mi mala suerte, ayer no tenía sedantes y tuvo que hacerlo cuando yo aún esta consciente. No quiero volver a experimentar ese dolor, es demasiado para mí.
Con la voz apagada, mis ganas de luchar se fueron así que me doy por vencida – Esta bien, inyécteme –
Jason se acerca a mí y se sienta de nuevo a mi lado, como si fuera a apoyarme. Al final soy débil y le temo al dolor.
Me inclino hacia Jason mientras que la doctora limpia mi brazo con un algodoncito.
– No dejes que entren al cuarto, si suena el teléfono no contesten, que se vayan de mi casa cuanto antes – susurro contra su oreja
Él pasa su brazo por mis hombros al tiempo que el líquido entra en mi cuerpo, instantáneamente siento como todos mis músculos se relajan. Enojarme me parece desgastante a pesar de que debo estar molesta, hago la furia a un lado.
Jason me jala hacia él, yo me recargo contra su pecho y susurra – Estoy aquí –
Sus palabras me tranquilizan y dejo de lado todo lo que me preocupa, cierro los ojos, escuchando solamente mi respiración y un tentador vacío al cual saltar.
Así que lo hago y luego todo desaparece.
Jason me mira entretenido, pero solo lo distingo a grandes rasgos ya que esta a contra luz. Sigo recargada contra su pecho y estoy bañada en sudor. La pierna me arde, como si la tuviera una fogata en ella.
– ¿Qué?... ¿Ya se fueron? – digo con voz ronca.
– Así es – responde con una sonrisa en el rostro.
Me incorporo apoyándome en la rodilla de Jason y miro a mi alrededor.
Todo esta completamente solo, sin rastros de personas, completamente despejado. El alivio vuelve a mí soltando un suspiro.
– Se fueron como hace 2 horas –
– ¿Dos horas? – pregunto atónita. Es decir que dormí por mucho más tiempo del que pesaba – ¿Qué hora es? –
Jason mira por la ventana y luego me ve a mí – Como las 4:30 –
– ¿Qué? – estoy en shock. Cuando desperté, o más bien, cuando Jason me despertó eran las 8 de la mañana, cuando me quede dormida de nuevo eran las 10. Dormí aproximadamente 5 horas.
– Si, te desmallaste, de hecho llegue a creer que estabas muerta pero de vez en cuando fruncías el ceño – responde como si estuviera contento con la situación.
– ¿Y que dijeron de mi pie? –
– Ne, nada importante – dice con un gesto en la mano restándole importancia.
– ¿Qué dijeron? – insisto
Él me mira y enarca las cejas como si fuera a decir algo muy divertido, pero lo que dice es todo lo contrario – Que te la amputarían –
La garganta se cierra instantáneamente, como si recibiera una patada en el estómago, todo comienza a dar vueltas. Sabía que tenía que ir a un hospital, lo sabía, ahora me quedaré sin pierna. Soy una idiota, soy completa idiota. Mi cabeza da vueltas, gira para todos lados, con el miedo me dan ganas de vomitar. Jason me toma por los hombros y lo que alcanzo a ver de su cara retorcida es una sonrisa y las palabras que salen de ella, me hacen meterle un puñetazo como si mi vida se tratara de eso, él dice – Es broma –
Suelta un gruñido y se tira hacia atrás en la cama, presionándose la nariz posiblemente rota –Aaaagh, ¡Katniss! – aúlla tratando de sentarse.
Él tiene la culpa. ¿Cómo se le ocurre decir tantas estupideces? Mi cara arde de furia al igual que mi tobillo de dolor, siento como las manos me tiemblan ante la broma de Jason a pesar de que no sea cierta. Me enoja que juegue con ese tipo de cosas, sabiendo que la amputación de un miembro es algo que puede pasar, algo que relacionado conmigo no es una situación tan impensable. Me ofende que bromee de ese modo con algo tan serio.
Nos quedamos en silencio, se soba la nariz fervientemente y yo lo miro con frialdad. No me importa si se la rompí o no.
–Bueno, ¿Qué? ¿Vamos a comer o qué? – dice con la voz gangosa y los ojos vidriosos.
– Yo diría – respondo
– Esta bien – dice, se soba un momento más la nariz y luego se levanta – Me lo merecía –
– Si – contesto tajantemente
Se va del otro lado de la cama y como si fuera costumbre me levanta en brazos sin mucho esfuerzo. Bajamos las escaleras en silencio. Me esfuerzo en demostrarle cuan indignada estoy, parece funcionar ya que él tampoco dice nada y baja los escalones con una cara larga y seria.
– ¿Por qué me arde tanto la pierna? – le pregunto consumida por el ardor y la desesperación.
