"Año nuevo"
¿Han hecho alguna vez las famosas resoluciones de año Nuevo? Ya saben, esas listas donde escribes, algunas veces enumerados, los deseos, propósitos; metas, objetivos y demás cosas que deseas cumplir el siguiente año. La idea de aquello es que si escribes con tu puño y letra cada propósito, este se hace mas real en ese instante, pero yo no creo en eso, para mi lo que deseas, de verdad, tiene la misma intensidad, lo escribas o no. Así que hacer listas no es lo mío, creo que es una pérdida de papel y tiempo que puedes usar en luchar por conseguir algo a lo largo del nuevo año, sin embargo, tengo una amiga que es gran fan de las listas y esa amiga no es Santana, esa amiga es Brittany S Pierce, una persona muy persuasiva que logro que yo hiciera una lista para año nuevo.
Estuve en New York para aquellas fechas, luego de pasar dos días más en New Bedford y conocer un poco de la ciudad de Quinn, me despedí de aquella acogedora familia y de la hermosa rubia que se quedaría más días con sus seres queridos. En New York me encontré con Santana y su emocionada novia, las tres acordamos pasar allá los últimos días del año para celebrar la despedida del mismo en el Time Square y no se los negare, fue demasiado emocionante y tenía tanta adrenalina aquella noche, que Brittany saltando me dejo una hoja frente a la mesa del bar donde estábamos antes de salir a la calle y a 30 minutos para las 12 escribí mis resoluciones.
La verdad, no recuerdo bien todo lo que escribí porque eran muchas cosas al azar en un papel, algunas mas importantes que otras y a demás, la hoja quedo volando en medio de la lluvia de papales del Time Square, pero si recuerdo las cosas que son un poco mas importantes. En el papel estaban escritas frases como: "Emprender mi propio negocio; saber llevar mejor a la Sra. Margot mientras dure en Dolce; tener paciencia a las personas mayores que estancan el trafico peatonal y vehicular", e incluso me prometí dejar de fumar porque la adrenalina de fin de año te hace querer vivir más, o al menos, eso me paso aquel día, cosa que no era muy común porque si bien la navidad es muy triste para mí, las fiestas de fin de año no han sido color de rosa. Pero yo estaba feliz, animada y con una gran esperanza de que al ser las 12:01am del 01 de enero, el año nuevo comenzara con buen pie. No sé de donde vino aquella esperanza, quizás el haber pasado la navidad con Quinn, alguien que me gustaba mucho o estar en fin de año en un lugar maravilloso con dos grandes amigas. Yo tenia una extraña seguridad de que iba a comenzar todo de forma magistral. Error.
Mi lista soñadora estaba siendo un fraude de esperanzas; mas papel malgastado y la certeza de que escribiendo algo no te da ventajas para hacerlo más real.
Volví a Boston el 02 de enero y comencé a trabajar en Dolce al siguiente día. La Sra. Margot, por alguna razón, llego de sus cortas vacaciones navideñas con un humor desagradable, deshaciendo y haciendo cosas sin sentido, nadie entendía que la traía de ese modo, pero yo preferí no preguntar y llenarme de paciencia cuando escuche sus voz altanera la primera vez, juro que lo hice, respire profundo y trate de calmarme, pero no pude. Ella me culpo del desperdicio de 10 bandejas de Cupcakes con frutas frescas que ella misma mando a hacer y que luego no fueron vendidas porque el comprador no llego y se dañarían muy rápido, incluso con refrigerador. Cumplí con mi trabajo y los postres se desperdiciaron por culpa de la dueña que, distraída, no sabía lo que hacía. Todo esto hizo que discutiéramos acerca de los pedidos; sobre la lista de postres, una vez más, y sobre la gente que faltaba a su trabajo sin razones, pero nunca era despedida. No me aguante, hay cosas que tienen un límite cuando quieres hacer algo bien y los demás lo estropean constantemente, así que todo en Dolce era muy tenso, no solo entre la Sra. Margot y yo, sino entre el resto de los empleados.
Era 14 de enero y yo estaba maldiciendo el nuevo año tirada en el sofá de mi departamento mientras me fumaba el cigarrillo que jure no volver a fumar en la inservible lista de resoluciones, pero quizás mis lamentos en el sofá no eran lo más triste de todo, sino mi resfriado bien ganado al salir sin mucho abrigo, en pleno invierno de Boston, dos días antes.
