"La mejor fiesta de No navidad."
Era 4 de diciembre y yo estaba en una fiesta navideña. No sé si exista una pauta para comenzar estas celebraciones de forma oficial, pero se supone que luego de Acción de Gracias, la gente espera un tiempo prudente para atormentar a los demás con villancicos y canciones navideñas que fueron grabadas hace unos 60 años.
Pero allí estaba yo, Rachel Grinch Berry, con un cómodo vestido negro y aquellos zapatos altos que use para la cita en el banco.; parada al lado de un gran ventanal en donde se podían ver las primeras señales de minúsculos copos de nieve en la acera de aquella inmensa casa. No era mucho, de hecho faltaban algunos días para que en Boston nevara oficialmente.
Al fondo estaba sonando el álbum de navidad de NSYNC. ¿Recuerdan ese grupo? Porque yo tuve que hacer mucha memoria para siquiera recordar que les dio tiempo grabar un álbum de navidad, pero la gente estaba complacida escuchando aquello que a mí me parecía aberrante.
Aunque no era lo único…
También habían bandejas de bebidas que llevaban copas con cintas verdes y rojas; mesas con dulces y aperitivos, todos adornados, incluso pensé que el pollo estaba vestido de Santa Claus, pero decidí no mirar mucho mas y me fui hasta el ventanal que, cabe destacar, por fuera tenia luces parpadeantes.
Había mucha gente como cada año, unas 300 personas alrededor de las grandes salas con adornos navideños y un inmenso árbol en medio, pero entra tantas luces y humanos… Quinn Fabray no había llegado.
El día jueves le envié el lugar y la hora, ella me respondió que allí estaría. No volvimos a establecer conversación alguna, pero se supone que iría sin que se lo recordara una vez más y eran las 8:05 pm, llevaba más de una hora de retraso.
- Bienvenidos, feliz navidad –Sonaba aquella voz que recibía a las personas y les entregaba un gorro rojo navideño. Yo busque la puerta, pero no era Quinn. A los pocos minutos de nuevo escuche –Bienvenidos, feliz navidad. –Nada aun.
- ¿Le has dicho a Brittany que estamos en diciembre pero que no es navidad aun? –Espeto a Santana que se acercaba con la boca llena, su gorro y su ajustado vestido rojo.
Ella me hace señas con las manos para que esperara que tragara lo que sea que, cubierto de navidad, se estuviera comiendo.
- Sabes que ama la navidad y es su cumpleaños, de resto no haría todo esto –Habla señalando todo a su alrededor.
Y esa era la razón por la cual yo me aguantaba la fiesta. Era el cumpleaños de Brittany, alguien que, además de ser la mujer que mi mejor amiga ama, también era mi amiga. Aquella rubia de alma dulce siempre daba las mejores fiestas de navidad en su cumpleaños. Aunque, técnicamente, faltaran mas días para celebrar esa tradicional festividad.
- Esta bien –Suspiro sin remedio y tomo de mi copa.
- ¿Nada que llega tu invitada? –Me pregunta mientras sacude los restos de comida de su vestimenta.
- Pues ella… -Me quede callada porque al escuchar otro: "Bienvenida, feliz navidad", ambas giramos y por fin Quinn había llegado.
- Bueno, ya llego por quien llorabas. –Dice Santana riendo.
Brittany la recibió, sin conocerla, con un abrazo y un gorro como todos en la sala. Todos menos yo, cabe destacar.
Quinn se mostró un poco cohibida por el gesto de cariño de aquella rubia un poco más alta que ella, pero con una sonrisa recibió el gorro; luego le entrego el abrigo e intercambio algunas palabras con la anfitriona. Pude notar que me estaba buscando con la mirada. Santana agito su mano y ella nos descubrió.
Con un lindo vestido azul de corte clásico sobre las rodillas; zapatos negros un poco más bajo que los míos, aunque yo igual quedaba centímetros debajo de ella; una tímida sonrisa y el gorro en su cabeza, camino hasta nosotras. Observe como detallada los adornos en ese corto trayecto. Recordé que a ella si le gusta todo aquello.
- Hola, chicas, siento llegar un poco tarde –Saluda una vez cerca y ajustando mejor su gorro. Yo sonreí con ternura.
- ¡Que bueno verte, Quinn! –Santana la abraza con cierta efusividad- Si hubiese sabido que te gustaban estas fiestas, te hubiese invitado yo.
