Para mis bebés.
Jacko, que me dio tanta vida con tan poco de él. Dot, mi pequeña Rue, que le seguiría cantando hasta el fin del tiempo. Espérenme en el prado, mientras, yo los amaré desde aquí.
Capítulo 17 "Rumores"
En cuanto la lúgubre casa de Haymitch nos traga, un sentimiento depresivo me oprime y puedo notar que él también lo sufre. Me detengo a observarlo un momento. Su postura cambia totalmente, como si los fantasmas de los años se colgaran de su cuello y las arrugas surcan su rostro. Su piel se torna grisácea y los ojos que ahora me miran pierden su fuerza desafiante, pierden su valiente brillo. Entonces me doy cuenta de que no es el alcohol lo que lo está matando, es la casa.
De algún modo tengo que sacarlo de aquí y rápido, pero desconozco la excusa que logre convencerlo. Aunque una idea me convence a mí de intentarlo.
– ¿Me puedes acompañar de nuevo a la casa? Necesito buscar algo.
– ¿En serio es muy importante? – me responde fastidiado por el hecho de que no me piensa dejar ir y venir sola con una pierna rota.
– Si, es importante.
Rueda los ojos y salimos de las fauces del lobo, es decir, de la casa. Y tal como pude imaginar, Haymitch parece de 20 años menos. Su cabeza se yergue jovial y sus ojos me miran desafiantes y atrevidos.
Se limita a tumbarse en el sofá sin ofrecerme ayuda para rechazar, lo dejo estar y hago como que rebusco unos papeles. Luego de un rato voy a la cocina y después de que lo pierdo de vista, tomo el teléfono, el número pegado al refrigerador y llamo a Peeta en busca de ayuda.
– Panadería Mellark, ¿qué podría ofrecerle?
– Con el señor Mellark, por favor – respondo en un susurro.
– ¿De parte de quién?
– Es urgente – me digno a decir.
– Esta bien, un momento por favor – Y espero con voces y gritos de fondo.
Después de unos segundos, alguien contesta – ¿Hola?
–¡Peeta!
–¿Katniss? ¿Qué pasa? ¿Está todo bien?
– Necesito que vengas ya – ordeno suplicante.
– Pero ¿estás bien? ¿Te pasó algo? – dice con una creciente desesperación en la voz.
– Sí, pero necesito tu ayuda, estoy en la casa...con Haymitch.
Oigo un suspiro y en mi mente aparece su imagen, relajando los hombros y bajando la cabeza, exasperado.
– Katniss, pensé que te había pasado algo, casi me da un infarto.
Se me templa el corazón pero algo no está bien. – ¿Por qué pensaste que pasaba algo malo?
– Porque me llamaste aquí – responde ya más tranquilo.
– ¿No te puedo llamar solo porque si? – pregunto indignada. ¿Es que acaso soy tan desatenta? Que solo lo busco cuando algo va mal y no sólo para decirle que lo extraño. Me hace ver mal y sentir peor porque eso no es lo que hace una novia, bueno, eso supongo que no hace. Mis esperanzas de renovar a mí misma quedan opacadas por los sentimientos del antiguo ser.
– Puedes hacerlo cuando gustes, yo estaré encantado. Bueno, ¿qué pasa con Haymitch?
– Lo traje para la casa, ¡la suya es inhabitable! Quise arreglarla para no sirvo de mucho con las muletas ¿vendrás tú con "tu ejército" como lo amenazaste?
– Pensaba ir más tarde pero creo que podemos tomarnos el día Esta bien, voy para allá, amor. Adiós.
Me despido y cuelgo aun con el corazón sensible. Cuando vuelvo, encuentro a Haymitch tirado en el sofá, viendo televisión sin decidirse a ver algo. Me decido al final en decirle que Peeta cumplirá su promesa de reconstruirle la casa.
– ¡¿Por qué?! Mi casa está perfecta – exclama.
– Para las ratas muertas, ningún humano puede vivir ahí.
– No es de tu incumbencia – replica.
