Capítulo 13 "La llegada"
No sé cómo me despierto con tanta energía ni cómo salgo disparada de la cama. Miro por la ventana y las primeras luces de la aurora invaden el cielo. La abro. Puedo sentir ese fresco viento de la madrugada, frío y húmedo, miles de sensaciones me recorren el cuerpo y la cabeza se me llena de recuerdos. Podría quedarme aquí, mirándolo para siempre sin importar nada más pero sé que eso no es posible y la verdad, me alegro de que sea así. Me alejo de la ventana y miro mi habitación. Jason me ayudo a subir las escaleras anoche, porque ya estaba cansada de dormir en el sofá. Le ofrecí una de las habitaciones de la casa, pero no acepto ninguna.
La habitación esta oscura, iluminada solo por la tenue luz del amanecer pero la conozco también como el bosque.
Me visto, ya que tiendo a dormir en ropa interior debido al horrible calor, con lo que use ayer por la tarde en lo que el cielo se levanta e ilumina mi habitación con una luz blanquecina. Deben ser las casi las 7 de la mañana pero yo tengo una urgencia increíble por empezar el día. No debe tardar Sae, ya que dijo que llegaría a esa hora, así que bajo las escaleras poco a poco para no caer.
Debido a que, por fin hoy llega Peeta, ayer le pedí de favor a Sae que viniera a mi casa hoy a ayudarme a ducharme y aunque la verdad me rehusaba a la idea, estoy segura de que no puedo hacerlo sola a pesar de que la pierna ya no me duela tanto.
En la sala, Jason ésta sentado en el silloncito individual, con los codos apoyados en las rodillas y la cara entre las manos. Me quedo observándolo un momento, pero no se mueve, no hace ningún ruido así que lo saludo. – Buenos días – digo alegremente. Hoy me siento muy feliz, quizá demasiado pero no puedo evitarlo a pesar de que así lo quiera. Los sueños de anoche solo me emocionaron más de lo que ya estaba y cada minuto que pasa me impaciento más porque Peeta llegue y ponga sus labios en los míos. El sonrojo sube hasta mi cara y la cubre por completo y me alegro de que solo haya media luz y para cuando Jason voltea a verme no se nota, sin embargo yo puedo notar las lágrimas corriendo por sus mejillas.
No me da tiempo de reaccionar.
Y entre el tiempo en que le toma ponerse de pie con su playera en la mano y pasar a mi lado saliendo por la puerta y cerrándola de golpe solo atino a decir su nombre, después estoy yo, sola en medio de la puerta y la sala, preguntándome qué diablos paso.
Mi cerebro intenta procesar lo ocurrido pero no encuentra ninguna explicación.
Luego el timbre suena y pienso que es él pero solo es Sae.
– Niña, ¿Qué paso? – pregunta tan pronto como entra en la casa.
– ¿De qué? – pregunto haciéndome la desentendida. Mi especialidad.
– Este chico, Jason, paso a mi lado maldiciendo, desnudo y los ojos enrojecidos –
– La verdad no sé, Sae, solo se fue – digo y es la verdad. No entiendo que pudo haber pasado.
Sae me señala escaleras, preguntándome si subimos de una vez y yo asiento con la cabeza. Se pone a mi lado y me agarra de la cintura quitándome una de las muletas. Parece estar acostumbrada a ayudar a moribundos, porque subimos rápidamente.
– Te digo enserio, Katniss, ese muchacho parecía estar muy afectado – dice volviendo del baño. Deja el agua corriendo y me ofrece ayuda para ponerme de pie de la cama y la dejo ayudarme. Dentro del baño empieza a ayudar a desnudarme sin pudor alguno, parece que hasta lo hace de manera automática pero no puedo evitar sentir vergüenza, me siento desprotegida y muy inútil. ¿Hasta qué punto he cambiado para aceptar la ayuda de las demás personas y más con este tipo de cosas? Estoy segura de que cambié, porque nunca me ha gustado pedir ayuda a menos que mi vida este de por medio, y eso solo aplicaba en la arena. En el mundo "real" pedir ayuda me hace sentir pequeña y débil. También estoy segura de que no cambié por mí misma. Sé, también, porqué he cambiado. Es por él. Me he acostumbrado tanto a estar cómoda, a qué me de todo sin pedir nada a cambio, que me cuide y haga todo por mí, me he acostumbrado a vivir de él y es por eso que lo necesito tanto; después de todo lo que siento hacía él, es eso lo que me mantiene a su lado, que me permite ser débil y depender de él como nunca pude hacerlo con nadie. Poder dejarme caer hacia el abismo y estar segura de que él estará ahí para salvarme, de alguna manera y daría su vida por hacerlo. Y estoy segura de que yo haría lo mismo por él. Y si de algún modo, no pudiéramos hacer nada para salvarnos el uno al otro, nos arrojaríamos de la mano, para poder caer juntos al abismo.