Tenía frio y mi nariz roja lloraba cada segundo, era como un grifo abierto que tenia la llave dañada haciendo que goteara sin parar, ese mismo grifo fue el que hizo que me quedara en casa aquel día porque en Dolce, a parte del mal ambiente que existía, también iba a expandirse la peste por mi culpa, otra razón para que me quisieran despedir, si es que yo no renunciaba antes.
Cabe destacar que no avise que me iba a ausentar, pero tampoco me importo porque ya todo estaba mal y mi cerebro no procesaba muchas cosas en este instante, sin embargo, me puse a pensar en otras circunstancias lamentables, como no saber nada de Quinn luego del 06 de enero cuando me escribió para contarme que no íbamos a cenar, como ella misma propuso al despedirnos en New Bedford, porque tenía mucho trabajo y esa misma respuesta la recibí dos veces más que la llame en lo que iba del mes.
Ni a ella ni a Santana las había visto porque Evening Corp si comenzó año nuevo con grandes logros, eso escuche decir y me alegraba por ambas, pero mas me alegraría compartir con ellas y sobre todo con la hermosa rubia que ya me hacia falta. Extrañar a Quinn se hizo muy fácil para mí, pero Quinn no estaba, tampoco Santana que llevaba enviando mensajes toda la mañana para saber de mi estado, sin embargo, ante la ausencia de aquellas dos chicas, había llegado alguien más.
- ¡Traje pizza! –Canturrea Lucy con una gran caja de pizza entre las manos.
Mi vecina aprovecha, con mucha frecuencia, entrar en mi casa con la copia de la llave que yo misma le cedí. Siempre es bueno tener a alguien que pueda entrar cuando no estés, por si surge algún inconveniente.
Pero Lucy es muy ruidosa y, a pesar de que me he acostumbrado a su ruido, en aquel momento no deseaba mucho alboroto.
- Lucy, no me siento bien… -Le digo murmurando y medio probando mi cigarrillo desde el sofá.
Ella deja la pizza en la cocina y vuelve hacia mí. Me observa con el ceño fruncido pues mi posición era bastante extraña. Estaba acostada por completo en el sofá de tres puestos; con un pie sobre el posa brazo y la otra pierna estirada hasta colocar el pie derecho en la mesa baja de al lado, mientras que mi cigarrillo estaba casi tocando el piso entre los dedos de mi mano derecha.
- ¿Qué te pasa? –Pregunta ella moviendo los ojos por todo mi cuerpo que, cabe destacar, iba vestido con una pijama de jersey y pantalón totalmente gris.
Gris como mi estado de ánimo.
- Me siento mal, estoy resfriada –Le informo.
- ¿Estas resfriada y estas fumando? –Hace una mueca de asco con su boca.
- Si, fumar me da calor. –Murmuro entrecerrado los ojos.
- Y no te ayuda en nada con el malestar. –Dice y con un ágil movimiento quita el cigarrillo de mi mano.
- ¡Dámelo! –Alzo la voz, pero no mi cuerpo.
Lucy apaga el cigarrillo en el cenicero.
- Solo a ti se te ocurre fumar con resfriado. –Niega con la cabeza- ¿Qué has tomado para el malestar?
- Sopa de pollo, pero estaba muy mala, no sé hacer sopas así que la deje casi a la mitad -Espeto aun molesta por la muerte de mi cigarro.
- ¿No quieres pizza? –Dice y luego pregunta algo mas pero su voz se pierde un poco- Debes comer algo caliente, no fumar- Vuelve con dos almohadas, probablemente de mi habitación.
- Estoy bien, no tengo hambre.
- Debes tomar algo, el liquido es esencial. –Decía mientras se inclinaba dejando las almohadas bajo cabeza- Alza mas la cabeza, Rachel –Me pidió con amabilidad para luego colocar las almohadas. Yo obedecí y decidí llevar ambas piernas al sofá.
- Este puto invierno no me ha caído bien y también estoy odiando el inicio de este puto año. –Refunfuño hundiendo mi rostro en la almohada y dejándolo allí por un buen rato.
No escuche ruidos ni preguntas de Lucy por algunos minutos hasta que se sentó mi lado, justo al lado de mi cabeza en la orilla del sofá, y comenzó a acariciar mi cabello.
- Si no quieres tomar nada, al menos come un poco de pizza ¿La pizza es buena para todo, no? –Su voz sonaba mas delicada que antes, incluso en un tono más bajo.
Al escucharla, suspire con pesadez para girar y volver a fijar mis ojos en el techo. Ella solo se removió un poco y me miro.
- Generalmente no se le ofrece pizza a personas enfermas, pero gracias, no tengo hambre. –Expreso con voz ronca y nasal.
