"La lista"
- ¿Te sientes mejor? –Pregunta Quinn inclinando su rostro hasta el mío. No muy cerca, pero lo suficiente para dejarme petrificada ante esa perfecta imagen.
- Estaré bien –Esboce una tonta sonrisa con la boca cerrada que a ella le pareció muy graciosa, quizás por mi nariz roja y ojos llorosos producto del malestar.
Me había tomado casi toda la sopa luego de que Quinn no me creyera que el cigarro apagado era de Lucy, pero para evadir el tema, las cucharadas de aquel alimento fueron cómplices.
- ¿Estarás de reposo muchos días? –Pregunta ella.
- No lo sé, si puedo levantarme mañana, iré a trabajar. –Me alzo de hombros.
- Pero… ¿Qué te dijo el médico? –Inquiere y yo miro hacia el televisor en silencio porque ¿El médico? Ni idea, nunca voy al médico- Rachel… -Insiste en llamar mi atención.
- No fui al médico –Dejo caer y ella abre los ojos sorprendida- Simplemente me quede aquí porque me sentía mal…
- ¿No crees que es un poco irresponsable? –Espeta con seriedad.
- Solo es un resfriado…
- Solo es un resfriado –Repite con ironía y luego resopla.
- ¿Estas enfadada? –Le pregunto al cabo de varios segundos de mirarla en silencio. Aun estaba ajustando piezas con Quinn.
Ella me mira, pero no dice nada por unos minutos hasta que luego parece suavizar las expresiones de su hermoso rostro.
- Lo siento. –Dice suavemente.
- ¿Por qué lo sientes?
- Me pongo algo… Algo… –Buscaba la mejor palabra- ¿Intensa? con este tema –Se hunde más en el sofá y yo asiento con la cabeza.- Se me olvida que no todos son como yo… -Susurra al final.
- ¿Y cómo eres tú? –Pregunto tratando de sonar lo más dulce posible entre mi voz nasal y cara de cachorro triste.
Si bien Quinn, se iba acercando cada vez más, en el fondo, habían muchas cosas de ella que me intrigaban. Muchas veces le quise preguntar directamente sobre algún tema, pero me daba miedo que retrocediera y se volviera aquella chica esquiva que conocí con un impermeable fucsia.
- Yo solo soy yo –Responde llevando su rubio cabello detrás de la oreja derecha, luego se cruza de brazos- Creo que ya sabes mucho de mí y no soy muy interesante. ¿Recuerdas?
- Que irónicas son las perspectivas… -Me levanto despacio para dejar el plato de sopa y el vaso en la cocina. Quinn me sigue con la mirada, aun sentada en el sofá- Quizás en mi cabeza eres el ser más interesante del mundo y tú piensas que no puedes ser interesante –Digo regresando con otro vaso de agua y sentándome de nuevo a su lado. Pase mi brazo en el espaldar del sofá. Ambas quedamos de frente- ¿No quieres nada de tomar? –Decido preguntar, aunque se había negado cuando yo estaba tomando sopa.
- No gracias y no hay nada en mi vida que pueda resultar interesante. –Espeta.
- No sé a qué te refieras, o como describas a alguien interesante, pero lo poco que se de ti… Me gusta. –La mire a los ojos y no me importo la intensidad con la que iba cargado aquello- Se que hay mucho mas por conocer y espero luego me lo digas…
- Eso dijiste el otro día, Rachel, pero sabes todo lo que tienes que saber. Conoces mi trabajo, mi familia…
- Eso puede ser solo un matiz, pero está bien… -Mire a un punto perdido en la pared, detrás de la cabeza de Quinn- Por ahora sé que tienes una linda familia; un trabajo que te gusta, pero que no es lo que te apasiona; también que llevas sopa a los enfermos –Digo y ella suelta una pequeña risa que me hace desviar la mirada de nuevo hasta sus ojos verde avellana- Y que besas muy bien. –Termino con una inevitable picardía que hizo que su rostro quedara casi tan rojo como mi nariz.
- Siempre haces eso –Dice mirando hacia otro lado.
- ¿Qué hago? –Aprovecho de limpiar mi nariz con un pañuelo, ya no deseaba pasar más vergüenza ensuciando la manga de mi pijama.
- Me elogias o dices que soy linda y me pongo así –Señala su rostro ruborizado.
- Al menos te ves mejor que yo –Digo con cara de lamento y ella ríe alto.
- No te ves tan mal –Me dice, pero sin dejar de reír. .
- No discutiremos más sobre mi resfriado y aspecto, ahora mismo. ¿Tienes que ir a trabajar muy temprano?
- No tan temprano, pero si tengo mucho trabajo en lo que queda de mes y parte del otro, por eso aproveche de darte la sorpresa y visitarte… Aunque… Sin ser invitada, nunca lo había hecho. –Se muestra de nuevo apenada.
