Nini: Bien, estoy acostumbrándome a escribir las notas al inicio pero ayer no podía porque, bueno, seria Spoiler xD. Bien, como sea, ¡Claro que por un poco de Smut/Lemmon me refería a Mucho, y del Hard! Aunque… nunca he escrito nada sí… bueh, ya veré en la marcha. Dije que actualizaría hoy y como tengo buena racha de inspiración, aquí está. ¡Gracias a todos por leer, comentar, dar a favoritos y followers! Me alegro que les guste la historia. De ahora en adelante, el drama aumenta un poco, no demasiado porque yo soy fan del humor, pero aumenta. Sin nada más que decir, más que gracias una vez más porque los amo, aquí está el capítulo.

You are mine

Capítulo 15: Cazadores

Kate Argent respira profundamente por la nariz antes de volver a darle una calada a su cigarrillo de vainilla. Tira el dicho producto en la calle vacía, aplastándolo con su bota militar negra y esparciendo las cenizas, apagando el fuego que podría haberse propagado.

Todo el pueblo parece sumido en una tranquilidad que reconoce como absurda, como si hace unas horas los profundos y más que obvios aullidos no se hubieran escuchado. Ajenos a lo que verdaderamente significan y que, en más de 60 años, no habitaban lobos en California.

No.

En lugar de tener oleadas de gente extrañada, preguntándose porque demonios esos perros han decidido pasar por ahí, temiendo por la salud de sus pequeños que juegan en las orillas del espeso bosque y donde probablemente algo pudiera atacarlos de ahora en adelante; están en sus casa, sin hacer nada, ajenos a todo lo que sucede afuera de los límites de su cerca como verdaderos papanatas idiotas. Ignorando la maldad que se cierne de nuevo sobre Beacon.

Kate no es una persona normal a la que sus padres mantuvieron ignorante sobre la maldad, sobre las criaturas que salen de noche a cazar niñas indefensas y a matar a cualquier ser vivo para saciar su sed de sangre primitiva; no. A ella la criaron con los ojos abiertos ante la crueldad del mundo, ante la verdad, exponiéndola al peligro todo el tiempo y adiestrándole como detenerlo, como mantener a los demás y así misma a salvo.

Chris a su lado solo se mantiene callado, y Kate no puede evitar mirarle con una sonrisa burlona en la cara, sacando del maletero del auto una gran escopeta cargada con balas capaces de dañar y matar.

—¿Asustado? —le pregunta, con mofa impresa en cada una de las silabas y llamando la atención de los otros dos hombres y la mujer pelirroja.

—Nunca estoy asustado—responde su hermano, mirándole con seriedad y cargando su ballesta. Se enfunda una pistola pequeña dentro del bolsillo de sus jeans—. ¿Sabes dónde se escucharon los aullidos?

—Obviamente—dice, dándole una mirada alrededor. Un camino en el bosque, o suficientemente apartado del pueblo para que sea seguro para a población; un sendero que solo conduce a un lugar.

—¿Estarán aun en la mansión? —la esposa de Chris pregunta, pero Kate no la mira.

—Deben de. Son demasiado sentimentales como para irse.

—¿Por qué atacar ahora, Kate? —la pelirroja vuelve a hablar, mirándole con el ceño fruncido y una capa de hielo en su rostro.

—Derek solo como un omega es una cosa sencilla de manejar. Es debil—hace un gesto despectivo—. Laura y la mitad de la manada no son tan débiles, aunque siguen siendo fáciles.

—No subestimes al enemigo, Kate—le recuerda Chris, acercándose a ella.

—No lo estoy haciendo. Son perros, no son gran problema. Solo hay que…—una sonrisa ladina y burlona se posa en sus labios—enviarlos a dormir

—No debemos atacar antes de saber sus intenciones—Chris tiene el ceño fruncido.

El lado Alfa de Kate le hace fruncir el ceño, mirándole con molestia y los ojos entrecerrados.

—Yo soy la jefa de la familia.

—Y no dudo de tu capacidad—aunque su hermano es mayor, las mujeres siempre han tomado el mando en los Argent—. Pero si de tu juicio.

—Puede que les tenga un especial odio, pero no matare inocentes, Chris—Kate tiene la osadia de parecer indignada, mirándole de una manera herida.