– Esa es la buena noticia – responde
Lo miro confundida mientras me deja en el sillón.
– Déjame te explico – dice y se sienta en el silloncito de a lado – Según lo que dijo la doctora, es una especie de yeso, sumamente "especial" – dice con un tono ridículo e igualando la voz de la doctora – que a base de no se que mierda apresura la reconstrucción del hueso, así que en pocas palabras, dentro de unas dos semanas podrás caminar normalmente.
– Wow – es lo único que atino a contestar. Siento una alegría recorrerme, la noticia no podría caerme mejor. Dos semanas, es un milagro – Eso es…genial – digo con una sonrisa bobalicona sin poder ocultar mi emoción.
El asiente. – ¡Ah! Por cierto, te dejaron esas muletas – dice y señala en dirección a una esquina donde descansan dos muletas de metal.
La idea de ir y venir con muletas me altera. Me hace sentir como si fuera un blanco fácil. ¿De qué? No se, pero no me gusta la idea. Pero, viéndolo del lado positivo es mejor que estar postrada en una cama si siquiera ponerme de pie.
– Acércamelas –
– ¿Las qué? – pregunta sorprendido
Lo miro con cara de incredulidad y al entender a qué me refiero se pone de pie y me las da en la mano.
– Si te caes me voy a reír – advierte pero yo lo ignoro.
Me levanto poco a poco, sé que me voy a caer pero no me importa. Mi urgencia por levantarme es demasiada. Las manos me sudan en la agarradera de las muletas, poco a poco me apoyo en ellas y cuando estoy casi de pie, una se ladea y me estrello contra el suelo.
Alcanzo a oír la risa esperada de Jason pero al instante me levanta adolorida, con el dolor en mi mejilla, me pegue en el mismo lugar que la vez anterior.
– Joder – me quejo mientras que Jason me ayuda a colocarme de nuevo de pie
Y él entre molestas risas responde – Solo a ti se te ocurre, Katdeen –
Lo ignoro y me concentro en lo que hago. No resulta tan difícil como pensé, dentro de poco lo dominaré completamente; es como si estuviera coja de un lado y fuera dando saltos de aquí para allá.
Comienzo a caminar de un lado a otro, con Jason detrás de mi todo el tiempo para evitar una caída grave. Aún así me caigo por lo menos tres veces más.
–Ya, mucha caminadera, vamos a comer que ya me están gruñendo las tripas – dice y me jala del brazo haciendo que me tambalee.
Lo sigo hasta la cocina y con cuidado de no estrellarme de nuevo contra el suelo dejo las muletas a un lado y me siento en el acostumbrado lugar de Peeta. Jason sirve la comida y se sienta frente a mí; comemos con cierta desesperación, no comí nada en la mañana y apuesto a que él tampoco.
– Oye, ¿Qué diablos fue lo que me dijiste antes de que te durmieras? – pregunta con la boca llena
Lo último que le dije.
Intento recordar que fue lo último que le dije. Ya recuerdo, que no contestara el teléfono.
– Que no contestaran el teléfono – respondo sin mirarlo a la cara
– ¿Por qué me pediste eso? –
– Porque no quiero que Peeta se entere que me rompí el tobillo –
– ¿Por qué? –
Lo doy una mirada asesina. No quiero responder preguntas, realmente no es algo que a él le deba importar mucho. Ni a él ni a nadie. Tengo mis razones, no voy a andar dando detalles de mi vida. Si llegara a contestar el teléfono Peeta podría decirle que esta en el Capitolio, Jason podría decirle que me rompí un tobillo. Entonces todo sería un caos. Las cámaras detrás de nosotros todo el tiempo y yo coja.
Pero después de todo, sé como es Jason; a cualquier oportunidad, ya sea que yo no alcance a contestar él podría hablar con Peeta y decirle todo de golpe y lo haría solo para molestarme. Lo odio por llevar ventaja.
– Porque se va a preocupar – respondo. Y es la verdad, no quiero que se preocupe. Quizá es la mitad de la verdad.
Él no responde y sigue comiendo como si nada. Él y sus respuestas silenciosas en ocasiones llegan a estresarme.
Después de servirnos de nuevo, nos quedamos en silencio reposando la comida. Me siento con una energía excesiva. Quiero ir al bosque o simplemente quiero correr, sé que lo que realmente debería preocuparme es mi tobillo roto o peor aún, Peeta en el Capitolio.
Creo que en el día lo pienso un numero de veces mayor a los latidos de mi corazón. Me preocupo por él. Me pregunto qué estará pensando, si esta solo, cómo se sentirá.
Si no ha tenido ataques.
