"Efecto Faberry"
Cuando has perdido a tantas personas importantes; cuando crees que ya nada peor te puede pasar y te quedas imaginando como hubiese sido tu vida sin tantas perdidas; cuando los sentimientos se cruzan y extrañar en soledad, incluso lo que nunca fue, sale a jugar en tu mente, es complicado tener esperanzas. Te sientes mal, te sientes enfermo y con un punzante dolor en el pecho.
¿Saben? Yo estoy acostumbrada a ese dolor, y durante mucho tiempo he tratado de esquivarlo. No me pasa constantemente, pero si sucede y siempre ruego porque se vaya y no regrese, pero vuelve y sé también que, de lograrlo, tendría que olvidar a aquellas personas, cuyas ausencias, me ocasionan este vacío, tendría que olvidar que ya no están y lo que una vez fueron en mi vida.
Imposible…
Yo quería dejar ir todos aquellos pensamientos que me golpeaban sin cesar de vez en cuando, pero seguían atados a mí, llegaban en los peores días, en aquellos donde todo iba mal y quisiera tener a mi hermana al otro lado el teléfono, solo para que me dijera: "Todo estará bien, Rachel" y claro que extrañaba a mis padres, pero a ellos los perdí cuando era muy pequeña y a ella la perdí cuando era ya consciente de iba la vida.
Casi dos horas de ejercicios al aire libre, no fueron suficientes, nada era suficiente cuando estaba de mal humor y aquellas cosas llegaban a mi mente.
¿Ven? Seguía siendo un mal inicio de año.
Sacudo mis manos con molestia luego de soltarme de las cuerdas donde estuve haciendo ejercicios de resistencia. Las sacudo con fuerza, odiaba estar de mal humor y que el ejercicio no ayudara.
- Oh, pero mira a quien tenemos aquí –La voz fuerte del viejo Brandon llegaba hasta mis oídos.
Lo observo con una sonrisa de medio lado mientras él se acercaba a la banca donde yo decidí ir a sentarme. No más deportes por aquel día.
- Es bueno verlo, ¿Qué tal el año nuevo? –Le pregunto porque no lo pude ver hasta entonces.
- No muy bien, mis viejos huesos se quejan de este frio –Dice sentándose a mi lado. Lo miro con cariño.
- Usted está en muy buena forma, pero por suerte, el invierno se está alejando. – Le recuerdo, ya que estábamos a finales de febrero y al menos se podía salir con ropa deportiva, un poco más fina, que te cubriera bien.
- Si por favor, que se vaya rápido y así poder ganarte más carreras. –Reía.
- Me encargare de que eso no suceda más.
- Claro, claro –Movía la mano para restar importancia a mi alma competitiva- ¿Ya te vas a trabajar? Te estuve observando cuando terminaste de correr y subiste a esas cuerdas –Las señala a pocos metros de nosotros.
- No, no iré a trabajar. –Digo mirando al frente y sintiendo su mirada penetrante sobre mí.
- ¿Tienes cosas que hacer?
- Renuncie –Digo sin mas.
- ¿Por qué? –Pregunta y yo solo suspiro mirando mis manos para quitarme los guantes- ¿Qué te sucede, Rachel? –Su voz se suaviza.
- No me sentía a gusto y decidí terminar con eso ayer, además… -Lo miro- No han sido unas buenas semanas para mí. Me siento… me siento extraña –Humedezco mis labios- Y hoy no he parado de pensar en cosas negativas, a veces me pasa.
- ¿Te sientes extraña? –Repite arrugando más su ceño- ¿Cómo enferma?
- No, no es físico, aunque si estuve con un resfriado que me dejo en casa por tres días –Recuerdo aquel resfriado que comenzó en enero y no quedo solo en la noche en que me visito Quinn- ¿Nunca sintió que no estaba haciendo nada realmente bueno en su vida? –Pregunto con angustia.
Él se sorprende un poco porque alza las cejas.
- ¿De eso se trata? ¿Crees que deberías estar haciendo cosas mejores? –Pregunta y yo asiento con la cabeza- A ver… –Deja de mirarme y se queda pensativo- ¿A dónde te gustaría estar en este momento?
- No lo sé…
- Esa no es una buena respuesta, Rachel.
- No sé donde quisiera estar, pero sé que, donde sea que este, no me debería sentir así, como si lo que hiciera, no fuera lo suficientemente bueno.
