El capitulo perdido.
El día no parece tan lento con Jason a mi lado. Sus bromas y berrinches hacen que de cierta manera el tiempo pase un poco más rápido pero no lo suficiente como para no detenerme a preocuparme por Peeta. Ya no se ni en que día vivo, a que fecha estamos, ni qué hora es; solo me ubico por la posición del Sol, o lo que se alcanza a percibir dentro de la mansión. Jason bromea con que estamos en cautiverio gracias a una "rara enfermedad difícil de pronunciar" que contrajimos en el bosque. A veces se tira en el sillón y grita mi nombre como si estuviera a punto de morir. – ¡Katniss! ¡Katniss! ¡Mátame! – chilla con voz de hiena moribunda. – ¡Katniss, tráeme de comer! – ¡Se me están saliendo las tripas, Katniss ! – es otra de sus frases más comunes pero lo más divertido es seguirle la corriente. Nos divertimos juntos y nos hacemos compañía. Todas las noches, el cambia mi vendaje y limpia cuidadosamente la herida ya que de no ser así podría infectarse. Jason dice que no recuerda bien pero yo insisto en preguntarle acerca del yeso y lo que le dijo la doctora pero nunca obtengo la suficiente información. Dice que la doctora mencionó un nombre como "Tela dragón" o "Piel del fuego" pero que no se acuerda bien, como es de esperarse de Jason; recuerda infinidad de cuentos pero no puede recordar un simple nombre. Se usa en casos extremos, como cuando el hueso se sale por completo o el hueso se rompe en varios fragmentos, cosa que me hace dudar de porqué lo usaron en mí. Si es un material caro y extraño, ¿por qué usarlo en mí? Otras personas lo necesitan más que yo.
– No seas tonta – dice Jason moviendo su cabeza en círculos y echándola para atrás – Eres su heroína, ¿cómo podrían dejarte sufrir? –
– Ya lo han hecho antes – respondo sin voltear a verlo
– Y es parte de tu recompensa, tú solo déjate querer – dice mirando hacia la ventana. Esta acostado en el sillón donde dormí pero a él le cuelgan mucho más las piernas así que tiene que doblarlas. Su voz carente de emoción, como si no estuviera aquí junto a mí. Como si en su mente se encontrara en un lugar mejor, mira por la ventana y no se que tanto ve sí solo se alcanza a ver la Aldea, no más. Jason ¿en que tanto pensará? Pareciera como si su mente fuera impenetrable y sus pensamientos más allá de lo que cualquiera pudiera imaginar. En momentos, como en este, me doy cuenta de que Jason es demasiado fuerte. Más fuerte que cualquier persona que yo haya conocido. O es lo suficientemente inteligente como para hacerme creer que es fuerte. – Podrás presumir que ya probaste la tecnología de punta del Capitolio – dice.
No le respondo nada, por lo irónico de la situación. Jason lo dijo sabiendo que causaría este efecto en mí, sabía que lo sabría.
– ¿Cuándo piensa llegar tu novio? – pregunta
Su cuestionamiento me sorprende. ¿Por qué lo dice? ¿Acaso le molesta tener que acompañarme? No creí que fuera una carga para él. – No se, ¿por qué lo dices? – le pregunto yo.
– Nada más; a mi se me hace que ya te abandonó – dice contorsionando su cuello para mirarme con una sonrisa burlona.
Suelto una risa fingida – Que gracioso muchacho – digo con el mayor sarcasmo posible.
– Que delicada andas, Katniss –
Cierro los ojos y me dispongo a ignorarlo. Le gusta fastidiar, eso es todo; creo que a la mayoría le parece divertido molestar a la chica desorientada. Una imagen cruza por mi mente, Jason dentro de unos años convertido en un adulto semejante a Haymitch. Una sonrisa se produce en mi cara pero al instante se borra; intento borrar esa imagen de mi cabeza, olvidarla para siempre. Jason convertido en Haymitch. Me duele pensarlo, eso jamás sucederá, yo estaré junto a Jason para que no se pierda a si mismo, como le pasó a Haymitch. Como nos paso a todos aquellos que fuimos piezas del Capitolio. Supongo que para Haymitch es demasiado tarde, se dejo vencer y no lo culpo, todo lo que pasó y aun así tener que recordarlo cada noche cuando va a dormir. Sé que él también tiene pesadillas, todos las tenemos o tuvimos alguna vez, pero Haymitch. Pobre Haymitch, soportar sus fantasmas, los de aquellos muchachos inocentes que no pudo salvar en la arena. Tener que recordarlos todos los días y soportarlo solo. Yo tengo a Peeta, él me tiene a mí. Annie tiene al pequeño Finnick y Johanna los tiene a ellos. Pero él…no tiene a nadie. Sabe que me tiene a mí y a Peeta pero, no es lo mismo; como él siempre nos repite, "somos unos críos". Simplemente no es lo mismo. Pero Jason es diferente, él me tiene a mí y yo a él, jamás lo abandonaré, prefiero la muerte que abandonarlo.
