You are mine

Capítulo 7: Por supuesto, Presidente Stiles

El profesor Harris tenía algo contra él, eso cualquiera que estuviera en el mismo lugar que ambos el suficiente tiempo para escucharlos interactuar entre ellos se daba cuenta. Stiles era reprendido en su clase por lo menos cuatro veces al día, siendo molestado por el profesor de química cada vez que este veía la oportunidad de hacerlo, y aunque se había vuelto una rutina desde el comienzo del año escolar, siempre podían llegar a sorprenderse del odio que mostraba Harris hacia el chico.

Stiles no sabía porque era víctima del odio de su profesor, y tampoco era como si no hubiera tratado de investigar al respecto. Recuerda que el primer día hastió hasta la medula al pobre hombre con su interrogatorio, preguntándole una y otra vez a que se debía que le molestara y le llamara la atención muchas más veces que a los demás estudiantes. Y aunque este claramente se haya rehusado a contestar, Stiles sospechaba que se debía a una rivalidad que tuvo con su padre, pues asistieron a la escuela en la misma generación.

Ya estaba acostumbrado a los maltratos cada clase, pero esto había llegado a sus límites.

Todo era gracias a Scott. El maldito Scott. Si el muy idiota no le hubiera preguntado porque exactamente Derek había llegado con él en la mañana en la clase de Harris, probablemente ahora no estuviera en este horrible problema.

Oh sí, porque Harris le odiaba.

—Sillinski, McCall—dijo el profesor, con su usual tono de fastidio ante las interrupciones de él y su amigo. Se acercó a su mesa, mirándoles con una ceja alzada, y Stiles, como siempre, no bajo la mirada ante los exigentes ojos de su profesor Alfa—, ¿Se puede saber que es tan importante como para interrumpir mi clase, y encima es lo suficientemente gracioso para que sus cerebros exijan reírse?

Scott se mostró un poco temeroso, pues sin duda alguna Harris era capaz de castigarlos si se lo proponía, y eso siempre sucedía cuando se trataba de Stiles.

—Un tema personal, profesor—contesto el omega, sonriendo de manera inocente.

—Y supongo que ese tema personal es bastante íntimo como para no compartirlo con la clase, ¿o me equivoco?

Stiles sintió sus propios dientes apretarse, mientras tensaba la mandíbula ante el tono irónico y burlón que el profesor se empeñaba en usar con él, haciéndole sentir inferior y como si tuviera un retraso mental de algún tipo, cuando era obvio que poseía una de las mentes más brillantes de la escuela… eso sin contar a Lydia, por supuesto.

—Está en lo cierto, profesor—Scott decidió responder, observando con atención como los ojos de Stiles se afilaban.

—Entonces, si no quieren divulgar ese pequeño secreto y ganarse un castigo, supongo que deben de guardar silencio—y con eso, el profesor se dio media vuelta y camino con dirección al escritorio.

Pensó que sería un día normal, y que como no quería tener que estar otro día castigado, decidió guardar silencio durante todas las clases. O eso pensó hasta que el timbre sonó, y se dio cuenta que la siguiente clase era Tutoría.

Antes, si le hubieran preguntado cuál era su clase más fácil, hubiera respondido que sin duda alguna era tutoría, pues claramente solo era una excusa infructífera para perder el tiempo y pagarle a otro maestro, para mantener ocupados a los jóvenes una hora más al día y evitar que salieran temprano e hicieran desastre al estilo película de adolescentes rebeldes, que solo era una hora en la cual dirían sus problema a un profesor en específico y este haría que escuchaba solo para no arruinar el concepto que los alumnos le tenían, pero que en el fondo no le importaba una mierda lo que los pobres adolescentes sentían y solo quería llegar a su casa a comer, beber y tener diversión; por lo mismo no le importaba en lo absoluto el quedarse callado en esa clase, y de hecho la utilizaban para conversar con tus amigos. Y aun más sabiendo que el Profesor Yukimura, el padre de su amiga Kira, era su tutor. Lamentablemente, su profesor, querido profesor, de historia tuvo un accidente de coche, y en ese mismo momento estaba en reposo en una cama comoda, dejándolos a merced de un idiota como Derek Hale.

