"Mi novia"
¿Les han contado alguna vez la historia de la comunidad de Salem? Aquel lugar que dio cabida a muchas películas e incluso obras de teatro.
Fue, y sigue siendo, parte de muchas cosas relacionadas al arte pero, Salem si existe y se encuentra en un condado dentro de Massachusetts. Es conocido, históricamente, por ser un lugar donde hubo juicios contra brujas, e incluso, existieron grupos religiosos que vivían en comunidades donde se les permitía juzgar y vigiar a todos los vecinos para saber si estaban haciendo una vida de acuerdo a lo que la religión dictaba.
Si hacían algo indebido como, no sé, quizás ¿Besar a una chica siendo chica? Pobre de ti.
En Salem eran como una secta satánica, los veo de esa manera y de inmediato, esa visión, vino a mi cabeza cuando me encontré rodeada, junto a Quinn, de un grupo de Amish molestos.
La anciana que nos descubrió besándonos, no paraba de gritar hasta que un hombre, con espesa barba larga y blanca, mas dos mujeres un poco más jóvenes, salieron de sus casas y todos caminaron apresurados hacia la anciana Amish mientras Quinn metía sus cosas en la camioneta y yo hacía lo propio con las mías.
Patrick, el joven Amish que estaba casi tan aterrado como nosotras, no paraba de decir ¡salgan de aquí! Y eso justo estábamos haciendo.
- ¡Maldita sea, maldita sea! –Yo no paraba de maldecir, me sentía dentro de la hoguera, ya mis pies quemaban. No literalmente, pero habían cada vez mas Amish en la acera de aquella casa y Quinn no terminaba de encender la camioneta- ¡¿Puedes apresurarte? Maldita sea, nos van a quemar! –Le grite a ella que también estaba aterrada a mi lado.
- ¡No me grites y ya deja de maldecir! –Responde con desesperación.
Yo decido respirar profundo para relajarme, una vez que el motor comenzó a sonar. Gritarnos no iba a solucionar nada. Los Amish, que en mi mente ya eran zombies hambrientos, no iban a disculparnos si teníamos una especia de pelea de pareja.
- Solo vámonos de aquí –Le hablo a Quinn con un tono más quedo, pero sin despegar los ojos de un hombre Amish que se acercaba a tocar la ventana de la camioneta. ¿Ven? Es algo digno de The Walking Dead. Mis ojos se abrieron como platos y le hice señas a Quinn que, con mucha agilidad, arranco el motor en reversa y puso la camioneta a andar fuera de aquel condado donde, estoy muy segura, no íbamos a ser bienvenidas jamás.
Y tampoco queríamos volver.
- Juro que pensé que nos iban a quemar… -Comente cuando ya nos encontrábamos saliendo de Lancaster.
- Te dije que no era buena idea quedarnos aquí. –Espeta con evidente molestia.
- No imagine que se armaría un escándalo, además, esa señora…
- Esa señora es Amish, Rachel –Me mira fijamente- Es un condado Amish y te dije que era mala idea, nunca debí ceder. –Fue rotunda para volver la vista a la carretera.
Yo podía replicar aquello y decirle que solo trataba de que descansáramos un poco y que jamás imagine que la vieja Amish nos interrumpiera justo en ese momento, pero preferí callar y Quinn hizo lo mismo en lo que quedo de camino.
Nos desplazamos casi una hora luego de salir de Lancaster y de repente nos topamos con York. La ciudad donde pasaríamos la noche.
Eran cerca de las 11:20 pm y un hotel, sin ninguna estrella, pero, aparentemente, familiar, nos recibió en el centro de la ciudad con una habitación de cama doble, en la cual quede dormida con tan solo colocar mi cabeza.
Había sido un día largo.
- Buenas noches, Rachel… -Quinn susurro en la oscuridad, rompiendo aquel silencio incomodo.
- Buenas noches, Quinn, descansa… –Respondí antes de caer en el más profundo sueño.
Aquella noche soñé con un alce que echaba fuego por la boca mientras caía encima de la ensalada asquerosa de Susan's Dinner sin poder moverme y un grupo de Amish, convertidos en zombies, me querían comer.
