"Tú que estas lejos de tus amigos

De tu tierra y de tu hogar

Y tienes pena, pena en el alma

Porque no dejas de pensar..."


"Un cuento de navidad"

- Rachel, quiero que pruebes esta tarta y me digas si quedo bien. –Judy me daba a probar el postre con un pequeño tenedor.

- Yo le hubiese hecho un mejor caramelo, pero eso lo podemos arreglar –Le informo al tiempo que dejaba las ultimas galletas sobre la bandeja que Quinn iba a hornear en un rato.

Mi rubia, hermosa y tierna amiga, había salido con su hermano a comprar otros ingredientes para terminar la cena de noche buena. Entre todos estábamos haciendo postres, por supuesto, la cocina era dirigida por mí en ese aspecto. Les mostré como hacer ciertos dulces que varios estados acostumbraran a preparar en navidad, no solo el típico pastel de calabaza.

Era 24 de Diciembre y yo estaba envuelta en todo aquello con una sensación amarga y dulce que no me terminaba de encajar. Hace mucho que no celebraba, o pasaba un día tan navideño, con una familia completa…

Los Fabray trataban de que me sintiera completamente a gusto. La noche anterior, luego de llegar del concurso de hielo, no hable mucho con Quinn. Judy nos sirvió una sencilla cena con su carne especial de Texas, Quinn se fue a dormir primero que todos alegando estar cansada, yo me quede otro rato escuchando las historias del Sr. Fabray sobre su trabajo en el puerto de New Bedford mientras Sam salió a casa de su novia. La Sra. Judy no dejaba de merodear retocando el árbol de navidad.

Dormí en la habitación de invitados que era bastante pequeña, pero acogedora y no se los negare, por momentos, mirando el techo, me pregunte que hacia allí, si todo era por Quinn o por querer sentir aquello que en el fondo siempre deseaba en esas fechas.

- El pan esta en el horno, iré a ver Televisión un rato –El Sr. Fabray nos informa antes de dejar la cocina.

- Es un flojo en la cocina, pero le encanta comer –Dice Judy riendo detrás de mi- Entonces, Rachel ¿Tú naciste en Boston? –Se muestra curiosa mientras lavaba algunos platos. Los postres estaban casi listos en fila para hornear.

Yo dejo de polvorear un pastel y la miro.

- No, yo nací en Scranton, Pennsylvania.

- Oh… -Asiente con la cabeza- No conozco Scranton, ¿Qué comen en Scranton? –Me pregunta sin perder la sonrisa ni dejar de hacer su labor en el lavaplatos.

- Realmente no lo sé –Rio un poco avergonzada- Me fui de allí cuando era muy pequeña.

- ¿Tus padres son de Scranton?

- Así es… Ellos… Ellos nacieron allí. –Balbuceé un poco incomoda.

- ¿Y donde viven ahora? –Pregunta sin mirarme.

- Pues ellos…

- ¡Ir de compras el 24 de Diciembre es horrible! –Se escucha la voz de Sam que llegaba junto a Quinn y varias bolsas.

Salvada por la campana.

- Es la emoción de la navidad, hijo –Le responde Judy – Trae eso para hacer la salsa del pavo, faltan pocas horas para la cena.

Quinn entro a la cocina segundos después, pero se detuvo frente a mi con algo de asombro en su hermosa cara de pómulos sonrojados por la nieve de New Bedford. Yo alzo las cejas y la miro esperando una respuesta.

- ¿Mi madre te ha obligado? –Me pregunta con seriedad.

Detrás de mi, Sam y Judy estaban entretenidos.

- ¿Qué? No entiendo… -Miro alrededor de la mesa de la cocina. Quizás hablaba de los postres.

Ella señala con un dedo mi atuendo, entonces comprendí.

- Oh, esto –Alzo un poco mi suéter verde con renos- Ella solo lo dejo doblado sobre la mesa y me dijo que si quería, lo usara.

Quinn se acerca más y toca mi hombro, tal cual lo hizo antes de ir al concurso de hielo el día anterior.

- Si no quieres, no tienes que hacerlo. Mi madre es muy persuasiva.

- No te preocupes, Quinn, si vieras mis pijamas… Este suéter te parecería normal.

Todos llevaban un suéter navideño con renos y adornos, incluso Quinn y Sam fueron a comprar con ellos puestos. Yo era la única que no tenia, pero cuando los hijos Fabray salieron, Judy me dejo uno, con una gran sonrisa en su rostro, sobre la mesa. Yo simplemente me lo puse encima de mi blusa. Era bastante bueno para aquellas bajas temperatura, sin embargo, Quinn pensaba que mi corazón Grinch podía explotar con la vestimenta.

