Nini: Gracias a todos por leer. He actualizado antes de tiempo porque, como dije al principio, ya la tengo escrita, y aprovecho cualquier tiempo libre para terminar de subirla. Espero que les guste el capitulo de hoy
You are mine
Capítulo 5: Aquí se juega Lacrosse.
Stiles comenzaba a preguntarse en dónde demonios estaba su amigo cuando lo necesitaba. Siempre que Scott se perdía, sucedía algo malo. Siempre. Ya sea que Jackson se dé cuenta que es divertido golpearle el estómago, o que, como siempre, tenga que soportar el solo los gritos del entrenador Finstock. Esa última, justamente estaba pasando ahora.
—Billinski—grito el hombre, Beta, llamando su atención y sentándose al lado de él en la banca, mirando como los chicos, en su mayoría Alfas de último año, corrían por el campo tratando de quitarle la bola al equipo contrario—. ¿Dónde demonios esta McCall?
—Probablemente entre las tetas de una chica, entrenador—responde, bufando, conociendo que el entrenador está más que molesto de que su amigo no se digne a aparecer después de media hora.
Stiles estaba demasiado cansado para tratar de aparentar que estaba de un humor increíble para entrenar. Cada vez que llegaba con su cara de "El día es una mierda", Finstock, que era tan ingenuo ante los temas de omegas que pensaba en los celos como algo relacionado íntimamente con las emociones, pensaba que era una chiquilla llena de hormonas, que en cualquier momento se lanzaría sobre la yugular de alguien o lloraría por el simple hecho de mirarla mal unos segundos. Por ello no se sorprendió cuando el entrenador se levantó, dirigiéndose al lado contrario de la banca y dándole una seña a los demás jugadores para que se alejaran de él.
Stiles bufo.
Ciertamente, cuando estaba a diez días de su celo, se transformaba en una especie de monstruo que llora, grita, y tiene ganas de clavar sus uñas en todos los de su alrededor. Pero faltaba demasiado para que eso pasara, y no era tan peligroso para que todos se alejaran de él. O al menos él no lo pensaba así. Además, podía estar molesto. Scott le había hecho aceptar una apuesta estúpida, la cual probablemente sea su sentencia de muerte, Derek le nombro el nuevo presidente de la clase, había olvidado por completo que hoy era el partido de Lacrosse, y el imbécil de su mejor amigo no había llegado. Tenía derecho de estar molesto.
Sus ojos recorrieron todas las bancas de las gradas, esperando encontrar a Melissa entre esas bancas. Su corazón dio una fuerte sacudida cuando sus ojos se toparon con unos verdes grisáceos que le devolvieron una mirada fulminante. Suspiro, antes de levantarse y dirigirse al imponente alfa que estaba sentado en una de las gradas, dispuesto a todo. Terminemos con esta estúpida apuesta de una buena vez…
Se sentó al lado de Derek, mirándole con una sonrisa.
—Que hay, profesor—saludo por cortesía.
Derek le miro con el ceño fruncido, esperando algo. Stiles se sintió levemente nervioso, pensando que, definitivamente iba a morir en poco tiempo si seguía con la estupidez de la apuesta de Scott.
—¿Qué quieres Stiles? —dijo por fin el hombre, gruñendo un poco.
El chico solo se rasco la nuca, mostrando su nerviosismo y haciendo que Derek arqueara una ceja a modo de silenciosa pregunta. Stiles solamente dejo de hacerlo y sonrío con la comisura de sus labios, viendo el campo de juego.
—No se ve muy feliz—se encogió de hombros—. Aunque claro, usted nunca está feliz. Sería un gran hecho histórico si sonriera por una vez en su vida. Probablemente quien le saque una sonrisa sería el mejor comediante de la historia, y estaría en todos los libros de records como el héroe que hizo sonreír al Profesor Hale. De hecho, pienso que cuando le vea sonreír será el día en que los cerdos vuelen o…
—Stiles—un gruñido le interrumpió de su charla. Le miro con las cejas arqueadas, dándose cuenta que los ojos verdes desbordaban fastidio—. Cállate.