– Ya me cansé de esto, ¿tú no? – pregunta
No le respondo, su pregunta es estúpida. ¿Qué podría hacer con una pierna rota? Si no puedo ni caminar en mi casa, ¿cómo podré hacerlo en el Distrito? Las calles aún se están cayendo a pedazos; solo han pasado dos años desde que regresamos. Pero admito que la idea me entusiasma un poco a pesar de lo tonta que suene, quiero salir aunque sea un poco a tomar aire fresco, visitar la panadería aunque sea solo para sentarme a observar, comer una pedazo de pan y distraerme la tarde entera y solo volver para hablar con Peeta. De pronto la idea no suena tan loca y el dolor pierde importancia. Quiero salir de la casa antes de que esta no me deje ir.
– ¿Quieres ir a la panadería? –
Jason me mira absorto, atónito. Sorprendido ante mi petición ya que hace unas horas estaba más que moribunda. Pero luego cambia su cara por la de burla, su típica mirada arrogante. Como que entrecierra los ojos y enarca una ceja.
– ¿Tú? ¿Quieres ir a la panadería? – pregunta preparándose para soltar una broma.
– ¿Qué te sorprende? –
– Me sorprende que eres una antisocial y ahora de la nada quieras ir a la panadería – dice echando la cabeza para atrás y mirando el techo.
– Puedo cambiar de opinión ¿sabes? Además no soy una antisocial –
Si lo eres
– Creo que ya se por qué quieres ir –
– Quiero ir porque ya me cansé de estar aquí acostada –
Él me mira con una mirada aún más burlona y cargada de arrogancia, preparado para soltar una de sus bromas pesadas. Como me gustaría ponerle una cinta en la boca cuando veo esa expresión, nos ahorraríamos disgustos.
– Quieres ir porque quieres ver a tu novio el muchachito que nos siguió hasta aquí –
¿El muchachito? ¿Cuál…? Oh…Thomas.
– ¡Tonto! –
Él suelta una risotada y se acuesta boca-abajo, aún riéndose, yo no puedo evitar ponerme roja del disgusto. Una mal broma, es experto en eso. No había pensado en Thomas cuando se me ocurrió ir a la panadería y es algo que me hace pensarlo dos veces. El simple hecho de recordarlo me produce una sensación de pereza e irritabilidad. No se cómo en tan poco tiempo ese muchacho me ha llegado a desagradar tanto.
– Quiero robar un poco de pan y eso es todo, para eso tú iras conmigo, no quiero quedarme sola con ellos – le digo con voz neutral
– Me halagas nena, pero si quieres estar conmigo solo tienes que decirlo, no es necesario inventar excusas – dice altaneramente mientras levanta la cabeza y me mira con ojos según él "seductores"
– Es un alivio saberlo – respondo siguiéndole el juego
Se sienta rápidamente y se me talla los ojos como si acabara de despertar. Me examina fijamente y después pregunta – ¿Y vas a ir así? –
– ¿Así cómo? – pregunto confundida
Él enarca una ceja y me mira de arriba abajo – ¿Hace cuánto no tomas un buen baño, querida? –
– ¿Tienes la mínima idea de cuánto me importa lo que piensas? – respondo esforzándome para que se note mi desdén.
–Bueno, tranquila – dice poniéndose de pie y frotándose la panza, o donde se supone que debería estar – pero no te sorprendas si voltean a verte en el camino – concluye.
Él va por mis muletas y yo suelto un suspiro – Siempre lo hacen – susurro.
Camina muy pegado a mi, como esperando que me caiga, con un brazo rodeando mi cintura. Todos voltean a vernos, como era de esperarse y murmuran cosas, otros simplemente nos pasan por alto y caminan con la cabeza agachada pensando en sus cosas.
Levanto la mirada para leer como de costumbre el letrero que anuncia "Mellark's Bakery" y no puedo evitar sentir un cosquilleo en mis mejillas, como si quisiera reír o llorar pero me esfuerzo por mantenerme inexpresiva.
Como si se detuviera el tiempo cuando entramos, todos se detienen en el acto y dejan de hacer lo que hacen para mirarnos. Nos miran como si acabáramos de asesinar a alguien y nos quedamos detenidos intercambiando miradas durante lo que parecen minutos pero tan solo son segundos. En eso, sale Jimmy de la cocina dejando la puerta de vaivén cerrándose y abriéndose bailarinamente, carga cajas y al vernos, se queda petrificado, por un momento pienso que dejará caer las cajas pero no, este se recompone y rompe el silencio mortal con un saludo sonoro y alegre. – ¿Qué tal, señorita Everdeen? ¿Cómo le va? – saluda animadamente y deja las cajas en el suelo, abriéndose paso hasta nosotros.