Chris no le cree, lo ve en sus ojos azules y su mueca de desconfianza hacia ella. No obstante, no dice nada al respecto, comenzando a caminar con sigilo por el bosque en dirección a la propiedad Hale.

Kate sabe que, sea lo que pase a continuación, será divertido.

.

—No pintaremos la cocina verde—vuelve a repetir Derek, y lo ha dicho tantas veces que ya ha perdido la cuenta. Laura, sin embargo, se muestra obstinad.

—Si lo harás—la mayor dice, cruzándose de brazos.

—No. La cocina original era blanca.

—Pero se verá más bonita en limón.

—Yo opino que sea blanca—Cora, por si Laura no era suficiente, se mete en la conversación. Y si, puede que Derek y ella estén del mismo lado, pero en cualquier momento su interrupción motivara a los demás a opinar.

—Queremos que sea azul—Isaac es el portavoz de todos los demás, quien asienten conformes.

Demonios.

Todos están en la cocina calcinada, mirando unos planos que Derek ha dejado sobre una mesa plegable que ha traído consigo. Stiles y Scott observan todo con incredulidad, charlando entre ellos mismos. El impulso de agudizar el odio y escuchar la conversación se hace presente, pero lo ignora, porque es más importante defender el honor de su cocina.

—Sera blanca—gruñe.

—Verde—Laura no se queda atrás, mirándole con sus ojos rojos, queriendo influir en él.

Derek no se deja amedrentar, y los suyos cambian a azul.

—¿Son un poco infantiles, o es mi imaginación? —Scott pregunta, y Stiles le mira de inmediato.

Bueno, es cierto que, después del emotivo momento y coro de aullidos, los integrantes de los Hale ingresaron en la casa, mirando todo con atención. El olor a ceniza es un poco más fuerte que desde afuera, y Stiles agradece no tener una nariz súper desarrollada, porque ha visto a Scott estornudar un par de veces, tallándose la nariz y los ojos.

Cuando Derek les llamo a todos hacia un espacio que conecta la cocina y la sala, lo que Stiles sospecha que es el lugar de un comedor, donde una mesa plegable les esperaba con millones de planos y bocetos; no se esperaba que fuera para discutir los últimos detalles antes de su construcción. Stiles sabe que los detalles serían más o menos acerca de las ventanas, la posición y el tamaño de las habitaciones—aunque probablemente sean del mismo ancho y largo que antes del incendio—, sin embargo, el color de las paredes llego a colación y una cosa llevo a otra.

Observa con atención como intercambian miradas retadoras por unos segundos, despues de unos treinta—sí, Stiles los conto—, de manera tan coordinada que casi parece ensayada, se dirigen hacia fuera, pasando a su lado de largo hacia el jardín trasero.

—¡Esto se pondrá bueno!—Isaac exclama, lanzándose hacia ellos. Stiles mira a Scott, antes de salir también y los demás no tardan en seguirle.

Laura y Derek se miran entre ellos, separados por unos metros, lo suficientemente lejos para no estar dentro del perímetro del otro y lo bastante cerca para dejar de estarlo si avanzan un paso. Stiles siente el ambiente pesado, tenso, y su mirada recae en los demás para ver sus reacciones y saber qué demonios está pasando—aunque ya tenga una idea aproximada—.

Scott se tensa de inmediato, mirándoles con atención. Isaac sonríe como desquiciado, Erika ve todo con monotonía y Cora con diversión. Los gemelos y Malia están tensos al igual que Scott, expectantes, listos para atacar de ser necesario.

Su mirada regresa de nuevo a Derek y Laura, y entonces sabe que está pasando.

Oh Mierda.

Laura se lanza a Derek, quien le espera con los hombros tensos y los brazos arriba, preparado. La Alfa ataca con una mano llena de garras por el costado derecho, y el moreno apenas logra esquivarla antes que Laura le dé una patada alta con su pierna izquierda, pero el Hale lo detiene cubriéndose con un antebrazo. Stiles prácticamente casi suelta un chillido al escuchar el chasquido del hueso romperse, pero Derek esta impasible, sin revelar si le ha dolido o no.