—Bueno, que solamente buscaba un tema de conversación, ya sabes. Para aligerar la tensión entre ambos, porque debes de perdonarme si quiero seguir con vida y déjame decirte que morir joven no está en mis planes. No—sus nervios crecieron cuando Hale le volvió a gruñir, e ignoro, como siempre, el que su omega se removiera nervioso contra la parte inconsciente de su mente—, definitivamente no está en mis planes que, ¿Cómo dijiste?, "Arrancarme la garganta con tus dientes". No me gustan las relaciones que dañan entonces…
—Stiles—volvió a advertir, y esta vez su voz fue suficiente para hacerle callar.
Derek soltó un suspiro. Sabía a lo que se refería el chico a su lado. Sinceramente él tampoco tenía planeado vivir dando amenazas para callar adolescentes bocones hasta que este se graduase, tampoco quería matar a nadie. No quería eso, para nada, y la actitud de Stiles no ayudaba a que él no buscara un camión y arroyase al chico. Y es que este, aunque le conociese desde hace poco, podía hacer escombros el muro de autocontrol que tenía sobre su persona.
Haciendo un esfuerzo sobre humano, comenzó lo que sería algo de lo que se arrepintiese.
—¿Dónde entrena el equipo de básquet de la escuela? —pregunto, ganándose una mirad asombrada de Stiles.
— ¿Me hablas a mí?
— ¿Ves a otro adolescente molesto acaso? Obviamente te hablo a ti, idiota…
—Obviamente me hablas a mí, digo—miro a todas partes buscando las palabras, pareciendo sorprendido—… estás hablando
—Claro que habló, imbécil, ¿Pensabas que el único que hablaba eres tú? No porque tú tienes una incontinencia verbal y no te preste atención signifique que no entiendo.
—Oh—se rasco la nuca, antes de verle de nuevo—. Pues desde hace mucho que no hay equipo de básquet, aunque sigue habiendo equipo de natación. De hecho desde hace una década que no hay uno. Aquí lo que manda es el Lacrosse.
Derek frunció el ceño. Adiós a su idea de ser entrenador.
— ¿Cambiaron un deporte de verdad por uno en el que los chicos corren con palos? ¿Qué demonios pensaban? —hablo en voz alta, mirando con el ceño fruncido al entrenador Finstock y cruzándose de brazos.
—¡El Lacrosse es un deporte de verdad! —exclamo indignado el chico a su lado, y desvió su mirada para verle frunciendo el ceño y mirándole con molestia.
—Lamento decírtelo, Stiles—su nombre sonó como una burla en su boca, y sonrió cuando el chico frunció la boca en pura rabia—, pero no es un deporte de verdad.
—¿Así? —Se acercó, entrecerrando los ojos y frunciendo el ceño ante la sonrisa pretensiosa que les estaba dando Derek—, ¿Y qué sabes tú, oh gran poderoso Alfa?
Un gruñido creció en su pecho ante el sarcasmo, y el mismo se vio entrecerrando los ojos y acercándose gruñendo al chico, que en lugar de apartarse sonrió de la misma manera que él lo había hecho. Eso lo altero aún más, y antes de que se diera cuenta ya había invadido el espacio personal del chico y había gruñido aún más abiertamente.
—Repítelo—le reto, sintiendo sus ojos hervir en furia. La sonrisa del chico creció.
—No. Sabes. Nada. Alfa—Stiles se deleitó de una manera casi bizarra al decirlo de una manera tan lenta, arrastrando las palabras, viendo como el coraje de Derek crecía con cada letra pronunciada y que el gruñido no menguaba.
Derek era divertido. De una manera extraña.
—¡Stillinski! —el grito del entrenador le hizo sobresaltarse, y al mismo tiempo, darse cuenta de la cercanía de Hale.
