"Rutas sorpresa"

Mi último viaje largo por carretera, fue hace dos años cuando Santana decidió ir desde New York, donde estábamos para una conferencia relacionada con su trabajo y a la cual fui porque una de sus amigas me gustaba, hasta Nebraska donde Brittany estaba de vacaciones. Aquel road trip fue una autentico suplicio. El carro viejo de Santana iba más lento de lo normal y mi amiga pretendía conducir 24 horas, sin descanso, porque los moteles le daban escalofríos.

Prometí jamás volver a viajar con ella en esas condiciones, sin embargo, lo hice un par de veces sola, en tren o autobús, porque me gusta disfrutar la sensación que genera conocer nuevos lugares.

Ahora estaba emprendiendo una nueva aventura y esta vez mi acompañante era la chica mas dulce y hermosa que había conocido en mi vida. Quinn Fabray.

Al recordar el karma que pase viajando con Santana, me hizo preguntarme si viajar con Qunn, podría llegar a ser igual o peor que aquello, dado que, como bien saben, es una chica poco receptiva a las cosas nuevas, piensa dos veces antes de saltar por algo, excepto mis labios y eso lo agradezco, pero ya saben de que les hablo.

Yo solo esperaba que todo saliera bien y algunas de las cosas de su lista de resoluciones, se dieran porque ambas, a esa altura, lo merecíamos.

Les voy a describir la escena, para que entren en la aventura.

Eran las 8:20 am y ambas estábamos camino a Pennsylvania desde Boston en aquel miércoles de inicios de Marzo. El clima era estupendo en la media hora que llevábamos de camino. No había mucho frio ni mucho calor. Decidí usar una cómoda camisa de cuadros rojos y negros, ceñida al cuerpo con un jean y botas livianas, según Santana, era su traje de lesbiana favorito, pero me da igual lo que diga, amo viajar cómoda y si es en carretera, mucho más.

Quinn, por su parte, iba a mi lado con un lindo vestido sobre las rodillas y una chaqueta corta de Jean clásica. Adorable, como siempre.

¿Y el auto? Pues, la Jeep Wagoneer color marrón de Judy era nuestro transporte que, aunque algo vieja, estaba en perfecto estado y disponible para recorrer muchos kilómetros. Detrás colocamos nuestras maletas y algunas cosas necesarias para cumplir lo que Quinn deseaba a lo largo del viaje.

Éramos una nueva versión de Thelma y Louise.

La rubia iba conduciendo muy concentrada mientras yo comía un sándwich de la pequeña canasta que ella llevo para ambas. Yo también había llevado algunos cupcakes y galletas que prepare la noche anterior.

Las ventanillas delanteras de la camioneta, estaban bajadas, la brisa fresca nos pegaba de lleno cuando atravesábamos una de las interestatales que nos iba a permitir pasar rápidamente por Connecticut y así llegar a Pennsylvania, en donde, seguro, íbamos a hacer algunas paradas.

Lo bueno de ese viaje, y lo que lo hacia una total aventura, era que no teníamos una ruta exacta que seguir, la lista no tenia puntos específicos, solo lugares al azar en estados que nos quedaban de camino y que Quinn, y yo, puntualizamos en unos pocos minutos.

Quinn deseaba un viaje de carretera porque nunca lo había hecho, no más de dos horas y eso no cuenta para mí. Así que allí estábamos, disfrutando de nuestra compañía en aquellas maravillosas carreteras del este del país.

- ¿Quieres ver algo en New Haven? –Le pregunto a Quinn cuando revise en el mapa y note que estábamos a pocos kilómetros.

Me gustan los mapas de papel, de esos clásicos en donde marcas rutas y lugares, aunque también teníamos la tablet de Quinn encendida solo para verificar el GPS que le faltaba a la camioneta de Judy.

- ¿Hay algo bueno en New Haven a parte de Yale? –Me pregunta sin perder detalle de la vía.

- Bueno, no conozco mucho, pero algo ha de tener.

Pero Quinn decidió que no deberíamos parar allí porque ella acudió a una conferencia en Yale dos años antes y todo era relacionado a la universidad y su culturización, así que solo respiramos un poco del aire de Connecticut. Lo suficiente para pasar por New Haven y que tomáramos una foto del Grove Street Cemetery.

- Me gusta cómo te queda –Dice ella sonriendo al ver como me acomodaba el pasamontañas negro que decidí usar cuando el viento comenzó a alborotar mi cabello impidiéndome ver con claridad.

- El viento lo tenía hecho un desastre. –Añado y ella asiente con la cabeza.

Quinn había atado su cabello minutos antes por el mismo motivo que, aunque fastidioso, no había nada como disfrutar del camino de esa manera. Respirando aire fresco.

Era una conductora algo silenciosa, prefería, notablemente, concentrarse en la carretera.

- ¿Quieres que yo conduzca cuando lleguemos a Pennsylvania? –Me ofrezco doblando el mapa y dejándolo en la guantera.