Ahora, definitivamente se le hacia una de las clases donde quedarse callado era fundamental para sobrevivir. Porque no había investigado lo que quería de Derek, y si realmente era un asesino de omegas que buscaba a su próxima víctima para mutilar, no quería ser dicho cuerpo mutilado.

Quiere vivir.

No es suicida.

O al menos no de ese modo.

Entonces, cuando llego y Scott y Allison le guardaron un lugar entre ambos, que estaban sentados en las filas continuas a la suya, no dijo absolutamente ninguna de las preguntas que internamente quería hacerles a ambos. Aunque su cabeza no se quedó tranquila.

Algo tramaban.

Se sentó sin decir nada, viendo como Derek, que seguía con la cara de humor de perros, escribía en la pizarra.

—Cómo deben de saber—comenzó, dándose la vuelta y permitiéndole a Stiles leer lo que decía en la superficie de color verde. Introducción—, la clase de tutoría está altamente ligada a la ética y la lógica, y es para orientarles en la vida. Para que tomen las mejores decisiones y sepan que buscan de la vida.

—Yo ya sé que quiero de la vida—comento una voz al otro lado del salón, y de manera automática Stiles se tensó ante ella, girando de manera temerosa la cabeza y topándose con la posee engreída de Jackson.

Derek asintió.

—Muchos de ustedes conocen lo que quieren hacer, que carrera desean estudiar, y donde planean vivir—se giró para escribir otras palabras: ¿Cómo son ahora y cómo se serán en diez años?—. Pero otros muchos no tienen ni idea de lo que quieren. Esta clase es para orientarles

La mirada verdosa de Derek recorrió el salón antes de que se idea cuenta de lo que hacía, viendo los rostros de todos los jóvenes mientras que su cerebro de manera inconsciente buscaba uno en específico. Unos ojos de color whisky le miraron desde la parte de atrás, y su alfa gruño al ver la expresión de burla que el adolescente se cargaba ese día. Demonios, ¿Qué acaso ese chico jamás le vería con respeto?

—Este es el trabajo de hoy, deben de dejarlo en el escritorio cuando terminen—Frunció el ceño con molestia, bufando ante la mirada confundida de los demás, sentándose en su escritorio y sacando una libreta y una pluma, tratando de distraerse.

Stiles se giró a ver a Scott después de esa muestra de ira del profesor Hale, y se encontró que este le miraba con una sonrisa. Le guiño el ojo, y ambos tuvieron que ahogar una carcajada. Era demasiado divertido.

Miro su escritorio, donde una hoja en blanco le regreso la mirada, burlona, riéndose de él y su aparentemente falta de inspiración. Tomo la pluma entre sus dedos, pasándola de un lado a otro y dándole un par de golpecitos a la horilla del escritorio con ella. Al parecer, su cabeza no quería funcionar, o no al menos correctamente para no quedar como un idiota frente al profesor Hale.

Stiles sabía perfectamente que esperaba de la vida, lo que quería hacer, lo que quería vivir, lo que quería provocar.

Era un ideal, un líder desde nacimiento, un soñador dispuesto a hacer lo que sea para realizar sus sueños y demostrar de lo que estaba hecho frente a un mundo cruel y realista. Él quería ser un héroe, un modelo a seguir para los demás omegas que estaban reprimiendo su talento por vivir en esa jerarquía estúpida, donde solo debían de servirles a los alfas y llevar a sus hijos en sus vientres, y al final solamente quedar como un ama de casa, o en todo caso, un niñero o maestro de preescolar. Él quería lograr que aquellas personas rechazadas por su jerarquía, ya sean betas, omegas o alfas, lograran demostrar que esa condición no significaba seguir los estereotipos impartidos por los medios de comunicación y el gobierno, que la biología no dictaba como debían de vivir, como debían de pensar y lo que debían de sentir. Él quería ser la persona que lo cambiara todo, el valiente que se aventara al mundo y gritara que él no seguiría las reglas.