-¿Tú y él?- pregunta Sae, pero deja la frase sin completar, infiriendo que yo entiendo, pero no es así. La miro, tratando de comprender y ella continua, avergonzada - Tú y el, ¿estuvieron juntos?- No sé por qué se avergüenza de preguntarme si estuve con él. - Si, hemos estado juntos toda la semana –
Ella abre los ojos como platos pero se voltea para evitar que lo note. - Y ¿vas a hablar con tu novio de eso? - dice mientras acomoda mi pierna en el borde de la tina y yo me escondo lo más que puedo dentro del agua. - No, no lo sé, creo que no - respondo.
- Katniss, ¿estas segura? - pregunta ella.
- Si, no quiero que se entere –
No sé de donde viene todo este interés y admiración. – Mira chica, yo sé que no soy nadie para decirte que hacer pero – empieza Sae, con un dejo de incomodidad en la voz – Jason es un buen muchacho y respeto cualquier tipo de relación que tengas con el pero, no creo que sea justo para tu novio, es decir, creo que al menos deberías de terminar con el –.
Estoy acostumbrada a que las cosas tomen un giro inesperado, pero esto es ridículo.
– ¿Qué? ¿A qué te refieres? – pregunto, atónita.
– Pienso que si vas a tener una relación…íntima con Jason, podrías primero terminar con este muchacho, Peeta –
¿Una relación íntima con Jason?
– Sae, ¿de qué hablas? ¿Jason y yo? Yo no tengo ninguna relación con Jason, solo…–
– ¡No! ¡No! Está bien – me interrumpe – Quizá es porque yo fui criada al estilo antiguo, yo no comprendo las cosas de hoy en día, ¡pero está bien! ¡Eres joven y tienes derecho a salir con quien quieras! –
Es como si todo se aclarara en mi cabeza y pudiera ver de la manera en que Sae lo hace. Jason quedándose a dormir en casa toda la semana, juntos, paseando de aquí para allá con su mano en mi cintura y justo cuando Peeta va a volver, él se va de mi casa, maldiciendo y semidesnudo con los ojos llenos de lágrimas. A pesar de que no es cierto, duele un poco esa suposición, sin embargo, es absurda. El simple hecho de sugerir que pasa algo entre Jason y yo es como sugerir que la luna y el sol no pueden existir el uno sin el otro. Y la sola idea de que yo dejaría a Peeta por alguien más me hace estremecer y me avergüenzo de mi misma, a pesar de que no haya hecho nada.
– ¡No, Sae! – digo casi gritando – No hay nada entre Jason y yo –
– Chica, está bien, no le diré nada a nadie – continuo Sae acercándome un estropajo.
– No, Sae – continuo con una creciente desesperación – ¡No tengo nada que ver con Jason, solo somos amigos! –
– Si, si está bien – dice rehuyendo a mi mirada.
La ira y desesperación crecen dentro de mi hasta convertirse en una bomba de tiempo, que sé que no tardara en explotar, por más que yo intente detenerla.
– Sé que es raro que Jason y yo estuviéramos toda la semana juntos pero solo somos amigos y yo…– digo, pero ella de nuevo me interrumpe – Katniss, no necesitas explicarme nada, tu puedes vivir tu intimidad como quieras –
No sé qué es lo que me hace explotar, el hecho de que Sae no me deje explicarle o su insinuación de que Jason y yo somos amantes, pero antes de que mi cerebro analice las palabras, mi boca las suelta como si se mandara sola.
– ¡Sae! ¡Te digo enserio! ¡No hay nada entre Jason y yo! ¡Yo amo a Peeta y nos vamos a casar! –
Realmente debería aprender a cerrar la boca.
Ella solo me mira hecha un manojo de emociones. Sorpresa, felicidad, emoción, nostalgia y un sentimiento que nunca he visto, por eso no logro reconocerlo. Yo solo siento un nudo enorme en la garganta.
– Niña – dice y luego su voz se corta.