Hace por lo menos tres meses que no ha tenido uno; cuando lo tuvo fue en mayo y fue leve, sus ojos se volvieron negros por sus pupilas dilatadas, apretó las manos con fuerza, recuerdo que un pánico se apodero de mi, quise correr y alejarme de él pero no lo hice, quizá fue el miedo el que me paralizó ahí frente a él y fue el mismo temor el que hizo que reprimiera un impulso por abrazarlo.
Esa noche tuve una pesadilla de las que me hacen llorar como una niñita.
Jason suelta un suspiro como si fuera a decir algo. Me preocupo ¿Ahora qué va a decir? Ese siempre es el problema. ¿Qué vas a decir Jason? Digamos que la elocuencia no es su mayor don.
Pero no dice nada, lo interrumpe el timbre del teléfono.
Ni siquiera a terminado de sonar por primera vez y yo ya estoy pegada al teléfono de la cocina. Mi mano tiembla cuando la alzo para alcanzar el teléfono. Es Peeta. Seguro que lo es. Algo me dice que es él.
Levanto la bocina y la pongo en mi oreja. Un escalofrío recorre mi espalda. Entonces oigo su voz. La voz que usa solo para mí.
– ¿Hola? –
Mis latidos van como un tren, como si fueran años que no lo veo, como si fuéramos un par de noviecitos de 15 años de edad.
Medio ahogada y con la voz temblorosa respondo – Hola –
– Katniss –
– Peeta –
– Amor, ¿cómo estas? –
Me muerdo la lengua para no soltarle que me rompí el tobillo, que Jason esta aquí conmigo cuidándome de una infección y que andaré en muletas por dos semanas.
– Bien – atino a contestar – ¿y tú? ¿Cómo estuvo tu viaje?
– Pues bien, Haymitch casi salta del tren de lo ebrio que estaba pero todo tranquilo. Ya encontramos un lugar donde quedarnos –
– ¿Ah, si? ¿Cuál? – pregunto.
Como si fuera una muchachita de esas que había en mi escuela. De las que solía burlarme por la forma en que susurraban cuando pasaba el chicos que les gustaba, como sonreían y sus mejillas se ponían coloradas cuando las miraban, de esas que las estaban bien acomodadas económicamente y no tenían que alimentar a su familia. Peeta me vuelve una de ellas.
–Uno que no recuerdo el nombre, algo como "Capitolio en casa" o "La casa del Capitolio" – dice
Sonrío ante lo gracioso que suena eso. Miro a mi alrededor y Jason esta junto a mi con la mirada curiosa, me aturde un poco lo cerca que esta así que retrocedo un poco.
Es inevitable que le pregunte, ha estado rondando mi mente desde contesté el teléfono y entonces le pregunto – ¿Van a tardar mucho? –
Quiero ver a Peeta, quiero que vuelva y duerma junto a mi.
–No amor, te prometo que haré todo lo posible por regresar pronto. Haré que valdrá la pena todo esto –
Mis rodillas se doblan y las manos de Jason en mi cintura me avisan que estaba a punto de caer.
– Me tranquiliza escuchar eso – Mentira. Solo me altera más.
Me da miedo que pueda tardar, de lo que pueda pasar mientras no estoy con él. Temo que de alguna forma alguien por alguna razón me lo quiera quitar o quiera hacerle daño o peor, que el daño se lo haga el mismo.
– Me extrañas ¿Real o no real? –
Siento el rubor en mis mejillas, me volteo para evitar que Jason me vea. De ser así perdería todo respeto que me tiene, sería como tener otro Haymitch.
Es cursi pero viniendo de Peeta, amo todo ese tipo de cosas. Amo cuando me las susurra al oído o antes de darme un beso.
No me reconozco pensando cosas ajenas a mi forma de ser.
Yo le contesto – Real –
Escucho su risita y de verdad me puedo sentir tranquila al oír que esta feliz y que lo comparte conmigo. No. Me siento tranquila al oír que yo soy la causa de su felicidad, yo y nadie más. Es uno de los placeres más adictivos, quizá el mayor, o el único.
– ¿Cómo esta eso de que Haymitch quería saltar del tren? – pregunto conteniendo la risa
Él vuelve a reír – ¡Si, te juro que quería saltar! Todo comenzó cuando descubrió que había bebidas alcohólicas en el tren…– dice
Escucho cada palabra que dice y lo imagino sentado parado frente a m, contándomelo con todo y ademanes, es como si fuera un juego.
– Cuando estaba a punto de saltar, llegué, lo abracé por la espalda y me tiré hacia atrás, él cayó encima de mi –
No puedo evitar soltar una carcajada ante su relato de cómo le salvó la vida a nuestro mentor y la imagen de Haymitch encima de Peeta tirados en el suelo – O sea que Haymitch andaba haciendo de las suyas –
– Ya lo conoces – responde Peeta entre risas.