Lo peor es que Quinn no estaba conmigo en aquella pesadilla. Yo estaba completamente sola y desquiciada pero, por suerte, desperté y todo fue diferente.
En la mañana desayunamos deliciosos huevos revueltos con pan recién hecho en el hotel. No les negare que estaba predispuesta a que la comida fuera un asco, basándome en los acontecimientos de las 24 horas anteriores, pero lo disfrute y Quinn hizo lo mismo.
El malestar de mi rubia acompañante parecía haberse disipado, sin embargo, no habló mucho aquella mañana. En parte porque desayunamos a las 7:10 am y sus hermosos ojos aun estaban adormecidos.
Estábamos bien, no hablamos del tema de los Amish y la hoguera frustrada de ese grupo de individuos, no obstante, Quinn me regalaba las sonrisas acostumbradas y, eso, para mí era suficiente antes de las 10 de la mañana.
Salimos de York cerca de las 8:30 am rumbo a Lexington, a 8 horas de distancia y nuestra primera parada en Kentucky, la bienvenida oficial a nuestro segundo día de aventuras.
- ¿Cuántas veces has ido a Kentucky? –Me pregunta Quinn cuando yo estaba concentrada buscando una buena canción. Mi teléfono era el auspiciador de nuevo.
- Varias veces –Le respondí cuando Cough Syrup de Young The Giant comenzó a sonar.
- Entonces serás una buena guía.
- Tratare de serlo, de hecho, allí vamos a hacer una de las cosas que no pueden faltar en este viaje. –Frote mis manos para crear expectativa.
- ¿Qué cosa haremos allí? –Me mira con una graciosa desconfianza.
- Acampar.
- ¿Acampar está en mi lista? –Ella frunce el ceño.
- No lo sé, pero salir de tu zona de confort lo está y compraste una tienda ¿Recuerdas? –Le pregunto y ella asiente lentamente- Además… No sé porque, pero… -Entrecierro los ojos- Puedo apostar que nunca has acampado. –La miro esperando que me dé la razón.
- Pues… -Ella frunce los labios con la vista en la carretera- Estas en lo correcto, nunca he acampado y te seré sincera –Me mira al detenernos en uno de los cruces poco transitados- Me da algo de miedo dormir rodeada de tanta naturaleza. –Confiesa entre avergonzada y seria.
- Estarás bien, estaremos bien.
- ¿Cómo con los Amish y el alce que nos iba a matar? –Me mira de reojo andando de nuevo.
Yo ruedo los ojos, no tenía un buen registro de esperanzas el día anterior, pero trataría de solucionarlo.
- Esta vez nos irá bien de verdad, ¿No crees que comenzamos bien el día? –Miraba su perfil y ella asentía- Te prometo que todo estará bien, solo analizaremos mejor las situaciones. –Explico tomando el GPS y el mapa. Debíamos verificar a donde ir con exactitud las siguientes horas. Quinn se quedo en silencio por algunos minutos mientras yo hacía aquello.
- Quiero disculparme contigo… -Ella rompe el silencio y yo alzo la vista esperando a que continuara- No debí comportarme como lo hice anoche, creo que fue parte del miedo que tenia con esas personas extrañas rodeándonos.
- Yo también estaba muy asustada y molesta por la situación. En parte si me sentía culpable porque yo fui quien insistió en quedarse, discúlpame por eso.
- No es tu culpa –Aclara mirándome fugazmente para luego ver la carretera- No del todo, yo acepte quedarme y si no nos hubiese descubierto besándonos… -Deja las palabras al aire.
- Es verdad, estábamos muy…
- Excitadas. –Añade ella rápidamente y luego parece que iba a decir algo más, pero no lo hizo. Tomo el volante con más fuerza.
- Iba a decir emocionadas, pero esa es una buena palabra –La miro con picardía, pero ella no lo noto, ya que su mirada estaba más que nunca fija en la vía.
Decido mirar también al frente con una sonrisa de satisfacción.