Haciendo un acto de sus reflejos, y su torpeza, se levantó de un salto de las gradas, tropezando y cayendo de cara contra el suelo lleno de pasto del campo. Escucho la risa entre dientes llena de burla que soltó Derek, y se reincorporo con rapidez aparentando que no había pasado nada.
—¿Si entrenador? —contesto, llegando hasta este y mirándole cruzar los brazos.
—¿McCall vendrá? Estamos a punto de empezar.
—No lo sé…—contesto de manera sincera, mirando a ambos lados. Había olvidado por completo que Scott no estaba ahí. Entonces tenían pocos jugadores, lo que significaba qué…—Oh diablos.
—Entras al campo—el entrenador se lamentó de decirlo, y hasta el mismo Stiles se estaba lamentando en este momento.
Él apestaba en Lacrosse, aunque quisiera no hacerlo, realmente le salía natural. Y ahora, en uno de los juegos más importantes tenía que entrar al campo. Él, un omega torpe y flacucho, solo porque su mejor amigo, un Alfa fuerte y además de eso un imbécil total, no llegaba al campo a tiempo. Un escenario en el cual perdían le llego a su cabeza, y sufrió, porque vio a sus compañeros de equipo, sobretodo porque Jackson si era capaz, golpeándole en los vestuarios y culpándole de la derrota de su equipo en uno de los juegos más relevantes de toda la temporada de Lacrosse de este año. Gimió en desacuerdo, pero antes de que dijera nada el entrenador tomo su brazo y lo lanzo al campo.
—No lo arruines—gruño Jackson, pasando a su lado y entregándole el casco, golpeándole con él el pecho.
Stiles dirigió su mirada a su padre, sentado junto a Parrish, observándoles ambos con orgullo. Demonios…
Y el juego comenzó.
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Corría, esquivaba, o al menos trataba de hacerlo, sintiendo que sus pulmones quemaban Jadeaba cansado, demasiado cansado para seguir corriendo. No podía dejar de correr ahora, se recordó mentalmente mientras esquivaba al gigantesco tramposo que le llevaba apaleando desde que comenzó el juego.
Maldición, no podía hacer nada.
El sujeto hacia todo lo posible por herirle, y ni siquiera tenía la pelota o estaba cerca de ella cuando lo sentía empujarlo. Estaba cansado, herido, pero no podía dejar de jugar, porque obviamente eso buscaba, y no se rendiría tan fácil.
Cayó al suelo raspándose las rodillas y parte de los brazos. Le había alcanzado.
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Derek miraba todo con los dientes apretados, apunto de lanzarse contra el Alfa del equipo rival y molerlo a golpes. Su interior le gritaba que no dejara que lastimaran al omega, porque eso era. Aunque fuera un bocazas idiota con muchos problemas sobre como quedarse callado, de imprudencia, y suicida, seguía siendo un omega, y él un alfa.
Sentía que el Sheriff a su lado pensaba lo mismo. John estaba viendo como su hijo era golpeado sin dejar de ser lastimado por el gigante aquel. El entrenador estaba aún más enojado, gritando cosas sin sentido para que el árbitro hiciera algo. Pero John sabía que no podía hacer nada para evitarlo, que él se estaba arriesgando al dejar que Stiles jugara en primer lugar, y que fuera un omega no le daba una ventaja sobre las reglas. Si su hijo iba a jugar, debía de hacerlo igual que los demás.
Pero eso no evitaba que soltara algunos insultos.
—¡Déjalo en paz, demonios! —escucho que el Sheriff volvía a gritar, y le compendió.
Derek pensaba exactamente igual.
—Calma John—trato de apaciguar el chico rubio sentado al lado del Sheriff.
—¿Cómo me pides que me calme? —replico este, escandalizado—. Ese imbécil está dañando a Stiles..
Entonces cuando un grito de dolor salió de los labios del gigante, se sorprendió de ver como Stiles, el pequeño omega bocón, se lanzaba contra este, chocando con su costado el pecho del Alfa y tirándolo al suelo. Podía ver como el chico Stillinski se tomaba el hombro, sobándolo un poco, y pudo apostar que el golpe debió de haberle dolido más a él que al Alfa, pero eso no importaba, porque la gente gritaba al ver que había sido derribado.