Su padre conocía perfectamente ese lado anarquista que dominaba su corazón y gran parte de su razón, porque ciertamente lo había heredado de él, de John, y de Claudia, su madre. Stiles era la perfecta combinación entre ambos, idealista como su madre, lleno de coraje y orgullo como su padre, y con el ingenio de los dos. Una combinación perfecta, y Stiles lo sabía. Sabía, o al menos sentía, que de alguna manera él era diferente, él fomentaría el cambio.

Saber que quería era fácil. Lo difícil era expresarlo en palabras y no quedar como un completo psicópata egocéntrico como Jackson. Y eso definitivamente era algo que quería evitar, con un Jackson era más que suficiente en el mundo.

Bufo, dejando caer su cabeza en el pupitre, sin ideas y con su dramatismo oficial.

Un golpe en su cabeza le hizo levantar la vista, y se encontró con una bolita de papel en su escritorio, que seguramente reboto contra su coronilla y cayó en él. Con el ceño fruncido, desdoblo lo que él creía que era un mensaje para su persona, y se encontró con la conocida letra redonda de Scott.

"¿Qué pondrás?"

Rodo los ojos ante el mensaje tan predecible de su amigo, negando con la cabeza levemente. Miro hacia Scott, quien le miraba de igual manera, suplicante. El mismo se encontró dando una negativa con la cabeza, antes de garabatear con letra desordenada un "No lo sé" de color rojo, antes de remarcarlo con marcador amarillo fosforescente y lanzar la pelota de papel, la cual golpeo a Scott en la cara. Un escalofrió le recorrió el cuerpo, haciéndolo casi saltar de su silla.

Alguien lo observaba.

Sintiendo la mirada penetrante de alguien sobre él, se encontró buscando al responsable del estremecimiento, y sintió la típica frialdad en el pecho que indicaba un mal presentimiento. A veces solía ser demasiado paranoico, pero cuando su pecho se congelaba con la gélida sensación casi fantasmagórica, y muy espeluznante a decir verdad, sabía que algo iba a pasar. El sentimiento de sentirse como un hámster de laboratorio no ayudo en lo absoluto a calmar su estado. Los ojos azules de Jackson se encontraron con su mirada, y supo que, cuando este sonrió de manera arrogantemente ladina, la cual significaba que sus amigos habían planeado algo en contra de Stiles otra vez, que era muy probable que sí lo castigaran.

La bolita de papel cayó sobre su escritorio, sin tocarle esta vez, y decidió desdoblarla y observar con atención hacia Scott, cuyos ojos mostraron lo preocupado que debía de estar. Sonrió para aminorar esa preocupación, y leyó el mensaje.

"¿Qué pasa con Jackson? ¿Otra vez te molesto?"

Stiles suspiró, dejando caer su cabeza en sus manos, en un ademan de frustración. Scott era un maldito ingenuo para muchos temas, cosa que le desesperaba de sobre manera y le alteraba, sin contar todo el estrés que tuvo que soportar cuando sus padres, Melissa y John—quienes parecían tratar de apoyarse uno al otro como padres, debido a que no contaban con figuras paternas y maternas, respectivamente—decidieron que ya era hora de tener la charla con el pequeño Scotty y él. Fue una completa pérdida de tiempo lo que tardaron en hacer que Scott comprendiera… como sea, eso era un punto a parte. Si bien era ingenuo, y un poco idiota, cuando se trataba de Stiles un misterioso poder de deducción al estilo Sherlock tomaba posesión del de rasgos latinos, lo que le daba la capacidad de saber exactamente cuándo Stillinski mentía o estaba mal, e incluso cuando se aguantaba las ganas de ir al retrete—cosa seriamente vergonzosa, a decir verdad—. Y eso pasó justo en ese momento.