- Debes comer.
- Ya comí.
- Dejaste tu sopa de pollo.
- Comí casi la mitad.
- Te falta comer la mitad de otra comida. –Sonreía y tomaba un trozo de pizza. Hasta ese momento, no me había dado cuenta de que llevo la caja la pequeña mesa.
- Lucy, en serio… No me siento bien. –Le digo en la misma posición y sin tocar la comida que me mostraba, y ahora movía encima de mi cara.
- Eres tan terca ¡Debes comer porque tienes las defensas bajas! –Gesticulaba su regaño moviendo la pizza encima de mi rostro, una vez más.
- Lucy, deja de…
- En serio, Rachel, eres muy terca y…
- ¡Lucy! –Grite al sentir un pedazo de queso caliente en la punta de la nariz.
- ¡Oh por Dios! –Ella se levanta como un resorte y toma una servilleta.
Yo me reincorporo y limpio mi nariz con desesperación.
- ¡Me quedara una marca! –Grito sentada.
- Claro que no… Eso fue… Fue pequeño –Ella balbucea y me mira con algo de terror en su rostro.
- No quiero comer, Lucy –Le informo con rotundidad.
Decido volver al sofá y a mi antigua posición.
- No tengo ánimos ni ganas de nada, en serio –Informo suspirando con pesadez. Sabía que lo hacía con buena intención, pero no podía con nada.
- ¿Quieres que me vaya? –Pregunta volviendo a sentarse en la orilla del sofá y posando sus grandes ojos sobre los míos.
Desde aquella posición yo veía su rostro al revés.
- Puedes quedarte… Solo no me ofrezcas mas comida.
- Esta bien. –Mira hacia el frente- ¿Y podemos ver el resumen de The Voice? Hoy no pasaran nada nuevo.
- No debería aceptar eso luego de que me quemaras el rostro. –La señalo con el dedo.
- ¡No te queme nada! –Espeta indignada ante mi acusación.
- No ¿Y que es esto? –Señalo mi nariz aunque seguro no había nada allí, mas que las señas del resfriado.
Lucy acerca más su rostro al mío, y me mira con mucho detenimiento.
- Yo solo veo tu gran nariz, es inmensa…
- ¡Estúpida! –Le grito y ella ríe sin alejarse, de hecho hasta decidió tocar mi gran nariz, pero alguien interrumpió aquellos juegos.
- Buenas noches. –La voz seria de Quinn se escucho en toda la pequeña sala y tanto Lucy como yo, alzamos la mirada.
- ¡Quinn! Que… Que… ¿Qué, que haces aquí? –Fue lo que atine a preguntar mientras me reincorporaba con algo de esfuerzo.
Lucy decidió quedarse en el mismo lugar y mirar a Quinn curiosa.
- La puerta estaba entreabierta –La señala- Santana me dijo que estabas enferma y reposando en casa –Me dice mirando fugazmente la sala- ¿Interrumpo algo? –Pregunta mirando a Lucy, concretamente. Todo parecía muy mecánico en sus expresiones.
Yo me levanto aun sorprendida y doy pasos cortos, de repente el resfriado comenzó a instalarse mas en mis huesos.
- Rachel no quiere comer –Dice Lucy con tranquilidad antes de tomar otro trozo de pizza. Quinn permanecía seria en el mismo lugar.
- No creo que comer pizza sea el alimento adecuado –Sentencia la rubia mirándome.
- Yo… Yo… Simplemente no tengo hambre –Le digo balbuceando y estirando un poco mi pijama, me tomo desprevenida aquella visita, pero no por eso dejo de ser agradable verla.
- Debes comer, Rachel –Me mira con mas intensidad.
- ¡Es lo que digo! –Expresa Lucy con la boca llena y pude notar el gesto de desagrado de Quinn al escucharla. Mi vecina se disculpo por lo bajo y nosotras la ignoramos.
- Traje comida caliente. –Quinn me muestra las bolsas en su mano. No las había notado antes.
- Oh… No debiste molestarte.
- No es molestia. Los resfriados son horribles en invierno, se lo que se siente estar enferma. –Sonríe de medio lado.
- Todos nos hemos enfermado alguna vez, no es para tanto –Ruedo los ojos y Quinn asiente con la cabeza sin mucha emoción.
Aquel gesto me recordó que ella no toma las enfermedades a la ligera y que cuidarse esta dentro de sus prioridades.