Derek golpea el costado derecho de Laura, que está desprotegido debido a la posición, y Stiles esta vez es consiente que el hueso roto que suena son las costillas de Laura. Esta se remueve quitándose de encima la mano de Derek; se lanza hacia atrás con un salto, tomándose donde recibió el puñetazo. Eso no detiene al moreno, que va detrás de ella, corriendo rápidamente demostrando su poder de Alfa. Tira un puñetazo a Laura en la cara, pero esta lo toma entre sus pequeñas manos, dejando desprotegido sus costados de nuevo; Stiles puede prever el siguiente movimiento, con Derek hiriéndola de nuevo en su lugar ciego, pero se equivoca, y antes de que procese lo que escucha, Derek lanza un pequeño grito de dolor. Los huesos de su mano y muñeca se trituran con horrendos sonidos ante la mirada atónita de Stiles.

—Apuesto diez a Laura—escucha que dice Cora, y la voz de Isaac contesta.

—Es obvio que Derek ganara, no se dejara vencer tan fácil.

No se gira porque no quiere perderse la pelea, se remueve nervioso, porque es una cosa única de ver, aquella demostración de poder brutal y pura estrategia creada de la improvisación y la adrenalina de la pelea; sin embargo, no puede evitar preocuparse de que alguien salga lastimado por ella. Scott se posiciona a su lado lo agradece en silencio, calmando su ansiedad un poco.

Laura suelta la mano de Derek, dándole una patada en el abdomen sin que este lo haya previsto, mandándole a volar unos cuantos metros. Cae arrodillado, y alza la vista, justo para ver como la Alfa está a punto de darle un golpe en el rostro; lo esquiva con éxito, poniéndose de pie en el acto y dando el un golpe con el codo en el rostro de Laura.

La nariz de la chica comienza a sangrar, y escucha como jadean los demás.

Cuando Laura alza la vista, sus ojos brillan en un amenazante carmesí, exigiendo sangre y brillando como un fuego infernal que puede quemar a cualquier persona si es mirada por ella el suficiente tiempo, antes que, con una sacudida de cabeza, sus colmillos salgan, y ya no es una pelea violenta entre Alfas, sino que es una entre hombre lobo capaces de matarse entre sí. Capaces de salirse de control.

Los ojos de Derek son azul como el hielo y el relámpago, letales y sin vida más haya que el brillo de amenaza. Y ya no hay puñetazos y patadas, sino poderosas masas de carne que se golpea, manos convertidas en garras letales que rasgan todo lo posible a su paso, y colmillos que desean cernirse sobre el cuello del contrario y ver derramada sangre hasta que uno admita sumisión.

Y eso, es lo más genial que Stiles ha visto en su vida además del trasero de Derek Hale.

—¿No van a detenerlos? —pregunta, girándose con el semblante confundido hacia los otros.

Erika le mira con los ojos abiertos.

—¿Por qué habríamos de detenerlos? —y realmente que se muestre confundida le sorprende un poco—. Solo están jugando.

—¡¿Jugando?! —Definitivamente Stiles no se muestra escandalizado. Claro que no—. ¿Eso es jugar? ¡Están peleando!

—Si verdaderamente estuvieran peleando—esta vez el que habla es Ethan, acercándoseles—, ya se habrían mordido, o bien Laura hubiera tomado forma de lobo.

Aiden también se acerca.

—Y hubiéramos visto sangre ya—concuerda con su gemelo.

—Solo discuten—Isaac se encoge de hombros—. No es la gran cosa.

—¡¿Qué no es la gran cosa?! —Exclama Stiles, llevándose una mano a la nuca—. ¿En que nos has metido, Scott?

—¿Yo? —El susodicho se apunta así mismo, confundido y con los ojos curiosos—. ¿Yo porque? ¿Ahora que hice?

—Oh, no lo sé—el sarcasmo ya ha salido, bien Stiles, bien—. ¿Sera que te convertiste en hombre lobo?

—Pero no fue…—no puede terminar porque un disparo se escucha por todo el bosque.

Stiles se gira sorprendido, viendo como ante sus ojos y sin poder hacer nada, Derek cae al suelo, sujetándose el brazo herido y mostrando entre sus dedos gotas de sangre carmín que pintan la camiseta. A su lado Laura esta arrodillada, viendo todo con los ojos abiertos sin poder creerlo, con las manos en un ademan hacia Derek sin llegar a tocarlo siquiera. Sabe que la herida no es de Laura, ella de ninguna manera heriría a su hermano, lo sabe con certeza casi preocupante.