El viejo Brandon me mira en silencio por un largo rato, tanto que me llego a incomodar.
- Eres una chica muy fuerte –Rompe el silencio- Y has sufrido mucho, pero no dejas de ser joven y las personas jóvenes tienen algo a su favor. –Mueve su dedo y se queda en silencio, mirándome fijamente.
- ¿Qué tienen las personas jóvenes?
- Tiempo para comenzar de nuevo.
- No todos tienen ese tiempo –Recuerdo los hechos evidentes de que si hay muchas personas que mueren jóvenes.
- Tú lo tendrás –Lo dice con seguridad- y por eso, aunque ahora te sientes algo perdida, harás algo maravilloso con tu vida.
- No estoy muy segura de eso y ya voy a cumplir 29. –Suspiro con toda la pesadez que mi mente traía.
- Dime algo, ¿Qué paso con aquella chica de la que tanto hablabas? ¿Como se llamaba…?
- Quinn –Menciono su nombre con una sonrisa.
- ¡Esa misma!, Quinn, ¿Qué paso con ella? ¿Hiciste lo que te dije y fuiste a tratar de conquistarla?
- Pues… Han pasado varias cosas y si, aquel día fui y le regale un cielo de galletas –Digo y él frunce el ceño pero no preguntó de que trataba- Luego nos volvimos a ver y hasta fui para su casa en navidad.
- ¡Wow Si que han avanzado! ¿Y son novias o algo así? No sé mucho de las relaciones modernas. –Reía muy alto, más de lo normal, era lo que me gustaba de él.
- No, no somos novias, pero… -Me remuevo en el asiento- Hay una gran posibilidad de serlo un día de estos, me dijo que yo le gustaba. –Soné como una adolescente emocionada.
- ¿Y entonces porque estas ahora así? ¡Deberías estar feliz! Tienes buenos motivos y no puede ser un mal comienzo de año si vas bien con la chica que te gusta. –Me vuelve a animar e incluso se atreve a tocarme el hombro.
- No me puedo quejar de eso, pero es que incluso a ella no la he pedido ver mucho porque las últimas cuatro semanas ha estado de viaje por trabajo.
- Bueno, pero no es algo de morir. Debes cambiar tu brújula, Rachel. –Se levanta quejándose un poco.
- ¿Mi brújula? –Ese señor a veces me confundía.
- Si, la que te muestre el norte verdadero, el que te lleve a donde puedas florecer y no te dé tiempo de pensar en cosas negativas.
- ¿Y como se supone que debo llegar allí? ¿Me habla de lugares o algo así?
- No tienen que ser lugares, pueden ser situaciones y quizás esa chica te ayude, Quinn.
- Yo no creo que…
- No lo pienses mucho –Me interrumpe- Busca un buen norte, florece y se feliz. La vida quizás te de un poco de lo que una vez te quito, estoy seguro de eso. –Termina de decir con una gran sonrisa.
- Esta… Está bien… -Balbuceo. Él siempre me dejaba confundida con aquellos extraños consejos y reflexiones de vida, era como si supiera lo que me pasaría.
- Me tengo que ir, no hare muchos ejercicios hoy –Vuelve a sonreír- Adiós, Rachel.
- Hasta luego, Sr. Brandon.
Se fue y aquel día no le quite la mirada a su espalda mientras se alejaba, lo vi caminar hasta que se perdió detrás de algunos árboles directo a la calle.
Me dejo pensando, como siempre, y me dio también un nuevo impulso.
"¡Hey, Rachel!" Creí escuchar a lo lejos, pero al girar no vi a nadie, así que seguí mi camino en busca de un taxi. Eran las 6:15 de aquel miércoles en el, menos frio, Boston.
¡Detente, enana cocina pasteles! –Escuche, fuerte y claro, cuando ya estaba a punto de cruzar la calle.
- ¿Santana? –La miro sorprendida.
- No puedo creer que me hayas hecho correr en tacones ¡¿No te pudiste detener?! –Grita tratando de recuperar el aliento.
- No te escuchaba bien y cuando gire no vi a nadie.
- Claro, claro –Movía la mano.
- Vas a tener que hacer algo de ejercicios, estas fuera de forma –Le digo reprimiendo la risa.