Sae se rehúsa a dejarme usar la ropa que yo había escogido e insiste en que me ponga uno de los vestidos con los que me veo bonita que aún conservo. Es de flores muy pequeñas, como de color lila pero más pálido, de tirantes delgados y me llega arriba de la rodilla. Me hace sentir expuesta así que me pongo un chalequito corto de un tono parecido. Me trenzo el cabello, como siempre.
Sae me ayuda a bajar y se ofrece a darme una mano con el pastel. Empiezo a hacer la mezcla como Jimmy y Peeta me explicaron exhaustivamente. Se me ocurre hacerlo de chocolate pero la verdad no estoy segura de poder hacerlo y mejor me voy por algo más seguro.
Termino de preparar la mezcla antes de lo que esperaba, la meto en el horno y me dispongo a esperar.
No puedo evitar ver mi reflejo en el cristal de la vitrina y por primera vez, en largo tiempo, miro la imagen y la analizo. Hacía mucho que no vestía uno de los muchos vestidos que Cinna diseño para mí y se siente extraño. Porque parece que es una vida muy lejana a la que llevo ahora. Los recuerdos me atacan y me dicen que no estoy haciendo algo bien pero no sé qué es. Los recuerdos me miran, se ríen y vuelan a mí alrededor y no soporto tener puesto este vestido, todo me da vueltas y me envuelve en llamas reales, que no puedo detener dejando de girar. Pienso en Cinna y lo maravilloso que era haciendo que me viera bien y aún después de mucho tiempo que no está conmigo, sigo sintiendo como si él estuviera cuidándome. Quizá en cierto modo así es. En la arena no estaba a mi lado, pero siempre estuvo conmigo y ahora, que está aún más lejos de mí, sé que todavía está mirándome. Apostando por mí. Sé que su creación merece que la use con orgullo y sé que está observándome en este momento, susurrando "Puedes hacerlo mejor".
Sin esperar a que Sae me ayude a ir a arriba, camino lo más rápido que las muletas me lo permiten, subo las escaleras y me dirijo a mi habitación. Tratando de recordar donde puse todos esos broches y accesorios que fueron un obsequio pero más que eso, eran una invitación a la depresión.
– ¿Qué buscas? – me pregunta la mujer y yo no puedo evitar sorprenderme pero no respondo y sigo con mi búsqueda.
Después de abrir y cerrar muchos cajones me encuentro uno donde están esos recuerdos que quise evitar por mucho tiempo. Cosas brillantes, con cientos de diamantes de distintos colores y con nombre propio cada uno de ellos. Collares, brazaletes, diademas, tiaras, pulseras. En fin, miles de baratijas preciosas que no tendría el valor de ponerme por mi misma. Entre ellos está el sinsajo que alzo a la rebelión. Sae se acerca y por poco cae. La observo y sus ojos brillan por lo que bien, podrían ser lágrimas.
– Katniss, ¿esto es todo tuyo? – pregunta y no puedo verla como una niñita hambrienta observando un banquete. Y la entiendo, lo he visto y sentido yo misma más de las veces que pudiera contar.
– Si – atino a decir. Y me siento mal al instante. Me siento una más del Capitolio, yo con todas estas joyas, enterradas en un cajón y otras personas, sin absolutamente nada. ¿Podré algún día, volver a ser como era antes? Es cierto que las personas que menos tienen son las que más comparten y las otras…son como yo.
– Puedes tomar lo que te guste, a mí no me agradan estas cosas – le digo y le sonrío sinceramente.
– ¡No! ¡No! No podría – dice, y aprieta sus manos contra el delantal desgatado que siempre usa, devolviéndome su sonrisa.
– Vamos, llévale un regalo a tu nieta – digo, tomo un prendedor del cabello y me alejo hacia el baño, para poder dejarla sola.
Me miro al espejo, decidida a cambiar la forma de mi cabello. No se me ocurre nada más que soltarlo y colocarme el prendedor en un lado, pero cada vez que lo suelto se cae. ¿Cómo es posible que ni esto pueda hacer?
Pero Sae viene a mi rescate y sin decir nada, se coloca a un lado mío, suavemente retira mis manos y comienza a acomodar mi cabello. Cierro mis ojos un momento y no puedo evitar imaginar que es mi padre quien esta peinándome, como siempre solía hacerlo. Luego los abro, para evitar que las lágrimas se formen y puedo notar que me veo diferente o quizá bonita.
Le sonrío en forma de agradecimiento y ella me sonríe de vuelta.