- Llevare esto a la cocina ¿Puedo? –Me pregunta y yo asiento rápidamente con la cabeza- ¿Y dónde está la cocina? –Pregunta de nuevo y es cuando me doy cuenta que Quinn jamás había estado en mi casa antes.
- No es muy lejos, si esto es una caja de zapatos –Fue el chiste de mi vecina, alguien que comenzaba a sobrar.
Quinn la mira con desagrado y luego observa como, efectivamente, mi departamento era muy pequeño y decide dejar las bolsas en la encimera que estaba a pocos metros de nosotras y que dividía la cocina del resto del lugar.
Camine mas hasta Quinn.
- ¿Cómo llegaste aquí? Santana te… -No pude terminar porque un sonoro estornudo llego y si no coloco la manga de mi pijama sobre la nariz, quizás habría pasado el peor bochorno del mundo con mi grifo dañado- Lo siento, yo no…
- No tienes que disculparte, estas enferma –Quinn me acaricia el brazo haciendo una mueca de pena con su boca.
- No te acerques mucho…. Te puedo contagiar. –Arrugo la nariz dando un paso atrás.
- Tomo muchas vitaminas, estoy bien. –Alza los hombros.
- Igual no me has dado un abrazo o algo así… -Mi voz sonó a reproche, uno muy infantil.
- Eso se arregla –Sonríe y me abraza antes de yo refutar sobre el posible contagio que, realmente lo pensé, pero me deje envolver por aquellos cálidos brazos- Feliz año nuevo, por cierto. –Sentencia al separarse de mi y dejarme un tierno beso en la mejilla.
Oh, su olor, que delicioso es.
- Claro, feliz año nuevo –Le digo camuflando mi pesadez por aquellos días porque aun estaba extasiada por el gesto anterior
- ¿Por qué….
- Rachel, creo que mejor me voy –Interrumpe Lucy.
- ¿Por qué? –Le pregunto aunque en realidad deseaba que se fuera para poder hablar a solas con Quinn. No me pueden culpar por eso.
- Porque quiero ver The Voice y tú tienes visita.
- ¿Y te llevas toda la pizza? –Pregunto al ver como tomaba la caja.
- Si, tienes cosas mas sanas que comer, cuídate –Me señala con el dedo- Adiós, Quinn. –Se despide sin mirar mucho a la rubia frente a mi.
- Adiós. –Fue todo lo que dijo la otra.
- Por cierto, Rachel –Lucy se gira antes de llegar a la puerta- ¿Crees que te tomaras la gaseosa que tienes en la nevera? –Pregunta mordiéndose el labio.
- Llévatela, Lucy. –Digo y ella la toma con rapidez para luego salir con todo su ruido a ver aquel programa musical.
Quinn se queda mirando el lugar por donde desapareció mi vecina y luego me mira a mí con una expresión poco emocionada.
- ¿Viene mucho aquí? –Dice y aquello sonó mas a algo retorico, pero yo igual respondí.
- Si, ella tiene llaves y de vez en cuando llega… Sin avisar –Dije lo ultimo casi inaudible.
- ¿Por qué tiene llaves? –Frunce el ceño.
- Por si ocurre algo y no puedo venir, o por si yo pierdo la mía.
- ¿Y si es ella quien las pierde? Parece una chica distraída. Es muy joven.
- Bueno… Ella…
- Olvídalo, mejor ¿Por qué no te acuestas? Te ves pálida –Se muestra preocupada.
- Estaba acostada, pero… -Suelto otro estornudo.
- Pobre, ¿Puedo calentarte algo de sopa? –Me mira con ternura y pena.
- Dios… Soy un desastre –Paso mi mano por la frente.
- Solo estas enferma. –Suelta una pequeña risa.
- Es que… Dios…. No me veo bien, tengo una gran peste encima… - Observo ruborizada mis pies cubiertos con un par de pantuflas y la pijama más grande de mi colección.
- Solo debes comer y descansar. –Ella insiste y mira fugazmente las dos bolsas que trajo- Por cierto, mencionas mucho a Dios para no creer en él. –Me mira de nuevo.
- Es solo una expresión, ya sabes… -Explico al tiempo que decido volver al sofá porque de verdad me comenzaba a marear. Quinn me sigue- Es como cuando dices ¡Cielos, rayos, diablos! –Termino de explicar antes de dejarme caer en mi puesto inicial.
- Claro… Una expresión… -Susurra ella con apatía en su voz- ¿Tienes mucho tiempo viviendo aquí? –Decide cambiar la conversación mirando de nuevo mi departamento.
