"Propuesta sobre hielo"

El clima helado no me estaba dejando la vida en paz para aquel fin de semana. Usaba un pantalón de lana negro, botas del mismo color; una blusa sencilla, un suéter más grueso, manga larga, una chaqueta bastante considerable y también una bufanda en mi cuello. Estaba muy bien abrigada, pero aquel 21 de diciembre, Boston era un jodido pedazo de hielo. Se puede decir que estoy acostumbrada a esto, pero sigo siendo humana y mis huesos lo lamentan un poco, mas aun cuando te paras en la acera y frente a una avenida que daba de lleno a una calle abierta con vientos gélidos.

Pero ¿Qué hacía yo allí? Esperando a Quinn Fabray porque teníamos una cita.

Han leído bien, mis queridos amigos. Luego de la fiesta de Brittany y aquellos besos que me arriesgue a iniciar, y ella correspondió, al final de la fantástica velada… Surgió la razón por la cual estoy en esa esquina del polo norte.

Cuando íbamos a tomar caminos separados e irnos en taxi para nuestras casas, a la hermosa rubia de besos deliciosos, se le ocurrió la magnífica idea de vernos antes de navidad. A tomar un café, a comer un postre; o simplemente ir por allí, pero me quería ver antes de navidad porque ella se marchaba de nuevo a New Bedford.

- Quizás… Quizás debemos vernos antes de noche buena –Sugiere con cierto balbuceo antes de entrar al taxi.

- ¿Una cita? –Pregunto acercándome y tomando la puerta que ella ya había abierto.

- Si, podemos… No lo sé, hablar y quizás me puedas dar las mejores recetas para postres navideños –Dice mordiendo su labio al final de aquella excusa.

Porque era una excusa para concretar una próxima cita y verme de nuevo, así lo veo, ¿Cómo no se me ocurrió a mí antes?

- Me parece perfecto, podemos hablarlo luego y fijar un lugar. –Respondo reprimiendo mi evidente emoción.

- Claro, hasta luego Rachel –Me regala una de esas maravillosas sonrisas y entra al auto.

Y esperando esa misma sonrisa, me encontraba en aquella calle. Debía esperarla a las 17:00 Hrs en un restaurant contemporáneo al cual había ido un par de veces y que servían las mejores pizzas de todo Massachusetts.

Pero aquel lugar estaba cerrado, eso observe hace 10 minutos cuando vi el cartel: "Cerrado por servicio" no sé qué clase de servicios, espere que no fuera nada anti higiénico, pero ahora tenía que esperar a Quinn que, cabe destacar, no le caían llamadas al teléfono y debía estar llegando en ese momento.

La espere varios minutos mientras me fumaba un cigarrillo y mis ojos se desviaban hasta las calles, personas y ambiente navideño.

- Deberías dejar de hacer eso –Escuche una voz detrás de mí.

- ¡Hola, hola, Quinn! –Exclamo con sorpresa al tiempo que apago el cigarrillo con el pie sobre la acera- Es que hay mucho frío.

- Tus pulmones no lo van a agradecer. –Entrecierra los ojos.

- Me vas a saludar o hablaremos mas de mis pulmones, que por cierto, tampoco están felices con este clima –Miro al cielo y luego a ella con una gran pena fingida en mi rostro.

Se acerca, tan abrigada como yo, y me regala un beso en la mejilla permitiéndome así un poco de calor y de aquel delicioso olor.

- ¿He llegado tarde? ¿Qué haces afuera? –Me pregunta luego de separarse y lanzar algunas miradas a la marquesina del lugar a donde íbamos a vernos. Yo seguía parada justo en frente.

- Al parecer están haciendo servicio –Le señalo los ventanales con luces apagadas- Y te llame pero tu teléfono parece muerto.

- ¡Cierto, lo siento! –Busca entre su bolso y detalla el aparato- Deje el cargador en la oficina y debo comprar uno nuevo porque no volveré hasta luego de año nuevo. –Hace una mueca de pena.

- Esta bien, igual no esperé tanto, puedo soportar el frío –Me encojo de hombros siendo muy tonta y valiente en decir aquello porque los minutos que estuve allí, fueron como meter la mano en agua con hielo.

- Esta bien –Ella ríe soltando mas humo de su boca debido al frío- Lo malo es que ahora no podre comer la mejor pizza de Massachusetts.