—¡Derek! —Sintiendo una opresión en el pecho y con preocupación, grita el nombre del Alfa, dirigiéndose hacia él.

Laura se gira para mirarlo, abriendo los ojos y reaccionando. Su hermano pequeño…

Ruge hacia los árboles, reincorporándose y escuchando los latidos desiguales, el aroma a pólvora tan característico de los Argents llega a su nariz como una bofetada. Ella supuso que su regreso no seria bien recibido por los Argent, pero jamás espero una bienvenida de ese calibre, y mucho menos que los hirieran sin razón.

Aunque conociendo las tretas sucias con las cuales engañan, no le sorprende. Su manada ya ha actuado, dirigiéndose hacia ellos y situándose tratando de ocultar a Derek de la vista, e incluso Scott se encuentra gruñendo de manera protectora en una advertencia. Es recién convertido, piensa Laura, actúa por el instinto de defender sin ser consiente del todo y dejando llevar por la primitiva conciencia primaria. Probablemente Scott no fue más planeado que un embarazo accidental, pero no se arrepiente de haberlo mordido.

Stiles se arrodilla al lado de Derek, no sabiendo donde colocar sus manos.

—¿Estas bien? —su voz suena preocupada—. Digo, por supuesto que no, te acaban de disparar pero, sanas ¿verdad? Con rapidez. ¿Te duele mucho? —Coloca tres dedos como el entrenador hace cuando se golpean muy fuerte y son heridos de gravedad—, ¿Cuántos dedos vez? ¡Estas sangrando mucho! —abre los ojos espantado, nervioso—. ¡Oh dios! ¡Te estas desangrando! ¿Te desangras? ¿Vez la luz? ¡Derek Hale, ni se te ocurra ir hacia la luz!

—Stiles, cállate—gruñe con dificultad el herido, y Stiles suspira con alivio. No está muerto.

Entonces gira su cabeza hacia el bosque, observando como unas diez personas salen de ahí, armados, puede notar. Muchos de ellos tienen rifles de caza, y una mujer una escopeta, sin embargo, uno de los hombres carga una ballesta de caza oscura. La mujer de la escopeta camina hacia ellos con aire altivo, con su arma en mano y por delante de los demás. El omega de Stiles se retuerce un poco dentro de él. Alfa peligroso…

—Debí haber sabido que eras tú, Kate—las palabras de Laura suenan acidas, sin nada de cordialidad y mostrando un profundo desprecio.

—Siempre es un placer verte—responde la mujer llamada Kate, sonriéndole—. La cachorra mayor, un gran premio.

Laura ruge, y aunque esta de espaldas a Stiles, sabe que tiene los dientes convertidos en colmillos aun. Eso no asusta a la mujer, sin embargo; solo hace que los demás se coloquen en guardia, apuntándole directamente.

La mano de Derek se apoya en su hombro, y Stiles dirige su atención de nuevo a él. El moreno se reincorpora un poco, y de inmediato lleva su brazo al torso de él, pasándolo por debajo del brazo que utiliza de apoyo.

—Estas herido—le recuerda, sin querer sonar como una madre regañando a su hijo, como generalmente suena cuando regaña a Scott.

—Estoy bien—responde, apretando los dientes—. Ayúdame a levantarme.

Con un bufido por la insistencia, Stiles ayuda, levantándose con dificultad debido al peso y el tamaño de Derek.

La mujer, Kate, les mira, con una sonrisa en el rostro.

—Oh Derek—exclama, y hace una cara de pena falsa que le hace preguntarse porque no han acabado con esa mujer—. No sabía que te había disparado a ti.

Stiles aprieta los dientes, mientras que siente a Derek gruñir al lado suyo. Claro que lo sabía.

—¿Qué demonios quieres, Kate? —pregunta con el semblante frio, aunque su ceño está profundamente fruncido. Stiles recuerda cuando Derek realmente se molestaba con él, y no se compara en nada a como está actuando ahora.

—Solo pasaba a saludar—le da un guiño de ojo, y de manera inconsciente aprieta el agarre en torno a Derek, pegándose de manera imperceptible—. Por los viejos tiempos.

