"Mi postre favorito"

Las tres nos encontramos de repente en una extraña situación. Santana invitaba a pasar por completo a Quinn, y esta lo hizo sin entender muy bien que hacía yo allí, eso me lo dejo claro la expresión confusa de su rostro, pero yo estaba en la misma condición, algo sorprendida de verla.

Santana también se noto confundida al observar como ambas nos mirábamos buscando palabras.

Mi boca se abrió y cerró varias veces.

- ¿Quinn? –Decido romper el silencio y así evitar parecer alguien con retraso mental.

- Hola, Rachel –Me regala una extraña sonrisa y luego mira a Santana que ahora si estaba realmente confundida- Traje vino, no tomo pero quizás a ti te guste- Muestra la botella a mi amiga latina.

- Gracias. ¿Ustedes se conocen? –Nos señala al tiempo que toma la botella.

- Si, Quinn es cliente de Dolce –Explico y la chica rubia hace un simple movimiento afirmando con la cabeza.

- Oh, que causalidad –Santana frunce el ceño– Siéntate, Quinn. Llevare esto a la cocina.

Quinn y yo seguimos paradas, solo mirándonos. Ella luego decide caminar, quitarse el abrigo y sentarse en el mueble junto al cual yo estaba acomodada hace pocos minutos.

Me acerco mas a la puerta, pero realmente no me quiero ir. Tenía mucha curiosidad por saber a qué se debía aquella cita y como se conocían aquellas dos chicas.

En un rápido análisis de mi confuso y paranoico momento, pensé que Quinn no era el tipo de chica de Santana, porque yo conozco muy bien a Santana y, aparte de chicas excéntricas con las que ha pasado la noche, Brittany Pierce solo parecía su tipo de chica y ni siquiera era como Quinn.

- ¿Y ustedes como se conocen? –Pregunto cuándo Santana se acercó de nuevo.

Sé que debo irme, pero esto es más fuerte que yo.

- Quinn es una de las creativas en Evening Corp. –Explica mi amiga refiriéndose a la nueva empresa donde ella trabajaba hace escasos 30 días.

Así que de allí viene la conexión. Primera pieza encajada.

Quinn seguía en silencio y yo de vez en cuando mirándola.

- Ah… Qué bien y que casualidad. –Es todo lo que se me ocurre decir y la rubia me mira.

En ese instante recordé que Quinn jamás me dijo el lugar exacto donde trabajaba. Básicamente solo me dijo su nombre y el triste hecho de nunca haber probado algo de alcohol.

- ¿Y ustedes son amigas? –Dice la rubia en algo que sonó mas a pregunta retorica.

- Si, Rachel es mi amiga desde hace varios años. –Explica Santana y la otra nos sonríe a las dos.

Su sonrisa tenía algo que me prohibía irme tan rápido, o quizás era la curiosidad que aumentaba por segundos. De cualquier forma… Algo me estaba colocando cemento en los pies mientras pensaba: "¿Quinn estaba teniendo una cita con Santana?", Si Quinn no parecía ser su tipo de chica, yo tampoco quería que mi amiga fuera el tipo de chica de Quinn.

Pero no quise preguntar más. No podía preguntar mas sin parecer una impertinente.

- Las dejo para que… -No sé qué mas decir- Hagan lo suyo.

- Eso suena extraño, Rachel –Ríe Santana – Pero si, es hora de irte.

- Pensé que se iba a quedar –Quinn me mira y fue un canto de ángeles.

-No, Rachel solo vino a hablar un momento conmigo –Dice Santana y corta el asunto.

- Si, yo me tengo que ir. –Murmuro.

- Luego hablamos – Mi amiga me indica la puerta con la mirada y comprendí que era hora de marcharme sin dar tantas vueltas.

¿Por qué quería que me fuera? Yo quería cenar allí, aunque no tenía hambre.

Perdí el orgullo con aquel último pensamiento.

-Claro. Hasta luego, Quinn. Fue un gusto volver a verte…

- Igualmente –Agita levemente la mano.

- Nos vemos –Miro a Santana y ella me regala una sonrisa hasta que me perdí detrás de la puerta.

Al cerrar e ir bajando las escaleras; seguía maquinando toda esa coincidencia. Quinn Fabray, la chica de sonrisa hermosa, la que me dejo con interrogantes la noche anterior; la que vi desaparecer en la Franklin Street y la que pregunto por mí esta mañana, ahora tenía una cita con mi mejor amiga.

¿Qué clase de juego macabro es este?

Mucho para tan solo 24 horas. Con un impermeable fucsia incluido. Al recordar este último detalle, que yo tenía guardado, quise subir corriendo y decirle: "¡Hey!, hoy preguntaste por mí en el trabajo y antes de irte del bar holandés y regalarme esa maravillosa sonrisa, dejaste tu colorido impermeable, el cual lave y doble como si fuera mío"

Pero no lo hice, porque sería extraño. Solo me detuve un minuto y luego retome mi camino. No quería interrumpir aquella posible cena romántica que tenía esa hermosa chica con Santana López.

-Olvídala, Rachel… Solo es una chica hermana de las cuales hay por montón–Me digo a mi misma al tiempo que mis ojos buscaban un taxi.

Me gusta engañarme de vez en cuando con un mantra, eso me da esperanzas.

Aquella noche Santana no me llamo. Supuse que la cena estuvo muy interesante y no quise pensar que sucedió después. No era mi problema, aunque se tratara de mi amiga y la chica hermosa que me intrigaba.