- ¿Tienes licencia?

- No.

- Entonces no puedes conducir –Fue tajante.

- Pero puedo hacerlo por un rato, nadie se va a enterar.

- ¿Hablas en serio? –Frunce el ceño e intercambia su mirada entre la carretera y yo.

- Si, hablo en serio, la vez que viaje con Santana, conduje un rato y no paso nada –Me encojo de hombros despreocupada, pero Quinn parecía realmente asombrada por mi propuesta.

- Eso es como hacer algo ilegal, Rachel.

- No vamos a matar a nadie y tú te puedes cansar conduciendo tantas horas.

- Cuando este cansada, pararemos y descansaremos. –Dice erguida en su asiento con el cinturón bien abrochado, estaba siendo muy propia.

- Eso será igual de agotador.

- No dejare que conduzcas. –Me mira directamente a los ojos cuando paramos en el cruce de la vía 84 hasta la autopista interestatal poco antes de salir de Connecticut.

- Suenas como…

- ¿Santana? –Ella me interrumpe, pero esta vez riendo entre dientes.

- No, no iba a decir eso.

- ¿Entonces a quien te recordé?

- A mi hermana. –Dije sin pretender añadir nada más y ella comprendió. Ella siempre comprendía.

- ¿Quieres algo de música? Tengo en mi teléfono.

– Si, pero ¿te importa si coloco del mío? –Ofrezco y ella niega con la cabeza.

- ¿Eso es un sí o un no? –Pregunto entrecerrando los ojos.

- Es un puedes ponerlo –Aclara y yo no respondí, solo me concentre en buscar mi teléfono, por suerte a la camioneta le habían añadido la entrada del cable para el mismo. Estamos hablando de un vehículo de 1980- También deberías sacar uno de esos deliciosos cupcakes y dármelo –Me pide Quinn en forma de orden cuando comenzaba a sonar Little Talks de Of Monsters and Men.

Yo alzo una ceja y la miro con una expresión coqueta.

- Parece que hoy quieres dar muchas órdenes, quien diría que Quinn Fabray sería tan mandona. –Sentencio buscando el pequeño postre y estirando mi cuerpo hasta la parte trasera donde teníamos una pequeña cava térmica y la canasta con comida- Eres una mandona de carretera… -Murmuro buscando en la canasta.

No fue mucho lo que tarde, pero si lo suficiente para que Quinn hiciera algo que no imagine que haría, no en ese momento.

- Creo que metí pocos de avellanas, pero estos de arándanos son maravillosos, puedes… -Me detuve porque al girar mi cabeza la encontré observando, atentamente, una parte de mi cuerpo al parar en un semáforo.

La observe ocultando mi sorpresa, ella miraba mi trasero y era ciertamente excitante cuando viene de alguien que te gusta y si esa persona es tan hermosa como Quinn, resulta sumamente halagador. Es imposible que el ego no suba.

- Gracias, me gustan estos –Dice ella algo nerviosa cuando le entrego el cupcake, se tuvo que dar cuenta de mi pillada.

- A sus órdenes, ser mandona está bien de vez en cuando –Hablo para relajar un poco a Quinn- Me gusta la actitud y me gustas tú. –Sentencio y esta vez, ella no sonrió incomoda o se sonrojo como en otras ocasiones, simplemente mordió el cupcake y me miro de reojo mientras volvía a conducir tranquilamente.

Eso me gusto, al igual que me gustaba que el viento esparciera su perfume por todo el auto o que mirara, con mucha concentración, los espejos cuando estacionábamos, y una arruguita saliera en su frente.

Muchas cosas en ella parecían cautivadoras para mí desde un inicio, y en aquel viaje se sumaron muchas más.

Pasaron más de cuatro horas desde que salimos de Boston y en las cuales Quinn no se detuvo en ningún momento, escuchamos algo de música, comimos cupcakes y comentábamos cada cosa extraña que se atravesaba por la carretera mientras ella me hablaba de que hubiese querido viajar más en auto cuando era niña, pero se vio obligada a ir en avión, las pocas veces que lo podían pagar, aunque ella los odiara.

Pasaron más de cuatro horas en las que ya yo no sentía mi trasero y quería comer algo realmente caliente porque eran la 1:15 del medio día y estábamos ya en Pennsylvania, justamente en un pueblo algo significativo para mí.

Nos encontrábamos específicamente en Scranton, el lugar donde nací.

- ¿Scranton? –Pregunta Quinn al ver el letrero casi oculto entre arboles. Aquello daba la bienvenida- ¡Tú naciste aquí! –Se mostro emocionada.

- Si… Aunque no conozco mucho de esto –Miro curiosa por la ventanilla, no era algo muy poblado desde esa distancia- Mis padres nacieron aquí, ellos conocían mas, pero yo me fui cuando era muy pequeña y mi hermana con unos años más. –Explique y sentía como me miraba aunque no voltee en ningún momento.