- Esta bien… Te queda muy lindo –Me dice estirando sus labios en una cerrada sonrisa.

- A ti te queda más lindo –Sonrío mirando su suéter rojo con renos- Todo te queda bien, de hecho -Me atrevo a agregar.

- No todo. –Frunce los labios.

- Eres muy hermosa, tanto que yo me debería arreglar mucho más solo si ando contigo. –Le digo riendo aunque no estaba mintiendo.

- No digas eso… -Baja la mirada.

- Solo digo lo que creo. Eres hermosa y te queda bien el suéter o lo que sea que uses.

Quinn me mira por unos segundos antes de bajar la mirada y morderse el labio con fuerza. Es tan adorable cuando hace eso…

- Voy a… a revisar el honor, ¿Está bien? –Me dice sin perder el sonrojo y yo solo asiento divertida.

Mientras los Fabray terminaban de preparar la cena, decidí revisar mi teléfono. Había un mensaje de Santana.

-¿Estás viva o algún espíritu de la navidad te mato?

-Estoy viva y horneando la cena con un suéter de renos. Respondo aquello entre avergonzada y divertida.

Ella tarda algunos minutos y me responde.

-No te creo nada, envía una foto.

Yo tomo, disimuladamente, una foto del pecho de mi suéter en donde se podían ver los dos renos en el fondo verde. Se la envío.

-¡¿Quién eres y que hiciste con Rachel Berry?!.

-Soy, Rachel Berry con un suéter navideño.

-No, la Rachel Berry que yo conozco en navidad jamás usaría eso. Ahora me siento traicionada.

-¿Por qué traicionada?

-Porque llevo años insistiendo contigo en estas fechas y Quinn Fabray lo logra en un mes.

Yo medito un poco aquello porque tenía razón.

-Solo quería hacer algo diferente. ¿Qué tal todo por allá, estas con tu familia?

-Si, mi hermana llego sin mi cuñado, creo que se van a divorciar. Dice y yo me sorprendo un poco.

-¿Eso es bueno o malo?

-¡Es jodidamente bueno, Rachel!

Comencé a escribirle mi respuesta, pero Quinn me preguntaba a mis espaldas sobre el tiempo en que debían estar los postres en el horno. Así que me despedí de mi amiga antes de volver con los Fabray.

-Hay que celebrar eso, hablamos luego. Tengo que hornear muñecos de Jengibre jajajaja. Envío el mensaje imaginándome su reacción.

-¡Mentira, tú eres Ebenezer Scrooge! Fue lo último que me llego y no respondí.

Existen muchas películas y cuentos de navidad y, entre todas, siempre hay características similares, como la nieve, chimenea, adornos navideños, villancicos; gente con sonrisa mientras hablan del amor; también familias con suéter de renos alrededor de una mesa… Esto último, me estaba pasando a mi y aunque los Fabray eran gente agradable, no estaba del todo feliz.

- Cuando mi madre estaba viva, ella cocinaba todo y nos obligaba a mis hermanos y a mí a ayudarle. –Hablaba el Sr. Fabray.

- Tus hermanos y tú han sido siempre unos flojos en la cocina –Dice Judy y me mira- Mark y Evan son sus hermanos mayores y no cocinan ni el agua para el te.

- Mamá, los tíos son geniales –Sam interviene con la boca llena de pavo.

- No hables con la boca llena. –Judy lo reprende.

Y yo veía todo con mucha curiosidad. Aun me sentía fuera de lugar por momentos porque jamás imagine estar en Noche Buena con una familia que apenas conocía.

- ¿No has hablado con Santana? –Pregunta Quinn a mi lado mientras su familia discutía sobre quien hacia mejor el pavo, si Judy o la esposa del hermano de Russel.

- Si, nos enviamos un par de mensajes temprano –Le digo y la miro fugazmente antes de probar el pavo que, si estaba muy delicioso.

- ¿Te sientes a gusto? –Me vuelve a preguntar luego de algunos minutos.

Por un momento pensé que estaba leyendo mi debate mental sobre estar en aquella mesa.

- Estoy bien, tu familia es agradable. –Le digo y ella asiente antes de seguir comiendo.

Luego de terminar de cenar, todos fuimos al salón de la casa a comer dulces y entrar en el juego de "Adivina la película navideña" que propuso Judy. Yo jugue y perdí en el primer intento porque no me sabia ninguna, solo la del Grinch por Jim Carrey

- Eres muy mala en esto, Rachel –Sam reía a mi lado, sentado en el sofá.