—Lárguense—ruge Laura, y Kate regresa su atención a ella—, antes de que llamemos a la policía.

—Queremos saber cuáles son sus intenciones en Beacon—el hombre de la ballesta es el que ha hablado, y toda su atención se enfoca en él.

Ha utilizado un tono frio, pero no ha sido descortés o despectivo, ni siquiera ha mostrado emociones más haya que una gélida expresión. Abre sus ojos sorprendido al reconocer al hombre, y dirige una mirada a Scott alarmado, tratando de ver si le ha reconocido también, pero su amigo está completamente transformado en lobo; probablemente el sujeto no le reconozca, pero Stiles no tiene esa ventaja, porque sabe que Chris Argent, el padre de Allison, le conoce.

Baja la mirada al suelo, tratando de esconder su cara.

—¿Por qué quieren saber? —casi puede imaginar cómo Laura alza una ceja.

—Para asegurarnos que no serán un peligro.

—Nosotros nunca hemos sido un peligro.

—No he aclarado lo contrario—baja la ballesta, dejando de apuntarles. Stiles nota que ese hombre pretende evitar un enfrentamiento.

Bueno, eso debieron pensarlo antes de dispararle a Mi Alfa—el omega de Stiles piensa, y es una de las únicas veces que está totalmente de acuerdo con él.

—Estamos aquí porque es nuestro hogar—Laura contesta, mostrándose más receptiva al hombre que a la mujer, menos hostil—. Tenemos derecho a estar aquí.

—Los animales no tienen derechos a nada—Kate ha vuelto a hablar, ganándose un rugido de advertencia de toda la manada, incluido Derek aunque este herido.

Laura les dedica una mirada sobre su hombro a Derek y él, antes de girarse de nuevo con los cazadores, estando tensa completamente y preparada para saltar si es necesario.

—Largo de aquí.

—Solo una última advertencia—Chris mira en su dirección, abriendo los ojos sorprendido de encontrarle ahí probablemente, y de repente toda advertencia y tensión en su rostro desaparece, para dejar paso a la confusión—. ¿Stillinski?

—Hola, señor Argent—dice nerviosamente, alzando su mano libre para hacer un ademan en saludo. El susodicho frunce el ceño, apretando la boca.

—¿Qué haces aquí, chico? —dedica una mirada a Laura, de reojo, desconfiado.

—Ya sabe—alza el hombro libre, tratando de evidentemente olvidar el hecho de estar frente a hombres armados que amenazan con dispararles en cualquier momento y aligerar el ambiente—, tratando de ganar puntos en historia.

El semblante de Argent se vuelve duro, mirando a Derek con molestia.

—Si lo están amenazando—sisea, con un gruñido en la garganta.

Derek hace ademan de responder, pero Stiles le interrumpe de inmediato.

—Nadie me está obligando a nada—replica de manera seria, y se da cuenta que Kate es la primera vez que le presta atención en toda la conversación, como dejando en claro una vez más que Stiles es una cosa insignificante que pasa desapercibida con rapidez. Que es invisible.

—¿Tan bajo han caído que tienen adolescentes como mascotas? Sé que tuvieron bajas en la manada, pero no pensé que fueran tan cobardes como para secuestrar a niños y hacerlos monstruos como ustedes—se mofa Kate, ganándose otro gruñido de advertencia de Laura. Stiles no baja la vista, mirándole seriamente y tratando de ganar un desafío de miradas no estipulado, no dejándose amedrentar por el rango Alfa de Kate, porque no merece su respeto mucho más que los demás. Levanta la barbilla con altanería, y observa como la mujer hace una mueca de rabia, haciendo un ademan de ir en su dirección con los ojos brillando en advertencia—. ¿Te crees muy valiente, omega?...

El alfa a su lado ruge, irguiéndose de inmediato y colocándose delante de él, interrumpiendo el contacto visual y deteniendo en el acto a Kate, quien alza la mirada para mirarle con furia contenida. La mujer gruñe, pero no es de lejos parecido al gruñido animal de Derek, sino que es más humano, como los de Hale cuando le conoció, utilizando solo su garganta y pulmones para dar una demostración de poder.