Yo le había prometo aquello, como podrán imaginar.

- Tienes razón –Alzo un dedo, tal cual hacia la Sra. Margot cuando quería que alguien callara- Pero podemos buscar un lugar donde hagan la segunda mejor pizza de Massachusetts.

- ¿Y donde es eso?

- No tengo idea, pero vamos a averiguarlo.

Ambas reímos y comenzamos a caminar por aquellas iluminadas, frías y mágicas calles.

En serio había mucha gente, las compras navideñas estaban a flor de piel, yo sinceramente, solo compre una pijama con adornos de cupcakes, en fin. A tan solo dos cuadras encontramos algo interesante, o más bien, fue interesante para Quinn.

- ¿Comida vegana? –Lee ella y nos detenemos frente el sitio que, desde nuestro lugar, lucia lleno de gente.

- ¿Eres vegana?

- No, pero jamás he comido en un restaurant vegano, solo me llamo la atención –Quiso seguir caminando, pero yo la sujete por el brazo suavemente.

- Entonces entremos. –Sugiero emocionada.

- ¿Qué dices? No, mejor vamos por la pizza que buscamos.

- No, pero la comida vegana sabe muy bien. –Digo y ella arruga un poco la nariz- Te lo juro, pensé que era comida para vacas, pero hacen maravillas con todo lo que no viene de animales, hasta postres.

- ¿Tan buenos como los que tú haces? –Pregunta tratando de retarme.

- No, jamás serán tan buenos, pero podemos entrar y ser comensales exigentes, pediremos lo mejor que tengan. –Me paro fingiendo mucho refinamiento mientras acomodo mejor mi bolso y chaqueta. Ella ríe luciendo los pómulos sonrojados del frio.

- Me has convencido.

- Perfecto, adelante –Señalo la puerta aun dentro de mi papel.

- Igual me debes la mejor pizza de Massachusetts. –Murmura pasando frente a mí.

- Por supuesto que te la debo –Respondo en el mismo tono. Ella no parece escuchar.

Luego de ubicarnos en una mesa; pegada a una horrible pared, llamar suplicante a los meseros que, parecían escasos entre la cantidad de gente, y también reírme un poco del niño que comía con las manos el arroz, por fin el pedido estaba hecho.

Quinn y yo, ordenamos lo mismo porque ninguna de las dos éramos expertas en veganismo. Yo sí que había comido alguna vez por sugerencia de una ex compañera cuando estudiaba repostería, pero no era buena en recomendar nada de eso.

Los platos que dejaron en nuestra mesa eran: pasta con tomates asados y frutos secos; acompañada de faccacia vegana de chorizo vegetal y como postre un bizcocho de coco sin gluten.

¿Sonaba muy bien, cierto? Pero, tanto Quinn como yo, no estábamos de acuerdo con su sabor, al menos en el primer plato.

- A esta pasta le falta algo –Dice masticando con lentitud.

- ¿Te parece? –Me llevo el primer bocado a la boca e intento hacer lo mismo que ella. Masticar con lentitud para averiguar de dónde venia el extraño sabor.

- Creo que los tomates están mal hechos… -Mira el plato con curiosidad.

Yo la observo por un momento antes de tomar un gran sorbo de agua.

- Esto es un asco. –Suspiro con pesadez y ella me mira seria hasta que de repente suelta una disimulada carcajada- ¿Por qué ríes? –Pregunto sin entender.

- Porque me alegra que no te lo callaras. –Seguía rendo- Opino lo mismo.

- Me gusta que rías, te ves más linda cuando lo haces –Expreso y Quinn parece sonrojarse levemente mirando el plato frente a ella- Pero no es gracioso… En serio tengo hambre.

- ¿Y si probamos el facaco?

- Faccacia –Corrijo divertida.

- Eso mismo –Ella toma el gran pedazo de Faccacia que estaba en un plato en medio de la mesa, lo rompe con un cuchillo y deja un pedazo directo en un mi mano que estaba estirada.

- Esto sabe mejor –Opino luego de probarlo- Aunque prefiero el chorizo tradicional.

- No me gusta el chorizo, pocos son saludables, pero… Realmente me gustaría probar uno en vez de esto, no me gusta el sabor –Deja el trozo de pan, porque era eso, un pan.

