"Sorpresas"
Digo que no soy una persona muy nerviosa, o quizá sí, pero el ejercicio lo disfraza. Esto último siempre lo dice Santana.
Era jueves, me gustan los jueves porque me encuentro en el parque, donde suelo hacer ejercicios, al señor Brandon. Un hombre de 68 años que aun corría como una maquina. Quiero ser como él cuando sea grande.
El viejo Brandon es experto en Running y consejos para conquistar. Él sabe que me gustan las chicas, y espero que ustedes lo sepan ya. No es solo cosa de Quinn me gusta hablar poco Fabray, es cosa de las mujeres en general.
Me gustan las chicas desde que tengo uso de razón y desde que ver besos me dejaron de dar asco. A la primera que quise besar fue a una niña; mi primer beso fue con una niña, mi primera cita fue con una chica; mi primera pareja fue una chica y mi primera vez teniendo sexo, también. Todo esto lo sabia el viejo Brandon que, cabe destacar, hoy estaba más parlanchín que nunca y me molestaba porque mis repentinos nervios salieron a saludar.
- Hoy la mañana está bastante fría pero tú pareces temblar por otra cosa, hija mía –Me dice él mientras estiraba sus piernas sobre una de las barandas del parque.
Yo lo miro fingiendo fastidio. Desde hace varios minutos estaba en lo mismo.
- ¿Por qué dice eso? –Pregunto sabiendo su respuesta.
- Es esa chica rara que me dices, te trae loca hoy –Ríe.
- Ok, estoy muy ansiosa, lo admito –Hablo estirándome a su lado. Habían sido 30 minutos de carrera en donde el viejo me hizo sufrir.
Yo le comente de Quinn; de cómo la conocí, de mi confusión cuando la vi en la casa de mi mejor amiga. Todo.
- Me dices que iras a llevarle algo a su trabajo. ¿Sera hoy?
- Si, en un rato debo ir, pero no será por mucho tiempo porque debo regresar a trabajar.
- ¿Qué le llevaras?
- Su impermeable –Murmuro.
- ¿Su impermeable? –Frunce el arrugado ceño.
- ¿Recuerda que le dije que lo dejo en el bar holandés? Se lo llevare, esa será mi excusa. –Digo no tan orgullosa de mi plan.
Él no parece estar de acuerdo porque comienza a negar con la cabeza al tiempo que se dirigía a una de las bancas. Yo lo sigo.
- Es una excusa tonta, Rachel. –Se sienta.
- Lo sé. Pero no se que mas hacer sin resultar extraña, y al mismo tiempo no quiero dejar de ir. Me porte muy mal ayer.
- No deja de ser un barato impermeable, puedes pensar en otra cosa más porque sino…. –Me mira con pena- No despertaras interés y menos un próximo encuentro.
- ¿Y que mas puedo hacer? No me puedo presentar allá como si nada –Alzo los brazos.- Además, le recuerdo que me disculparé por dejarla con la palabra en la boca ayer.
- ¿Por qué no eres más directa? –Pregunta y yo pienso que quizás la edad lo está haciendo lento en otra cosa que no es la carrera.
Me siento a su lado y lo miro.
- ¿Qué me aconseja que haga para acercarme a alguien como ella? Tomando en cuenta que no parece ser alguien muy abierta. La excusa del impermeable, aunque tonta, es la más sensata para decir por que llegue hasta su trabajo. Que vaya a visitar a Santana no me lo creerá, ya mi amiga me dijo que hoy no iba a estar a esa hora –Le digo las palabras que ensaye en mi mente toda la noche.
- ¿Alguna vez te conté como conocí a mi difunta esposa? -Dice él y pensé que no me estaba prestando nada de atención.
- En un barco.
- Así es, yo era uno de los mesero del bar de aquel crucero y ella la hija mayor de una pareja millonaria que decidió celebrar su aniversario en vacaciones.
- Si, me contó esa historia –Le digo tratando de no sonar grosera.
¿Cuándo dejamos de hablar de mi?
- Muy bien ¿Sabes cuantas posibilidades tenia de acercarme a ella? –Me pregunta abriendo sus grandes ojos azules –Ninguna, Rachel.
- Pero trabajaba allí.
- Pero ella era rica, yo pobre, ella no me miraba y yo no dejaba de mirarle. Si me acercaba, era probable que su padre hiciera que me despidieran, contando con que eran otros tiempos y no era una chica muy habladora.
- ¿Y cómo hizo que se fijara en usted? –Lo miro con atención, ya me tenia dentro de la historia.
- Como te tienes que acercar tú a esa chica extraña de la que me hablas. Dile lo que te hace sentir.
