"La idea del comienzo"
Cuando Quinn me dijo que Santana la tenía enamorada, no hice más que abrir y cerrar la boca un par de veces. Puedo apostar que lucía como una idiota, pero eso la rubia frente a mi no lo noto porque con una sonrisa, que logre percibir, seguía degustando el Cheesecake con isla flotante que con dedicación, al igual que el resto de los postres, yo misma había preparado.
Estuvimos así algunos minutos, ella probando y preguntando sobre la receta de ese postre que, aunque podía encontrar uno parecido en otros lugares, ninguno le iba a saber igual. Le di parte de la receta, le dije como agregar galleta en medio del cheesecake y como hacer que la isla flotante de merengue con fruta quedara perfecta, pero realmente yo no quería hablar de eso y, probablemente, ustedes tampoco lo quieren que les hable ahora de postres sino de algo más importante.
¿Quinn estaba enamorada de Santana?
Aquello me causo una extraña punzada, un pequeño ¿Malestar? No sabía que pensar o como describir todo desde el momento en que la vi en casa de mi amiga, hasta este preciso instante. No sé si se debe a que esperaba que esa chica de sonrisa perfecta, ojos cautivadores y personalidad tan extraña, se interesara en mí.
Que pensara en mi tanto como yo pensaba en ella en tan poco tiempo.
Quinn parecía estar lejos de eso. Yo no le gustaba, era obvio. Lo tuve que suponer desde el momento en que compartimos su primera cerveza en el bar holandés.
Pero este sentimiento extraño si confirmaba que ella me gustaba a mí.
- Eres una gran chef. –Me dice antes de tomar un sorbo de café.
- ¿Sales con Santana? –Pregunte al instante y me sentí idiota.
Quinn deja la taza a un lado y me mira con el ceño fruncido. Creo que no escucho bien.
Decido preguntar de otra manera:
- Mi amiga Santana, ¿Te gusta? ¿Salen? –Me encojo de hombros y entonces ella sonríe.
¿Por qué sonríe tanto hoy? Pensé. Ya comenzaba a ser odioso.
- ¿Ella es tu mejor amiga, cierto? –Me pregunta y yo solo la miro sin dar la respuesta que, sé muy bien, ella conoce- Si lo es… ¿Por qué no se lo preguntas a ella? –Dijo aquello sin ningún tipo de molestia o apatía en su voz, pero a mí no me gusto.
- No estoy muy pendiente de preguntarle a Santana todo lo que hace con su vida amorosa. –Trate de mostrarme indiferente, pero en realidad estaba molesta porque ella no me respondiera.
¿Estaba jugando?
- Deberías preguntarle. –Me miro divertida y yo aprecie de nuevo sus ojos.
Debía dejar de hacer eso, de mirarla de esa manera.
- Me tengo que ir. –Fue mi escapatoria incoherente.
- ¿tan rápido? –Se apresuró a decir.
- Solo te acompañe durante el postre y es mejor que termines el café, Dolce cierra en 15 minutos –Observo mi reloj sin volver a mirarla a ella.
- Esta bien yo…
- Hasta luego, Quinn –No deje que terminara de hablar, simplemente decidí marcharme dejándola con la palabra en la boca.
Su cara, probablemente, fue de una total sorpresa por muchas razones. Me fui de manera inesperada y me comporte como una idiota mal educada. Lo admito, pero en ese instante algo me cegó, algo que solo comprendí tiempo después.
- ¿Sabías que a los 17 años, Beethoven conoció a Mozart?
- No sabía que Mozart era más viejo – Digo sin mucho interés en el tema. Prefería concentrarme en el plato de comida frente a mí.
- Lo era, y no se impresionaba tan fácilmente, pero cuando conoció a Beethoven, le hizo algunos cumplidos.
Lucy me estaba hablando de música, porque Lucy siempre hablaba de música cuando estaba haciendo otra actividad.
Ambas estábamos en mi departamento y ella insistió en cocinar espaguetis con alguna salsa que su abuela le enseño. Deje que lo hiciera porque no tenía muchas ganas de cocinar y la media pizza en mi nevera no me iba a caer bien.
Nos encontrábamos en el sofá de mi pequeña sala, justo frente al televisor y con los platos sobre las piernas.
Lucy vivía en el mismo edificio, como les comente, ella me ayudo a encontrar mi pequeño departamento. Ella compartía el suyo con una compañera de la facultad que, la verdad, yo jamás había tratado porque era tan extraña como salir abrigada en verano.
Literalmente, ella salía abrigada en verano.
Ustedes dirán que las personas extrañas me gustan porque Quinn lo es, pero créanme que no hay comparación. Quinn transmitía ternura, esa chica transmitía miedo.
- Deberíamos cambiar este programa. –Le sugiero a la chica a mi lado.
- ¿Cómo no te puede gustar The Voice? –Frunce el ceño. Siempre me preguntaba eso.