– Te guste o no, Peeta ya viene para acá a hacer apta tu vivienda.
Sé que pelea por costumbre y que no está en total desacuerdo con el hecho de que su casa sea habitable, tal vez hasta nos llegue a agradecer.
Me siento a su lado y él se recoge, nos quedamos observando el televisor, sin embargo nadie lo mira en verdad. En el aire se respiran palabras sin atreverse a ser pronunciadas pero el más valiente, lo hace.
– ¿Quieres hablar de ello? – me pregunta cauteloso.
– En verdad no, pero hay que hacerlo.
No sirve de nada seguir aguardando por que los rumores mágicamente se borren de mi cabeza, no lo harán, se quedaron incrustados en ella y sean o no ciertos, vivirán en ella para visitarme por la noche y hacerme ver que el futuro es incierto y temible.
– Vamos a decírselo al chico – me dice pero no sé si me lo pregunta o me lo afirma.
– No – le respondo.
– Preciosa, no vamos a ocultárselo, la última vez que lo hicimos, nada salió bien.
Lo que dice es cierto sin embargo, algo dentro de mí me dice que nadie debe saberlo, en especial Peeta, presiento el efecto que tendría en él, como también el que tendría al enterarse de que no le dijimos nada.
– No quiero que se preocupe, podría...
– Reaccionar mal, lo sé, pero él merece saberlo.
No es que no lo merezca, no es eso. Pero su cordura se arriesga, el miedo detona el pánico y éste destruye el hilo que lo sujeta a la realidad.
– Antier tuvo un ataque – le suelto.
Sin duda lo toma por sorpresa. Pero no lo hace cambiar de parecer, solo retrasa un poco el contrataque.
–¿Te gustaría que te lo ocultáramos?
– No.
Me gustaría que nada de esto fuera real o posible, pero lo es. Por más pánico que esto me dé, una parte de mi disfruta el estar enterada para así poder prepararme si algo llegara a suceder.
– Entonces ya está, vamos a decirle.
–¡No! No puede enterarse, ¡tenemos que protegerlo! Sean mentiras o verdad, no debe preocuparse.
Me mira con tristeza y menea la cabeza diciendo que sí – Como tú digas.
Luego volvemos a mirar la televisión, pero un silencio incómodo vuelve a formarse a través de las voces de locutores.
– Oye y ¿qué vas a hacer con tu amigo?
Ah, era eso. Porque no puede dejar de enterarse, solo que esa respuesta no se la puedo hacer saber porque ni yo la sé. Levanto los hombros demostrando que no me importa.
– Te hacen falta amigos, ¿vas a perder la oportunidad de estar con alguien al que (milagrosamente) le agradas? ¡Vaya! Y luego dicen que el ermitaño es uno.
– ¡Que no te importe, Haymitch! De todos modos, no sabría qué decirle.
– Creo que la mejor manera de hacerlo es decir "Hola"
– ¿Pero qué pasa si él no quiere ser mi amigo, qué tal si él quiere algo más?
– Estas con el panadero ¿no? Ya tienes una excusa para rechazarlo.
En parte es cierto, pero Peeta es mucho más que una excusa, él va a ser mi esposo. Luego algo me desconcierta. Esa sensación de extrañeza como cuando algo en lo que estabas pensando se materializa de la nada.
– ¿A quién? – pregunta entrando por la puerta – ¿Cómo estás, Haymitch?
– Hola, niño – lo saluda.
Luego, después de pasarme el suero, se acerca a mí y me planta un beso en los labios en silencio.
– Vine con todo el mundo – dice Peeta sonriendo.
Le lanza una mirada a Haymitch buscando la ira pero al parecer le da lo mismo mientras mira un programa de preguntas. Peeta levanta los hombros, vencido por el rechazo y se dirige a mí.
– Parece que no le importa mucho ¿no?
– Mientras no te metas con su alcohol, todo es válido.
