¡Gracias a todos los que me han leido, a los que me han dejado Review, dado en favoritos o en Followers! Son los mejores, en serio, asi que a ti, si, tu el que estas leyendo esto, muchas gracias. No, no se asusten, no es el final, solo queria decirles que son maravillosos

You are mine

Capítulo 11: La veterinaria

Derek se pasea de un lado a otro en la pequeña habitación de la veterinaria, viendo con sus propios ojos como es que Deaton cura la herida de Scott, que al parecer fue lo suficientemente profunda para que la saliva de Laura se propagara por todos los rincones del cuerpo del adolescente. Él sabe que eso solo tendrá dos consecuencias, una difícil de aceptar e inconcebible, y la otra imperdonable en muchos sentidos. No debía de pasar eso, Laura no debía de morder absolutamente a nadie convertida en mujer lobo, y mucho menos en luna llena.

Solo hay dos alternativas para Scott, y ninguna de ellas es deseable para nadie. Esta la posibilidad de que Scott se transforme en hombre lobo, que es, por mucho, una de las más favorables para el muchacho y su familia, pues tendrían a otro beta y la familia crecería, pero por otro lado, el razonable, estaba mal, porque le estaban privando a un adolescente de decisiones, de situaciones y consecuencias que pudo haber evitado si no hubiera estado en el momento y lugar equivocados, cuando Laura estaba transformada y la luna en alto.

La segunda opción era horrible, mucho más que la primera. Era la probabilidad de que Scott no sobreviviera a la mordida, que no fuera capaz de resistir y que por consecuente muriera.

Eso era, sin embargo, impensable, y aun para él quedaban esperanzas.

Pero no por ello Derek se calma, porque no podía dejar de pensar en la vida arruinada de Scott, y en la pesadilla que se había transformado el siquiera pensar en Stiles. Oh, porque él pensaba en Stiles. Pensaba en la manera que su boca se movía a una rapidez impresionante y desconcertante que le molestaba e irritaba a la vez, pensaba en que nuevo comentario sarcástico le lanzara el adolescente para contraatacarlo, y pensaba sobre todo en el aroma más exquisito que jamás haya olido, que por supuesto, emanaba del omega.

Y también pensaba en como lo había encontrado, siendo golpeado por Jackson hasta el cansancio y lleno de moretones y cortes, de un aroma inconfundible a miedo y desesperación, ha llamado de ayuda, a suplica, que había hecho a su alfa gruñir de pura furia animal, y a su lobo querer encargarse de destripar al humano que había cometido semejante estupidez de meterse con su Stiles. Arrancarle la garganta con sus garras, porque no podía posar sus dientes en la piel de tal horrible serpiente y dormir tranquilo sabiendo que toco a ese espantoso ser, mostrarle el dolor que le había provocado a su amigo, a su compañero, a su alumno, a su omega.

Al fin entiende todo ese sentimiento de cólera que le provocaba no ver sumiso a Stiles en su presencia, al ver su altanería y su posición dispuesta a darle la contraria, pero su molestia al verlo familiarizado con otros alfas, como Scott. El Alfa de Derek, aquella personalidad errática y cambiante guiada por el instinto y una verdad tan primitiva que debía de ser oculta, ansia al omega. Lo quiere, de cierta forma, lo desea.

Pero Derek no puede permitirse pensar de esa manera sobre Stiles, porque él es su amigo, y hasta cierto punto confía en él, y es precisamente por eso que no ocurrirá nada. No sabe si el omega siente lo mismo, no es posible que Stiles, siendo tan independiente como es, quiera enlazarse a él, de por vida. A uno de los alfas con el que se ha enfrentado de cierta manera, a él que tiene problemas con su carácter, Stiles no puede ser atado a nada, lo sabe. Es un omega libre, y todo en él lo dice. No hay nada que Derek pueda hacer para retenerlo, y eso, en cierto modo, es lo su alfa que más desea en el mundo, ser la causa por la que el omega se quede quieto, domarlo. Pero Derek no quiere eso, y siempre lo ha pensado, desde que leyó el trabajo de Stiles, y lo único que imagina del futuro del chico es verle triunfar en su objetivo, porque son amigos y cree que es posible.

No puede hacer nada.

No atara a Stiles a una vida que sencillamente este no desea, y tampoco se arriesgara a perder la amistad que lleva con él solo por un capricho de su animal. Derek no es así, él piensa, controla y examina cada movimiento y consecuencia antes de tratar siquiera de tomar una decisión, y definitivamente no lo hará.

Escucha los pasos de Laura detrás de él, y se gira, mirándole expectante.

