"La primera vez"
- La cerveza holandesa es exquisita, muchos hablan de la alemana o la belga, pero debes probar esta, te aseguro que te gustará –Le explico a mi compañera en la mesa.
Ella frunce los labios, pensativa, y sigue leyendo sobre mi cabeza la pizarra con los nombres de cada bebida.
Luego de soltar aire con algo de derrota, me mira.
– Realmente nunca he tomado, así que no puedo diferenciar la cerveza holandesa de cualquier otra.
– Esta bien, pero hoy será tu primera vez y esto es un bar holandés. Voy por cerveza –Anuncio antes de levantarme.
– ¿No sería mejor algo caliente? –Se apresura a comentar
Ni sus ojos ni su cuerpo me decían que quería una cerveza pero, si por alguna extraña razón, nunca había probado alcohol, ese era un buen día. No siempre te quedas varado frente a un bar holandés.
– ¿Quieres whisky sin hielo? –Le regale una sonrisa burlona que no me devolvió, pero su mirada tierna seguía inundando la mía.
– No hablaba de alcohol… -Dice con voz suave.
– Estas en un bar y nunca has tomado alcohol. Te traeré la cerveza –Repito y me marcho antes de que pudiera negarse una vez más.
Ella se queda sola en la mesa con ambas manos bajo su barbilla. No lo pude notar pero, creo que seguía analizando la lista de bebidas.
No es que yo sea tan persuasiva con las personas que apenas conozco, pero por alguna razón, quise que esa chica probara una cerveza que, yo sabía muy bien, era de las mejores.
Ella luego me lo iba a agradecer.
Cuando me hice con dos jarras de cerveza, camine hacia ella que, con grandes ojos verdes, y su cabello rubio, aun húmedo sobre los hombros, me miro sorprendida.
Yo solo pude reír ante la imagen y esa vez no era por su impermeable, por suerte se lo había quitado dejando ver un lindo vestido color gris y una chaqueta negra; fue por su expresión infantil al analizar la gran jarra de cerveza, la que me causo risa.
– Homero Simpson estaría muy decepcionado si te niegas a probar esto –Le hablo dejando la bebida frente a ella.
– Por suerte no conozco a Homero.
– ¿Nunca has visto Los Simpson? –Alzo las cejas.
– Si pero me refiero a que… Olvídalo –Mira la jarra.
– Pruébala, es solo una cerveza. –Le digo antes de probar la mía.
Ella intercambia su mirada entre mis animados ojos y aquella jarra espumosa.
Poco después, mientras yo iba por la mitad de mi jarra, Quinn Fabray decidió dar un sorbo arrugando los ojos y nariz.
¡Hija, no es tequila!, Pensé al ver su expresión.
– ¿Esta fuerte? – Bromeo ante el espectáculo, que realmente, me estaba comenzando a parecer muy adorable.
– No, pero su sabor no es muy agradable.
– Es de las mejores que hay. –Le recuerdo.
– No me pudo imaginar la peor –Me dice intentado con otro trago más corto.
No sé que tenía, o como lo hacía, pero ver cada uno de sus movimientos comenzó a ser fascinante. Ella es fascinante.
Era muy atractiva, lo sigue siendo. Tenía esa nariz perfilada y una boca con labios carnosos que te invitaban a no dejar de mirarlos. Pero no se lo iba a decir, no aquella noche.
Si dos tragos de cerveza la inquietaban, alguno de los comentarios que pasaban por mi mente, quizás la iban a hacer correr.
– He pedido algunas papas holandesas, te gustaran.
– ¿Eres holandesa? –Frunce el ceño y coloca ambas manos juntas sobre la mesa.
Eran pálidas, pero a simple vista, parecían muy suaves.
– ¿Lo parezco? –Ella niega con la cabeza – Conozco este bar, trabajo cerca ¿Recuerdas?
– Claro… Yo también trabajo cerca, pero no conocía este bar.