El pequeño omega era fuerte, pensó, sintiendo como su Alfa chillaba de emoción en su interior, de manera orgullosa. Y es que un omega normal hubiera salido desde hace unos minutos fuera del campo, lastimado por los golpes múltiples que había recibido, pero él no parecía querer hacerlo. Derek sabía que Stiles no quería rendirse ante nadie, y si no lo había hecho antes con él y sus amenazas, tampoco lo haría ante ese Alfa estúpido y sin cerebro. Al no rendirse demostró que no era débil, y se lo había demostrado. Definitivamente, Stiles Stillinski era demasiado impredecible.
Estaba orgulloso de él. Su alfa lo estaba, Derek lo estaba.
Antes de que se pudiera detener, se escuchó susurrando.
—Bien hecho Stiles.
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Stiles se tomaba el brazo, adolorido, viendo como el chico se reincorporaba del suelo y era detenido por el árbitro antes de que se abalanzara contra él. Sonrió un poco, sabiendo que había dado lo mejor y era hora de salir del campo.
Dirigiéndose a las bancas, llevo su mirada hacia las gradas, donde su padre le miraba con una sonrisa, al igual que Parrish. Sonrió el mismo, y sus ojos se movieron por las gradas topándose con unos de color verde. Derek.
Hale le miraba, con un brillo extraño en sus ojos. Stiles contuvo la respiración repentinamente, expectante a algo. Y entonces, cuando las comisuras de la boca del profesor se curvearon dándole una sonrisa, soltó todo el aire en una sonrisa.
—¿Qué me perdí?
Y la sonrisa se borró.
—Demonios Scott—gruño, mirando a su mejor amigo que venía corriendo ya vestido. Lo fulmino con la mirada y soltó su hombro, solo para acercarse a él unos pasos y tirarle un puñetazo—. Eres un idiota.
—Si bueno—sonrió nerviosamente el otro, aguantando el golpe y rascándose la nuca—. Hubo un accidente de auto y…
—No me importa—volvió a gruñir, sonriendo esta vez e interrumpiendo al Alfa—. Ahora sal al campo y gana el juego, antes de que comience a pensar que recibí golpes por nada.
McCall le dirigió una mirada preocupada, antes de ponerse el casco y salir corriendo hacia el campo. Un coro de aplausos sonó dándole la bienvenida a su amigo, y sonrió.
—Ahora ganaremos…
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Y como Stiles había dicho, ganaron.
Como siempre, la celebración fue gloriosa y exagerada, como si hubieran ganado un mundial de Lacrosse o algo parecido. Pero le gustaba, era gratificante y hermoso ver como todos los demás sonreían celebrando su éxito, compartiendo su emoción, reconociendo sus habilidades. Se acercó a su padre, recibiendo un abrazo de este.
—Muy orgulloso de ti—dijo su padre contra su cabello.
—Yo estoy adolorido—gimió de dolor, de manera exagerada, haciendo reír a su padre—. No te rías de mi desgracia.
—Eres un dramático—negó el hombre sonriendo—. Anda, que Parrish pronto vendrá y preguntara donde estas. Vete con Scott antes de que te encuentre.
Y Stiles desapareció.
Salió de la escuela, donde aún gritaban, y se dirigió a su jeep, montándose en él. Antes de que se diera cuenta, ya gritaba de emoción dentro del asiento delantero, sonriendo de manera abierta, gozando su éxito.
Habían ganado.
Había demostrado que no era un debilucho omega como todos los demás.
Había hecho sentir a su padre orgulloso.
Había hecho sonreír verdaderamente a Derek Hale.
Y le había gustado.
Entonces Stiles se propuso algo así mismo.
—Hare que sonría más seguido—murmuro en la confidencialidad de su jeep, antes de arrancar y dirigirse a casa.