- Cállate, Rachel –Me fulmina con la mirada- ¿A dónde se supone que vas caminando tan rápido?
- Voy a casa de Quinn.
- ¿Vas a tener sexo o algo así? –Pregunta con la malicia instalada en su sonrisa.
- Mejor dime ¿Qué haces tú por aquí? –No le respondí lo anterior, aunque… ¿Que más quisiera yo que ese fuera el motivo?, no me pueden culpar.
- Estaba cerca y vine a visitarte, pero te vi salir del portal del edificio y corrí detrás de ti.
- ¿Por qué no me llamaste?
- Porque no planeaba venir ¿O no escuchas que estaba cerca?
- Ok, ok, no te alteres. –Le digo sin creer mucho la excusa de su presencia.
- Bien ¿Quinn te está esperando?
- Si, ayer llego de viaje y necesito hablar con ella de algo importante.
- Si, ha trabajado mucho, pero les fue bien en Chicago -Mira a nuestro alrededor y luego me mira a mi- ¿Quieres que te lleve? –Pregunta fingiendo una sonrisa y entendí que algo raro le pasaba.
- ¿Estás bien?
- ¿Por qué he de estar mal?
- Por nada…
- En fin, ¿Quieres, o no, que te lleve?
- Si, si, está bien... ¿Sabes donde queda? Yo nunca he ido, me dio la dirección.
- Si, se donde queda, vamos.
Ambas caminamos hasta el auto en silencio. Santana apenas me miraba y, aquel gesto, fue el que me confirmo que le pasaba algo. Cuando algo la atormenta, pasaba de estar muy alterada, echando veneno, al completo silencio.
Entramos al auto, ella encendió el motor y la radio en aquella emisora country que tanto le gustaba. Jamás entendí su gusto por esa música, pero lo respetaba.
Pasaron cinco minutos y no pude más.
- En serio, Santana ¿Qué te pasa? –Miro su perfil serio mientras conducía.
Note como sujeta más fuerte el volante hasta que sus nudillos quedaron en blanco, luego se relaja y me mira.
- Termine con Brittany. –Suelta.
- Que… Que… Pero –Balbucee sorprendida- ¿Por qué?
- Sabes cómo es con su familia, su madre quiere que haga lo que le pide y a mí no me gusta. Tuvimos una discusión muy fuerte hace dos días y anoche, ella misma, me termino porque dijo que no iba a permitir que yo hablara mal de su madre. –Me explica mirando la carretera y con la rabia entre dientes.
- Bueno… Debes comprender que no es fácil que hablen mal de tu familia.
- Yo no hablo mal de su familia –Me mira fugazmente- Pero no puedo permitir que su madre la trate como una niña y ella se deje.
- Es complicado, sabes cómo es Brittany.
- Brittany ya es una mujer y yo tengo derecho a opinar porque la amo, pero ella se ofende si se trata de su madre.
- Porque es su madre… -Añado con cuidado lo obvio- Y ella te ama. Debes arreglar eso.
- No sé cómo arreglar eso. –Sonaba derrotada.
- Si sabes, siempre lo sabes.
Santana me mira a los ojos cuando estábamos frente al que, yo suponía, era el edificio donde vivía Quinn.
- Esperare un tiempo prudente para hablar con ella. –Me dice con la inquietud en sus ojos café.
- ¿Desde hace cuanto no se hablan?
- Ayer…
- Bien, espera unos días y haz las cosas mejor –Digo y luego miro por la ventana- ¿Es aquí donde vive, Quinn?
- Si, aquí vive tu amorcito. –Me dice antes de inclinarse a tomar su bolso del asiento trasero.
- Bien, nos vemos luego…
- No, ningún luego, yo me bajo aquí. –Se disponía a abrir la puerta.
- ¿Qué? –Frunzo el ceño
- Quinn llego ayer de viaje y me tiene algunos chismes de la nueva pasante, prometo irme antes de que tengan sexo –Vuelve a sonreír y yo giro los ojos antes de salir del auto.
Al bajarme, miro el edificio con más detalle, era grande, lindo y nuevo.
- Por cierto, Rachel… -Santana se para a mi lado- ¿Por qué no estabas esta mañana en Dolce? Fui por un café y pregunte por ti, la chica de la caja me dijo que no sabía dónde estabas.