- ¿No te gusta nada de nada? –La miro divertida porque parecía una niña pequeña y decepcionada con el menú- Bueno, siempre podemos ir a otro lugar.

- Igual debemos pagar por esto. Quizás no debimos entrar –Expresa mirando alrededor como el lugar seguía lleno- Y no comprendo cómo hay tanta gente.

- Hay muchos veganos.

- Que mal gusto. –Lo dijo con tal desagrado que fue inevitable reír para mí.- Lo siento, ha sonado grosero, pero es verdad.

- No te preocupes, me gusta que hables, aunque sea para burlarte de algo. Es gracioso que ahora digas tantas palabras y en nuestro primer encuentro, sentadas en aquel bar, apenas me decías algo. Tenía que sacártelo yo.

- Te dije que no soy buena con la interacción social… Me cuesta un poco tomar confianza al inicio.

- ¿Te doy confianza ahora? –Pregunto ilusionada con la mejor respuesta.

- Si, me das confianza –Responde sin más con esos ojos que tanto expresaban.

Porque, a pesar de que poco a poco, Quinn iba tomando más confianza y hablaba de formas más fluida, seguía siendo una persona de mucho lenguaje en su mirada y de muchas expresiones corporales.

Asentía o negaba con la cabeza, sin espetar palabra alguna, también movía las manos constantemente, y mi parte favorita… Transmite mucho con sus ojos.

- Siento que mi confianza se vea quebrantada por insistir en entrar a este lugar, pero la otra comida que probé no era tan triste.

- Esta bien –Sonríe amable- Tampoco conocías el lugar. Quizás el postre este mejor.

- Permíteme dudar de eso. Creo que prefiero un chocolate caliente mientras esperamos que afuera haga menos frio.

- No creo que el clima cambie –Frunce el ceño divertida- Pero… ¿Un chocolate vegano?

- Si, tengo entendido que es bueno. –Agito mi mano para llamar al mesero que pasaba cerca de la mesa- Disculpe ¿Tienen chocolate caliente?

- Claro, ¿Lo quieren con leche de soja? –El chico pregunta y yo miro a Quinn divertida porque ella quizás pensaba, al igual que yo, que el chocolate nos decepcionara, pero afirma con la cabeza- Si, dos por favor. –Le respondo al chico.

- En seguida. ¿No comerán esto? –Pregunta sin sorpresa al ver los platos intactos.

- No, puede llevárselo –Soy yo quien habla y el chico hace el labor de levantar, habilidosamente, todos los platos.

- ¿Haz probado la leche de soja? –Pregunto a Quinn que veía como el mesero malabarista se alejaba.

- Si, es la única leche que me daban cuando era niña.

- ¿Solo de soja?

- Es la más saludable y mi padre insistía, aunque mi madre quería darme directo de alguna cabra. –Abre los ojos con algo de horror. Yo comienzo a reír.

- Te creo, parece ese tipo de mujer, pero la leche de cabra es muy saludable y se pueden hacer buenos postres con ella.

- ¿En serio?

- Si, cuando quieras te enseño.

- Me debes enseñar también los postres de navidad, mi familia se va a encantar cuando los cocine –Se mostró emocionada.

- ¿Cada quien hace un plato o algo así? –Apoyo mis codos sobre la mesa- Dijiste que cocinan juntos.

- Si, hacemos varios, pero hay platos que los cocinamos juntos, es tradición en nuestra familia. Mi abuela decía que era lo que nos unía.

- ¿La comida?

- No, la navidad.

Esta vez soy yo la que, sin palabras, asiente con la cabeza mientras el mismo chico de antes, traía las dos tazas de chocolate caliente.

- Al menos esto nos mantendrá calientes –le digo al tiempo que revolvía el chocolate- Espero no decepcionarme.

- Esta bueno –Responde porque ella lo probo primero y estaba en lo cierto.

- Si, veo que te gusta mucho –Sonrió con ternura porque se había hecho un gracioso bigote de chocolate.

Ella me mira sin entender mis expresiones y yo decido tomar una servilleta y limpiarla directamente. El tacto la sorprendió, pero miro hacia abajo y descubrió porque yo hacia aquello.

- Listo, pequeña Quinn. –Dejo la servilleta a un lado.

- No soy tan pequeña –Refuta fingiendo molestia.

- Tienes 27 años.