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Hale se metió en su auto después de una hora larga esperando que la gente de la escuela se fuera, ignorando olímpicamente el hecho de que estuviera chocado y no luciera como a él le gustaría. Sabía que si prestaba atención de nuevo a ese golpe, probablemente iría y preguntaría por Stiles en la comisaria, su dirección, si trabajaba, sus multas de tránsito, todo. Pero no podía arriesgarse a buscar información sobre un joven omega de dieciséis años, pues claramente el Sheriff preguntaría de inmediato sus propósitos. Y aún más pues este era su hijo.
Definitivamente no podía decir que choco su auto.
Todo el sentimiento de orgullo se esfumo de repente, sintiendo de nuevo la rabia.
Stiles definitivamente se había lucido, pero él no era precisamente una persona que olvidara fácil, y el chico quiera o no le debía la ida al mecánico.
Arranco sin siquiera importarle la mirada inquisidora que el Sheriff le dirigía desde la puerta de la escuela.
El taller de Chuck no estaba lo suficientemente lejos de su Loft como para pedir un taxi. Pensó eso, antes de estacionarse en el lugar y hablar con la mujer encargada de recibir a los clientes. Probablemente, la distancia entre el taller y su loft eran importantes, porque de manera obvia su coche no saldría con él esa noche. Y cuando observo con claridad la cara que había puesto el mecánico en turno al ver su golpe, supo con claridad que era así.
—Amigo—suspiro el chico, un poco mayor que él—, eso es un buen golpe. ¿Cómo demonios pudiste hacerle esto a un pobre auto tan hermoso?
—¿Podrás repararlo o no? —espeto, con rudeza, cruzándose de brazos y frunciendo el ceño en una actitud intimidante que era ya una costumbre. El hombre sonrió de manera nerviosa.
—Claro que puedo, viejo, pero…—se llevó una mano al mentón, observando aún más el coche—, costara.
—¿De cuánto dinero estamos hablando?
Definitivamente Stiles merecía sufrir, gruño mientras caminaba con dirección a su hogar temporal, con su maleta llena de papeles en una mano y la otra hecha un puño tenso en su costado.
También el mecánico, Darren, merecía sufrir. Se notaba que disfrutaba sacarle tanto dinero para dejar su auto como nuevo, sus ojos brillaban en satisfacción y se necesitaba ser muy idiota para no notarlo. Camino con paso más rápido, lanzando una maldición en voz alta debido a la furia. Se detuvo de manera inmediata.
Derek se sintió observado.
Conocía tan bien aquella sensación, que sabía que no era una coincidencia. Alguien le observaba, desde lejos probablemente. Y eso no le gustaba en lo absoluto. Así que solamente escuchar unas pisadas detrás de él, sus sentidos se agudizaron buscando algo extraño en su entorno, aunque no encontró nada cuando se giró buscando al responsable, más que a un anciano caminando de la mano de un niño que tironeaba de él hacia una repisa llena de juguetes.
Soltó un gruñido, comenzando a caminar de nuevo, tranquilamente esta vez, para que no se dieran cuenta que definitivamente sabía que le observaban. Sonrió un poco al saber que no se atreverían a dispararle en medio del centro de la ciudad. No creía que fueran tan idiotas.
Llego al Loft, azotando la puerta y poniente el pestillo de inmediato. Olfateo todo el lugar, buscando un aroma que le alertara de un posible intruso, aunque no encontró otro olor más que el de cemento que desprendían las paredes. Se sintió un poco menos tenso en ese momento, pudiendo descansar unos segundos antes de tensarse de nuevo, escuchando como un sonido venía desde la ventana. Corrió hacia él con rapidez, abriéndola y viendo como una bola de pelos entraba a su sala.
Un pequeño gato de color marrón le regreso la mirada antes de bufar como minino y salir por la misma ventana por la que había entrado.
—No es mi culpa que no te haya agradado—comento de manera ruda, cerrando la ventana.
Estaba solo por fin, pensó.
