Lo que Percy jamás hubiera imaginado es que su idea de un gran día de Navidad no llegaría a ser tal y cómo lo había planeado. Sí, había hecho todo lo que esperaba; había estado hablando con Tyson hasta el amanecer, cuando Annabeth había ido a buscarle y se había encontrado con ambos chicos. Pasaron el día juntos, en la arena, donde la señorita O'Leary jugó con Tyson y, Annabeth y él, pudieron intercambiar los regalos y pensar uno para el joven cíclope.
Todo cambió a la hora de la comida. Percy estaba sentado con Tyson, bebiendo su típica gaseosa azul y escuchando con atención una historia que Tyson le contaba sobre su padre cuando pasó; Grover volvió.
Percy sonrió feliz, era justo lo que le faltaba para hacer su día redondo. Se levantó de un salto y abrazó a su buen amigo. Tras los saludos oportunos Grover entregó sus regalos a Quirón, Annabeth y Percy e incluso a Tyson, que se emocionó y le abrazó contento provocando que el sátiro, quien aún no se había acostumbrado del todo a los cíclopes, balara nervioso.
El regalo de Grover resultó ser café para todos y, aunque no tenían un regalo para él, le correspondieron con una gran cantidad de latas y manzanas. Luego, decidieron pasear por el bosque, donde Grover se reencontró con Enebro y, después, con permiso de Quirón encendieron una fogata donde, en compañía del centauro, quemaron nubes y compartieron anécdotas y risas.
Llego la hora de Tyson para partir y se despidió de los que ya consideraba sus amigos abrazándolos fuertemente y mojándolos con las lágrimas que caían de su único ojo. Una vez Tyson se hubo ido Grover se puso serio.
–¿Podemos hablar?–preguntó a Annabeth, Percy y Quirón. Los tres asintieron y se dirigieron a la casa grande, donde Grover les relató que la flauta de Pan, desaparecida tiempo atrás, debía ser encontrada. Había viajado mucho y pocos fueron los sátiros que confiaron en su historia, nadie le creería si no tenía pruebas y, la mayor prueba que un sátiro podía necesitar, era la flauta de Pan original, ya que esta solo podía ser tocada por un descendiente directo de Pan, por aquel que tenga su bendición o por quien ha heredado sus poderes y, el resto de sátiros al oírle tocar finalmente aceptarían sus palabras. Se sospechaba que la flauta había sido robada por Bóreas, un antiguo enemigo de Pan. Ellos deberían recuperarla y restaurar el honor del difunto Pan.
Tras escuchar la historia todos quedaron en un silencio roto por Percy.
–Tío, ¿no podemos comprar otra?
Se dio cuenta de su metedura de pata al ver la seria expresión de sus acompañantes.
–Solo intentaba ayudar–replicó casi inaudiblemente y algo avergonzado.
Hermione tachaba artículos en una lista comprobando de esa manera tener lo necesario para el viaje. Sus primeras vacaciones a solas con Ron; la idea le fascinaba y aterraba a partes iguales. Mientras tanto, Ron, apoyado en el marco de la puerta, le observaba con una sonrisa en los labios. Si tenía suerte, Hermione consideraría los enseres que había llevado consigo a La Madriguera suficientes para el viaje, aunque teniendo un destino incierto, Ron lo dudaba.
Finalmente Hermione se giró hacia él, mordiéndose el labio inferior, un gesto que a Ron le encantaba.
–Tengo todo lo necesario si vamos a un lugar de invierno, pero ¿y si es uno de verano?
Tenía razón, como siempre. La respuesta vino dada de la mano de su hermana pequeña que había llegado con Harry a la habitación momentos atrás.
–Cuando se marchen tus padres, ve con ellos. Mientras tú coges lo que necesites para verano, Ron hará su maleta. Esta noche iremos a buscarte, ¿verdad Ron?–el pelirrojo asintió.
–Sí, claro–asintió Hermione, concordando con los dos hermanos–Es lo más sensato.
–Vuestras primeras vacaciones juntos, ¡qué emocionante!–exclamó Ginny–Podrías aprender, Harry–el moreno se rascó la nuca sin saber bien que decir. Ron aguantaba una risita, que disimuló de mala manera en una tos falsa. Por suerte para Harry fueron interrumpidos por la voz del Señor Granger que se acercaba en ese momento.
–Hermione, hija, nosotros nos vamos.
–Voy con vosotros, tengo que coger unas cosas para el viaje.
–Está bien–sonrió el Señor Granger–te esperamos abajo.
–Bajamos contigo–Harry, Ginny y Ron asintieron ante las palabras de la castaña.
Tras la despedida, Hermione hizo una aparición conjunta que devolvió a la familia Granger a su hogar.
Percy preparaba una mochila en la cabaña número 3 con algo de la ropa que se había llevado al Campamento; Annabeth, a su espalda, mencionaba todas las cosas que iban a necesitar, revisando ella misma su mochila al mismo tiempo. Probablemente para un joven normal la idea de arriesgar sus vidas en el frío buscando un objeto que ni siquiera sabían con exactitud dónde estaba no sería una cita ideal, pero Percy, y secretamente Annabeth, lo veía como una oportunidad para estar juntos y a solas, una cita casi ideal si se excluían a los dioses antiguos y el hecho de salir del dominio donde sus padres pudiesen ayudarles.
Una vez terminada su mochila, se giró hacia Annabeth con una sonrisa.
–No es la Navidad que habíamos planeado, ¿eh?–ella se acercó a él, sentándose ambos en la cama inferior a la de Percy.
–¿Bromeas? Tuvimos a Tyson, a Grover, una oportunidad para estar juntos y aún nos queda día por delante. No ves todas las posibilidades, sesos de alga–él se rió y se inclinó hacia ella para besarla, ella se apartó riendo y poniéndole una mano sobre los labios–No, ya sabes las reglas, ni si quiera podemos estar solos en la cabaña.
Bajó su mano hasta la de él y le llevó fuera donde ella se adelantó a besarle.