Él me mira con sus ojos pícaros y despistadamente, con el dedo, se da unos golpecitos en la nariz. Me paro con cuidado y dejo a Haymitch detrás, espontáneamente muy entretenido con una muchacha de pelo verde que contesta preguntas a diestra y siniestra. El cuadro al salir de la casa es inesperado y alegre. Por lo menos 10 muchachos bromean entre sí, señalan las casas con ojos soñadores, se pasean de aquí a allá. Pero cuando nos ven se reúnen expectantes.
– Bueno, chicos, ¿vamos? – les pregunta Peeta y ellos responden que sí.
Como una manada se dirigen a la casa de Haymitch y puedo ver por sus expresiones que no estaban preparados para esto. Algunos quieren echarse para atrás pero Jimmy, que encabeza el grupo a lado de Peeta les hace gestos y todos se callan al instante. Yo me mantengo atrás mientras se dan instrucciones e instrumentos de trabajo.
– Ah, una última cosa – agrega Peeta cuando todos se comienzan a dispersar – Cualquier botella de alcohol, llena o vacía, debe ir a la basura.
Sonrío victoriosa. Me acerco a Peeta, dando saltitos para evitar cualquier roce del suelo y mi pierna.
– ¿Cómo conseguiste que viniera toda la panadería? – le pregunto.
– Uno tiene sus trucos – responde con la misma sonrisa que yo.
– Bueno ¿qué hago yo?
Como dije antes, el movimiento es fundamental para sobrevivir.
– Tú ve con Haymitch, nosotros tenemos cubierto esto – me responde muy amable para lo que en realidad me está diciendo. Me está diciendo que me vaya porque aquí como en todas partes, estorbo con la estúpida pierna.
– Peeta ¡yo puedo ayudar! – replico pero sé que de todos modos es inútil.
– No quiero que te lastimes, Katniss, aparte tenemos suficiente ayuda, no te preocupes.
–¡Peeta! – He estado peor que esto y he hecho más.
– Katniss, por favor – dice y me da esa mirada que utiliza cada vez que ruega por algo, la que siempre me hace perder.
– ¿Entonces qué hago yo? – respondo, vencida.
– ¿Controlarías a Haymitch?
Suelto un suspiro de resignación, pero ¿qué más podría hacer? Aunque, sería justo ya que Peeta siempre se encargó de nuestro ebrio mentor y quizá ya sea mi turno. Cuando me doy la vuelta para encarar la realidad de pasar el día viendo televisión con Haymitch, Peeta hace una última y siniestra pregunta.
– Oye, y ¿de quién estaban hablando cuando yo llegué?
¡Damas y caballeros, Katniss Everdeen, la chica que estaba en llamas, en su famoso y esperado acto de hacerse la desentendida!
–¿Cuando?
– Cuando llegué – dice aún con su sonrisa y las perlas dentro de su boca.
– ¿Cómo que de quién hablábamos? No entiendo.
– Katniss, los oí. ¿A quién te referías cuando decías que que qué tal si quería algo más? ¿A quién vas a rechazar?
Bueno, no es la mejor manera de que se entere de algunos rumores pero, se siente bien decirle la verdad.
– No peleé con Jason, se fue porque sabía que volverías.
Y lo imagino explotar, lo imagino golpeándolo y gritándome a mí, pero es Peeta, él no se pierde nomás así. Solo me responde, sumamente tranquilo que hasta parece que nunca se lo dije.
– Deberías hablar con él, decirle la verdad y si te sigue molestando, solo me dices ¿si, amor?
