"Día 1:

Seguimos perdidos en la nieve. Los equipos de rescate no nos han encontrado aún. Hace frío. Jamás pensé que la nieve pudiese ser tan fría."

–Ronald, ¿quieres dejar la grabadora de una vez?–preguntó Hermione exasperada y cansada de dar vueltas sin sentido, añadido al hecho de que Ron parecía no entender la gravedad de la situación.

Tras haber saltado de la avioneta Ron había caído en un claro, suavemente sobre el blanco manto de nieve que cubría el suelo, sin embargo, Hermione no corrió la misma suerte, su paracaídas se enganchó con las ramas de un abeto, dejando a Hermione colgada a pocos metros del suelo.

–¡Ron!–gritó–¡Ron! ¡Ronald!–llamó a voces a su novio quien, alarmado por los gritos de la chica, corrió hasta el lugar donde ella lo llamaba. A pesar de la preocupación que había sentido no pudo evitar reírse al ver a Hermione colgada de la rama lo que empeoró el humor de ella–No seas idiota, ¡bájame de aquí!

–Ya, voy, ya voy–repuso Ron, intentando reprimir las ganas de reírse. Buscó una manera de subir al árbol y la solución se presentó en una rama a la que fácilmente podía llegar e impulsarse. Se sujetó con fuerza y, con un salto, se encaramó a las ramas más bajas del árbol. Tanteando con el pie caminó hasta situarse bajo Hermione–Apoya tus pies en mis hombros.

–¿Estás loco, Ronald?

–Confía en mí, venga.

Alzó sus manos para sujetar los tobillos sobre sus hombros, haciendo fuerza sobre los mismos para que ella notase y entendiese que él tenía un plan.

–Ahora quítate el paracaídas.

–No me sueltes, Ron.

–¿Estás loca?–preguntó él, imitando su pregunta anterior–Nunca lo haría, Hermione.

Aunque conmovida por las palabras de Ron, Hermione no pudo evitar tener miedo mientras se quitaba el paracaídas.

Ron intentó sujetarla cuando ella se hubo quitado la última tiranta de la mochila, pero se quedó en eso, un intento, ya que, sin esperarse el peso de la chica de manera tan repentina, trastabilló y posteriormente ambos se precipitaron hacia el suelo. Ron cayó de espaldas contra la nieve y Hermione encima suya, enfrentada a él, sus miradas se encontraron y en ese momento fue como si el tiempo se parara y no existiera nada más, se olvidaron de todo, de por qué estaban ahí, de que se habían perdido, de John Smith y de que existía mundo a su alrededor, en esos momentos en los que tanto sentían la cercanía del otro solo les importaba ellos, la mirada de Hermione bajó de los ojos a los labios del pelirrojo y la de este la imito, sin saber quien inicio el acercamiento sus cabezas se juntaron sentían la respiración del otro en su piel, el aliento de ambos se entremezclaba y sin que se hiciera esperar más sus labios se fundieron en un apasionado beso. Disfrutaron enormemente de ese contacto, de sus lenguas enredándose, sería imposible decir cuánto estuvieron así, pero tuvieron que separarse y cuando eso ocurrió ambos sonrieron.

–¿Estás bien?–preguntó Ron a su novia tiernamente.

–Siempre que tú lo estés–sonrió ella, frotando su nariz con la del chico.

–No podría estar mejor–respondió el, dándola un suave y corto beso.

–¿Seguro?–preguntó la chica mientras su mirada se tornaba en una de preocupación; al fin y al cabo Ron fue quién se llevo el golpe.

–Segurísimo–repuso él.

A pesar de ese maravilloso momento todo se había torcido a medida que pasaba el tiempo y seguían perdidos, sin saber por dónde seguir, sin nadie que les ayudará y las cosas habían ido a peor desde que Ron, en un intento por hacer reír a Hermione saco la mini–cámara del bolsillo de su chaqueta y comenzó a grabar. Hermione no aguantó más cuando Ron empezó a hablar a la mini–cámara. Ron, con disgusto, devolvió la cámara a su lugar y miró a Hermione.

–¿Qué pasa? Solo intentaba hacerte reír un rato.

–Bien, claramente no está funcionando. Por si no te has dado cuenta estamos perdidos y la situación empeorará si se hace de noche.

–¿Y sirve de algo estarse preocupando constantemente? Amargarnos no nos va a sacar de aquí ¿Sabes?–Ron había alzado un poco el tono de voz.

–Ronald–replicó Hermione alzando también la voz–una cosa es no preocuparse y otra lo que haces tú, ¿amargarnos? ¿según tú eso es lo que estoy haciendo?

–Pues si–Esta vez ya estaba gritando–Eres una amargada incapaz de divertirse.

–Yo me estaría divirtiendo perfectamente, en mi casa, contigo y con mis padres si a alguien no se le hubiera ocurrido la maravillosa idea de unas vacaciones sorpresa y mucho menos si no te hubiese hecho caso y me hubiese traído la varita.

–Eso ¡Cúlpame a mí! Yo solo intentaba darte una sorpresa pero ya veo que no vale la pena hacer nada por ti.