- Un poco mas de un año. Lucy me lo recomendó, me apetecía cambiar de lugar y este me gusto, es pequeño, pero está bien para mi –Mi voz sonaba mas nasal que nunca.
- ¿Puedo ir a la cocina y traerte comida? –La rubia insiste en que yo coma de, lo que sea, que haya llevado, así que me rendí, como siempre.
- Si, puedes ir, no está muy lejos –Bromeo.
Quinn no tardo mas de 15 minutos en volver con un tazón lleno de sopa y un vaso de agua.
- Creo que eso es mucho –Me reincorporo y observo el plato humeando frente a mi en la pequeña mesa.
- Debes comer todo lo que puedas –Dice ella sentándose a mi lado.
- Tratare de hacerlo, pero no tengo hambre.
- Inténtalo –Miraba cada uno de mis movimientos.
- No creo poder hacerlo si me miras tanto… -La observo de reojo.
- ¿Te incomoda? Esta bien, mirare hacia la televisión. –Deja de mirar hacia mi y se cruza de piernas para ver la TV que estaba con bajo volumen y que Lucy dejo encendida en su programa, como siempre.
Yo no le dije nada, pero al probar la sopa, sentí una sensación de alivio en mi cuerpo. Quizás tenia fiebre, no lo sé, o quizás aquella sopa estaba mejor que la de pollo de hace horas.
- ¿Qué tal estuvo el año nuevo en New York? –Quinn rompe el silencio.
- Como te dije cuando hablamos por teléfono, fue divertido. Deberías ir algún día.
- Si, quizás este año…
- ¿En serio? –Alzo las cejas y me acomodo al estilo indio en el sofá, de tal forma que mi cuerpo quedo frente al costado de Quinn.
- Si, tengo buenos planes para este año o, al menos, lo intentare.
- ¿Qué planes? –Me mostré curiosa con aquella voz ronca y mi grifo dañado.
Quinn reía cada vez que me limpiaba la nariz con la manga de la pijama.
- No es gran cosa –Agita la mano para restar importancia.
- Igual quiero saber…
- Me dijeron que hiciste una lista de resoluciones. –Me interrumpe con una gran sonrisa.
- ¿Qué? –Frunzo el ceño. Seguro Santana andaba soltando historias de mí.
- Si, que hiciste una lista para año nuevo –Ella sonríe aun mas emocionada.
- Bueno… Si, pero es una tontería, no creo en esas listas –Revuelvo la sopa que deje encima de la almohada en mis piernas.
- ¿Por qué es una tontería, no te gustaría cumplir metas este año?
- Si, pero no creo que escribirlo sea importante. –Tomo un sorbo de sopa- Este año ha comenzado muy mal para mi- Le digo sin ocultar el malestar en la voz.
- ¿Por haberte enfermado?
- No, creo que va mucho mas allá de este asqueroso resfriado.
- ¿Es por tu trabajo o por otra cosa…? –Dijo y sé que iba a preguntar, quizás porque algún recuerdo me estaba atormentando como en navidad, pero no se atrevió a hacerlo.
- No es por mi familia –La miro- Bueno… -Resoplo- En el fondo, ellos siempre tienen que ver cuando siento que me falta algo, pero no se trata de eso. –Trate de dejarlo claro.
- ¿De que se trata? Me puedes contar, si quieres… No, no soy la mujer con mas experiencias en la vida, pero se escuchar. –Sonó tan dulce que la quise abrazar.
- Sabes… Creo que esta sopa es milagrosa –Le señalo el plato que estaba casi lleno.
- Aun no te la comes.
- Y mira que milagro, ya me hizo sentir mejor –Digo con una sonrisa cargada de doble sentido porque mi malestar no se estaba yendo con la sopa sino con su milagrosa presencia.
Y aquella noche, a pesar de mi nariz goteando, mi cuerpo flaqueando y mis ojos brillosos, disfrute de Quinn y de una de las mejores cosas que me propusieron en la vida. Algo que iba a mejorar mi inicio de año.
Pero antes de eso…
- Rachel… ¿Estabas fumando con un resfriado? –De repente me pregunta horrorizada al descubrir el cigarrillo apago.
- ¡Eso es de Lucy! –Mentí como una niña tonta.
Nota: Mi Twitter es- LunaticAgron allí digo, a veces, cuando voy a subir el capitulo o porque no lo he subido. Ya saben que no tengo días fijos, pero trato de hacerlo mas de una vez a la semana. Esta vez estuve de vacaciones. Gracias por leer y por comentar.
Saludos.