- Aquí nació Joseph Biden y otros políticos importantes. –Dice ella como recitando aquello.

- ¿Cómo sabes ese tipo de detalles? –La miro divertida.

- Algo de investigación –Se alza de hombros y yo ladeo la cabeza- Bien, busque sobre Scranton cuando comentaste en navidad que naciste aquí -Habla rápidamente- Yo…Yo solo quise saber un poco y solo salió eso–Comenta realmente apenada, quizás no quería parecer más extraña de lo que ya era.

En cualquier caso yo me hubiese asustado, pero con Quinn todo estaba bien.

- Muy bien, esperemos que este sea un lugar digno para que coman un par de viajeras porque muero de hambre. –Digo y de inmediato busco en mi teléfono una guía rápida de restaurants.

Verifico y lo más cercano era un lugar llamado Susan's Dinner al cual llegamos gracias al GPS, yo no era una nativa muy conocedora.

Imagine que Susan's Dinner era el típico restaurant de pueblo al cual, probablemente, no le habían hecho ninguna remodelación desde la época en que fue fundado y dicha época aparentaba ser hace mas de 30 años. Tenía un gran letrero blanco de letras azules y borde con luz de neón que en aquellas horas, evidentemente, no se podía apreciar.

- En serio, no siento mi trasero –Comento sin vergüenza mientras bajaba de la camioneta. Quinn suelta una pequeña risa a mi espalda.

- ¿Crees que sea un buen lugar? Parece viejo –Me pregunta viendo el letrero con una mano en la cara y así evitando el sol que, si bien no se sentía muy fuerte, la luz incomodaba.

- ¡Por supuesto!, yo nací aquí y me da buena espina, ya sabes… instinto de nativa. –Le digo bromeando antes de entrar estirando, graciosamente, mis piernas y ella me siguió muy de cerca, quizás mirando mi trasero, quien sabe, a esa altura ya todo era posible y me gustaba.

Ahora bien, quiero que me presten mucha atención, jamás, pero jamás en sus vidas, si se les ocurre visitar la pequeña ciudad de Scranton, Pennsylvania, nunca lleguen a Susan's Dinner para comer, a menos que quieran sufrir de alguna indigestión o intoxicación.

Todo parecía normal, nada fuera de lo común en un restaurant cerca de la carretera. El sitio tenia unas 10 mesas de las cuales solo una estaba ocupada por un tipo mayor que no se molesto en mirarnos.

Los asientes acolchonados, que no fueron cambiados en mas de 40 años, no 30 como lo pensé, tenían agujeros, sin embargo, no nos importo ¿Íbamos por la comida, cierto? Y bueno, el olor del lugar era algo parecido a comida refrita que tienes en la nevera guardada por varios días, pero el hambre no me hacia una persona racional en aquel momento.

Quinn si estaba siendo racional y sus expresiones lo confirmaban.

Nos sentamos en una de las mesas cerca del ventanal, desde allí podíamos ver la camioneta y el viejo letrero. Quinn miro todo con mucho detalle, como siempre, y por un momento pensé que iba a salir corriendo al ver el sitio y oler aquello que yo decidí ignorar. Tenía la esperanza de comer algo bueno.

- Buenas tardes ¿Qué desean? –Nos pregunta una señora de unos 60 años sin uniforme, allí nadie usaba uniforme.

Quinn solo la miraba, su momento introvertido había llegado.

- ¿Tiene algún menú? ¿que nos recomienda? –Pregunto ansiosa. Quinn no le apartaba la vista.

La mujer tenia los ojos muy pequeños y la cara muy grande, era realmente extraña.

- No tenemos un menú, los clientes ya se saben lo que cocinamos. –Explica con voz tosca y cansada.

Quinn me mira a mí con el ceño fruncido, como reclamando mi sugerencia de parar en ese lugar. Yo decido ignorarla, tenía hambre.

- Esta bien… -Me remuevo un poco incomoda por los ojos de Quinn clavados en mi- ¿Y qué me recomienda? no somos de por aquí.

- Tú sí, de hecho –Susurra Quinn con las manos cruzadas sobre la mesa.

Yo la miro con los ojos entrecerrados notando su indirecta y reclamo, luego vuelvo a la mujer.

- Tenemos hígado y papas fritas –Dice la camarera.

- ¿Nada mas? –Pregunto con la esperanza de una respuesta afirmativa.

- Si, hay carne asada con ensalada.

- ¡Yo quiero de eso! -Fui efusiva y la mujer anoto- ¿Qué quieres tú? –Miro a Quinn.

- No quiero carne, creo que solo tomare un vaso de agua. –Le dice directamente a la mujer que lo anota sin más.

- Debes comer otra cosa, Quinn.

La rubia suspira y mira a la extraña mujer.

- ¿Puede traerme solo ensalada? ¿De qué hay?

- La misma que trae el plato de ella –Me señala.