Llegamos cerca de las 3 de la tarde a Lexington, decidimos no pararnos a almorzar en ningún lugar, la única parada fue para echar gasolina y comprar algunas cosas para comer en el camino, pero una vez en la ciudad, lo mejor era sentarnos para planificar el siguiente trayecto.
- Creo que si tomamos la segunda interestatal, quizás, podemos ahorrarnos unos minutos.
- ¿Realmente sabes leer eso? –Me pregunta con una expresión de burla en su mirada.
Ambas estábamos sentadas a las afueras de un café en el centro de Lexington, y en donde aprovechamos de comer algo caliente porque nuestros estómagos estaban un poco cansados de panecillos de mantequilla y alguna que otra magdalena.
- Pues, no es difícil, el mapa señala las vías principales, enumera las rutas y dice el nombre de cada ciudad –Le explico como una autentica experta viajera, pero no lo era y ella lo sabía, por eso su mirada divertida no se apartaba de mi.
- Confiare en ti, ¿Cómo se llama el lugar a donde iremos? –Junta sus manos sobre la mesa y observa el mapa.
Yo lo volteo y le muestro el sitio que estaba, muy bien señalado, con marcador rojo.
- ¿Daniel Boone National Forest? –Pregunta ella al ver el nombre- ¿Has estado allí antes?
- Fui a una excursión cuando tenía 14 años, los amigos de mis padres firmaron el permiso y fue muy divertido, aunque teníamos monitores, pero hicimos muchas cosas y siempre quise volver de adulta –No pude evitar emocionarme al comentar aquello.
- Genial, entonces yo acampare por primera vez y tú volverás a un lugar que extrañas.
- Te dije que este si sería un gran día, nada de Amish, alces o comida asquerosa. –Digo lo ultimo señalando nuestros platos vacios luego de hacer un delicioso brunch con comida caliente.
- No sé nada de acampar, pero confiare en ti, de nuevo… -Lo dijo con algo de dudas, lo pude percibir en su voz, pero su sonrisa no se borro.
Yo ruedo los ojos y luego detallo los de ella, como siempre expresivos y hablando más que su boca.
- Creo que nos falta una foto antes de salir de esta ciudad –Le digo tomando mi teléfono para activar la cámara.
- ¿Y qué podemos…? ¡Oye! –Se quejo al ver que le estaba tomando fotos a ella.
- Te ves hermosa –Intento tomar otra y ella ríe colocando su mano delante, pero igual la capte. Detalle la imagen en el aparato y fue mi favorita.
Su mano un poco delante y su sonrisa radiante.
- No puede ser, estaba descuidada. –Intentaba quitarme el teléfono, pero yo la alejaba con leves manotazos.
- Eres hermosa y sales hermosa, siempre. La única manera de que salgas mal es que tengas que volver a nacer –Sentencio sin mostrarle la imagen.
- ¡La quiero ver! –Se quejaba detrás de mí una vez que me levante.
- Debemos ir a comprar algunas cosas –Ignoro su petición- Winchester está a dos horas de aquí, y la idea es llegar al parque forestal antes de que anochezca. –Yo seguía caminando, pero sin salir del área del café. Ya la cuenta estaba paga y eran más de las 3 pm.
- ¿Por qué no me muestras mi foto? –Se señala a sí misma.
Yo la miro de pies a cabeza, aquel jean y suéter morado le quedaba perfecto.
- Porque es solo para mí. –Sentencio tranquila para luego darle un lindo beso en la nariz.
- Yo la quiero ver –Repite el mismo gesto que yo, pero con un beso cerca de la comisura de los labios.
- Eso no podrá ser –Beso fugazmente su boca.
Ella resopla divertida y nota lo mismo que yo, un grupo de chicos, no mas de 15 años, estaban en una mesa murmurando. Probablemente, analizando nuestro comportamiento porque intercambiaban las miradas entre ellos y nosotras.
Solo era un pequeño grupo de monstruos curiosos y hormonales de Kentucky.
- Vámonos… Se hace tarde –Dice Quinn al intuir que yo iba a decirles algo a los jóvenes, pero ya era tarde.