Le sonrío tímidamente, en parte agradecida por interrumpir aquel momento incomodo.
– Hola – le respondo contrarrestando su alegre saludo.
– Hola – dice Jason también.
Jimmy se acerca a nosotros y al verme en muletas pienso que se le caerá la cara del susto.
– ¡Señorita Everdeen! ¿Pero qué le pasó? – pregunta aparentemente alarmado
Me siento incomoda e intimidada ante su incasable amabilidad y comienzo a creérmela pero inmediatamente deshecho esa idea.
Balbuceo un poco y finalmente digo – Tuve un accidente –
Él pone una expresión de dolor – ¿Es grave? ¿Qué le dijo el doctor? – pregunta
– No es tan grave, en unos días estaré mejor – le miento.
– Oh, señorita Everdeen, no tenía ni idea, pero…pero déjeme le consigo una silla –
Su ofrecimiento me alegra y me ahorra la molestia de tener que buscar una yo misma, mejor dicho, le ahorró la molestia a Jason. Jimmy voltea en todas direcciones buscando a alguien y grita sorprendiéndome – ¡Rápido, una silla o algo así! ¡Muévanse! – mientras aplaude fuertemente haciendo que entrecierre los ojos.
– Cuánta preferencia – susurra Jason en mi oído.
Me hace soltar una risita y cuando volteo a verlo, me encuentro de reojo una mirada desde la entrada de la cocina. La mirada de un cervatillo de ojos verdes. Pestañeo y me doy cuenta de Thomas me mira fijamente con ojos engrandecidos, como pidiendo perdón o permiso. Rápidamente desvío la mirada, fingiendo no haberlo visto. Al parecer Jason se percata de esto y se inclina hacia mí susurrando al oído haciendo que sienta un escalofrío – Ahí esta tu enamorado Ruedo los ojos y no respondo, en eso llega un muchacho moreno de ojos cafés que ya había visto antes con una silla que pone detrás del mostrador. Ya he visto a todos los trabajadores de la panadería ya que no son tantos, pero eso no significa que recuerde sus nombres.
Jimmy aparece unos segundos después y dice – ¿Esta bien la silla ahí junto al mostrador? –
– Si – le respondo amablemente
– Bien, ¿quiere que la ayude a llegar a ella? –
– No, gracias, así esta bien – le digo tímidamente
– Esta bien – responde pisándome los talones en mi recorrido de la entrada a la silla detrás del mostrador.
Siento las miradas de todos en mí y sorprendiéndome de nuevo, Jimmy grita aplaudiendo – Bueno, mundo, ¡a trabajar! – haciéndose a un lado para que Jason me "cuide" – El receso se acabo, hay trabajo que hacer –. Por una parte suena como un regaño pero cuando escuchas bien, su voz tiene un tono de aliento. Como si estuviera alentándolo a hacerlo mejor y siendo exigente a la vez. Jason me ayuda a sentarme y acerca una silla junto a mí que no me di cuenta cuando la trajeron.
–Ya se porque te gusta venir – dice dejando un pausa. Lo miró como preguntando "¿por qué?"
– Todos te tratan con pinzas, como si quisieran conseguir algo tratándote de esa manera –
– ¿Celos? – pregunto pícaramente
–¿Celos? Si, celos de que te traten así solo por ser la novia del dueño –
– Esas son las ventajas – respondo
– ¿Hay desventajas? – pregunta él despreocupadamente volteando a verme y echando la cabeza para atrás.
– Si las hay, siempre es así –
Él me mira y hace la cabeza para un lado, como en ciertas ocasionas las doblan los pájaros.
– ¿Cómo cuales? –
Yo dudo un momento y luego respondo – Siempre hay pan en mi casa, no es bueno para mi figura –
– Si ya lo había notado – dice con una sonrisa burlona
Yo no puedo evitar reír y le tiro un puñetazo al brazo en modo de juego.
Primero que nada, gracias a todos aquellos que siguen mi fanfic (o siguieron) y están al pendiente. Debo pedirles una disculpa muuuuy grande ¡Lo sé! Perdónenme por no seguir la historia, es solo que como hace mucho que leí la saga (y cuando la leí, la leí corriendo para ya acabarla O_O) no recuerdo pequeños detalles que podrían servirme para esta historia. Por eso he decidido volver a leerla, pero para eso necesito juntar dinero así que si gustan hacer una donación al siguiente número de cuenta…bueno no! :C No cuesta tanto solo que soy pobre y el dinero no me llueve…
Les ruego paciencia mis pequeños u.u Les prometo que voy a seguir la historia lo más pronto posible por eso les dejé mi capitulo perdido.
¡Gracias por apoyarme! ¡No os defraudaré!
Cuando me preguntan "¿Vas a seguir tu fanfic, real o no real?" Yo les respondo "Real"