Y Quinn no se molesto en preguntar, por alguna razón, al igual que yo, pensábamos que la mujer no lo iba a especificar.

- Bien, tráigame una ensalada de esas. –Pidió y la mujer se alejo.

Ambas vimos a la mujer entrar a la cocina y gritar la orden de nuestro almuerzo.

Quinn suspiro exasperada al escucharla, estaba muy incómoda y era evidente. Paseaba los ojos entre las mesas y cada utensilio que se avecinaba cerca.

- ¿No tienes mucha hambre? –Le pregunto y ella solo niega con la cabeza.

Decidí quitarme el pasamontañas y colocarle doblado en la mesa para luego intentar acomodar un poco mi cabello. Quinn no me quito la mirada de encima en ningún momento, fue tan intensa que me llego a incomodar.

- ¿Esta todo bien? –Le pregunto y ella baja la mirada rápidamente, luego la sube y asiente- ¿Seguro porque…

- ¿Quieres que conozcamos mas de Scranton? Podemos aprovechar las horas y viajar un poco antes que anochezca. –Me pregunta algo tensa.

- Podemos hacer lo que quieras, la idea de este viaje es encontrarnos sorpresas y vivirlas ¿No?

- Si, es solo que… -Mira por la ventana que tenia a la derecha, oprimiendo sus labios y pasando el único mechón que quedo suelto en su cabello, detrás de la oreja.

Y no, no era por su incomodidad al lugar donde íbamos a comer, era por algo que pude notar al instante, yo siempre podía notar aquello en las personas que sabían un poco de mi historia.

- No tengo problema en estar aquí, no me entristece recordarlos ahora mismo –Me refiero a mi familia.

- Entonces… –Titubeo- ¿Podemos ver que hay por aquí? –Alza las cejas esperanzada.

- Por supuesto, para eso hemos venido, aunque no tengamos un destino fijo. –Añado riendo y aligerando el ambiente.

En ese instante llegaba nuestra orden y mi estomago rugió ansioso, pero no por mucho tiempo.

La mujer dejo ambos platos en la mesa. Una ensalada para Quinn y una carne asada con el mismo tipo de ensalada para mí.

Nuestras caras de asco fueron instantáneas. Quinn removió su ensalada parpadeando rápidamente y luego mirándome espantada.

Yo también vi mi plato, una carne sofrita que, no tenía absolutamente ninguna cara de ser de menos de tres días, y la ensalada pegajosa poco apetecible. Pase de tener hambre a tener nauseas.

- Creo que se me quito el hambre… -Sentencio alejando el plato.

- Tus instintos de nativa te fallaron –Dice Quinn, pero no me dio risa, el malestar en mi estomago era superior a mi buen humor.

- Mejor vámonos. –Tomo mi gorro y mi bolso para pagar con cara de pocos amigos.

-Podemos comer en otro lugar, seguro hay algo mucho mejor –Me dice Quinn cuando deje el dinero en la barra pues tampoco aceptaban tarjetas.

- Muero de hambre, no sé si resista ir a algo muy lejos –Digo dramáticamente.

Quinn sonríe y acaricia mi brazo mientras la mujer me daba el cambio. Ella al volver nos mira curiosa por el gesto, y otro hombre, el mismo que estaba solo en la mesa, se acerca.

El olor del tipo era igual o peor que el de la comida, pero aquello no fue lo asqueroso, lo peor fue la forma sádica y sugerente en que nos miro.

- ¿Vienen de muy lejos? –Pregunta el tipo de unos 50 años con barba abundante.

Pensé en responder "No es su problema, asqueroso" pero respondió Quinn.

- Venimos de Boston –Dice ella amable.

- Deberían aprovechar las atracciones de primavera en Scranton, hace buen tiempo –De repente el tipo sádico era promotor de turismo.

- ¿Cuáles son las atracciones de Scranton? –Quinn pregunta con la misma ilusión que yo tenía de comer algo bueno.

- Espero que sean mejores que este lugar… -Digo entre dientes y de forma casi inaudible mientras me movía inquieta, pero Quinn logro escucharme y por alguna razón, deslizo su mano y apretó la mía entrelazando sus dedos con fuerza.

Yo me quede tranquila ante el contacto y sensación cálida que la piel de Quinn me daba.

- Pueden ver el lago y patinar. –El hombre con cara de violador insistía mientras yo quería salir de allí.

- ¿Nada mas? –Pregunta Quinn.

- Eso es lo que hacen los jóvenes –La camarera alienígena añade detrás de la barra.

- Bien, creo que…

- Muchas gracias por todo –Interrumpo aquella conversación y tiro de la mano de Quinn hasta la salida.

No me apetecía escuchar más sobre las atracciones de aquella ciudad que, a pesar de ser el lugar donde nació mi familia y yo misma, era evidentemente un lugar muy aburrido, por algo ellos decidieron que nos fuéramos a Tennessee.