Yo lo miro en silencio por un rato.
- No creo que eso funcione, la conocí hace tres días… No es que este enamorada o algo, solo me llama la atención.
- Te gusta.
- Si pero…
- No le vas a declarar tu amor –No me deja continuar- le vas a mostrar tu interés. Dile que salgan, dile que te parece linda y si crees que se puede asustar, no lo hagas con palabras. –Se levanta y me toca la cabeza con varios suaves golpes. Como cuando premias a un cachorro –Eres una buena chica. –Dice con cariño.
- ¿Y si sale huyendo? Ella es… Tímida. –Muestro mi inquietud.
- No saldrá huyendo, no de alguien como tú, y si lo hace, no es para ti.
- Me siento extraña, nunca me ha interesado tanto alguien como para pensar en ir a hacer lo que voy a hacer hoy, y todo ha sido como una gran casualidad. La veo en todos lados.
- No creo que sea una casualidad, yo creo que la estuviste buscando…
- Claro que no, todo fue casual –Le aclaro porque yo nunca tuve la intensión de encontrarme con Quinn en cada lugar donde la encontré desde el lunes.
- Créeme, puede que la estuvieras buscando, que necesitaras a alguien como ella para despertar algo diferente en ti –Me guiña un ojo- Así funciona el mundo de Dios- Fue lo último que me dijo antes de irse.
No me dio tiempo de aclararle que yo no creía en Dios.
Yo no busque a Quinn pero, sin duda, quería conocerla más, aunque tampoco sabía que podía funcionar con ella. ¿Sería yo su tipo de persona?
La noche anterior, llame a Santana y esta solo me respondió por 5 minutos porque estaba en algo muy importante con Brittany. Lo poco que me pudo decir fue la dirección exacta de Evening Corp y a quien debía preguntar por Quinn.
Estuve pensando en que decirle, llevar un impermeable si era una excusa tonta, lo tenía claro, más aun cuando podía enviarlo cómodamente, pero tampoco podía llegar tan desubicada y decirle: Hola, eres rara y me gustas. Porque la rara iba a terminar siendo yo.
Quizás el conejo del viejo Brandon era más sensato, aunque no me certificaba el éxito.
Casi dos horas más tarde, estaba en la recepción de Evening Corp con una bolsa grande en mi mano izquierda y un pequeño paquete en la mano derecha.
Pregunte por Quinn y me indicaron que subiera al primer piso. Evening Corp era toda una gran planta en uno de los edificios empresariales más grandes de Boston.
Llegue al piso y una joven secretaria me pidió esperar en los cómodos sofás de visitantes. De repente quise tener un cigarrillo, esperar casi una hora no era lo mío.
Cuando mi aburrimiento estaba en su límite, y mis ganas de irme comenzaron, una mujer rubia y mayor, que se había sentado frente a mí en silencio, me habla.
- Esta tipo de gente ama hacer esperar a los demás –Espeta ella cansada de ojear una revista de empresarios que no parecía entender mucho.
Yo no le respondo, solo le doy una sonrisa por amabilidad.
- ¿No sabes si por aquí venden café con canela? Muero por un café con canela, de esas de palitos, los pones encima y revuelves –Hacia gestos con las manos- No en polvo, eso no me gusta y en el café de abajo solo hay cosas raras como café sin cafeína. ¿Cómo puedes tomar café sin cafeína? –Dice y yo suelto una leve risa porque era lo que siempre me preguntaba a mí misma.
- Quizás no pueden tomar cafeína, pero no le veo sentido tampoco, ni siquiera sabe bien.
- Gente extraña de ciudad –Niega con la cabeza. Es alguien muy elocuente.
- En Texas sembrábamos nuestro café y lo hacíamos cada mañana, fuerte como se debe. Mi difunto padre dice que si no hay cafeína, no hay alegría –Ella contaba y reía de su propio chiste.
Yo de repente me contagie.
- ¿Entonces usted es de Texas? –Me rendí y busque conversación.
Quinn no aparecía y con algo me debía entretener.
- Así es, pero ya no vivo allá –Dice y pude percibir su tono de nostalgia– Vivo en este estado, por aquellos lares –Señala los supuestos lares como si fueran la otra habitación.
- Entiendo, conozco poco de Texas, pero me gusta su comida.
- Yo soy de Guistine, hay pocos habitantes, pero deberías ir porque hacemos buenas carnes. –Remarcaba más su acento sureño.
- No conozco Guistine.
- Me lo supuse –Rio de nuevo, era muy risueña.
Cuando intente preguntarle su ubicación exacta, llego a quien yo tanto esperaba… Aunque ella también lo hacía.