Escribió un "Nada grave, no te preocupes" antes de volverlo a pasar, y poner su completa atención a la hoja de papel, que seguía bufándose de él. La mitad del salón ya estaba entregando su hoja, y él seguía sin escribir absolutamente nada.

Al diablo todo.

Antes de que se diera cuenta ya tenía toda la hoja llena de sus palabras, expresando base a su criterio y tomándose suficientes libertades como para emplear modismos y palabrotas cuando eran requeridas, rebasando los límites del trabajo y detallando todos y cada uno de los motivos, con comas a montón para separar sus comentarios jocosos de las oraciones, agregando unos cuantos paréntesis más para aclarar una frase.

Releyó rápidamente su trabajo, y sonrío. De acuerdo, no era su mejor trabajo, pero era tutoría y le importaba un demonio lo que Derek pensara. Era holgazán, no, pero la situación de la crisis de inspiración era demasiado difícil de sobrellevar en algunos momentos.

Se levantó, dándole una mirada a Scott, quien seguía escribiendo en su hoja, antes de dar un paso.

Irremediablemente cayó al piso, tropezando con lo que, al parecer, era una pierna.

Las risas no tardaron nada en aparecer, y sintió las mejillas calientes, como siempre, conociendo bastante bien la sensación del sonrojo que le delataba a diario. Se reincorporo, bufando y gruñendo por lo bajo al beta quien le había tumbado. Definitivamente, pensó al ver la sonrisa característica de los allegados de Jackson, no podía ponerse peor.

—Stillinski, ¿Se encuentra bien? —la voz de Derek por alguna extraña razón es lo máximo que soportó, y antes de siquiera pensar en una buena replica se encontró con la mirada furiosa del profesor, sintiendo claramente como la mano del mismo rodea su brazo y lo guía con fuerza fuera del salón de clases.

Stiles pensó en esos momentos que la mano del alfa era lo bastante cercano a un agarre de acero, fuerte y sin dejar escapatorias, pero su piel irradió calor sobre la camisa a cuadros del omega, dándole la sensación que más bien un metal caliente es el que le apresa.

Derek no dijo nada en todo el trayecto, pero cuando lo suelta en el pasillo a las canchas de Lacrosse, de alguna manera vio todo lo que el hombre ocultaba detrás de esos ojos color verde grisáceo. La decepción, la furia y sobre todo una potente preocupación antes de que las emociones se desvanezcan, tan rápido como habían aparecido y dejando la frialdad de nuevo.

—¿Qué demonios te sucede? —la voz de Hale es un gruñido bajo que le hizo estremecer con fuerza, y tuvo que hacer puño sus manos para no mostrar una muestra de sumisión de nuevo.

—Nada—dijo con fuerza, casi espetando, mirándole directamente a los ojos antes de volver a abrir la boca, esta vez con su tono desafiante impregnando cada una de sus palabras, esperando que así el alfa comprendiera que no puede exigirle nada—. Además no creo que te importe.

—¿Por qué siempre tienes que ser tan difícil? —Stiles abrió los ojos sorprendido, viendo como las manos inquietas de Derek se pasan por su cabello un par de veces, notando la exasperación—. ¿Qué acaso no vez que trato de ayudar?

—Ayudar—repitió incrédulo, y es su turno de hacer un gesto de exasperación, alzando los brazos hacia arriba—. ¡Lo que haces no es ayudarme, Derek!

—Al menos lo trato…

—¿Quién te dio permiso de ayudarme? Y lo que es más, ¡¿Por qué demonios tratas?!