Salimos de Susan's Dinner a respirar aire puro y no polvo u olor a carne refrita. El sol seguía puesto sin dar mucho calor, pero algo si se sentía cálido y era la mano de Quinn aun aferrada a la mía.

Yo observo el agarre de mi mano izquierda y la derecha de ella. Quinn hace lo mismo y luego me mira a los ojos buscando alguna reacción. Yo sonrió tranquila y decido acariciar un poco sus dedos con mi dedo pulgar, a ella no le importo.

- ¿Quieres que busquemos otro lugar? –Me pregunta.

- Si, por favor. –Respondo y ella mira mi mano riendo, entonces me doy cuenta que era hora de soltarla… - Lo siento…

- Esta bien… Lo puedes seguir haciendo, pero necesito conducir ya que mi copiloto no tiene licencia –Sentencia antes de regresar a la camioneta con su elegante andar.

Con Quinn era difícil que un asqueroso almuerzo me arruinara el día, estaba decretado.

Condujo un poco mas por Scranton buscando algo que comer y terminamos comiendo pizza en Pizza Hut. Nada muy especial, pero fue maravilloso llenar mi estomago de comida.

Eran las 3:50 de la tarde y por un momento pensamos en buscar algo divertido en Scranton, quizás conocer más el sitio y encontrar algo de pertenencia en él por mi parte, pero no, no había mucho allí y sentarnos a ver el lago no era muy emocionante. Quizás podía aparecer el tipo con cara de violador.

Así que retomamos el camino directo a otra ciudad de aquel estado.

- ¡El letrero eléctrico! –Exprese con efusividad asustando un poco a Quinn.

- ¿De qué hablas?

- ¡Detente, allí está el letrero! –Repito agitando la mano y ella hace lo pedido muy confundida.

- No comprendo, Rachel ¿Qué letrero? –Pregunta y le señalo justo a su izquierda- ¿Eso… Que… De qué es?

- Es el letrero eléctrico de Scranton ¡Es muy famoso! –Sonreía emocionada. Había encontrado algo que me llamara la atención del lugar donde nací.

- Yo nunca había escuchado de ese letrero –Quinn lo miraba con menos emoción que yo, era evidente.

- Vamos a bajarnos, anda –Me quito el cinturón y salgo del vehiculó para caminar unos pocos metros y verlo mejor.

- ¿Le tomaras una foto a eso? –Pregunta ella mas confundida aun.

- Si, es un letrero famoso, te lo dije. –Expreso tomando la instantánea con mi celular.

- Vaya, pero es un poco… ¿Aburrido?

- Bueno, quizás… -Lo observo junto a ella.

Tenía razón, era el letrero mas tonto y aburrido del mundo, estaba encima de una vieja construcción y decía "Scranton, The Electric City" en figuras de luz de neón y era parte de la fundación de la ciudad que fue una de las primeras con mas electricidad, sin embargo, para mí era importante por una buena razón.

- Mi hermana siempre hablaba de esto –Digo sin poder evitar suspirar y sin apartar la mirada del letrero. Quinn comprendió porque me emocione al verlo- Nunca lo había visto, bueno, no lo recordaba...

- ¿Y que decía tu hermana del letrero?

- Pues ella tenía un lema…O un dicho como retorica, como lo quieras llamar -Miro a Quinn- "Eres mas feo que el letrero eléctrico de Scranton" –Digo lo que mi hermana solía decir.

Quinn y yo nos miramos en silencio por algunos segundos para luego soltar una sonora carcajada.

- ¡Ella tenia razón! –Espeta ella entre risas.

Porque era verdad, pero solo con el hecho de que mi hermana lo mencionara, logro despertar algo de emoción en mi antes de salir del lugar donde nací.

- Espera –Quinn me detiene- Quiero tomarte una foto ¿Puedes pararte allí? –Señala la acera mucho mas adelante del letrero.

- ¿Aquí, para qué? –Pregunto pero haciendo lo pedido.

- Debes tener una foto con ese letrero, quédate quieta –Me pide con la cámara, que estaba usando para el viaje, en la mano. – ¡Listo! –Anuncia sonriente y viendo la foto.

- Es feo –Giro para verlo de nuevo- Pero Igual me alegra haberlo conocido –Le digo antes de volver al auto.

- Y a mí me alegra haberlo visto junto a ti. Fue bueno presenciar un momento tan histórico. –Añadió y yo no dije nada, solo le saque la lengua de forma infantil porque sabía que se burlaba un poco de mi.

Retomamos la ruta al destino desconocido mientras escuchábamos Oceans de Seafret desde mi teléfono.

Quinn estuvo un rato en silencio, como siempre, concentrada, y yo me entretuve escuchando la música y detallando su rostro, me gustaba ver su rostro y creo que ella lo sabía.

No me podía culpar, nadie podía hacerlo porque Quinn desprendía un aire diferente al resto de los mortales y no exagero.

