Disclaimer: Shingeki No Kyojin pertenece a Hajime Isayama.
Esta es una fanfic traducida por: leonhardtrose
Historia original en inglés por: Maddie612
Te diste cuenta; de que no habías asegurado la puerta, medio abriste los ojos cuando escuchaste a alguien entrar al apartamento.
Las luces del apartamento se encienden y Levi aparece en la sala. Está sosteniendo el suéter que dejaste caer en el pasillo.
Te tallaste los —demasiado lagrimosos— ojos. Levi todavía tiene sus botas y su abrigo gris de invierno. Los copos de nieve que no se derretían todavía brillaban sobre su cabello. Él está exhausto, las ojeras debajo de sus ojos estaban más oscuras de lo normal.
Mientras sacudes tu cabeza lentamente para que tu mente vuelva a la realidad, un mechón de cabello húmedo se pega a tu frente. Levantas la mano para quitártelo de la frente. Es cuando notas que hay un pequeño hilo rojo que baja por la palma de tu mano. Debiste haberte cortado mientras caminaste a gatas por el pasillo. ¿Cómo es que no lo habías sentido?
Lentamente, comienzas a recordar todo lo que había pasado… ¿ayer? ¿Qué hora era? Miras hacia la izquierda. Había amanecido hace algún tiempo ya que se divisaba la luz entrando por la ventana levemente. Otras personas seguro yacían dormidas plácidamente, y cuando despertaran su única preocupación sería si querrían sus huevos fritos o sancochados. Aunque tú también deberías preocuparte en probar siquiera un pequeño bocado de algún alimento.
Pero tenías otras cosas más importantes por las cuales preocuparte en este momento.
Levi lanza tu suéter hacia el sofá sin quitarte la mirada de encima. ¿Dónde estaba él cuando estabas sentada en ese sucio piso en el baño de aeropuerto, cuando desesperadamente intentabas no vomitar por el estrés? ¿Él se había olvidado de que estabas ahí? O tal vez él pensó que tú estabas de lo más tranquila aun cuando tu amiga estaba siendo arrestada.
Después de todas las cosas que te habían ocurrido, era justo decir que lo odiabas. Que lo detestabas demasiado y que jamás querías volver a verlo.
Sea como fuere, eso no sería verdad.
Y ambos habían agotado sus recursos en ese asunto hacía un tiempo atrás.
"No aseguraste la puerta," dice Levi.
La reacción de tu cuerpo cuando escuchas su voz es repentina y te cubres la boca con la mano para acallar un sollozo, regando la sangre por toda tu cara. Un pequeño soplido se escapa de tus labios y las lágrimas llenan tus ojos gracias al dolor.
Que desastre eras.
Levi se agacha al frente de ti, examinando tus piernas heridas. Su mirada cambia hasta tu ropa interior, pero su mirada no te hace incomodarte. No te sientes descubierta tampoco. Él te mira como un doctor examinando a su paciente.
Tratas de ponerte de pie con tus codos, pero una seña de negación con la cabeza por parte de Levi te detiene, te dice que te recuestes sobre tu espalda. Él abandona la habitación para regresar unos segundos después con un botiquín de primeros auxilios.
Luego se coloca unos guantes de látex y comienza a atender tus heridas. Afortunadamente las heridas no son profundas y no hay pedazos de vidrio en ellas así que Levi se las arregla para vendarte las rodillas bastante rápido, aplicando un apósito estéril primero. Cuando él te toma de la mano izquierda con su propia mano tratas de ni siquiera pestañear. Ni siquiera por el dolor.
Con la poca fuerza que te queda, retiras la mano de su agarre. Habías tenido suficiente humillación por un día. De hecho, habías tenido suficiente humillación como para una vida entera.
Los ojos de Levi caen sobre ti.
"No es nada que yo no pueda manejar," dices con tono áspero. Él te había cuidado desde siempre. Dormir demasiado – el desayuno estaba sobre la encimera de la cocina. Deshidratación – una botella de agua te alcanzaba de inmediato. Cansancio – una manta te cubría el cuerpo por completo.
Ya era tiempo de que empezaras a cuidarte sola. Finalmente.
Con expresión implacable, agarras el alcohol antiséptico y desinfectas las heridas de tu mano. Levi te mira mientras envuelves tu mano. Te toma el doble del tiempo vendarte la mano tu sola, pero estás contenta con los resultados.
Mientras las heridas en tu palma derecha comienzan a sangrar más. Con tu mano izquierda, limpias con delicadeza la herida. Gracias al cielo no hay pedazos de vidrio en tu herida y logras desinfectarla con eficacia.
Cuando terminas, te levantas del suelo cuidadosamente, apoyándote de la mesa y dirigiéndote hacia el cuarto.
"No puedes caminar por el pasillo en esas condiciones," Levi dice detrás de ti, poniéndose de pie también.
"Oh si puedo," le respondes, caminando con cuidado de no pisar ningún pedazo de vidrio.
Alcanzas la cama finalmente, y te enrollas en una sábana, alejándola lo más posible de tu cara cubierta de sangre. Finalmente, le envías a Levi —quien te había seguido hasta el cuarto— una mirada de cansancio.
"¿Sabes? Un simple gracias estaría bien."
Con eso, te volteas hacia la pared, dándole la espalda. Algo te viene a la cabeza y le echas una mirada una vez más.
"Ni siquiera intentes arreglar el jodido desastre que hice en la sala. Yo misma lo limpiaré cuando despierte."
Levi se ve pensativo, casi absorto, en el momento que cierras los ojos e inmediatamente te quedas dormida.