Con suma ternura se acerca y me besa pero es, él es, su actitud, es tan diferente. Su manera de hablar, su expresión en el rostro y esa tensión en los labios que inquieta. Demasiado tarde para descubrir qué es porque se voltea y se va, yo hago lo mismo y al llegar a casa, me dejo caer junto a Haymitch, que ahora ve programas de retos. Peeta y su séquito arregla la casa/prisión de este sujeto, que se entretiene viendo cómo otro sujeto corre 20 metros con una cuchara y un huevo en la boca. Pero bueno, hasta yo estoy entretenida con los berrinches que hacen al perder. Como si perder fuera lo peor. Como si perder en ese juego fuera lo peor, sin duda, otros estarían de acuerdo aún bajo tierra. Horas de mi vida se van observando la diversión de personas que no conozco, a veces Peeta entra y sale, a veces es otro muchacho de la panadería, después de un rato deja de importarme quien entra por la puerta de mi casa. Los programas evolucionan y pierden sentido hasta ser inentendibles. Tengo que pararme de aquí antes que me crezcan raíces. El movimiento perpetuo se asemeja a una salida. Así que me pongo de pie y salgo de la casa, no voy para la reconstrucción Abernathy, salgo de la Aldea y camino sin un lugar en donde detenerme. La tarde nos alcanzó y los muchachos deben estar hambrientos (igual que yo) así que voy en busca de Sae. Las miradas no son tan intensas ahora que estoy sola pero si son constantes y hasta Sae la grasienta se sorprende de no verme acompañada.
– ¿Y tu novio? – me pregunta apenas me acerco lo suficiente.
– Sí, estoy bien, gracias.
Ella solo se ríe mientras seca unos platos. – ¿Qué tal va esa pierna?
–Mejor, pero arde. Oye, Sae, ¿qué tanta comida tienes preparada?
– Depende, ¿para qué?
– Para un pelotón entero.
No tengo ni idea de cómo me las arreglo pero cargo las bolsas de comida con las muletas pero lo hago, y regreso despacio a la Aldea.
– Hola – exclama una voz detrás mío y se oyen las pisadas tratando se alcanzarme.
Para cuando me giro, él está ya a mi lado, sudoroso y cubierto de tierra, pero con una sonrisa.
– Hola, Jason – saludo.
– Déjame te ayudo – dice y me arrebata las bolsas.
– ¡No! Yo puedo hacerlo – las intento recuperar pero las alza por encima de su cabeza y yo, con muletas o sin muletas, no puedo alcanzarlas.
– ¿A dónde vas? – me pregunta, divertido.
– ¿No te despiden si holgazaneas tanto en la construcción? – le respondo, fastidiada.
Su juego de hacerse el gracioso y hostigarme cada que se presenta la oportunidad se ha vuelto odioso e insoportable. Él sólo se ríe, como si acabara de bromear, no entiende que no lo soporto.
– Valdría la pena si estoy contigo.
No me importa la comida, no me importa Jason, ni nada más, porque me he vuelto irracional. Le arrebato las bolsas y salgo de ahí, entre trompicones y pasos en falso, lo abandono y me voy a donde pertenezco con las personas que quiero. Lo oigo seguirme y nombrarme: "¡Katniss! ¡Katniss! ¡Espera!" Pero no me importa, solo quiero encerrarme en un mundo de programas de televisión. Quiero un mundo donde los rumores no existan y menos en los que a mí me envuelven. Justo ahora me persigue un rumor, ya ha dejado de ser una persona, ahora es solo un abstracto rumor y cuando me vaya a dormir, en mi cama me estará esperando otro, se acostará entre Peeta y yo y sugerirá la pesadillas que debo tener. Como si tuviera alas en mis costados, vuelo lejos de Jason y deseo alejarme aún más deprisa.
Vuelo lejos de Jason, lejos de los rumores y los problemas de muchachos. Estoy cansada de ellos porque yo ya hice una elección, ya sé a quién necesito y a quién amo, cualquier insistencia en que cambie de parecer es inútil, cualquier otra posibilidad o pretendiente es absurdo. Peeta es mi elección y lo seguirá siendo por sobre cualquier amistad o rumor.
Las columnas que dan bienvenida a la Aldea me reciben y yo suspiro con calma pero ésta no dura mucho, los gritos que me llaman vuelven a aparecer y yo reanudo mi escape. Los muchachos sentados en el pórtico observan atentos la persecución. No me dirijo a la casa de Haymitch, me voy a mi propia casa. Pero una mano me detiene y me obliga a girar.