- Rachel… -Llama mi atención, por un momento en que yo buscaba otra canción en el teléfono- ¿Cómo era tu hermana? ¿Cómo era… Ella… Lea? –Inquiere con sutileza.

- Ella… Ella era muy… Muy ¿Alegre? ¿Efusiva? –Digo buscando las mejores palabras para describirla- Siempre le daba ánimos a todos, sobre todo a mi –Muerdo mi labio inferior por un momento haciendo una necesaria pausa.

- No tienes que hacerlo, está bien… Podemos… Podemos hablar de otra cosa y

- No, no, puedo hablar, a veces es necesario –Aclaro rápidamente.

- Bien…

- Lea soñaba con ser actriz y cantante. –Le explico retomando con el tema.

- ¿En serio? –Quinn se sorprende y me mira fugazmente mientras volvía a centrarse en la carretera- ¿Y lo hacía bien?

- Si, cantaba muy bien, incluso estuvo en un Glee Club de su colegio, en la universidad estudiaba actuación, porque era su sueño, ir a Broadway y todo eso. -Sonrío al recordar todas la veces que hablaba sin parar sobre el tema.

- ¿Y su novia? Tú… Tú me dijiste que ella murió con su novia- Pregunta.

- Si, Dianna. Ella era de San Francisco y también estudiaba actuación, era algo diferente a Lea, pero se querían mucho. Hacían linda pareja –Recuerdo a aquella rubia que también se gano mi cariño.

- ¿Puedo ver una foto de tu hermana? –Me pregunta con una sonrisa apenada, pero no me molesto su curiosidad, era normal que quisiera saberlo así que cedí.

Busque en mi teléfono una de las fotos que guardaba de ella y se la mostré cuando estaciono antes del cruce hacia otra ruta.

- ¡Wow. Se parece mucho a ti, en serio! –Estaba realmente sorprendida porque abrió casi toda la boca.

- Eso dicen, pero yo soy más alta –Rio como si Quinn pudiera notar la estatura de Lea en aquella foto donde estaba sentada en su dormitorio de la universidad.

Luego de unos minutos mirando la foto, me devuelve el teléfono y yo decido mirarlo por otros segundos más.

- Ella era mi persona favorita en el mundo. –Continuo- Los amigos de nuestros padres nunca estaban en casa para mí, ellos nunca fueron como unos padres sustitutos aunque pagaran nuestras cosas y legalmente tuvieran una custodia, pero ella… Ella… Era como la persona que llenaba todos mis espacios en blanco. Yo siempre esperaba impaciente poder pasar un fin de semana con ella o que habláramos por teléfono cuando se fue a la universidad, eran mis momentos favoritos, me hacía sentir bien… Era… Era como mi hogar –Confieso cuando ya mi voz comenzaba a entrecortarse.

- ¿Y ellos? Los… Los señores con los que ustedes vivieron.

- Ellos siempre nos trataron bien luego de la muerte de nuestros padres, pero nunca fueron como un padre o una madre. De hecho, cuando yo cumplí la mayoría de edad y me mude por completo, los vi solo un año después. Nos ayudaron en lo que pudieron, pero yo sabía que nunca quisieron tener hijos.

- Entiendo… Eso hizo que la ausencia de Lea fuera más complicada, era como…

- Como quedar a la deriva. –Termine aquella sentencia.

- Así es.

Y a la deriva quedamos nosotras minutos después porque no sabíamos donde diablos estábamos. El GPS daba un lugar y los carteles decían algo totalmente diferente.

Atravesamos varias autopistas que nos llevaron hasta la Elk Scenic Drive una parte bastante boscosa de Pennsylvania, mas al noroeste y en donde las carreteras se tornaron mas frías, tanto que subimos las ventanillas.

El paisaje era hermoso, no lo íbamos a negar, pero el hecho de que el GPS diera error, nos asusto un poco y nos lamentamos de no tener un plan de carretera medianamente trazado.

A los pocos minutos de recorrer aquel camino, el GPS indico que nos encontrábamos en la milla 127 justo en el famoso Pennsylvania Wild y en donde pudimos ver, muy de cerca, diversos alces que se encontraban esparcidos detrás de verjas, no muy altas, que separaban el bosque de la carretera, con montañas de fondo.

Por un momento Quinn y yo dudamos de ver aquellos animales desde cerca, pero jamás habíamos visto uno tan grande como el que estaba al lado del tronco a pocos metros de la vía.

- ¿Y si nos mata? Tiene cuernos inmensos –Dice Quinn con los ojos abiertos como platos.

- Nadie morirá hoy, Quinn Fabray –Le digo luego de invitarla a bajarse para verlo mejor. Instintivamente me abrace a mi misma mientras caminaba porque el viento frío de aquella zona boscosa me hizo extrañar algún suéter- Son animales amigables.

- ¿Cómo sabes eso?

- Pues son mamíferos y los mamíferos no comen gente.