- Tampoco es que hablemos mucho de fiestas –Dice ella con una casi imperceptible sonrisa.
Yo si la notaba, yo me estaba haciendo experta en las sonrisas de Quinn Fabray.
- Tienes razón -Reía- Además de… ¡Oh, mira quien llego! –Deja las palabras en el aire porque, al parecer, vio a alguien importante. –Hablamos ahora, chicas. –Se aleja.
Quinn la mira con el ceño fruncido.
- Ella es así en estas reuniones. Demasiado sociable.
- Entiendo... ¿Cómo estás? –Se acerca a darme un corto, tímido, pero cálido abrazo. No nos habíamos saludado oficialmente.
Saben. Quinn huele muy bien ¿No se los había dicho? Hasta ese entonces, era nuestro primer abrazo, antes de él yo sabía de su maravilloso olor, sin embargo, ahora cerca… Podía ser adictivo.
- No te preocupes por llegar tarde, supuse que tenías cosas que hacer. –Digo encantada luego de separarnos.
- Si, aunque no era urgente, básicamente mi madre me pidió asesoría para configurar su nuevo horno eléctrico. Eso se lleva 10 minutos, pero con ella es una hora por teléfono. –Explica con fastidio.
- ¿Y lo lograste? –Alzo las cejas divertida.
- Si, ya puede hornear el pavo sin que quede medio crudo como en acción de gracias. –Espeta entre dientes. No es que estuviera molesta, su tono era divertido y me gusto.
- Parece una persona especial.
- Lo es…
- Como tú… -Le digo y me mira con aquellos ojos que invitaban siempre a no apartar la vista- Digo, no es que las conozca mucho pero… -Buscaba palabras para no sonar tan "lanzada"
- Esta bien, Rachel –Sonríe burlona por mis palabras atoradas.
- Bueno –Miro detrás de Quinn como se acercaba una nueva bandeja de bebidas adornadas- ¿Quieres algo de tomar?
- Pues… -Contempla más el lugar- Si me gustaría…
- ¿Cerveza Holandesa? –Bromeo haciendo referencia a su primera bebida con alcohol, pero la miro seria.
Ella me mira igual y pude notar que no hallaba palabra para rechazar mi oferta. Decidí terminar con la broma.
- Estoy bromeando –Le digo y calma su tenso rostro.
- ¿Puedo tomar algo sin alcohol, hoy? Por favor…
- Esta bien, hay un bar donde están sirviendo de todo y allí deben haber otras bebidas. ¿Quieres ir? –Le ofrezco y asiente rápidamente.
Ambas caminamos en medio de aquella iluminada y musical sala.
Quinn observaba cada detalle con los ojos brillantes. Guirnaldas, pequeños duendes de madera y espuma en las esquina, incluso un Santa Claus con el inmenso trineo y varios renos, al lado de la escalera principal.
- ¿Esta fiesta es de la chica que me recibió? Me dio un poco de vergüenza.
- ¿Por qué te dio vergüenza? –La miro pero sin dejar de caminar.
- Es que no la conozco y vine así como si nada.
- Eres mi invitada –Le guiño un ojo y observo luego al chico que servía tragos frente a mí. -¿Tiene algo sin alcohol para mi amiga?
- Claro, ¿Le parece un coctel sin alcohol?
- Si, por favor –Responde Quinn.
- ¿Nunca habías visto a Bittany antes? –Le pregunto a la rubia a mi lado.
Ella deja de mirar por un momento la mezcla de tragos y me presta atención.
- No, nunca la había visto.
- Es la novia de Santana –Le informo. Ella abre la boca y ojos, levemente sorprendida.
- Ahora entiendo. –Dice asintiendo con la cabeza, como ajustando piezas.
- ¿Qué entiendes?
- Que por eso estas en la fiesta, no te gusta la navidad pero viniste porque es la novia de tu mejor amiga. –Sentencia mi chica inteligente.
- Así es… Además, Brittany también es mi amiga, es una chica maravillosa.
- Parece buena persona –Me dice al tiempo que tomaba el coctel que le ofrecían –Gracias… -Le responde al chico que también adorno su vaso con cintas.
Yo tomo otra copa de Champagne y decido quitarle un poco los incómodos adornos.
Quinn me mira curiosa mientras caminábamos hasta los muebles con, por supuesto, cojines navideños.
- Nunca había visto a nadie que le incomodara tanto la navidad… -Espeta suavemente, casi murmurando.
- Supongo que no conoces muchos Grinch.