- ¿Otra primera vez?
- Si, otra primera vez –Muerde su labio inferior al afirmar aquello.
Me encanta que haga eso.
- Aquí puedes venir cuando quieras, me sorprendió mucho, pero me gusto, hasta me tome la sopa y no quería comer.
- Igual tu vecina te iba a obligar a comer algo –Comenta con aquel tono que siempre usaba para Lucy.
Yo la miro divertida porque eso ocurría con los celos, evidentes, de Quinn hacia Lucy, me causaban diversión, solo esperaba que esa diversión no se transformara en un problema.
Decido acostarme un poco más en el sofá, justo en la esquina opuesta a Quinn, aprovechando una de las almohadas que Lucy trajo, y me quedo observando a la chica frente a mí.
- ¿Estas celosa? –Le pregunto con toda la mala intención del mundo.
- ¿Celosa de qué? –Frunce el ceño.
- De Lucy.
- No me interesa Lucy –Comenta tranquila, pero sin mirarme. El cuadro del puente Golden Gate, cerca de la TV, tenía su atención.
- Santana no la soporta mucho, pero es una buena chica. –Prosigo.
- ¿Qué hay de bueno en ella? –Me mira esta vez y yo le sostengo la mirada desde mi cómoda posición.
- Muchas cosas, es ruidosa, pero es divertida y fiel. Se emociona y preocupa por cosas muy pequeñas. A veces me recuerdas a ella…
- ¿Yo? Pero, pero… ¿En qué me podría parecer? –Pregunta con una expresión de confusión y desagrado en su rostro.
- Si, tú, no me mires así –Sonrió- Repito, sé que hay un infinito de cosas que no se de ti, pero en parte eres como ella. Menos ruidosa, pero te preocupas por cosas pequeñas, como llevar mucho abrigo y miras las cosas con detalle y emoción… Como una niña. –Sentencio sin poder evitar sonreír al describir a aquella chica frente a mí.
- ¿Así me ves desde tu perspectiva?
- Por ahora sí… Y me gusta mucho, pero espero que cuando me digas mas, pueda tener una perspectiva mucho más abierta sobre tu encantadora personalidad.
Quinn baja la mirada hasta sus manos por un minuto y luego de morderse el labio, pérdida en sus pensamientos, suelta un suspiro y me mira sin parpadear.
- No estoy acostumbrada a decir mucho de mí, te dije que no era muy buena con la gente.
- No puedo imaginarte siendo mala…
- Es que… -Resopla apoyando los codos sobre sus rodillas y luego posando su rostro entre las manos- Quiero que todo sea diferente –Murmura.
- ¿Qué dices? –Pregunto sentándome por completo en el sofá, aunque la pude escuchar.
Quinn deja ver su rostro sonrojado y gira para quedar sentada frente a mí, una vez más.
- Tú me gustas… -Susurra muy despacio y con nervios a simple vista- Y creo que nunca me había interesado tanto alguien de ese modo… -Confesó y supe que lo hacía con mucho temor, pero mi corazón comenzó a latir tanto que creí que ella lo podía escuchar.
Respire profundo, tratando de desacelerar los latidos antes de hablar.
- ¿Cuántas… Cuantas parejas has tenido, Quinn? –Pregunto cómo puedo.
- Solo una… Haden.
- Haden… -Murmuro entre dientes recordando a aquel chico que estaba, evidentemente, interesado en Quinn.
- Estuvimos juntos al final de la secundaria, luego fui a la universidad y terminamos; mas tarde volvimos y en mi tercer año en la universidad… Volvimos a terminar. Quemamos siendo solo amigos.
- Entre idas y vueltas fueron varios años…
- Si, pero no estamos juntos desde hace casi cinco años. –Afirma tranquila.
- ¿Y por que tu madre dice que pretende casarse contigo?
- Porque él siempre le dice que algún día lo hará. –Rueda los ojos.
- Vaya… ¿Y tú qué opinas de eso? –Me mostré mas seria, era inevitable mi malestar por aquel rubio pretencioso.
- Opino que es un buen chico y solo somos amigos.
- Pero se quiere casar contigo. –Entrecierro los ojos.
- No lo creo –Ríe- él sabe que solo lo quiero como amigo, ha sido, realmente, mi mejor amigo por mucho tiempo y tiene novia.
- ¿Y que opina la novia de todo esto? –Inquiero cual psicóloga en aquel punto.
- No tengo idea, no la conozco –Ríe de nuevo- En fin, él fue mi única experiencia romántica.
- Es sorprendente que solo hayas salido con una persona y que tengas tanto tiempo sola, es decir… -Me remuevo para sentarme y verla mejor- Eres impresionante.