- No tienes ni que decirlo.

- Como sea… Aunque no lo parezca, yo tampoco soy muy fan de la navidad, de hecho prefiero estar ahora mismo con mi novia que jugando a esto, pero… Es la familia. –Él se encoje de hombros.

Yo me quedo en silencio, pensando en cosas que no debería pensar en ese instante porque siempre me ponían mal, sin embargo, era inevitable.

No importa cuanto quieras alejar un pensamiento, hay cosas que llegaran en cualquier lugar que estés. Podía ser en el lugar más navideño, como la casa de los Fabray, o en el rincón opuesto del mundo. Si no lo superas… Siempre dolerá.

En mi caso no era solo para navidad, era para muchas fechas y horas de mi vida, pero en aquellas fiestas todo parecía llegar mas duro en el corazón.

Quinn estaba hablando animadamente con su padre y yo decidí levantarme del que, ya no me parecía tan cómodo, sofá mientras me excuso con Sam para ir escaleras arriba. La idea de ir al baño fue buena, pero solo necesitaba un rato a solas, llego el momento en que me sentí asfixiada, sin duda alguna.

Subí las escaleras y al llegar arriba mire la puerta de la habitación donde dormí la noche anterior, pero no entre. Suspire con pesadez, camine y abrí las puertas del balcón que quedaba en medio de aquella planta. Era bastante grande y techado. Desde allí se podían ver también los techos de varias casas con algunas capas de hielo que habían quedado de la nevada de esa mañana.

Apoye mis codos en el barandal del balcón y trate de relajarme un poco, a pesar de que el frio golpeaba mi cuerpo. El suéter de renos ya no era tan caliente como lo fue durante casi todo el día.

Pensé en llamar a Santana solo para distraerme de aquellos golpes mentales que me estaban destruyendo en ese instante, pero sabía que si lo hacía, al escuchar su voz iba a ser todo peor…

- Quizás debiste quedarte en Boston encerrada en tu departamento, Rachel… -Me digo a mi misma con la mirada perdida sobre aquellos techos.

A los pocos minutos escucho las puertas del balcón abrirse y gire para descubrir a Quinn con un abrigo en la mano.

- Te puedes enfermar, los sueters de reno no son super poderosos –Dice ella trayendo en su mano un abrigo.

- No esta tan frio –Miento excusando mi torpeza de salir así.

- Si lo esta –Afirma colocándome el abrigo sobre los hombros. Yo me dejo envolver por aquello e incluso cerré por un momento los ojos inhalando con fuerza. Olía a Quinn y era delicioso.

Ella se para a mi lado con la vista al frente. Yo miro su perfil, su cabello cayendo sobre los hombros en su propio abrigo, su nariz, su boca, su barbilla y su cuerpo un poco más alto que el mío. Por ella estaba yo allí, pero no era por todo aquello que se veía a simple vista, sino por lo que había dentro que, a pesar de no haberlo descubierto mas que en pequeños matices, se que era maravilloso e iba mas allá de llevarme un abrigo al balcón de su casa en Noche Buena.

- Me gusta subir aquí en las primeras nevadas para ver los techos –Quinn rompe el silencio.

- Es un lindo paisaje. –Respondo volviendo la vista al frente.

- Cuando era niña… A veces contaba las casas y me imaginaba que estaban haciendo todos en cada una de ellas. Me creaba una propia historia cuando veía alguna luz encendida. Si estaban las luces apagadas, suponía que dormían o no estaban.

- ¿Y nunca dibujaste este paisaje? –Pregunto porque ahora se mas de sus grandes dotes de dibujo, Judy tenia varios cuadros hechos por Quinn a lo largo de la escalera y otros en la cocina.

- Si, varias veces, pero creo que esos dibujos no están en la casa –Frunce el ceño- Tal vez quedo en casa de mi abuela, ella se llevaba todo lo que yo dibujaba –Comenta con nostalgia en su voz.

- ¿Era la mamá de tu padre?

- Si, murió hace cuatro años… Siempre pasábamos las navidades juntos.

- Supongo que eran muy unidos.

- Ella logro que yo amara tanto estas fechas, el primero de diciembre comenzaba a hablar sobre lo que haríamos en las navidades y que podíamos cocinar –Comentaba sonriente.

- Tu madre también es muy entusiasta con eso –Le digo y ella rueda los ojos divertida.