–¿Sí? Pues entonces tampoco tiene que valer la pena estar conmigo. Búscate el camino tú solo.– Y tras decir eso dio media vuelta y se fue, Ron estuvo a punto de seguirla, pero su orgullo se lo impidió así que se marchó en sentido contrario al de la chica.

Annabeth se había detenido súbitamente al escuchar el crujido de unas ramas. Tanto ella como Percy estaban de pie, alerta, mirando a su alrededor; él, con Contracorriente alzada; ella, con su daga en la mano dispuesta a atacar, espalda contra espalda, preparados para cualquier cosa que se les pudiese presentar. Ninguno de ellos esperó encontrarse a una chica llorando; a Percy le pareció tan extraño que no pudo evitar poner su espada más en guardia aún mientras él y Annabeth se acercaban a ella. La chica les miró entre sorprendida y asustada, pero Annabeth habló con voz firme y clara, demostrándola que, fuese lo que fuese ella, no le tenía miedo alguno.

–¿Qué eres?–Percy se colocó un poco por delante de ella, protegiéndola por si a su extraña acompañante se le ocurría atacar por sorpresa.

–Mi nombre es Hermione Granger–respondió ella, su voz temblaba, aunque se recompuso lo suficiente para secarse las lágrimas con una mano.

–No te pregunté tu nombre; pregunté qué eres.

–¿Cómo que qué…? ¿A qué te refieres?–preguntó ella, preocupada porque aquellos dos chicos en medio de la nieve no solo fueran ladrones, sino que la hubiesen escuchado discutir con Ron acerca de haber dejado la varita en casa.

–Annabeth, creo que es mortal–murmuró el chico de pelo negro a su acompañante rubia de ojos grises. ¿Mortal? Hermione no podía creerse lo que acababa de escuchar, ¿no solo había dos chicos en mitad de un bosque sin apariencia de estar perdidos sino que hablaban de ella como mortal?

–Creo que sí, Percy. ¿Qué haces aquí? ¿De dónde has salido?

–Estaba de vacaciones con mi novio, Ron, habíamos ido en un vuelo en avioneta y algo salió mal, la avioneta se descontroló y tuvimos que saltar en paracaídas, parecía que todo iba bien, pero me puse nerviosa y empecé a gritarle porque no parecía entender la gravedad de la situación en la que nos encontrábamos. Él me gritó a mí, discutimos y nos separamos y ahora no sé dónde está, no sé dónde estoy, pero no puedo dejar de preocuparme en que le pasará algo y será mi culpa y jamás podré perdonármelo porque él solo intentaba ser amable y detallista conmigo y…

Hermione dijo todo eso de carrerilla muy deprisa hasta que finalmente se derrumbó sobre el suelo de nieve y comenzó a llorar de nuevo, acallando los sollozos con sus manos. Percy y Annabeth intercambiaron una mirada y Annabeth sacó una manta de su mochila para pasársela a la chica por los hombros e intentar consolarla. Percy se acercó a ambas chicas y se arrodilló frente a ellas.

–No te preocupes, ven con nosotros, te ayudaremos a encontrarle. Yo me llamo Percy y ella es Annabeth, mi novia, y puedo imaginarme cómo te sientes ahora mismo.

–Créeme, yo también–puntualizó Annabeth mirando de soslayo a Percy.

–Gra… gracias–consiguió decir Hermione una vez serenada–¿pero qué hacéis aquí?

–Vinimos volando en un caballo alado al que tuvimos que dejar atrás por una tormenta de nieve. Nuestra brújula se rompió por mi espada, Contracorriente, y vagamos un poco, perdidos, buscando un supuesto hotel regido por un dios antiguo–Annabeth inmediatamente le miró con fuego plateado en sus ojos, pero Hermione se echó a reír sin poder evitarlo. Pasados unos pocos segundos se tranquilizó y miró a Annabeth.

–Tu novio es muy gracioso, ¿qué os ha pasado?–Percy miró a Annabeth con una sonrisa, él había averiguado algo antes que su novia, la hija de Atenea, diosa de la sabiduría. Él había notado que Hermione no se había asustado por su espada, sino por ellos, de modo que no veía a través de la niebla. Para Hermione, Percy podría haber sujetado un palo.

–Senderismo, una brújula rota, perdernos en mitad de una ventisca; lo normal, vamos–respondió ella con una sonrisa.

Percy fue el primero en levantarse y tendió una mano a cada una de las chicas para ayudarlas a levantarse del suelo. Tenían un camino muy largo por delante.

Ron estaba perdido y, aún peor, dolido y preocupado. Dolido porque sabía que se había comportado mal con Hermione, estaba siendo inmaduro y necesitaba su apoyo, no sus gritos y mucho menos que se separaran; preocupado porque Hermione estaba en un lugar ahí fuera. Sabía que Hermione era capaz de cuidarse por ella misma, incluso mejor de lo que él podría hacerlo, pero Hermione estaba ahí fuera, con frío y por su culpa.

Siguió caminando sin una dirección concreta, simplemente suplicando por no caminar en círculos y por poder encontrar a Hermione y disculparse.