– ¿Qué diablos pasa contigo? – me escupe con rabia y los ojos inyectados en sangre – ¿Por qué siempre te largas de esa manera? ¡Te estaba hablando! ¿no me oías?
– Lárgate de aquí, Jason – le ordeno, tratando de mantenerme en calma.
– ¡No me voy a largar de aquí hasta que me des una explicación!
– ¡Vete ya de aquí! – le grito en respuesta.
– ¿Pasa algo malo, señorita Everdeen? – oigo decir a una voz profunda y veo el cuerpo imponente de Jimmy a lado de Jason.
– Esta bien, no te preocupes, solo estamos hablando –
– Si hay algún problema, estaré justo aquí – me promete Jimmy y se aleja sin despegarle la mirada a mi amigo histérico.
Pero Jason no puede mantenerse callado y nos grita a ambos – ¡El único problema aquí es Katniss, que no puede mantenerse lo suficientemente cuerda como para no tratar a los demás como si fueran basura!
– Oye, ten cuidado con lo que dices – advierte Jimmy aproximándose a él, intimidante.
– O sino ¿qué? Mira, grandote, a mí no me asustas así que mejor ve a hornear pasteles o galletitas porque esto no es de tu incumbencia.
– ¡Jason, ya basta! – le grito, antes de que le rompan la nariz.
– A mí no me vas a intimidar, panaderito – dice.
Los pechos de ambos rozan y a pesar de que Jimmy le saca 10 centímetros de altura, Jason lo mira con ojos fieros, dispuestos a dejarse consumir en la violencia de la locura.
– ¿Hay algo malo con ser panadero? –
Los dos interrumpen el duelo y se separan para mirar y dejarme ver.
– ¿Qué sucede aquí? – pregunta Peeta con expresión calmada pero amenazante. Como si estuviera a punto de atacar a cualquier señal de movimiento brusco.
– Peeta – exclamo con una voz diferente a la mía.
– Hola, amor ¿por qué te fuiste? – me pregunta, sin relajarse – Pero antes que nada, ¿qué está pasando, Jimmy?
– Este muchacho se está propasando con la señora, no podía permitirlo.
Luego, como si la locura de Jason se hubiera pasado a Peeta, lo mira y temo porque haya dejado de ser él. Y Jason, que programas dramáticos ni nada, su rostro es el rostro del temor.
– ¿Qué quieres, Jason? – pregunta Peeta con excesiva brusquedad.
– Nada de eso es cierto, solo estaba discutiendo con Katniss – responde tratando de controlar su propia voz.
– ¡Le estaba gritando! – interviene Jimmy.
– ¿Ah sí? Sabes, no me interesa de lo que puedan estar hablando – responde Peeta y se acerca a Jason, con pasos diferentes, de cazador. Lo mira de una manera tan diferente como ha mirado antes y mis venas se hielan. Éste no es Peeta – No me interesa si están peleando o bromeando pero una cosa si tiene que ser. A Katniss, la respetas. Ya sea en frente mío o no, te prohíbo que le vuelvas a alzar la voz ¡Mucho menos te atrevas a tocarla! – Se acerca a él tanto y supongo que el corazón de Jason ha dejado de latir, porque el mío sí – No tienes derecho a venir aquí y molestarla, así que lárgate de una vez. Y óyeme bien, aléjate de Katniss porque puede ser que yo pierda la cordura y te trate como la basura que eres, y no me va a importar agregar a otro más a la lista de muertos. ¡Lárgate de aquí y deja en paz a mi esposa!
Los gritos de Peeta se impregnan en el aire y cuando pasan, solo queda el ensordecedor silencio. Los muchachos se han acercado a ver mejor (igual que yo), luego la voz de Jason vuelve.
– Esto es entre Katniss y yo – dice, temeroso pero con esa valentía que le da la rabia.
– ¿Entre Katniss y tú? Está bien – dice Peeta con voz aterciopelada, un gran cambio después de su grito. Luego me mira y pienso que quizá los gritos no han acabado, que ya es mi turno, pero no lo hace. Solo me pregunta – Katniss, ¿quieres hablar con él?