Su hermana tiene el cabello negro atado en un moño desordenado, y sus ojos son acuosos de tristeza, porque sabe lo que ha hecho, y él no es nadie para recriminarlo, por lo que solo le abre los brazos, invitándola a refugiarse en ellos. La Alfa más poderosa que conoce después de su madre, se derrumba con facilidad delante de él, y siente enojo sobre todo, por no poder hacer nada que ayude a su hermana mayor para que deje de llorar.

—Derek… yo…—trata de decir, y suelta unos varios balbuceos contra su pecho lleno de lágrimas, pero solo lleva una de sus manos callosas y grandes a la cabeza de Laura, acariciando sus cabellos sedosos bajo su tacto, susurrando—. No quería… pero te atacó… no pude controlarme…

—Está bien, Laura—pronuncia, y la aprieta más contra sí, sintiéndola negar con la cabeza con fuerza.

—No. No lo está en lo absoluto—un sollozo se escapa de los labios de la chica—. Le he mordido, Der… jamás podrá ser un chico normal de nuevo, y puede que incluso…

—No—murmura, con los labios pegados a la frente de su hermana. Y no sabe porque lo ha dicho exactamente, si por ver a su hermana derrumbarse o negando la muerte de Scott—. El chico es fuerte, Laura, seguramente él vivirá y entenderá tus razones… fue un accidente, eso le hubiera pasado a cualquiera.

—No a mamá. A ella nunca le hubiera pasado esto.

—Pero tú no eres ella—la separa de su pecho y la toma de los hombros, mirando los ojos azul verdoso de Laura. Él no era un hombre de palabras, pero cuando se trataba de su familia… —. Estas aprendiendo a controlarte, y tus poderes de Alfa aún no están completos, seguramente mamá paso por esto igual que tú, y supo manejarlo. Lo harás igual.

—¿Qué tal sino?

—Confió en que lo lograras.

.

Despierta.

Lo primero que nota, es que tiene el cuello entumecido. Está sin poder moverlo, incomodo, piensa entonces. Puede percibir con lujo detalle todos los nervios que tiene en esa parte juntarse y enredarse contra la piel, lastimando los músculos con una fuerza que considera casi inverosímil.

Recorre con la mirada todo su cuerpo, dándose cuenta que lleva los mismo jeans desgastados de la mañana, sin embargo, no tiene camiseta, y Stiles se da cuenta que esta junto a él. Esta acostado sobre una plataforma de metal, e inmediatamente Stiles deduce que a eso se debe el dolor de cuello horrible que tiene. Está confundido, sorprendido y sobre todo está buscando una manera que le explique cómo demonios es que llego ahí.

Se trata de reincorporar, pero es cuando el dolor de su cuerpo le llega de manera repentina. Gime con fuerza, y se lleva la mano a un costado, donde puede ver claramente el hematoma de color morado verdoso que se extiende por la longitud de veinte centímetros. Su brazo también tiene varios moretones, pero no son tan preocupantes como los que tiene a la altura de las costillas. Trata de mover los pies, y se da cuenta que las piernas le pesan horriblemente, y sospecha que tiene unas cuantas heridas en ellas.

Bufa, y cuando trata de girar a ver a su alrededor, un horrible dolor se extiende por su columna, haciéndole gritar un poco.

Inmediatamente, la puerta se abre, y por ella ingresa la persona que definitivamente no esperaba encontrar ahí.

Alan Deaton es el jefe de Scott, y le ha conocido por poco tiempo, pero sabe que es una buena persona por la manera en la que su amigo se expresa de él. Es amigo de su padre, o al menos eso deduce, pero no ha convivido constantemente con él.

—Veo que ya has despertado, Stiles—saluda el doctor, y el joven asiente, observando cómo se acerca a él, con unos papeles en mano y una sonrisa amigable en la cara.

—Sí—contesta, sin poder evitarlo, deseando tener la última palabra—. Me duele todo el cuerpo, ¿Cómo he llegado aquí?

Las imágenes difusas de su llanto, y el hecho de que Jackson le ha golpeado pasan como flashes en su mente, sin poder poner pausa a la rapidez y apenas captando una o dos cosas de todo lo que ha pasado. No obstante el calor que sintió justo después del frio gélido, esta persistente como un fantasma, pudiéndole ver y sentir sin que verdaderamente recuerde que es, pero su cuerpo, de hecho, lo sabe. Mejor que cualquier otra cosa, son adjetivos que colocaría para describirlos.

—Te he traído—la voz de su profesor retumba en el lugar como el eco en una cueva, y Stiles siente su omega chillar en emoción, con una sensación de necesidad por verlo con sus propios ojos.

Se gira rápidamente, sintiendo dolor en el cuello, y sin necesidad de hacerlo suelta un quejido leve, llamando la atención de Deaton, quien se acerca rápidamente. Derek está observando todo con atención desde el umbral de la puerta, sin siquiera atreverse a entrar demasiado a la habitación pero no quedándose fuera de esta en lo absoluto. Temeroso hasta cierto punto, piensa, pero después elimina ese pensamiento con rapidez. Derek no tiene por qué mostrarse temeroso por nada, nunca antes se había mostrado así después de todo.