- No tuve mucho tiempo, ni ganas, para salir con más personas, de todos modos.
- Cuando te gusta alguien, sacas tiempo, Quinn Fabray. –La miro divertida.
- Claro… ¿Y tú? ¿Con cuantas personas has estado?
- Pocas… -Frunzo los labios y ella entrecierra los ojos- En serio, pocas –Repito aspirando mi goteante nariz.
- ¿Cuánto es poco para ti, Rachel? Porque si analizamos mis números, seguro tuviste más.
- Seis chicas. –Digo y ella abre ligeramente la boca al tiempo que asiente con la cabeza.
- Son… Son… Un buen numero –Balbucea- ¿Solo chicas?
- Si, solo chicas.
- ¿Cuándo fue la última?
- ¿Estamos jugando a acribillar con preguntas a Rachel? –Trato de bromear.
- Solo quiero saber, pero si te molesta…
- No me molesta –La interrumpo con rapidez, no quería que se sintiera mal- La última vez que tuve pareja fue hace unos ocho meses.
- ¿Quién era?
- Una chica que trabajaba en Dolce, estuvimos juntas por un año y luego se mudo a Europa, pero nunca fue nada serio.
- ¿No te enamoraste?
- No –Dije segura.
- Pero si estuviste enamorada alguna vez… -Deja una pregunta retorica.
- La verdad… No estoy segura –Sonrió de medio lado- Pero me gustaría estarlo. –No dejo de mirarla.
- Yo nunca he estado enamorada –Desvía sus lindos ojos- Pero me gustaría saber que se siente, si es como en las películas… Ya sabes.
- Quizás sea mucho mejor… O Quizás sea tonto y este sobrevalorado, como Dios.
- Nada que se trate de amor puede ser malo o sobrevalorado.
- No podemos saberlo, no hemos amado a alguien como en las películas, Quinn. –Le recuerdo.
- Pero hemos querido a más personas, a nuestras familias, aunque ya no estén... En tu caso, eso es amor. –Sentenció con cuidado, como si las palabras me pudieran herir.
- Si, bueno… Me refiero a romance y todo eso. –Aclaro y humedezco mis labios.
- Bien, ahora dime… ¿Cuál fue tu lista de año nuevo? –Pregunta cambiando de tema con aquella incomoda emoción para mi.
- No es importante y mi año comenzó siendo un desastre.
- No digas eso, es solo un resfriado. Por cierto ¿No deberías ya de descansar?
- Son las…. –Miro la hora en la TV- las 8:05, es temprano. ¿No es tarde para ti?
- No, puedo quedarme otro rato si quieres.
- Siempre querré eso, Quinn. –Digo mostrando mis dientes y ella ríe divertida.
- ¿Por qué dices que tu año comenzó mal?
- Aparte del resfriado –Muevo la cabeza de lado a lado- También esta lo del banco, aun no me llaman y era la primera semana de enero. Por otro lado…-Limpio mi nariz- En el trabajo todo va mal con la Sra. Margot y no quiero seguir allí de ese modo.
- ¿Por qué no buscas en otro lugar?
- Si, quizás lo haga, pero…
- Pero quieres tener tu propio negocio.
- Así es.
- Bueno, entiendo tu malestar, pero aun falta mucho de este mes y todo un año para que hagas buenas cosas.
- Pero es inevitable no sentirme tan desanimada y es una mierda que estemos en invierno, porque cuando me siento mal, salgo a hacer ejercicios y ni eso he podido hacer. La nieve ha estado rompe huesos –Arrugo la nariz.
- Claro, se me olvidaba que eres una deportista. –Vuelve a reír. Amo su risa.
- Hago lo que puedo –Alardeo un poco.
- Te quiero mostrar algo –Dice antes de levantarse y rebuscar en su bolso- Espero no te burles, pero realmente lo quiero. –Sentencia regresando a su antigua posición frente a mí.
- ¿Qué es eso? –Miro el papel en sus manos y noto los nervios que reflejaban su emoción.
- Mi lista de año nuevo. –Confiesa sonrojada- Ya me dejaste claro que no te gustan mucho, pero realmente quiero esto –Alza el papel.
- ¿Qué dice allí? –La miro con dudas.
- Cosas que quiero hacer, no sé si llamarlas metas, pero… Quiero que este año sea diferente a muchos otros.
- ¿Por qué?
- Porque la vida se va muy rápido, un día estas y al otro no tienes idea –Baja la mirada.
Ambas quedamos en silencio luego de que ella dijera aquello, porque era cierto, dolorosamente cierto, y quizás lo sabíamos de formas diferentes, yo hasta ese momento no tenía idea de porque Quinn lo decía, pero pronto lo iba a entender.