- ¿Grinch? –Frunce los labios pensativa- Bueno, si conozco, pero no parecías ese tipo de chica… Te hacia mas… Como Santana –Dice mirando justamente a mi amiga que, abrazada de Brittany, se tomaba fotos dentro del trineo.
- Somos muy diferentes.
- Pero es tu mejor amiga –Me observa ahora con su lindo gorro. Puedo decir que a nadie le quedaba tan lindo como a ella sobre aquel cabello rubio.
- Es mi mejor amiga, pero no somos tan parecidas. Tenemos cosas en común, pero no son tantas… La navidad no es una de ellas –Hago una mueca de pena con la boca.
Me deja de mirar y vuelve a observar el trineo, luego el árbol un poco más lejos y las luces en malla que habían colocado en medio del techo de la sala. No se que era mas brillante, si la excéntrica decoración que había escogido Brittany o los ojos de Quinn viendo cada rincón.
Podía estar mil años mirando sus expresiones tiernas, pero yo quería saber un poco mas de ella. De hecho, sabía más de Quinn por Santana que por la misma Quinn, aun cuando estábamos juntas en una fiesta luego de yo invitarla.
- Entonces… ¿Qué tal New Bedford? –Pregunto y ella me mira luego de tomar de su cóctel sin alcohol.
- Todo igual, es un lugar tranquilo. Me gusta estar con mi familia allá.
- Supongo que iras de nuevo para noche buena.
- Lo haré, siempre cocinábamos todos juntos. ¿Y tú viajaras o tu familia está en Boston? –Se muestra curiosa.
Me gusta la Quinn curiosa aunque no en temas incómodos, pero prefiero que sea así en vez de cerrarse.
- Si, mi familia está aquí… -Dije e instintivamente mire a Santana. Mi amiga estaba deteniendo a Brittany que creo que ya estaba pasándose de copas porque quería disfrazarse de reno.
- Es bueno que al menos la pases con ellos aunque no te gusten las fechas.
Yo la miro y rio con cierta ironía que ella no parece notar porque una ruidosa persona se comenzaba a acercar.
- ¡Rachel! –Lucy había llegado y con su acostumbrada euforia, caminaba hacia nosotras.
¿Quién invito Lucy? Pensé.
- Hola, Lucy. Que sorpresa –Sonrió extrañada y me levanto para darle un beso.
- Me invito Brittany anoche. –Dice colocándose orejas de reno en vez del gorro de Santa. –Hola –Mira a Quinn que permanecía callada.
Yo me siento de nuevo. La rubia no le respondió. Se mostró tal cual se vio en el bar holandés cuando Lucy apareció por primera vez.
- ¿Y donde viste a Brittany anoche?
- Fue a tu casa con Santana, pero no estabas –Me informa y recordé que mis amigas estuvieron por allá para confirmar mi asistencia obligada, pero yo estaba en el supermercado.
- Genial… -Digo y miro a Quinn que seguía observado a la gente divirtiéndose mientras en el fondo sonaba alguna versión moderna de villancicos que había escuchado desde siempre.
- ¿Dónde puedo encontrar una de esas? –Lucy llama mi atención señalando mi copa.
- Por allá hay muchas –Le indico el bar y ella mostro sus dientes emocionada.
- ¡Ahora vuelvo! –Se aleja.
Quinn la mira alejarse y decido preguntarle lo que parecía evidente desde el día que la conocí.
- ¿No te cae bien Lucy?
Ella frunce el ceño y yo pensé que no me había escuchado pues su mirada seguía fija al frente.
- No me gusta su nombre. –Dijo y me confundió.
Ella decide, esta vez, mirarme a la cara.
- ¿Te cae mal porque no te gusta su nombre? –Formulo otra pregunta.
Que chica tan rara ¿Cierto?
- No me cae mal, pero no me gusta su nombre.
Yo seguía confundida. ¿Por eso no era tan amable con ella?
- Esta bien… Supongo que…
- Yo me llamo Lucy –Me dice y toma de su trago virgen.
- ¿No te llamas Quinn? –Me quería ubicar en esa extraña conversación.
- Me llamo Quinn Lucy, pero no me gusta Lucy –Repite y aquello sonó más a que no le gustaba mi amiga en vez de su nombre.
- Es un lindo nombre.
- Si, eso dice mi madre, ella me quería llamar Lucy Quinn. Me gusta solo Quinn.