Y yo les respondo que no.
Peeta le da una sonrisa y levanta los hombros, restándole importancia.
– Ahora, lárgate – ordena.
Jason lo hace, se va. Da media vuelta y comienza a andar. Pero claro, es Jason, así que suelta un último susurro. Yo no lo oigo, Peeta sí.
Luego me da la sensación de estar viendo un programa de televisión, ese sentimiento de cuando alguien hace algo que no debería y a ti te dan ganas de gritarle que no lo haga, pero lo hace. Veo tan lento como Jason se da la vuelta, se va y susurra; por eso me sorprende la rapidez con la que suceden las cosas. Desde el momento en que Peeta lo hace girar y suelta en primer golpe a su cara, hasta que un mar de brazos y sangre los devora.
Como no soy fuerte, ni ágil, no puedo abrirme paso entre los cuerpos, hasta que los separan sujetándolos de los brazos. Jason se retuerce como animal salvaje, hasta creo ver un poco de baba en su boca. Peeta solo se deja sostener, como ven que está tranquilo lo sueltan.
Veo mi oportunidad. Corro y deposito las bolsas en los brazos de algún muchacho, me abro paso y me planto frente a Peeta.
Lo miro detenidamente. De su boca sale un hilillo de sangre pero al verme, la limpia y se acomoda la ropa. Por un instante me preocupa pero la compasión no dura tanto y decido que es mi momento de explotar.
– ¿¡Qué diablos les pasa!? ¿Acaso son animales salvajes? Díganlo de una vez, ¡para así poder echarlos detrás de la alambrada y dejarlos que se maten como perros! Pero si se van a matar, avísenme antes, ¡para no tener que soportar semejante show de bárbaros!
Con esto finalizo mi jornada. Me doy la vuelta y en un descuido, estoy azotando la puerta de mi casa.
Haymitch está pegado a la ventana, atragantándose de galletas. Paso junto a él y me dejo caer en el sofá. Él se levanta de ahí y me da el plato de galletas. Ambos comenzamos a comer sin parar.
– Que buena salida dramática – confiesa.
– Gracias – atino a contestar, aún aturdida por los gritos y los golpes.
Sin embargo, a pesar de la pelea y la confusión hay algo que me atormenta, no sé si realmente haya pasado o sí fue producto de la histeria colectiva. por eso no puedo evitar preguntarle a Haymitch.
– ¿Peeta dijo que yo era su esposa?
No hace bromas, no se ríe, se limita a responderme.
– Lo hizo.
Otro rumor, bienvenido.
– Pero oye, ¿por qué no pensaste en traer contigo la comida?
Ignoro a Haymitch, ignoro a todo el mundo. Peeta les da la salida a los muchachos porque al parecer terminaron, no lo sé, no se ve mucho detrás del cristal. Yo solo miro programas de televisión. Me empapo de actuaciones y espectáculos, hasta que la programación cesa. Las novelas, los concursos y los programas de chismes dejan de ser transmitidos y el lugar lo ocupan programas de temas que desconozco. Son 6 hombres y se sientan frente a una mesa a discutir sobre un tema, deduzco que es un debate. A mí me aburre en lo más profundo del ser.
No sé, pero supongo que Haymitch ya lleva una eternidad dormido así que lo dejo dormir en el sofá para mañana acompañarlo personalmente a descubrir su "nueva" casa.
Subo con cuidado las escaleras, más delicadeza de lo normal ya que la pierna ha comenzado a arder intensamente.
Me quito el vestido y decido ponerme pijama en vez de dormir en ropa interior.
Cuando estoy a punto de quedarme dormida, cuando siento que mi cuerpo flota y mi mente se aleja cada vez más y más, algo me trae de vuelta. Pisadas y el peso de alguien en mi cama. No me sorprendo por esto, me sorprende el hecho de que Peeta esté aquí después de que no lo volví a ver en toda la tarde.
Me hago la dormida, parece creerme. Se dispone a dormir, se acomoda a mi lado pero luego lo siento abrazarme.