- Pero que sean mamíferos no significa que les gusten las personas. –Ella hablaba temerosa de aquellos pasos que yo, valientemente, daba hasta el alce con grandes cuernos, eran tan grandes que parecían pesar más que nosotras.

- Oh, por favor, si mira esos ojos, son muy tiernos –Digo caminando firmemente, pero una piedra estropeo mi camino haciendo que cayera casi de rodillas. –¡Diablos!

- ¡Rachel, ¿Estas bien?! –Me pregunta cortando la distancia y ayudando a ponerme de pie.

- Si, si, solo fue una estúpida piedra –La patee lejos.

El alce se asusto e hizo un ruido espeluznante que nos congelo a ambas.

- Esta molesto… -Dice Quinn retrocediendo lentamente.

- Solo tomare una foto rápido… -Le digo mientras saco mi teléfono y fue lo peor que pude hacer.

El sonido y el flash que, no sabía estaba activado, asusto mas al animal haciendo que aquel grito volviera a escucharse.

- Rachel… -Quinn tragaba grueso- Creo que es hora de volver a la camioneta –Dice sujetando mi brazo con una fuerza que casi me hacía daño.

- Si, es… Es buena idea –Estoy de acuerdo porque el alce ya se movía directo a nosotras.

Entonces corrimos como dos niñas porque el animal volvió a gritar y nada bueno podía salir de eso.

Entramos a la camioneta, Quinn la encendió lo más rápido posible, ni siquiera nos pusimos cinturones y con el pecho agitado salimos de aquella zona en donde el alce seguro se reía de nosotras.

- Pensé que nos comería o embestiría con sus cuernos ¡Te dije que podía ser peligroso! ¿Lo escuchaste? –Quinn estaba muy alterada mientras conducía con más velocidad.

- Cálmate, nada paso.

- Pero podía pasar, hay que ser mas cuidadosas, ha sido una pésima ida hacer este viaje así. En serio, quizás sea mejor que…

- Quizás sea mejor que te calmes, Quinn –La tuve que interrumpir alzando la voz porque comenzaba a comportarse de forma paranoica- Sera un buen viaje, conoceremos lugares y todo estará bien. ¿Recuerdas? –Ella me miraba de reojo- Decidimos hacerlo porque este año será tu año de hacer más cosas por primera vez y será fabuloso. –Volvió la Rachel optimista.

- Ese animal nos podía matar… -Refunfuña de nuevo.

-Nadie morirá. –Le digo y me mira negando con la cabeza en silencio para luego soltar un gran suspiro, eso me dio una extraña sensación, pero decidí no hablar más del tema.

Seguimos la ruta por tres horas más en donde solo paramos por gasolina y un baño. A las 8:45 pm entramos a Lancaster, un condado bastante particular y en el cual nunca debimos haber entrado, pero no nos quedaba de otra, ya era muy tarde luego de perdernos en la ruta camino de Scranton a Elk Scenic Drive.

- ¿Esto qué es? ¿Qué dice el GPS? –Quinn miraba las calles que, sin duda, eran algo muy diferente a lo que sea que pudieras ver en Estados Unidos.

- Es Lancaster…Un condado Amish –Digo frunciendo un poco los labios al ver carretas de caballos estacionadas en la vía cercana a las luces de aquel pueblo lleno de campos.

- Quizás deberíamos ir a la próxima ciudad más adelante. –Quinn decidió estacionarse en la orilla para analizar la situación.

- No, es tarde y creo que es mejor que descanses, solo has conducido tú desde que salimos de Boston.

- Si, pero un condado Amish no es un buen lugar cuando no eres Amish –Dice lo obvio.

- Es tarde y se que son Amish, pero seguro hay donde quedarnos, vamos. –La incito a que continúe un poco más dentro de aquel lugar.

Quinn deja escapar una gran cantidad de aire con pesadez porque no estaba muy de acuerdo, pero también estaba cansada, así que encendió el motor y buscamos un lugar donde pasar la noche.

Los Amish son personas muy particulares y aquella extraña ciudad se había quedado parada en el tiempo, al igual que sus habitantes. No usaban nada de tecnología, ni teléfono ni televisores ni nada parecido.

Los autos eran mal vistos y las carretas con caballos eran lo más común. Eran como personas viviendo en un pasado muy lejano y que evitaban cualquier contacto con la cultura moderna.

Lo peor de todo, es que vestían con ropa casi toda negra, exceptuando un poco de blanco o gris, todo del mismo estilo, algo muy antiguo y no importaba la edad que tuvieras.

Allí estábamos atrapada Quinn y yo. Pasamos cerca de un granero donde un chico, de no más de 15 años, llevaba un caballo. Decido bajarme con la esperanza de que el chico me dijera un lugar donde pasar la noche y así fue.

- Él dice que no hay hoteles cerca, pero su abuela nos puede dar alojamiento. –Le informo a Quinn a través de la ventanilla.

- No lo sé, Rachel, mejor sigamos –Se niega de nuevo.