- ¿Sucede algo? –Les pregunto con una sonrisa mas falsa que los pechos de Santana.
Ellos vuelven a murmurar y a reír, a tan solo dos metros de nosotras, hasta que un chico pelirrojo alza la voz.
- ¿Son novias? –Pregunta casi gritando y el resto lo empuja, dos chicas y otro chico más.
Quinn me mira con el ceño fruncido y yo abro la boca para responder que no a los chicos, porque no lo éramos, no oficialmente, a menos que la vieja Amish no nos hubiese interrumpido y Quinn me confirmara que si deseaba ser mi chica sin esperar ningún estúpido e innecesario tiempo.
Pero cuando yo me disponía a hablar, Quinn sonrió tranquila y hablo.
- Si, somos pareja. –Les dice y ellos parecen emocionarse, casi tanto como yo. La diferencia es que ellos hablaron y yo trague con dificultad en mi celebración interna.
Volví a los 14 años, lo sé.
- Hacen linda pareja, chicas –Comenta una joven morena con timidez.
- Gracias… Gracias… -Titubeo sonriente.
- Debemos irnos, Rachel. –Quinn toma mi mano y yo le hago una señal de despedida a los chicos.
Ya no me caían tan mal aquellos monstruos curiosos y hormonales.
Al entrar a la camioneta y llevar 2 minutos de trayecto, buscando la tienda para comprar artículos de acampadas, se lo pregunto, era necesario, mi cuerpo emocionado no podía más.
- Entonces... ¿Somos novias, eh? –Digo tratando de sonar lo más casual y tranquila posible.
Ella lleva su cabello rubio suelto detrás de la oreja derecha y me mira por algunos segundos.
- Lo somos, ayer… Ayer me dijiste que podíamos ponerle nombre a esto y creo que ya no es necesario ningún tempo más que este. –Sentencia con suavidad y aquella voz casi nasal que sonaba de maravilla, en ese momento mas que nunca.
- Quinn, ¿Puedes detenerte? –Espeto con voz firme mirando hacia el frente.
Ella hace lo pedido y se estaciona en una orilla, luego me mira con preocupación.
- ¿Qué sucede, Rachel? –Me escrutaba también con la mirada- Si te molesta que…
No deje que terminara, me abalance sobre sus labios abrazando su cuello y deteniendo por varios minutos el tiempo en Lexington; en aquella carretera a pocas horas de nuestra primera acampada juntas mientras nuestros labios parecían conocerse cada vez más.
Es magnífico como la boca de Quinn encaja con la mía; como sus labios rosa y carnosos bailan a la perfección con los míos y su lengua se estaba convirtiendo en mi delirio, tanto que no quería parar de besarla y ella aferraba sus manos a mi suéter, pero el aire faltaba y el sol se podía ocultar, así que nos separamos lentamente; juntamos luego nuestras frentes y con la respiración aun agitada le hable.
- Solo quería darle un beso a mi novia…- Susurre sobre sus labios y ella sonrió sobre los míos, antes de darme un corto beso en la boca y luego otro en el mentón.
Yo me separe, aunque podía vivir pegada a ella, eso lo saben ustedes, pero me separe porque, mi novia y yo, teníamos cosas que hacer.
¿Suena bonito, cierto? A veces las etiquetas si te dan satisfacción.
Minutos después fuimos a Walmart porque, resulta que, en Lexington no existía una tienda solo para artículos de acampar, pero en aquel lugar si había una zona para eso.
Desde Boston habíamos llevado dos bolsas de dormir y una tienda de acampar que Quinn se encargo de comprar "por si era necesario" en nuestro fabuloso viaje de carretera, aunque en el fondo no pensaba sugerirme una acampada en medio de algún bosque de Kentucky, lo sé, sus músculos se tensaron un poco cuando yo le comente, emocionada, lo que íbamos a hacer, pero no objeto porque entonces carecería de sentido todo lo que veníamos haciendo.