- A mi también me gusta Quinn. -Afirmo sin despegar mi mirada de su lindo rostro.
Ella me mira y sonríe, pero al sentir la intensidad de mis ojos, aparta la vista hacia sus pálidas manos.
- ¿Vives con Lucy? –Me pregunta aun con la mirada baja.
- Es mi vecina –Le aclaro y asiente levemente con la cabeza. – Yo vivo sola, siempre he vivido sola desde que trabajo.
- Yo también vivo sola ahora, me gusta la privacidad –Me informa y yo no dude de eso.
- ¿Llevas mucho en Boston?
- 8 meses, Evening Corp solicitaba a alguien que les dijera que color usar –Me dice con algo de humor- Me arriesgue a mudarme por primera vez.
- ¿Siempre viviste en New Bedford?
- Si, incluso estudie allá…
- Uff, yo he estado desde pequeña en muchos lugares –Digo con cierto fastidio porque era así.
Me gusta viajar, me gustan las aventuras, pero cambiarte de casa cuando eres niña no es divertido.
- ¿Era por el trabajo de tus padres?
- No precisamente… -Le digo y ella me mira buscando una mejor respuesta, pero entendió que yo no planeaba darla. - ¿Te gusta trabajar en Evening Corp? Parece un lugar importante y Santana está contenta.
- Es un buen sitio, tuve miedo de venir, pero ahora estoy cómoda con mi puesto y mis jefes.
- ¿Por qué te daba miedo?
- No estoy acostumbrada a arriesgarme tan fácilmente… -Humedece sus labios- Pero me debo ir acostumbrando, ya tengo 27 años.
Si, Quinn es un año menor que yo y hasta ese momento no lo sabía.
- Pareces ser alguien con muchas capacidades, arriesgarse esta bien.
- Supongo que si… -Suspira con pesadez.
- ¿No quieres ahora algo con alcohol? –Miro su copa ya vacía.
- No gracias –Niega con la cabeza también.
- Yo si quiero otra –Me levanto - ¿Me acompañas? Podemos conocer más de la casa de Brittany.
Quinn se levanta aceptando la idea.
- Veo que Brittany es rica. –Dice lo obvio, pero con un tono de cierta inocencia que jamás podía sonar a envidia.
- Oh si, muy rica…-Afirmo con humor.
Y así nos fuimos hasta el bar donde tome otra copa de champagne, ella otro coctel sin alcohol; luego le enseña la sala de espejos que tanto amaba Brittany y ahora era salón de baile, la misma, estaba decorada con nieve falsa. También vimos desde lejos la piscina cubierta y el juego de tragos de tequila, si cantabas mal un villancico, debías tomarte uno y creo que el perdedor se emborrachaba.
Lucy resulto ganadora, ¿Cómo no?
Mi amiga universitaria decidió no acercarse mucho, creo que, al igual que yo, detecto la poca empatía que Quinn le tenía. Luego averiguaría por que. El cuento de que solo era su nombre no me lo tragaba.
- ¿Quieres una foto allí? –Se me ocurre porque ella no dejaba de mirar el trineo donde todos decidían tomarse fotografías.
- No, estoy bien así.
- Vamos, todos tienen una foto –Insisto
- A ti no te gusta la navidad ¿Para qué quieres una foto allí?
- Si no puedes con el enemigo… Únetele –Alzo los hombros.
Ella duda un poco, pero seguía mirando el trineo. Yo me arriesgo y le tomo la mano.
- Si no quieres no tenemos porque hacerlo –Dice pero dejándose llevar.
- Si no quisiera, no te lo dijera. –Le aclaro con una sonrisa.
No planeaba soltar su suave mano.
- ¿Quieres que sea una selfie o le pedimos a alguien que la tome? –Le pregunto mientras busco el teléfono en el bolsillo interno de mi vestido.
- Una selfie está bien. –Responde cuando, justamente, una pareja se tomaba ese tipo de fotografía.
Luego que se fueron, nos acercamos dentro del trineo. Ella se sube y me mira sonriente.
- Esto es muy gracioso –Ríe detallando todos los botones que aquello tenía. Era como algo muy real con correas para los renos y todo.
Yo me giro y veo a Santa Claus a nuestras espaldas. Era tan grande que resultaba espeluznante.
- Hagamos esto rápido –Digo mirando al frente y activando mi cámara- ¿Te puedes acercar?