- Mamá ¿Qué haces aquí? –Dice Quinn mirando a la mujer frente a mí.
La señora se levanta con cara de lamento y mira a la hermosa chica que yo fui a buscar.
- Quinnie, me aburro mucho en ese departamento tuyo. No hay ni un pajarito allí. –Hablaba con dramatización.
Quinn resopla con fastidio y rueda los ojos. Yo la observo divertida. Si esta era su madre, parecían agua y aceite, solo el parecido en los ojos claros y el cabello rubio podían hacer que me convenciera.
- Hoy estoy ocupada aquí, mis jefes se tienen que reunir de nuevo. Nos podemos ver para almorzar. –Le explica sin hacer mucho ruido.
- ¿Y mientras tanto que hago? –La señora se cruza de brazos, en clara protesta.
- Mientras tanto puedes ir de compras.
- Me puedo perder –Desvía la vista hacia mí y Quinn hace lo mismo. En ese instante, me descubre por primera vez.
- Hola… -Le digo con una apenada sonrisa.
- ¿Cómo estas Rachel? –Ella me la devuelve extrañada. Todo era extraño en estos tres días.
- ¿Ustedes se conocen? –La mujer mayor pregunta mostrando todos sus dientes, con esa emoción que nunca le parece faltar.
- Si, mamá –Quinn dice con un tono de impaciencia y vuelve a mirarme -¿Qué haces aquí? ¿Vienes por Santana? –Trata de sonar más amable.
Yo miro su lindo vestido por debajo de las rodillas, era un tono de rosa fuerte con lunares blancos. Es tan linda.
- No, ella me dijo que hoy no vendría. –Me levanto ante la atenta mirada de las dos mujeres rubias. –Vine por ti.
Quinn se muestra un poco sorprendida y mira mis manos. Las tres quedamos en silencio.
- ¿Y entonces? –Fue lo que dijo la mujer mayor al notar que nadie hablaba.
- Mamá… -Quinn la mira con los ojos muy abiertos.
Yo comencé a reír porque note que la más joven se sonrojo.
- Yo quería disculparme por irme ayer tan rápido –Hablo despacio, no sabía cómo describir mi estúpida huida de Dolce.
- No te preocupes. –No parecía molesta.
- También quería dejarte esto –Le estiro la bolsa donde estaba su impermeable perfectamente doblado –Y esto –le doy la pequeña caja blanca con una cinta roja encima- Me gustaría que abrieras esto luego, cuando estés menos ocupada.
Quinn tomo todo lo que le di y me siguió mirando sorprendida.
- No sé a qué se debe todo esto, no es mi cumpleaños –Dice ella con un tono divertido.
- Lo de la bolsa es un impermeable fucsia que seguro te resulta conocido –Le explico y abre los ojos al máximo.
- ¡No tenias que molestarte!
- Claro que sí.
- Pensé que lo había perdido, pero no tenias que traerlo, me da vergüenza contigo –Su tono era muy apenado mientras ojeaba un poco la bolsa.
Su madre también aprovecho de ver.
- Deja, Quinn… Es una chica amable, agradece el gesto –Le guiña el ojo a su hija y luego me sonríe a mí.
- Mamá, deja, que yo ahora hablo contigo. –Le dijo aunque no con dureza.
- Yo me tengo que ir, espero que abras eso y que te guste todo lo que está dentro. –Le señalo la pequeña caja.
Ella la mira con mucha curiosidad y luego me observa a mí.
- Te lo hare saber, de algún modo… -Es todo lo que me dice.
Yo me despido de la mujer graciosa a su lado, y de ella, con tan solo un movimiento de mano.
- Hasta luego. –Sentencio sonriendo, pero con algo de incomodidad. Quinn no reacciono muy efusiva ante mi sorpresa, pero es que tampoco parecía ser muy efusiva con otras cosas.
Cuando esperaba el ascensor, escuche un murmullo a mi espalda hasta que sentí los pasos de Quinn de cerca de mí. La mire y ella, llevando su cabello rubio detrás de la oreja derecha, me sonríe con cierto sonrojo en su rostro.
Un beso en la mejilla, un cálido y tierno beso me regaló.
- Muchas gracias, que tengas una linda mañana, Rachel. –Me dice mirándome fijamente y yo creí morir en esos ojos verdes con avellanas de oro.
- Solo, solo ábrelo –Atine a decir antes de que se alejara con su perfecto rostro y sonrisa de caramelo.
Cuando entre al ascensor, la madre de Quinn me despedía con mucha efusividad, moviendo la mano y mostrando los dientes. En ese momento no supe porque y tampoco supe de su celebración posterior pero, sin duda, lo iba a saber.
La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida…