No compramos linternas porque yo haba llevado dos, pero si compramos repelente para insectos; un pequeño kid para preparar comida en fogata y dos divertidos gorros de excursionistas. También llevamos agua embotellada y cosas para comer. Era lo único que faltaba, íbamos bien preparadas con eso y el resto de nuestro equipaje, así que continuamos el camino a Daniel Boone National Forest con el sonido de Love Me Now de John Legend rosando en toda la vieja camioneta de Judy.
- Estamos en Winchester… -Murmura Quinn viendo uno de los letreros.
- Si, pensé que habías visto el letrero de bienvenida hace rato –Le comento distraída con el GPS.
- Si, pero allí hay otro, deberíamos bajarnos antes de llegar al parque forestal.
- ¿De qué hablas? Son casi las 5, cuanto antes lleguemos, mejor –No entendía porque quería bajarse allí.
- Quiero una foto tuya en Winchester porque tú tomaste una mía en Lexington –Dice buscando su cámara y yo frunzo el ceño más confusa que nunca.
- ¿Es en serio? –Muestro una sonrisa incrédula.
- Si, es más, bájate y vamos a ese letrero, a ti te quedan bien las fotos junto a los letreros y este es casi de tu tamaño. –Dice sin ningún tipo de broma en su voz, lo cual hizo que me indignara un poco.
- ¿Me estas llamando enana? –Use mi mejor tono ofendido, una vez fuera de la camioneta. Ella estaba frente al pequeño e insípido letrero amarillo con letras negras.
- Rachel, se hace tarde, ya van a ser las 5. –De nuevo se burlaba de mí.
Fui hasta donde me indicaba y con cara de desgano me pare al lado de letrero.
- Posa para mí –Me pide con una sonrisa más brillante que el sol de las 4:30 pm en Winchester. Entonces obedecí y me rendí.
- Al menos espera a que me coloque los lentes para lucir mejor –Los descolgué de mi pecho y me los coloque para posar como dijo mi novia.
Y Quinn capto otra imagen de mí junto a otro letrero para nada llamativo.
- ¿Puedo verla? –Pregunto regresando a la camioneta.
- No, es solo para mi. –Fue todo lo que dijo y apago la cámara quedándose así con mi foto de pantaloncillos cortos, blancos y suéter azul oscuro.
Llegamos al Daniel Boone National Forest cerca de las 5:30 de la tarde y, por suerte, aun el sol resplandecía en aquel mes de marzo porque la idea de comenzar a acampar de noche, no era muy buena, imposible montar una carpa solo con linternas, no éramos expertas.
Desde la entrada principal del parque, hasta la zona de acampar había un trayecto de 3 kilómetros en donde Quinn quedo maravillada con el paisaje que yo una vez conocí cuando tenía 14 años. Arboles espesos, riachuelos y rocas fabulosas adornaban la mayor parte de aquel lugar.
Pocos animales podíamos ver, pero se escuchaba el sonido de los pájaros revolotear y era fabuloso.
Un joven guardabosques nos dio la información y recomendaciones para dejar nuestra tienda.
- Les recomiendo acampar en esa zona –Señala a unos 20 metros en donde estaban otros dos vehículos y personas esparcidas, lo suficientemente cerca para poder detectarlos, pero era una distancia considerable para tener privacidad unos con otros.
- ¿Y no hay otra zona más adelante? –Le pregunto al chico con cara de niño y acento extraño.
- Claro, toda aquella zona –Señala, alargando el brazo, lo que era imposible de señalar- Es recomendable para acampar porque hay muchos baños cerca y están muy limpios –Mostraba los dientes y Quinn arrugaba la nariz dudando de eso- Si quieren pueden ir mas adelante, pero los vehículos llegan solo hasta aquí, el resto pueden caminarlo.
- Bien, nos quedaremos cerca, aprovecharemos la luz para armar todo.
- Muy bien, bienvenidas –Nos mira a ambas y sobre todo a Quinn, desde que bajamos de la camioneta no dejaba de mirarla- Si desean algo, no duden en venir hasta aquí, mi casa de vigilancia esta allá –Señala detrás- Y mi nombre es Rory Flanagan –Muestra su placa de guardabosques- Tengo muchos años en esto, a pesar de ser joven ¿Sabes? –Mira a Quinn, la quería impresionar.