El Alfa le ve a los ojos unos segundos, y Stiles se dio cuenta que estaba buscando algo, una señal o alguna otra cosa que le confirmara una teoría o algo similar. Observo con atención como Derek pasó saliva, antes fruncir la boca y el ceño, mirándolo con furia.

—Porque se suponía que querías ser mi amigo. Eso no solo es unilateral, Stiles. Se supone que yo también me preocupe por ti.

Stiles no dijo nada, bajando la mirada al suelo y quedándose en silencio, tratando de entender las palabras de su profesor mientras escucha con atención como este se aleja, con pies pesados y probablemente furiosos. No sabía que decir, y tampoco sabía porque tenía el impulso insano de girar y estrellar su cabeza contra un muro de concreto.

Su omega gritaba en su interior mientras se dispuso a caminar hacia la cafetería, arañándole la mente con garras intangibles y provocándole migraña. Se sentó en una mesa vacía, dejando caer su cabeza contra la superficie de color metálico y sintiendo el frio aliviar algo del dolor. Las palabras de su inconsciente se repetían una y otra vez mientras gemía quedito y de manera dolorosa.

Eres un mal omega, Stiles.

Nadie te querrá jamás si sigues con esa actitud.

El Alfa solo se preocupaba por ti.

—¿Por qué me siento feliz por ello?

.

Scott corría por los pasillos en dirección a la cafetería, donde esperaba encontrar al imán de accidentes que era su amigo y poder encararlo sobre lo que había pasado. Y de paso decirle lo que había pasado en la clase cuando él se fue.

Los alumnos pasaron detrás de él, como manchones de color, y acelera el paso cuando vio la puerta más cerca de él. Jadeo un poco, abriendo la puerta, mientras que su mirada de manera autómata recorrió las mesas, permitiéndose sonreír cuando encontró la cabellera castaña de Stiles sentada en una mesa vacía.

Se dirigió a él sin vacilar, dejando caer su peso en una silla al lado de él.

—¿Por qué la vida me odia? —dijo Stiles antes de que pudiera decir nada, y McCall frunció el ceño en confusión. Su amigo levanto la mirada, y Scott ve con preocupación como sus ojos muestran verdadera duda—. ¿Por qué no puedo ser como los demás omegas y someterme y levantar el culo cuando los alfas me lo piden?

—Porque no serias tú—se limitó a decir, rodeando con dificultad los hombros de Stiles con los suyos—. Nunca antes te había preocupado eso…

—Estoy cansado del acoso escolar de Jackson—se encogió de hombros, enderezándose y recargando su cabeza en el brazo de Scott, con pereza—. Al menos siendo sumiso no me golpearía tanto.

—Pero media escuela ya te habría violado, Stiles. No puedes esperar que ser sumiso no tenga complicaciones. He escuchado que los del equipo del pueblo vecino fuerzan a omegas a salir con ellos, y prefiero que seas obstinado y con un humor de perros y nadie te trate de forzar, a que seas sumiso y los demás traten de sobrepasarse contigo.

—Pero nadie me quiere, Scott—la voz de Stiles sonó repentinamente rota, y Scott aprieta su abrazo—. Nadie del equipo, porque quieren a un omega sumiso, y Lydia ni siquiera se ha dado cuenta que estoy enamorado de ella.

—Yo…—trago saliva nervioso, antes de separarse un poco para ver a los ojos de su amigo, quien los tenía un poco brillosos para entonces—. No soy bueno en charlas de chicas, Stiles, ya lo sabes, porque nunca sé que decir en situaciones como esta. Pero lo que sí sé, es que si ninguna chica o chico se ha detenido a fijarse en ti, es porque no los mereces, mereces a alguien mejor. Además Parrish está tratando de que aceptes su cortejo, lo que significa que si les gustas a las personas, porque Parrish es bastante atractivo y no lo puedes negar—Stiles se sonrojo con ello, pero no dijo nada y le dedico una sonrisa—. Solo que aún no llega la persona indicada para ti. Ya llegara, y presiento que será ponto y tendré que apoyar a tu padre aprendiendo a disparar cosas en movimiento.