Suspiro, quitándose todo el ridículo vestuario que estaba obligado a llevar en la escuela. La corbata fue la primera en caer al suelo, seguido de sus zapatos y pantalón. Probablemente no era una idea inteligente el estar desvistiéndose en la puerta de su casa. En pocos minutos quedo solamente en ropa interior, y el frio le rodeaba de nuevo y calmaba la ira que comenzaba a burbujear en su estómago con una intensidad que era la única manera de controlarla. No podía ir a su Camaro y encender el aire acondicionado para calmarse, y eso definitivamente no ayudaba a menguar la furia que le provocaba volver a pensar en el omega hiperactivo.
Su celular comenzó a sonar de inmediato. Lo levanto del suelo, donde cayó después de quitarse los pantalones, y contesto sin ver quien era.
—¿Qué ocurre? —fue la respuesta que soltó.
—¿Así es como saludas a tu propia hermana? —la voz de Laura era inconfundible ante sus oídos, y no pudo reprimir fruncir un poco el ceño—. No frunzas el ceño, Derek, sé que lo estás haciendo.
—¿Qué sucede, Laura?
—Estamos preocupados—suspiro la Alfa al otro lado de la línea—. No nos has llamado desde que llegaste a Beacon, y no sabíamos si estabas bien.
—Estoy bien. Ya tengo un piso en el cual alojarme, y la escuela no es tan mala como había esperado
De hecho, es peor. Agrego en su mente.
—Oh, eso es bueno Derek. Mamá piensa que se te ocurriría la gran idea de dormir en el bosque como cuando éramos niños. Recuerdo que era divertido hacerlo, y viendo que no tienes problemas en dormir en la intemperie…
—¿Me creen un salvaje? Puede que me guste, pero no por ello pienso vivir así.
—Derek, a mí no me engañas. Tú amas vivir en el bosque, o al menos lo hacías…—frunció el ceño un poco más, escuchando como la voz de su hermana se iba extinguiendo—. Bueno, iré al grano. ¿Te has topado con la maldita estirpe Argent?
—No, Laura—respondió, con cautela, sabiendo que su hermana sería capaz de ir de inmediato si decía que se sentía observado desde que llego a Beacon, y que, como cereza del pastel, se había enterado que Allison Argent iba en la clase baja su tutela—. Pero estoy seguro que no se irían de Beacon tan fácil.
—Entonces siguen ahí…
—Espero que eso no sea un inconveniente para ti y mamá—se apresuró en decir. Laura suspiro.
—No te preocupes, Derek. Mamá está convencida. Después de que te fueras charlamos Peter, ella y yo sobre el regreso a Beacon Hills, y está totalmente de acuerdo contigo. No es tiempo de escondernos. No más. Estoy harta de sufrir cada día con el presentimiento de que en cualquier momento atravesaran la puerta y dispararan a los niños. No somos vulnerables. Y hay que demostrárselos.
Derek soltó un gruñido de aprobación, y sintió a Laura sonreír contra el teléfono.
—Y dime Der—el tono cambio radicalmente, y sintió un escalofrió en la espalda. Oh no—, ¿Alguna Omega ha llamado tu atención? —El rostro de un chico lleno de lunares paso rápidamente por su mente, y su Alfa en su interior gruño de una manera que no supo interpretar. Stiles definitivamente había llamado su atención, pero no de esa manera. No contesto—. Tu silencio me dice que sí. Espero que cuando vuelva a Beacon ya tengas pareja, Der. Un hogareño omega es perfecto para menguar el carácter de macho dominante y amargado que te cargas.
Y Laura colgó. La maldita de su hermana colgó. Burlándose de él, por supuesto.
Se lanzó a la cama cuando llego a su habitación, acostándose boca arriba y colocando sus brazos debajo de su cabeza.
Malditos Argent que le asediaban.
Maldita Laura.
Malditas hormonas enloquecidas de los adolescentes en su escuela.
Maldito Darren el del taller mecánico.
Maldito Stiles.