La rubia solo asiente y le da una amable sonrisa antes de alejarse hasta la camioneta.
- Gracias, si mi novia y yo necesitamos algo, no dudare en avisarte –Le digo con toda la mala intención del mundo cuando estábamos solos.
El tonto guardabosques quedo con la boca entreabierta y se fue hasta su casa de vigilancia.
Yo estaba comenzando a marcar terreno, como un animal primitivo, con pocas horas de relación, pero eso Quinn no lo supo. Sera nuestro secreto, el de ustedes y mío ¿Esta bien?
Continuando con lo otro. Adelantamos un poco la camioneta, siempre dejándola dentro de la zona de acampadas, pero no tan cerca de los dos vehículos que podíamos ver. Allí bajamos todo y en una zona plana, como bien leí en el manual de exploradores de Kentucky que me regalaron en la entrada al parque, despejamos el terreno y marcamos el espacio donde estaría nuestra tienda para dormir.
El lugar era perfecto, teníamos arboles rodeándonos y una inmensa roca a 10 metros que nos hacia una agradable sombra por si los rayos del sol se querían colar entre las ramas e incomodarnos.
- ¿Segura que sabes armar eso? –Me pregunta Quinn cuando me encuentra sentada en un tronco y leyendo el manual de la tienda de campaña que yo decidí armar sola.
Era una tienda diferente al resto que había visto antes, pero no podía ser difícil.
- Claro, no es gran cosa, aquí lo dice todo –Le señalo el papel y ella duda frunciendo los labios, pero no dijo nada mas, se dedico a ordenar la comida dentro de la cava térmica.
Y así pasaron cerca de 40 minutos, el sol amenazaba con ocultarse y yo no había armado la tienda para dos que me empeñe en querer armar sola.
- ¿Seguro no necesitas ayuda? Se está haciendo tarde y no he querido bajar el resto de las cosas porque no está la tienda lista. –Quinn se acerca al espacio donde yo tenía el esqueleto de la tienda con algunos problemas.
- No te preocupes, ya está casi listo, es que… -Miro el manual en la arena y luego la estructura. Quinn ladea la cabeza para analizar también.
- ¿Qué pasa? –Me pregunta.
- Sobraron dos piezas. –Le señalo a un costado dos pequeños tubos- Pero ya tiene la forma que dice el manual… Solo falta deslizar la lona.
- Pero si faltan dos piezas es porque irán en algún lugar.
- No lo creo, para mi que son de esas piezas de repuesto, ya sabes, como los juegos para niños. –Le comento riendo y buscando lo último para terminar nuestro lugar de dormir- Además, compraste una tienda extraña, la mayoría no necesita armarse, solo abrirse.
- Esta era la única que había.
- Bueno, bajamos esto ¿Me ayudas? –Le pido cuando desbloqueaba las tiras de la lona que cubría la tienda. Quinn la baja por un costado y yo por el otro.
Y así quedo la perfecta forma de una tienda de campaña. No era la típica que doblabas y se abría inmediatamente, pero parecía muy cómoda y amplia.
- ¿Seguro no hace falta colocarle esas cosas? –Vuelve a señalar las piezas que deje en el piso- No quiero que eso se venga abajo y tengamos que armar todo con linternas, quizás el guardabosques sepa…
- Quizás el guardabosques está ocupado y tampoco lo necesitamos –Le hable con firmeza- La tienda esta lista ¿O no? –Quinn asiente- Bueno, las piezas solo son de repuesto y es hora de bajar el resto de las cosas. –Cierro el tema, yo era una jodida arma tiendas y no necesitaba ayuda de ningún guardabosques baboso que seguro le quería ver el culo a mi chica.
Acomodamos todo para dormir, las linternas y algunas otras cosas dentro de la tienda. También armamos una pequeña fogata para tener más luz una vez que oscureciera, pero esta no duro mucho porque no buscamos suficientes ramas.