Quinn acomoda su gorro y se acerca un poco hasta bañarme de nuevo con su delicioso perfume. Ambas miramos mi cámara, pero antes de sonreír para el recuerdo, ella me mira.
- No podemos tomarnos una foto si no tienes el gorro –Habla muy cerca de mi rostro.
- ¿Qué? –Pregunté encantada por su aliento a centímetros de mi cara.
Ella parece darse cuenta de ese detalle y decide mirar, de nuevo, los botones del trineo
- Usa un gorro, Rachel -Sonríe y descubre como había montones en la entrada.
Yo reacciono segundos después y me bajo con fastidio.
- Esta bien…
- ¿A dónde vas? –Me pregunta rápidamente.
- Voy por un gorro –Hago señas a la entrada de la casa.
Niega con la cabeza y yo espero a ver que planeaba. Se levanta del asiento de "Copiloto" que tenía el trineo y le quita el gorro a un ayudante de Santa que estaba sentado al lado del inmenso muñeco.
¿No se supone que el viejo viaja por todo el mundo en 24 horas solo con renos?
- Aquí está tu gorro –Me lo muestra complacida y divertida.
Yo entro al trineo rodando los ojos. Creo que incluso algunas personas nos vieron porque fuimos quienes más tardaron en tomar la foto.
- Ok, me pondré el gorro y tomare la postal navideña –Digo entre dientes y fingiendo molestia, pero ella solo reía.
En otras circunstancias, y con otras personas, yo jamás me habría tomado esa foto, pero Quinn tuvo ese poder.
Nos volvimos a colocar muy cerca, yo feliz con su perfume y ella con ojos brillantes esperando la foto.
- Di Whisky –Sentencio.
- Mejor digamos Santa –Opina ella.
- Ok. Santa a la cuenta de tres…
Y así fue. Ambas con gorros navideños, un gordo Santa Claus de fondo y encima de un trineo. Teníamos una linda foto navideña.
Y luego tuvimos otra en el mismo trineo, pero que nos tomo un amigo de Brittany para que se vieran los renos, y luego otra cerca del árbol. Nos tomamos muchas fotos, mas de las que alguna vez quise para navidad, pero ella parecía feliz y yo realmente estaba olvidando que todo aquello me resultaba amargo.
Con Quinn todo es dulce y ni siquiera hay que hornearlo.
- ¿Tienes hermanos, Quinn? –Le pregunto cuándo veíamos uno de los improvisados juegos de bailes en el salón de espejos y nieve falsa.
Estábamos lo suficientemente cerca para poder escucharnos sin problemas. Una maravilla.
- Si, tengo un hermano menor. Se llama Samuel. –Me mira y acomoda mejor el gorro que aun permanecía sobre mi cabeza.
- Te queda bien. –Sonríe.
- ¿Qué edad tiene tu hermano? –Ignoro el hecho de que se negaba a que me quitara el gorro.
- Tiene 17, es 10 años menor.
- Son varios años, pensé que eran más contemporáneos.
- Fue necesario.
- ¿Por qué?
- Era el tiempo que mis padres creían conveniente, solo eso. –Explicó con cierta incomodidad en su voz.
- Entiendo ¿Y tu hermano es como tú o como tu mamá?
- ¿Cómo soy yo? –Ladea la cabeza.
- Eres… Un poco tímida y no te gusta hablar mucho a la primera. ¿O es que solo eres así conmigo? –Buen momento para preguntar.
Ella mira sus pies antes de responder.
- No soy muy buena con la interacción social, pero voy aprendiendo.
Su voz sonaba muy seria ante aquella sentencia.
- Yo tampoco soy tan buena haciendo amigos, me divierto con poca gente, pero me gusta hablar contigo.
- ¿A pesar de que a veces no corresponda mucho la conversación? –Pregunta arrugando el rostro, como lamentando desde antes mi respuesta.
- A pesar de todo eso, pareces ser alguien digna de conocer.
- Y de regalarle un cielo de galletas –Añade susurrando.
- Así es –Digo sin querer apartar la vista. Observando sus ojos brillantes como las luces y sus labios rosa que aquel día esbozaban lindas sonrisas.
Estuvimos así por varios segundos y ella no aparto la mirada hasta que…
- No soy muy interesante, quizás si me conoces mas quieras dejar de hablarme o enviarme regalos. –Mira hacia otro lado.
- No creo que eso sea posible –Lo digo con total seguridad.
- Yo si lo creo.
- Te juro que me resultas muy interesante. –Repito con un tono más firme y quizás hasta sugerente.