Y yo siempre le respondía lo mismo cada día que quería ir a verlo en mi casa:
-Me gusta, pero prefiero Master Chef. Además, los jurados no me can bien.
- ¿Cómo no te puede caer bien Christina Aguilera o Adam Levine? –Hablaba sin despegarme sus grandes ojos de encima.
Me estaba tomando el pelo. Esta discusión siempre la teníamos.
- ¿Podemos cambiar de canal? –Vuelvo a decir sin mirar sus intensas pupilas.
Ella obedece y comienza a hacer zapping con el control.
El timbre suena y me levanto. Era Santana.
- Hola, Santana.
- Buenas noches, ¿Ocupada? –Mira desde la entrada hasta la pequeña mesa frente a la TV con platos sucios de comida, y también mira a Lucy que aun estaba en la labor de buscar un canal.
Mi vecina universitaria alza la cabeza y le sonríe en saludo. Santana repite el mismo gesto, no eran amigas, pero la relación era cordial, siempre y cuando, Santana no perdiera la paciencia.
Y la solía perder muy rápido con Lucy… Ya les contare.
- Solo buscamos algo de ver en la televisión. –La invito a pasar por completo.
- Vine a hablar contigo, anoche no te pude llamar. Estuve ocupada con Quinn –Me dice sentándose en un pequeño sofá cerca de Lucy. Yo vuelvo al lugar donde estaba antes de que ella llegara.
- Si, me imagino que tu cita con Quinn fue muy bien. –Murmuro e inconscientemente sonó a recelo.
- Si, todo fluyo…
- ¿Quién es Quinn? –Pregunta Lucy.
- La chica que te presente en el bar holandés. –Le informo.
- ¿Tú también la conoces? –Santana la mira de reojo.
- Si, me encontré con Rachel el lunes y ella estaba allí tomando una cerveza.
- ¿Quinn tomando una cerveza? –Ahora si estaba muy sorprendida- Ella no toma alcohol.
- Pues, conmigo se tomo una cerveza –Soné presumida- Fue su primera cerveza, de hecho.
- Que raro…Pero bien, supongo -Dice Santana con despreocupación.
- ¿Por qué raro? Esta grande –Fue Lucy la que hablo.
- No es por eso. –Se limita a decir Santana.
- ¿Y porque es?
Mi amiga latina suspira con desespero.
- Cambiemos de tema. –Intervengo y Santana no dice nada, pero me mira con fastidio.
Quería que Lucy se fuera. Ella siempre quiere que Lucy se vaya.
- ¡Diablos! Me tengo que ir, Rachel –La más joven se levanta como un resorte del sofá.
Deseo concedido, Santana López.
- ¿Qué paso? –Le pregunto extrañada y levantándome tras ella.
- Me dicen que deje el grifo abierto y se salió toda el agua hasta mis cosas, me envió un mensaje mi compañera ahora que llegó. –Buscaba sus zapatillas pues había estado descalza hasta ese momento.
- ¿Quieres que te ayude? –Me ofrezco viendo sus rápidos movimientos.
-No, no, ella y su novio me ayudarán. Otro día te ayudo a lavar los platos. ¡Adiós, Santana! –Se despidió sin dejarme hablar nada más. Santana solo agito la mano sin mirarla.
Yo vuelvo a mi lugar y miro a la otra que, entretenida con el teléfono en la mano, sonreía.
- ¿Hablas con Quinn? –No sé porque pregunte aquello.
Ella frunce el ceño realmente extrañada por aquella pregunta, o suposición, de mi parte.
- No, no hablo con Quinn –Deja escapar una media risa.
- ¿Quieres algo de comida? Lucy hizo mucho y aun queda en la cocina. –Hablo de otra cosa para que olvidara mi momento de idiotez.
Los estaba teniendo muy seguido, eh.
- No gracias, he comido demasiado por hoy.
Yo me levanto y llevo los platos hasta la cocina. Ella me sigue con la mirada.
- Hable con Jason hoy al medio día. –Me dice. Yo dejo los platos y la observo interesada– Vamos a comer el fin de semana y le comentare sobre tu caso con el banco. Aun está loco por mi –Habla con su acostumbrado ego.
- Te lo agradecería, en serio –Le digo acercándome- No sé que mas hacer para que el estúpido banco me dé el crédito que necesito.
- Todo saldrá bien y quizás iniciando el próximo año, tendrás tu sueño.
- ¿Por qué estas tan segura? –Me siento perezosamente en el mueble.
- Solo lo sé. –Dice escueta.
Santana hablaba con mucha seguridad y eso es una de las cosas por las cuales nunca me canso de su presencia, incluso cuando hace comentarios incómodos.
Quizás ella gozara de un humor que pocos entendían, pero sus palabras y presencia siempre me daban tranquilidad.
Ella, al igual que yo, también había pasado por situaciones complicadas durante toda su vida, eso hizo que ambas conectáramos de alguna forma.