—Gracias—dice Stiles mientras se gira a mirar sus manos en su regazo, confundido, sintiendo como Deaton le pasa sus manos por el cuello con cuidado, para después pasar por su clavícula. Cree escuchar algo detrás de él pero sigue prestando atención a sus manos.

—No parece una fractura—dice Deaton, y Stiles no puede estar seguro si se refiere a la clavícula o al cuello—. Solo es un pequeño enlucimiento. Parece ser que Derek si ayudo en algo para acelerar el proceso.

Mira al veterinario confundido, pero él solo sonríe y niega con la cabeza, restándole importancia.

—Jackson…—comienza Stiles, pero Derek le interrumpe.

—Ya me he encargado—el tono de Derek es frio, arisco, y cortante en demasía, incluso aún más de lo normal. Tiene que agachar la cabeza, mostrando sumisión para que su omega se tranquilice al ver a un, obviamente, molesto Alfa. No ve como su Profesor mira eso impactado—. Stiles…

—Debe descansar—interrumpe esta vez Deaton, llamando la atención de ambos desde el otro lado de la habitación, ¿Cómo demonios es que llego ahí? Se pregunta Stiles—. Su padre no estará en su casa hoy, tiene turno nocturno, será mejor que se quede aquí a pasar la noche, donde nada pueda pasarle.

Hace una mueca de inmediato al saber de antemano que dormirá de nuevo en la incómoda mesa de metal, se pegunta si le dará frio en la noche, y porque la superficie está caliente si es metal. Todos esos pensamientos desaparecen cuando Derek habla.

—Se puede quedar conmigo.

Y Stiles no puede evitar que su corazón lata como un loco.

.

Scott no sabe qué pasa.

Recuerda poco, casi nada de hecho. Desde que llego a la veterinaria y esa chica lo mordió, hasta cuando fue llevado a la habitación continua a la recepción, la que está llena de papeles de Deaton y parece ser su oficina, hay una laguna que no se llena.

Solo siente que, repentinamente, su mundo se vuelve lento. Como si tuviera todo el tiempo del mundo, y pudiera hacer todo lo que se propone. Es una sensación de euforia que es un poco extraña, pero de igual manera la siente satisfactoria hasta cierto punto.

Es capaz de todo.

La chica frente a él, la que lo ha mordido, se pasea de un lado a otro con insistencia. Su mirada, de un color verde y degradado como Derek, pero de un color más grisáceo y azulado que el propio Profesor, está perdida, nublada, como si estuviera ahí pero lejos a la vez, pensando en cosas que él jamás podrá comprender del todo. Su cabello está atado a una coleta desordenada, con los cabellos oscuros atados, sin embargo nota como estos parecen no querer cubrir su rostro pensativo y ajeno.

Scott se pregunta cuando aprendió a distinguir a una persona de esa manera, pero no puede dejar de pensar en la mordida que ahora mismo está sanando en su brazo derecho.

Ojos rojos, colmillos, mordida.

—¿Estas bien?

—¿Eh? —la voz de la chica es reconfortante, pero no ha escuchado, y ahora se pregunta si dijo algo importante.

La chica de ojos verdes solo niega con la cabeza, mirándole. Por primera vez desde que ingreso a la misma habitación, esta quieta, y le mira desde una distancia prudente.

—He dicho que si estás bien, Scott.

—Sabes mi nombre.

—No me digas lo obvio—rueda los ojos, y Scott no puede evitar sonrojarse como cuando Stiles hace lo mismo, con vergüenza de su, aparentemente carente sentido para reconocer el sarcasmo. Aunque su piel como la canela no permite que se muestre rojo como tomate maduro.

—Bueno…—tartamudea, temeroso de repente—. Me refería a que no se tu nombre…

La chica suspira, y se traslada con carente gracia hacia una silla frente a la de Scott, con el escritorio separando ambas.

—Mi nombre es Laura Hale—dice después de unos minutos, mirándole.

Scott parece caer repentinamente en el porte de la chica, orgulloso, alerta y siempre recto, demostrando que no es sencillo amedrentarla o mucho menos. Justo como Derek siempre, y contando con unos ojos y el mismo cabello oscuro. De hecho, de cerca parece ser que su mandíbula es igual de fuerte que el mismo Derek.

Una Hale orgullosa en toda su plenitud.

—. Y… no sé cómo explicarte esto, pero tu… eres un hombre lobo.

—¿Estas bromeando?

Scott se queda unos minutos en silencio, mirándole como si estuviera loca. Stiles seguramente está detrás de todo esto…

Stiles.