Ella abre y cierra la boca, pero de sus labios no sale nada por algunos segundos.
- Esta bien, Rachel Grinch y hacedora de cielo de galletas. –Bromea.
- También hago pasteles navideños, si quieres –Me encojo de hombros.
- Quizás para noche buena, me debes dar la receta. –Golpea mi hombro suavemente.
No me gustaba mucho la navidad, pero si me gusto Quinn Fabray navideña. Parecía mas desinhiba dentro de sus propios límites y eso hizo que hasta yo disfrutara de la fiesta.
La música de repente cambió y mucha gente se aglomeraba a nuestro alrededor, quizás era uno de esos extraños juegos en los que ambas nos negábamos a participar. Yo por mi evidente desamor a la navidad y Quinn porque casi todos implicaban alcohol y ella, más allá del coctel, no iba a pasar.
Ambas mirábamos como Brittany se subía a una banca y Santana desde abajo la miraba con cara de malicia.
Incluso unas chicas llegaron corriendo y me empujaron tan fuerte que Quinn me sujeto antes de que la pisara. Las 300 personas estaban queriendo entrar ahora en esa sala.
- ¡¿Cómo la están pasando?! –Brittany hablaba a través de un micrófono y el público gritaba "¡Bien!"
- ¿Qué es todo esto? –Me susurra Quinn cerca del oído. Ni siquiera tuvo que acercarse mucho por la cantidad de gente que nos empujaba.
- No tengo idea…-Le digo pero ya lo asimilaba, era algo que Brittany hacia siempre.
- Viene el momento más lindo y lo vamos a hacer antes de que sea más tarde porque luego se les olvida a quien tienen al lado. –La rubia seguía hablando entre risas.
- ¿Qué es todo esto? –Quinn miraba a las personas ansiosas a nuestro lado.
Eran las 12:30 am; me había tomado fotos navideñas, había bebido unas 8 copas; vi a Lucy casi desnudarse en todos los juegos que participo e incluso tararee un villancico que Quinn también canto antes de probar las croquetas en forma de estrella de belén.
Estuve en la fiesta por primera vez y estuve cerca de ella, que ahora comenzaba a hablar con mas comodidad y no le incomodaba tanto que mi mirada no quisiera alejarse de sus ojos verdes avellana.
Entonces... Me atreví a dar un paso muy importante, considerando la vida de Quinn Fabray.
- ¿Tienes pareja, Quinn? –Pregunto casi abrazándola por la cantidad de personas.
- No, no tengo... –Respondió extrañada por mi pregunta
- Que bueno.
- ¿Por qué es bueno?
- Por esto –Le señalo el alto techo, tal cual indicaba Brittany a través de su micrófono.
Las luces del salón bajaron y se creó una tenue escena con campanillas de fondo.
- ¿Esos son muérdagos? –Pregunta ella mirando como bajaban ramas sobre nuestras cabezas y todos comenzaban a hacer la tradición.
Y como yo había hecho lo mismo que el resto durante la fiesta, esa no iba a ser la excepción.
La bese, bese a Quinn Fabray. Me acerca más a su cuerpo, tome con cierto temor su suave y hermoso rostro hasta conectar mi boca con aquellos suaves y rosas labios que comenzaron a ser mi perdición.
Su aliento, su perfume, sus pómulos marcados y sus suspiros de nerviosismo al sentirme tan cerca, me hicieron perder la cabeza. Pensé que se iba a alejar, incluso pensé que no me iba a dejar conectar mi boca con la suya, pero por suerte no fue así.
Fue un beso que comenzó siendo torpe y termino siendo sensual. Lento, dulce y cálido.
Luego de casi dos minutos bajo el muérdago, nos separamos abriendo lentamente los ojos. Ella me miraba con sorpresa mientras su pecho, al igual que el mío, baja con mucha velocidad.
- Lo hice porque… Es tradición –Susurré muy cerca de sus labios y ella mira los míos sin disimulo.
- Nunca había besado a nadie bajo un muérdago. –Sentencia suavemente.
- ¿Fue una buena primera vez? –Pregunto llevando su cabello detrás de la oreja derecha, pues el gorro lo estaba anidando cerca de sus bellos ojos.
- Fue una excelente primera vez.
Y luego vino una segunda y una terca vez bajo aquellos muérdagos. Nunca me había alegrado tanto ir a la fiesta de "no" navidad de Brittany. S. Pierce.