- Lo sé, pero supongo que las abuelas tienen un calor especial y en navidad la extraño mas. –Ella se abraza a si misma con la vista al frente.

- Extrañar en navidad es contagioso… -Murmuro sin pensar, aquello era mas para mi misma que para Quinn.

Ella me mira al instante, pero no dice nada, luego vuelve a mirar al frente y segundos después a mí de nuevo. Sabía que trataba de decirme algo y no se decidía.

- Rachel… Tú… Tú… -Balbuceaba mirándome.

Yo suspiro con cierta pesadez dejando escapar todo el humo en el aire y la miro, la miro con tranquilidad y veo una vez más su esencia en aquellos ojos verdes con avellanas que brillaban como pequeños faros.

- Puedes preguntarme lo que quieras, Quinn… -Le digo muy despacio, dejando así mi alma en pie porque sabía lo que venía.

Ella humedece sus labios y respira profundo antes de preguntar. Creo que deseaba ser valiente.

- ¿Qué paso con tu familia? ¿Por qué… Por que solo Santana es parte de ella? –Dos preguntas intrínsecamente relacionadas.

- No es que solo Santana sea parte de ella… Es que ella es toda mi familia.

- ¿Y tus padres? Porque… ¿Tienes o tenias padres, no?

Yo asiento con la cabeza al tiempo que me pasó ambas manos por las mejillas de forma rápida.

- Lo siento, yo no quería…

- Mis padres murieron. –Interrumpo sus disculpas.

Ella abre ligeramente la boca y luego traga grueso, como digiriendo todo.

- ¿Hace mucho? –Pregunta casi susurrando.

- Ambos murieron cuando yo tenía cinco años, mi padre tenía licencia de piloto y viajo con mi madre en una avioneta particular, era de un amigo de él. –Digo aquello y Quinn abre los ojos como dos platos. Yo la miro con una mueca de pena, su miedo a los aviones y mi próxima confesión, iban a causarle más conmoción- Era el aniversario de ambos y él planeaba sorprenderla viajando desde Tennessee a Mississippi, eso me comentaron después... –Hago una pausa y miro de nuevo los ojos angustiados de Quinn- El avión tuvo fallas y se estrellaron sobre una zona de ganado antes de llegar el aeropuerto de Cleveland…

Quinn cierra los ojos con fuerza antes de volver a mirarme.

- Y tú solo tenías cinco años… -Comenta divagando.

- Solo cinco años –Repito- Y no entendía porque mis padres no llegaban a casa luego de dos días, hasta que me sentaron en una sala con mucha gente que nunca vi antes, la sala estaba llena de flores y todos me decían: "Lo siento mucho, pequeña."

- ¿Era el funeral? –Me pregunta sin perder la sorpresa en su voz y rostro. Yo asiento con la cabeza.

- Si, yo quede en casa de los amigos de mis padres, eran los dueños de la avioneta. Ellos me dijeron de la muerte el mismo día del funeral. Me costó mucho comprender, sino fuera por mi hermana… Yo….

- ¡¿Tu hermana?! –Pregunta muy sorprendida y sonriendo ligeramente. Imagine lo que paso por su cabeza.

- No te emociones mucho –Sonrío con pena- No tengo una hermana, bueno, Santana es como una, pero no tengo una de sangre.

- Pero dices que…

- Tuve una hermana, era cinco años mayor que yo.

- ¿Murió, iba en la avioneta? –Quinn pregunta casi llorando. Su cara era todo lamento. Aunque mi corazón estaba comenzando a estar peor que sus expresiones.

- Si murió, pero no con ellos. Murió 11 años después en un accidente en Noche Buena- Confieso con un nudo más fuerte en la garganta- En un día como hoy… -Susurro sin poder contener la lagrima que caía sobre mi mejilla izquierda y la cual decidí limpiar rápidamente.

Quinn mira sus manos negando con la cabeza y luego de respirar profundo me mira a los ojos.

- Siento haberte hecho venir aquí… tú… Tú… ¡Dios! –Se lleva las manos al rostro.

- No te preocupes, no eres culpable de que me sienta mal. Este donde este, siempre los recordare, sobre todo a mi hermana.

- Aun así es… Es horrible que estés aquí en medio de mi familia recordando la tuya. Me siento incluso egoísta.

- No digas eso, Quinn. –La miro muy seria- Yo recuerdo a mi familia todo el tiempo, pero en navidad la nostalgia es contagiosa, como te digo… Da igual. –Suspiro- Hay cosas que duelen para siempre y no las superas, solo te acostumbras a vivir con ese dolor.