- Solo es un año menos que tú.

- ¿Cómo recuerdas mi edad? –Entrecierro los ojos y ella detiene su movimiento para tomar otro sorbo de chocolate.

- Porque… Porque me la dijiste en el bar holandés –Explica balbuceando, quizás pensó que yo me molestaría por alguna razón.

- Me alegra que me hayas prestado atención, aunque no recuerdo haberte dicho mi edad.

- Me lo dijiste cuando te pregunte sobre tu amiga Lucy, dijiste que tenias 28.

- Ah, claro… -Tomo del chocolate y pienso. No, yo no recordaba, pero es bueno saber que ella si me escuchaba.

- ¿Llevas muchos años trabajando en la pastelería? –Cambia un poco el tema.

- Dos años.

- ¿Te gusta estar allí?

- Si me gusta, pero siento que no he podido avanzar mucho allí dentro –Expreso sin querer declarar alguna frustración, pero fue inevitable.

- ¿A qué te refieres?

- Desearía cambiar un poco el menú, por ejemplo. La Sra. Margot me da ciertas libertades, pero ella maneja todo con mucho capricho y eso me pone de mal humor.

- ¿Y le has dicho algo sobre eso, sobre tu malestar?

- Si, pero se niega… Por eso espero el próximo año cumplir mi gran sueño. –Confieso con una amplia sonrisa, ya que todo iba en marcha desde hace varios días.

- ¿Cuál es tu gran sueño? –Pregunta ella con mucha curiosidad y ojos vivaces.

- Tener mi propia pastelería, con mi menú, mis postres, mi gente, mis ideas… No solo que me den algo de libertad, sino hacer magia.

- ¡Eso es genial! Es una excelente idea.

- He venido luchando mucho por eso y me han cerrado un montón de puertas desde hace más de un año –Resoplo frustrada al recordar- Pero ahora parece que si se podrá, espero que el banco acepte mi solicitud en enero y en el primer trimestre… Tener lo que necesito.

Porque de eso se trataba, de eso iban mis visitas al banco, mi mal humor al saber que una vez mas no podía comenzar mi propio sueño de tener un local con los mejores postres. Sin embargo, luego de hablar con Jason y tener ya mi solicitud oficial, las esperanzas eran muchas.

- Rachel, de verdad espero que sea así, tienes mucho talento y mereces tener tu propio lugar –Me dice con sinceridad mientras estiraba el brazo y tomaba ligeramente mi mano.

Yo siento y observo el roce con disimulo, pero no digo nada, quizás se podía cohibir, así que trato de desviar la atención con el corazón emocionado

- Prefiero no hablar mucho de eso todavía, pero si, espero de verdad que todo marche bien. Trabajare duro si eso ocurre.

Ella me sonríe amable y de repente se da cuenta que su mano seguía encima de la mía, así que la aparta lentamente mientras se mordía el labio inferior. Quizás con algo de vergüenza por el gesto inconsciente.

- ¿Y me vas a decir que haces exactamente en Evening Corp? –Decido colocar la atención de la conversación en otra cosa. En ella, que era mi cosa favorita en ese momento.

- ¿Nunca te lo dije?

- No, señorita Fabray, le pregunte una vez a Santana si estabas en Mercadeo y me dijo que no, luego tú solo me dijiste que les decías que color usar. –La miro confusa porque no entendí lo que quiso decir con aquello.

- Claro… -Asiente con la cabeza como recordando- Eso hago, les digo que color usar –Repite y la miro como si me hablara de extraterrestres. Ella ríe- Estudie artes gráficas y tengo una especialización en publicidad gráfica.

- Ahora todo tiene sentido –Alzo los brazos con exagerado asombro.

- Hace ocho meses llegue como una diseñadora gráfica más, hacia lo que me decían y listo, pero luego me dieron la posibilidad de estar en el departamento creativo, por eso siempre estoy en reuniones con Santana, ella habla del producto y el mercado con los demás, y yo les hablo de la mejor forma de mostrarlo visualmente.

- Suenas como toda una experta.

- Es publicidad al fin y al cabo.

- ¿Pero te gusta, no?

- Me va bien, tengo un buen sueldo y puedo opinar –Se encoje de hombros.

- No suenas emocionada. –Frunzo los labios en duda.

- Estoy a gusto en Evening Corp –Aclara- Es solo que siguen siendo solo gráficos digitales para campañas.

