You are mine
Capítulo 13: No te odio—Derek…
—No.
—¡Pero Derek…!
—He dicho que no Stiles.
Derek escucha al chico bufar con aburrimiento, y le mira atentamente mientras se cruza de brazos a la altura del pecho, formando un adorable mohín con sus labios, como si hubiera sido regañado o privado de su juguete favorito. Y realmente, piensa con cuidado, puede que sea eso.
Pero no es culpa suya que el adolescente haya bebido más de la cuenta, y ni siquiera podría calificarse como culpa de alguien además de Stiles. Se supone que la edad del chico es lo bastante adulta para saber cómo rechazar alcohol con maestría.
Derek se crio de una manera demasiado diferente a la que, actualmente, se educan a los jóvenes. Él sabe que los Omegas sin pareja pueden hacer lo que quieran, desde beber cantidades atmosféricas de alcohol hasta elegir como vestirse para salir de casa; no obstante, era muy mal visto que esta libertad fuera aprovechada, pues de manera general el Omega buscaba ser de agrado a un Alfa o a un Beta que fuera un compañero posible. Al parecer, Stiles no tenía la intención de ser de interés para nadie.
—Que aburrido eres—gime el adolescente por lo bajo, haciendo otro puchero.
Derek rueda los ojos sin poderlo evitar, fastidiado por la actitud infantil de Stillinski.
—Has dicho eso muchas veces—masculla con los dientes apretados.
Stiles le mira con los ojos vidriosos, la pupila dilatada hace parecer al iris mucho más oscuro. Las mejillas del menor siguen sonrojadas—lo nota con dificultad por las luces—, y están a una distancia considerable como para notar el sudor que empapa el cabello de la frente. La música de la fiesta llega a sus oídos aun en ese lugar apartado en donde está la mesa, y aunque estén sentados en frente, pueden escucharse con tan solo hablar alto sin la necesidad de gritar. Aunque claro, Derek no necesita que el adolescente grite para poder escucharlo.
—Y lo seguiré diciendo hasta que vayamos a bailar—contesta el chico, y Derek nota como arrastra la lengua levemente.
—No quiero bailar, Stiles…
—¿Por qué? —Derek suelta un suspiro, y decide contestar la pregunta, aun cuando eso significa no mantener a Stiles callado por unos minutos más.
—No disfruto hacerlo.
—¿Qué? Derek, pero todos aman bailar… a menos que no sepas. En ese caso está bien que no te guste, porque una persona que no conoce una actividad es propensa a mostrar desagrado por dicha actividad; yo no sé jugar quemados (y no tiene nada que ver que sea Omega), por ello no me gusta. Pero, ¿Por qué no sabes bailar? ¿Qué se supone que ser un Alfa te priva de eso? De ser así, ahora entiendo porque Scott tiene dos pies izquierdos…—Derek, para ese momento, ya tenía un pequeño tic en la ceja izquierda—, aunque la caída que recibió de pequeño también pudo haber afectado. ¿Sabes qué? No me importa que no sepas bailar, porque no es como si yo fuera un maestro o algo parecido, de hecho puede que termines bailando mejor que yo; no me molesta ser el motivo de risas, pero si eso es un impedimento para ti podemos simplemente pedir otro trago. Creo que el que bebí hace rato me dejo con la boca seca. Me pregunto porque el alcohol me afecto así… debe de ser porque fue mi primer trago. La fiesta es muy buena, mira que me han pintado espirales y cosas de estas…—se señala así mismo, y Derek definitivamente no le mira. Demonios—. Me gusta la pintura azul, aunque la rosa también es bonita, pero no me pondré rosa… pensándolo bien, ¿El rosa queda con mi tono de piel?
—Stiles, cállate ya.
El chico le mira, serio. Se pone nervioso. Stiles jamás le ha mirado serio, nunca desde que le conoce, a menos que este enojado. No pudo enojarse, piensa, le ha dicho miles de veces que guarde silencio y no por ello se ha enojado antes.
Entonces Stiles sonríe, pero no es una sonrisa que él le haya visto jamás. Es una sonrisa ladina, que parece peligrosa, curvándose con la precisión exacta para poder esconder un secreto entre esos labios rosados; colocando detrás de esa fachada un sentimiento de malicia que definitivamente no es malvado en lo absoluto, y dándole un aire de perversidad que resulta familiar para Derek…
Kate…
La sonrisa cambia radicalmente cuando ve los ojos del adolescente, mirándole con atención, brillando de una forma que Laura hubiera descrito como fascinación. Eso combinado con la sonrisa ladina, podría significar muchas cosas que él ni siquiera puede interpretar la mitad.