- Siento que he pasado 27 años sin vivir realmente y quiero conocer más cosas por primera vez.
- Eres una chica de muchas primeras veces –Bromeo aligerando el ambiente y atreviéndome a tocar su mejilla de forma fugaz.
Ella toca mis dedos un momento y luego los suelta sobre mi propia pierna.
- Muchas de mis primeras veces han sido contigo en… ¿Cuánto? ¿Dos meses?
- Si y han sido dos lindos meses, ¿No crees?
- Y podemos hacer que sea un lindo año. –Sentencia dejando el papel sobre mis piernas.
Yo lo tomo curiosa y leo las líneas con tinta negra, no estaban enumeradas, pero si era una hoja muy pulcra.
Leo todo, cada detalle y cada coma y luego vuelvo a leer desde el inicio hasta que la miro con el ceño fruncido.
- Pero… ¿Cuándo?
- Cuando tú quieras. –Dice rápidamente.
- ¿Cuándo yo quiera? –Me sorprendo aun más.
- Si, quiero hacer esto contigo, Rachel y no importa si cojo un resfriado en el intento –Ríe con un toque de gracia y vergüenza que siempre parecen una combinación adorable en ella.
- ¿Sabes? Te podría besar ahora mismo, pero mi nariz no deja de chorrear –Le digo con aquella voz nasal que no planeaba irse.
- No me molestaría. Aunque no sé si las vitaminas sean tan fuertes como para evitar el contagio directo… -Dice tratando de evitar la risa atorada en sus labios.
- Mejor no –Desisto en mi idea de ir por sus labios- No quiero que mueras por mi culpa o te internen en un hospital el resto del invierno, aunque seguro yo termino allá si no apareces hoy con tu mágica sopa .
- Debiste ir al médico. La salud no es un juego. –Recuerda poniéndose seria.
- Lo sé, pero es solo un resfriado, me ha pasado antes. Te preocupas mucho por la salud y sé que es algo delicado, pero…
- Es inevitable.
- ¿Por qué? A veces es mejor tomar las cosas con calma, mírame a mi –Toco mi propio pecho- Si fuera otra, quizás estuviera encerrada toda la vida por miedo a morir en un coche o un avión y ya sabes la razón. –Digo y ella asiente con la cabeza- Las cosas simplemente pasan.
Quinn se queda pensativa jugando con la manga de su suéter negro. Aquel día iba toda de negro con un lindo pantalón. Resaltaba su natural palidez, pero no por eso dejaba de ser radiante.
- Yo... Yo… Quizás no viví todo tu dolor –Rompe el silencio y balbucea. Luego respira profundo antes de volver a hablar- No sé lo que es perder a tanta gente importante, es decir… Mi abuela fue duro, pero no creo que se compare y quizás no sepa cuan difícil es vivir luego de eso que te paso, pero siempre le temo a todo y creo que es por una buena razón. Como si cada cosa dependiera de un hilo para mí.
- Eres joven ¿Por qué tienes tanto miedo a todo?
- Es complicado, incluso me preocupan los resfriados…
- ¿Temes morir o algo así? –Pregunto sin saber que más decir- Porque todos moriremos algún día, pero no podemos pensar siempre en eso.
- Mi niñez no fue igual a la del resto, Rachel, siempre estuve con más cuidados que el resto de los niños. Algunas veces moría por salir a jugar como los demás y nunca podía. Vivía enferma y en un hospital cada cierto tiempo, por eso no hacia amigos y el único chico que se fijaba en mi era Haden, porque era mi vecino.
- Quizás él te veía más, pero no creo que el hecho de que te enfermaras mucho haya influido en que no le gustaras a alguien, enferma o no, eres y eras hermosa, vi tus fotos. –Opino dando un respiro a aquel tema.
- Como sea, no salía mucho y era difícil para todos, pero ya estoy bien, por eso soy precavida y al mismo tiempo quiero recuperar el tiempo perdido. 27 años de perderme muchas primeras veces.
Yo la miro con una leve sonrisa porque aquella chica no dejaba de irradiar la luz que yo tanto necesitaba, a pesar de su inseguridad y el pasado que pronto iba a conocer mejor.
- ¿Y ahora quieres viajar a muchos lugares, eh? –Miro el papel que seguía entre mis manos.
- Solo si aceptas ser mi compañera y copiloto de carretera.
- Si se trata de ti, siempre, pero siempre aceptare, Quinn Fabray.
No tienen idea de lo importante que fue aceptar aquello para ambas, la lista de Quinn, era también mi lista, pero yo aun no lo sabía y, quizás, sin sus propósitos para aquel año nuevo, ahora no la conocería como la conozco, ni habría tenido la oportunidad de volver a creer.