O ningún otro, seguro. Pensé.
– ¿Dónde trabajas? –Me intereso al tiempo que busco un cigarrillo en mi bolso.
En ese instante, sus ojos ya no eran inquietos, comenzaron a tornarse molestos, al igual que todo su rostro tensado.
– No fumaras delante de mi –El tono fue firme y demandante.
– ¿Tienes problemas pulmonares? –Digo con sorna. Quizás si me lo hubiese pedido de otra manera, lo hubiese guardado sin más, pero aquel tono no lo iba a concebir.
Entonces saco también mi encendedor con la bandera norteamericana.
– Te dijo que no lo hicieras, por favor –Suavizó su voz– Quizás me deba marchar, pagare por la cerveza.
La miro seria, tanto a ella buscando su bolso e impermeable, como a su cerveza casi completa.
– No tienes porque marcharte, aun llueve muy fuerte y ya pague las cervezas. – Digo y parece no escucharme, pero mira afuera y entiende que estoy en lo cierto.
– No fumare. –Digo y guardo el cigarrillo en el bolsillo de mi chaqueta sobre el espaldar de la silla. Quizás en un rato lo use.
Ella permanece de pie, como rogando a la lluvia para que se detuviera y me pregunté: ¿Por qué aquella inquietud?
– No me gustan los cigarrillos –Suelta luego de varios minutos en silencio.
– Comprendo.
En ese momento llegaron las humeantes papas.
– Yo puedo pagar las papas –Se ofrece amable, sentándose de nuevo frente a mí.
– Ya las pague.
– No tienes porque hacerlo ¿Le sueles pagar cosas a los extraños?
– Solo a algunos –Me encojo de hombros, restándole importancia, y ella decide tomar una de las papas.
– ¿Solo algunos? Entonces si lo haces…
– No, realmente no lo hago, pero hoy lo quise hacer, además eres nuestra nueva cliente. – Use un tono serio.
– Técnicamente yo no soy el cliente, es el presidente de la empresa donde trabajo.
– ¿Todo eso es para tu jefe? – Pregunto antes de llevarme una papa a la boca.
– Si, estamos organizando algo.
– ¿Y en donde trabajas? –Pregunto sin dejar de mirar como ella también degustaba las papas. Eso sí que le gustaba.
– Cerca de aquí.
– Ya me habías dicho eso –Le informo para que continúe y ella asiente sin interés de seguir hablando del tema– Ok, ¿Eres de Boston?
– Soy de New Bedford, no muy lejos de aquí.
– Nunca he ido a New Bedford –Digo y ella solo me mira– ¿No me preguntaras de donde soy?
– ¿De dónde eres? –Pregunta con calma.
– Soy de todos lados –Respondo con aire de misterio. Pero estaba en lo cierto.
– ¿Y cómo se nace en todos lados?
Ambas reímos. Me gusta su risa un poco ronca.
– Naci en un pequeño lugar de Pennsylvania, pero luego viví en Memphis, y luego en otros lugares, hasta que hace un par de años vine a Boston.
– Me gusta Memphis.
– ¿Conoces la casa de Elvis? –Ella niega con la cabeza – Deberías ir algún día, es lo más turístico del lugar.
– Si, debería, además mí…
No pudo terminar porque un grupo muy ruidoso entro por la puerta principal del bar y llamo nuestra atención.
Estábamos a unos pocos metros de la entrada, eso hizo que alguien me visualizara pronto.
Me miro y yo la mire. Luego de una sonrisa y avisarle a sus amigos que luego iba, se acerco sin dudarlo.
– La noche no se puede poner mejor ¿Cómo estas, Rachel? –Dice y me da un beso sonoro en la mejilla, para luego hacer un movimiento de cabeza en señal de saludar a Quinn.
Mi rubia acompañante solo la observa con detalle, no respondió saludo o gesto alguno.