—¿En serio? —Stiles alzó una ceja, pero al parecer no lo hizo muy bien pues Scott soltó una carcajada—. Ok, Scotty, ya sé que nadie me asegura que mi compañero no será un pervertido que le guste trepar por mi ventana y verme dormir, ¿pero es necesario que le disparen? Capaz que le disparan a la madre de mis futuros hijos…

—Es por tu bien, Stiles.

El susodicho sonrió, ligeramente y con un brillo especial en los ojos-

—Gracias, Scott.

—¿Por dispararle a la madre de tus hijos? —y ahí regresaba el ingenuo cachorrito que adoraba, arruinando un buen momento.

Rodo los ojos, asintiendo con la cabeza con una mueca.

—Sí, por eso justamente, genio.

—Por nada Stiles—el de lunares reprimió golpearse la frente. Los ojos de Scott se abrieron un poco antes de sonreír un poco—. Oh, cierto, se me había olvidado. Derek te espera en el salón, al parecer se aprendió nuestro horario de memoria y sabe que tenemos clases libres. Quiere que le ayudes con algo.

.

Derek escribía sobre todos los papeles que el director le había dado.

Al parecer, el que un grupo se haya quedado sin tutor al inicio de cursos era algo horrible, o al menos para quien tomara su lugar, pues una enorme cantidad de documentos acumulados le recibiría con los brazos abiertos.

Bufo, llevándose una mano a la nuca y sobándola con dos dedos, apretando con fuerza un nudo en su musculo. El cuello había comenzado a dolerle desde hace unas horas, y presentía que le dolería por unas cuantas más si seguía escribiendo. Pero no podía parar, y debía de terminar.

Y luego estaba el caso de Stiles, el omega bipolar que hacía de sus días en la escuela una molestia, y eso que solamente había comenzado a dar clases hace cinco días, ¿Qué le depararía el futuro? El chico era un enigma para él, y a la vez una persona que amenazaba con sacarle de su perfecto balance y control. Primero llegaba con la maravillosa idea de ser amigos, y después le rechazaba cuando trataba de ser reciproco. Bien, que Derek no había tenido amigos en mucho tiempo, pero ¿acaso los amigos no se ayudaban cuando estaban en problemas?

Él solo había hecho lo que su instinto le había dictado, ir hacia el chico y tratar de ayudarlo, sintiendo como su lado protector de Alfa le gritaba que reprendiera al idiota que le hizo caer, defendiéndolo de él y demostrando que no estaba solo, pero controlándose lo suficiente y solamente preguntando por su estado. Cuando el chico le grito, prácticamente sintió como sus garras se tensaban, indicándole que debía de clavarlas en la garganta del contrario para castigarlo por herir de alguna manera a Stiles y que el omega no estuviera tan alterado, pero en lugar de ello tomo a Stiles y se lo llevo lejos, tratando de calmar el instinto asesino de su Alfa asegurándose que el chico estaba bien.

Entonces se dio cuenta que su alfa ya había aceptado al omega como su amigo, como una persona a la cual debía de proteger, y en lugar de tratar de ocultarlo le había mostrado su preocupación para que Stiles pensara que su amistad estaba establecida. Por lo mismo, el que el omega le haya rechazado de alguna forma fue suficiente para él, y termino sacando a todos los alumnos cuando llego al salón, deteniéndose en Scott e indicándole que le avisara a
Stiles que necesitaba verlo para terminar el maldito papeleo. Cuando sus alumnos se fueron, solo pudo clavar sus garras con fuerza en la madera del escritorio, apretando sus dientes y conteniendo las ganas de rugir.

Esa furia sumándole la cantidad de trabajo, no le ayudaban a pensar en nada.