—Sera mejor que se vayan—dice Laura, y Stiles comprende que no lo dijo molesta o fría, sino con una cordialidad y suficiencia casi irónica.

—Sera lo mejor, sí—concuerda Chris, escuchando como los demás comienzan a alejarse—. Andando, Kate.

—¡No podemos dejarles ir así! —exclama con coraje la mujer Alfa, y el omega tiene el impulso de mirarle de nuevo, solo para ver la cara deformada en rabia contenida.

—No han roto el código—la voz de Chris suena incluso más fría y demandante con su hermana de lo que sonó con los Hale, y no puede evitar preguntarse porque.

—Al cuerno con el código, ese omega…

—No creo que quieran atacar a nuestro omega—Laura dice, sonriendo irónicamente, pero a la vez alzando las cejas esperando que encuentren aquello como un reto—, ¿Cierto Derek?

—Largo—es lo único que dice, con un sonido gutural escapando de sus labios y colocando todo su cuerpo en tensión aun frente a Stiles.

Kate logra dedicarle una última mirada al omega antes de girarse y desaparecer en el bosque junto a los demás.

—Nos volveremos a ver, niño—escucha que gruñe, pero Stiles no puede estar más de acuerdo con ello.

Definitivamente se volverían a ver.

.

Jackson mira el techo de su habitación de hospital con la mirada perdida, la mano que reposa en su abdomen desnudo juguetea con las vendas que sostienen sus costillas en su lugar se cierra con fuerza sobre ellas, teniendo el impulso insano de arrancarlas de su piel de una buena vez por todas e ir a enfrentar al Profesor.

Su padre, un gran abogado de Beacon Hills, no se extrañó que le llamaran al hospital diciéndole que su hijo recibió un golpe en la mandíbula y que tuviera lastimadas las costillas hasta casi estar fracturadas, en lugar de ello, se dirigió a paso tranquilo hacia el área de traumatología para recoger a su hijo, una gran estrella y una promesa en el Lacrosse.

Jackson había recibido cientos de heridas debido a la participación que tenía en el equipo local, y mantener el puesto de campeones de todo el Estado de California no dejaba impune a nadie, en especial a un jugador tan valioso como su hijo. La sorpresa la recibió cuando el doctor dio el diagnostico, diciendo que un hombre lo trajo a pleno día y que de inmediato se fueron a atender al adolescente. Cuando el doctor regreso para preguntar lo sucedido, el hombre ya se había ido de la recepción sin dejar ningún dato para localizarle.

El veredicto final fue unánime entre las enfermeras experimentadas en esas cosas y el mismo doctor que atendió a Jackson: el joven había tenido una pelea con un Alfa, y eso fue confirmado cuando, detrás de la nuca, encontraron la marca de uñas enterradas.

Las peleas de Alfas son letales, demostrando los elementos más primitivos de los individuos hasta lograr la sumisión del otro, por lo que es demasiado común recibir heridas en la nuca y el cuello cuando estas se realizan.

El padre de Jackson había exigido que le dijera el nombre del responsable, y aunque las peleas entre Alfas no estaban prohibidas, se penaban por la ley si eran injustificadas, tales como un arranque violento o una pelea por cosas menores sin importancia.

Jackson no había dudado ni un segundo en decirle la verdad, porque estaba y aún está casi seguro que el profesor Hale fue quien le ataco sin razón, porque la pelea era entre Stillinski y él, y el muy maldito de Hale había interrumpido…

Demonios. Jackson sabía que el omega no se podía defender de él, y una parte de él le decía que no era correcto herirlo, porque por muy desesperante que Stiles fuera… le agradaba un poco. No por ello olvidaba todas aquellas humillaciones, por supuesto, Stillinski nunca desaprovechaba ningún momento para contradecirle, siempre tratando de demostrar que era mejor que él, dejándole siempre en segundo lugar después de él en las materias y cualquier cosa donde Jackson no pudiera utilizar el ejercicio físico—porque en eso seguía siendo mejor que Stiles—. Su padre siempre le hizo ver que eso estaba mal, porque él era un Alfa y el otro un omega, por no decir que era un Omega Macho.

Los Omega Macho no tenían lugar ahí. Solo servían para apresarse con ellos si las hembras escaseaban, ni siquiera deberían de existir, pues todas las mujeres podían tener hijos, y ningún hombre, además de los omegas, podía quedar embarazado. Aquello no era natural… los Omega Macho ya no tenían ninguna razón para seguir viviendo después de reponer a la población mundial.