Me envuelve con su brazo y acaricia mi cabello de manera, que si estuviera dormida, no lo notaría.
Siento su respiración, su cuerpo húmedamente frío que contrasta con el incendio que hay en mí. Lo siento tan cerca y tan mío.
Acerca sus labios a mi mejilla y deposita un beso tierno, un beso que me pide perdón. Luego susurra que me ama, da la vuelta y consigue dormir.
Dormiría en paz si tan solo los rumores no tiraran de mi cabello pidiéndome atención. ¿Qué voy a hacer con tantos rumores? ¿Cómo voy a darle el perdón a Peeta si no tengo el suyo? ¿Cómo voy a salir de estos pensamientos incansables?
No puedo dormir sin contárselo a Peeta, pero esa no es una opción. Me resigno a vivir en vela, esperando el día en que esos rumores crezcan y se conviertan en verdades. Los esperaré despierta y en movimiento.
Me mantengo despierta pensando en los rumores, en el más temible de todos. También pienso en los programas de televisión y en lo estrechamente ligados que se encuentran cada uno de mis terrores.
Haymitch me empuja a hablar de eso cada vez que tiene oportunidad pero ¿sabes? Aún intento buscar indicios de que lo que me dijo aquella madrugada no haya sido más que un sueño. El sueño de un rumor.
El sueño empieza así:
"Después de acostarme en la cama con Peeta, después de quedarnos profundamente dormidos, algo me despierta. Veo el reloj que marca las 12:57 pm, así que con sumo cuidado y recordando la práctica de levantarme sin despertar a quién está a mi lado, me dirijo al baño. Solo abro la puerta y después de buscar mis zapatos de metedera, bajo las escaleras, abro la puerta principal y salgo de ahí. Una figura se extiende a lado de la columna en la entrada de la Aldea, obviamente es Haymitch, porque nadie en el Distrito bebe de esa manera a esta hora de la madrugada. Cuando estoy a unos pasos de él, salto del susto porque de la nada dice – Te quedaste dormida.
– Lo siento, no era día de despertarme a la 1 de la madrugada para vagar por la Aldea, esos son los jueves.
– Como sea – y da un trago a su bebida.
Me paro enfrente suyo y desgarro mis ojos para tratar de ver su rostro, ya que la luz de la luna es casi inexistente. Espero a que diga algo, una explicación o el secreto que escondían sus ojos pero no dice nada, se queda en silencio bebiendo licor.
– ¿Y bien? – pregunto.
– Las personas en el Capitolio son curiosas ¿sabes? Pareciera que ven las cosas de un modo tan distinto. No, no te desesperes, tengo un punto. Los ves y parece que no ha pasado nada, bueno, solo han pasado 2 años, deberían sentirse dolidos aún ¿no crees?
Su forma de hablar, el modo en que se mueve, tan distante y calculado. Me aterra el rumbo que esto pueda tomar.
– La forma en que portan playeras con tu rostro, cómo te imitan y te adoran. Eres su heroína. Es asqueroso. Es asqueroso el modo en que convierten la lucha por una causa en algo entretenido. Cómo la palabra guerra significó tan poco para ellos. ¡Claro que tuvieron bajas! Pero su forma de ver la muerte y la desgracia ajena es tan...
– Diferente.
Es diferente a la nuestra, diferente a la de los pobres que veíamos como arrancaban a los hijos de sus madres y los obligaban a pelear entre ellos. Nosotros veíamos a la muerte como algo inminente mientras ellos la consideraban tan solo una posibilidad.
Sin embargo, el dolor y la desgracia son ajenos al lugar donde vivimos.
Recuerdo el rostro de Effie cuando sacaba el papel que me decía que no tenía oportunidad de librarme del Vasallaje, que mi vida era solo una posibilidad menor a la muerte. Recuerdo el rugido de la multitud cuando creían que yo estaba embarazada y clamaban justicia. Rogaban piedad. Fue ahí cuando entendí que no éramos tan diferentes.