Fulmino con la mirada unos instantes el borrador de la pizarra, esperando que de alguna forma este sintiera su mirada y se quebrara.

Un sonido sordo llamo su atención desde la puerta, y se atrevió a llevar su mirada hasta ese lugar, observando al chico delgado y alto que le miraba desde la entrada, con los ojos de color miel fastidiados observándole con atención.

—¿Stiles? —pregunto Derek, pareciendo un poco confundido y quitando las ganas asesinas de su mirada. El adolescente solo sonrió burlón.

—No—el sarcasmo empapaba su voz, pero exactamente eso era lo que Stiles buscaba—, soy Santa Claus. He venido a decirte que como eres la persona más simpática del mundo te daré un carbón esta navidad.

Al ver que el adolescente estaba mejor, el alfa de Derek pareció calmarse, y dejo de sentir la rabia acumulada, o al menos una parte de ella.

—¿Dónde está tu traje rojo, entonces? —Arqueo una ceja. Stiles rodo los ojos, acercándose al asiento frente al profesor y sentándose pesadamente en él.

—Adelgace y dejo de quedarme. La señora Claus está arreglándolo en estos momentos.

—¿Seguiremos hablando a base de sarcasmo, o lo haremos como personas civilizadas?

—No he visto ninguna persona con la descripción de "personas civilizadas" aquí, entonces...

—Stiles—le interrumpió, con un gruñido comenzando a alojarse en su garganta, vibrando queriendo salir por su boca y hacer que el omega se sometiese.

—¿Qué?

—Cállate.

Stiles frunció el ceño, cruzándose de brazos.

—Escuche que me buscabas—comento, mirándole con la cabeza ligeramente ladeada—. ¿Qué ocurre, Derek?

El profesor soltó un suspiro, llevando su mirada a los papeles y tomando una buena cantidad, antes de arrojarla en el asiento de Stiles, quien le miro con una mueca.

—Es una broma, ¿Cierto?

—No—gruño, llevando su mano de nuevo a su cuello y sobándoselo un poco, antes de dejar caer el brazo de manera pesada y tomar la pluma—. Ojala fuera una, pero dudo que me vuelva tan estúpido como tú y empiece a hacer bromas y chistes sin sentido.

—Ja—rio de manera sarcástica, sacando una pluma y comenzando a rellenar un formulario—. Todo es culpa de Jackson—masculla con los dientes apretados.

—¿Jackson? —Derek alzo la vista, observando como Stiles seguía escribiendo. Se permitió alzar una ceja y hacer una mueca de irritación—. ¿Qué tiene que ver en todo esto?

—Por su culpa estoy metido en este embrollo. Él me postulo como presidente de la clase.

—¿Y?

—¿Cómo que "Y" Derek?, pues está claro que yo—alzo la vista, frunciéndole el ceño y remarcando la oración apuntándose—, ¡obviamente no quería tener nada que ver con esto! Nadie quiere ser el presidente de la clase, y eso Jackson lo sabe, por lo que aprovechando que eres nuevo me postuló.

—Solamente hubieras dicho que no.

—¿Y quedar como un cobarde que no podía hacerse cargo del puesto por miedo a que su vida social terminara para convertirse en la mascota del maestro? —su voz sonó incluso más irónica de lo que hubiera deseado—. No, gracias.

—No te convertirás en mi mascota.

Stiles rodo los ojos.

—Eso ayuda mucho, Derek, en serio…

—Está claro que ya lo eres—le interrumpió el profesor, desviando su vista y escribiendo de nuevo.

Abrió la boca, con las mejillas sonrojadas y el ceño fruncido debido a la rabia.

—¿Discúlpame? —sonó escandalizado, y eso le hizo enrojecer más.

Derek alzo la vista, sonriendo de lado burlonamente y haciendo que su corazón latiera con fuerza. Maldito sea Derek Hale y su sonrisa, ¿Qué demonios estaba pensando cuando se propuso así mismo hacerlo sonreír? ¿Acaso estaba drogado o algo remotamente parecido?