- ¿Y no es eso lo que quieres? –Pregunto adentrándome más en el maravilloso mundo de Quinn Fabray.

- Creo que soy buena en eso, estoy capacitada, pero me siento más a gusto con el dibujo… Me gusta hacerlo de forma artística aunque no lo haga oficialmente como algo profesional. Solo dibujo para mí o mi familia. Mi madre tiene un montón y mi abuela decoraba su casa con mis dibujos, es un poco vergonzoso.

- ¿En serio? –Me asombro un poco- Pero debes ser muy buena… -Le digo y, de nuevo, con modestia alza los hombros.- ¿Qué tal si me enseñas?

- Ahora no tengo dibujos aquí –Me mira confusa.

- No, pero podemos hacer uno de inmediato –Sugiero mientras rebusco entre mi bolso. Ella me mira muy curiosa mientras yo desdoblaba una hoja y dejaba un bolígrafo sobre la mesa– Aquí esta, la hoja está limpia y el bolígrafo sirve. Puedes dibujar algo. –Termino de decir mientras le dejo todo al frente.

Ella mueve la taza de chocolate y estira el papel.

- ¿Qué quieres que dibuje? –Pregunta tranquila.

- No sé, algo fácil, no quiero ponerte en dificultades –Digo con humor y ella rueda los ojos.

No respondió nada mas, solo se decido a crear trazos de forma rápida con el bolígrafo negro, mirándome de vez en cuando, y luego de 10 minutos me muestra el papel.

- ¡¿Qué diablos?! –Espete alto sin importarme que otros escucharan porque realmente estaba muy asombrada– ¡Ese es mi rostro! –Señalo el papel con el dedo. Como si fuera algo de otro mundo.

- Es el intento de tu rostro –Me explica con calma- Con el bolígrafo no se puede hacer tan bien como con un lápiz. Además, lo hice rápido.

- ¿De qué hablas, Quinn? –Pregunto con seriedad- Eso es maravilloso –Sostengo la hoja entre mis manos y ella parece entender que mi asombro era real.

- Muchas personas pueden dibujar rostros, incluso mejor que yo.

- No seas tan modesta, tienes mucho talento. Ya me puedo imaginar todo lo demás que haces.

Ella me mira con algo de vergüenza ante mi escandalosa emoción.

- Yo no dibujo ni una manzana –Explico detallando mi rostro en el papel.

- ¿Por qué no dibujas algo? –Dice quitándome la hoja– Aquí, dibuja algo –Volta el papel y coloca el bolígrafo en medio.

Yo me siento erguida y finjo que sé hacer lo que iba a hacer.

- Claro, solo dime qué quieres que dibuje ¿Tu hermoso rostro? –Utilizo una voz seductora alzando las cejas, pero que no logro nada porque era muy graciosa.

- Pues, no… Mejor dibuja a tu familia entera. A todos ellos en ese papel –Lo señala de nuevo con algo de humor.

Yo detengo mi broma y me quedo pensando en la idea de Quinn que, por un momento, casi dejo de darme gracia, sin embargo, no tenia porque incomodar la noche.

Lo hice, dibuje a toda la familia que tenia.

- Listo. –Le entrego el papel a los pocos segundos.

Ella lo toma con el ceño fruncido y lo observa con decepción.

- Esto solo son palitos con una falda. ¿Es una chica?

- Si, es Santana. –Explico tranquila, pero miro a los lados. De repente quería algo caliente de nuevo.

Quinn me mira y luego mira de nuevo la hoja que, encima de la cabeza del garabato que representaba a Santana, decía "Toda mi familia" Entonces comprendió más de lo que cualquier persona me pudo comprender antes.

Se quedo pensativa varios minutos en los cuales yo mordisquee un poco el pan para evitar el tema, ella luego doblo la hoja y la guardo en su bolso sin decir nada.

- ¿Quieres pedir algo mas aquí? –Inquiere de repente y yo la miro con sorpresa. Sin duda pensé que me iba a interrogar un poco más sobre el dibujo.

- No, si quieres marcharte podemos pedir la cuenta ¿O tú quieres algo mas?.

- Con el chocolate estuvo bien.