– Nos quedamos varadas frente al bar por la lluvia –Respondo intercambiando la mirada entre mi amiga y Quinn. - ¿Tú qué haces aquí? Es lunes, muy pronto para ir de fiesta.
– Estamos de celebración –Señala a sus ruidosos amigos – aprobaron nuestro proyecto.
– Vaya, felicidades, Lucy –Me levanto y le doy un abrazo sincero.
Lucy tenía 22 años, era una chica universitaria de cabello castaño claro y grandes ojos color miel. La conocí con un grupo de excursionistas que planeaban ir a Arizona por aventuras hace un año. Yo simplemente me sume.
Luego de ese viaje, seguimos en contacto, ella me ayudo a encontrar un nuevo lugar donde vivir y ahora tengo a una ruidosa vecina que toca el violín, pero es una chica que siempre vale la pena escuchar, no solo musicalmente, sino hablando, y si no quieres hacerlo, ella se encargara de que lo hagas.
Suele ser muy persuasiva, quizás por eso tiene grandes ventas en su trabajo de medio tiempo en una tienda de música.
– Sera el mejor proyecto musical que ha tenido la universidad de Boston, te lo aseguro. –Expresa confiada.
– No lo dudo, eres muy buena.
Ella aprovecha de mirar a Quinn que no emitía sonido alguno.
– Lucy, ella es Quinn –La señalo. Decidí presentarla porque el asunto se estaba volviendo extraño.
– Hola, mucho gusto –Lucy extiende su mano y Quinn la toma con una sonrisa de medio lado– ¿Son compañeras de trabajo?
– No, nosotros… -Digo mientras pienso como explicar que estoy tomando cervezas y comiendo papas con alguien que conocí hace horas y que no parece muy feliz de estar en un bar.
– Nos conocimos hoy por primera vez –Habló Quinn.
Lucy tuerce la cabeza como un cachorro curioso, y nos mira a ambas.
De repente da un pequeño salto y habla:
– Es mejor que me vaya con mis amigos –Anuncia.
– Si, deben estar esperándote. –Le digo.
– Nos vemos luego, Rachel – Se despide de mí con un beso en la comisura de los labios, para luego marcharse sin volver a mirar a Quinn.
Yo observo a la rubia frente a mí que, con los labios fruncidos y las cejas alzadas, no dejaba de mirarme.
– ¿Quieres mas papas? –Digo porque no sé qué mas decir.
– ¿Qué edad tiene tu amiga? –Ignora mi oferta y se interesa por Lucy.
– Es lo suficientemente grande para estar en un bar, te lo aseguro.
– ¿Y también para salir contigo?
– Ella no sale conmigo.
– Este bien, tampoco es que sea mi problema, pero me pareció muy pequeña.
– ¿Yo te parezco vieja? ¿Y te parezco gay? –Pregunto, porque nunca le dije que lo fuera.
– No te ves mayor, pero si mas que ella.
– Tengo 28, no estoy tan mal ¿Tú qué edad tienes? Tampoco eres una niña, pero te ves bien, eres muy guapa –Me atrevo a decir, hablando de mas- No me dijiste porque crees que soy gay.
– Es que… Olvídalo. Ya me tengo que ir –Se levanta tomando sus cosas.
– ¿Estas enojada? –Pregunto confundida y levantándome también.
La lluvia por fin había cesado y Quinn lo verificó.
– Es tarde y mañana tengo trabajo
– ¿Estas enojada? –Pregunto una vez más.
Ella da algunos pasos hacia la salida, y antes de tomar la puerta, voltea y me mira.
– Gracias por las papas y la cerveza –Sonríe con sinceridad y se marcha.
Le doy un último vistazo a través de la ventana cuando ya iba cruzando la calle, entonces gire y observe que dejo, sobre una de las sillas, aquel curioso impermeable.
No parecía ser una chica muy abierta, pero era hermosa, con una sonrisa de las más perfectas que había visto en mi vida y ahora tenía una excusa para hablarle la próxima vez.