- Esta mañana estaba haciendo ejercicios –Le explico mientras llevo el teléfono a mi oído y llamo a Quinn para informarle de nuestra presencia.
- Eran las 11:00 am.
- Ya Quinn va a abrir. –Trato de evadir el tema.
- Rachel ¿Por qué no estabas a las 11:00 am en Dolce?
No la miraba, mi vista estaba fija en el portal que Quinn iba a abrir desde su departamento y así fue, un click sonó dándonos la entrada.
- Que elegante… -Menciona Santana cuando entrabamos al ascensor.
- ¿Nunca habías venido? –Le pregunto.
- No, solo hasta la puerta dos veces que la traje luego de trabajar –Explica
- Bien.
- ¿Y entonces?
- ¿Entonces que? –Le digo mirando los números hasta el piso 4 donde vivía Quinn.
- ¿Por qué no estabas en el trabajo? No creo que hayas hecho tanto ejercicio, no eres Alex Morgan, Aliya Mustafina, o algo así.
- Renuncie a Dolce. –Suelto y las puertas del ascensor se abren
- ¿Qué? ¡¿Por qué?! –Santana exclama pero luego queda en silencio al ver lo que yo vi.
Quinn estaba parada debajo del marco de la puerta de su casa con una gran y radiante sonrisa en su rostro, pero a su lado había algo muy desagradable.
- ¿Y este cara de muñeco homosexual quién es? –Santana pregunta con disimulo.
- Se llama Haden. –Le respondo fingiendo una sonrisa como la que él tenía.
- Hola, chicas –Habla Quinn- Que sorpresa verte, Santana no… No sabía que venias con Rachel. –Mira a mi amiga con una sonrisa extrañada, aunque no molesta.
- Solo quise venir a saludar y traje a esta enana –Me señala con humor y luego camina hacia Quinn para darle un beso en la mejilla.
- ¿Llego en buen momento? –Pregunto debido al chico que parecía bien vestido.
- Claro, claro… -Quinn habla rápidamente- Te dije que podías venir –Sonríe y se acerca hasta abrazarme. Yo le correspondo el gesto complacida.
Al separarnos, Haden nos sigue mirando con curiosidad, yo prefiero seguir fingiendo mi sonrisa ante él.
- Pasen, chicas – Quinn nos invita sin decir nada de Haden, era como el extra de la escena- Ah y él es Haden –Ahora si señala al chico- Ya conoces a Rachel –Me mira- Y ella es Santana, su mejor amiga. Trabaja conmigo.
- Hola –Le digo sin mucha emoción y él solo me sonríe.
- Mucho gusto, Santana López –Santana estira su mano con educación.
- Haden McGregor, un placer –El chico corresponde el gesto sin perder la pretensión en su voz.
Todos entramos al departamento de Quinn que, por cierto, era muy lindo. Las paredes eran blancas y los sillones beige, había una mesa de vidrio cercana a la cocina que, aunque no tan grande, si era más grande que la mía. Era un buen piso para dos o tres personas.
- ¿Quieren algo de tomar? –Quinn pregunta amable y algo nerviosa.
- Yo estoy bien –Dice Santana.
- ¿Y tú, Rachel? –Me pregunta a mí que decidí mirar un extraño cuadro de rostros que estaba cerca del mueble grande.
- ¿Tu dibujaste eso? –Pregunto ignorando su oferta de tomar algo.
Ella se acerca hasta mi y se para a mirar el cuadro con cuatro caras de diferentes fracciones y estilos.
- Si, yo lo hice.
- ¿Quiénes son?
- No lo sé, solo los imagine. –Explica tranquila- No suelo colgar mis dibujos, ese trabajo es de mi madre, pero… Este me gusta.
Yo giro y la observo, llevaba un vestido primaveral sobre las rodillas, era blanco con muchas flores moradas. Se veía preciosa, como siempre y yo, como suelo hacer, la vi maravillada. Ella nota mi mirada y me mira de vuelta, entonces me quedo en paz ante aquellos vivaces ojos verde avellana que, inquietos, decían mucho.
- Eres toda una artista y eso me gusta. –Le digo y ella aprieta sus labios sonrojada.
- Solo hago dibujos… Ya sabes. –Me responde mirando fugazmente a Santana y Haden que hablaban a pocos metros. Yo decido hacer lo mismo y recordé lo que me causaba curiosidad
- ¿Qué hace Haden aquí? No sabía que estaba en Boston, ni en tu departamento.