La mañana del miércoles fue más tranquila en el trabajo. Entre tantas cosas, teníamos casi todo el encargo para Quinn listo y por alguna razón, Margot estaba feliz. Eso ayudo a que no interrumpiera mi trabajo con alguna de sus extrañas exigencias que, sinceramente, era lo que más odiaba de estar en Dolce.

Alrededor de la 5 de la tarde, había terminado todo y me disponía a marcharme. Necesitaba un cigarrillo.

No me considero una adicta, aunque esto lo digan los adictos, pero si necesito un cigarrillo diario cuando el otoño comienza a dar paso al invierno en Boston.

Me alisto rápido; me despido de los chicos y cuando intento salir desde la barra hasta la puerta… Llega ella. Una vez más, Quinn Fabray hizo que me detuviera.

La veo entrar y ella de inmediato fija sus ojos claros y brillantes en mí. Me sonríe con aquella expresión de dulzura y hermetismo natural que me estaba comenzando a inquietar.

- ¿Cómo estás? –Me dice cuando se acerca a la barra en la cual yo aun estaba parada.

Yo le murmuro un suave: "Bien" y ella mira el menú de la pared. Allí teníamos los postres más básicos, algunos que yo quería cambiar, pero que Margot se negaba.

Salgo de la barra y me vuelve a hablar.

- ¿Qué me recomendarías para celebrar que fue un buen día? –La escucho decir, pero no sé si fue conmigo o con Louisa que atendía la caja.

- ¿Me hablas a mi? –Alzo las cejas y ella asiente sonriente.

- Si, quiero un postre para celebrar que fue un buen día. Tú eres la chef, quiero que me recomiendes el mejor.

- Creo que todos son buenos, todo depende de tus gustos. Es algo subjetivo considerar algo el mejor y más si le preguntas a quien lo prepara –Rio un poco al escuchar mi propia poesía repostera- Pero te puedo recomendar el que siempre como cuando estoy triste.

- No, pero yo quiero uno para celebrar que estoy feliz –Me aclara en un tono que me resulto muy tierno.

- Es que de eso se trata, yo como el postre cuando estoy triste porque me encanta y también lo como cuando estoy feliz porque todo debe ser lindo. ¿No?

- Esta bien ¿Cuál es el postre? –Me mira impaciente mientras se mordía el labio inferior.

La miro como idiota y abro la boca para decir el nombre, pero preferí hacer algo mejor.

-¿Comerás aquí? -Ella asiente con la cabeza rápidamente- Entonces siéntate que yo lo llevo a la mesa.

- No tienes porque hacerlo, dime cual es el postre; lo pago y lo llevo.

- El postre será una sorpresa y no te preocupes, tú solo siéntate. ¿También quieres café o algo de tomar?

- Yo puedo ordenar, me da vergüenza que…

- Trabajo aquí, no es molestia. –La interrumpo– ¿Quieres café? –Hablo con firmeza para que deje de insistir.

Ella suspira y responde:

-Si, por favor –Me dice con suave voz y se dispone a buscar una mesa.

Pido lo necesario y camino hasta llevarlo a la mesa cerca del ventanal que Quinn había escogido.

- Aquí tienes. Café y postre –Los dejo frente a su curiosa mirada.

Ella lo mira por varios segundos y entonces imagino que no sabe cómo se llama. Mucho mejor para mi dulce sorpresa.

- ¿Cómo se llama? –Me mira divertida.

- ¿Nunca lo habías visto?

- No estoy segura -Lo observa con detalle- Aunque intuyo que he probado alguno parecido.

- Prueba este. –Digo y me atrevo a sentarme sin ser invitada.

Una vez más, en dos días, estaba sentada frente a ella.

Quinn me mira una última vez y prueba el postre. Su reacción fue la que esperaba. Seriedad luego sorpresa y finalizó con una sonrisa.

- ¡Esta delicioso!

- Cheesecake con Isla flotante. –Informo el nombre de mi creación.

-He probado el Cheesecake, pero este sabe diferente.

- Lo sé, yo trate de que fuera diferente y es mi postre favorito. ¿Crees que sea digno para celebrar tu día?

-Sin duda lo es –Dice antes de probar de nuevo con cara de fascinación

- ¿Qué lleva?

- ¿Estás loca? Es un secreto. –Sentencio lo más seria posible. Ella de repente me mira con la misma seriedad– Es broma. –Le aclaro tratando que se relajara- Mejor me voy y te dejo disfrutar. –Digo antes de levantarme.

- No, quédate si quieres. –Se apresura a comentar y yo no lo pienso dos veces para sentarme de nuevo.

Estuvimos en silencio poco tiempo mientras ella probaba por primera vez el café y, una vez más, mi postre favorito.

Mientras la miraba recordé la noche anterior y la cita con mi mejor amiga. No podía evitar la curiosidad por más que quisiera pasar del tema, y aunque Santana podía resolver mis dudas luego, Quinn era la que más intriga me causaba en tan poco tiempo.

- ¿Qué tal anoche con Santana? –Me atrevo a preguntar.

- Anoche muy bien. Santana me tiene enamorada. –Me dice con total tranquilidad y mi cara fue un poema.

De inmediato pensé que Quinn estaba celebrando estar enamorada de mi mejor amiga, con mi postre favorito, hecho y pagado por mí.

Que ironías, cosas que no se piensan ni con grandes mentes retorcidas.