No tengo ni idea de el por qué mi pastel se quemó, solo sé que no volveré a cocinar nunca más. Una parte esta como tostada y luego negra. Sae intenta animarme pero ambas sabemos que soy un fracaso en esto. Busco el glaseado para intentar arreglar mi incidente, escojo uno de chocolate porque así cubrirá más el sabor a quemado y mientras embarro al pastel hago una pequeña marquita en el pedazo malo para recordarme que no debo de darle esa parte a Peeta. Después me armo de valor y tomo una manga pastelera, la relleno de esa crema cuyo nombre no recuerdo y con el mayor cuidado que pudiera tener escribo de color verde pequeñas letritas que lean "Bienvenido a casa". Con otra manga rellena de lo mismo pero con color rosa, hago pequeñas florecitas como una vez me enseñaron pero lejos de parecer flores parecen bolitas deformes. Me rindo. Pero viéndolo desde cierto ángulo, no se ve tan mal. Sae me felicita pero de nuevo sé que lo hace para darme ánimos.
Veo el reloj y mi corazón da un vuelco. Son las 10:43 am. Peeta llega a las 11.
Quiero salir corriendo a la estación, ver a Peeta, abrazarlo y no soltarlo jamás. Si pudiera pedir un deseo, desearía poder adelantar el tiempo, tan solo 15 minutos y estar ya en la estación entre los brazos de Peeta escuchándolo decir que me ama.
Le digo a Sae que ya debemos irnos y ella asiente. Salgo disparada fuera de la casa sin siquiera detenerme para ver si Sae me sigue. Oigo que cierra la puerta y después mi alcanza.
– Katniss, parece que no tuvieras una pierna rota, vas muy rápido – dice
Yo solo sonrío porque apuesto a que me veo muy ridícula intentando correr en muletas.
– Tienes prisa, ¿eh? – me pregunta y no puedo responder porque me falta el aire pero no sé si es porque voy muy rápido o por su insinuación. Mi cara debe ser muy graciosa porque suelta una risilla pero no dice nada más.
No aguanto mucho llevando el mismo ritmo así que disminuyo el paso pero las rodillas me tiemblan y en ciertos momentos pienso que voy a caer. Quiero distraerme, hablar de cualquier cosa así que digo lo primero que se me ocurre solo para hacer conversación.
– ¿Por qué pensaste que había algo entre Jason y yo? Ya me has visto con Peeta –
Ella levanta los hombros y hace una mueca.
– Si, te he visto con Peeta pero no sé, nunca te imagine casándote, niña –
Ni yo, pienso.
– Pero…¿Jason? –
– Si, bueno con todo lo que siente por ti – dice pero puedo ver que se arrepiente automáticamente.
– ¿Qué? – alcanzo a preguntar antes de que mi voz se quiebre.
– Oh Katniss ¿no lo sabias? – pregunta Sae con una mirada de tristeza.
– ¿Qué no sabía? –
– Jason está enamorado de ti –
– ¿Por qué? – Es lo único que se me ocurre a preguntar. Mi cabeza es un manojo de emociones pero la que más resalta es algo parecido a la vergüenza o al pudor. No sabría explicarlo. Luego siento ese pitido como cuando escuchas un sonido muy fuerte y los latidos de mi corazón van como locos.
– No sé, niña – me responde y es lo único que dice. Reanudamos la caminata pero yo no me había dado cuenta de que paramos.
¿Jason enamorado de mí? ¿En qué clase de sueño retorcido estamos viviendo? – Él jamás haría algo así – me digo a mí misma. Pero sé que me estoy mintiendo. En dado caso que yo no estuviera con Peeta y surgiera una remota posibilidad de que pasara algo entre él y yo, sé que nunca sería así porque somos demasiado diferentes. Vivimos peleando. Es cierto, me divierto con él pero también me divierto cazando. ¡Somos demasiado diferentes, demasiado! ¿Por qué habría de gustarle? Además él sabe que amo a Peeta y desde ahí debió parar. Pero…¿se puede decidir de quien enamorarse? Eso lo sé mejor que nadie. Nunca debí enamorarme de Peeta porque mi trabajo en primer lugar era matarlo.
Puedo sentir mi corazón latiendo como un martillo.
– ¿Vamos? – me pregunta Sae.
Y emprendemos el camino.
Llegamos a la estación y mis rodillas tiemblan cada vez más, subo con cuidado los escaloncitos de madera vieja temiendo que se rompan pero no pasa nada. Luego me percato de que Sae no está a mi lado. Giro la cabeza buscándola con la mirada y está ahí, al pie de la escalera, mirándome.