—En lo absoluto. Pero no es momento de… tratar de comprender…

Scott se levanta de la silla, dirigiéndose a la salida del cuarto, con una mirada tan decidida que Laura se pregunta quién es ese chico, quien es verdaderamente. Su olor solo muestra preocupación, pero es obvio que eso no va para nadie en esa habitación, ni ella ni él mismo, sino por alguien ajeno a ellos, a una persona o a un algo.

Entonces lo sigue, queriendo ver que es más importante para él que descubrir que le ha pasado. El olor de Derek le llega en las fosas nasales tan rápido como entra en la habitación, y este es especialmente marcado, considerando que es la primera vez que su hermano pasa un tiempo racional dentro del cuarto.

—… Mi Loft es seguro hasta un buen punto, y mi—la voz de Derek llega a sus oídos—… familia estará ahí, junto con Laura. Nada le pasara ahí.

Laura ha visto la preocupación en los ojos de su hermano, muchas veces, pero nunca la ha visto desesperada como aquella ocasión que les hizo salir de Beacon Hills prácticamente huyendo de ahí, su hogar. Por ello, cuando su mirada se enfoca en la figura de su hermano inclinado hacia un omega que ella desconoce, no puede evitar preguntarse porque el semblante serio, que trata de ocultar lo preocupado que está.

Scott, sin embargo, es claro que está interesado en la salud del omega, y se acerca hacia él rápidamente.

—¿Estas bien Stiles? —pregunta, mirando con cuidado al omega, que ella deduce es Stiles.

.

Stiles tiende a rodar los ojos. Si no lo conociera, pensaría que Scott saco el semblante de preocupación de su madre, aunque eso no es verdad del todo. Lo que Scott siente supera por mucho de lo que su madre es capaz.

—Estoy bien, Scotty. Gracias por preocuparte por mí, dulzura—le guiña un ojo, y cuando su amigo muestra una sonrisa, tiene que estirarse y darle una palmada en el hombro.

—Gracias al cielo—dice, suspirando.

—En realidad—la voz de Derek vuelve a ser fría, y Stiles solo frunce el ceño. Lo ve acercarse hacia ambos, dejando una mano en el hombro de Scott. Este solo frunce el ceño—, fue gracias a mí.

Stiles presiente que, por el ceño fruncido de Scott, la cosa es seria a un punto que el desconoce, algo que es de Alfas y nunca podrá comprender, y se volverá un enfrentamiento magistral. O al menos eso cree hasta que Scott sonríe con alegría e inocencia aparente.

—En ese caso, gracias Profesor.

Y Stiles tiene que reprimir el impulso de golpearse con una pared.

Bufa, y desvía su mirada a otro lado, percatándose de la chica en el umbral de la puerta. Alta, piensa, con ojos verdes degradados por heterocromia parcial, cabello oscuro y las cejas extrañamente tan expresivas como…

—Otra Hale—dice sin poder contenerlo, pensando en voz alta y llamando la atención de la chica, quien alza una ceja.

—Soy Laura Hale, hermana de Derek efectivamente—responde, acercándose a él. Stiles nota las ojeras debajo de sus ojos, levemente marcadas pero no profundas, como manchas de delineador corrido que perdura ahí aun después de dos días. Extrañamente, parece que ella no se maquilla, y eso es lo que le llama aún más la atención, además que no se ha equivocado y es una Hale—. ¿Y tú eres?

—Yo soy Stiles Stillinski—contesta, y tiende a sonreír un poco—. El mejor amigo de Scott, y el alumno del profesor omega que esta por haya—apunta a Derek con cinismo, disfrutando de poder llamarlo como la jerarquía que debe de interpretar.

Scott se muestra divertido ante la situación, e incluso Deaton, Derek, como era de esperarse, estaba con el ceño fruncido. La reacción que no se espero fue la de Laura, quien dejo que sus cejas expresaran la impresión que sentía.

—¡¿Omega?!—alza la voz, casi chillando.

Stiles asiente, ajeno al verdadero significado de la reacción.

—Si—solo contesta, y aprovechando que Derek esta lo bastante cerca de él, pasa un brazo por sobre sus hombros, sonriendo aún más solo para fastidiarlo delante de su, aparente, hermana mayor—. Y yo soy su Alfa Stiles.

No puede reaccionar lo bastante rápido cuando un gruñido sale de la boca de Laura, y mucho menos lo hace al ver los ojos carmesí inyectados de sangre de la chica. Derek, al mismo tiempo, esta agazapado frente a él, gruñendo de la misma manera animal y para nada parecida a un humano.

La gota que derrama el vaso, es cuando ve los ojos ámbar de Scott, y la mirada totalmente animal que les dedica a ambos Hale.

¿Qué demonios?...