Pero no nos importo. Asamos malvaviscos con el fuego inicial y comimos chocolate dentro de la carpa mientras hablábamos de todo lo que podíamos hacer al amanecer.
Quinn estaba emocionada, por un momento el hecho de estar sobre la tierra y rodeada de naturaleza no le incomodo. Se pregunto si había un animal extraño por allí, pero me encargue de tranquilizarla aunque también me pregunte lo mismo cuando la fogata estaba casi toda apagada, pero no hubo ruidos raros que nos afectaran.
- Hace algo de frío –Susurra ella frente a mí. Ambas acostadas y dentro de nuestras mantas.
- Tengo una idea –Le digo mordiendo mi labio inferior- ¿Puedo entrar en tu bolsa de dormir? –Pregunto casi sin parpadear.
- ¿Crees que sea lo suficientemente grande? –Ella mira su propio cuerpo dentro de aquello.
- ¿Lo podemos averiguar? –Sonreí y ella hizo lo mismo, deslizándose y abriendo la bolsa por completo para que yo entrara.
Me introduje con facilidad porque tenía todo el cierre abajo y mis pies podían quedar incluso a un lado, pero estaba mas cerca de ella y se sintió maravilloso, era lo suficientemente grande para dos, o para una persona y media, pero mientras más cerca… Mas calor. ¿Cierto?
- ¿Qué tal ahora? –Pregunto con nuestras caras rozándose.
- Ahora si es acogedor… -Dice con su delicioso aliento golpeando mi rostro.
Nos miramos por varios minutos, ella me abrazó por la cintura y yo tome su espalda con firmeza para luego unir nuestros labios, obviamente eso iba a suceder, ustedes no son tontos. Nos besamos con la misma pasión de aquella noche en Lancaster, pero esta vez nuestros cuerpos estaban mas próximos. Abríamos la boca lo máximo posible para respirar y no dejar de besarnos. Quinn mordió mi labio inferior varias veces y luego hizo lo miso con mi mentón; yo me deje llevar con los ojos cerrados mientras que, con mi mano derecha, baje directamente hasta su trasero y lo apreté sin ningún tipo de pudor.
Ella se sobresalto un poco y detuvo por segundos los besos en mi cuello, pero no dijo nada, después continuo con su labor y se lanzo de nuevo a mis labios colocando una mano debajo de mi cuello y otra tocando mi vientre. Aun estábamos una frente a la otra, acostadas de lado.
Sus manos ya no eran frías, eran cálidas como su aliento y nuestros cuerpos evidentemente excitados. Los besos eran cada vez más húmedos y la ropa comenzaba a estorbar.
- Me encantas… Me encanta esto… Estoy muy… Excitada –Susurra Quinn en mi oído y si ya mi cabeza estaba hecha un lio, con aquellas palabras me desplome.
- Recuérdame agradecerte por esta bolsa de dormir –Bromeo entre besos y sin dejar de jugar con la piel de su cintura, de vez en cuando baja a sus piernas y trasero así como ella también lo hacía conmigo, pero la posición ya resultaba incomoda, tanto como la ropa que nos queríamos desprender. Entonces, en un rápido movimiento pensé en quedar encima de ella e ir al siguiente paso, llegar a tercera base con mi novia, pero algo sucedió.
Ustedes dirán, ¿En serio, Rachel? ¿Ahora que viene? ¿Otra vieja Amish gritando o un alce llorando? Pues no, obviamente eso no paso, yo bese y toque a mi chica hasta que mis labios pidieron clemencia, pero cuando la cosa iba a ir más lejos, llego mi torpeza.
La bolsa de dormir estaba abierta en un costado y con el pie golpee uno de los finos tubos que armaban la tienda de dormir y cuando mi mano estaba ya jugueteando con el pecho derecho de Quinn… Todo se vino abajo.
- ¡¿Qué diablos?, Maldita sea! –Exclame al sentir toda la tienda encima de nuestras cabezas. La frágil estructura había caído por culpa de un simple movimiento.
- Te dije que eran necesarias esas dos piezas –Susurro Quinn sobre mi oído.
- ¡Maldita sea!
- ¡No maldigas tanto!