- Quinn me dijo que te conoció porque fue a encargar algo para la fiesta de la empresa. –Vuelve al tema anterior con mucha tranquilidad.
- Así es, pero yo no sabía que se trataba de tu nuevo lugar de trabajo –Explico.
Es que Quinn ni siquiera me dijo donde trabajaba. En general se negó a decirme mucho de algo en nuestro primer encuentro hace unas 72 horas.
- Es una chica encantadora. –Acota y yo conecto con sus ojos- ¿Qué, no crees que es encantadora? –Me pregunta.
- No conozco mucho de ella –Muevo la mirada a la televisión que, en algún momento, quedo en silencio.
Estaba el programa de Cake Boss. Pasteles adornados sin mucha magia en el sabor.
- ¿Qué sucede? –Me dice Santana con el tono fastidiado.
- ¿Estas saliendo con Quinn? –Dejo el programa para mirarla a ella.
- ¿Qué? –Muestra una expresión de sorpresa y comienza a reír.
- ¿Qué es tan gracioso? – No encontraba el chiste.
- Que dices que si salgo con Quinn…
- Anoche tuviste una cita con ella. No le veo nada de raro –Le iba a decir que Quinn me dijo que estaba enamorada, pero preferí callarlo.
- No salgo con ella, es solo una compañera de trabajo, Rachel.
- No entiendo.
- ¿Qué no entiendes? Es una ecuación fácil ¿Jamás has cenado con alguien de tu trabajo?
- Si, pero anoche no parecía una cena de compañeras, la llevaste a tu casa y cocinaste.
- ¿Por qué no lo parecía? Me apetecía cocinar y lo hice, me inspira confianza –Me habla con gracia- Y en todo caso… ¿Qué tiene de malo si fuéramos más que amigas? –Se muestra más interesada en la segunda pregunta.
Yo niego con la cabeza y me encojo de hombros para que entendiera que no era algo que me preocupaba.
- Solo pensé que…
- Te gusta Quinn.
- ¿Qué? –La miro con el ceño fruncido.
- Te gusta, Quinn, por eso te quedaste muda al verla en mi casa y por eso me preguntas de esta manera sobre ella. –Santana reía con esa malicia que todos odiaban.
Y yo odiaba que me conociera tan bien. Creo que se equivoco de carrera y la psicología era su destino.
- Deja de decir tonterías, la conozco hace 72 horas, por si no lo sabías –La miro con fastidio y me cruzo al estilo indio en el sofá.
- Para que alguien te guste, bastan menos de 72 horas, querida.
No digo nada, porque estaba en lo cierto y quizás si me gustaba Quinn más de lo que aquellas pocas horas de conocerla me dejaban procesar.
Santana se levanta y aun riendo con picardía me mira.
- Me marcho.
- ¿Tan rápido?
- Tengo una cita, una romántica de verdad. –Aclara guiñándome un ojo.
"¿Con Quinn?" Pensé paranoicamente, pero no se lo dije.
- Y no es con Quinn, si eso crees –Añade y creí que me leía el pensamiento una vez más.
- Yo no he dicho nada de Quinn –Digo.
- Claro, luego hablaremos de eso… Quinn es algo así como mi persona inmediata en el puesto de trabajo y estoy muy a gusto con ella. –Me explica cerca de la salida.
- ¿Ella está en mercadeo como tú?
- No, ella se encarga de otra cosa, pero trabajamos a la par y me ha ayudado mucho. Es una gran chica, deberías conocerla mejor. –Me habla con sinceridad y supe que si Santana hablaba así de alguien más, era porque valía la pena.
De inmediato recordé lo estúpida que fui al dejarla con la palabra en la boca, esa tarde en Dolce.
- Tratare de conocerla mejor, si se deja…
- Dale tiempo… -Me dice cuando abre la puerta –Brittany me espera.
Así que esa era su cita. Brittany le estaba dando una oportunidad. Sus ojos iluminados me lo confirmaron.
Yo solo le regalo una sonrisa cómplice y luego de un guiño de su parte, se marchó.
A los pocos minutos de que Santana saliera, me dedique a lavar los platos que Lucy había dejado regados en la cocina. Era una gran cocinera, pero con un desorden que me desesperaba.
Cuando estaba dejando los vasos limpios, note algo que tenia conmigo desde hace poco tiempo: El impermeable fucsia de Quinn.
Reí al recordar cuando lo usaba, entones se me ocurrió una idea. Debía entregárselo y al mismo tiempo disculparme por lo sucedido aquel día.
Un mensaje a Santana me iba a bastar para saber el lugar exacto donde trabajaban ambas.
A la mañana siguiente, un poco antes de mi hora oficial de entrada en Dolce, fui hasta Evening Corp y busque a Quinn Fabray.
Esa, quizás, fue una de las mejores decisiones que pude haber hecho en mi vida porque a partir de allí… Comenzó todo, ya sabrán por qué.