- Yo tampoco sabía que estaba en Boston cuando hable contigo hace unas horas.
- ¿Y qué hace aquí?
- Pues…
- ¡Rachel, no sabía que eras chef repostera! –Nos interrumpe Haden y me habla directamente, como si fuéramos amigos.
- Es una gran chef, de hecho –Es Santana quien habla sentada en el sofá de piernas cruzadas.
- Vaya, es maravilloso y una gran coincidencia. –Sentencia el chico.
- ¿Por qué? –Pregunto.
- Porque… Bueno –Mira a Quinn- Esa es la razón por la cual vine a Boston, voy a abrir un nuevo restaurant. –Informa.
- ¡Que bueno, Haden! ¿Sera de tu padre? –Pregunta la rubia a mi lado.
- No, este será solo mío y quizás, Rachel –Me vuelve a mirar- Siendo chef me puede ayudar.
- Soy Chef repostera –Le aclaro.
- ¿Y que más da? Eres chef, conoces la ciudad y quizás hasta pueda añadir una zona solo de café y postres.
- Es un buen negocio –Santana habla- Y una buena idea con respecto a Rachel.
Y yo no lo creía así, no porque no fuera un buen negocio, claro que lo era, sino que no me apetecía trabajar en algo con aquel chico.
De repente todo el malestar que sentía aquella mañana, regreso. Volvió mi recuerdo de saber que ya no tenía trabajo ni un capital solido para hacer mi propio negocio, pero el pretencioso ex novio de la chica que me gustaba, estaba parado allí ofreciéndome trabajo en su gran proyecto.
Quinn me mira y nota mi incomodidad, así que va en mi salvación.
- Rachel, ¿Quieres venir un momento? –Pregunta haciendo señales hacia la cocina. Yo asiento con la cabeza –Ahora volvemos –Le dice a los otros dos.
- Creo que es mejor que Santana y yo nos vayamos, quizás Haden y tú tengan cosas que hablar. –Le digo aun incomoda por todo aquello.
- No, Haden llego hace una hora y me dijo que solo me quería ver antes de volver a New Bedford, no tienes porque irte. –Buscaba mi mirada- Él me invito a cenar y le dije que tú venias, así que… –Explica mordiéndose el labio inferior.
- ¿Salir a cenar? Ummm. –Frunzo los labios.
- Si, pero le dije que no ¿O quieres que vayamos todos? –Me preguntó y yo en ese momento dudaba entre si Quinn en realidad estaba siendo muy ingenua con respecto a mi incomodidad con el chico, o estaba bromeando.
- No, no, realmente no quiero ir a cenar ahora.
- ¿Te sientes mal?
Yo suspiro exasperada por las preguntas de Quinn, pocas veces me agobiaba con ella.
- No fue un buen día… Luego se me pasa.
Ella hace una mueca de pena y toma mi mano derecha. Yo me quedo viendo el gesto mientras movía los dedos sobre su palma.
- ¿Y que has pensado sobre lo que te dije? –Pregunta, yo alzo la mirada y de repente recuerdo el motivo de mi rápida visita a Quinn.
Aquella mañana, luego de hablar con el Sr. Brandon, decidí ir a plantearle una propuesta a Quinn sobre la lista que ya había aceptado hacer con ella para año nuevo.
- Si, pensé sobre lo que me dijiste de viajar en primavera y –Muevo la cabeza de lado y lado, creando expectación. Quinn solo movía los ojos ansiosa por mi respuesta- Estoy disponible, podemos hacerlo ya, si quieres –Le digo y ella da un pequeño salto.
- ¡Genial! –Se aferra a mi cuello y de nuevo me dejo envolver por aquel delicioso olor- Pediré los 15 días a partir de la próxima semana. ¿Ya tú hablaste con la Sra del café?
- Sí, sí, claro, todo está listo –Miento en el hecho de haber hablado con alguien que ya no era mi jefa.
- Bien, gracias por aceptar. Creo, creo que será algo bueno. –Dice emocionada.
- Haremos que valga la pena.
Quinn estaba feliz y yo me sentía mejor por eso. Pensar en que me iba de viaje, solo con ella , por 15 días, hacia que mi mal humor desapareciera en un instante.