- Quinn… -Tomo aire- Es tarde, ya son más de las nueve y –Miro al cielo- Es evidente que va a llover.

Ella lo piensa y se queda en silencio meditando aquella opción.

- Esta bien, pero primero hablemos con esa señora.

- ¡Perfecto!

Aceptó y decidimos dejarnos guiar por el chico hasta la casa de su abuela. Una señora muy vieja, de casi 80 años, vestida de negro con un extraño gorro pequeño, la ropa típica de una Amish. Tenia el rostro muy serio y nos miro de pies a cabeza mientras le hablaba al chico, llamado Patrick, por cierto, en susurros, luego él nos dijo que podíamos dormir en la habitación de abajo.

Solo bajamos algunas pocas cosas de la camioneta, lo necesario para pasar la noche y nos instalamos en aquel lugar. La habitación no era tan terrorífica como la imagen del condado mismo, pero era igual de antigua.

- Este lugar da miedo… -Me dice Quinn mirando por la ventana.

- No mires mucho, nos iremos temprano, al menos la señora acepto, quizás sea amable, solo es otra cultura. –Me siento en la gran cama, era lo suficientemente grade para que ni Quinn ni yo nos tocáramos pero, aun así, era solo una y dormiríamos allí.

Quinn se sienta a mi lado y suelta un suspiro cansado.

- Siento comportarme a veces como una histérica, no estoy acostumbrada a tantas cosas diferentes en un día…

Yo sonrió de medio lado y la observo encantada. Decido llevar mi mano hasta su mejilla para acariciarla. Ella cierra los ojos ante el contacto y luego toma mi mano para besarla con cariño.

- Me gustas mucho, Rachel –Dice aquello y era la segunda vez que lo decía.

- Tú también me gustas mucho, Quinn…

- Quiero que sea un buen viaje y quiero conocer mucho de ti y que conozcas mucho de mí, lo suficiente para saber... Saber…

- ¿Saber qué? –Pregunto impaciente.

- Para saber si puedo ser tu novia.

- ¿No es suficiente con saber que me gustas tanto, o más, de lo que yo te gusto? –Le pregunto acercándome un poco más, si ella me decía que fuera su novia allí mismo, pues lo seria oficialmente.

- Veo necesario que vamos con calma, mis tiempos nunca han sido iguales a los del resto. –Sus ojos se movían inquietos.

- ¿A que te refieres? No se trata de tiempos, tú has dicho que querías vivir, vivir por primera vez ¿No?

- Estoy viviendo… -Susurra mirándome con ese brillo encantador.

- Pues, yo quiero hacerlo contigo mas allá de un viaje, quiero hacer muchas cosas contigo, Quinn… Yo quiero ser tu novia. -Confieso con total sinceridad.

Ella mordió su labio sin dejar de mirarme, estaba algo perdida y contrariada con la idea de aceptar todo, así, sin más, y lo pude ver en sus lindos ojos verdes avellana. Por eso decidí romper el suplicio con algo que ella estaba acostumbrándose a hacer, y la bese.

La bese con fuerza tomando su cuello y obligándola a ladear su cabeza de tal forma que el beso se intensifico y nuestras lenguas entraron en juego. Fue una locura, una completa locura y sentí perder la cabeza cuando Quinn correspondió aquello con la misma pasión que ye estaba imponiendo.

Mordió mi labio con fuerza y, aunque dolió, no me importo porque su deliciosa lengua paso para calmar mi dolor. Y nos seguimos besando, luego con más lentitud, saboreando cada rincón con suspiros entrecortados que sentenciaban el hecho de que nuestros cuerpos estaban completamente encendidos.

Pero…

- ¡LESBIANAS! –Grito la anciana Amish aterrorizada cuando abrió la puerta, con dos sabanas en las manos, y nos descubrió.

Quinn y yo saltamos de la cama con el pecho subiendo y bajando a una rapidez impresionante. Podíamos tener un infarto producto del momento fogoso y del susto.

- ¡LESBIANAS, LESBIANAS, NO, NO! –La señora gritaba con fuerza tirando las sabanas.

Su nieto entro con cara de pánico.

- Creo…. Creo que es mejor que se vayan –Nos dijo aterrorizado- ¡Deben irse!

- Si, si, si –Quinn buscaba sus cosas.

- ¿Qué sucede, que va a hacer? –Le pregunto al chico recogiendo lo mío.

- Nada bueno puede pasar con un homosexual en un pueblo Amish. –Nos informo tragando grueso por los gritos que ahora su abuela daba afuera de la casa.

- ¡Rachel, salgamos de aquí! –Quinn estaba casi llorando.

- ¡De prisa, esta avisando a los vecinos! –Nos dice el chico.

- ¡Maldita sea, nos van a quemar como brujas!. –Dije tomando la mano de Quinn que estaba más fría de lo normal.

Literalmente, ahora si íbamos a estar encendidas, pero en medio de una hoguera con un grupo de Amish atrapados en el tiempo.