Quinn se ofreció a pagar toda la cuenta porque era quien había tenido la idea de la cita, yo dije que me dejara pagar, al menos, la mitad y se negó. La condición que le puse fue que me dejara a mí pagar una próxima cita.

Otra buena idea para verla ¿Se dan cuenta? Así que en eso quedamos.

Salimos del restaurant que, seguía lleno a pesar del mal sabor, y caminamos una cuadra mientras conversábamos de trivialidades. Yo por momentos me quedaba observando a Quinn, sus movimientos, sus sonrojos y su perfecto físico. A pesar de que ahora sabia un poco mas de ella, seguía siendo un tanto enigmática para mí. Era hermosa, aun es muy hermosa y aquello se lo podía haber dicho cualquier humano que la conociera, pero ella seguía avergonzada de escucharlo o de percibir un gesto. Parecía tan inocente, tan frágil… Como si algo la pudiera destrozar y eso, justamente eso, la hacía más especial para mí.

- Vaya, la gente en esta ciudad ama el hielo –Le digo bromeando al tiempo que pasábamos junto a la pista de hielo el aire libre que estaba frente a una gran plaza. Había mucha gente.

- Se ve que se divierten –Ella se detiene y mira a todos patinar.

Yo me quedo viendo la estampa que, a pesar del frio, sin duda era muy linda.

- ¿Quieres verla de cerca? –Le pregunte, pero tampoco deje que respondiera, decidí tomarla por la manos y se dejo guiar.

- Desde aquí se ve más grande –Dice luego de cruzar la calle y observar la pista mientras posaba los brazos sobre un barandal.

- ¿Nunca habías venido aquí? –Pregunto sin dejar de mirar a la mayoría de personas, sobre todo jóvenes, que daban vueltas y hacían bromas sobre el hielo.

- No, nunca he patinado sobre hielo, de hecho. –Confiesa y yo giro mi rostro con sorpresa.

- ¿En serio? –Abro la boca, pero ella asiente sin mirarme.

Otra sorpresa para anotar en la lista de esta chica. No había probado alcohol y tampoco patinado.

- ¿En serio nunca has patinado, Quinn? –Pregunte de nuevo y esta vez sí giro su rostro para mirarme con avergonzados ojos.

- No es muy seguro patinar sobre hielo y una vez probé con patines normales y no me fue bien –Arruga la nariz– No soy buena con los deportes.

- Yo amo los deportes, de hecho creo que soy buena en unos cuantos –Ella me mira interesada- Pero patinar sobre hielo, más que un deporte, es entretenimiento para todas las edades –Señalo de nuevo a las personas y ella sigue mi gesto con la mirada

- Bueno, nunca lo he hecho.

- Hoy es un buen día para eso.

- No lo creo, no se patinar y parece que caer en eso duele. –Se tornó nerviosa.

- Puedes confiar en mí, yo te enseñare y por allá alquilan zapatos –Señalo al otro extremo de la pista.

- Hay frío, Rachel. –Otra excusa.

- Se que hay frío, pero… Valdrá la pena, créeme.

- Haré el ridículo –Negaba con la cabeza al tiempo que se alejaba más de la baranda.

- Si haces el ridículo, lo haremos juntas ¿O crees que soy experta?

- Me dices que eres buena en deportes –Usa un tono de reproche.

- Pero no soy patinadora profesional.

Lo parece meditar, porque mordiendo su labio inferior y mirando sus botas de invierno con las manos en los bolsillos de su abrigo, se queda en silencio. De vez en cuando miraba mi sonrisa ansiosa en espera de que aceptara la invitación a la pista de hielo; también observaba un árbol gigante en la entrada de la misma; y una que otra vez, miraba al resto de las personas que parecían divertirse de verdad.

- Esta bien, lo haré.

- ¡Genial –Doy un pequeño salto.

- Pero con una condición –Se acerca un poco y suspira con cansancio luego de su decisión.

- Lo que quieras.

- Que vengas conmigo a New Bedford para navidad.

- ¿Qué? –Pensé que había escuchado mal.

- ¿Tienes planes con Santana?

- No realmente, ella… Bueno, su familia se reúne y su cuñado no me cae bien, pero… -Comencé a divagar buscando una buena respuesta.

- Ven conmigo a New Bedford. –Repite con más ímpetu.

Estaba muy sorprendida de su propuesta, no sé si pueden imaginar cual fue mi respuesta. ¡Que locura!