Capítulo VI: Inmediatamente llegó la hora acordada, donde Dewey tendría su encuentro con el padre de Steven, Greg Universe en las playas, cerca del templo, allí tendría su encuentro con la poesía, primera fase del plan del esposo de Rose Cuarzo en ayudar al Alcalde sobre su timidez.

Y así fue como llegó Dewey al lugar de los hechos, donde lo estaba esperando Greg, quien estaba terminando de darle unas clases a un grupo de niños del pueblo costero.

- Señor Dewey, por aquí. Le llamó el esposo de Rose Cuarzo, invitándole a sentarse junto a él en la fogata.

Dewey estaba un tanto nervioso, esperaba que la prensa no se enterara de esto, sino, sería una burla en todos los periódicos al respecto, un mandatario pidiendo ayuda a un civil, bueno, tanto no era, pero para Dewey, la tradición de su familia siempre fue apegada a ello y no debían ser humillados.

- ¿Está todo bien, Bill? Le preguntó el señor Universe al mandatario.

- ¿Cómo? Oh, disculpe. Le dijo, mientras que se sentaba a su lado y de ese momento, comenzaba la clase de poesía romántica.

- Tranquilo, no de qué temer, es más aquí no hay nadie, por lo cual, podremos hacernos cargo de este asunto, ¿qué le parece? Le preguntó amablemente el hombre, mientras que Dewey aceptaba y empezaban con la "clase de Poesía".

El primer paso para todo Caballero, cuyo objetivo es, obviamente, conquistar el corazón de una bella chica, primero debe ser un gran poeta, que las palabras y el romance salgan de su corazón y su alma, eso es lo que un poeta posee, la fuerza de la poesía en el alma.

- Bien, ¿qué le parece si recita un poema de Federico García Lorca? Le ofreció a su "alumno" el Señor Universe.

- De acuerdo aquí vamos: "Cuando sale la Luna, se pierden las campanas y aparecen las sendas impenetrables. Cuando sale la Luna, el mar cubre la tierra y el corazón se siente isla en el infinito.

Nadie come naranjas, bajo la Luna Llena, es preciso comer, fruta verde y helada.

Cuando sale la Luna, de cien rostros iguales, la moneda de plata solloza en el bolsillo" Relató Dewey el poema "La Luna asoma" del poeta español Federico García Lorca y al oírlo así, tan increíblemente recitando un poema elegido al azar, Greg le aplaudió en señal de felicitación a su estudiante.

- Muy bien, Señor Alcalde, muy bien. Le felicitó Greg, luego de aplaudirle.

- Genial, se sintió muy bien y ahora, ¿qué sigue? Quiso saber Dewey.

- Vamos a seguir con la poesía por un rato más, ha alcanzado una gran cima en pocos minutos. Le añadió en las felicitaciones Greg, mientras que ambos volvían a la clase que estaba teniendo el mandatario, ahora, él mismo debería componer un poema, escrito por su propio mano y mente, para Perla, no iba a ser una tarea fácil, pero él haría todo lo posible por ganarse el corazón de la chica de la cual amaba.

La clase entre civil-mandatario siguió por un buen rato, mientras que oscurecía, desde lo alto de la colina, Steven estaba con Connie, quienes habían cumplido una semana juntos, ambos estaban regresando de su cita.

- Me divertí muchísimo esta noche, Steven, muchas gracias por la velada romántica. Le agradeció la chica morena al hijo de Rose Cuarzo.

- No es nada, Connie, me alegro de que tú y yo la hayamos pasado bien. Le respondió dulcemente su chico, mientras que le daba un beso en los labios.

Ambos se sentaron en una pequeña banca de piedra, donde allí se dispusieron a quedarse un rato más, luego, Steven la acompañaría hasta su casa.

Cuando se quedaron un buen rato juntos, tomados de la mano y abrazados, contemplaban la Luna con todo su esplendor, pero hubo algo que les llamó la atención:

Cuando se dispusieron a dirigirse hacia la casa de Connie, vieron en las playas al padre de Steven con el Alcalde Dewey.

- ¿Qué estará haciendo el alcalde aquí? Le preguntó Connie a Steven.

- No lo sé, esto es raro, pero de seguro es para hablar de algún asunto con mi padre. Le respondió su novio, ya que ambos estaban asombrados, hasta incluso lo vieron recitar poesía romántica.

Muy pronto, el chico conocería el por qué del Alcalde Dewey de estar en las clases de su padre, eso muy pronto lo iba a saber.

- Muy bien, Señor Dewey, la verdad estoy asombrado y con esta clase terminamos hoy, mañana pásese a la misma hora para seguir con las clases de poesía e iremos con la serenata. Le dijo Greg, mientras que despedían y Dewey iba hacia su coche, donde afuera, lo estaban esperando sus agentes de Seguridad.

- Muchas gracias, amigo, nos veremos mañana en la próxima clase. Le agradeció el alcalde y se dirigió hacia su hogar, para reunirse con su hijo Buck.

- No es nada, para están los amigos, si tiene alguna duda, llámeme o me manda un corre electrónico, ¿sí? Bueno, nos veremos mañana, Bill. Le dijo Greg y ambos se despidieron hasta el día siguiente, para continuar con las clases.