Nota las nebulosas en sus irises whiskey, tan diminutas que nadie puede reparar en ellos si no le prestas atención debida. Pasan del color miel al ámbar de manera radical, haciendo que se pierda el color claro casi por completo, luego se oscurecen levemente hasta llegar a la pupila dilatada de color negro profundo.
—Me gustan tus ojos.
Derek se endereza repentinamente, creyendo que es su propia voz la que ha comentado aquello. Se sorprende cuando Stiles le ve con una pequeña sonrisa y la mirada perdida, entrecerrada, como generalmente lo hace cuando busca una respuesta a una pregunta difícil.
No puede evitar desconcertarse al encontrar ese gesto familiar y típico.
—¿Qué? —dice, casi gruñendo, confundido.
Stiles solo abre la boca y la cierra, como un pez debajo del agua, y mira a todos lados nervioso. Si las luces no fueran tan bajas, piensa, podría ver un sonrojo…
—Que… tus ojos son, ¡Oh demonios Derek! —Exclama, negando con la cabeza y alborotándose el cabello—, ¡es obvio que me escuchaste con esas orejas de perro que te cargas!
—Te he escuchado.
—¿Lo ves? Entonces solo… déjalo estar, ¿Quieres?
—… De acuerdo… —accede, cruzándose de brazos y girándose hacia la pista, buscando apoyo.
Laura está bailando con los chicos y su mirada esta puesto sobre él. Alza ambas cejas al mismo tiempo y las frunce un poco, mirando de reojo a Stiles, esperando que la chica capte la indirecta. Cuando vuelve su mirada a su hermana, esta le ha sonreído irónicamente, antes de enseñar el dedo del medio y concentrarse en bailar, dándole la espalda.
Derek se siente herido.
Su propia hermana…
—Traición.
—¿Qué? —la voz de Stiles ha llamado su atención.
Le mira alzando las cejas, mientras que el adolescente hace un puchero.
—Traición—repite el omega, lentamente, como si fuera necesario para entenderle—. Me siento traicionado.
Derek solo rueda los ojos. No debe contestarle, eso motivaría al adolescente hablar. Tampoco debe tener miedo… Stiles huele el miedo…
—Scott me ha traicionado—sigue hablando, sin importarle ni un solo momento que Derek no quiera oírle. Puede que el chico le guste (y eso es difícil de aceptar aun) pero aún no lo soporta—, ¿Sabías que el ultimo castigo fue culpa suya? See…—pronuncia la E, alargándola pesadamente—. Él y Allison siempre confabulan en mi contra, como si su relación se basara en hacerme la vida imposible y esa sea su única diversión, cosa que sinceramente no entiendo, ¿Qué acaso su vida es tan aburrida que necesitan ver la miseria de los demás? Aunque, si soy sincero, no es como que mi vida fuera una miseria debido a ellos… seria debido a mí.
—Stiles—llama, colocando una mano en el hombro del chico para llamar su atención—. Estas diciendo cosas sin sentido, estas ebrio. Cállate y ven, iremos a acostarte.
—Pero yo no quiero acostarme—hace un puchero adorable, y si puede pensarlo. Stiles es adorable sin tratar de serlo—, quiero bailar. ¿Por qué no bailas conmigo, Derek? Si te preocupas por mí como parece, es mejor que vayas conmigo a ir solo…
—Yo no iré a bailar contigo, porque tú tampoco iras.
—Obsérvame.
Stiles le muestra una sonrisa ladina, maliciosa, y antes de que pueda siquiera procesar lo que sucede, el omega ya se ha lanzado a la pista, perdiéndose en la multitud. Derek se lanza inmediatamente después de él, pero la concentración de personas es tanta, y el cuerpo de Stiles es tan delgado, que es fácil perder al adolescente en el mar danzante que se ha convertido el Loft.
Demonios, piensa, preocupado por el pobre Omega. Cualquiera puede aprovecharse de él sobrio, y estando ebrio y rodeado de desconocidos que seguramente son más que hormonales, parece que Stiles entrega su vida—por no decir su trasero— en bandeja de plata. Ingreso en la boca del lobo. Y Derek no puede permitir que eso suceda, porque Stiles no puede sufrir daño alguno, no es posible que él de ningún modo lo permita jamás.