No me doy cuenta de que Jason esta pegado a la bocina hasta que me sopla en la cara. – Espérame un segundo – le digo. Despego un poco el teléfono y lo miro furiosa.
¿Por qué me interrumpe mientras hablo con Peeta?
– ¿Qué? – susurro lo más amenazadora que puedo
– Déjame saludarlo – dice él con un tono infantil
– ¡No! –
– ¿Por qué? – pregunta Jason
Ruedo los ojos y vuelvo a centrar toda mi atención a Peeta. No presto atención a nada más, ni a que esto con Jason, ni a mi pierna rota, ni al dolor que siento al estar de pie. Peeta es la cura para todo.
– ¿Ya comiste, preciosa? – pregunta con un tono singularmente tierno y me vuelvo a sonrojar. Esta vez, Jason me ve y en un instante el teléfono esta en sus manos.
Jason se aclara la garganta y dice – Amorcito ¿ya vas a llegar? –
Odio a ese muchacho. Me aparta con un brazo y yo solo lucho con uno, no es una pelea pareja, solo me sostengo en una pierna.
– ¿Pues quién va a ser? – continua en tono burlón
Mi cara esta ardiendo, por el enojo y la pena. Solo faltaba eso, que Jason se pusiera a burlarse de mí con Peeta.
Solo por un momento el deseo de que se vaya y me deje sola viene a mí, pero se va rápido; no, no soy tan valiente como para quedarme sola una vez más.
– ¡Jason, ya basta! – ordeno
– Si, soy yo – responde él – ¿me extrañaste?
Manoteo pero nada. No cede ni un poco. Jalo su cabello pero no suelta el teléfono, amenazo con enterrarle las pocas uñas que tengo pero no cede. Una cosa es cierta, puede estar flaco pero es fuerte y yo, coja no sirvo de mucho.
– ¡Jason! – grito pero él me ignora
No se que le este diciendo Peeta, pero lo hace reír y yo me inquieto más.
Peeta me llamó a mí, no a él. Que deje de ya de hacerle la platica. Quiero hablar con Peeta.
– ¡Jason! – reclamo medio ahogada – ¡Jason! – insisto pero él me mira y dice con los sabios un "Shhhh"
Abro los ojos como platos y siento mis mejillas arder. Suelto la mano de la muleta y en el segundo en que me mantengo de pie, le pego en la nariz y luego me pesco de su camiseta. Jason suelta un gruñido pero supongo aun así, por impulso pone sus manos en mi cintura para que no me caiga. Vuelvo a tomar las muletas y me hago del teléfono hasta de que a Jason se le quite lo aturdido. Quizá fue exagerado pero con él así son las cosas. Cuento con las manos las veces que lo he visto arreglar un problema sin golpes, sin noqueos.
Pongo el teléfono en mi oreja y como si nada digo – ¿Hola? –
– Katniss, ¿Qué fue eso? – pregunta confundido
¿Qué le digo? Golpee a Jason. Le terminé de romper la nariz.
No, usaré mi mejor estrategia, una en la que soy experta. Hacerme la desentendida.
– ¿Qué? –
– Se oyó algo raro – dice él
– No, no se – respondo tontamente. Que no insista, que no insista, que no insista.
– Olvídalo – dice. Gracias – ¿Esta Jason contigo, no es así? –
Diablos.
No pensé una excusa para que el estuviera conmigo. Hacia mucho tiempo que no me visitaba, bastante tiempo y ahora de pronto estamos juntos y contesta mi teléfono. Justo cuando Peeta se va, Jason viene a mi casa. No, no quiero que piense cosas que no son, no quiero que piense lo que los demás piensan de mí. Debo decir algo convincente; quizá la verdad, pero no, no puedo decirle que me esta cuidando porque me rompí un hueso. Quizá decirle la mitad de la verdad sea suficiente.
Le digo que fui a la panadería y me lo encontré en la construcción de la farmacia del Distrito, platicamos un rato y luego lo invité a comer. Y él se lo cree.
– Me alegra que no estés sola y que hayas ido a la panadería – dice Peeta muy animado.
Yo solo sonrío, como si él me estuviera viendo.
Final del capitulo nueve.
Prometo, de la buena, que ya no voy a tardar tanto! D:
Gracias a torposoplo12 porque siempre comentas mis capítulos y me animas :3
A HungerMuser por ser tan explicita en sus comentarios ;) xDD
believedreamtribute eres tan adorable *-* haha gracias! TT_TT :3
Y a los guest que escriben pero son ninjas y no quieren que los descubran ;)
Voy a empezar a subir los cap. los viernes ;O
Bueno, cuídense :3
Jaula jaula jaula…