Luego de decir aquello ambas nos perdimos en nuestros pensamientos, aunque yo estaba tratando de alejar todo aquel montón de recuerdos que me llegaron de golpe. Quinn, probablemente, buscaba una forma de comprender como todo se volvió tan gris y mas frio que el clima de New Bedford aquella noche.

- ¿Eras muy unida a ella? –Supe que preguntaba por mi hermana- ¿Cómo se llamaba?

- Lea, Lea Michele Berry –Digo el nombre de la persona más importante de mi vida hasta los 16 años.

- ¿Cómo murió exactamente?

- Un accidente de auto, venia de la universidad con su novia –La miro y Quinn alza las cejas, yo sonrío ligeramente- Iba a pasar las navidades conmigo en casa de los amigos de mis padres, ellos quedaron con nuestra custodia, aunque los veíamos poco… -Aclaro- Pero Lea y yo éramos muy unidas, gracias a ella la muerte de mis padres no fue un vacio tan grande en mi niñez…-La miro de nuevo haciendo una pausa- Ellas llegaban tarde a la cena, al inicio no iban a venir, pero Lea le insistió a Dianna, su novia, que deseaba estar en Noche Buena conmigo… Dianna, desgraciadamente, la complació. Se les atravesó un animal en la carretera y chocaron contra un árbol. Dianna murió al instante y Lea murió en el hospital.

- Cielos… ¿Tenias 15 o 16, no? –Quinn lloraba y no trataba de ocultarlo ni en su cara ni en su voz.

- 16 años… Y estuve en la sala de espera de un hospital por horas mientras la última persona de mi familia moría una noche antes de navidad.

- Creo que eres mas fuerte de lo que pareces, yo no sé si lo resistirá… Soy muy débil –Confiesa limpiando sus lagrimas- No celebrar navidad es algo que no se te puede discutir, no es fácil. Solo Dios sabe lo que sientes…

- ¿Dios? –Sonrío con sarcasmo y ella solo me mira- No creo en Dios, Quinn. –Confieso sin delicadeza y ella hacia otro lado incomoda- Lo siento, no hablemos de esto.

Me alejo un poco de ella y decido caminar unos pasos por el balcón.

- No te disculpes, si es lo que crees, tendrás razones al igual que yo tengo las mías para creer en que si existe.

Yo no digo nada, decido mirar de nuevo aquellas casas con historias que Quinn había inventado cuando era niña.

- La he pasado bien con tu familia y contigo. –Rompo el largo silencio.

- ¿A pesar de todo lo que te atormenta en estas fechas?

- A pesar de eso… -Fui sincera.

- ¿No quieres salir huyendo? –Entrecierra los ojos y tuerce la boca.

- Ya no. –Rio- No gano nada con eso, además… No todos son tan afortunados de estar en casa de alguien tan especial como tú.

- Insistes con eso –Baja la mirada avergonzada- No soy tan especial, Rachel.

- No te menosprecies –La apunto con el dedo- Aun me queda por conocer mucho de ti, presiento que hay mucho, mucho más, pero sé que eres especial. ¿O de que otra forma yo estaría aquí? –Le digo y ella me mira con cierta vergüenza y emoción.

Quinn aparta la mirada para observar fugazmente el paisaje, alza la vista al cielo y la baja hasta su reloj de muñeca. Por último… Me mira a mí con una sonrisa.

- ¿Qué sucede? –Pregunto confusa.

- Feliz navidad –Me dice mostrando todos sus blancos dientes mientras intensificaba más el sonrojo de sus mejillas.

Yo sonrió de medio lado ante los deseos navideños, pero encantada con la imagen frente a mi, aunque lo que venía a continuación era aun mejor.

Quinn se acerca valiente y posa sus manos frías sobre mis mejillas que comenzaban a arder. Nos miramos a los ojos mientras el aliento de ambas se confundía ante la encantadora proximidad.

- Feliz navidad, Quinn… -No sé porque, pero decidí responder aquello que no acostumbraba ni siquiera a celebrar y luego de eso llegaron sus suaves y deliciosos labios a los míos, entonces me permití disfrutarlos al máximo, moviendo lentamente mi boca en su compás.

Cuando nos separamos y nos miramos intensamente, en sus ojos pude ver que podían existir mejores noches que en los cuentos de navidad.


"Tú que esta noche

No puedes dejar de recordar.

Quiero que sepas

Que en nuestra mesa

Para ti tengo un lugar...

Por eso y muchas cosas mas…

Ven a mi casa esta Navidad."