Así que lo busca, empujando un poco los cuerpos, con su mirada recorriendo todos y cada uno de los rincones de la estancia. No puede agudizar su oído a menos que quiera terminar tirado en el suelo con dolor de cabeza, pero trata de forzar su vista. Siente como sus ojos responden a su pedido, y aunque está completamente seguro que sus ojos cambiaron ya a un color azul, no puede importarle menos. Stiles lo vale.
Se pregunta dónde demonios esta Laura cuando la necesita.
Lo encuentra de inmediato, pero no le gusta lo que ve.
Stiles, SU Stiles, está rodeado de Alfas y algunos Betas, bailando como si no hubiera un mañana, divirtiéndose como normalmente hace. Lo que definitivamente no le gusta es que uno de ellos rodea la cintura del omega, apegándolo a su cuerpo y bailando.
Stillinski de inmediato se tensa, tratando de separarse del Alfa a tirones. La música sigue sonando, y al parecer nadie presta atención a la pequeña lucha que desarrolla el chico por tratar de defenderse. Derek si lo ve.
Se acerca con rapidez, tomando el brazo de Stiles y llevándolo a su lado; al mismo tiempo, su cuerpo se tensa e inclina hacia el alfa que de manera obvia, es mucho más bajito que él. Gruñe, con fuerza, y el otro se endereza de inmediato viéndolo a los ojos.
—¿Qué? —Gruñe el alfa extraño, dándole una mirada a Stiles—. No esta enlazado. No tiene dueño…
—Soy su dueño—los celos invaden su voz. Tira un poco del omega, con suavidad, queriendo ocultarlo a su espalda. Stiles no lo permite, pero si se pega a él, demostrando la veracidad de sus palabras ante el alfa extraño.
—Deberías de marcarlo entonces, o al menos controlarlo. Ha desobedecido a un Alfa.
—Mi Omega solo debe responder ante su alfa—cada vez está más enojado, y lo hace notar, gruñendo desde el pecho.
—No está enlazado—repite—, un omega sin enlazar le debe respeto a todo Alfa.
—No le debo nada—dice Stiles, encarándolo y alzando la barbilla como cientos de veces ha hecho con Derek— a una basura pretensiosa como tú, idiota.
El Alfa hace ademan de golpearlo, y es entonces que Derek le toma del brazo, clavando las uñas que ya comenzaron a crecer y provocándole dolor. Gruñe, esta vez en el rostro del alfa enemigo que quería hacerle daño a su omega de manera deliberada, y siente sus colmillos crecer. Cuando los ojos del alfa enemigo se encienden en pánico, sabe que han crecido, al igual que sus ojos brillando.
—Escucha con cuidado—dice Derek, apretando los dientes y gruñendo cada palabra con su voz de Alfa atronadora. Stiles se estremece a su lado—: No te acerques a mi omega, o te matare antes siquiera que repares en mi presencia. Ahora vete de aquí, o morirás mucho más temprano de lo pronosticado.
El Alfa se va de inmediato, gimoteando por lo bajo, apaleado. No es hasta que lo escucha salir del Loft que se relaja, destensando la mandíbula y sintiendo retraerse los caninos. Se gira hacia Stiles, y le ve, con los ojos húmedos, vidriosos en algo que Derek no reconoce. Antes de poder decir algo, el chico rompe a carcajadas.
—¡Se fue con la cola entre las piernas! —exclama, doblándose un poco y sin parar de reír—. Yo… juro que estuve a punto de… ¡Fue tan cómico! Nunca había visto a un Alfa de esa manera tan… sumisa…
—Yo…
—No, Derek—dice riéndose aun así—. Fue glorioso poderte ver en modo alfa rompe culos, y tú le dijiste que—se calla abruptamente. Lo mira a los ojos, abriendo estos como platos y sonrojándose, lo nota por el calor que desprenden sus mejillas, y Derek esta tan cerca que puede sentirlo. Su corazón se acelera, y sus ojos brillan debajo de la luz neón con fuerza—… dijiste que era tu omega.
Y ahí todo se va a la mierda.
Stiles está consternado, confundido, sorprendido, shockeado, etc. Con un sentimiento que late incesantemente en su pecho, llenándole de una calidez embriagadora todo el cuerpo y desviando su sangre directamente a sus mejillas. Su boca estaba cerrada en una línea, apretada levemente, y podía sentir como los vellos de su cuerpo se erizaban cuando un escalofrió le recorrió la espina dorsal. Su estómago era un desastre, con miles de dragones y gárgolas—por qué no eran mariposas, de eso estaba seguro— revoloteando por todas sus paredes gástricas, salpicando los jugos digestivos en ellas y enviándole sensaciones desconocidas directamente a su cerebro.