Hijos de los Distritos o hijos del Capitolio. Ambos eran capaces de sufrir ante la desgracia ajena.
– Y fugaz – agrega Haymitch – Al parecer bloquearon las malas experiencias y pretenden que todo vuelva a ser como antes. Las modas, la ropa ridícula, su forma de vida – Pausa para beber – Los programas de televisión.
Hago un esfuerzo por respirar, en vano, pero no me preocupa tanto. Creo que en los sueños no es necesario respirar. Con un hilo de voz bien tensado, pregunto – ¿A qué te refieres?
– Me refiero, preciosa, a que Plutarch nos quiere devuelta. El Capitolio quiere devuelta a sus Vencedores. A sus héroes. Como si quedara alguno de ellos – y se ahoga en alcohol.
– ¿Cómo sabes eso? ¿Plutarch te llamó?
– No, no. Son apenas rumores. Me encontré con un viejo amigo, estaba en todo eso de los agentes de la paz, ya se retiró pero sigue teniendo contactos. Dice que planean reunirnos a todos a no sé qué. Es apenas una maqueta...
– Luego viene el proyecto y después se pone en marcha.
No, esto no es un sueño, es una pesadilla. Es quizá de esas en las que no puedes gritar o correr, que solo te quedas experimentando horror hasta que algo te despierta.
– ¡Katniss! – exclama Haymitch, al tiempo que me sujeta por los hombros como cuando me dijo con los ojos que algo estaba mal, en la tarde, cuando estaba despierta – Solo son rumores, no puedes dejar que esto te hunda. Tienes que estar bien. ¡Piensa en Peeta!
Demasiado coherente para estar ebrio, para que esto sea un sueño. Tal vez esto no es un sueño, tal vez después de todo sí me levanté a la 1 de la madrugada para ver a Haymitch. Tal vez esto si pasó.
– Katniss, te conté esto para que estuvieras alerta. No te confíes en las personas. Si Plutarch se entera de que se van a casar y si no tenía en mente hacer esto de los Vencedores, ten por seguro que lo hará.
– ¿Estás diciendo que no vamos a poder casarnos?
– ¡Estoy diciendo que tienen que tener cuidado! De todos modos, son solo chismes de segunda mano.
Luego seguimos platicando camino a nuestras casas.
– Te lo conté para que lo supieras, no para que te traumaras. Solo son rumores.
Y por un momento, dejo de pensar en mí. Observo a Haymitch y en lo mal que la debe estar pasando. Imagino las pesadillas que tendrá al volver a casa, ambos las tendremos pero yo también tendré a Peeta a mi lado. Él solo tendrá fantasmas. Decido acompañarlo a casa, asegurarme de que duerma en su cama y no debajo de una mesa envuelto en porquería. A pesar de que se niega, lo hago subir las escaleras, trato de hacer que se acueste pero solo se sienta e insiste en que él puede desvestirse solo. Le prometo que vendré mañana temprano y hablaremos, él me promete que intentará dormir y sé que quizá no cumpla con eso pero al menos lo intentará. Me despido y me voy, pidiendo perdón por no poder cuidarlo como lo merece.
Subo las escaleras y entro a la habitación donde Peeta aún sigue dormido y solo parece notar que me fui cuando me acuesto a su lado y pregunta – ¿A dónde fuiste?
– Al baño – respondo. Le doy un beso en los labios, me volteo para que me abrace y me quedo dormida, confirmando así que lo que viví fue real.
Así termina el sueño. De nuevo, me confirma que todo es real. Que no estoy dormida aún, que en lo que estaba pensando no es un sueño, es un recuerdo. Que Peeta peleó con Jason y me llamó su esposa. Que vivo en un mundo donde los rumores existen y donde los programas de televisión vuelven a importar más que las personas.
¡Hola, tributos! Disculpen el retraso, estoy de luto. Pero espero que les guste este capítulo. Coméntenme qué les pareció.
¡Muchas gracias por leer y seguir la historia! Nos leemos pronto.