– ¿Sae? – la miro interrogante.
– Hasta aquí llego yo – dice con una sonrisa algo triste – Debo volver al Quemador, estoy segura de que estarás bien sola –.
Le devuelvo la sonrisa y le agradezco por todo lo que hizo por mí, ella me dice que no ha sido nada y que luego irá a ver cómo sigue mi pierna, luego se da la vuelta y la veo alejarse.
Suelto un suspiro y sonrío para mis adentros. Hacía mucho que no me separaba de Peeta por tanto tiempo y la verdad me he desacostumbrado a estar sin él; pero la parte más difícil es volverlo a ver porque siempre temo a que me lo vuelvan a quitar. Pero esta vez no será así, no nos volveremos a separar jamás.
El tren no ha llegado y comienzo a impacientarme a pesar de que no hayan pasado más de dos minutos. Me acerco a la orilla y puedo sentir como el suelo comienza a vibrar muy levemente y a lo lejos, una mancha oscura se acerca de prisa. Comienzo a alejarme porque con mi suerte, podría caer en las vías y adiós Katniss Everdeen. Pero en menos de lo que pudiera decir "Ahí viene", el tren está detenido y las puertas comienzan a abrirse.
Las manos se me resbalan de las muletas y mis dientes castañean como si la temperatura hubiera disminuido 50°. Por fin está aquí y no estoy soñando. Por fin podré abrazarlo y decirle cuanto me hace falta y por las noches acariciará mi cabello hasta quedarme dormida y en la mañana, su rostro será lo primero que vea al despertar.
La gente comienza a salir de los vagones y el rio de cabezas comienza a marearme. Me pongo de puntas en mi pie bueno pero no logro mantenerme por mucho tiempo. No alcanzo a ver nada. Muchas personas pasan a mi lado y me empujan sin consideración, otras buscan como yo, otras se abrazan y se besan. Pero mi corazón se detiene y pienso "Ayuda, no quiero morir" cuando veo una cabeza con cabello rubio rizado, luego veo unos ojos azules como el mismo cielo que buscan sin encontrar. Sin pensar si quiera en que no puedo correr, arranco mi carrera hacia él empujando cuerpos como puedo y al verme venir, las personas se abren paso. Me detengo en seco porque no puedo respirar y puedo notar que esos hermosos ojos azules me miran de arriba abajo con detenimiento, como si no fuera real, como si fuera lo más hermoso que haya visto en su vida y así me hace sentir. Se acerca a mí muy despacio sin despegar su mirada de mis ojos, penetrándome el alma y dejándome sin aliento, toma mi rostro con una de sus manos y acaricia mi mejilla. Dice algo pero no lo oigo porque mis latidos me han dejado sorda; luego algo empieza a bajar por mi cara sin embargo no me detengo a pensar en qué puede ser porque Peeta une sus labios con los míos en un beso tan suave que me hace creer que de verdad estoy en un sueño, que él no está aquí realmente y que va a desaparecer en cualquier momento así que para evitar que eso suceda, suelto las muletas y me cuelgo de su cuello y él me recibe abrazándome, aferrándose a mi como si yo también fuera un sueño. Descubro que lo que rodaba por mi rostro eran lágrimas que se han convertido en un llanto histérico pero él está ahí para sujetarme y decirme que todo está bien, que me ama. Duramos así por unos minutos hasta que la gente empieza a rodearnos y nos separamos por nuestro propio bien. Sostiene mi cara en sus manos y me mira con más tranquilidad ahora que sabe que soy real. Me sonríe y yo lo hago también. Sin decir nada más, toma mi mano y se agacha para recoger mis muletas. Yo ni siquiera recordaba que las tenía. Luego me mira con severidad y me dice – Hablaremos de esto luego –. A duras penas puedo pasar saliva. Detrás de él esta Haymitch, sonriéndome pícaramente pero sin decir nada se acerca a mí y me abraza, yo le devuelvo el abrazo aún más profundo, le doy un beso y él a mí, luego al ver mi pierna levanta las cejas y se va con sus maletas. Puedo ver que las personas están muy entretenidas viéndonos pero me rehúso a seguir siendo su espectáculo. Me doy la vuelta y me pongo al lado de Peeta para irnos pero luego una cara entre la multitud me parece conocida, volteo hacia atrás y lo único que veo es la espalda ancha de un joven alto, con cabello oscuro y se me ocurre quien puede ser, sin embargo prefiero fingir que no he visto nada. Con Peeta a mi lado, lo olvido fácilmente.