Nadie, jamás. Nadie, absolutamente nadie, en ningún momento de su vida le había reclamado como pertenencia. Hasta el momento, eso estaba perfecto, pues era un fiel creyente a la libertad de uno mismo, a que cada individuo sin importar su jerarquía, puesto social o empleo era libre y solo se pertenecía a él; por consecuente, estaba en desacuerdo con las palabras primitivas que eran posesivas. Sin embargo, por más loco que suene, sentía su estómago lleno de murciélagos arañando las paredes estomacales.
Es de alguien. De alguien… de Derek.
Al fin, se había sentido parte de alguien, y su omega interno chilla como colegiala enamorada—que no estaba muy lejos de la realidad, a decir verdad—cuando escuchó a Derek llamarlo de esa manera, suyo. Se sonrojo sin poder evitarlo, pero no sonrió como idiota, cosa que piensa que va a suceder en cualquier momento.
Porque no es cosa ligera, y Derek lo sabe.
—Sí—asiente, porque ya no importa que lo niegue, Stiles le ha escuchado. Está preparado para todo, para el rechazo, para que Stiles por fin deje de hablarle después de enterarse de lo que esconde; aunque este lo suficientemente borracho para olvidar lo que dirá, se prepara.
—Lo has dicho.
—Sí, lo dije.
—Derek yo…—balbucea, negando con la cabeza. Le mira y sus ojos se encienden en decisión—. Ven.
Lo toma del brazo, tirando de él hacia un lugar desconocido.
.
Laura observa todo eso, con una sonrisa en el rostro.
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El lugar desconocido es la azotea, y Derek se sorprende de no haber subido ahí antes. El lugar tiene, sino la mejor del mundo, una linda vista que fácilmente puede ser apreciada. El bosque que colinda con el pueblo se ve detrás de cada edificio, y aunque el frio nocturno sea gélido, lo disfruta.
Respira el aire de la altura, y se llena de la frescura que es inusual en la ciudad. La ha respirado en el bosque, pero no en un edificio. Alza la vista, y se encuentra con el cielo oscuro, lleno de estrellas. Se da cuenta que, aunque estén en una zona moderadamente urbanizada, el bosque y la pureza de Beacon no permite que el cielo se oculte detrás de nubes.
—Entonces—la voz de Stiles le devuelve a la realidad, al propósito. Le mira, y lo primero que vez es la piel del chico, erizada debido al frio. Se quita la chaqueta sin pensar, y aunque se la entrega más rudamente de lo que pretendía, este la ve y la toma—. Gracias Derek, hace mucho frio aquí, ¿En qué demonios pensaba cuando esto me pareció buena idea? Hace mucho frio, moriré de hipotermia… como sea, ¿Para qué salimos? Ya no lo sé… Ah sí. Derek—le mira de nuevo, con seriedad, y Derek alza una ceja en expectación—, no te odio.
—¿Qué? —decir que estaba confundido era quedarse corto, y la sonrisa de Stiles no aclaro sus dudas.
—No te odio—se encoge de hombros, sonriendo con ternura—. Tú no me odias, yo no te odio, no nos odiamos.
—Stiles, no estás bien…
—Estoy mejor que nunca, Derek. Me has dicho que soy tu omega, y eso, aunque fue seguramente para salvar mi trasero, tiene algo de verdad.
Asiente con la cabeza, porque no sabe otra cosa que hacer.
—Y—sigue Stiles, como si no le importara ser la parte activa de la conversación, y seguramente no es así— me siento feliz. Muy feliz, y no sé porque es debido al alcohol o porque no me odias, o porque puede que tenga una chance contigo.
—¿Qué? ¿De qué hablas?
—Oh vamos Derek, ¿En serio no te has dado cuenta? —Se mofa, riéndose—. Seguramente debes de ser alguien ingenuo, o yo no soy tan obvio como pensaba. Por dios, que me gustas hombre.
Derek abre la boca, sorprendido ante la confesión, pero Stiles sigue hablando sin dejarle procesar las palabras, sin parar.
—Y sé que soy un omega y que no puedo tratar de proponerte nada porque no es la costumbre, pero al carajo—alza las manos, con exasperación. Le apunta con el dedo—. Yo, Stiles Stillinski, soy un alfa temporal, y como alfa temporal que soy, yo decido a quien cortejar. Considérate el omega temporal ganador, Derek. Desde hoy, eres mío bebé.
Fue lo último que dice, antes de comenzar a vomitar y dar arcadas.