Ella me propuso una lista, yo la acepte y me pidió que colocara la fecha. Y aquella era mi fecha, era el momento indicado, lo necesitaba.
- Si, mira… -Hablo y observo una vez más a Haden y Santana que ya no hablaban entre ellos, solo esperaban a que nos acercáramos- ¿Por qué no sales a cenar con tu amigo? –Sí, eso lo dije yo, aunque no lo crean.
- ¿Vendrán ustedes con nosotros?
- Claro que no, tengo planeado acompañar a Santana a otro lugar, está un poco triste porque termino con Brittany. –Se me ocurre decir y hablo lo más bajo posible.
- ¿En serio? Que mal… -Muestra pena, una dulce y graciosa pena, en su rostro.
- Si, así que… Ya sabes –Me alzo de hombros- Mejor ve con Haden, seguro te cuenta algo interesante de New Bedford, mañana podemos hablar para planificar con más detalle nuestro viaje.
- Claro, yo… Yo te llamo, hablare en la oficina y seguro podemos salir el lunes, la primavera está por llegar.
- Si, podemos hacerlo -Sentencio cuando ambas ya caminábamos hacia los otros dos- Santana, es hora de irnos, Quinn y Haden tienen que ir a cenar. –Le digo, pero mirando al chico que se muestra muy sorprendido, al igual que Santana.
- Esta bien… Quinn –Mira a la rubia que seguía a mi lado- Mañana hablamos sobre la nueva pasante que se fue con ustedes, en la oficina no dejan de hablar sobre lo idiota que es con el jefe y él le aguanta todo.
- Si, mañana podemos hablar sobre eso –Quinn reía.
- Hasta luego, Haden –Le hablo al chico, de repente una sensación de seguridad me invadía. No había celos- Espero disfrutes de tu cena con Quinn.
- Claro, con Quinn siempre es un placer estar –Le guiña el ojo a la rubia y ella me mira incomoda.
Yo asiento con la cabeza e incito a Santana, que confundida y con el ceño fruncido, decide caminar a la puerta.
- Nos vemos luego –Quinn se despide de ambas y luego de uno que otro comentario de Santana, vamos al ascensor.
Una vez paradas afuera, Santana me mira con la misma confusión en su rostro.
- ¿Qué fue eso? ¿Cómo que se van a cenar y tú no tenias cosas que hablar con ella? Ese chico está interesado en Quinn, lo puedo notar y resulta que dejas que se vaya a cenar con ella, no lo puedo creer. –Hablaba con mucha rapidez.
Yo iba a comentar algo antes de poner un pie dentro del ascensor, pero cuando iba a hacerlo, la voz de Quinn me llamo.
- Rachel, ¡Espera! –Venia hacia nosotras. Primero mira a Santana con algo de rubor en su rostro y luego me mira a mí.
- Dejaste tu teléfono dentro –Me señala el aparato que, efectivamente, lo deje cerca del sofá donde estaba el cuadro.
- Que distraída soy –Lo tomo y dejo dentro de mi Bolso- Adios, Quinn… -Trato de alejarme, pero ella me detiene tomando mi ante brazo.
- Espera… -Dice y se acerca sin vacilar hasta mis labios.
Me tomo por sorpresa, claro que lo hizo, aunque no fuera la primera vez que me besara, pero sí que lo hiciera en ese momento y con Santana en primera fila.
Fueron varios deliciosos segundos hasta que se separo y me dejo con una atontada sonrisa.
- Hasta luego, Rachel… -Dice suavemente y regresa hasta su casa.
Yo giro y camino hasta el ascensor donde mi amiga latina seguía con la cara desencajada.
- Por eso no me importa que se vaya a cenar con Haden –Hablo cuando ya el aparato se movía a la planta baja.
- Eres una jodida moja pantaletas –Me dice y yo suelto una carcajada- No te rías, es verdad, no me imaginaba a Quinn besándote como si nada, ella no es así… -Hablaba y me miraba, pero yo seguía riendo.
- Pues… no es la primera vez. –Informo sin poder evitar alardear con aquello.
- ¿En serio? Esta historia está mejor que una jodida película lésbica, el chico que parece novio de Barbie y esta detrás de ella; la chica tímida que besa a la otra como si nada y la enana que quedo sin trabajo.
- Es el efecto Faberry.