—Disculpado.

—Ahora eres comediante—alzo las manos en un ademan exasperado, antes de aplaudir—. Genial, Derek. Tienes talento. Deberíamos de llamar a toda la clase para que pudieras deleitarlos con tu maravilloso sentido del humor.

—Debería, sí—se encogió de hombros, aun con la sonrisa burlona plasmada en la cara—. Pero no quiero que se burlen de mi mascota, suficiente tiene con ser un chiquillo sarcástico como para que yo contribuya en eso. Puede que hasta decida comprarte una cadena…

Stiles entrecerró los ojos, y aunque sabía que le estaba devolviendo todos sus comentarios sarcásticos, y que probablemente se lo merecía, le molestaba. Se inclinó de manera amenazante, como su padre hacia cuando interrogaba a alguien.

—Te estás pasando la raya, Hale—su voz sonó peligrosa, con una amenaza implícita en ella, y su furia incremento cuando Derek le imito, con una sonrisa burlona—. Estas a punto de pasar a terreno peligroso…

Estaban a escasos centímetros uno del otro, y Stiles dirigió su mirada a los labios de Derek, recordando la última vez que estuvieron en esa posición y su espalda estaba chocando con la fría pared del sótano. El pensamiento que tuvo esa vez le golpeo metafóricamente en la cara, sonrojándose al saber que, probablemente, en serio le hubiera gustado sentir los dientes de Hale en su garganta en aquella ocasión, sintiendo a su omega chillar prácticamente al imaginar la posesividad que debía de tener una mordedura del hombre frente a él.

Trago saliva, sintiendo la boca seca y como una incipiente sensación nunca antes sentida se alojaba en su vientre. Oh demonios.

—¿Y qué me pasara si lo hago, Stillinski?

La sonrisa de Derek se borró de inmediato cuando un olor le golpeo en la nariz, si bien era sutil, era demasiado satisfactorio como para ignorarlo.

Era un olor extrañamente dulce y salado, y si le prestaba la suficiente atención podía reconocer los abetos del bosque en él, junto con tierra mojada, ozono y aire fresco, y a su vez un pequeño rastro de fresas y hierba buena en conjunto. Un aroma delicioso que prometía todo y a su vez nada, que olía a demasiadas cosas que combinaban perfectamente creando la cosa más exquisita que Derek jamás haya olido antes. Olía a libertad, pero a su vez, olía como el hogar que alguna vez había sido la casa Hale, a añoranza, a cariño y a todas las cosas que le habían hecho volver a Beacon Hills.

Y ese aroma, provenía de Stiles.

Sin poderse controlar, soltó un gruñido bajo cuando sus ojos se toparon con los del omega, quien le miraba sonrojado y nervioso. Se acercó, tan solo unos centímetros más, llenándose de la esencia que Stiles desprendía.

Y se separó. Frunciendo el ceño con fuerza y crujiendo sus dientes, antes de tomar todas sus cosas con rapidez y dirigirse a la salida, dejando atrás al confundido omega.

Stiles sentía su corazón latir con fuerza, sonrojado y con el aroma salvaje, parecido a los bosques de pino y al que los leños desprendían cuando los usaban en navidad su padre y él, y a algo más que no supo reconocer, pero creaba un aroma que sin duda era masculino y atrayente. Se sentía nervioso, ansioso y sobre todo confundido.

Porque, demonios… él se había excitado al pensar en la dentadura potente de Derek sobre su piel, marcándola, de imaginárselo con los ojos verdes oscurecidos, casi negros, mirarle desde su cuello.

… pero Derek se había excitado al olerle a él, al verdadero Stiles, y no solo su olor dulce de omega.

Gimió estrellando su cabeza contra el escritorio. ¿Cómo se supone que siga la apuesta ahora?

Su vida apestaba.