Los Alfa siempre habían sido lo mejor, y lo seguían siendo. Son los mejores. Siempre los más rápidos, los más fuertes, los más inteligentes, y que un Omega, que estaba muy por debajo de alcanzar sus capacidades, le dejara en vergüenza… era humillante. Los Omegas debían de obedecer, debían de ser lindos, debían de ser pequeños y sumisos, de cuidar a los niños, de ser amables con los demás.

Stiles se ganó su odio, lo hizo, con todos aquellos comentarios despectivos hacia sus habilidades, con toda esa muestra de superioridad antinatural. Dejándolo en ridículo ante su padre. Haciendo que este le considerase menos de lo que valía… haciendo que este dejara de quererlo lo suficiente como para decir que está orgulloso de él, desapareciendo todos sus logros con unas simples acciones. Decepciona a su padre debido a él…

Se merece los golpes… un omega que no es sumiso…

—¿Cómo te encuentras hoy? —la enfermera McCall entra por la puerta interrumpiendo sus cavilaciones, y Jackson alza la mirada para verle, la mujer dedicándole una sonrisa que le reconforta.

Ella es una buena omega, Stiles debería ser así…

—Estoy mejor—contesta simplemente, asintiendo con la cabeza en reconocimiento.

—Qué bueno—la mujer revisa unas cuantas cosas de su carpeta, donde se encuentra el diagnóstico médico del paciente—. ¿Dónde está tu amigo?

Jackson solo alza una ceja, Danny vino a visitarle, es cierto, pero hace una media hora se fue debido al trabajo de medio tiempo; la enfermera debe de haber sabido eso, considerando que le está cuidando.

—Ya se fue.

— Oh—sonríe enormemente la mujer, dedicando una mirada a través de la puerta, haciendo un ademan—. En ese caso, si te sientes mejor, puede pasar tu otra visita.

—¿Mi otra visita?

El aroma a Alfa le llega a la cara, seguido del reconocible aroma a fresas silvestres y agua de rosas de Lydia, quien entra en seguida con una sonrisa en la cara. Jackson siente su rostro sonreír por primera vez en dos días de estar internado en el hospital.

La pelirroja se acerca hasta él, y aunque Jackson se tensa por la presencia de otra Alfa cerca de él y su perímetro, de inmediato su cuerpo se relaja al saber que Lydia nunca le hara daño, reconociéndola como pareja.

—Mirate—dice la chica, haciendo una mueca preocupada y dándole un beso en la vendada mejilla—. Estás terrible.

—Si bueno—responde con sarcasmo—, ¿Cómo esperabas encontrarme?

La pelirroja frunce el ceño.

—Menos sarcástico, sin duda—se sienta a su lado en la cama, tomándole la mano y el brazo, acercándolo a ella con posesividad e invadiendo su espacio personal un poco—. Estoy molesta contigo.

—¿Qué hice ahora?

—El juego es esta noche—recuerda Lydia, con obviedad—, y probablemente tú no puedas jugar.

—No es mi culpa que el imbécil de Hale me haya apaleado por la espalda.

—¿Hale? —la enfermera pregunta, sorprendida, mirándoles alternadamente—. Perdón por meterme en su conversación, pero, ¿Acaso ustedes hablan de Derek Hale, el profesor de historia?

Lydia alza las cejas, mirándola como si acabara de reparar en su presencia.

—Sí—responde Jackson, aunque realmente no quiere hacerlo, una parte de él le obliga. Puede ser porque la enfermera es agradable con él—. ¿Por qué?

—Es el profesor de mi hijo…—la enfermera se queda pensando.

—Si su hijo es Alfa debería de alejarse de él—asegura el padre de Jackson, entrando por la puerta y dedicándole una sonrisa a Lydia y un asentimiento a modo de saludo. Mira a su hijo, y su expresión se vuelve profesional de inmediato—. Tengo noticias.

—¿Y bien? —la pregunta abandona los labios de Jackson de inmediato.

Su padre asiente con la cabeza.

—Acabo de ir a levantar una ficha de demanda contra Derek Hale en el departamento de policía.